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Boletín del WRM

 

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Número 97 - Agosto 2005
Indice - Opinion - Bosques y salud - Actividades industriales, bosques y salud

 

IMPACTOS DE LAS PLANTACIONES SOBRE LA SALUD

Australia: uso de plaguicidas en monocultivos de árboles afecta gravemente la salud en Tasmania

Entre 1994 y 2004 la superficie de tierras convertidas de bosques nativos y granjas a monocultivos forestales casi se ha cuadruplicado y asciende hoy a 207.000 hectáreas.

La mayoría de las granjas reconvertidas eran orgánicas o utilizaban relativamente pocos productos químicos en comparación con los monocultivos forestales sumamente dependientes de productos químicos que las reemplazaron.

Hoy los plaguicidas se utilizan a una escala extraordinaria. Aprovechando plenamente las exenciones de la legislación sobre planificación y medio ambiente así como la incapacidad regulatoria general en todos los ámbitos del gobierno de controlar el uso de plaguicidas, la industria disemina productos tóxicos “a lo cowboy” en miles de hectáreas sobre las copas de los árboles, a gran altitud y sobre parcelas muy grandes. La nube tóxica se esparce sobre los techos que recogen el agua de lluvia que luego utilizan las familias, llega a cañadas y ríos hasta hace poco prístinos, se mete tanto en los tanques de agua de las ciudades como en el bosque tropical templado. Es probable que en Tasmania no haya un solo lugar protegido de los escapes venenosos, que seguramente tienen un protagonismo importante en el alarmante aumento general del cáncer y otras epidemias inexplicables en este lugar.

Prácticamente ninguna de estas innumerables protestas por la contaminación del agua potable y los probables impactos sobre la producción de alimentos en zonas adyacentes fue escuchada. Solamente se instrumentaron medidas preventivas, apropiadas o no, en los casos en que la acción de la comunidad fue especialmente pública o se hizo escuchar. Cuando las triazinas tóxicas contaminaron el agua potable de Derby, Lorinna y West Calder, los residentes se movilizaron y crearon la Red por el Agua Limpia de Tasmania. Su objetivo era llevar a cabo una campaña por el cambio en el uso de productos químicos, advirtiendo al público sobre la infracción de las reglamentaciones relativas a productos químicos, sobre todo en Tasmania.

A principios de 2004 la industria de la acuicultura del noreste de Tasmania recibió un duro golpe con la muerte masiva de ostras. De un día para el otro los ostricultores perdieron el equivalente a un millón y medio de dólares. El Dr Marcus Scammell, biólogo marino, publicó un informe que con la ayuda de una atención sin precedentes por parte de la prensa hizo sonar la alarma en todo el Estado. En el documento se subraya, una vez más y acertadamente, la vulnerabilidad de las personas, la industria y los ecosistemas ante el uso incontrolado de plaguicidas en Tasmania. Los análisis subsiguientes de las aguas superficiales del río George demostraron que había secciones del río tóxicas para los organismos vivos.

Una médica de la zona, la Dra Alison Bleaney, apoyó el llamado del Dr Scammell a la instrumentación del principio de precaución. Bleaney hizo hincapié en los peligros químicos, llamando la atención sobre el aumento de casos de cáncer y problemas neurológicos en el noreste de Tasmania a partir de 2002, que cree tienen que ver con la exposición crónica a bajos niveles de productos químicos. Sin embargo, no ha habido estudios epidemiológicos subsiguientes para investigar los posibles grupos de cáncer y otras enfermedades que podrían estar relacionados con los plaguicidas.

El aumento en la incidencia del cáncer en todo el Estado está planteando graves inquietudes. Entre 1980 y 1999, por ejemplo, hubo:

- Un aumento del 67% en la incidencia del linfoma no Hodgkins;
- Un aumento del 86,4% en la incidencia del cáncer de próstata;
- Un aumento del 273,4% en la incidencia del cáncer de tiroides;
- A partir de 1980 la incidencia de todos los tipos de cáncer combinados prácticamente se ha duplicado en Tasmania.

Este Estado se destaca también por su porcentaje de diabéticos, el más alto de Australia, con más de 5.000 casos nuevos registrados en los últimos tres años. Según Christopher Stopp, director ejecutivo para Tasmania de Diabetes Australia, esta cifra representa “una epidemia que podría destruir el sistema de salud”.

