El futuro de los bosques tropicales
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odos los años desaparecen
millones de hectáreas de bosques tropicales. Se estima que entre 1960 y 1990 desapareció
más del 20% de estos bosques (un 33% en Asia y el 18% en Africa y América Latina). Lo
que es peor, este proceso de destrucción no muestra señales de detenerse. De hecho,
actualmente la deforestación de la Amazonia procede a un ritmo todavía más acelerado
que en la década de 1980, cuando el hecho comenzó a concitar interés a nivel mundial.
Sin embargo, aún se está a tiempo para revertir ese proceso |
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Los impactos de la deforestación
¿Qué importancia tiene la deforestación en general y la tropical en particular? Ello
puede ser visto a diferentes escalas. En primer lugar, tiene importantes impactos
negativos locales. Para los pueblos que habitan los bosques o que dependen de los mismos,
la deforestación implica la pérdida de sus posibilidades de sobrevivencia como culturas
autónomas.
Para ellos, el bosque constituye su hogar y les provee de alimentos, medicinas, materiales
de construcción, leña, agua y todos los elementos materiales y espirituales que aseguran
el mantenimiento de la vida de la comunidad a largo plazo. La desaparición del bosque
trae aparejada la pérdida de todos esos elementos y por ende la desnutrición, el aumento
de las enfermedades, la dependencia, la aculturación y en muchos casos la emigración y
la desaparición de la propia comunidad.
En segundo lugar, la deforestación impacta a nivel de la región. Dado que los bosques
aseguran la conservación del agua, de los suelos, de la flora y de la fauna, su
eliminación acarrea, entre otros, graves impactos tales como la ocurrencia de grandes
inundaciones, el agravamiento de las sequías, la erosión de suelos, la consiguiente
contaminación de los cursos de agua y la aparición de plagas por la ruptura del
equilibrio ecológico. Tales impactos perjudican la vida y salud de las poblaciones de la
región, así como sus actividades productivas como la agricultura, la cría de ganado, la
pesca, etc.
Finalmente, la deforestación también implica graves impactos a nivel global. Los bosques
cumplen importantísimas funciones en materia climática y su desaparición afecta a la
humanidad en su conjunto. Por un lado, la enorme masa vegetal de los bosques ayuda a
regular el clima global, tanto en materia de precipitaciones como de temperatura y
régimen de vientos. Por otro lado, constituyen un enorme reservorio de carbono y su
eliminación contribuye al agravamiento del efecto invernadero (generado fundamentalmente
por la utilización de combustibles fósiles). Al ser incendiados o cortados, el carbono
almacenado durante siglos en los bosques se incorpora a la atmósfera, aumentando así la
concentración de carbono en la misma y agravando por ende el efecto invernadero.
Además, los bosques tropicales albergan gran parte de la biodiversidad del planeta. Tanto
las especies animales como vegetales tienden a desaparecer junto con los bosques y el
ritmo de extinción de especies va en acelerado aumento. La humanidad en su conjunto se ve
entonces afectada, ya que la deforestación trae aparejada la pérdida definitiva de
especies, lo que implica una responsabilidad ética que debe ser asumida por la humanidad
en su conjunto.
Las causas directas y las causas
subyacentes
¿Por qué desaparecen los bosques tropicales? Hay que tener en cuenta que las causas de
este proceso de destrucción son muchas y varían entre los distintos países y regiones.
También es importante diferenciar entre las causas directas e indirectas (o subyacentes).
Entre las principales causas directas de deforestación se cuentan: la sustitución de los
bosques por otras actividades (agricultura, ganadería, plantaciones forestales, cría de
camarones, etc.), la actividad de las empresas madereras; la explotación minera y
petrolera y la construcción de grandes represas hidroeléctricas (que inundan extensas
áreas de bosques).
En particular, se debe destacar el papel negativo que están cumpliendo las grandes
plantaciones forestales como causa directa de deforestación. Estas plantaciones,
promocionadas como "bosques plantados", en realidad no sólo no son bosques,
sino que se trata de cultivos cuya implantación es generalmente precedida por la corta
del ecosistema forestal nativo y su sustitución por agrosistemas, como son los
monocultivos a gran escala de especies exóticas. Debido a los graves impactos sociales y
ambientales que implican, el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales ha lanzado una
campaña internacional contra su promoción y a favor de alternativas social y
ambientalmente sustentables.
Las causas subyacentes de la deforestación son aquellas que están por detrás de las
causas directas y que determinan que éstas ocurran. Veamos un ejemplo. En determinado
país llega al bosque un importante número de campesinos que comienzan a cortar o
incendiar el bosque para destinar el suelo a cultivos agrícolas y cría de ganado. Esa es
la causa directa. La pregunta es: ¿por qué llegan esos campesinos y por qué actúan de
tal manera? Normalmente, los campesinos emigran al bosque porque en su lugar de origen no
disponen de tierras para cultivar. Ello se origina en una política injusta en materia de
distribución de tierras. Esta es una causa subyacente. Pero llegan al bosque porque
previamente el gobierno o las empresas madereras o mineras abrieron caminos de
penetración hacia el bosque. Esta es otra causa subyacente. En muchos casos, el gobierno
impulsa esta emigración apuntando a la expansión de la frontera agrícola con el
objetivo de aumentar las exportaciones. Esto tiene implícitas varias causas subyacentes:
la necesidad de pagar la deuda externa, las políticas impuestas por los organismos
financieros internacionales, la existencia de mercados de consumo en los países más
ricos, entre otras.
Acciones para defender los bosques
La protección de los bosques constituye una necesidad urgente, tanto para los pueblos
locales como para la humanidad en su conjunto. Para lograrlo, lo primero consiste en
identificar en cada caso las causas directas y subyacentes que determinan la
deforestación (así como los actores involucrados) y adoptar medidas para su remoción.
Al mismo tiempo, se requiere identificar y agrupar a todos aquellos actores cuyo interés
primordial radique en la conservación de los bosques. Dada la existencia de poderosos
intereses económicos que se benefician de la deforestación, será necesario incorporar
la mayor cantidad de aliados posibles (tanto a nivel nacional como internacional) para
ejercer suficiente presión como para lograr inclinar la balanza hacia la conservación de
los bosques.
Entre las medidas a impulsar, es posible identificar una que muchos gobiernos podrían
implementar de inmediato: el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos
indígenas. Son muchos los gobiernos que aún se niegan a aceptar que los pueblos
indígenas (que habitaban los bosques mucho antes que los estados nacionales actuales
siquiera existieran) tienen derechos sobre sus bosques. La tierra es definida como de
propiedad del estado, que la puede dar en concesión, la puede vender u otorgar a empresas
o individuos, ignorando los derechos y la propia existencia de los pueblos indígenas.
Allí se originan los procesos de destrucción, con el ingreso de personas y empresas que
rápidamente destruyen lo que los pueblos indígenas habían utilizado sustentablemente a
lo largo de los siglos. En cambio, si los estados reconocieran los derechos de los pueblos
indígenas, ello resultaría en la mejor medida de conservación posible, ya que el
interés primordial de estos pueblos es precisamente la conservación del bosque que
asegura su supervivencia.
En otros casos, las medidas a impulsar pueden ser otras y de allí la importancia de
identificar causas y actores específicos para cada realidad. Pero en todos los casos lo
fundamental consiste en organizar y consolidar la creciente conciencia nacional e
internacional sobre la necesidad de conservar los bosques en general y los tropicales en
particular. Sólo así será posible detener el actual proceso de destrucción y comenzar
a transitar un camino de justicia social y sustentabilidad ambiental.
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