|
| |
|
LUCHAS LOCALES Y NOTICIAS - África Central: la expulsión de los Twa de sus bosques impacta doblemente sobre las mujeres Los Twa fueron los primeros habitantes de los bosques ecuatoriales de la región de los Grandes Lagos. Originalmente eran un pueblo de los bosques de gran altitud, que habitaba las montañas del área de Albertine Rift en África Central y se especializaban en la caza y la recolección. Actualmente, los Twa de la región de los Grandes Lagos de África Central viven en Burundi, el este de la República Democrática del Congo (RDC), Ruanda y el suroeste de Uganda. Se identifican a sí mismos como indígenas y comparten muchas de las características de los pueblos indígenas. Sin embargo, a lo largo de décadas han sufrido la pérdida de su hábitat tradicional en el bosque y de sus recursos naturales, tanto por causa de la guerra como por causa de la conservación y la explotación comercial. Por otra parte, que los Twa sean un pueblo sin tierra es el resultado de que sus derechos a la tierra resultantes de su ocupación histórica de los bosques –al igual que en el caso de los cazadores-recolectores “pigmeos” en todo el territorio de África Central- no han sido reconocidos ni por el derecho consuetudinario ni por la legislación escrita. En la mayor parte de sus territorios tradicionales, los Twa han sido forzados a abandonar su cultura y su economía de caza-recolección con base en el bosque. Los procesos demográficos y políticos que han causado esto incluyen: la deforestación por parte de nuevas poblaciones granjeras y ganaderas que se afincan en la zona, proceso que comenzó hace siglos en Burundi y Ruanda, y la tala de los bosques para el desarrollo agrícola, las obras de infraestructura, el madereo, las zonas militares y la minería durante el último siglo. En los últimos cincuenta años, las comunidades Twa han sido expulsadas a la fuerza de las áreas de bosque asignadas a proyectos de “desarrollo”; así como también de áreas destinadas a la conservación, como los bosques de Nyungwe y del Parque de los Volcanes en Ruanda, los parques de gorilas de montaña del Bosque Impenetrable de Mgahinga y Bwindi en el suroeste de Uganda, y de los parques nacionales Kahuzi-Biega y Virunga en la RDC. Un elemento central en la historia reciente de los Twa es la arraigada discriminación y marginación que experimentan por parte de los grupos étnicos vecinos. Esta situación se ha agravado a medida que los Twa han sido expulsados de sus bosques y se han visto forzados a vivir en los márgenes de la sociedad dominante. Muchas comunidades Twa se han visto convertidas en intrusos en tránsito, buscando constantemente tierras donde habitar hasta ser nuevamente desplazados. Actualmente, los Twa son uno de los grupos étnicos más perjudicados en la región de los Grandes Lagos en términos de tenencia de la tierra. Un estudio sobre la exclusión de los Twa en Burundi mostró que un 53 por ciento de las familias Twa no poseían tierras, y en Ruanda esta situación afecta al 58 por ciento de la población Twa. En 1995, el 82 por ciento de los Twa ugandeses no poseían tierras de ningún tipo. “Esta gente que nos permite quedarnos en sus tierras nos pide que las cultivemos. Si nos rehusamos nos dicen ‘Váyanse, ya no los queremos’. No estamos asentados aquí porque los otros pueblos locales están presionando a los terratenientes diciendo ‘¿Para qué necesitan a los Twa?’, y en cualquier momento podemos tener que desplazarnos y asentarnos en otro lado. Los terratenientes no nos permiten construir retretes porque no quieren nada permanente en sus tierras, ni tampoco pozos porque podrían ser un problema para el cultivo después. Pero si nos atrapan defecando en sus campos, se enojan. Mi hija fue atrapada y forzada a quitar las heces con sus manos” (Mujer Twa de mediana edad, Nyakabande/Kisoro, Uganda, mayo de 2003). Los cazadores-recolectores de los bosques de África Central que aún pueden mantener su estilo de vida tradicional consideran que están en una relación íntima y enriquecedora con el bosque. La abundancia del bosque se mantiene mediante el acto de compartir entre las personas, y entre las personas y los espíritus del bosque, así como también por los rituales de canto y danza que aseguran el apoyo de los espíritus para ayudarlos a satisfacer todas sus necesidades. Estos pueblos no conciben la “propiedad” individual de la tierra y los recursos. Las personas son libres de utilizar los recursos naturales que necesitan y en cualquier cantidad. La pertenencia a un clan, la amistad y el matrimonio dan acceso a los individuos a una amplia variedad de