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Manglares: sustento local versus ganancia empresarial
PANORAMA GENERAL DE LOS MANGLARES Esta sección contiene varios artículos que describen tanto el manglar como ecosistema (incluyendo la importancia social y ambiental de los servicios que presta), como los principales problemas a los que se enfrenta. Esperamos que provea a los lectores de la información necesaria para comprender las causas por las que tantas personas están luchando para protegerlos y, asimismo, los aliente a comprometerse en esta lucha. El manglar y su incierto futuro El manglar o bosque de mangles, es el equivalente costero del bosque tropical en tierra. Hay varios tipos de manglares: manglares costeros, que crecen sin aporte de agua dulce del interior y que pueden alcanzar varios kilómetros de ancho; manglares de desembocadura, principalmente en los deltas de los ríos, que pueden ser muy extensos; y manglares de arrecife, que crecen sobre los arrecifes de coral que sobresalen por encima del nivel del mar. Pero todos ellos tienen algo en común: son "bosques de agua salada", muy especiales, frágiles y están en peligro. El manglar se caracteriza por el entramado laberinto de árboles y raíces que es en realidad una masa forestal ordenada que crece en bandas según su distinto grado de resistencia a las inundaciones periódicas de las mareas, y por tanto, a la sal. Crecen sobre los estuarios fluviales y los litorales protegidos de las zonas costeras ecuatoriales, tropicales y subtropicales, adaptados al flujo de las mareas. En pleamar, sus copas apenas asoman del agua. Durante la bajamar quedan visibles sus raíces respiratorias, que captan el oxígeno y lo transmiten a las raíces enterradas. Esta adaptación les permite sobrevivir en un suelo sin oxígeno y con altas concentraciones salinas; sus hojas se adaptan también a la escasez de agua dulce y son capaces de eliminar el exceso de sal. El manglar es un ecosistema irremplazable y único, que alberga una increíble biodiversidad y que se cuenta entre uno de los más productivos del mundo. Es el hogar de una gran variedad de vida, aves migratorias, criaturas marinas y reptiles además de las especies vegetales asociadas. A pesar de que a nivel mundial existen unas veinte especies de mangle, la estructura básica de los manglares individuales está por lo general formada por 3 a 8 especies. Sobre ellas viven una gran variedad de representantes del reino vegetal, más de un centenar de hongos, y bajo ellas, hasta 70 plantas acuáticas. Las raíces aéreas de sus árboles forman un entramado que alberga a multitud de especies animales (peces, moluscos, crustáceos), funcionan como zonas de apareamiento, refugio y cría de gran cantidad de estas especies, muchas de ellas importantes para la alimentación humana, lo que ha permitido que en sus alrededores se asienten poblaciones, que tienen su fuente de vida en los recursos que genera este ecosistema. También garzas, cormoranes, águilas y martín pescadores encuentran aquí su fuente de alimento. Cuando baja la marea, algunos mamíferos se acercan a la playa a comer, como el pecarí o cerdo salvaje y los macacos cangrejeros. En las copas de los árboles, otros primates se alimentan de las hojas del mangle, además de dar cobijo a iguanas, papagayos, palomas y zancudas como espátulas, ibis, etc. que vuelven a las copas cada noche, donde tienen sus dormideros. Los manglares, además de proteger las costas de la erosión provocada por los huracanes que periódicamente azotan estas zonas tropicales, han proporcionado durante siglos multitud de recursos a las poblaciones locales. Los usos más comunes del manglar y sus ecosistemas son la extracción de leña, materiales de vivienda y, la más importante, la pesca y recolección de productos del mar, entre los que se cuentan numerosos crustáceos. Sin embargo, a miles de kilómetros
de distancia de este ecosistema único y tan rico en biodiversidad,
en las mesas de los países europeos, de Japón y de Estados
Unidos, se encuentra el origen de la progresiva pérdida de
este equilibrio: el consumo de camarones criados en piscinas por la
industria camaronera. Un consumo que se ha disparado en los últimos
años y para el cual se han transformado miles de hectáreas
