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Número
79 - Febrero 2004
EL TEMA CENTRAL DE ESTE BOLETÍN: LAS MUJERES Y LOS BOSQUES |
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LA APROPIACION DE LA NATURALEZA
- El impacto de las áreas protegidas sobre las mujeres Twa Los Twa son un pueblo indígena de la región de los Grandes Lagos en África Central, que habitan en Burundi, en la región oriental de la República Democrática del Congo (RDC), en Ruanda y en Uganda. Se estima que su población en la región no llega a los 100.000 habitantes. Originalmente los Twa eran un pueblo de los bosques, vivían de la caza y la recolección y habitaban las regiones montañosas de los lagos Tanganica, Kivu y Alberto, pero con el correr del tiempo los bosques fueron invadidos por pueblos agricultores y pastores, y entregados a proyectos de desarrollo comercial y áreas protegidas. Actualmente son pocos los Twa que todavía pueden mantener su estilo de vida basado en el bosque. Durante el siglo XX, las comunidades Twa fueron expulsadas de los parques nacionales y de las áreas de conservación en toda la región, incluidos el Parque Nacional de los Volcanes y el Bosque Nyungwe en Ruanda, el bosque Impenetrable Bwindi y Magahinga y el bosque Echuya en Uganda, el bosque Kibira en Burundi y los Parques Nacionales Virunga y Kahuzi-Biega en la RDC. “Los ancestros nos dijeron que nosotros fuimos los primeros. El pueblo que sabe escribir invadió nuestras tierras [el Parque Nacional Kahuzi-Biega]. De acuerdo a nuestros ancestros, todas esas tierras nos pertenecían, pero ahora no tenemos ningún derecho. El parque era nuestro desde los tiempos de nuestros ancestros. Cuando un hombre se iba de su casa con su lanza para adentrarse en el bosque, la familia sabía que iba a comer. Si el hombre no sacaba su lanza, la mujer sabía que tenía que tomar el cesto y el hacha para recolectar leña. Llevaba la madera a los pueblos no pigmeos y la cambiaba por bananas, y así la familia tenía alimentos. Ahora nosotras, las mujeres del bosque, no tenemos acceso al bosque. […]. Sufrimos porque nuestra vida es miserable. Antes podíamos vivir, teníamos suficiente para comer, todas nuestras necesidades estaban satisfechas. Ahora no hay nada” (Mujer Twa de Buyungula/Kabare, RDC en la Conferencia de Derechos de la Mujer organizada por la organización Twa congolesa PIDP en 2000). La expulsión de los Twa de estos bosques ha causado grandes penurias. No se les proporcionó ninguna tierra como indemnización en el momento del desalojo, y como resultado quienes fueran los primeros habitantes de estos bosques, hoy mayoritariamente no tienen tierras y viven en condiciones de extrema pobreza. Desde entonces, unas pocas comunidades han obtenido extensiones reducidas de tierra, provenientes de la distribución gubernamental o de programas de compra de tierras organizados por ONGs. En estos casos, la distribución ha sido tanto a familias individuales como a comunidades Twa, que a su vez las han dividido entre las familias. En estas condiciones, los Twa han adoptado las leyes consuetudinarias de las comunidades agrícolas vecinas en lo referente a derechos sobre la tierra: se considera que la parcela familiar es de propiedad del marido, la tierra es heredada por los hijos varones en línea paterna y las mujeres solamente tienen derecho de uso. Según estas costumbres, es posible negar a una esposa el acceso a la tierra de la familia cuando el marido se casa con otra mujer, o si el marido muere, la familia puede expulsar a la viuda de la tierra. Aunque estas costumbres se aplican al parecer de forma más flexible en las comunidades Twa que en las de los grupos étnicos vecinos, y es bastante común que las mujeres Twa hereden la tierra de la familia y mantengan el control sobre ella aunque el matrimonio termine, los derechos de las mujeres Twa son más débiles que los de los hombres. Probablemente también son más débiles que en la época en que los Twa vivían como cazadores y recolectores, ya que entonces es probable que los derechos colectivos sobre grandes áreas de bosque permitieran a las mujeres ejercer con autonomía las formas de uso de la tierra, y sus derechos de recolección o caza no dependían de sus maridos. La pérdida de acceso a los recursos del bosque también ha tenido un impacto muy fuerte sobre las mujeres Twa, que son las principales responsables de proveer el alimento diario a la familia. Los Twa ya no pueden acceder a los ñames del bosque, uno de sus alimentos preferidos, ni a muchos otros productos del bosque como hojas, frutos, hongos y pequeños animales, ni a las hierbas medicinales. Cuando tenían acceso al bosque, las mujeres también podían vender productos del bosque como carbón de leña y fibras vegetales, y hacer artesanías tales como esteras. “Vamos a buscar ñames y hojas amargas de milunda en los pantanos sobre las orillas del lago y en las plantaciones de eucalipto de los zaireños [término utilizado por los Twa de la RDC para los pueblos que