áreas diferentes en las que pueden cazar y recolectar alimentos y otros productos del bosque. En las pocas áreas donde los recursos naturales no han sido capturados por los intereses de los conservacionistas, de los grupos étnicos dominantes o de los empresarios, como la isla Idjwi y las áreas boscosas del este de la RDC fuera de los parques nacionales, los Twa tienen más opciones de sustento en base al uso de diversos recursos naturales, y no están tan desposeídos. Pero en las demás áreas, los sistemas de sustento tradicionales de los Twa, basados en la flexibilidad y la movilidad y el retorno inmediato de la explotación de recursos naturales renovables, son casi imposibles de mantener. En la actual economía de mercado, las estrategias alternativas de los Twa basadas en la venta de su fuerza de trabajo o de productos artesanales difícilmente logran cubrir las necesidades diarias más básicas de las familias Twa, ubicándolos entre los más pobres de los pobres. En estas sociedades tradicionales basadas en el bosque, la autonomía de las mujeres está asegurada por la naturaleza colectiva de los derechos sobre los recursos y su capacidad de tener acceso a éstos en forma libre e independiente, por derecho propio y no como consecuencia de sus relaciones con los hombres. Los factores que han contribuido a la situación crónica de falta de tierra que padecen los Twa en general, sirven también de explicación para la situación de las mujeres Twa respecto de la tierra. Sin embargo, la mujeres han perdido oportunidades de acceso a la tierra, no solo a través de la pérdida de los derechos tradicionales a la tierra que sufren los Twa en su conjunto, sino también a causa de la adopción de nuevas actitudes con respecto a la propiedad de la tierra, particularmente en el seno de las comunidades Twa que fueron desposeídas de sus bosques y arrastradas a los sistemas de tenencia de la tierra de los grupos granjeros y ganaderos vecinos. Los derechos a la tierra de las mujeres en las pocas comunidades Twa que se han asegurado alguna forma de derecho de propiedad o uso de la tierra fuera de los bosques, son más débiles que los de las mujeres Twa bajo sistemas de tenencia comunal de la tierra en los bosques. Como indígenas, las mujeres Twa sufren la marginación social, económica y política; y como mujeres sufren la desigualdad de oportunidades con respecto al acceso a la tierra, los servicios sociales y la representación. “Ahora, nosotras, las mujeres del bosque, no tenemos acceso al bosque. […] Lloramos porque tenemos una vida miserable. En aquel entonces podíamos vivir, teníamos suficiente para comer, todas nuestras necesidades estaban satisfechas. Ahora no hay nada” (Mujer de mediana edad de Buyungula/ Kabare, RDC, en la Conferencia sobre los Derechos de la Mujer organizada por la organización Twa congolesa PIDP en 2000). Extractado y adaptado de“Twa
Women, Twa Rights in the Great Lakes Region of Africa”, Dorothy
Jackson, 2003, Forest Peoples Programme, e-mail: djackson@gn.apc.org
. Para acceder al texto completo visite el sitio: http://www.forestpeoples.gn.apc.org/Briefings/Africa/twa_women_nov03.pdf - Liberia: una propuesta de la sociedad civil liberiana para reformar el sector de bosques Desde 1990, compañías madereras, grupos rebeldes, redes delictivas, varios gobiernos interinos y el régimen del ex presidente Charles Taylor han actuado en connivencia para saquear los recursos naturales de Liberia. Durante este período el sector de la madera fue testigo de una plétora de actividades y prácticas ilegales. Las compañías madereras operaron en territorios manejados por los rebeldes sin que se aplicara ningún tipo de regulación de la Autoridad Forestal; ninguno de los ingresos generados durante este período benefició al pueblo liberiano. Después de ser electo, el ex presidente Charles Taylor comenzó a recompensar con concesiones madereras a sus aliados, a sus financiadores y a sus asociados, sin atenerse al debido procedimiento marcado por las leyes de Liberia. Se ha establecido que la mayoría de las compañías madereras que operaron durante este período no contaron con contratos de concesión ratificados por la asamblea legislativa de Liberia. Además, según las conclusiones de distintos paneles de expertos de las Naciones Unidas, los ingresos del sector se destinaban a proporcionar apoyo militar a grupos armados dentro y fuera de Liberia y a otros fines ilegítimos, excluyendo de las ganancias a la gran mayoría de los liberianos. En 2003 las Naciones Unidas impusieron sanciones a la importación de madera liberiana por diversas motivos, entre