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Boletín del WRM

 

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Número 92 - Marzo 2005
Indice - Opinión - America del Sur - Africca - Los archivos de carbono

- Bangladesh: los Mro resisten su expulsión de un "ecoparque"

Los Mro (conocidos también como Mru) son uno de los Pueblos Indígenas que desde hace mucho tiempo habitan en las colinas de Chittagong. Para su sustento dependen del bosque, donde no solamente cazan sino que también se dedican al cultivo de variedades locales, la producción agropecuaria colectiva y la jardinería.

En el caso de los Mro, el grado de su dependencia de su bosque refleja sus conocimientos etnobotánicos. Según un estudio del Instituto de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de Chittagong, “la conservación de los conocimientos indígenas de la tribu Mro puede conservar también los bosques, lo que puede ser un instrumento para la conservación de los bosques” en Bangladesh.

Sin embargo, las políticas oficiales se inclinan por los proyectos que sustituyen los bosques y sus pueblos por jardines para turistas (los llamados 'ecoparques'), supuestamente en aras del desarrollo económico y para preservar el medio ambiente. Los Pueblos Indígenas saben bien que dichas políticas implican que se los expulse y se despejen miles de acres de bosque, cortando árboles y nivelando el terreno para construir carreteras que serpentearán por las colinas permitiendo el pasaje de los automóviles.

Hace algún tiempo, el establecimiento del ecoparque de Madhabkunda-Muraichhari también implicó el desalojo de cientos de familias Khasia y Garo que vivían en las colinas. En aquella ocasión Rang Lai Mro, dirigente del Comité para la protección de los bosques y los derechos territoriales de Chittagong, declaró: “Luego de que el departamento forestal adquiriera 20.000 acres de tierra en nombre de la Forestería Social, cientos de familias que vivían en las colinas fueron desarraigadas y expulsadas de sus hogares ancestrales en Bandarban, por citar sólo este caso”.

Ahora el gobierno propone otro ecoparque en las tierras de la comunidad Mro, más precisamente en la cadena de Chimbuk, en el distrito de las colinas de Bandarban. Los Mro, cuyo papel fundamental como protectores del bosque ha sido reconocido incluso en investigaciones académicas, corren el peligro de ser expulsados de su propio hogar.

Rang Lai Mro, presidente del Consejo Social Mro, dijo que 700 familias serían desalojadas en caso de que el gobierno ponga en práctica su proyecto de construir un ecoparque en un terreno de 5.500 acres en los “upazilas” (subdivisiones administrativas rurales de los distritos) de Sadar, Roangchhari, Ruma y Lama.

Por consiguiente, los indígenas de la zona han declarado que resistirán cualquier intento de establecer un ecoparque que implique su desplazamiento. El llamado a la resistencia surgió de una movilización realizada en Empu Para, a 36 kilómetros de la sede del distrito de Bandarban. El Comité para la protección de la tierra y la preservación del bosque organizó la movilización de 500 jefes de familia de la comunidad Mro. El próximo paso será la realización de una reunión con todos los jefes y dirigentes de base en las distintas regiones para delinear un programa de resistencia a esta iniciativa.

Artículo basado en información tomada de: “ Indigenous people to resist eco-park in Bangladesh”, PraxisNews, enviado por Zakir Kibria, correo-e: banglapraxis@yahoo.com ; “ Foundation of ‘controversial' Eco-park to be laid today” , Rajat Kanti Goswami, Moulvibazar, http://www.sdnbd.org/sdi/news/pages/eco-park/eco-park.htm ; “Bangladesh Hills Rumble With Discontent, Sharier Khan, http://www.banglarights.net/marginalised/marzinalized-8.htm ; “ Traditional forest utilization practice by the M ro tribe in Bandarban region, Bangladesh”, http://www.bnp2004.com/p/p219.pdf , “ Planned Eco Park: Unrest brewing in Bandarban: Indigenous leaders held meetings, decide to resist”, Monirul Islam Monu, http://www.thedailystar.net/2005/03/14/d50314070176.htm , distribuido por PraxisNews, Zakir Kibria, correo-e: banglapraxis@yahoo.com


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- Laos: represa Nam Theun 2, Banco Mundial y corrupción

El 31 de marzo de 2005, la Junta de Directores del Banco Mundial decidirá si apoya o no una serie de préstamos y garantías para la represa hidroeléctrica Nam Theun 2 en Laos.