La industria se esconde atrás de la limitada ciencia de la toxicología para justificar sus peligrosas prácticas. La ciudadanía no puede defenderse cuando la carga de la prueba del daño recae sobre las familias y los niños sin recursos que sufren la presencia de los plaguicidas no solamente en el agua y los alimentos sino también en sus cuerpos.

La esclerosis múltiple es siete veces más común en Tasmania que en Northern Queensland, y “Tasmania tiene tasas mucho más altas de enfermedades coronarias, obesidad, hipertensión y colesterol elevado que otros Estados australianos”.

En 2003 la autoridad de normas alimentarias de Australia y Nueva Zelanda (Foods Standards Australia New Zealand) hizo un estudio sobre la dieta australiana; se encontraron residuos de 36 tipos distintos de plaguicidas en una variedad de alimentos de consumo común. Pero se trató apenas de análisis limitados. Los residentes de Tasmania y Victoria han expresado sus inquietudes relativas a la ingesta de plaguicidas por parte del ganado de pastoreo, con inclusión del ganado lechero, pero la acción tanto del gobierno como de la prensa en este dilema ha sido casi completamente ineficaz en cuanto a proteger a las personas y el medio ambiente.

La ironía es que no existen justificaciones económicas a largo plazo para el uso intensivo y en gran escala de los plaguicidas. Estas prácticas simplemente se refieren a que es la consecuencia de que los propietarios de la tierra sean empresas ausentes y del interés de dichas “empresas” de reducir los costos de mano de obra y obtener las máximas ganancias a corto plazo. La gran cantidad de pruebas disponibles en el mundo entero dejan en claro que hoy estamos experimentando los efectos de la exposición a largo plazo. Es muy posible que esto se extienda a las generaciones futuras, incluso en el improbable caso de que los plaguicidas dejaran de usarse hoy mismo.

Por Brenda J Rosser, Tasmanian Clean Water Network, correo electrónico: rosserbj@bigpond.com, www.geocities.com/rosserbj, basado en: “Tasmania Name Your Poison”, programa televisivo emitido por el Canal 9, 26 de setiembre de 2004; “Private timber reserves are exempt from the Land Use Planning and Approvals Act and the Environmental Management and Pollution Control Act”; “General Regulatory Failure of Pesticides in Tasmania and Australia”, http://www.geocities.com/rosserbj/pesticides_generalinfo.html; “Pesticide Abuse in Tasmania”, www.geocities.com/rosserbj; “Pesticide drift in the atmosphere”, http://www.geocities.com/rosserbj/drift.html; “More Cancer and a Higher Mortality in Tasmania”, http://www.geocities.com/rosserbj/cancer_rates.html; “Cancer in Tasmania 1980-1999”, Registro Oncológico de Tasmania, Instituto Menzies de Investigación, Universidad de Tasmania, citado en la presentación de Pete Godfrey relativa a la Revisión del Tratamiento Tributario de las Plantaciones Forestales, 10/07/05; “State's Diabetes Dilemma”, Mark Baker, The Examiner, lunes 8 de agosto de 2005, páginas 1 y 2; Christopher Stopp, director ejecutivo para Tasmania de Diabetes Australia, en el artículo antes citado; Centro Menzies, Tasmania, profesor Terry Dwyer, publicado por Nicolas Turner; Departamento de Salud y Servicios Humanos de Tasmania, http://www.dhhs.tas.gov.au/publichealth/foodandnutrition/policy.html; Limited science of Toxicology, http://www.geocities.com/rosserbj/toxicology_limits.html; No long term economic justifications, http://www.geocities.com/rosserbj/longterm_pests.html


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Chile: impactos de los monocultivos de árboles sobre la medicina Mapuche

La anexión del territorio Mapuche al estado chileno y la imposición de su sistema jurídico sobre todos los pueblos originarios que coexisten en el país, marca un cambio profundo en los modos de vida del pueblo Mapuche. Entre 1881 y 1907, despojada de su territorio, su autonomía y los bienes generados como sociedad agropecuaria, la población Mapuche fue víctima del hambre y de enfermedades que cobraron alrededor de veinte mil víctimas.