de manglar en estanques de cría, y donde son muy fuertes los
intereses económicos creados. El manglar es vida, que viva el manglar Los bosques de manglar cubren
a la fecha un área de 181.000 km2 distribuidos en más
de 100 países, pero se ha perdido más del 50% en los
últimos 50 años. Algunas actividades directas que están
destruyendo el manglar o lo están degradando incluyen su sustitución
por actividades como la cría de camarón y la agricultura,
la explotación maderera, la extracción de sal, el desarrollo
urbano, el desarrollo turístico y la infraestructura. Además,
otros impactos incluyen el desvío de las aguas de los ríos
y la contaminación de las aguas causada por metales pesados,
derrames de petróleo, plaguicidas y otros productos. Toda esta pérdida de los
manglares en los trópicos ha sido facilitada en gran escala
por el apoyo financiero internacional, aportado principalmente por
el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo. La Corporación
Financiera Internacional aprobó entre 1997 y 2000, préstamos
por valor de US$ 82 millones para el desarrollo de la acuicultura
en América Latina. Los países "beneficiados"
han sido Belice, México, Honduras, Ecuador y Perú. Sin embargo, los manglares generan un amplio espectro de recursos naturales y servicios de ecosistema. Algunos de estos servicios, como la protección contra huracanes e inundaciones, reducción de la erosión y mantenimiento de biodiversidad, son funciones clave que sostienen actividades económicas en áreas costeras en los trópicos. Productos forestales de los manglares tales como materiales de construcción, carbón, taninos, medicinas y miel son vitales para la subsistencia y proveen una base comercial para las economías locales y nacionales. Las economías costeras de subsistencia en muchos países en desarrollo son fuertemente dependientes de la pesca proveniente de manglares. Se ha descubierto que cada hectárea de manglar genera 1.100-11.800 kgs. por captura de pesca. Esta productividad es mucho más alta que los 10-370 kg./há/año encontrada para arrecifes de coral. En países en desarrollo, el valor anual del mercado de pesca dependiente del manglar oscila entre US$ 900 y US$ 12.400 por hectárea de manglar. Se debe enfatizar que este valor está basado en un solo bien proveniente del manglar, es decir, solamente de la pesca. Esfuerzos adicionales para estimar el valor económico de los recursos forestales y servicios ecológicos generados por los manglares demostrarán el significativo valor de este ecosistema y su apoyo a la subsistencia de economías locales y nacionales. Mientras se logra ese reconocimiento al valor de los manglares y el apoyo por parte de las autoridades para su conservación, en los últimos años, las comunidades costeras han vivido uno de los momentos mas críticos de toda su historia. Después de décadas o siglos de uso de estos ecosistemas sin mayores conflictos, ahora se enfrentan con el hecho cotidiano de ver como dos, veinte o sesenta bull-dozers llegan un "mal día" para destruir en menos de dos semanas lo que había constituido su sustento y su economía por generaciones. Al final de dos meses lo único que queda son los recuerdos y una cantidad inmensa de piscinas para la cría de camarón. Los manglares se están perdiendo para siempre y con ello las economías de cientos de comunidades costeras, principalmente pescadores artesanales de ribera. Esta destrucción se extiende cada día por todos los países del mundo con costas tropicales. En América Latina, desde México hasta Perú y Brasil, la industria camaronera no se detiene. Los esfuerzos de las comunidades costeras por defender sus manglares han costado la vida de varios pescadores artesanales en México, Guatemala y Honduras. Actualmente los movimientos de base están creciendo y para coordinar y detener esta vorágine se ha estructurado una "Red Manglar" con el objetivo de que todas las comunidades costeras tengan un mecanismo para coordinar sus esfuerzos. En su primera asamblea llevada a cabo en septiembre de este año, la Red Manglar logró la membresía de organizaciones de diez países de América Latina con el objetivo de luchar con una sola voz: El manglar es vida, que viva el manglar. Justicia