El Banco Mundial ha estado involucrado con la represa Nam Theun 2 desde 1989, cuando financió un estudio de factibilidad. Sin las garantías del Banco Mundial para cubrir los riesgos de los inversionistas, los bancos comerciales no financiarán el proyecto. A cualquier altura de los últimos 16 años el Banco Mundial podría haber decidido no apoyar este proyecto y el proyecto hubiera muerto. El Banco Mundial, por lo tanto, es por lo menos en parte responsable de lo que ha ocurrido en el proyecto durante este tiempo.

El Banco Mundial argumenta que su participación en el proyecto Nam Theun 2 es importante para que el proyecto sea un medio de reducir la pobreza en Laos. En noviembre de 2004, Ian Porter, el director regional del Banco Mundial para Laos, dijo en una reunión de los Directores Ejecutivos del Banco que “el argumento del proyecto descansa en la utilización adecuada de los ingresos para la reducción de la pobreza y la gestión ambiental”.

Desde 1989 se ha venido talando el área del embalse de 450 km2 y se han devastado las formas de sustento de los 6.000 integrantes de pueblos indígenas que viven en la Meseta Nakai. De continuar el proyecto, la pesca y el sustento de 130.000 personas más que viven río abajo de la represa quedarán destruidas. “Además, tendrá un grave impacto en la flora y fauna de la Meseta Nakai, poniendo incluso en peligro la supervivencia de elefantes asiáticos y patos de ala blanca. El 11 de marzo de 2005, ONGs y académicos tailandeses escribieron a Ian Porter, del Banco Mundial, explicándole el impacto que han tenido las represas en los elefantes de Tailandia, y ahora Nam Theun 2 inevitablemente provocará un aumento del conflicto entre la gente del lugar y los elefantes” (ver la carta --en inglés-- al final de este artículo).

La compañía maderera Bholisat Pattana Khed Phoudoi (BPKP), dirigida por el ejército lao, comenzó a talar la zona del embalse a principios de la década de 1990. La compañía taló dentro de áreas protegidas e incluso una zona del bosque que se suponía era un bosque comunitario para la gente que sería desalojada de la zona del embalse.

En 2002, Supalak Ganjanakhundee, un periodista del periódico tailandés The Nation, estimó que BPKP había ganado aproximadamente 70 millones de dólares anuales por las actividades de madereo. Un año después, BPKP quedó prácticamente en bancarrota y solo sobrevivió merced a donaciones del gobierno.

Hace cuatro años escribí a Helmut Schaffer, el entonces Director Ejecutivo alemán en el Banco Mundial, para preguntarle qué había hecho BPKP con el dinero que había ganado del madereo de la zona de embalse. Ni Schaffer ni el personal del Banco al que Schaffer pidió se encargaran de mis preguntas, las respondieron.

Parece que nadie en el Banco Mundial se preocupa particularmente por el destino de los dineros de BPKP. En respuesta a mi pregunta sobre BPKP, Ian Porter me dijo en febrero de 2005, “No tenemos información específica sobre la recaudación y uso de los ingresos por concepto de madereo que usted menciona”.

La compañía Italian-Thai Development Public Company comenzó a perforar túneles asociados con la represa, anticipando la decisión del Banco Mundial de apoyar el proyecto. La compañía eléctrica Nam Theun 2 Power Company (NTPC), los ejecutores del proyecto, obtuvieron el contrato de construcción de la represa para la empresa Italian-Thai sin que se hubiera llamado a licitación pública. Italian-Thai es parte de NTPC. Otro miembro de NTPC, Electricité de France, ganó el contrato de dirección de la construcción, también sin haber licitado.

El 15 de febrero de 2005, Christian Delvoie, director de infraestructura regional para el Banco Mundial, dijo a Radio Free Asia, “En todos los proyectos financiados por el Banco, apenas se detecta algún caso de corrupción, vamos al gobierno y cancelamos el contrato inmediatamente”.

