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Impactos de la aplicación de políticas sobre cambio climático en la forestación del páramo del Ecuador
Verònica Vidal i Oltra
Programa de Doctorado en Ciencias Ambientales
Universitat Autònoma de Barcelona
e-mail: vvidal@terrabit.ictnet.es
Relacionar la gestión del páramo con las políticas ambientales derivadas de los
acuerdos orientados a la reducción del Cambio Climático parece más un
producto de la imaginación que de la vida real. Pero la imaginación ha llevado a
la elaboración de proyectos de forestación en el páramo con el objetivo de
compensar las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la
absorción del carbono del aire. Esta imaginación, en cambio, no ha previsto que
se enfrenta a un ecosistema frágil y de características peculiares, y que además
es manejado por una población asimismo frágil que se tambalea en el límite de la
supervivencia.
Una cosa está clara: resulta realmente barato "reducir" los GEI en países del
Tercer Mundo, como Ecuador, comparado con lo que costaría reducir esos
mismos gases en los países causantes del Cambio Climático. Si además se
aprovecha la situación en que Ecuador tiene una legislación ambiental más débil
y que cualquier proyecto con olor a inversión será con toda seguridad bien
recibido, se puede llegar a situaciones kavkianas en que los proyectos no están
verdaderamente cumpliendo con sus objetivos de compensación, y que además
las poblaciones locales se ven afectadas negativamente, curioso ejemplo de una
política lose-lose.
La capacidad de absorción de carbono como recurso
Tal como vaticinaba Hardin, en su "tragedia de los comunes" (refiriéndose
equivocadamente a los bienes de "libre acceso"), cuando los recursos naturales
son de acceso abierto, se crea un problema, fruto de la lógica individual de los
usuarios. Mientras el ingreso marginal sea mayor que coste marginal de
utilización del recurso, éste seguirá usándolo en su beneficio, así los costes
recaigan en la sociedad de forma más o menos repartida. Aplicando este
principio al fenómeno del cambio climático nos damos cuenta que políticamente
es difícil que los contaminadores carguen con su parte de responsabilidad,
aunque con esta idea surge la Conferencia de Río, y de ésta, el Convenio Marco
de Cambio Climático (y su concreción en el Protocolo de Kioto).
El Protocolo de Kioto, como en general todos los acuerdos internacionales en
materia ambiental, solo consigue una determinación de estándares que deben
cumplir los países que firmen y ratifiquen tal acuerdo. Estos estándares no se
determinan en función de un "nivel tolerable" en cuanto a los efectos del Cambio
Climático, sino que se fijan de forma externa, en base a niveles de emisiones de
GEI en el año 1990. En primer lugar, porque es prácticamente imposible
determinar estos niveles tolerables en función de los costes derivados de los
efectos climáticos (costes externos), sobretodo si tenemos en cuenta que el
horizonte temporal a considerar infravaloraría los efectos a las generaciones
futuras. En segundo lugar, porque estos niveles deberían estar de acuerdo a la
propia capacidad de absorción de cada país y las naciones industrializadas no
estarían dispuestas a pagar por el agotamiento de un recurso, que hasta el
momento ha sido totalmente gratuito.
Las estimaciones sobre los costos de reducción de emisiones han fomentado los
estudios de costo efectividad y con ello la repartición de dichos costos, que
según el International Panel on Climate Change permitiría disminuirlos en un
20-50% (IPCC, 1995). Esto abre un gran campo a las negociaciones y a los
proyectos de absorción de carbono. En caso de no poner límites a las cuotas de
GEI alcanzables mediante cooperación con otros países (a través de los
mecanismos aprobados en el Protocolo de Kioto), la demanda de estos
proyectos podría llegar a ser muy grande. Pero los posibles receptores tienen
una posición débil frente a los países del norte, y venden la tonelada de dióxido
de carbono (la unidad de reducción de emisiones) a precios que varían en
función de la capacidad de cada negociador. En el caso de Ecuador, se
demuestra que esta capacidad es limitada ya que el precio de la tonelada de
carbono es realmente bajo (0.79 USD/tn CO2 para FACE, fundación para la
absorción de carbono de la federación holandesa de empresas eléctricas).
Como se ha previsto, se observa que un país que da una valoración muy alta a
su tonelada de CO2 (8.04 USD tn/CO2 en Holanda), la compra a un país en
que la valoración por tonelada es muy baja (Ecuador). De hecho, para la
mayoría de países este precio no existe, y por tanto si una empresa quiere
ponerle un precio y quiere además pagarlo, bienvenido sea. En primer lugar, y
en aras de una mayor equidad, FACE debería pagar como mínimo la tonelada
de carbono al precio de Holanda, aunque esto no resolvería otros problemas
como el de la conmensurabilidad y la comparabilidad del valor.
