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Boletín del WRM

 

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Número 91 - Febrero 2005
TEMA CENTRAL DE ESTE NÚMERO:
EL FORO SOCIAL MUNDIAL
Indice - Opinión - En la construcción de otro mundo posible


SÍMBOLOS DE UN MUNDO QUE YA NO ES POSIBLE

 

- Monocultivos: el símbolo de un modelo perimido

Si hay algo que ese otro mundo posible que reclamamos debe contener es diversidad biológica. La vida nos lo dice a cada paso, y a gritos. El mensaje rompe los ojos. Cuanta mayor es la diversidad de un ecosistema, mayor es su riqueza, mayor es su belleza. He ahí los preciados bosques tropicales, receptáculo profundo de innumerables especies animales y vegetales, de colores, matices y sonidos, cuna de cascadas y riachuelos, matriz de poblaciones humanas. Son valiosos tanto estética como funcionalmente para el ser humano, proveyéndole de alimento, abrigo, materiales de construcción, de ornamento, de utilería. No se trata de no utilizarlos, sino de hacerlo con prudencia, solidaridad y respeto, “sustentablemente” para decirlo de una manera actual.

Sólo esta modernidad que ha roto todo vínculo con el mundo natural puede haber olvidado la lección. El acelerado desarrollo tecnológico y de las comunicaciones fue el vehículo que permitió a gigantescos grupos económicos y financieros tomar la naturaleza por asalto e intentar apoderarse del mundo, esta vez de una manera aplastante.

La lógica propia de las empresas, de lograr cada vez mayores ganancias, les lleva a recrear el mundo para lograr esos fines de la manera más eficiente. Surge así el paradigma de la escala --la gran escala-- y dentro de ella el monocultivo, que se manifiesta ferozmente en la agricultura, separándola dramáticamente de la naturaleza.

Los monocultivos de árboles son una de sus expresiones. Los intereses que los imponen quieren a toda costa disfrazarlos de bosques, pero están tan lejos de serlo como de ser considerados praderas. Tan es así que destruyen ambos ecosistemas.

Millones de hectáreas en todo el mundo --en algunos casos antes ocupadas por bosques y en otros por praderas-- están plantadas con interminables filas uniformes de eucaliptos destinados a ser reducidos a pasta de papel --celulosa-- con la cual producir millones de toneladas de papel que alimentan un consumo dilapidador, principalmente para empaque y propaganda. Los mayores índices de consumo se registran, claro, en los países del norte.

Otro destino que últimamente se procura dar a las plantaciones comerciales de monocultivos de eucaliptos es la de “sumideros de carbono”, o basureros de carbono. El Protocolo de Kyoto de la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático habilitó un mecanismo que supuestamente compensaría las emisiones de dióxido de carbono, responsables del efecto invernadero y de sus graves consecuencias sobre el cambio del clima. Se trata de plantar árboles que absorberían carbono mientras crecen. Como los eucaliptos son de rápido crecimiento, se deduce que son ideales –eso sí, que no se vayan a incendiar, o a pudrir, o a ser cubiertos por inundaciones, ¡porque devolverían a la atmósfera todo el carbono tomado! Los que emiten, plantan, y así, plantando y plantando pueden seguir emitiendo. Eso dio lugar, además, a otro gran negocio: el mercado del carbono. ¿Y el clima? Mal, gracias. ¿Y el suelo, la flora, la fauna, los ecosistemas, las diversas formas de sustento? Mal, gracias.

Las plantaciones de palma aceitera se extienden cada vez más en los países del sur por la gran rentabilidad resultante de combinar mano de obra barata, tierra a bajo precio, abundante apoyo financiero del Banco Mundial, el FMI y el PNUD, corto periodo entre la plantación y el inicio de la cosecha, y un mercado en expansión en los países del Norte. La colonización, la desigualdad social, el desmantelamiento de los Estados es campo fértil para hacer grandes negocios con las plantaciones. La rica naturaleza del sur es violada una y otra vez.

Y, como la moña del paquete, la última novedad en plantaciones de árboles la constituye los árboles transgénicos. Profundizando el proceso de selección genética que con fines comerciales se centró en ciertos rasgos genéticos de los árboles como el crecimiento rápido, la altura, el diámetro, la calidad de la madera y los troncos rectos con pocas ramas, ahora la ingeniería genética produce los árboles modificados genéticamente (transgénicos) para adecuarlos aún más a las necesidades de la industria forestal. Eso, a costa de los graves peligros que traen consigo. Si aumenta la velocidad de crecimiento de los árboles, el agua se agotaría más rápidamente y se aceleraría la destrucción de la biodiversidad dando paso a desiertos biológicos poblados de árboles transgénicos resistentes a insectos, sin flores, frutos ni semillas; el suelo se destruiría a un ritmo aún mayor a raíz del aumento en la extracción de biomasa, la mecanización intensiva y el mayor uso de agroquímicos.