Con una experiencia milenaria, el pueblo Mapuche había sabido acumular una riqueza de conocimientos en diferentes campos, entre ellos la salud. El concepto de salud no se encuentra en el repertorio conceptual Mapuche, porque está integrado a todos los fenómenos de la vida misma; es decir, el estar bien, el estar mal, es salud. En cada momento que se vive, por cotidiano que éste sea, se va evaluando el transcurso de la vida. En cada encuentro que se da entre las personas existe un momento para preguntarse por su estado de salud, y así ese encuentro pasa a ser una autoevaluación constante de las personas acerca de sí mismas, de su familia y de su entorno. Estar bien o estar mal consiste en que el individuo como tal esté en equilibrio consigo mismo y con sus pares, su familia, sus seres más cercanos y queridos. También debe estar en equilibrio con su entorno social, cultural, político, ambiental, territorial, religioso y cósmico.

Desde ese concepto integral de la salud, el pueblo Mapuche desarrolló un vasto campo de conocimientos para resolver situaciones de enfermedad, apoyándose en el uso de diversos recursos medicinales obtenidos principalmente del bosque. Pero tanto esos recursos como su acceso a ellos se vieron constreñidos en la medida que la construcción de pueblos, ciudades y carreteras, la extensión de la red ferroviaria y la instalación del latifundio trajeron aparejados un incremento en la explotación de los bosques. La readecuación del territorio a los intereses del estado chileno acabó también con las rutas tradicionales utilizadas por las distintas identidades Mapuche, obstaculizando el intercambio de plantas medicinales desde diferentes entornos ecológicos.

A eso se sumó el desprestigio a que fue sometida la vasta diversidad de especialistas de medicina Mapuche. A lo largo de décadas de intervención, desde las iglesias cristianas y las instituciones de salud se dirigieron verdaderas campañas de desprestigio de los conocimientos indígenas, provocando una disminución de especialistas y una fuerte dependencia frente al sistema de asistencia médica oficial: un sistema discriminatorio, incapaz de satisfacer las necesidades de los sectores más desposeídos y menos aún de Mapuches residentes en zonas rurales, con dificultades de acceso debido a las distancias y con barreras instaladas por el desconocimiento de la diversidad cultural.

No obstante, el pueblo Mapuche, toda vez que pudo, preservó espacios silvestres o ecosistemas naturales que constituían reservorios de su medicina tradicional por contener una amplia gama de plantas de uso medicinal. La recolección se realiza bajo preceptos culturales definidos tradicionalmente por las “leyes del Ad Mapu”, o derecho consuetudinario Mapuche. Desde esta perspectiva, existen lugares que pueden ser utilizados por los seres humanos para vivienda y producción, mientras que otros tienen “ngen” (espíritu dueño que cuida el o los elementos que se le han confiado), y son los espacios sobre los cuales es posible advertir una amplia categorización relacionada con características del suelo, presencia de agua, altura y existencia de determinadas especies, donde el ser humano debe actuar con respeto y reverencia. Si necesita algún elemento debe pedirle permiso al ngen, sacar lo necesario, retribuir con algo y orar por su efectividad.

La existencia de estos espacios es vital para la continuidad de la Medicina Mapuche, porque es allí donde las plantas desarrollan su newen [fuerza o poder] y porque es también en algunos de éstos donde la Machi - la persona encargada de llevar a cabo los rituales terapéuticos y todas aquellas acciones destinadas tanto al conocimiento específico de la enfermedad como a la erradicación de la misma- encuentra los materiales con los cuales elaborar los elementos necesarios para llevar a cabo su papel ceremonial (como el rewe o altar, o instrumentos musicales como el kultrung, cuyo ritmo va marcando las diferentes fases de la lucha contra los agentes que han intervenido en el desencadenamiento de la enfermedad).

En las últimas décadas, la consolidación del modelo neoliberal ha impulsado un modelo de crecimiento económico asentado en la depredación del ambiente y la exclusión de diversos sectores sociales. En lo que hace a la población Mapuche y su medicina, esto ha implicado una disminución considerable de sus recursos terapéuticos, al punto del exterminio de algunas especies.

