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Número 89 - Diciembre 2004
Indice - Opinión - Am. del Sur - Asia


AFRICA

LUCHAS LOCALES Y NOTICIAS

- África Occidental y Central: falsedades y corrupción en el negocio del madereo

Parece ser que el camino al mercado global está empedrado de buenas intenciones. Y profiere frases vacías, debería agregarse.

El mundo industrializado se rasga las vestiduras frente a la corrupción, que atribuye a los gobiernos de los países del Tercer Mundo. Y el Banco Mundial reúne a algunas de las compañías madereras líderes – mayormente europeas – en África con las ONGs ambientalistas para discutir los temas relativos al Manejo Sustentable de los Bosques, en lo que se a dado en llamar la “Iniciativa CEO”. Sin embargo, el verdadero significado se debe descubrir profundizando en las declaraciones.

El Grupo Danzer participa de la Iniciativa CEO. Sin embargo, el mismo grupo viola los principios clave del uso y la explotación de los bosques, y la ley, al financiar concientemente a los madereros ilegales y sobornar a funcionarios públicos. Desde sus orígenes en 1932, el grupo se ha convertido en uno de los mayores productores de chapas de madera dura del mundo. En la República Democrática del Congo (RDC ) y la vecina República del Congo (RC) las concesiones del Grupo Danzer abarcan 4 millones de hectáreas de bosque.

La compañía controladora del Grupo es ANBE AG, con oficinas centrales en Suiza; y desde 1962 el comercio internacional del Grupo Danzer en madera tropical también tiene su base allí, a través de Interholco AG. Desde allí se organiza el comercio internacional del Grupo en madera tropical, apoyando a un sector maderero que está alimentando una corrupción desenfrenada en la región. Interholco procura la madera no solo de los últimos bosques que están siendo destruidos en África Occidental y Central, sino que en muchos casos la obtiene de compañías que está documentado participan del madereo ilegal, o hasta hace muy recientemente, estaban asociadas a actividades de tráfico de armas.

En un informe confidencial sobre las actividades comerciales del Grupo Danzer en África, escrito por René Giger, uno de los dos directores ejecutivos de Interholco AG, en abril de 2003, y que obtuviera Greenpeace, Giger resume: “con relación a los regalos/ frais de mission (propinas) se me ocurren tres filosofías en África. En Doula (Camerún) uno es chantajeado para que pague propinas de cientos de miles de FF (francos franceses), y esto también se paga con generosidad. En Congo (Kinshasa) (RDC) el Sr. H…. intenta ser más moderado pero igualmente está preparado para pagar cuando sea necesario. En IFO tanto el Sr. S…. como el Sr. D... están absolutamente en contra de esos regalos y también están a punto de eliminar rigurosamente las viejas prebendas. La filosofía del Sr. S… es no dar ningún regalo por adelantado para evitar cualquier posible dificultad. Si existe alguna amenaza de multa, sin embargo, los llamados casos condicionados, está preparado para encargarse de esto con un regalo”. La forma en que se utilizan los “regalos” se explica en el informe de Giger, en una referencia a una de las subsidiarias de Danzer en Camerún, CCIB. Según Giger, la autoridad impositiva en Camerún insiste en un “control fiscal”, que él trata urgentemente de evitar, ya que al parecer han habido “exportaciones no declaradas de IHC [Interholco] vía Alima F”. Giger señala en forma casual: “el Sr. F…. está tratando de resolver este asunto con FRF 20-30,000 [entre €3000-4500].”

Después de años de debate, el 7 de julio de 2003 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (UNSC por sus siglas en inglés) impuso sanciones a la importación de madera liberiana. El UNSC fue forzado a tomar esta drástica medida sin precedentes, porque operadores internacionales como Interholco, se habían rehusado a cesar voluntariamente el comercio con una industria que financiaba al presidente liberiano y al jefe militar Charles Taylor.