para el manglar. (Por: Elmer López Rodríguez, Boletín del WRM Nº 51, octubre de 2001). Producción insustentable versus producción sustentable de camarón La mayoría de las personas que comen camarón no son conscientes de dónde proviene ni saben los impactos que implica su producción. La mayoría del camarón comercial se pesca usando métodos destructivos, o se produce en estanques industriales que constituyen una de las causas principales de destrucción de los manglares. Según cifras de la FAO, el 50% de las reservas de pesca del mundo ya están casi agotadas. Jacques Diouf, Director general de la FAO, acaba de alertar a los delegados de más de 70 países en una conferencia realizada recientemente en Islandia, que los océanos están siendo sobreexplotados y que resulta urgente garantizar su uso sustentable. Según los datos de la FAO, en 1950 la producción total de pescado fue de 19 millones de toneladas. Cincuenta años después, una cantidad apenas mayor (20 millones de toneladas) se desperdició en el proceso de producir un total de 130 millones de toneladas. Los camaroneros de arrastre están entre los barcos pesqueros más derrochadores del mundo: producen menos del 2 % de la producción mundial de frutos del mar, pero son responsables de un tercio de la captura incidental de peces que luego se desechan. Se destruyen y descartan hasta 14 libras de pescado y otras formas de vida marina por cada libra de camarón que se cosecha. Los barcos camaroneros matan más tortugas que todos los medios humanos combinados en las aguas de EE.UU. y más que todos los demás sistemas de captura combinados. Esta destrucción innecesaria no es mucho mejor en el caso de la cría industrial de camarón. Los estanques de acuicultura de camarón están ubicados en las áreas biológicamente más productivas y subvaluadas de la tierra: estuarios costeros, bosques de manglares y humedales, donde el camarón crece naturalmente. La construcción de estanques comienza por la tala de los bosques de manglares y por la excavación de estanques protegidos por un dique. Después son llenados de poslarvas, provenientes en su mayoría de criaderos y viveros con densidades de siembra altas. Para forzar al camarón a alimentarse continuamente, el estanque permanece iluminado toda la noche. Es alimentado con píldoras de proteínas y con complementos alimenticios artificiales. Para evitar enfermedades, se agregan también varios insumos químicos tales como antibióticos, plaguicidas y detergentes. El bombeo de cambio de agua para eliminar residuos y oxigenarla es esencial para adecuarse a la alta densidad de siembra. Esto produce como resultado la acumulación de desechos y la degradación de los ecosistemas circundantes, que conduce a problemas graves e irreversibles. A corto plazo, la producción industrial intensiva de camarón es altamente rentable para las compañías. Sin embargo, es claramente poco rentable para las comunidades que viven en las zonas donde se establecen los estanques, e implica importantes perdidas ambientales y económicas para los pobladores locales. Este sistema destructivo y contaminante se puede evitar. La acuicultura no siempre produjo este tipo de daño ambiental. De hecho, la integración del cultivo de peces y de arroz ha sido la columna vertebral de la agricultura tradicional de Asia durante siglos. Este sistema tradicional ofrece un potencial enorme para la seguridad alimentaria local y la nutrición familiar. También permite aprovechar los servicios que brindan los ecosistemas costeros como filtración y purificación del agua, favorecimiento de los ciclos de los nutrientes, eliminación de sustancias contaminantes y protección de la tierra de las tormentas costeras y el clima extremo. Un estudio del manglar de Matang en Malasia reveló que solamente su valor para la protección costera superaba el valor de las granjas camaroneras en un 170 por ciento. La silvopesca, un concepto de manejo de recursos costeros muy antiguo, podría resultar de gran valor como forma de manejo alternativo. La silvopesca es una forma de acuicultura sustentable con insumos bajos para el cultivo integrado de árboles de manglar con acuicultura de agua salobre. Este enfoque integrado de la conservación y utilización de los