Uno de los agentes principales de esta depredación ha sido la expansión de las empresas forestales, que se fueron introduciendo en los territorios Mapuche aprovechando las condiciones generadas por la dictadura de Pinochet. Durante la misma, no solamente se promovió la transferencia de tierras a empresas privadas sino que también se otorgaron títulos de propiedad individual a los comuneros, con el afán de desarticular el sistema comunitario y permitir la venta de tierras a no mapuches, amparando engaños y abusos.

Las empresas forestales explotaron numerosos bosques nativos y luego los sustituyeron con plantaciones de pinos y eucaliptos, especies de mayor rentabilidad por su rápido crecimiento. En una verdadera invasión forestal, las plantaciones se extendieron a otros tipos de espacios, como mallines [ambientes húmedos poblados con gramíneas naturales], pajonales y vegas [pastizales en zonas de agua], utilizados tradicionalmente para cultivos agrícolas. Las extensas plantaciones en las inmediaciones de las comunidades provocan, por un lado, una gran disminución de los cursos de agua, aridez de los suelos, el exterminio de un gran número de especies medicinales. Por otro lado, en muchas zonas y como consecuencia de las fumigaciones aéreas para el control de organismos que afectan a las plantaciones, se produce contaminación de las aguas e impactos sobre los árboles frutales, las plantas medicinales que han logrado sobrevivir y los cultivos. También han desaparecido animales, aves e insectos que mantenían el equilibrio ecológico. Todo ello ha provocado trastornos en la salud de las personas y de los animales domésticos, con un grave deterioro en la economía de las familias Mapuche.

El exterminio de plantas en muchas comunidades Mapuche y la dificultad de acceder a ellas, se ha convertido actualmente en un tema recurrente en los discursos de las Machi, quienes ven obstaculizado su trabajo:

"Los remedios de la tierra son muy importantes, pero ya no existen, los ha exterminado el wingka [“el otro”, el blanco] a fuego, además le ha plantado pino, le ha plantado eucaliptos, por eso los remedios se acabaron, ya no hay lawen [plantas], se han terminado" (Machi de Rüpücura).

Desde la llegada de los españoles, el pueblo Mapuche ha visto su mundo trastocado por completo y ha debido adaptarse a circunstancias adversas en sus comunidades, siendo incluso expulsado a los cinturones de las ciudades, que concentran actualmente la mayor parte de la población. Sin embargo, los Mapuche siguen generando mecanismos de resistencia que preservan sus características culturales, lingüísticas, políticas y religiosas.

Frente a la invasión forestal en sus territorios, que está acabando con los recursos medicinales a la vez que agudizando los problemas de salud por la contaminación, los Mapuche defienden su espacio territorial y expresan con firmeza sus demandas, enfrentando a menudo la fuerza represiva.

Artículo elaborado en base a información obtenida de: “Intervención Externa Y Medicina Mapuche”, Ivonne Jelves Mella, Centro de Documentación Mapuche, http://www.Mapuche.info/mapuint/jelvesMella030325.html; “Propuesta para una política de salud en Territorios Mapuche”, Unidad de Salud con Población Mapuche, Servicio de Salud Araucanía Sur, Equipo Mapuche de Cogestión en Salud, http://www.Mapuche.info/mapuint/sssmap020400.pdf


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Los árboles transgénicos y sus amenazas para la salud

Aunque prácticamente no se los ha estudiado, los riesgos para la salud humana asociados con las plantaciones de árboles transgénicos son importantes y legitiman aun más el reclamo de una prohibición mundial de árboles producto de la ingeniería genética.

Los riesgos sanitarios pueden dividirse en las siguientes categorías: exposición a productos químicos peligrosos (como el herbicida RoundUp) que se aplican a las plantaciones; efectos nocivos de la inhalación de polen de árboles que producen la toxina bacterial Bt; riesgos asociados con el consumo de frutas de árboles transgénicos; riesgos de la utilización de marcadores con resistencia a antibióticos en la producción de árboles transgénicos.

Los dos rasgos de los árboles producto de la ingeniería genética que están más cerca de ser utilizados comercialmente son también los dos rasgos cuyos efectos sobre la salud pueden resultar más peligrosos: la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos.

