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Declaración
de Mount Tamalpais
Nosotras, las organizaciones no gubernamentales abajo firmantes, deseamos expresar nuestra preocupación acerca del papel que se planea asignar a las plantaciones forestales para ayudar a los países industrializados a cumplir con los compromisos que aumieron en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero bajo el Protocolo de Kyoto del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. La Sexta Conferencia de las Partes, a realizarse en noviembre de 2000 en La Haya, probablemente determinará el contenido de los así llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio, lo que habría de permitir a los países del Norte alcanzar las metas de reducción de emisiones mediante la implementación de proyectos en el Sur. La implementación de mecanismos comerciales para intercambiar el carbono retenido en las plantaciones forestales por el carbono resultante de la quema de combustibles fósiles no puede justificar la postergación de drásticas reducciones en las emisiones de CO2 por parte de los países industrializados. Primero, porque ese comercio habría de perpetuar y exacerbar las actuales inequidades existentes entre naciones ricas y pobres y entre los ricos y los pobres al interior de cada país. Segundo, porque ese comercio habría de incrementar el área ocupada por las plantaciones forestales industriales, las que ya están provocando graves problemas sociales y ecológicos a nivel mundial. Tercero, porque la aducida "neutralidad climática" cuantificable sobre la que reposa este comercio tiene una base científica muy cuestionable y decreta la interferencia externa en el establecimiento de políticas en los países del Sur. Durante siglo y medio, las sociedades industriales han estado trasladando carbono desde las reservas subterráneas de carbón y petróleo al aire. Hoy en día circulan en la atmósfera alrededor de 175.000 millones de toneladas de carbono -bajo forma de CO2- más que antes de la Revolución Industrial y en su gran mayoría estas emisiones fueron generadas en el Norte. Por lo menos 6.000 millones de toneladas se agregan año a año. Tan sólo unas 122 empresas transnacionales son responsables del 80% del total de las emisiones de dióxido de carbono. La transferencia de carbono por quema de combustibles fósiles a la atmósfera no puede seguir en forma indefinida. Unos cuatro billones de toneladas de carbono contenido en combustibles fósiles yacen todavía bajo la corteza terrestre, lo que representa más de diez veces la cantidad de carbono almacenado en los bosques. Hay consenso a nivel científico de que la adición de apenas unos miles de millones de toneladas de este carbono al aire provocaría un cambio en el clima sin precedentes en la historia de la humanidad, trayendo consigo tormentas extremas, sequías e inundaciones, alteraciones en la agricultura, incremento de la incidencia de plagas, desaparición de islas y líneas de costa y generación de miles de "refugiados climáticos". El cambio climático afectará de manera más grave a los pobres. Cuando el Huracán Mitch arrasó América Central generó cientos de miles de refugiados ambientales. Muchos pequeños estados isleños pueden eventualmente desaparecer bajo el mar. En los EE.UU. los pobres son los más afectados por la contaminación provocada por las empresas petroleras, las compañías de generación de electricidad y los automóviles. El cambio climático afectará también severamente los bosques y la agricultura, que constituyen los únicos medios de vida para millones de personas en el mundo. El Protocolo de Kyoto del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, bajo el cual en 1997 los países industrializados se comprometieron a reducir sus emisiones en el orden del 5,2% promedio por debajo de los niveles de 1990 para el año 2010, no llega ni remotamente a conjurar este tipo de peligros. Aunque el Protocolo fuera ratificado y plenamente implementado, se estima que no sería capaz de mitigar el calentamiento esperado de 1,4º C para el año 2050 en más de aproximadamente 0,05º C. Sin embargo, en lugar de fortalecer el Protocolo de manera que se reduzca la utilización de combustibles fósiles, algunos gobiernos están abogando por la creación de sumideros y depósitos de carbono en base a plantaciones, para así poder justificar menores reducciones en el uso de combustibles fósiles. Bajo los Mecanismos de Desarrollo Limpio, estos