recursos de los manglares permite mantener un nivel relativamente alto de integridad en la zona del manglar, al mismo tiempo que capitaliza los beneficios económicos de la acuicultura de agua salobre. Pero es importante destacar que no estamos ante un problema técnico, y que básicamente hay dos formas de producir camarón. Una se basa en la apropiación y destrucción de zonas de manglares, la contaminación de esas mismas zonas y otras vecinas, y un alto grado de ganancia para las empresas a costa de las tierras y el sustento de las poblaciones locales. El otro enfoque apunta al uso sustentable de los recursos naturales (uno de los cuales es el camarón) en beneficio de las comunidades locales. Si los conceptos de protección ambiental y progreso social tienen algún significado, este segundo sistema va claramente por el camino correcto. (Boletín del WRM Nº 51, octubre de 2001). Impactos ambientales, sociales y económicos de la cría industrial de camarón La destrucción de los manglares implica la pérdida de especies únicas. Los manglares vinculan los bosques tropicales con los arrecifes de coral, proporcionando una transición fundamental entre los ecosistemas terrestres y marinos. También protegen las costas de la erosión, capturan sedimentos (protegiendo así los arrecifes de coral) y son el lugar de desove de la mayoría de los peces tropicales de venta comercial. Por otra parte, son fundamentales para la diversidad biológica local, ya que albergan plantas y animales que habitan exclusivamente en los ecosistemas de manglares. Se utilizan también para actividades de turismo y recreación. Los manglares son extremadamente productivos desde el punto de vista biológico, y para las comunidades locales son una fuente importante de combustible, medicinas, alimentos, forraje, etc. Aparte del hecho de que se cortan vastas áreas de manglares, otra consecuencia de la cría industrial de camarón es que los camarones producen un importante volumen de desechos en los estanques. El alimento que los camarones consumen pero no retienen en su cuerpo termina siendo un desecho. A medida que esos desechos se acumulan, florecen bacterias que consumen el oxígeno disponible. Esto puede sofocar a los camarones y limitar su crecimiento. Los productos de desecho intermedios (tanto de los camarones como de los microbios) como el amoniaco y el nitrito, son tóxicos para los camarones, los peces y otros animales. Los camarones debilitados por los desechos y la falta de oxígeno tienen más probabilidades de enfermar. Para evitar este problema, se extrae periódicamente el agua de los estanques y se llenan con agua limpia. Este sistema produce la contaminación de las aguas superficiales cercanas a los estanques. Esta actividad también provoca la salinización de los acuíferos y de las tierras agrícolas costeras. Cuando los estanques son abandonados debido a enfermedades u otras causas, el área queda a menudo convertida en un erial y sus suelos contienen altos niveles de salinidad, acidez y sustancias químicas tóxicas, que prácticamente la inhabilitan para otros usos. Otra consecuencia de la cría industrial de camarón es el uso de antibióticos, plaguicidas, fungicidas, parasiticidas y alguicidas. Para prevenir las enfermedades, los granjeros utilizan grandes cantidades de antibióticos durante la producción, al igual que sustancias químicas entre las cosechas para esterilizar los estanques. El resultado es que los consumidores humanos de los camarones tropicales producidos de esa forma están ingiriendo un alimento con un alto contenido de antibióticos. Muchas de las sustancias utilizadas en esta actividad están prohibidas en algunos países debido a sus efectos cancerígenos. En relación a los antibióticos, algunos de los que se utilizan en la cría de camarón son los mismos utilizados en seres humanos, lo que podría disminuir la efectividad de los antibióticos contra las enfermedades. Es importante destacar que en muchos de los países productores no hay reglamentaciones que limiten la cantidad de sustancias químicas utilizadas. En el afán de aumentar las ganancias, ya se está empezando a difundir la idea de usar camarones genéticamente modificados, y Tailandia (el primer productor mundial) ha comenzado a