Además de exportar la madera liberiana que suministraba Inland Logging Company (ILC), la compañía sancionada por el UNSC, Interholco también se abastecía con las empresas Oriental Timber Company (OTC) y Maryland Wood Processing Industry (MWPI). El gerente de la OTC, el holandés Gus van Kouwenhouven, es considerado por el UNSC como una figura clave en la logística de los movimientos ilegales de armas hacia Liberia. La MWPI controlaba Port Harper en el sur del país, y también fue acusada de participar en los envíos ilegales de armas que entraban a Liberia a través de ese puerto. Solo el aumento de las actividades de los rebeldes, y finalmente las sanciones del UNSC detuvieron el comercio de Interholco con OTC, MWPI y otros proveedores liberianos.

Comerciar con rolos liberianos, y con la OTC en particular, no impidió, sin embargo, al Grupo Danzer declarar en una carta (10 de enero de 2002) enviada a un ciudadano alemán que: “el Grupo Danzer y todas sus compañías subsidiarias no harán ningún tipo de negocio con compañías que comercien con armas… En nuestras relaciones comerciales con los proveedores de materia prima solamente tomamos decisiones que concuerden con nuestras normas, y bajo ninguna circunstancia deseamos que nuestras relaciones comerciales se mal utilicen para financiar armas o guerras civiles.”

Artículo basado en información obtenida de: “Danzer involved in bribery and illegal logging”, Greenpeace, http://www.wrm.org.uy/deforestation/logging/danzergroup.pdf


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- Congo: bosques y comunidades de los bosques destruidos para pagar la deuda

Como muchos otros países del Tercer Mundo, empujado a la pobreza y el endeudamiento por las políticas globales del colonialismo y el posterior neocolonialismo, el Congo tiene una deuda actual de US$ 4,9 mil millones. Como muchos otros gobiernos del sur, también, aconsejado por las agencias multilaterales a comercializar su riqueza –los recursos naturales- el gobierno del Congo ha puesto gran énfasis en el crecimiento de la industria maderera en la cuenca del río Congo, que cuenta con enormes tramos de bosque virgen, los segundos más grandes del mundo después de los del Amazonas en Sudamérica.

Los pigmeos Ba’aka, la población indígena del bosque, ven amenazado su estilo de vida tradicional mientras el bosque se abre al madereo intensivo, tanto legal como ilegal. Los árboles, valiosos para los Ba’aka por sus frutos, aceites, corteza medicinal y para la construcción de piraguas, están desapareciendo rápidamente bajo las sierras de los madereros. Por ejemplo, el sapelli, una caoba africana, es uno de los árboles de mayor precio en el mercado mundial de la madera -y también es anfitrión de una especie de oruga, que es una fuente esencial de alimento, que emerge hacia el final de la estación lluviosa cuando la caza y la pesca están limitadas. Un saco de orugas ahumadas puede venderse hasta por US$ 100, y un solo árbol puede proveer hasta cinco sacos al año. Este dinero permanece en la economía local, mientras que una enorme parte del dinero proveniente del madereo abandona el país.

En 2002 se lanzó una iniciativa para proteger el área boscosa con la creación de la Sociedad Congo Basin Forest Partnership (CBFP) en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable que tuvo lugar en Sudáfrica. La CBFP ha planeado una red de parques nacionales nuevos y ampliados que cubrirá el 40% de la cuenca del Congo. Pero esta política de conservación ha sido criticada porque a menudo tiene poca consideración por las poblaciones indígenas -por ejemplo, los Ba’aka no han sido informados aún sobre el desarrollo de parques nacionales de la CFBP.

“Las comunidades locales del bosque y los grupos de la sociedad civil han sido hasta ahora completamente excluidos de la iniciativa, que se trata primariamente de ‘sociedades’ entre las organizaciones internacionales de conservación y las madereras internacionales”, dijo Simon Counsell, director de la Rainforest Foundation.

Mientras tanto, los “eco guardias” vigilan los bosques para detener la caza y el comercio ilegal de la carne de animales silvestres, que es el alimento básico de los Ba’aka. Sin embargo, estas reglamentaciones son socavadas por la corrupción, ya que el comercio es organizado por miembros de las elites locales quienes se aseguran de que “sus” vendedores de carne de animales silvestres no sean objetivo de los eco guardias. Por el contrario, se ha acusado a los eco guardias de perseguir a los Ba’aka.