ellos: el uso de los ingresos generados para el financiamiento de apoyo militar a grupos armados dentro y fuera de Liberia, contribuyendo así a la desestabilización del país y a la extensión del conflicto armado a los países vecinos de la subregión de África occidental; la inexistencia de un régimen de auditoría para frenar la alta incidencia de los gastos extrapresupuestales, la corrupción política y el desvío de los ingresos del sector hacia fines ilegítimos por parte del gobierno de Taylor, y la falta de buena gestión, transparencia y cumplimiento efectivo de la ley en el sector. La prohibición de la explotación maderera entró en vigencia el 7 de julio de 2003. Sin embargo, en noviembre de 2003 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, exigió al Gobierno de transición nacional la reforma del sector de la madera como requisito para dejar sin efecto las sanciones. Para facilitar la participación de la sociedad civil y su contribución en el proceso, el Instituto de Desarrollo Sustentable, bajo los auspicios de la Coalición de Organizaciones no Gubernamentales de Liberia, organizó el 8 de abril de 2004 un taller de planificación de la sociedad civil, apuntando a elaborar una propuesta de la sociedad civil, detallar los temas claves a ser abordados por el proceso de reforma y redactar recomendaciones sobre las formas de abordar los temas identificados. La propuesta fue elaborada por el taller de planificación de la sociedad civil organizado en torno al tema "Aumentar la transparencia y promover la participación pública para mejorar la gestión y la aplicación efectiva de la ley de bosques". El borrador fue publicado durante dos días consecutivos en uno de los principales periódicos de Liberia, invitando a la opinión pública a efectuar comentarios y aportes. Después de una revisión de los comentarios y sugerencias recibidos, se terminó de redactar la propuesta por parte del Grupo de Trabajo de la sociedad civil para la reforma del Sector de Bosques el 21 de abril de 2004. La propuesta, que enfatiza las cuestiones relativas a la transparencia y la rendición de cuentas, el aumento de la participación pública y la equidad en el reparto de los riesgos y beneficios del sector, hace hincapié en que el aumento de la transparencia y la responsabilidad en la rendición de cuentas, y la promoción de la participación pública y la equidad en la distribución de riesgos y beneficios deben ser los pilares de cualquier acción dirigida a solucionar la problemática del sector de forestal. Los participantes identificaron los siguientes problemas como obstáculos para la aplicación efectiva de la ley y la buena gestión: la falta de transparencia y rendición de cuentas, el acceso limitado de la opinión pública a la información sobre la cadena operativa de los concesionarios y el manejo general del sector forestal a cargo de la Autoridad Forestal. Se quejaron de la centralización de las estructuras de manejo de bosques que excluyen la participación de la sociedad civil, en particular a las comunidades que dependen de los bosques, lo que ha llevado a la falta de participación pública adecuada en la toma de decisiones sobre el manejo de los bosques. Afirmaron que esto fue posible porque las reglamentaciones de la Autoridad Forestal o los contratos estándar de concesión no contienen disposiciones que establezcan un control independiente sobre la cadena operativa del sector forestal a cargo de la sociedad civil liberiana, especialmente por parte de organizaciones no gubernamentales locales y comunidades dependientes de los bosques, como forma de apoyar los esfuerzos de buena gestión y la aplicación efectiva de la ley nacional de bosques. También se identificaron como problemas clave a los que se enfrenta el sector, la interferencia política y los conflictos de intereses, la falta de capacidad o la insuficiente capacidad dentro de la Autoridad Forestal y la sociedad civil para ejercer la buena gestión y la aplicación efectiva de la ley de bosques. En referencia al pasado, los participantes deploraron la entrega de concesiones madereras y otros derechos de explotación de los bosques, a compañías y personas individuales realizada durante el período del conflicto, que dio lugar al madereo descontrolado e ilegal y la militarización del sector de la madera desde 1990 hasta el presente. Para abordar estas situaciones, la propuesta exhorta al Gobierno de transición nacional de Liberia a aprobar las recomendaciones como objetivos mensurables para el proceso de reforma y a tomar medidas inmediatas para su instrumentación. Las recomendaciones