Todos estos distintos tipos de plantaciones tienen en común los problemas que causan: lesionan los ancestrales derechos territoriales y de utilización de los bienes naturales de comunidades indígenas y de campesinos, erosionan el suelo, alteran el ciclo del agua, eliminan otros ecosistemas y otras formas de producción, reducen la biodiversidad.

En definitiva los monocultivos --ya sea de árboles, de plantas o de la mente-- simbolizan un modelo perimido que debe ser sustituido por la diversidad biológica y cultural para hacer posible ese otro mundo al que aspiramos.

Por Raquel Núñez, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy


inicio

- Brasil: el “desarrollo” que trajo una planta de celulosa

En 1972, en el Estado de Rio Grande do Sul, a pocos kilómetros de la ciudad de Porto Alegre, en el municipio de Guaíba y sobre el río del mismo nombre, el grupo noruego Borregaard establece una planta de celulosa, que finalmente cierra en 1975 como resultado de presiones públicas contra la contaminación que estaba causando. En ese año la compra la empresa Klabin y reabre con el nombre de Riocell.

La planta utilizaba cloro elemental para el blanqueo de la celulosa, lo que generó una gran contaminación del río Guaíba, de donde se abastece de agua potable la ciudad de Porto Alegre. No obstante, fue con dineros públicos obtenidos mediante un préstamo del BID --170 millones de dólares-- que el Estado debió realizar trabajos de descontaminación de la cuenca del río.

En 2002 la empresa cambió el tipo de procedimiento de blanqueo, pasándose al ECF (libre de cloro elemental) (ver boletín Nº 83 del WRM). Al año siguiente, 2003, Riocell es comprada por Aracruz Celulose S.A. La fábrica produce celulosa blanqueada con destino a la exportación, abastecida con los eucaliptos de las 40 mil hectáreas de plantaciones que posee en una media de 85 kilómetros a la redonda y que también adquirió al comprar la fábrica.

Aracruz Celulose S.A. es dueña, además, en el estado de Espírito Santo, de la mayor planta de celulosa blanqueada de eucalipto del mundo, con una capacidad de producción anual de 2 millones de toneladas. El emprendimiento se estableció cercenando los derechos de los indígenas locales tupinikim y guaraní pues ocupa tierras ancestrales de estas comunidades, que desde entonces libran una larga lucha contra la empresa (ver boletín Nº 13 del WRM).

En Río Grande do Sul, la empresa realizó en 2004 grandes inversiones en la planta Unidad Guaíba (ex Riocell), con la finalidad de revitalizarla. A la vez de inaugurar grandes y nuevas instalaciones a fines de julio de ese año, la compañía lanzó un programa forestal en el Estado de Río Grande do Sol para incrementar las plantaciones de eucaliptos. Actualmente, la planta posee una capacidad de producción de 400.000 toneladas anuales de celulosa blanqueada.

En el marco del Foro Social Mundial, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) organizó una visita a la referida planta, a efectos de realizar una investigación en el terreno de los impactos que ha tenido el emprendimiento en el medio.

Un grupo de 27 representantes de diversas organizaciones de una decena de países del mundo participó de la experiencia y se desplegó por la zona circundante a la fábrica, conversando con los vecinos y recorriendo el paraje para verificar sus condiciones.

Al final, los participantes hicieron una puesta en común tanto de los testimonios recogidos como de sus impresiones. La opinión unánime coincidió en que la situación del entorno de la fábrica --antiguamente un pintoresco balneario llamado "Alegría"-- es actualmente deplorable: la impresión general no es ciertamente la de un pueblo que se destaque por su prosperidad, los alrededores de la fábrica lucen polvorientos y la costa es un barrial aceitoso y abandonado, de aguas turbias y, cercano a la fábrica, calientes. Hasta se ven peces muertos flotando en ellas, según cuentan l@s vecin@s.

Del testimonio de l@s vecin@s surgió que se ven obligad@s a vivir en medio de ruidos persistentes las 24 horas del día por el intenso tránsito de camiones que les altera el sueño y en ocasiones termina en casos de trastornos nerviosos. También deben soportar un intenso mal olor que llega incluso a perjudicar el intercambio social con gente de otra zona que no está acostumbrada a él. Se señaló el alto índice de cuadros alérgicos --sobre todo entre los niños-- que afectan principalmente el sistema respiratorio.

