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Número
79 - Febrero 2004
EL TEMA CENTRAL DE ESTE BOLETÍN: LAS MUJERES Y LOS BOSQUES |
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CUANDO LAS PLANTACIONES SE VUELVEN UN PROBLEMA
- Doble impacto de las plantaciones en las mujeres La invisibilidad de las mujeres es probablemente mayor en las plantaciones de árboles que en cualquier otro lugar. Es muy raro ver alguna mujer trabajando entre las interminables filas de eucaliptos o pinos. No obstante, las plantaciones sí son muy visibles para las mujeres, que en los hechos sufren sus impactos de diversas formas. Por tanto, no debe sorprendernos que una de las primeras manifestaciones documentadas contra las plantaciones de monocultivo de árboles haya sido liderada por mujeres. Esto sucedió en agosto de 1983 en Karnataka, India, cuando un importante grupo de mujeres y pequeños campesinos de los poblados de Barha y Holahalli marcharon sobre el vivero de eucaliptos local. Las mujeres protestaban contra la plantación comercial de eucaliptos, argumentando que son destructivos para los sistemas de alimentos, del suelo y el agua. Arrancaron millones de plantines de eucalipto y en su lugar plantaron semillas de tamarindo y mango. Fueron arrestadas, pero su acción se convirtió en un símbolo para una lucha que se mantiene hasta nuestros días. En las comunidades que dependen del bosque, las mujeres saben con certeza que las plantaciones no son bosques, porque no les proporcionan ninguno de los productos no madereros que suministran los bosques, en particular, alimentos, combustible, material para artesanías, materiales para construcción de viviendas, artículos para el hogar y medicinas. Además, agotan los recursos hídricos de los que las comunidades dependen. Las plantaciones de árboles en gran escala producen: - Escasez de alimentos. Las mujeres son recolectoras tradicionales de distintos tipos de alimentos que se encuentran en los bosques, como plantas, frutos, hongos y muchos otros productos comestibles. En la medida en que se tiran abajo los bosques para dar paso a las plantaciones, ya no hay alimentos disponibles y a las mujeres se les dificulta mucho más su difícil tarea de recolectar los recursos alimentarios necesarios. - Escasez de leña. Si bien en las plantaciones hay mucha madera, en la mayor parte de los casos la recolección de leña se les restringe a los pobladores locales, y esto significa que las mujeres tienen que disponer de más horas para ir a bosques distantes donde recolectan menos leña que antes. - Escasez de agua. Las plantaciones de árboles de crecimiento rápido (eucalipto, pino, acacia) requieren grandes cantidades de agua y pueden llegar a provocar el agotamiento de los recursos hídricos para el consumo y la agricultura. Como resultado, las mujeres pasan muchas más horas del día transportando agua, lo que implica mayor carga de trabajo. - Escasez de medicinas. Los bosques proporcionan una amplia gama de plantas medicinales, que generalmente son recolectadas por mujeres. Estas plantas desaparecen después del establecimiento de plantaciones, lo que significa que las mujeres deben trasladarse a lugares más lejanos para recolectarlas, lo cual les lleva mucho más tiempo. Incluso en los pocos casos en que las plantaciones brindan oportunidades de empleo a las mujeres, esos trabajos no sólo no compensan las pérdidas que acabamos de mencionar, sino que suman nuevos problemas a la forma de sustento de las mujeres. En Brasil, por ejemplo, en el estado de Minas Gerais, las mujeres son contratadas para realizar diversas actividades al mismo nivel que los hombres –con la excepción del madereo que es una actividad masculina por excelencia. La contratación de mujeres se basa en su mayor aptitud para realizar ciertas tareas, como la del cultivo de plantas en viveros, que requiere mucha destreza. También, en algunos casos se confía a las mujeres la aplicación de hormiguicidas en las tierras plantadas con eucaliptos. Cabe afirmar, sin embargo, que en algunos casos la mano de obra femenina simplemente se convierte en una forma de incorporación directa de mano de obra