incluyen la realización inmediata de una auditoría del sector y la puesta en marcha de mecanismos para evitar el desvío de ingresos del sector hacia fines ilegales, así como la modificación del contrato de concesión existente para establecer el control independiente de las operaciones de madereo y explotación forestal, especialmente por parte de las ONGs locales y los habitantes de los bosques, como forma de respaldar y mejorar los esfuerzos nacionales de buena gestión y la aplicación efectiva de la ley de bosques, permitiendo el acceso público a la información relacionada con la totalidad de la cadena de operaciones de la industria de la madera, y haciendo públicos todos los contratos de concesión, incluyendo mapas y planes de manejo, corta anual, etc. La propuesta de la sociedad civil también exhorta a incorporar nuevas disposiciones en los acuerdos de concesión, que requerirían que las compañías madereras declaren públicamente todos los montos pagados al gobierno, incluyendo impuestos, cargos o multas. Esta disposición también exigiría que los concesionarios hagan pública información respecto de su producción, procesamiento, exportaciones, etc. De esta forma se contribuiría a reducir el alto nivel de corrupción del sector. Seleccionado y adaptado de:
“Increasing Transparency and Promoting Public Participation To
Enhance Forest Law Enforcement and Governance”, elaborado en el
Civil Society Planning Workshop y finalizado por el Forest Sector Reform
Working Group, enviado por Silas Kpanan’Ayoung Siakor, Director,
Sustainable Development Institute, correo electrónico: director@sdiliberia.org
(correo electrónico alternativo: sdi_liberia@yahoo.com
) - Swazilandia: las plantaciones de árboles y su impacto sobre la gente y la naturaleza En muchos aspectos, existe muy poca diferencia entre Swazilandia y Sudáfrica. El clima, el relieve y la geología de ambos países son similares, por lo que no es de extrañar que la vegetación natural de Swazilandia se parezca mucho a la de las provincias sudafricanas de KwaZulu-Natal y Mpumalanga, que virtualmente circundan el Reino swazi. Antes de la aparición de las plantaciones madereras a gran escala en Swazilandia, el área que ocupan actualmente estaba cubierta por praderas, intercaladas con zonas de bosque de follaje perenne en sitios protegidos y húmedos. La vegetación climax de praderas, característica de la región, evolucionó durante miles de años, proceso en el que la influencia humana y los incendios jugaron un papel importante. Hay una teoría maliciosa que sostiene que originalmente toda la región estaba cubierta de bosque, y que la pradera es una vegetación secundaria que se manifiesta cuando los bosques han sido destruidos. Este argumento ha sido utilizado para justificar la llamada "forestación", cuyo objetivo es la plantación de monocultivos de árboles exóticos en todo lugar donde la situación lo permita, y en especial en las praderas. Se sabe que hubo bosquimanos en estas zonas, a partir de la evidencia de pinturas sobre roca encontradas en cavernas. El pueblo swazi crió ganado y otros animales y también plantó algunos cultivos para alimentos. Sus cultivos y animales domésticos, la caza y los recursos naturales de bosques y praderas proporcionaban todos los elementos necesarios para su supervivencia. El establecimiento de más de 100.000 hectáreas de plantaciones significó el desplazamiento de estos pueblos y sus ganados a territorios adyacentes con pendientes, rocosos y secos, donde estaban más expuestos a enfermedades y ataques de animales salvajes. El tema de las plantaciones industriales de árboles en Swazilandia se debe analizar en el contexto mucho más amplio de la región sudafricana. La industria de la madera en Swazilandia no podría sobrevivir si no estuviera vinculada a las grandes plantaciones (1,6 millones de hectáreas) de Sudáfrica, y tiene una fuerte dependencia del capital proveniente de ese país. Esta anomalía es respaldada por la forma en que el FSC (Consejo de Manejo Forestal) agrupa las plantaciones certificadas de Mondi en Swazilandia junto con las de Sudáfrica. Según la información que aparece en el sitio web del FSC, ¡Mondi no tiene ninguna plantación certificada en Swazilandia! Aproximadamente el 9% del territorio de Swazilandia está ocupado por plantaciones de árboles. Sappi Usutu, que posee más de la mitad de las plantaciones de Swazilandia (70.000 hectáreas) y la única planta de producción de celulosa, proporciona empleo a cerca de 3.000 personas en forma directa e indirecta. Mondi Peak emplea 1.044 personas en dos aserraderos y 19.000 