“Sufrimos tanto por los eco guardias. No podemos ir y encontrar cosas en el bosque como solíamos hacerlo. Lo único que nos ocupa es el hambre”, declaró Nyaku, un Ba’aka de Mbua, cerca del centro administrativo de Pokola en el norte del Congo.

¿Hay alguna deuda que deba pagarse con destrucción, desposeimiento y hambre?

Artículo basado en información obtenida de: “Concern over Congo logging”, Kate Eshelby, BBC, http://news.bbc.co.uk/2/hi/africa/3937829.stm


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- Kenia: el controversial “sistema Shamba” de plantaciones de árboles exóticos

El sistema Shamba ó Tongya, de Kenia ha sido definido generalmente como una forma de agro-silvicultura, en el que se alienta a los agricultores a dedicarse a los cultivos primarios (maíz, bananas, frijoles y mandioca) en tierras boscosas previamente despejadas, con la condición de que replanten árboles. Desde mediados del siglo XIX, Kenia adoptó este sistema como forma de establecer plantaciones de árboles con mano de obra barata o totalmente gratuita, a fin de satisfacer la demanda de madera.

El sistema Shamba, que en teoría busca involucrar a las comunidades sin tierra en la conservación del bosque, hace ya largo tiempo que está envuelto en una gran polémica. A principios de la década de 1980, comenzaron a emerger muchos problemas asociados con el sistema –en particular se destaca que el 19% de los sistemas Shamba estaban invadiendo bosques.

Además de haber sido abiertos al abuso, los críticos señalan que se ha generado un reemplazo de bosques indígenas con monocultivos de árboles exóticos. Las especies exóticas más comunes plantadas en los bosques públicos incluyen el eucalipto y el ciprés. Esas plantaciones, establecidas en un régimen de monocultivo, interfieren con el bosque, menguando su biodiversidad y reduciendo su capacidad de captar agua.

Esto ha resultado en un escenario problemático.

Por un lado, el sistema Shamba es criticado por los impactos nocivos generados por las plantaciones de monocultivo de árboles exóticos en las que se convirtió. El gobierno actual del presidente Kibaki, le ha ordenado a los agricultores mantenerse fuera de los bosques indígenas. La Viceministra de Medio Ambiente y ganadora del Premio Nobel de la Paz, Prof. Wangari Maathai, sostiene que “no podemos sacrificar los bosques indígenas a manos de las plantaciones exóticas. Las plantaciones representan un monocultivo de árboles, pero un bosque es un sistema ecológico”. Maathai afirmó que se había abusado del sistema ya que se les permitió a los agricultores –a través de la corrupción- convertir enormes porciones de bosque indígena en tierras agrícolas, “destruyendo la biodiversidad local y reduciendo enormemente la capacidad de los bosques de ser reservorios de agua efectivos”. A todo esto hay que sumar cazadores furtivos, madereros ilegales, quemadores de carbón vegetal e incluso los barones de la droga que también habían invadido los bosques.

Por otro lado, la prohibición del sistema Shamba, que apunta a proteger los bosques nativos, implica el desalojo de miles de agricultores, generando una polémica dentro de la sociedad.

En conjunto lo que queda claro es que la raíz del problema puede rastrearse hasta una política que ha creado dependencia de un modelo de plantación de monocultivo de árboles que ha probado ser social, económica y ambientalmente dañino en todo el mundo. El difícil callejón sin salida de Kenia a este respecto, es sólo un caso más en cuestión.

Artículo basado en información obtenida de: “Call to keep off indigenous forests”, Nation Reporter, http://www.ogiek.org/indepth/break-call-to-keep.htm ; “Smallholder agriculture: the Shamba system”, http://www.rsrg.uni-bonn.de/Projekte/kenya/dfg_rep/vegetation_types/farm_system/shamba.html


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- República Democrática del Congo: después de la guerra, la lucha por el bosque

Después de décadas de régimen despótico encabezado por Mobutu Sese Seko, la República Democrática del Congo (RDC, antes Zaire) cayó en una “guerra civil” que segó la vida de aproximadamente 3,5 millones de personas. La carnicería masiva que reinó en el país ha disminuído aunque muchos creen que solo temporalmente. La guerra fue alimentada, al menos en parte, por la competencia por el control de los recursos naturales.