Le pedí a Delvoie que explicara exactamente lo que el Banco está haciendo para detectar corrupción en el proyecto. Le pregunté si el Banco había encomendado evaluaciones independientes, de dominio público, que investigaran la forma en que los ejecutores de la represa se habían concedido a sí mismos los contratos sobre el proyecto, así como las actividades de BPKP en el proyecto. Y le pregunté a Delvoie cómo podría obtener copias de esos documentos.

Once minutos después de haber enviado mi mensaje electrónico, Delvoie me respondió. No contestó ninguna de las preguntas ni me dijo cómo podía obtener copias de los documentos. “Hemos investigado la mayoría de los puntos que usted plantea”, escribió. Cuando le pregunté que quería decir con la palabra “la mayoría”, me pidió que no leyera entre líneas. “Investigamos, y documentamos debidamente, todos los contratos de compra, y estamos conformes porque cumplen nuestras directrices”, escribió. No me dijo cómo podría obtener copias de los documentos que el Banco había elaborado para llegar a esta conclusión.

En 1999, James Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial, dijo, “La libertad de prensa no es un lujo. La libertad de prensa está en el corazón mismo de un desarrollo equitativo”. Describió la libertad de prensa como un “faro en busca de la corrupción y prácticas desleales”. Lamentablemente, no hay libertad de prensa en Laos.

En Laos el estado controla todos los periódicos. Bajo el decreto gubernamental anti corrupción, los periodistas deben procurar la autorización del Estado antes de informar sobre prácticas corruptas. El decreto prohíbe a los periodistas revelar documentos oficiales secretos. No es de sorprender que la corrupción no figure en los titulares de prensa en Laos.

Hace un tiempo un empleado del Banco Mundial me llamó por teléfono. Quería hablar sobre la represa Nam Theun 2 en Laos pero con la condición de que guardara el anonimato. Mencionó algo que había oído la última vez que estuvo en Vientiane: el sonido que hacían los funcionarios gubernamentales de Laos hojeando los nuevos catálogos de Mercedes-Benz. El suave, palpitante sonido de la corrupción.

Por Chris Lang, correo electrónico: chrislang@t-online.de

La carta al Banco Mundial está disponible en: http://www.wrm.org.uy/countries/Laos/NamTheundam.html


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- Malasia: falso sello verde a madereo en tierras de los Penan

El 18 de octubre de 2004, Samling Plywood, empresa maderera de Malasia, recibió la certificación de manejo forestal de parte del Consejo para la Certificación de la Madera de Malasia (Malaysian Timber Certification Council, MTCC) por el madereo supuestamente sustentable de una de las últimas zonas contiguas de bosque tropical primario de Sarawak que todavía perduran.

Cerca del 80% de la concesión certificada es territorio Penan tradicional, donde los Penan vivieron tradicionalmente como nómadas hasta establecerse como sedentarios, bajo influencia británica, a mediados del siglo XX. Actualmente hay en la zona por lo menos 410 hogares, con una población estimada de 2.000 personas.

Aunque luego de volverse sedentarios los Penan comenzaron a practicar la agricultura itinerante cultivando arroz de altura, todavía dependen en gran medida de la selva tropical primaria para la caza y la recolección, con lo que satisfacen una parte importante de sus necesidades alimentarias (proteínas, frutas, etc). La selva tropical primaria es también la cuna de la cultura y la mitología de los Penan y alberga varios sitios de gran importancia para este pueblo, tales como tumbas ancestrales, el árbol ipoh ( Antiaris toxicaria ), que suministra el veneno para sus dardos, la palma sago ( Cycas revoluta), la caña ratán y árboles de sándalo ( Santalum album ). En la zona viven, además de los Penan, un número indeterminado de otros Dayak.

“Aquí vivíamos en paz hasta que las empresas madereras vinieron a perturbar nuestra vida e instalarse en nuestro bosque”, escribió el jefe Bilong Oyau en nombre de los Penan que firman una carta. “Muchos de nosotros hemos sufrido debido a las operaciones de madereo de Samling: nuestros ríos están contaminados, nuestros lugares sagrados han sido dañados y nuestros animales huyen, perseguidos por personas que nos quitan nuestro sustento y nuestra cultura. (...) No podemos aceptar que ahora se otorgue a Samling un certificado para que siga violando nuestros derechos consuetudinarios nativos”. Los Penan de estas comunidades se quejan también del daño sustancial sufrido por sus fuentes de agua potable como resultado del madereo.