hectáreas de plantaciones. Shiselweni, la tercera plantación más grande, abarca aproximadamente 12.000 hectáreas. Las plantaciones de Mondi y Sappi fueron establecidas originalmente hace 50 años por la Commonwealth Development Corporation (CDC) que también fundó la fábrica de celulosa de Usutu en Bhunya (la CDC es un organismo del gobierno británico para promover las inversiones del sector privado en los países del Sur). Ambas fueron vendidas recientemente a sus actuales propietarios, Mondi en 1984 y Sappi en 1992. Las plantaciones de Shiselweni fueron establecidas en 1967, también por la CDC, pero fueron vendidas posteriormente a la Transvaal Wattle Growers Cooperative (TWK), también con sede en Sudáfrica. ¿Qué beneficios brindan estas plantaciones al pueblo swazi? Swazilandia importa desde Sudáfrica la mayoría de sus productos de madera terminados, al mismo tiempo que casi toda la producción de madera local sale del país en forma de troncos, celulosa o tablas apenas procesadas. El impacto ejercido por las plantaciones sobre los recursos hídricos debe haber tenido consecuencias graves para los pobladores que dependen del agua de los arroyos y ríos que fluyen desde el área de captación en la zona alta. Quienes nacieron en esa zona y la conocieron antes de la aparición de las plantaciones recuerdan cascadas y arroyos profundos que ya no existen. Un análisis de los impactos negativos de las plantaciones muestra la existencia de dos categorías principales, los impactos ecológicos y los socioeconómicos. O para expresarlo en forma más simple, impactos sobre la biodiversidad e impactos sobre las personas. Un análisis más profundo muestra que dentro de estos dos grupos, podemos distinguir entre impactos directos o primarios, e impactos indirectos, resultantes o secundarios. Algunos ejemplos de impactos primarios serían: la destrucción de la vegetación natural, la pérdida de pasturas para el ganado, la pérdida de plantas medicinales, el agotamiento de los recursos hídricos. Entre los impactos secundarios estarían el aumento de la presión de pastoreo en otras zonas, los conflictos por el acceso a los recursos, etc. Los impactos que se manifiestan con el correr del tiempo se pueden describir como acumulativos, de arrastre o terciarios –por ejemplo la acumulación en los organismos de sustancias agro-químicas tóxicas, que se usan para matar las plantas y animales que obstaculizan el establecimiento de la plantación; y la invasión de los humedales, arroyos y bosques por parte de malezas y árboles exóticos. Todos estos impactos tienen un costo, que en ocasiones se pueden cuantificar con facilidad, pero que en la mayoría de los casos produce pérdidas a largo plazo para el medio ambiente natural y la salud, bienestar y riqueza de los pueblos que resultan muy difíciles de evaluar. Por ejemplo, el costo futuro de la pérdida de un humedal o el envenenamiento de un río, o el efecto de los gases tóxicos sobre los trabajadores de una planta de celulosa. Pero una cosa sí es clara: la industria de la madera no cubre estos costos. Esta "externalización" de costos que efectúa la industria le permite seguir funcionando en forma rentable, manteniendo a sus accionistas felices en ciudades distantes, y sin duda alguna, aumentando su riqueza. Como si esto fuera poco, las compañías madereras se benefician de acuerdos especiales que las eximen de pagar ciertos impuestos, ¡y también reciben dinero en efectivo del gobierno si alegan no tener recursos! Todas las compañías plantadoras de árboles de Swazilandia afirman que están luchando por mantener su rentabilidad. Si tuvieran que hacerse cargo de los costos reales de sus operaciones sin cambiar las bases actuales de su funcionamiento, probablemente dejarían de ser viables. La realidad es que sería prácticamente imposible deshacer lo que se ha hecho. Sin embargo, se necesitan enfoques nuevos que aseguren que la mayor parte de lo generado por las plantaciones permanezca en Swazilandia y beneficie a los pobladores locales. La propiedad y el control de los recursos de las plantaciones debería entregarse al pueblo de Swazilandia. Es necesario lograr un nivel de beneficio máximo a nivel local para asegurar la creación de la mayor cantidad posible de puestos de trabajo en el país. La CDC (o sea el gobierno británico), debe asumir su responsabilidad por el desastre que ha dejado. Lo ideal sería que promoviera y financiara un proceso para devolver la propiedad de las áreas de plantación a las comunidades que fueron desplazadas. Debería financiar los costos de la restauración de las áreas naturales que resultaron