Los árboles se modifican genéticamente para que puedan resistir aplicaciones de RoundUp, el herbicida de Monsanto. En agricultura, el uso de los cultivos llamados “RoundUp Ready” (“prontos para el RoundUp”) ha llevado al aumento desmedido del uso del herbicida, del orden de 300 a 600%. Mientras que la mayoría de los estudios sobre los impactos de este herbicida se han centrado en su ingrediente activo, el glifosato, otros estudios científicos han demostrado que los ingredientes adicionales del RoundUp lo convierten en un producto el doble de tóxico que el glifosato solo.

El Instituto de la Ciencia en la Sociedad (Institute of Science in Society) informó en julio de este año que “un estudio epidemiológico de las poblaciones agrícolas de Ontario demostró que la exposición al glifosato prácticamente duplica el riesgo de abortos espontáneos en embarazos avanzados”. El informe continúa diciendo que diversos estudios recientes “sugieren una relación entre el uso de glifosato y el riesgo de contraer tipos de cáncer como el linfoma no Hodgkins... y el mieloma múltiple”.

El RoundUp ha demostrado que persiste en el medio ambiente hasta 360 días en algunos ecosistemas; a su vez, es común encontrarlo como contaminante en los ríos. Con todo esto surge la inquietud acerca de la salud de las personas o animales silvestres que vivan cerca de futuras plantaciones de árboles RoundUp Ready. Pero los riesgos planteados por la inhalación del herbicida son incluso más graves. Numerosos estudios han demostrado que la inhalación del RoundUp es mucho más peligrosa que la ingestión oral. Se prevé que las plantaciones de árboles transgénicos RoundUp Ready serían sometidas a fumigaciones aéreas con RoundUp, el cual se esparcería a las comunidades cercanas, que por lo tanto sufrirían graves consecuencias sanitarias.

También se están manipulando genéticamente árboles para que produzcan la toxina bacterial Bt en cada una de sus células y de ese modo puedan matar insectos. El Dr. Terje Traavik, de Noruega, informa que en la isla de Mindanao, Filipinas, un poblado entero cercano a maizales transgénicos presentó “reacciones respiratorias, intestinales y dérmicas, así como fiebre” durante el período de polinización de las plantas de maíz. En la sangre de estas personas se encontraron anticuerpos que indican una reacción inmunológica al polen del maíz Bt. Cuando las personas abandonaron el lugar sus síntomas disminuyeron, pero al regresar al poblado los problemas también regresaron.

La modificación genética de los árboles para que produzcan la toxina Bt podría ser sumamente peligrosa. Los pinos, por ejemplo, se destacan por tener una polinización muy abundante. Se sabe también que su polen puede trasladarse cientos de kilómetros. Las plantaciones de pinos que producen polen Bt podrían, así, provocar brotes generalizados de enfermedades.

El Dr. Traavik informa además que estudios científicos han identificado la toxina Bt como “agente activador, que aumenta la susceptibilidad de la persona a otros alergenos e inmunogenos”. Traavik se pregunta si este hecho puede tener relación con el increíble aumento de personas con síntomas de alergia que se ha visto en los últimos años en los países donde se consumen alimentos transgénicos. Otra preocupación surge de estudios en animales de los efectos de la toxina Bt, que demuestran que ésta permanece activa en los mamíferos que la han ingerido y que de hecho podría adherirse a los intestinos y provocar “importantes perturbaciones estructurales y crecimiento intestinal”.

Otros problemas relativos a las reacciones alérgicas ocasionadas por los árboles transgénicos derivan del consumo de las frutas de dichos árboles. En Hawaii y Tailandia, por ejemplo, hay árboles transgénicos de papaya para resistir al devastador virus de la mancha anular. Sin embargo, según un estudio publicado en BioMed Central Structure Biology, esas papayas transgénicas contienen una proteína de cubierta del virus de la mancha anular que incluye una cadena de aminoácidos idéntica a la de un alergeno conocido. En la Isla Grande de Hawaii las papayas transgénicas han contaminado más del 50% de los árboles de papaya silvestres y orgánicos, por lo que la gente no tiene forma de saber si la papaya que están comiendo está contaminada con este alergeno potencial.

El último problema sanitario que se tratará en este artículo es el riesgo que plantea la utilización de marcadores con resistencia a antibióticos para identificar las plantas modificadas genéticamente. En ingeniería genética se introducen marcadores con resistencia a antibióticos en el material genético que luego se insertará en el organismo que se quiere modificar. Esto permite a los científicos determinar fácilmente, mediante la aplicación de antibióticos, si el material genético se incorporó al organismo con éxito. La supervivencia del organismo significa que contiene el material genético con el marcador resistente al antibiótico.