barata, contribuyendo a bajar los salarios de los hombres. Porque, como es habitual, los salarios de las mujeres son más bajos que los de los hombres, por tareas iguales. Las condiciones de trabajo de las trabajadoras se parecen mucho a las de los hombres - salarios bajos, malas condiciones de trabajo y vivienda, trabajo zafral, tercerización- pero es posible establecer cierto grado de diferenciación con relación al trabajo de las mujeres en los viveros de árboles. En los viveros de dos grandes compañías forestales de Minas Gerais se ha observado una gran cantidad de lesiones reiteradas causadas por grandes esfuerzos, a pesar de lo cual las mujeres continúan trabajando, muchas de ellas con las manos inflamadas o vendadas. También sufren de enfermedades reumáticas, probablemente provocadas por su exposición constante al agua fría en los viveros y a un medio ambiente generalmente frío en invierno. Al igual que la gran mayoría de las compañías plantadoras de árboles, las de Minas Gerais no tienen ninguna política de género específica, lo que va en detrimento de las mujeres y sus hijos. Como no hay guarderías infantiles cerca de los lugares de trabajo, es casi imposible para las mujeres amamantar a sus bebés después de la licencia por maternidad, lo que aumenta la desnutrición. En general salen de sus hogares a las 5 y 30hs de la mañana y regresan avanzada la tarde, debiendo volver a sus casas en el transporte de la compañía, que demora una hora o más mientras recoge a todos los trabajadores en las plantaciones. Muchas trabajadoras no reciben atención médica e incluso se las hace sentir culpables cuando sufren accidentes de trabajo o se enferman. Por otra parte, tienen miedo de quejarse ya que podrían llegar a perder sus trabajos o no recibir la canasta básica de alimentos que les asegura el Convenio Colectivo, con la que cuentan para la alimentación básica de su familia. En suma, la sustitución de los ecosistemas locales por plantaciones de monocultivo de árboles produce impactos sobre los pobladores locales, eliminando la mayoría de los bienes y servicios antes disponibles. Estos impactos son mayores en las mujeres ya que aumentan su carga de trabajo y a la vez reducen los recursos que éstas recolectan. Al mismo tiempo, los escasos puestos de trabajo a los que acceden en las compañías plantadoras de árboles no compensan esas pérdidas, y les generan nuevos problemas de salud y sustento. Artículo basado en información obtenida de: Shiva, Vandana.- "Staying Alive: Women, Ecology and Survival in India", Zed Books, 1989; “Seeing the Forest for the People, a Handbook on Gender, Forestry and Rural Livelihoods”, Vanessa Griffen, APDC (Asian and Pacific Development Centre), 2001; "Certifying the Uncertifiable. FSC Certification of Tree Plantations in Thailand and Brazil", WRM, agosto de 2003; e información proporcionada por Rosa Roldán, correo electrónico: rroldan@alternex.com.br - Trabajadoras de las plantaciones envenenadas y silenciadas En 2002, la organización malaya Tenaganita, conjuntamente con Pesticide Action Network-Asia Pacific, iniciaron un estudio que confirmó que las mujeres que trabajan en las plantaciones estaban siendo envenenadas por el uso de plaguicidas altamente tóxicos, en especial Paraquat. En la presentación del "Estudio de los plaguicidas tóxicos en las plantaciones", la Directora de Tenaganita, Dra. Irene Fernández afirmó: "Si el gobierno malayo hubiera instrumentado realmente las leyes a través de sus organismos de contralor y aplicación (el Departamento de Seguridad y Salud Ocupacional y la Dirección de Plaguicidas), las mujeres no habrían sido víctimas de estos sufrimientos". Lo que sí hizo el estado malayo en octubre de 2003 fue encarcelar a Irene Fernández en relación con un estudio anterior realizado por su organización: “Abuse, Torture and Dehumanized Treatment of Migrant Workers in Detention Centres” (Abuso, tortura y tratamiento inhumano de los trabajadores inmigrantes en campos de detención). Acusada de “publicar noticias falsas con intención maliciosa”, Irene continúa presa cumpliendo una sentencia de 12 meses (ver artículo a continuación). Cuando finalmente