En segundo lugar nos planteamos porqué la inversión se realiza al inicio de las
plantaciones (los primeros 3 años), mientras que la absorción se produce a un
plazo medio o largo. Entonces el incentivo de la plantación es que la inversión
supere al menos el 7% de retorno, aunque es posible que este no sea el criterio
seguido por los campesinos de la Alta Sierra ecuatoriana, sobretodo teniendo en
cuenta que los proyectos no permiten ni la agroforestería ni el pastoreo.
Los proyectos de absorción en el páramo de Ecuador: una visión crítica.
La población que ocupa la franja entre los 2.400 y los 3.500 msnm (donde
trabaja PROFAFOR, filial de FACE) es población campesina e indígena que se
dedica principalmente a la producción agrícola y ganadera. La agricultura andina
de altura practica la rotación, combinada con la asociación de cultivos a veces
múltiple, con la alternancia en filas, etc., para minimizar riesgos, evitar el viento,
la lluvia, las plagas y las heladas, además de seguir una lógica de
complementariedad de productos (CAAP, 1981: 36), haciendo uso de la
variedad enorme de productos de que dispone.
Se trata de una agricultura de relativamente baja eficiencia productiva, que
requiere un trabajo "discontinuo", permitiendo otras actividades de tipo
económico, social, etc. La rotación de cultivos, aunque resulta muy costosa en
términos de tierra, permite aumentar los rendimientos de los cultivos,
disminuyendo el costo en trabajo. La producción de subsistencia requiere el
menor esfuerzo posible para poder dedicar tiempo a otras actividades,
fomentando las mencionadas relaciones de afinidad, que a cambio de prestar
fuerza de trabajo logran un verdadero intercambio de productos. De hecho, el
sistema de cultivo, se complementa con recursos de diferentes pisos ecológicos
andinos, siguiendo un esquema de verticalidad (y horizontalidad) que requiere
una cierta organización familiar y/o comunal para que se realice.
El sistema de cultivo de baja eficiencia, con turnos de rotación, junto con el
sistema de pastoreo extensivo que practican las comunidades de páramo, da una
idea de que la densidad de población en estas regiones no puede ser muy alta.
Pero, a pesar que no existen datos, se estima que la población en las partes altas
aumenta a un ritmo del 6-7% anual (HESS,1992:21) y que actualmente la
presión demográfica ya es un problema para las buenas tierras agrícolas de las
comunidades.
En este contexto, no parece que plantar 75.000 ha. de pinos y eucaliptos
(proyecto original de PROFAFOR) en la Sierra Alta del Ecuador disminuyan la
presión sobre la agricultura campesina sino más bien al contrario, ya que
reducen su área de actuación en una situación muy atomizada de la propiedad.
Para los grandes propietarios en cambio se consigue el mantenimiento de su
propiedad, aun habiendo perdido esta su rentabilidad comercial (como la
producción de papas). En estas circunstancias no se puede decir que sean
proyectos buenos para el desarrollo campesino. Para que esto se diera debería
haber previamente un buen repartimiento de tierras y un proceso de
fortalecimiento asociativo. Si no se dan estos requisitos será muy difícil alcanzar
el desarrollo destinando tierras a nuevas actividades, que no suministran
productos directos para el consumo de las familias, ni tienen una rentabilidad a
corto plazo.
En lo que atañe a los efectos ambientales hay que tener en cuenta que cualquier
cultivo agrícola o forestal tiene un impacto sobre el ecosistema páramo. Para
lograr una verdadera efectividad ambiental de los proyectos de forestación,
estos deberían tener un impacto positivo sobre el medio, pero la realidad puede
ser bien diferente. A pesar de la dificultad de evaluación de impactos, debido a
la elevada diversidad de suelos en el mismo páramo, estudios comparativos
muestran que el suelo bajo las plantaciones de pino son más ácidos, de textura
más gruesa y menor contenido en humedad, materia orgánica y fósforo
(HOFSTEDE, 1997:2). Sólo en suelos pobres y erosionados el efecto de
plantar pinos en el páramo mejora la calidad del suelo. Igualmente, en estudios
sobre el sotobosque en plantaciones maduras de pino muestran que en muchos
casos la vegetación no se desarrolla, aunque se pueden encontrar escasos
ejemplos en los que exista una regeneración natural del bosque (no se conocen
exactamente los motivos).