La Asociación Médica Británica (BMA, por British Medical Association) declaró en un informe de noviembre de 2002 que “Existe un alto riesgo de que los marcadores con resistencia a antibióticos se incorporen a la cadena alimentaria, posiblemente dentro de organismos patógenos causantes de enfermedades humanas”. Los médicos ya se enfrentan a las dificultades que plantea la aparición de virus contagiosos resistentes a los antibióticos. La utilización de marcadores con resistencia a antibióticos en ingeniería genética amenaza con exacerbar esta situación que ya es peligrosa. La BMA continúa declarando que “el uso de marcadores con resistencia a antibióticos en los alimentos genéticamente modificados es un riesgo absolutamente inaceptable... y por lo tanto creemos que la utilización de marcadores con resistencia a antibióticos en los OGM [Organismos Genéticamente Modificados] debe prohibirse de inmediato”.

La aplastante declaración de la Asociación Médica Británica, que podría aplicarse a todos los riesgos de los árboles OGM antes mencionados, concluye diciendo: “Creemos que es esencial llevar a cabo evaluaciones de riesgo más amplias, en las que se incluyan las interacciones entre los transgénicos y los efectos a largo plazo sobre la salud y el medio ambiente, antes de que se siga avanzando con los ensayos a campo”.

Por Anne Petermann, Global Justice Ecology Project, correo electrónico: globalecology@gmavt.net, http://www.globaljusticeecology.org/


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El insalubre olor del dinero en los incendios forestales

Una vez más, los bosques de Indonesia están ardiendo. El humo de los incendios en Sumatra ha causado las peores condiciones de niebla en Malasia desde 1997. Una niebla de humo insalubre, mezcla de polvo, ceniza, dióxido de azufre y dióxido de carbono, ha cubierto Kuala Lumpur, la principal ciudad malaya, y otras 32 poblaciones. Las escuelas fueron cerradas y los hospitales se han visto desbordados de pacientes quejándose de malestares respiratorios. Según datos provenientes del Servicio de Salud indonesio de Riau, más de 1990 personas han sufrido infecciones de las vías respiratorias superiores y problemas oculares. El 11 de agosto, el estado de emergencia fue declarado en Malasia, cuando el índice de polución del aire alcanzó niveles extremadamente peligrosos en la costa oeste. El 12 de agosto la lluvia y la brisa dispersaron el “smog”, llevándolo hacia el norte.

Desde los grandes incendios de 1982-83 en Indonesia, que fueron registrados como los mayores incendios forestales del siglo XX, el fuego ha sido un evento recurrente en el país, causando un daño masivo no sólo dentro de sus fronteras sino también en los países vecinos, como Malasia y Singapur.

En 1982-83, 1997-98 y 2002, millones de hectáreas de bosques de montaña y de llanura, de turbera y de pantano ardieron mientras los animales y la población en masa huían del fuego. La niebla, que cubrió un área casi tan grande como Europa, interrumpió la aviación y la navegación por meses y causó serios problemas de salud. Incluso ciudades muy distantes fueron sofocadas por el humo, a tal punto que hubo que cerrar escuelas y aeropuertos; el tránsito se enlenteció en extremo, ya que nada se veía más allá de una corta distancia. El olor acre de la vegetación en llamas llenaba el aire.

Aunque el fenómeno del Niño provocó en 1997 una gran sequía, los incendios se intensificaron porque muchos bosques de Indonesia han sido gravemente dañados por la explotación forestal, tanto legal como ilegal. La sobreexplotación abrió la cubierta del bosque y, a falta de lluvia, éste se convirtió en yesca.