sea liberada, ¿será acusada nuevamente de “publicar noticias falsas con intención maliciosa” en relación con el estudio más reciente sobre la situación de las trabajadoras de las plantaciones que son “envenenadas y silenciadas” por la industria de la palma aceitera? La posibilidad es muy real, teniendo en cuenta los poderosos intereses económicos involucrados en el sector de la palma aceitera malaya. Sin embargo, los hallazgos del estudio no pueden de ninguna manera ser considerados “falsos”, y coinciden totalmente con la información sobre las condiciones de trabajo en las plantaciones de palma aceitera, tanto en Malasia como en el resto del mundo. La peculiaridad de este caso es la fuerte presencia de mujeres afectadas por las actividades habituales de estas compañías con relación al uso de plaguicidas. El estudio demuestra que las mujeres que trabajan en las plantaciones de Malasia rociando plaguicidas son envenenadas por esos productos que utilizan a diario. También reafirma que las condiciones de vida en las plantaciones son malas, la atención médica inadecuada y el manejo de las fincas negligente y a menudo no tiene en cuenta los problemas sociales y de salud que sufren los trabajadores. Los síntomas comunes percibidos entre las trabajadoras de las plantaciones fueron fatiga, vómitos, dolor de espalda, mareos, dificultad para respirar, problemas cutáneos, náuseas, irritación ocular, dolores de cabeza, sensación de opresión en el pecho e inflamaciones, síntomas que indican exposición a plaguicidas de tipo organofosforados y carbamatos. Las pruebas de sangre revelaron una disminución de la actividad de la enzima acetil-colinesterasa, que es la confirmación del envenenamiento por plaguicidas. El estudio también confirmó que la población de la muestra del estudio trabajaba rociando plaguicidas tipo organofosforado, indicado por una reducción de los niveles de acetil-colinesterasa en plasma y sangre. Después de un mes de pausa en la actividad de rociado, los niveles enzimáticos de las rociadoras seleccionadas se elevaron, reconfirmando que al momento del análisis --un mes antes-- sufrían de envenenamiento con organofosforado. El estudio confirmó que un plaguicida importante utilizado en las plantaciones es Paraquat (un herbicida). El envenenamiento por Paraquat quedó claramente demostrado en las entrevistas y encuestas realizadas con las trabajadoras, e indicado en los exámenes médicos. Las mujeres sufrían de hemorragias nasales, lagrimeo excesivo de los ojos, dermatitis de contacto, llagas e irritación de la piel, decoloración y caída de las uñas, inflamación de articulaciones y úlceras abdominales. Esto a pesar de que Malasia ha clasificado al Paraquat como plaguicida Clase I (extremadamente peligroso). Para empeorar la situación, el estudio destaca que se pronostica que el área plantada con palma aceitera aumentará de 2,7 millones de hectáreas (1998) a 4,3 millones de hectáreas en 2020, con el consiguiente aumento del uso de agroquímicos. Se calcula que el uso de Paraquat aumentará de 5 millones de litros (2000) a 7,4 millones de litros en 2020. Otro hallazgo del estudio fue que las trabajadoras de las plantaciones no podían leer las etiquetas en inglés y en malayo, ni las etiquetas en los envases de plaguicida si es que accedían a ellos. En la mayoría de los casos las etiquetas son retiradas. Se observó que es una práctica común utilizar plaguicidas en concentraciones mayores que las permitidas, en "cócteles" cuyos ingredientes no se conocen; y a menudo la administración de las fincas opta por no divulgar a las trabajadoras los nombres de los plaguicidas utilizados. Además, a veces los equipos de rociado tenían pérdidas y planteaban peligros adicionales de derrame y toxicidad para las rociadoras. Por otra parte, estos equipos se almacenaban en los hogares de las trabajadoras, aumentando el riesgo para toda la familia. . El estudio también determinó que la administración de las fincas no proporcionó capacitación sobre las medidas precautorias y los procedimientos de seguridad a aplicar en la manipulación de plaguicidas. No había material de capacitación disponible en los