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Boletín del WRM

 

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Número 83 - Junio 2004
El tema central de este boletín: los impactos de
la producción de celulosa
Indice - Opinión - El escenario de la celulosa y el papel - Africa - America del Sur

ASIA


LOS IMPACTOS LOCALES DE LAS FABRICAS DE CELULOSA

- China: reestructurando el sector papelero para servir a la industria globalizada

Desde 1996, en un intento de controlar la contaminación, la Administración para la Protección Ambiental de China ha cerrado miles de fábricas de celulosa y papel. “Una porción significativa de los problemas urbanos y rurales de contaminación de aguas tenían su origen en la industria y, en particular, la industria de pulpa y papel,” según comentó el Banco Mundial en un informe de 2000 acerca de la industria de pulpa y papel de China.

De acuerdo a Petteri Pihlajamaki, de la firma consultora forestal finlandesa Jaakko Pöyry, China cerró 7.000 pequeñas plantas. “La industria de la celulosa y el papel en China ocasionaba más contaminación que la del resto del mundo en su conjunto”, le dijo a Tove Selin, Coordinador de la campaña de las ONGs finlandesas para reformar las Agencias de Crédito a la Exportación.

Antes de 2000, tan sólo diez por ciento de la celulosa de China se producía a partir de madera. La mayoría de las fábricas que fueron cerrados utilizaban otras materias primas –distintas de la madera- tales como residuos de cultivos de arroz y trigo. El Banco Mundial describió a estas fábricas como “obsoletas, ineficientes, demasiado pequeñas, y altamente dependientes de materias primas cultivadas en forma local, en particular, la paja de arroz.”

Las viejas plantas de celulosa eran sin lugar a duda altamente contaminantes, pero cerrarlas no era la única solución posible. En muchas provincias, la venta de paja de trigo a las plantas de papel locales constituía una importante fuente de ingresos para los campesinos. La contaminación causada por plantas que utilizaban fibras no madereras puede reducirse mejorando la recuperación química, reduciendo la cantidad de sílice en el agua residual y con el uso de técnicas alternativas para fabricar pulpa.

Mientras que el gobierno cierra las fábricas de celulosa y papel, China constituye el mercado de celulosa y papel de crecimiento más rápido en el mundo. Aunque el consumo per cápita de papel es menos del diez por ciento de la cantidad que se consume en los EEUU, el consumo en China representa el 14 por ciento del consumo global de papel. Jaakko Pöyry estima que aumentará a razón del 4.4 por ciento anual entre 2000 y 2015.

Para satisfacer la demanda creciente, China más que cuadriplicó sus importaciones de celulosa entre 1997 y 2003. Es hoy el segundo importador mundial de productos forestales (luego de EEUU). El sesenta por ciento de estas importaciones son productos de celulosa y papel.

La reestructura de la industria de la celulosa y papel de China, pasando de pequeñas fábricas que utilizaban materia prima local a las modernas y grandes fábricas actuales que utilizan pulpa basada en madera ha generado una etapa de bonanza para las firmas consultoras, los proveedores de maquinarias y las compañías papeleras que componen la industria global de la celulosa y el papel.

Durante la década de 1990, la industria papelera china recibió alrededor de 1.000 millones de dólares de instituciones internacionales de financiamiento, gobiernos extranjeros, e inversiones extranjeras directas. “China continúa siendo la Tierra Prometida para los proveedores de equipamiento para la industria de la celulosa y el papel”, escribió el editor de Pulp and Paper International, Graeme Rodden en diciembre de 2003.

La gigante sueco-finlandesa de la industria del papel Stora Enso anunció a principios de este año que incrementaría la capacidad de su fábrica en Suzhou de 160.000 a 240.000 toneladas al año. Stora Enso tiene plantaciones de eucalipto en la provincia de Guangxi en el sur de China.