En cuanto al empleo, manifestaron que hubo un auge con la construcción de la fábrica –y quizás en algunas obras de ampliación. No obstante, gran parte de la mano de obra fue traída del nordeste brasileño y una vez terminada la construcción, los trabajos directos cesaron y los indirectos mermaron. La planta es buena sólo para quienes tienen trabajo en ella, dijeron. Y no son muchos. Las diferencias sociales son grandes. Por otra parte, la pesca artesanal --una importante fuente de trabajo local-- se vio seriamente lesionada pues los peces comenzaron a tener mal gusto y la gente dejó de comprarlos. Los pescadores ahora tienen que ir mucho más lejos en busca de su presa, cerca del mar.

La caída permanente de un polvillo blanco que deteriora sobre todo a los vehículos fue otro de los efectos comentados.

Evidentemente, la presencia de los visitantes fue notada en la empresa, rodeada por altas alambradas. Muy pronto, una camioneta de efectivos de seguridad comenzó a circular muy lentamente, deteniéndose a veces y mirando directa e inquisitivamente a los integrantes esparcidos en grupos, que conversaban aquí y allá con distinta gente del vecindario.

Algun@s vecin@s supieron disfrutar del lugar cuando era un hermoso balneario de aguas transparentes al que acudían barquitos cargados de gente de la vecina ciudad de Porto Alegre. Luego, con la planta de celulosa, desembarcó allí el “desarrollo”. Promesas huecas que los dejaron llenos de humo, polvo, ruido y olor. Trabajo, poco. Seguramente, much@s tendrán ahora “saudades” (nostalgia) de la antigua Alegría.

Por Raquel Núñez, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy


inicio

- Uruguay: para seguir festejando, sin plantas de celulosa

Consumismo y pobreza son las dos puntas del actual mercado mundial del papel. Manipulación de los mercados, acuerdos de cártel, fijación de precios y otras prácticas similares les dan a un grupo de empresas el poder necesario para controlarlo. En el medio, contaminación del aire, el agua y el suelo, acumulación y extranjerización de la tierra, aumento de la escala, profundización de una forma de producción que requiere cada vez menos trabajadores. Una cadena de acciones insustentables en este rubro --réplica de otros-- que deja atrás toda sensibilidad y prudencia para con la naturaleza y las generaciones actuales y venideras. La equidad social no está en la mira de estos emprendimientos.

Desde 1989 el Estado uruguayo quedó endeudado con el Banco Mundial para apuntalar un modelo forestal exportador de troncos de eucalipto para celulosa. Lo hizo con la concesión de exoneraciones de impuestos, reintegro parcial del costo de plantación, créditos blandos, construcción de infraestructura vial, igualdad de beneficios para inversiones del exterior, entre otros. En definitiva, la sociedad uruguaya hizo un aporte de aproximadamente 400 millones de dólares al sector.

Pero las plantaciones de árboles no trajeron consigo los empleos prometidos. Contribuyeron al despoblamiento rural en la medida que no sólo generaron menos empleos permanentes que la ganadería extensiva, sino que además lo hicieron a expensas de los que se perdieron en las actividades que se sustituyeron, y con igual o peor calidad de las condiciones de trabajo y la remuneración.

No obstante, todas esas consideraciones no entran en la contabilidad de las empresas y las instituciones financieras internacionales, y tampoco de los gobiernos que responden a esas directivas. Ellos discuten sólo en el idioma de la economía ortodoxa y de la “demanda global” y no en el de los productores rurales pequeños, de los trabajadores o de la política. Así que la forestación siguió adelante.

Además de destruir praderas y los pocos ejemplares remanentes de bosque indígena en zonas de serranía, las plantaciones en gran escala de árboles aumentaron la concentración de la tenencia de la tierra y profundizaron su extranjerización. En la década de 1960 la reforma agraria era un fuerte reclamo popular. Por ese entonces, los mayores latifundios en manos privadas rondaban las 30.000 hectáreas. Hoy, la sociedad anónima forestal Weyerhaeuser, de origen estadounidense, concentra alrededor de 150.000 hectáreas. También hay capitales canadienses y chilenos que han comprado miles de hectáreas para forestación. EUFORES, del grupo español ENCE, tiene unas 50.000 hectáreas plantadas con eucaliptos para la fabricación de celulosa. La sociedad anónima Forestal Oriental (FOSA), propiedad de los capitales finlandeses de Botnia y UPM/Kymmene, es propietaria de unas 100.000 hectáreas, de las cuales declara que 60.000 son destinadas a forestación.