no son Twa], ya que allí es donde le gusta crecer a los ñames. No podemos ir al parque desde que lo cerraron, e incluso si desobedecemos un poco las reglas, si nos atrapan, nos amenazan de muerte. Pero es allí en el bosque donde hay mucho alimento, ¿cómo podemos acceder? Ya ni siquiera sabemos si podemos ir a las plantaciones de eucalipto, porque los zaireños han empezado a amenazarnos y a echarnos, diciendo que dañamos sus árboles porque les cortamos las raíces cuando excavamos para sacar los ñames” (mujer Twa, Chombo/Kabare, RDC). Sin tierra y sin acceso a los recursos de alimentos silvestres, la principal fuente de sustento de las mujeres Twa es actualmente el trabajo en los campos de otros pueblos, el transporte de cargas o la búsqueda oportunista de alimento, incluyendo mendigar. Algunas comunidades, en particular en Ruanda y Burundi, son especialistas en alfarería, pero ya no es rentable debido al advenimiento de los artículos de metal y plástico. Las ganancias típicas de una mujer Twa por una jornada de trabajo agrícola son de entre 15 y 50 centavos de dólar americano, o el equivalente en alimento, por ejemplo entre 1 y 2 kilos de porotos o harina de mandioca. Con estas ganancias es prácticamente imposible satisfacer las necesidades de alimento diario de su familia, y mucho menos contar con recursos para bienes de primera necesidad como ropa, jabón, atención médica o pagar por la educación de sus hijos. Tampoco dispone más del alimento extra que habría suministrado su marido por medio de la caza menor en el bosque, a menos que su marido cace en forma clandestina. Junto con la pérdida de sus bosques, los Twa también han visto cómo se socava su cultura. “Antes, cuando teníamos acceso al bosque, el joven tenía que presentar a su futura suegra 5 "fukos" [pequeños roedores] cazados en el bosque como precio de la novia. En los tiempos de nuestros abuelos, entregábamos un antílope y un búfalo. Ahora todos estamos en la misma situación, sin tener medios para pagar el precio de la novia, así que simplemente vivimos juntos sin ceremonia” (Mujer Twa, Chombo/Kabare, RDC). Muy pocos parques nacionales dan empleo a pobladores Twa, y los que lo hacen sólo los contratan como guías y guardianes de los parques. Ninguna mujer Twa está empleada en los parques, a pesar de que su valioso conocimiento de los bosques iguala al de los hombres de su pueblo. Actualmente los violentos conflictos civiles en el área han reducido mucho el número de visitantes a los parques nacionales. A pesar de esto, las mujeres de una o dos comunidades Twa de los límites del Parque Nacional Impenetrable Bwindi en Uganda se han beneficiado con el turismo, vendiendo artesanías, y también formando parte de los conjuntos de danza que actúan para los turistas. Por: Dorothy Jackson,
Forest Peoples Programme, correo electrónico: djackson@gn.apc.org
. Para obtener más información sobre la situación
de las mujeres Twa, consultar Jackson, D. (2003) "Twa women,
Twa Rights in the Great Lakes Region of Africa." Minority Rights
Group international. - Pachamama: el impacto de la mercantilización de la naturaleza sobre las mujeres Pachamama es un término quechua, que básicamente significa Madre Tierra. Los Quechua, un pueblo indígena que habita en una extensa zona de los Andes, creen que la Tierra es una madre que vela por sus habitantes como si fueran sus hijos. Desde esa perspectiva, el concepto de servicios ecológicos es algo muy extraño. Según el concepto de servicios ecológicos, las diversas funciones que los ecosistemas saludables proporcionan a los pobladores locales, como alimentación, medicinas, leña, agua y materiales de construcción, y la mitigación del clima local, se pueden traducir en términos de economía monetaria, convirtiendo a los pobladores locales que utilizan estos "servicios" en clientes. Clientes que, de una u otra forma, deben pagar por estas funciones. Es como si alguien ingresara en una familia, y repentinamente obligara a los hijos a pagar por los cuidados que reciben de su madre. Las mujeres han jugado siempre un papel fundamental en la "economía" no monetaria de los pueblos. Gran parte de sus tareas cotidianas apuntan al cuidado de sus seres queridos, hijos, maridos, parientes. Al igual que las funciones de la Madre Tierra, estas actividades son muy difíciles de expresar en términos económicos, pero son indispensables para el bienestar humano. Sin embargo, los elaboradores de políticas neoliberales de biodiversidad intentan activamente imponer el concepto de servicios ecológicos a los pueblos que viven bajo los cuidados de la Madre Tierra. Estos pobladores locales se encuentran súbitamente en la posición de haberse convertido en "clientes" de los ecoservicios. El agua a la que solían tener acceso –y solía ser potable– se ha convertido repentinamente en un producto por el cual hay que pagar, y el precio es caro. Debido a la privatización del agua, algunas familias en Mali pagan actualmente hasta un 60% de sus ingresos solamente