investigar en esa área. La idea es crear un super camarón. Si estos planes triunfaran, además de ingerir antibióticos, plaguicidas y otras sustancias químicas, los consumidores también estarían comiendo camarones genéticamente modificados. Entre los impactos sociales y económicos de esta actividad, la destrucción de los manglares implica la destrucción de un ecosistema de gran importancia para las comunidades locales, que por supuesto, no participan en las ganancias! Se afirma que la acuicultura es una respuesta viable al problema de los recursos alimentarios, especialmente en los países pobres. Resulta claro que no es el caso de la cría de camarón. También se ha dicho que es una fuente de divisas muy necesaria, que les permite a los países productores de camarón importar proteínas de costo menor y así garantizar la seguridad alimentaria. Este argumento presenta dos problemas. Primero, que no hay evidencia de que las divisas generadas por los criadores de camarón se usen para importar proteínas baratas. Las divisas no llegan a los pobres sino a los propietarios de las granjas camaroneras, que son ricos, y que deciden como gastar ese dinero. En segundo lugar, la dependencia de alimentos importados reduce la seguridad alimentaria en tiempos de inestabilidad monetaria. En relación con la generación de empleo, la acuicultura del camarón, debido a su naturaleza industrial, emplea menos personas que la agricultura u otras actividades pesqueras. En muchos casos, la cría de camarón ha determinado graves violaciones de los derechos humanos, incluido el asesinato, las lesiones físicas, el desalojo de pobladores, la detención y la violación de los derechos de los trabajadores de las granjas y la confiscación de tierras, bosques y recursos hídricos. El desplazamiento de las comunidades locales es común en los países exportadores de camarones, donde los inversores con conexiones políticas convierten ecosistemas complejos altamente productivos en dominios privados para un uso exclusivo. Con el tiempo, los numerosos pobladores pobres que dependen de los manglares y la producción pesquera costera para su sustento son desplazados. Los conflictos sobre los derechos de tenencia de la tierra son el núcleo de los conflictos relacionados con la cría de camarón. La cría de camarón es un negocio rentable para un grupo pequeño de personas, y es rentable porque el comercio liberalizado no toma en cuenta las llamadas "externalidades". Esto significa que aquellos que obtienen las ganancias no pagan por la destrucción del ecosistema, mientras que los costos tremendos que producen son absorbidos contra su voluntad por las comunidades locales, a cuya costa la industria produce sus ganancias. En resumen, la cría industrial de camarón no sólo no es una solución, sino que agrava las desigualdades socioeconómicas, en el marco de la destrucción ambiental. (Boletín del WRM Nº 51, octubre de 2001). Los pilares del aumento del comercio mundial de camarón La globalización ha invadido nuestra mesa. Los alimentos son trasladados por los mares, de sur a norte y de este a oeste. Cuanto más lejos mejor (para las compañías transnacionales) porque eso implica comercio, embalaje, procesos de conservación, aranceles, importadores, exportadores, etc. Hoy es posible encontrar frutas tropicales en los mercados de los países fríos, o pescado y frutos del mar en regiones sin acceso al mar. Y la lista es larga. Esto es mostrado como un signo de progreso y mayor cantidad de opciones para la gente En realidad, no es más que comercio mundial. Más precisamente, la internacionalización del "libre" comercio, con aranceles y cuotas reducidas, con eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, con el objetivo de suministrar productos exóticos a mercados lucrativos. Y detrás de todo eso está la Organización Mundial del Comercio (OMC), la institución mundial encargada de regular el comercio mundial, junto con agencias y bancos internacionales (FAO, Banco Mundial, etc.), promoviendo un modelo intensivo de producción y demanda. Los países en desarrollo se convierten en los proveedores, a través del aumento de créditos y préstamos de instituciones de crédito, que típicamente financian sistemas intensivos de