Aunque los Penan han resistido la destrucción de sus tierras y sus bosques con piquetes para impedir el tránsito de camiones y maquinaria para el madereo, el MTTC no los consultó antes de otorgar la certificación de su selva. Además, la información obtenida en 2001 por el satélite IKONOS indica que el manejo que Samling practica en esta concesión particular es cualquier cosa menos sustentable. La grave destrucción del bosque es visible incluso en baja resolución.

Si Samling logró acceder a la zona hoy certificada es por haber recurrido a la fuerza policial y militar, y si bien ha logrado extraer madera del lugar, esto ha sido en contra de la voluntad expresa de las comunidades afectadas, en una clara violación de sus derechos humanos. Las comunidades Penan apelaron al MTCC para que revoque la certificación de inmediato.

Este es un ejemplo más de falso sello verde otorgado a una actividad social y ambientalmente destructiva como lo es el madereo industrial. Para las grandes empresas se trata apenas de otra herramienta de comercialización para ganar nuevos mercados, a menudo conformados por personas bien intencionadas de los países del Norte, quienes, muy lejos del lugar, creen que así contribuyen a la conservación de los bosques.

Artículo basado en información extraída de: “ Penan protest against the certified logging of the last primeval forests of Sarawak (Malaysia)” y “Report on the Malaysian Timber Certification Council (MTCC) certification of the Sela'an-Linau Forest Management Unit in the Ulu Baram area of Sarawak / Malaysia”, enviados por Lukas Straumann, Bruno Manser Fonds, correo-e: bmf@bmf.ch


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- Madereo legal e ilegal en Vietnam

El madereo ilegal es moneda corriente en Vietnam. Los periódicos vietnamitas informan frecuentemente de nuevos escándalos en materia de madereo. Algunos ejemplos del año pasado ilustran el tema. En enero, el periódico “ People's Army Newspaper” (del Ejército Popular) contó del arresto del “conocido comerciante maderero” Nguyen Van Hung. En junio, el “Labour Newspaper” informó que hombres de la guardia del ferrocarril habían interceptado el transporte por tren de madera extraída ilegalmente. Y en noviembre finalizó el mayor juicio realizado hasta ahora por madereo ilegal en las montañas de la zona central. Pioneer informó que el Tribunal Popular de Kon Tum sentenció a 19 personas, entre ellas 10 funcionarios de gobierno, por madereo ilegal y por haber recibido sobornos.

Pamela McElwee, estudiante de doctorado de la Escuela Forestal y de Estudios Ambientales de la Universidad de Yale, ha investigado el madereo ilegal en Vietnam durante varios años. En un artículo de reciente aparición, “You say illegal, I say legal" (Usted dice ilegal, yo digo legal), expone algunas de las cuestiones planteadas por la tala ilegal en Vietnam.

McElwee compara las grandes actividades de extracción ilegal de madera con las “pequeñas acciones de cientos de miles de leñadores locales que necesitan desesperadamente madera”. Explica que si bien el Estado a menudo culpa a la población local por la deforestación, de hecho el propio Estado ha “contribuido de manera significativa” al problema.

Cuando el gobierno nacionalizó los bosques del país (a mediados de la década de 1950 en Vietnam del Norte, y después de la reunificación del país en 1975 en el sur), los entregó al sistema de Empresas Forestales del Estado. “El Estado, y no la población local, taló vastas extensiones en las montañas de Vietnam, hasta dejarlas completamente desnudas”, escribe McElwee.

McElwee hace referencia a una evaluación de las acciones de Unión Industrial-Agrícola-Forestal Easup. Formada en 1979 en la provincia Dak Lak, en las montañas centrales, la Unión supuestamente debía apoyar a 200.000 personas, organizadas en aldeas con nombres como “Aldea del Bosque Verde”. Más de 20.000 personas se trasladaron de las zonas bajas para trabajar para la compañía maderera. La Unión extrajo madera por un valor de 2 a 3 millones de dólares por año; después de diez años había talado aproximadamente la mitad del volumen de madera en pie que se había estimado que había en el bosque en 1979. McElwee concluye que las actividades de madereo de la Unión provocaron grandes cambios en la provincia, incluso “elevadas tasas de migración de las tierras bajas a las montañas, pérdida de derechos sobre la tierra por parte de minorías indígenas y expansión de sistemas agrícolas de cultivo de arroz húmedo en zonas más aptas para el cultivo migratorio debido a los bajos niveles de riego y a los suelos e inclinaciones altamente variables”.