para tener agua potable. La leña solía ser un recurso de libre acceso, pero con la privatización de los bosques y su acelerada conversión en plantaciones de monocultivo de árboles, actualmente hay que pagar por cada rama. Las plantas medicinales eran y siguen siendo todavía un recurso esencial para el cuidado de la salud de muchas familias rurales, pero con la destrucción de la biodiversidad que avanza con la velocidad de una epidemia en todo el mundo, muchas familias han perdido el acceso a las plantas medicinales, lo que significa que deben depender de costosos servicios comerciales de salud. La carne de animales silvestres ha sido explotada excesivamente por la caza comercial, y las áreas de pesca costera se están degradando rápidamente, mientras que las reservas de peces que quedan son vendidas a grandes flotas de pesca comercial. Incluso las semillas, resultado de generaciones de innovaciones conjuntas de los agricultores, en su mayoría mujeres, rápidamente se están privatizando y monopolizando. Las grandes compañías de biotecnología están incluso introduciendo tecnologías especiales conocidas como "terminator" (exterminadoras), que aseguran que los agricultores no puedan reproducir sus propias semillas. Sin embargo, es precisamente la reproducción de semillas el factor que ha impulsado el desarrollo de la impresionante biodiversidad agrícola del mundo. Como las mujeres dedican en promedio una gran parte de su trabajo diario a actividades no monetarias, como el cuidado de la familia y el cuidado no remunerado de personas en su entorno cercano en general, están en una posición muy desventajosa en la economía monetaria. En muchos países las mujeres todavía no pueden participar plenamente en la economía monetaria: no tienen capacidad para ser propietarias de bienes inmuebles, no pueden obtener una hipoteca y con frecuencia no pueden obtener un préstamo sin autorización de sus maridos. A nivel mundial, las mujeres perciben entre 30 y 40% menos que los hombres por trabajos comparables. Mientras tanto, las mujeres de los países en desarrollo trabajan entre 60 y 90 horas semanales, aportan entre 40 y 60 % del ingreso total del hogar, 75% de los servicios de atención de salud y, en el caso de las mujeres del continente africano más del 75% de los alimentos que se consumen. Incluso en el Reino Unido, el promedio de ingresos semanales de tiempo completo de las mujeres es 72% del de los hombres. Por otro lado, las mujeres dependen mucho más de la naturaleza en sus actividades económicas que los hombres. En la mayoría de los países las mujeres son responsables de resolver las necesidades básicas, como agua potable, leña y atención de salud para la familia. En la mayoría de las familias rurales, son además responsables del mantenimiento del huerto familiar y del cuidado de los pequeños animales de cría, como las gallinas, que constituyen una fuente importante en la nutrición de la familia. Los hombres con frecuencia trabajan en tareas remuneradas o en la producción de cultivos comerciales, y tienen más probabilidades de percibir un beneficio económico de monocultivos tales como los cultivos comerciales orientados a la exportación, e incluso del madereo. La sustitución de sistemas biodiversos por monocultivos es una de las causas principales del empobrecimiento de las mujeres rurales. Como la mayor parte de su trabajo no es remunerado, las priva de su principal fuente de ingresos y consiguientemente aumenta su dependencia de los hombres. Este hecho rebaja el estatus social de la mujer y aumenta su vulnerabilidad, incluida su vulnerabilidad sexual. La introducción de programas de servicios ecológicos no hace más que empeorar el problema. Como las mujeres perciben relativamente pocos ingresos monetarios, no están en condiciones de pagar para satisfacer necesidades básicas como leña y agua. Debido a su bajo estatus en muchas sociedades, tienen además menos capacidad de negociar en pie de igualdad el acceso a los llamados "servicios ecológicos", lo que las ubica en una posición aún más desventajosa en el llamado mercado de servicios ecológicos. De esta forma, el concepto de servicios ecológicos se ha convertido en una causa principal del aumento del empobrecimiento de las mujeres rurales. En lugar de intentar vender la vida y el conocimiento asociado, deberíamos tratar las causas directas y subyacentes de la deforestación y otras formas de destrucción de la diversidad biológica. Sólo oponiéndose a los enfoques de biodiversidad orientados al mercado, y apoyando los esfuerzos de millones de mujeres y hombres en todo el mundo por nutrir a la naturaleza y compartir los beneficios que brinda, podremos dar pasos reales para avanzar hacia la erradicación de la pobreza entre las mujeres y evitar el desastre ecológico. Por: Simone Lovera, Amigos de la Tierra Internacional, correo electrónico: lovera@foei.org |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
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