La fábrica de Changshu de la empresa finlandesa UPM Kymmene comenzó sus operaciones en 1999 y hoy produce 350.000 toneladas de papel al año. En 2005, su capacidad aumentará a 800.000 toneladas al año, con celulosa importada de Indonesia.

La empresa indonesa Asia Pulp and Paper (APP), que está enormemente endeudada, tiene planes de construir una fábrica de celulosa y papel de 600.000 toneladas en Qinzhou, en la provincia de Guangxi. Se propone que la materia prima provenga de las plantaciones de eucalipto que posee la empresa en el sur de China. APP planea establecer 600.000 hectáreas de plantaciones en China.

La compañía papelera más grande de Japón, Oji Paper, tiene planes de establecer un total de 200.000 hectáreas de plantaciones de árboles de crecimiento rápido en China.

También las compañías chinas se están incorporando al proceso. Yueyang Forest and Paper tiene 65.000 hectáreas de plantaciones y espera plantar 100.000 hectáreas con álamos, alisos y pinos hacia fines de 2005. Las plantaciones alimentarán la fábrica de celulosa y papel de Yueyang con una producción de 550.000 toneladas al año.

El Banco Mundial descarta a las fábricas papeleras chinas de pequeña escala por considerarlas ineficientes, pero es poco probable que el auge en las plantaciones de árboles de crecimiento rápido en China hubiese sido posible sin subsidios.

El gobierno chino tiene destinados 13.000 millones de dólares para el desarrollo de plantaciones entre 2002 y 2020. El objetivo es plantar casi 6 millones de hectáreas para la industria de la celulosa y el papel entre 2001 y 2015.

Al mismo tiempo, China es el principal receptor de préstamos del Banco Mundial para el sector forestal. Desde 1980, China ha recibido préstamos del Banco Mundial por más de 600 millones de dólares para establecer plantaciones que alimenten a la industria de la celulosa y el papel. En 2002, el Banco Mundial aprobó un préstamo de 93 millones de dólares para un “proyecto de desarrollo forestal sustentable” en China, dirigido a la protección de los bosques y “a asegurar el suministro de madera para satisfacer la demanda creciente de China”.

La pequeña industria contaminante de celulosa y papel china, que empleaba un gran número de trabajadores y era soporte de millones de campesinos, está siendo remplazada por una industria contaminante moderna, que emplea unos pocos trabajadores y que depende de grandes áreas de plantaciones de monocultivos para el suministro de materia prima.

Por: Chris Lang, correo electrónico: chrislang@t-online.de


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- La industria de la celulosa y el papel en Indonesia: un desastre cada vez mayor

A principios de la década de 1980 el gobierno de Indonesia lanzó un ambicioso plan forestal titulado "Plantaciones industriales de madera (PIM) y desarrollo de la industria de la celulosa". En las primeras etapas de su desarrollo se afirmó que las plantaciones de madera para celulosa rehabilitaban la tierra degradada y reducían la presión sobre los bosques naturales. Esa propaganda engañosa estaba destinada sin duda a disfrazar un plan ambicioso del gobierno de Indonesia de convertir al país en uno de los principales productores de celulosa y papel del mundo.

Para llevar adelante este plan, el gobierno no solo aprobó un gran número de reglamentaciones que permitieron a los concesionarios talar bosques naturales, sino que también desembolsó millones de dólares en préstamos sin intereses, como incentivo para alentar a las corporaciones a participar en el negocio, con el beneficio adicional de poder extraer madera de las concesiones y recibir muchos otros privilegios políticos y económicos.

La expansión del proyecto se desarrolló sin problemas. Hasta 2001 se habían entregado más de 8 millones de hectáreas a aproximadamente 175 compañías para ser convertidas en PIM. Unos 5 millones de hectáreas del total se asignaron a plantaciones de monocultivos de árboles de crecimiento rápido (Acacia mangium y eucalipto). La producción de celulosa se disparó de 980.000 toneladas en 1987 a 8 millones de toneladas a fines de 2000. Esto determinó que Indonesia pasara de importador neto de celulosa a exportador neto.