No se han realizado estudios de los efectos de la forestación con especies
exóticas en la fauna, pero en talleres comunitarios se han identificado varios
efectos: la desaparición-disminución de insectos beneficiosos y de la fauna
autóctona, y el hospedaje para las aves, pero no de "alacena" por lo que estas
se alimentan de las semillas de los cultivos. Se identificaron también algunos
efectos de árboles individualmente, plantados como cortinas rompevientos o
sistemas agroforestales (acidificación, competencia con los cultivos, captación
de nutrientes a 20 m de diámetro y de 25 litros de agua a 25 m a la redonda).
En el Cantón Salinas, donde existen plantaciones masivas en estado maduro, se
puso de manifiesto que las fuentes hídricas se están secando y que cada vez
cuesta más el abastecimiento de agua, a pesar de que las condiciones
microclimáticas de la zona ofrecen una humedad natural elevada.
A pesar del conocimiento sobre los efectos ambientales, los participantes en los
talleres han mostrado un aprovechamiento de las especies exóticas, que implica
un buen conocimiento del eucalipto y del pino, sobretodo para la construcción,
el uso en linderos y como rompevientos y los usos medicinales del eucalipto, es
decir, con la plantación de algunos árboles. La actividad forestal masiva en estas
zonas, en cambio, no es parte de la vida cotidiana y de los conocimientos de la
población campesina.
Los proyectos forestales solo tendrán efectos significativos a corto plazo si se
centran en el mejoramiento de la productividad agropecuaria y la seguridad
alimentaria de las familias campesinas". Estos proyectos deben tener un enfoque
agrosilvopastoril que incluya aspectos agropecuarios, se oriente al
fortalecimiento de organizaciones de segundo grado en la planificación y gestión
de sus recursos naturales y tienda a un desarrollo integral en la comunidad
(DFC,1995), desmitificando el uso de especies exóticas (que se mantienen
todavía vigente en el discurso desarrollista) y promoviendo el uso de las especies
nativas, menos dañinas y con usos múltiples. En talleres y recorridos de campo
se ha podido observar que existen conocimientos sobre las especies nativas,
especialmente de las mujeres (por ejemplo, el quishuar es usado por las mujeres
para la fabricación de corrales móviles –que además de retener los animales
cumple una importante función de fertilización de los campos en reposo–, la paja
es usada para cocinar, etc.)
Desde la perspectiva de la racionalidad económica del campesino de altura, las
plantaciones masivas tienen un significado único del incentivo económico y del
aprovechamiento que después pueda realizarse de la plantación.
Según la FAO, el interés de los proyectos forestales radica en los bienes y
servicios que pueden proveer los bosques, que para los países en desarrollo
son principalmente tres: combustible (y otros productos esenciales para atender
necesidades básicas), alimentos y estabilidad ambiental para la producción de
alimentos, además de generar potencialmente ingresos y empleos para la
comunidad rural.
La característica principal de la racionalidad del campesino de altura sigue un
esquema de complementariedad de productos para minimizar los riesgos de
pérdida de la cosecha, soportado por intensas relaciones de afinidad
horizontales (es decir, en el mismo piso ecológico) y verticales (con parientes o
afines de otros pisos ecológicos).
Pero en el caso las plantaciones de PROFAFOR se ha visto que el
aprovechamiento no puede ser la leña, por ir en contra del mismo objetivo de la
plantación (ya que supone la liberación inmediata del carbono almacenado).
Asimismo, la elección de especies exóticas y la "exclusividad" del servicio
ambiental, son factores limitantes a la hora de realizar un aprovechamiento
alimenticio (ya sea cultivo o recolección) de la plantación. Finalmente la
estabilidad ambiental es dudosa, visto el efecto ambiental que las plantaciones
tienen sobre el suelo, el sotobosque, etc. Entonces, el interés de las plantaciones
de PROFAFOR radica en un interés crematístico, que en teoría está fuera de la
lógica de las economías campesinas de subsistencia, más vinculadas a la
diversificación de cultivos, la rotación y la minimización del riesgo.
Las plantaciones evaluadas hasta ahora dentro del área de trabajo de
PROFAFOR, tienen "objetivos de área plantada" y no de resolución de
necesidades específicas de la población, y esto ha llevado a una situación en que
las plantaciones no son manejadas oportuna ni adecuadamente, los rendimientos
son bajos y la calidad de la madera es mala.
Para los grandes propietarios de tierras, en cambio, inmersos en la economía
nacional, estos proyectos representan un beneficio monetario a largo plazo, con
el beneficio extra de tener "ocupadas unas tierras baldías", que quién sabe si en
el futuro podrían ser requisadas para equilibrar el aumento demográfico de las
comunidades.