Los pueblos del bosque como los “pigmeos” Twa del este de la RDC, han sufrido impactos traumáticos durante el conflicto. Además del tratamiento brutal –incluidos casos de canibalismo y denuncia de “genocidio”– a manos de una facción u otra, los "pigmeos" también han sufrido el agotamiento de los recursos de alimentos silvestres del bosque, como resultado de la explotación que han hecho de éstos los ejércitos, milicias y los millones de refugiados en huída del conflicto.

Con el establecimiento del gobierno de transición en 2003, la comunidad internacional se ha movilizado rápidamente para reconstruir la economía del país; los bosques son considerados una fuente potencial de ingresos rápidos desde el exterior.

Los bosques de la RDC cubren una superficie de 1,3 millones de kilómetros cuadrados, más del doble del tamaño de Francia. Según estimaciones del Banco Mundial, unos 35 millones de personas (cerca del 70% de la población nacional) viven o dependen en alguna medida de los bosques del país. La mayoría son agricultores bantúes, muchos de los cuales todavía practican el modo de cultivo de rotación tradicional o la “jardinería de bosque”, un número menor son “pigmeos” mbuti, twa y otros, cazadores y recolectores.

Hasta la fecha, ha sido relativamente pequeña la porción del bosque explotada industrialmente, aunque unas pocas compañías (mayoritariamente extranjeras) han tenido acceso a grandes áreas para el madereo, como el grupo alemán Danzer, que ha tenido concesiones de madereo que abarcan 2,4 millones de hectáreas. En algunas áreas, el bosque se ha convertido en tierra de cultivo, principalmente con fines de subsistencia y, en las zonas que rodean las principales ciudades, también la recolección de leña ha contribuido a la pérdida de la cubierta boscosa. Sin embargo, en comparación con otras partes del África Occidental y Central, los niveles de deforestación se han mantenido bajos. Bajo la guía de la comunidad internacional, esto podría estar a punto de cambiar.

En agosto de 2002, el gobierno interino (no electo) de la RDC adoptó un nuevo Código de Bosques. El Código establece el “marco” básico para la política de bosques del gobierno de la RDC, como por ejemplo, que el gobierno sigue reafirmando la propiedad estatal sobre todas las áreas de bosque. El desarrollo y la adopción del Código fueron apoyados financieramente por el Banco Mundial y modelados en gran parte a imagen de la Ley de Bosques que el Banco desarrolló para Camerún en 1994. Posteriormente, tanto el Banco como la FAO han iniciado proyectos para “zonificar” los bosques de la RDC, lo que conllevara en última instancia a parcelar toda el área boscosa del país en zonas de madereo, conservación y otros usos.

El Banco Mundial ha dado algunos pasos positivos para reformar la industria maderera en la RDC, por ejemplo, ejerciendo presión para que el gobierno cancelara ciertos contratos de tala existentes y revocara los 6 millones de hectáreas de concesiones asignadas ilegalmente.

Sin embargo, documentos internos del Banco obtenidos por la Rainforest Foundation revelan que la intención última del Banco es la expansión masiva de la industria maderera del país. Se prevé la multiplicación de 60 a 100 veces de la producción maderera, hasta alcanzar entre un valor aproximado de 6 a 10 millones de metros cúbicos de madera por año, poniéndose a disposición de “los interesados” una superficie de unos 60 millones de hectáreas (algo mayor que el territorio de Francia). Los documentos del Banco hablan de la “creación de un clima favorable para el madereo industrial”.

El “desarrollo” propuesto para los bosques de la RDC, y la forma en que éste se está llevando a cabo, presenta una serie de peligros graves.

Primeramente, el Banco Mundial y la FAO no han tomado en cuenta la gran inestabilidad de la situación política del país, ni las profundas debilidades del gobierno. Las autoridades en Kinshasa, la capital, todavía son incapaces de ejercer ningún control significativo sobre las actividades de las compañías madereras.