proyectos podrían ser implementados en el Sur, como forma de "compensar" las emisiones industriales desde el Norte. No tenemos dudas acerca del papel de la conservación de los bosques en el mantenimiento de un clima vivible. Estamos completamente a favor de la mantención y restauración de ecosistemas forestales diversos bajo control local. También apoyamos la equitativa distribución de la riqueza y de los bienes de propiedad colectiva tanto en el Norte como el Sur. Pero las medidas para el mantenimiento de reservorios de carbono, tanto bajo como sobre la superficie del suelo, deben ser claramente diferenciadas de los esquemas de comercialización de carbono basados en plantaciones que actualmente se plantean bajo el Protocolo de Kyoto. Estos últimos se basan en premisas falsas y es probable que incluso resulten contraproducentes. Nos oponemos a la inclusión de las plantaciones como "sumideros" en los Mecanismos de Desarrollo Limpio por cuatro razones principales: - Usar los "sumideros" para ayudar a los países del Norte a que cumplan con las metas de reducción de emisiones acordadas en el Protocolo de Kyoto no sirve para promover un clima vivible, dado que incluso esas propias metas resultan insuficientes para lograrlo. - La comercialización de emisiones a cambio de carbono almacenado en los árboles intensificaría la redistribución regresiva de los recursos mundiales. Permitir que se siga con la quema de combustibles fósiles a través del mecanismos de financiar plantaciones forestales para "absorber" carbono habrá de ampliar la huella ecológica y social de los ricos, haciendo que las actuales injusticias sociales se agraven aún más. Los ciudadanos de países del Norte, quienes utilizan -digamos- 20 veces más espacio de la atmósfera per capita para emitir CO2 que los ciudadanos de los países del Sur, tendrán el derecho -de acuerdo con la racionalidad que subyace al comercio del carbono- a utilizar 20 veces más tierra para plantaciones forestales, de manera de compensar dichas emisiones. Esta tierra sería desproporcionadamente tomada de la gente más pobre del Sur, donde el precio de la tierra por hectárea es más barato y donde los árboles crecen más rápido. Además, un sistema de comercialización del carbono pondría a los países del Sur en una situación desventajosa cuando éstos comiencen a reducir sus propias emisiones, puesto que las formas más fáciles de bajarlas ya habrán sido adquiridas y las reducciones acreditadas a los países del Norte. Con frecuencia se ha señalado que el Norte tiene con el Sur una enorme "deuda de carbono" debido al histórico uso abusivo que aquél ha hecho de los mecanismos globales de reciclaje del carbono. Lejos de atenerse al principio de que "el contaminador paga", la idea de usar los árboles para "compensar" las emisiones tan solo serviría para aumentar dicha deuda. Por otra parte, estos esquemas también consagrarían y profundizarían las inequidades existentes al interior de los países, tanto del Norte como del Sur. Por ejemplo, empresas que compren derechos de emisión de dióxido de carbono en el Norte por promover plantaciones de "compensación" en el Sur, podrán seguir emitiendo, junto al CO2, muchos otros contaminantes que ponen en riesgo la salud de las comunidades locales. En los Estados Unidos, por ejemplo, las grandes corporaciones localizan un número desproporcionado de tales plantas en áreas habitadas por comunidades negras pobres. - Las plantaciones industriales en gran escala constituyen una amenaza para las comunidades y los ecosistemas en todo el mundo Se necesitaría ocupar millones de hectáreas de tierras a ser plantadas para intentar contrarrestar siquiera una pequeña fracción de las emisiones industriales totales. La experiencia existente respecto de estas plantaciones indica que tales proyectos de "compensación" habrán de usurpar tierras agrícolas, reemplazar valiosos ecosistemas nativos, aumentar la inequidad en la tenencia de la tierra, incrementar la pobreza, llevar a la expulsión de poblaciones locales enteras, y minar las prácticas de manejo a nivel local imprescindibles para la conservación de los bosques. En Chile, Indonesia, los países nórdicos y muchos otros lugares las plantaciones han destruido los bosques, mientras que en Sudáfrica, Argentina y Uruguay han reemplazado otros valiosos ecosistemas, como las praderas. En países como Brasil, Tailandia y Chile, las plantaciones forestales están en la raíz de serios conflictos