Sin embargo, a medida que las plantaciones se expandieron, el proceso comenzó a generar gradualmente una cadena de desastres para el medio ambiente y la vida económica, social y política del pueblo indonesio.

No hay datos pertinentes que apoyen el argumento de que la industria de la celulosa es eficiente y productiva. Por el contrario, los datos oficiales han demostrado que solo 1,85 millones de hectáreas (23,5% del área total designada) se había plantado con árboles para satisfacer la demanda de las fábricas de celulosas. La cifra podría incluso ser más baja a nivel de campo, ya que a menudo las plantaciones se establecieron en tierras que no eran adecuadas para PIM, como los pantanos o turberas (por ejemplo, la empresa Asia Pulp and Paper Company en Jambi tenía una relación cualitativa-cuantitativa de 1:3, que significa que de cada tres árboles plantados en los pantanos solo 1 sobrevivía). La madera gratuita en las concesiones era obviamente la razón principal de la participación de las corporaciones en el negocio: una vez talado el bosque y extraída la madera, la concesión era abandonada sin que se hubieran plantado los árboles que supuestamente se debían plantar.

Los propios concesionarios de PIM tampoco mantuvieron sus plantaciones en buen estado. En 2002 el gobierno anuló la licencia de algunas PIM por diversas razones, entre ellas deudas impagas, mala administración y malversación del Fondo de Reforestación, demostrando así que las PIM no dieron un buen resultado.

Irónicamente, no se prestó atención a los sitios talados, que resultaron en la degradación de millones de hectáreas de tierra, que antes eran bosques primarios o fuentes de sustento para las comunidades locales, y que fueron convertidos en "tierra de nadie" (tierra abandonada). Esto a su vez alteró el equilibrio ambiental, y la acumulación estructural de degradación ambiental resultó en inundaciones, incendios de bosques y desprendimientos de tierras.

Para empeorar las cosas, resultó evidente que las siete fábricas de celulosa instaladas en Sumatra y Kalimantan estaban utilizando materia prima proveniente de bosques naturales. Los datos del 2003 del Ministerio de Bosques demostraron que en promedio cada una de las fábricas tenía un déficit de materia prima de entre 700.000 y 2.000.000 metros cúbicos por año, en tanto que las plantaciones sólo suministraban el 20-25% de la demanda total, y que la mitad de la madera proveniente de los bosques era extraída ilegalmente.

La cifra anterior podría ser mucho más alta si hubiéramos tomado los datos anteriores del ministerio. La estadística de manejo de bosques de 2001 mostró que mientras la demanda alcanzó a 25 millones de metros cúbicos de madera por año, la producción total de las plantaciones relacionadas fue de apenas 3,8 millones de metros cúbicos por año, lo que indica que 85% de la madera se extrajo de bosques y no de plantaciones.

Resulta obvio que las fábricas de celulosa seguirán recurriendo a los bosques naturales para satisfacer su demanda de materia prima. En marzo de 2004, un periódico nacional publicó declaraciones de las compañías Asia Pulp and Paper (APP) y Asia Pacific Resources International Holding Ltd (APRIL) que afirmaban que dejarían de recibir materia prima de bosques naturales en 2007 y 2008. Sin embargo, dudamos que esto se cumpla, porque su producción de PIM está muy por debajo de su capacidad industrial, como lo reveló la investigación de la red de ONG de Indonesia.

El sistema autoritario instrumentado por el gobierno en el sector forestal ha dado lugar a un sistema de licencias cerrado que ha alimentado la corrupción, la colusión y el nepotismo. En términos más técnicos, los procesos de asignación de tierras han suprimido la soberanía indígena y de las comunidades locales, produciendo como resultado conflictos sociales entre los concesionarios y las comunidades locales.