degradadas como consecuencia del establecimiento de las plantaciones. De esta forma en el futuro se podrían crear muchos puestos de trabajo tan necesarios para tantas personas, especialmente para quienes han sufrido por haber perdido acceso a la tierra y el agua. La deuda social y ecológica de la planta de celulosa Sappi Usutu debe ser cuidadosamente evaluada y saldada. Se debe prestar atención especial a la salud de la comunidad. El poblado de los trabajadores en Bhunya debe ser demolido y se debe proporcionar a los trabajadores oportunidades alternativas de alojamiento lejos del aire contaminado de las cercanías de la fábrica. Las tres escuelas de Bhunya, en las que los jóvenes están expuestos al aire contaminado, deben ser trasladadas en forma urgente. Una alternativa podría ser Mhlambanyatsi, donde existe una buena infraestructura y un medio ambiente más saludable. Como reflexión final, me siento obligado a hacer un comentario sobre la actitud de desdén y falta de respeto hacia las comunidades locales que demostraron las gerencias de las tres compañías de plantaciones madereras en las que se realizaron entrevistas. Tal cual aún ocurre frecuentemente en Sudáfrica, parece ser que los propietarios legítimos de los recursos que están siendo explotados por intereses extranjeros son considerados y tratados como ciudadanos de segunda clase en sus propias tierras. De igual manera se ha abusado del medio ambiente y se han explotado excesivamente las tierras donde se encuentran las plantaciones. Todo esto debe cambiar. Por: Wally Menne, correo electrónico:
plantnet@iafrica.com . Artículo
basado en investigación y trabajo de campo realizados desde noviembre
de 2003 a abril de 2004. - Uganda: la plaga llegó a las plantaciones de eucalipto En setiembre de 2003 informábamos que una plaga exótica había atacado a árboles de eucalipto en el oeste de Kenia (ver Boletín N° 74 del WRM), y reflexionábamos sobre los riesgos inherentes al modelo de monocultivo. Ahora el mal ha llegado a la
vecina Uganda, siendo los distritos más golpeados Mpigi, Luweero,
Masaka, Kasese, Mbarara, Bushenyi, Mbale, Kapchwora, Tororo, Lira y
Apac. El eucalipto, originario de Australia, se ha plantado en Uganda durante aproximadamente un siglo. Un estudio de Philip Karugaba, de la Red de Acción Ambiental, identifica la introducción de este árbol exótico como uno de los dos factores principales (el otro serían las praderas) que virtualmente han reemplazado a las especies indígenas de árboles, entre ellas el árbol de la manteca (Bassia parkii), cuyas semillas producen un tipo de aceite comestible utilizado a nivel local en todo el norte de Uganda. En Uganda, las condiciones ambientales permiten que el eucalipto madure en apenas cuatro años. Esta circunstancia ha promovido la plantación comercial a gran escala de esta especie, de la cual se ha informado que “se propaga por el campo igual que un incendio de monte”. Y al igual que un incendio sin control, se está tornando destructiva. De hecho, es el mismo fenómeno que se ha estado produciendo en general en todo el planeta. “El árbol de eucalipto es sediento y antisocial. Su rápido ritmo de crecimiento exige grandes cantidades de agua y nutrientes del suelo, en tanto que las hojas que caen al suelo no permiten el crecimiento de ninguna otro tipo de vegetación alrededor del árbol”, explica el informe. De todas formas, posiblemente se puede decir lo mismo de otras especies de crecimiento rápido. El verdadero problema es el modelo, el monocultivo a gran escala, que empeora cualquier efecto, transforma insectos en plagas, atenta contra la diversidad de la naturaleza, y en última instancia demuestra ser caro y débil. Para los agricultores que han invertido mucho en los árboles de crecimiento rápido, este tipo de suceso implica un desastre. Al hablar del enfoque que solo considera el ecosistema del bosque desde la perspectiva de su componente de madera, equiparando las plantaciones de monocultivo de árboles con los bosques, se podría reformular el antiguo refrán y decir: “los árboles no le permiten ver la plantación”. Artículo basado en información
obtenida de: “Ugandan Eucalyptus trees have an uninvited guest”,
Gerald Tenywa, New Vision (Kampala), 9 de marzo, 2004; documento preparado
por Philip Karugaba, The Environmental Action Network (TEAN), Uganda,
para San Francisco Tobacco Free Project, http://tobaccofreekids.org/campaign/global/casestudies/uganda.pdf |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
Maldonado 1858
11200 Montevideo - Uruguay
tel: 598 2 413 2989 / fax: 598 2 410 0985
wrm@wrm.org.uy