por la tenencia de la tierra surgidos entre comunidades locales, terratenientes, grandes empresas y el estado. En casi todos lados han llevado a la pérdida de recursos hídricos y de biodiversidad. Siendo inherentes a este modelo de plantaciones y exhaustivamente documentados por el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), los efectos perjudiciales del mismo sólo habrán de acentuarse si se llegasen a utilizar árboles genéticamente modificados. - La utilización de proyectos de plantaciones para "compensar" los efectos climáticos de las emisiones de dióxido de carbono es incoherente desde el punto de vista científico y consagra la interferencia política externa en las políticas sociales de los países huéspedes. Un mercado de emisiones de carbono presupone la noción de "neutralidad climática" o "equivalencia climática". Para que un proyecto de "compensación" pudiera ser transable por un determinado volumen de emisiones industriales habría que hacer cálculos para obtener una cifra que representara la cantidad de carbono secuestrado o almacenado como consecuencia del proyecto, que debería ser superior a la que habría sido secuestrada o almacenada en ausencia de dicho proyecto. La obtención de dicha cifra implica cuantificar dos tipos de efectos del proyecto. Ambos habrán de incidir en la cantidad neta de carbono secuestrado o almacenado. Uno de los efectos es de carácter físico. A diferencia del que se encuentra en el petróleo o en el carbón almacenados bajo tierra, el carbono almacenado en los árboles vivos y muertos puede reingresar rápidamente a la atmósfera en cualquier momento. Los incendios -de origen antropogénico o no- son eventos inevitables tanto en los bosques como en las plantaciones y las tasas de descomposición son difíciles de predecir. Lo que es más, a medida que la concentración de CO2 en la atmósfera va aumentando, las tasas de respiración incrementadas podrían hacer que tanto los bosques como las plantaciones se convirtieran en fuentes netas de emisiones de CO2, al tiempo que la mortandad de árboles y la ocurrencia de incendios debidos a cambios climáticos a escala local también se incrementarían. Por otra parte, es sabido que las plantaciones disminuyen la capacidad del suelo de almacenar carbono, tanto dentro como fuera (a través de un aumento en la erosión) del área del proyecto. Por su carácter de vulnerables, cambiantes e impredecibles, las plantaciones -a diferencia de las reservas subterráneas de petróleo y carbón- constituyen lugares inseguros de almacenamiento de carbono. Por si solas, estas consideraciones demuestran que no puede establecerse una equivalencia entre emisiones industriales y árboles del tipo que sería necesario para establecer un mercado de "compensación del carbono" mediante plantaciones. El otro tipo de efecto es de carácter social y puede ejercer una influencia igualmente importante sobre la cantidad de carbono secuestrado o almacenado. Entre otras cosas, los proyectos de "compensación" de carbono podrían: * Desplazar a comunidades que vivan próximas a donde el proyecto se instale, lo que podría llevar a la destrucción o cancelación del proyecto, o a la tala de bosques, o bien a la liberación de CO2 en algún otro lugar. * Debilitar tecnologías o redes sociales existentes que impiden usos industriales climáticamente desestabilizantes del suelo y llevar a la pérdida de conocimiento local en relación con prácticas sustentables de agricultura o de conservación de bosques. * Disminuir el interés de los inversores en la conservación de la energía o el uso de fuentes de energía renovable. * Desplazar las operaciones de madereo a otras regiones, ejerciendo una influencia sobre los precios de la madera y del suelo e incentivando de ese modo la corta. * Introducir cambios en la demanda de los consumidores, en la legislación sobre rellenos sanitarios y sobre otros factores sociales que inciden en la velocidad con la cual los productos obtenidos de las plantaciones -incluyendo papel y muebles- habrán de ser convertidos en dióxido de carbono. * Desviar fondos que podrían ser asignados a formas existentes de protección del carbono. * Proveer incentivos para la degradación de bosques o de otras tierras fuera del área del proyecto con el objetivo de atraer nuevas inversiones para proyectos de carbono. Tales efectos sociales son imposibles de cuantificar. De hecho, ni siquiera es posible determinar una consecuencia única desde el