Según datos del Ministerio de Bosques, durante 1990-1996 se produjeron más de 5.700 conflictos por el establecimiento de PIM en toda Indonesa. Los conflictos consistieron mayoritariamente en la lucha por la propiedad de la tierra entre los pueblos indígenas y otras comunidades locales y los concesionarios.

En Porsea, Sumatera del norte, los conflictos entre la comunidad local y la compañía PT Inti Indorayon Utama (IIU) se agravaron hasta llegar al uso de violencia por parte de la compañía apoyada por el gobierno. Cientos de personas fueron atacadas, dejando como consecuencia a varias personas con una discapacidad permanente, en tanto muchas otras fueron encarceladas y varias murieron. La compañía destruyó además totalmente la armonía entre el medio ambiente y la comunidad local. Las áreas en los alrededores de la fábrica fueron contaminadas por el hedor del cloro, haciendo difícil la respiración. Las tierras de cultivo de arroz de la comunidad fueron contaminadas por los desechos químicos de la fábrica.

Después de largos años de lucha, la fábrica fue finalmente cerrada. Pero el sistema legal corrupto y las complejidades políticas llevaron a la reapertura de la empresa administrada por el magnate Radja Garuda Mas. La reapertura de la compañía a cargo de la Presidente Megawati con un nuevo enfoque, un nuevo nombre (PT Toba Pulp Lestari) y una nueva orientación (ya no producían rayón sino solo pulpa) mostró claramente que la mandataria estaba cerrando los ojos a la violencia militar utilizada contra la comunidad local.

Otras compañías han utilizado métodos diferentes pero igualmente opresivos. Por ejemplo, APP creó un tipo de milicia local (llamada PAM Swakarsa) para sofocar las protestas de la comunidad y lo mismo hicieron Indah Kiat Pulp & Paper y Riau Andalan Pulp & Paper. En Jambi, PT Lontar Papyrus y PT Wira Karya Sakti utilizaron inteligentemente su influencia para que la administración local contemplara sus intereses en las reglamentaciones locales; por ejemplo, lograron convertir la tierra designada para el cultivo de arroz en una PIM en las cercanías de Parit Pudin.

Se puede concluir que la pirámide de conflictos sociales generados por el establecimiento de fábricas de celulosa y PIM es el resultado de las políticas estructurales y sistemáticas aplicadas por el gobierno en connivencia con las compañías, y del paradigma de manejo de los recursos naturales y los conflictos, para el cual el medio ambiente y las comunidades son meros objetos.

Las expectativas excesivas de una industria de celulosa próspera han empujado al gobierno a violar sus propias reglamentaciones. El gobierno apoya las PIM no solo a través de un sistema de licencias poco claro y favorable a las compañías sino también a través de préstamos sin intereses como incentivo económico a esa actividad. Además, sigue generando políticas que favorecen a las compañías.

A fines de 2003, a través del Ministerio de Bosques, el gobierno dispuso algunas reglamentaciones ministeriales en relación al sector de PIM y emitió cuatro decretos ministeriales. Irónicamente, todos ellos referentes a privilegios de las PIM e ignorando los problemas existentes. Los decretos estipularon que se podía establecer cualquier tipo de PIM sin realizar estudios de factibilidad. De esa forma, se elude el tema del pésimo desempeño de las PIM y se abre camino al pragmatismo industrial y a los problemas ambientales y socioeconómicos. Los decretos también estipulan que tanto las PIM establecidas como las que no están en producción pueden alterar su estructura de inversión mediante la enajenación, lo que claramente pone en riesgo los fondos públicos (canalizados mediante préstamos del gobierno). Todo activo o acciones de una PIM que se venda al sector privado ya no será de propiedad pública.