Además de haber talado grandes zonas de bosques del país, el Estado parece incapaz o reticente a resolver el madereo ilegal. McElwee describe cómo una banda de madereros ilegales de Yen Bail, en la zona norte de Vietnam, utilizaron dinamita para construir caminos permanentes dentro del bosque y hasta marcaron los árboles que querían talar, aparentemente sin temor a ser enjuiciados.

La madera talada ilegalmente en Vietnam es transportada en camiones, trenes e incluso aviones de compañías aéreas vietnamitas. “Esos tipos de conexiones indican que la gente implicada no son operadores a pequeña escala sino poderosas figuras conectadas a vastas redes de contrabando”, señala McElwee.

El Departamento de Protección Forestal, que vigila el madereo ilegal en Vietnam, con frecuencia está involucrado con las Empresas Forestales del Estado en actividades de madereo ilegal. Los menguados salarios del personal de protección de los bosques, de unos 30 dólares por mes, son caldo de cultivo para la corrupción generalizada.

Cuando el personal del Departamento de Protección Forestal intenta detener a madereros ilegales, suele encontrarse en inferioridad numérica y con menos armas que ellos. En febrero de 2005, el periódico “Labour” informó que de 30 a 40 personas habían atacado a una patrulla forestal en el Parque Nacional Bu Gia Map, después que ésta los descubriera transportando madera ilegal.

Si bien en 2004 el Departamento de Protección Forestal descubrió más de 50.000 violaciones a la Ley de Protección y Desarrollo Forestal, muchos de esos casos fueron de delitos a pequeña escala. En un puesto de control del Departamento de Protección Forestal, entre Camboya y el puerto costero vietnamita de Nha Trang, McElwee vio camiones del gobierno cargados de madera proveniente de Camboya que utilizaban papeles fraudulentos para pasar el puesto, mientras se detenía y multaba a agricultores locales que llevaban en sus tractores de tres ruedas leña o madera para construcción de vivienda, sin los papeles necesarios.

Durante un trabajo de campo de un año, en la provincia Ha Tinh, en la zona norte de Vietnam, McElwee entrevistó a aldeanos que viven cerca de la Reserva Natural de Ke Go y de la Empresa Forestal del Estado Cam Xuyen. La mitad de las 104 familias con las que conversó percibía alguna forma de ingreso por la venta de productos forestales tales como leña, carbón, ratán o plantas medicinales.

McElwee descubrió que el Departamento de Protección Forestal se centra casi totalmente en el mercado local donde los aldeanos venden leña, pero no hace nada para detener el madereo ilegal y transporte de madera cometido por la policía fronteriza y el ejército.

Una campaña radial del gobierno empeoró las cosas cuando explicó que la referida Reserva Natural es propiedad del gobierno y que por lo tanto la población local no está autorizada a acceder a ella. El jefe de una aldea comentó a McElwee, “¿Por qué no impedimos que la gente entre a la reserva? Podríamos hacerlo, pasan por nuestra aldea todos los días. Pero el gobierno nos dice una y otra vez que es de propiedad del gobierno. Entonces tiene que ser el gobierno el que impida a la gente entrar, no nosotros”.

Los aldeanos consideran que la utilización que hacen de la madera tiene escaso impacto en los bosques, comparado con los madereros en gran escala, que utilizan botes para transportar los troncos de la Reserva Ke Go. Los aldeanos preguntaron a McElwee, “¿Qué tiene de malo sacar un árbol de vez en cuando? Es tan sólo para construir una casa. Todos necesitamos una casa”.

Por Chris Lang, e-mail: chrislang@t-online.de

Artículo basado en información obtenida de: Pamela McElwee, "You Say Illegal, I Say Legal: The Relationship Between 'Illegal' Logging and Land Tenure, Poverty, and Forest Use Rights in Vietnam," Journal of Sustainable Forestry, Vol. 19, No. 1/2/3, 2004. http://www.haworthpress.com/web/JSF

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