En 2003, estas dos últimas empresas presentaron proyectos para la instalación de dos plantas para la elaboración de celulosa blanqueada de eucaliptos, a pocos kilómetros de la ciudad de Fray Bentos y del balneario “Las Cañas”: ENCE para una planta con una capacidad de producción de 500.000 toneladas anuales y Botnia para una planta con una capacidad de un millón de toneladas anuales.

La resistencia a estos megaemprendimientos ha ido en aumento (ver boletines Nº 12, 54, 75, 83 del WRM), y ha involucrado no sólo a uruguay@s sino también a argentin@s vecin@s de la provincia de Entre Ríos, que se verían afectad@s por los impactos de ambas plantas.

Integrantes de Guayubira --uno de los grupos uruguayos que ha cuestionado fuertemente la instalación de las plantas de celulosa-- presentes en el V Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre, Brasil, tomaron la iniciativa de elevar una carta abierta al Dr. Tabaré Vázquez, presidente entrante que asumirá funciones el 1º de marzo siguiente, para expresarle su preocupación en torno a la posible instalación de las dos plantas de celulosa.

En la misma se expresa que:

“El Foro Social Mundial es un espacio que da voz a las esperanzas de cambio de la humanidad. ‘Otro mundo es posible’ dice, porque el actual, en el que predomina la explotación, la exclusión social, y la destrucción ambiental ha demostrado ser insustentable.

El modelo actual de monocultivos forestales a gran escala que se ha impuesto en el país, sólo ha enriquecido a unos pocos con el dinero de todos. Ha profundizado la exclusión social, la concentración y extranjerización de la tierra y la degradación del ambiente.

Ahora, para completar ese proyecto neoliberal, el gobierno saliente ha promovido la instalación de dos gigantescas plantas de celulosa en las inmediaciones de la ciudad de Fray Bentos, sobre el Río Uruguay.

La instalación de las plantas no sólo consolidaría el modelo forestal existente sino que aumentaría el área plantada para abastecerlas, exacerbando así los impactos ya constatados.

Las plantas de celulosa no sólo provocarán contaminación ambiental sino que además desplazarán fuentes de trabajo locales en los sectores agropecuario, turístico y de la pesca, así como también impactarán sobre la salud de la población local uruguaya y argentina.

El gobierno saliente ya ha autorizado la instalación de una de las plantas y vemos con preocupación que está creando todas las condiciones para aprobar apresuradamente la segunda planta.

Desde Porto Alegre, uruguay@s y argentin@s -much@s de ell@s representantes de organizaciones sociales- presentes en el Foro Social Mundial, le pedimos encarecidamente que antes de tomar una resolución sobre las plantas de celulosa, analice muy profundamente los graves impactos que éstas tendrán.

Creemos conveniente que, haciendo uso de su autoridad como presidente entrante, reclame al gobierno saliente que detenga cualquier decisión que autorice la instalación de la segunda planta.

Quienes votaron por usted lo hicieron con la convicción de que otro Uruguay ES posible, y estamos convencidos que de instalarse estas plantas sólo se estaría profundizando el modelo anterior.”

La carta abierta, recogiendo palabras pronunciadas por Vázquez cuando se confirmó su triunfo electoral (“festejen uruguayas, festejen uruguayos”) termina diciendo: “Por eso, le pedimos que permita a l@s uruguay@s que apostaron por el cambio, seguir festejando.”

Centenares de uruguay@s y argentin@s presentes en el FSM, muchos de ell@s representantes de organizaciones sociales, sindicales, ambientales, políticas y religiosas, firmaron la misiva, que contó con el respaldo de personalidades relevantes como el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el argentino Premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la luchadora de derechos humanos e integrante de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, entre otras.

También adhirieron participantes de otras nacionalidades, "movidos por la visión compartida de que otro mundo es posible", expresando que "Confiamos que [el Dr. Tabaré Vázquez] sabrá honrar la esperanza que uruguayos y uruguayas supieron construir a lo largo de varios años de lucha y que hoy han depositado en usted."

El texto completo de la carta así como el listado de firmas y adhesiones puede verse en el sitio web del Grupo Guayubira: http://www.chasque.net/guayubira/celulosa/carta.html , donde se invita a quienes deseen adherir a la carta, hacerlo a través del formulario de adhesión que encontrarán allí.

Por Raquel Núñez, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy

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