Los problemas vinculados a la industria de la celulosa y las PIM han llevado finalmente a que se produzcan fenómenos naturales que deben soportar las comunidades: desastres naturales que aumentan su frecuencia, alcance e intensidad. Las PIM mal administradas dejan la tierra degradada o plantaciones con un pésimo mantenimiento. Esto podría alterar el clima, por ejemplo llevar al aumento de la temperatura local. A principios de 2003, se produjo un extenso incendio en Jambi. Casi 500 hectáreas de la PIM administrada por PT Dyera Hutan Lestari (PT DHL) ardieron durante 3 semanas debido al mal manejo, a la conversión de pantanos de turba en plantaciones que destruyeron la estructura de sedimentación del agua y barro, y a un mal sistema de canalización. En otra parte de Jambi, en las cercanías de Mendahara Ulu, la zona se inundó porque una PIM había destruido los bosques de manglares en el curso superior.

A comienzos de 2003 se produjo en Riau una gran inundación que duró casi un mes. La inundación destruyó casi todo a su paso y las pérdidas ascendieron a 764 mil millones de rupias, cifra equivalente al 64% del presupuesto regional de 2002. Un informe de la ONG indonesa WALHI reveló que la gran extensión de tierra convertida a plantaciones en el curso superior había causado la pérdida de la capacidad de infiltración del suelo, dando entonces lugar a erosión, sedimentación e inundación.

También en Riau, se produjo otra gran inundación a mediados de 2003, seguida de un incendio forestal que destruyó más de 245.000 hectáreas en menos de 23 días. Treinta y dos de las cincuenta y cuatro compañías que estaban desmontando bosques por quema eran PIM.

Inundaciones, desprendimientos de tierras, incendios de bosques y niebla tóxica no son la culminación del proceso de la naturaleza, sino producto de un manejo explotador, reglamentado por políticas económicas interesadas que ignoran el manejo sustentable de los recursos. Por lo tanto ha quedado demostrado que los desastres son estructurales, generados por políticas superestructuradas y funcionarios gubernamentales corruptos. Por ello, al analizar el sector de la celulosa y las PIM, resulta esencial comprender los roles de los actores y las políticas fuera del sector forestal –que directa e indirectamente se relacionan con los temas forestales.

Por: Rivani Noor, Rully Syuamanda, Rudy Lumuru y Longgena Ginting (documento presentado en la Reunión de estrategia sobre el papel de Forest Movement Europe-Taiga Rescue Network realizada en Helsinki, Finlandia, del 22 al 25 de abril de 2004).


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- Tailandia: una fábrica de celulosa con una larga historia

Fundada en 1989, Advance Agro está ubicada en la provincia de Prachinburi. Su actividad principal es la producción y venta de celulosa y papel para impresión y escritura. Su capacidad de producción de celulosa kraft blanqueada es de 175.000 toneladas al año. También produce celulosa de fibra corta blanqueada para dos fábricas que opera Advance Agro Pulp, con una capacidad conjunta de 427.000 toneladas, así como papel para impresión y escritura, con una capacidad anual de 250.000 toneladas. En conjunto con sus subsidiarias (High Tech Paper y Advance Paper), la capacidad de producción de Advance Agro asciende a 500.000 toneladas. Aproximadamente el 70% de su producción se exporta a China, EE.UU., Hong Kong y Japón.

Advance Agro (PLC) es una subsidiaria del Grupo Kaset Rung Ruang (Soon Hua Seng -SHS). Hace más de 10 años, la policía arrestó a unos empleados de Suan Kitti, subsidiaria de SHS por desmontar bosque para ceder paso a plantaciones de eucalipto. La controversia se convirtió en un tema público tan candente que el Consejo de Ministros de ese momento tuvo que prohibir las plantaciones comerciales de árboles en gran escala a cargo del sector privado en los bosques de las reservas nacionales.

Originalmente, la fábrica se iba a llamar “Suan Kitti Pulp Mill” (Fábrica de celulosa Suan Kitti), pero para distanciarse de la crítica pública asociada a Suan Kitti, SHS rápidamente cambio el nombre de la fábrica a Advance Agro y contrató a la firma de relaciones públicas de propiedad finlandesa Presko, para asesorarse sobre cómo minimizar cualquier crítica ambiental posterior. CIDA, el organismo de asistencia canadiense, financió posteriormente a la empresa consultora canadiense H.A. Simmons para que prestara sus servicios a SHS, y la Commonwealth Development Corporation (CDC) del Reino Unido proporcionó préstamos y financiación de deuda a la fábrica.