La actividad forestal en las zonas rurales del marco andino no es parte de la vida
cotidiana y de los conocimientos de la población campesina. Los proyectos
forestales solo tendrán efectos significativos a corto plazo si se centran en el
mejoramiento de la productividad agropecuaria y la seguridad alimentaria de las
familias campesinas. Esto sería incluyendo un enfoque agrosilvopastoril, se
oriente al fortalecimiento de organizaciones de segundo grado en la planificación
y gestión de sus recursos naturales y tienda a un desarrollo integral en la
comunidad. Esta es una realidad alejada de los proyectos de PROFAFOR.
El crecimiento en las plantaciones de PROFAFOR está muy por debajo de lo
esperado para cumplir con los objetivos de absorción de carbono (reteniendo
menos de 3 Tm/ha/año, frente a las 5.5 estimadas). Considerando todo el turno
de 25 años de la plantación de Pinus radiata, por ejemplo, en el mejor de los
casos se podrían absorver 80 Tm/ha, mientras que el efecto de esta plantación
sobre el suelo sería la liberación del carbono por la oxidación de la materia
orgánica (que se produce inmediatamente al ser absorvida la gran cantidad de
agua presente en el páramo, por efecto de los árboles). Esto podría representar
una liberación de más de 1000 tm C/ha, tal como muestran recientes estudios
(MEDINA et al, 1999: 4-5).
Por tanto, desde una racionalidad ecológica los proyectos no logran obtener un
resultado deseable, ni en el nivel local (con el supuesto aprovechamiento por
parte de las comunidades) ni en el global (evidenciando que hay una posible
emisión neta de carbono al aire si se considera todo el proceso).
Algunas recomendaciones
Por los motivos enumerados, podríamos encontrarnos frente a una situación
lose-lose, en que primero de todo tiene que ver la débil posición del país para
exigir calidad en los proyectos que se implementen. Por tanto una
recomendación iría encaminada al fortalecimiento de esta postura, y al
establecimiento de "estudios de impacto ambiental" de cualquier proyecto
(aunque esto no ofrezca demasiadas garantías), además de velar por los
intereses de la propia nación, mirando para el bien de su población, y cuidando
de no hipotecar tan rápidamente su capacidad de absorción de carbono futura.
En segundo lugar, la falta de evidencias científicas a priori, provoca situaciones
"irracionales" de este tipo, por lo que sería recomendable una mayor certeza
científica antes de iniciar proyectos de absorción de carbono de la atmósfera, y
elaborar continuamente estudios rigurosos de "efectividad ambiental" para
comprobar que estos cumplan con sus objetivos.
En tercer lugar, los proyectos en Ecuador también deberían haber evaluado
diferentes posibilidades. Por ejemplo, en el páramo, se podrían haber
comparado la opción de la forestación, con la opción de introducir sistemas
agroforestales en los cultivos campesinos, y también se podría haber comparado
con una opción de regeneración natural del bosque andino. Ampliando el ámbito
de estudio a escala nacional, sería también muy interesante evaluar la
conservación del ecosistema del manglar, donde aplicando bien el instrumento
del MDL podrían "competir" la conservación con la tala. En fin, habría un sinfín
de propuestas que deberían haber sido analizadas previamente por la Oficina
Ecuatoriana de Desarrollo Limpio, para tener una oferta potencial de los
proyectos que podrían ser financiados de esta manera.
Referencias:
CAAP (1981). Comunidad andina: Alternativas políticas de
desarrollo. CAAP, ed. Quito-Ecuador, 1981.
DFC (1995). Misión de evaluación intermedia del proyecto.
Desarrollo Forestal Campesino en los Andes de Ecuador.
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HOFSTEDE, 1997. El impacto ambiental de plantaciones de
Pinus en la sierra del Ecuador. Resultados de una
investigación comparativa. Proyecto ECOPAR-Universidad de
Amsterdam. Amsterdam.
HESS, Carmen G. (1992). La racionalidad de una economía
agropecuaria. Una contribución hacia el desarrollo en los
Páramos Ecuatorianos. Proyecto de Fomento
Ganadero-PROFOGAN MAG/GTZ Convenio Ecuatoriano -
Alemán. Serie Técnica N° 2 Sistema de producción.
Quito-Ecuador, septiembre 1992.
IPCC (1995) Climate Change . Economic and social
dimensions of Climate Change. Contribution of Working Group
III to the Second Assessment Report of the Intergovermental Panel
on Climate Change. Cambridge University Press, 1995.
MEDINA, G & P. Mena, 1999. El páramo como espacio de
mitigación de carbono atmosférico. Serie Páramo, 1.
GTP/Abya Yala. Quito.
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