Por otro lado, la política de conversión generalizada del bosque está en la raíz del problema de los incendios forestales. El gobierno de Indonesia planea convertir millones de hectáreas de bosques en plantaciones agrícolas, de palma aceitera y de árboles maderables. Cada año, las empresas de plantación queman en sus concesiones de 1 a 2 mil millones de toneladas métricas de biomasa, como la forma más barata de limpiar sus tierras para la plantación de palma aceitera y árboles para madera. En estas prácticas se origina un gran porcentaje de los incendios forestales. En 1997, PT Torus Ganda, una empresa plantadora que operaba en Riau, Sumatra, fue la primera de una larga lista de 176 compañías acusadas públicamente de provocar incendios para despejar la tierra.
Además de su fuerte impacto sobre las economías locales, los incendios forestales son grandes generadores de gases tóxicos y partículas que contaminan el aire al esparcirse en la atmósfera. Son asimismo una fuente de gases que provocan el efecto invernadero y de gases reactivos, los cuales inciden directamente en el recalentamiento global y en las tendencias climáticas inmediatas.
En 1997-98, los incendios forestales en el Sudeste Asiático afectaron a unos 200 millones de personas en Brunei Darussalam, Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia. En Indonesia, 41.000 personas tuvieron diarrea y 24.000 sufrieron infecciones respiratorias; en Papúa Occidental, 200.000 personas se vieron afectadas por la escasez de alimentos, mientras que 413 personas murieron de inanición y de cólera. Los medios de subsistencia de los pueblos del bosque quedaron destruidos y, como consecuencia, algunas zonas sufrieron escasez de alimentos.

Las advertencias de la Organización Mundial para la Salud sobre los impactos del humo sobre la salud mencionan los riesgos de cáncer a corto y largo plazo. Los incendios aumentan el peligro de contraer infecciones respiratorias agudas, una de las principales causas de mortandad entre los niños pequeños. De la comparación de los datos médicos obtenidos durante los incendios forestales de 1997/1998 en el Sudeste Asiático con los datos correspondientes al período 1995/1996, se desprenden las siguientes conclusiones sobre los efectos del humo en la salud humana: el número de casos de neumonía aumentó de 5 a 25 veces en el sudeste de Kalimantan (Borneo), y de 1,5 a 5 veces en el sur de Sumatra. En Malasia, el número de consultas externas por enfermedades respiratorias se multiplicó por 2 y por 3. En setiembre de 1997, en Jambi (Sumatra), el número de casos de infección del aparato respiratorio superior fue un 50% mayor que en el mes anterior. En los incendios forestales del año 2002, la salud y las vidas de unos 4 millones de indonesios fueron afectadas en Kalimantan central. De aquí a treinta años, esas personas sufrirán los efectos de la inhalación de humo, bajo la forma de enfermedades respiratorias serias, incluido el cáncer de pulmón.

Algunos culpan de los incendios actuales tanto a los agricultores locales como a las grandes empresas plantadoras. Por miles de años, los pueblos indígenas Dayak de Kalimantan han practicado tradicionalmente el cultivo itinerane (la así llamada agricultura de “tala y quema”) en sintonía con su medio ambiente natural. Ellos tienen experiencia y estrictas reglas tradicionales sobre la utilización del fuego para la limpieza de pequeñas parcelas de tierra agrícola. Aquellas prácticas tradicionales y de bajo impacto no pueden ser comparadas con el desmonte a gran escala realizado por las empresas de plantación por medio de incendios igualmente vastos, que destruyen inmensas áreas boscosas.

De acuerdo a la experiencia de incendios anteriores, la gente que está ahora siendo afectada por el incendio deberá enfrentarse en el futuro a serios quebrantos de salud. En línea también con experiencias pasadas, empresas de plantación de palma aceitera, mayormente de origen malayo, han sido identificadas por el gobierno indonesio como responsables de los incendios actuales. Como de costumbre, las ganancias de las grandes compañías de plantación están en el origen de esta tragedia. Sus incendios tienen un insalubre olor a dinero.

Por Raquel Núñez, WRM, E-mail: raquelnu@wrm.org.uy, basado en información extraída de: Ficha informativa Nº 254, OMS, http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs254/en/; “Effects of Indonesian Forest Fire”, TED Case Studies, http://www.american.edu/projects/mandala/TED/indofire.htm; “Forest Fires in Indonesia Blanket Malaysian Cities with Unhealthy Haze”, Associated Press, 3 de agosto de 2005, http://www.enn.com/today.html?id=8412; “The trail of destruction: A chronology of the fires”, Down to Earth Nº 35, http://dte.gn.apc.org/35su1.htm; Casey, Michael, “Indonesia to prosecute companies over haze”, 15 de agosto de 2005, http://news.yahoo.com/s/ap/malaysia_haze.

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