Los accionistas principales de la compañía son el Grupo Soon Hua Seng (56%), StoraEnso, la productora de celulosa y papel más grande de Europa (19%), New Oji Paper, la productora de papel más grande de Japón (5,5%) y CDC (1%).

Actualmente los suministros de materia prima de la fábrica provienen de 32.000 hectáreas de plantaciones de eucalipto y 57.000 hectáreas adicionales de eucalipto plantadas por 6.000 agricultores contratados por Agro Lines.

Advance Agro comercializa su marca de papel "Doble A" como “ecológica”. La publicidad de la compañía explica que la materia prima proviene de plantaciones y que de esta forma se mitiga la presión sobre las áreas de bosques remanentes. Pero en realidad, las plantaciones de Advance Agro han desplazado comunidades locales y constituyen la etapa final de la deforestación de la región oriental de Tailandia.

El poblado de Laem Khao chan tiene aproximadamente 100 años de antigüedad y está cerca de una de las fábricas de Advance Agro. En el pasado, los pobladores plantaban arroz, mandioca y calabaza. Cuando SHS comenzó a buscar tierras para plantar eucalipto, muchos pobladores vendieron a la compañía las tierras que usaban para plantar mandioca. Pero después descubrieron que las plantaciones de eucalipto comenzaron a afectar también sus campos de arroz.

Suwan Kaewchan, miembro de la Organización de Administración del poblado de Laem Khao chan explicó: "Cuando la compañía llegó y comenzó a plantar eucalipto cerca de los campos de arroz, comenzó a secarse el agua y los pobladores se encontraron con que ya no podían plantar arroz. Uno por uno fueron vendiendo sus tierras y se fueron yendo. Se fueron a trabajar como mano de obra contratada en otras zonas o entraron a trabajar en la compañía".

Los pobladores que conservaron sus tierras pero plantaron eucalipto bajo contrato con la compañía se vieron enfrentados a otro problema, como señalara Kasem Pet-natee del Proyecto de desarrollo Khwae Rabom-Siyad: "Después de la primera cosecha, el suelo queda tan degradado que los agricultores deben invertir dinero en mejorar el suelo. Eliminar los árboles es difícil. Los pobladores deben alquilar maquinaria cara para extraer los tocones y raíces de los árboles. Las comunidades agrícolas se están endeudando con los bancos y los prestamistas. Cuando no pueden pagar, los bancos se quedan con sus tierras".

El agua residual de la fábrica de Advance Agro se vierte en las plantaciones de eucalipto. El agua sucia se acumula en los canales entre las filas de eucaliptos. Según los pobladores, si bien el agua es tratada en la fábrica de celulosa, esto no significa que esté limpia. Recientemente el agua vertida por la fábrica destruyó los cultivos de arroz de los pobladores. El polvo proveniente de la fábrica también se propaga hasta las viviendas de los pobladores y produce erupciones cutáneas.

Varias empresas transnacionales se han beneficiado con contratos de las fábricas de Advance Agro. Jaakko Poyry, la compañía finlandesa consultora de ingeniería forestal más grande del mundo, ganó un contrato (de no más de 3 años, que se firmó el 15 de diciembre de 1993) con Advance Agro consistente en la realización del diseño de ingeniería, el proyecto y la dirección de la construcción de la fábrica. La corporación cobró US$ 15.250 por semana, sin incluir honorarios de US$ 60 por hora por ejecutar órdenes adicionales. Otro contrato (firmado el 5 de setiembre de 1995) fue concedido a la Ahlstrom Corporation de Finlandia para el suministro de servicios técnicos por un plazo de 10 años. El pago del primer año ascendió a US$ 350.000 y en función de la deuda pendiente Advance Agro debió pagar anualmente a Ahlstrom el 3% de los ingresos netos.