Segundo, el enfoque del Banco Mundial sobre el desarrollo de los bosques de la RDC, se basa aparentemente en la hipótesis de que la expansión del madereo industrial traerá necesariamente beneficios económicos a los pobres (la población de la RDC medida en términos de ingreso promedio per cápita es la más pobre del mundo). Sin embargo, hay muy poca evidencia a favor de la validez de esta hipótesis. Por el contrario, la evidencia de países como Camerún, es que las comunidades que habitan los bosques – a menudo los más pobres de los pobres- se empobrecen aún más, al permitírsele a la industria maderera destruir los recursos de los que dependen para su subsistencia, incluida agricultura de bosque en pequeña escala, las fuentes de agua dulce, la caza de pequeños animales silvestres, los frutos y aceites, y los remedios naturales. El desarrollo de una industria maderera de gran escala en la RDC podría, por tanto, tener graves impactos negativos sobre millones de personas pobres.

Tercero, el enfoque que está adoptando el Banco también parece basarse en no reconocer que, como en cualquier otro lugar de África, las comunidades que han estado presentes durante cientos o incluso miles de años, reclaman grandes áreas de los bosques del Congo en el marco de sus “derechos tradicionales”. La experiencia de países como Camerún ha sido que el no reconocimiento adecuado de los derechos y reclamos de las poblaciones locales en la “re-zonificación” de las áreas boscosas y la asignación de concesiones para el madereo, puede resultar en serios, persistentes y violentos conflictos sociales.

El 2 de diciembre de 2003, la Rainforest Foundation escribió una carta detallada al Banco Mundial, pidiendo aclaraciones sobre su participación en los temas forestales en la RDC, y manifestando las preocupaciones que señalamos más arriba. Al momento de escribir este artículo -exactamente un año después- todavía no hemos recibido ninguna respuesta sustancial.

Durante este tiempo, se ha hecho evidente que el Banco está bajo la fuerte presión de las compañías madereras –especialmente, quizás, por parte de intereses franceses y alemanes, que podrían ser quienes obtuvieran las mayores ganancias de una “revitalización” de la industria maderera congolesa. Si bien el Banco ha enfatizado su preocupación porque el desarrollo de los bosques de la RDC beneficie a quienes viven allí, no ha hecho nada por traducir esta preocupación en hechos. Por el contrario, ha seguido creyendo con total ingenuidad que, aún en medio de un estado prácticamente de guerra civil, con un gobierno que en gran medida solo lo es de nombre y que sirve mayormente a los intereses personales creados, con instituciones financieras conocidas por ser absolutamente corruptas, y con funciones básicas de gobierno todavía frágiles -en el mejor de los casos- se podría establecer una industria maderera ambientalmente aceptable, socialmente responsable y económicamente beneficiosa.

Pocos observadores creen que esto sea algo más que un dogma ideológico respaldado por oficiales de bajo rango del Banco desesperados por ascender, a los que en última instancia no se podrá hacer responsables por sus acciones.

En noviembre de 2004, una alianza única de ONGs internacionales, que incluye a Rainforest Foundation, Greenpeace, WWF, Wildlife Conservation Society (WCS), Conservation International y African Wildlife Foundation, emitió una declaración conjunta llamando a establecer una moratoria sobre cualquier nuevo contrato de tala en la RDC hasta que se sostengan ciertas condiciones estrictas. Estas condiciones incluyen que el reconocimiento del “consentimiento libre, previo e informado” de las poblaciones locales sea condición para cualquier cambio en el uso de los bosques durante el nuevo proceso de zonificación.

A fines de 2004, los bosques de la República Democrática del Congo siguen siendo los bosques húmedos relativamente imperturbados más grandes del planeta. La comunidad internacional tiene una oportunidad trascendental de explorar e implementar nuevos enfoques, en vez de los que ya han fracasado penosamente en otras partes del mundo. Como prioridad inmediata, Rainforest Foundation cree que la comunidad internacional, especialmente el Banco Mundial, debe asegurar que se sostenga en forma estricta la moratoria existente sobre nuevas talas en el Congo.

Por: Simon Counsell, Rainforest Foundation, Reino Unido http://www.rainforestfoundationuk.org

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