idiomas locales para l@s trabajadores ni l@s profesionales médicos. Los implementos de protección, cuando se suministraron, eran inadecuados para las condiciones locales de calor y humedad, y por lo tanto la mayoría de las rociadoras no los usaban. Estos factores agravaron el factor de riesgo del trabajo en las plantaciones. Para empeorar la situación, el estudio destaca que los profesionales de la salud no contaban con capacitación adecuada para reconocer los síntomas de la exposición a plaguicidas y a menudo los ignoraron, tratándolos como problemas menores de tos, dolores de cabeza, etc. Esto significó una subestimación aún mayor de la situación real de envenenamiento atribuible a la exposición a plaguicidas. Se constató una falta alarmante de sensibilidad entre el personal médico, paramédicos y personal de enfermería, factor que exacerbó su incapacidad para tratar los problemas de las mujeres. Como la mayor parte del personal médico era masculino, las mujeres no pudieron expresar ni explicar su situación y sus dolencias. ¿Se considerará todo esto "publicación de noticias falsas con intención maliciosa"? ¿No deberían por el contrario ser acusados el gobierno malayo y sus organismos de contralor y aplicación de la ley (el Departamento de Seguridad y Salud Ocupacional y la Dirección de Plaguicidas) de "silenciar con intención maliciosa acusaciones ciertas"? Artículo
basado en información obtenida de: "Women Plantation
Workers Poisoned and Silenced", Tenaganita/PAN-Asia Pacific,
2002, http://www.panap.net/highlightsA1.cfm?id=9&hiliteid=HILITE04#Top
; - Apoyo para Irene Fernández, defensora malaya de derechos humanos que está en prisión El 16 de octubre de 2003, Irene Fernández, Directora de Tenaganita (una organización no gubernamental de mujeres con sede en Kuala Lumpur, Malasia) fue sentenciada a 12 meses de prisión por el Tribunal de Magistrados debido a la publicación del Informe "Abuso, tortura y tratamiento inhumano de los trabajadores inmigrantes en campos de detención". El informe había sido finalizado y enviado a las autoridades pertinentes en agosto de 1995. Tenaganita elaboró el informe en base a más de 300 entrevistas con ex detenidos y la información de periodistas de la publicación Sun Magazine, que realizaron su propia investigación independiente. Como consecuencia, Irene fue arrestada y procesada en marzo de 1996 en virtud de la Ley de Imprenta y Editoriales de 1984 por publicación de noticias falsas con intención maliciosa. Durante los siete años y medio que duró el juicio, considerado el más largo de la historia de Malasia, Irene se presentó en 310 ocasiones ante el tribunal para audiencias completas. La condena de Irene Fernández demuestra que no hay ninguna protección que permita a los defensores de los derechos humanos expresar sus preocupaciones sobre las violaciones de los derechos humanos. Esta tendencia no solo restringe la crítica constructiva sino que tiene consecuencias graves para todas las organizaciones dedicadas a la promoción y protección de los derechos del ser humano. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Defensores de los Derechos Humanos insta a todos los países a proteger y respetar a los defensores de los derechos humanos para que puedan actuar y cumplir su papel y responsabilidades en la defensa de los mismos. Tenaganita ha lanzado una campaña para realizar una petición internacional al nuevo Primer Ministro malayo, el Sr. Abdullah Badawi solicitando la liberación de Irene. Se puede apoyar esta petición en el sitio http://www.ipetitions.com/campaigns/irene_fernandez/ Otra alternativa es escribir al Sr. Badawi solicitando la revisión del caso de Irene y una investigación seria sobre las condiciones de los campos de detención de los trabajadores inmigrantes. La dirección es: Prime Minister Dato Seri Abdullah Badawi, Prime Minister's Department, 6502 Putrajaya, Selangor, Malaysia Si desea enviar mensajes de apoyo a Irene, envíelos a: Tenaganita, 11th floor, Wisma Yakin, Jalan Masjid India, 50110 Kuala Lumpur, Malaysia. |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
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