Cuando StoraEnso adquirió acciones de Advance Agro en 1998, se firmaron varios contratos de cooperación entre las dos compañías. Por ejemplo, Advance Agro debió pagar a StoraEnso US$ 100.000 por año a cambio de cooperación para el desarrollo e investigación sobre celulosa y papel. Para obtener asistencia técnica de StoraEnso, Advance Agro debía pagar salarios, otros beneficios y costos de asistencia técnica a StoraEnso durante 12 meses. StoraEnso aseguraba un mínimo de 12.000 toneladas de celulosa de fibra larga europea por año así como el cobro de comisiones como distribuidor y representante de ventas de Advance Agro en el exterior (excepto en Tailandia y Japón) durante siete años. La celulosa de fibra larga que aseguraba StoraEnso se esperaba proviniera de sus fábricas en Europa.

Fuente: Seleccionado de "Commercial Tree Plantations in Thailand: Flawed Science, Dubious Politics and Vested Interests", de Pornpana Kuaycharoen y Noel Rajesh


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- Vietnam: una comunidad dividida en torno a la fábrica de papel Tan Mai

A solo metros del muro exterior de la fábrica de papel Tan Mai existe una industria floreciente a la sombra de los cocoteros. En los estanques donde solían haber arrozales, los aldeanos locales se encuentran sumergidos hasta el pecho en aguas residuales de la fábrica. Los hombres jóvenes tiran para levantar las redes fuera del estanque, llenas hasta el borde de la pesca del día: fibra de papel expulsada con el agua residual de la fábrica.

Mientras que una parte de la comunidad literalmente vive de las aguas residuales, vendiendo la fibra recobrada a los fabricantes de papel de baja calidad de la cercana ciudad de Ho Chi Minh, otros pagan el precio en cosechas dañadas, agua para beber contaminada y peces muertos. Tan Mai es un ejemplo de una comunidad dividida que tanto depende de la contaminación de la fábrica para sus ingresos, como sufre las consecuencias de su actividad. Algunos miembros de la comunidad trabajan en la fábrica. Otros se quejan de perder años enteros de cosechas sin compensación alguna.

Aunque Tan Mai había estado causando contaminación desde los años sesenta, no fue sino hasta que la fábrica aumentó su producción en 1992 que los miembros de la comunidad se organizaron como grupo para recurrir ante la justicia exigiendo una compensación por los peces muertos y las cosechas dañadas. Entre 1992 y 1996, miembros de la comunidad escribieron cartas al Departamento de Ciencia, Tecnología y Ambiente (DOSTE), a los medios de prensa y a la gerencia de la fábrica. El DOSTE investigó los reclamos de la comunidad, pero nunca mostró los resultados, y nunca otorgó compensación por las cosechas y los peces perdidos. Son pocos los que sostienen que Tan Mai no ha generado graves impactos ambientales. Los gerentes de la fábrica reconocen que necesitan un nuevo sistema de tratamiento de desechos. Incluso las personas que se ganan la vida recuperando la fibra expresan su preocupación por los impactos de la contaminación de la fábrica. Los campesinos locales no pueden comer el arroz que producen, que usan en su lugar para alimentar a sus cerdos. Los miembros de la comunidad se quejan de náuseas debido a la contaminación del aire, del agua no apta para beber, de problemas nasales, oculares y de piel, y de una reducción en la producción de sus árboles frutales.