punto de vista social para un proyecto dado, lo que debería ser un prerequisito tanto para la cuantificación, como para la creación de un "mercado del carbono". En primer término, predecir la extensión de los efectos sociales de un proyecto de plantaciones sería imposible. Lo que es más, tales efectos no son una cuestión de predicción, sino de toma democrática de decisiones. A partir de un mismo proyecto es posible obtener muchos "resultados atmosféricos", dependiendo de cuáles sean las políticas que se adopten. Por ejemplo, la gente que ha sido desplazada de su territorio a causa de un proyecto forestal para secuestro de carbono puede comportarse de distinta forma en relación con los bosques de la región donde habita, dependiendo de cuáles sean sus derechos a la tierra, lo que a su vez depende de la política que se aplique a nivel nacional. Asignar un simple número a ese comportamiento significaría prejuzgar qué tipo de política se está aplicando. Podría incluso significar un apoyo implícito a esa política. Segundo, el monitoreo continuo del alcance de todos los efectos sociales de un proyecto de plantación resultaría impracticable y muy antieconómico (dado que implicaría, entre otras cosas, seguir de cerca las acciones de miles de pobladores rurales en las zonas próximas al proyecto, así como de la psicología de inversores en energías renovables en ciudades lejanas). En tercer lugar, controlar el comportamiento de todos los afectados por un proyecto de "compensación", de manera tal que pudiera calcularse exactamente el efecto de sus acciones sobre el volumen de carbono atmosférico durante las muchas décadas durante las que el proyecto debería secuestrar ese carbono sería también una tarea imposible. Incluso la intención de pretender hacerlo resultaría políticamente inaceptable. Del mismo modo, resulta imposible comparar cuantitativamente los efectos de una plantación sobre la atmósfera con "lo que hubiera sucedido en ausencia de ella", dado que lo que hubiera sucedido en ausencia de cualquier tipo de proyecto depende de una gran cantidad de variables, algunas de las cuales influenciadas por opciones y acciones de carácter político, que los economistas, los biólogos, los forestales o los científicos dedicados al estudio del clima no están en condiciones de prejuzgar. Y sin poder comparar ambas situaciones, el carbono como "mercancía" es algo imposible. En suma, los efectos sobre el clima de un proyecto de plantaciones de "compensación" no pueden ser calculados sencillamente comparando la cantidad de carbono almacenado por la vegetación y los suelos del lugar antes y después del proyecto y monitorear los cambios en la cobertura vegetal fuera del sitio del proyecto. En realidad están implicadas cuestiones mucho más de fondo, que no pueden conocerse por el simple método de "aprender a medida que se actúa". Nosotras, las ONGs abajo firmantes, apoyamos enérgicamente los esfuerzos a nivel nacional e internacional para abordar el cambio climático, en especial a través de la conservación de la energía, la reducción del consumo, el uso más equitativo de los recursos, el desarrollo equitativo y compartido de fuentes renovables de energía. Sostenemos que la expansión del mercado de "compensaciones" a través de plantaciones forestales, propiciado por los Mecanismos de Desarrollo Limpio y otras vías, habrá de bloquear o debilitar estas necesarias y urgentes medidas, las cuales constituyen una oportunidad casi única para abandonar los patrones de desarrollo dominantes, que han demostrado su fracaso. Instamos a los gobiernos a no incluir las plantaciones como sumideros de carbono en los Mecanismos de Desarrollo Limpio y a abordar el tema de las emisiones industriales separadamente del de las plantaciones forestales. Sólo puede asegurarse un clima vivible mediante un compromiso para atacar de raíz las causas del calentamiento global - Ricardo Carrere, WRM, Uruguay Adhesiones individuales y de instituciones: - María Selva Ortiz, Redes / Amigos de la
Tierra, Uruguay Estimad@s amig@s: A fin de fortalecer la oposición a la promoción de plantaciones forestales a gran escala como forma de "neutralizar" las emisiones de dióxido de carbono, pedimos vuestra adhesión a la declaración anterior. Actualizaremos allí la lista
de firmantes dia a dia. |
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
Maldonado 1858
11200 Montevideo - Uruguay
tel: 598 2 413 2989 / fax: 598 2 418 0762
wrm@wrm.org.uy