Sin embargo, la comunidad alrededor de Tan Mai está a la vez física y emocionalmente dividida. Un grupo de familias vive junto al muro trasero de la fábrica, recolectando las fibras de papel, otro grupo cultiva arroz en los campos cercanos, un tercer grupo vive en apartamentos construidos por la compañía en el lado urbano de la fábrica; y un cuarto grupo vive en casas-bote dedicadas a la cría de peces en el río en el cual Tan Mai descarga sus aguas residuales. El distrito tiene un presidente joven y dinámico que es bastante abierto en cuanto a los impactos ambientales de la fábrica sobre la comunidad, e igualmente abierto en cuanto a su frustración por no poder cambiar la situación. A través de este funcionario local, la comunidad ha enviado quejas formales a la fábrica y a las autoridades provinciales. Pero como él lo explica, “la población en esta área tiene hijos que trabajan en la fábrica. Pueden usar electricidad y agua de la fábrica. Así que, por supuesto, la fábrica trae pérdidas y beneficios, y entonces no quieren quejarse demasiado” (entrevista personal, 6 de junio de 1997).

Tan Mai es propiedad del estado central que a su vez es quien gestiona la fábrica, y al mismo tiempo está bajo la regulación de la Agencia Nacional del Ambiente. Bien a través de la corrupción o de una política concertada, el estado ha trabajado para bloquear las críticas y las demandas de mejoras ambientales en fábricas como Tan Mai. Por ejemplo, después de las quejas de la comunidad, el DOSTE hizo mediciones de la contaminación del agua en Tan Mai. No obstante, estas mediciones fueron tomadas de tal forma que permitiera encubrir los verdaderos niveles de contaminación (por ejemplo, algunas muestras fueron tomadas en realidad río arriba de la fábrica, donde le agua está relativamente limpia). El DOSTE emitió entonces un memorándum formal declarando que la fábrica cumplía con las normas ambientales. Todos los involucrados en este caso reconocen que Tan Mai no está siquiera cerca de cumplir con las normas ambientales. Sin embargo, este documento se acepta actualmente como prueba del desempeño de Tan Mai. Una vez que Tan Mai recibió el memorándum del DOSTE, ni la comunidad ni las autoridades de gobierno locales pudieron multar o recurrir a una compensación de la compañía.

Los miembros de la comunidad por tanto se han resignado a la continua contaminación de la fábrica, aparentemente renunciando a realizar nuevos reclamos. Esgrimieron diferentes razones para no escribir más cartas de queja, entre las que se incluyen que: “no tienen efecto”, “el único resultado es la aparición del DOSTE, haciendo mediciones y luego desapareciendo” y “nos ponen en evidencia ante las autoridades". Este desaliento es bastante común. Otras comunidades que he estudiado también temían que las quejas fueran ignoradas o causaran mayores problemas de los que valían. No obstante, otras comunidades perseveraron y algunas veces tuvieron éxito.

La comunidad alrededor de Tan Mai, sin embargo, no ha podido superar las divisiones y resistencias internas. En realidad, la comunidad cuenta con un nivel de capacidades razonable, que incluye una mezcla de miembros jóvenes educados y trabajadores industriales. A pesar de esto, no han sido capaces de forjar vínculos más amplios con el estado o los medios, y sus divisiones internas han debilitado su capacidad de presión sobre las agencias ambientales para que actúen contra una fábrica gestionada centralmente por el Ministerio de Industria.

Tan Mai es, por múltiples razones, una compañía extremadamente bien aislada. El gobierno apunta al objetivo de expandir la industria papelera, y está promoviendo agresivamente a las tres fábricas de celulosa y papel más grandes del país (incluida Tan Mai). La promoción y la protección de Tan Mai se imponen así a otros intereses (incluso la recaudación de impuestos), y bloquean la regulación local de la contaminación. La firma tiene, en este caso, vínculos tan fuertes con el estado que virtualmente ninguna cantidad de presión puede motivar una regulación más estricta. Reconociendo esto, los miembros de la comunidad han renunciado incluso al recurso de enviar cartas formales de queja.

Por: Dara O'Rourke, Watershed 9 (3) Marzo-Junio 2004. Extractado de "Community-Driven Regulation: Balancing Development and the Environment in Vietnam", The MIT Press, 2004.

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