producción de monocultivos. Es el caso del comercio de camarón. El consumo de camarón está sumamente expandido en EE.UU., Europa y algunos países asiáticos. Los desembarques de camarón de pesquerías de "captura" han rondado entre 2 y 3 millones de toneladas al año. Para algunos países en desarrollo, el comercio de productos del mar es mayor que el de café, té, caucho y banana combinados. En los años 80, el desarrollo de la acuicultura de camarón, que implicó la conversión de extensas áreas de manglares tropicales en estanques de acuicultura, permitió el crecimiento drástico del consumo de camarón y la caída abrupta del precio del mismo. Por ejemplo, muchos restaurantes de EE.UU. ahora ofrecen menúes baratos exclusivamente de camarón y tenedor libre de lo que una vez fue un manjar exclusivo y caro. La producción intensiva de camarón orientada a la exportación, con una alta tasa de rendimiento sobre la inversión a corto plazo (y oferta barata) a expensas de la degradación del medio ambiente, el desplazamiento de comunidades, la pérdida de las formas de sustento tradicional, violaciones de los derechos humanos, son entonces los pilares de un comercio mundial de camarón que por otro lado ha implicado la pesca excesiva y el agotamiento de los mares. Y en el medio hay toda una artillería completa de intereses empresariales. Los promotores del comercio mundial sostienen que el comercio es neutral con relación al medio ambiente, la sociedad, el manejo sustentable y la eficiencia económica. Nada más alejado de la realidad. El comercio puede tener efectos positivos o negativos, pero no puede ser sustentable sin producción sustentable. La producción industrial de camarón para la exportación ya ha demostrado que no es sustentable desde el punto de vista social y ambiental y por lo tanto debe ser detenida antes de que produzca más daños a los pueblos y sus ecosistemas costeros. (Boletín del WRM Nº 51, octubre de 2001). La acuicultura del camarón en los tratados ambientales internacionales Los impactos ecológicos y sociales de la acuicultura del camarón han sido puestos a consideración de dos tratados ambientales internacionales que han estado desarrollando políticas y programas para el manejo sustentable de ecosistemas costeros y de otros tipos de ecosistemas. Ellos son la Convención de Ramsar (Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitats de Aves Acuáticas, firmada en la ciudad de Ramsar, Irán, en febrero de 1971) y la Convención sobre Diversidad Biológica (CDB). El Programa sobre Pueblos de los Bosques (Forest Peoples Programme), una organización integrante de ISA Net, hizo una intervención destacando los impactos de la producción de camarón en los ecosistemas costeros y marinos y sobre las comunidades locales en la 4ta. Conferencia de las Partes (COP 4) de la CDB en mayo de 1998 en Eslovaquia. Al año siguiente, varios miembros de ISA Net participaron en la 7a. Conferencia de las Partes de la Convención de Ramsar y en un taller sobre Participación de Pueblos Indígenas y Comunidades Locales en el Manejo de Humedales durante la 13a. Reunión del Foro Mundial sobre Biodiversidad (GBF, por su sigla en inglés), que precedió a la reunión de la Convención de Ramsar (San José, Costa Rica, 7-18 mayo de 1999). Las presentaciones realizadas por los cuatro representantes de las comunidades locales fueron muy bien recibidas en el GBF y las recomendaciones de ISA Net fueron discutidas en la Conferencia de Ramsar. Como resultado, se añadió un párrafo a una de las resoluciones finales (Resolución VII.21, Mejora de la conservación y uso adecuado de los humedales intermareales), exigiendo la suspensión de la promoción, creación de nuevas instalaciones y expansión de actividades de acuicultura no sustentables nocivas para los humedales costeros, hasta identificar medidas orientadas al establecimiento de un sistema de acuicultura sustentable, en armonía con el medio ambiente y las comunidades locales. Los miembros de ISA Net también participaron en discusiones y elaboración de modificaciones de las Pautas para el establecimiento y fortalecimiento de la participación de las comunidades locales y pueblos indígenas en el manejo de humedales, que fueron finalmente aprobadas como las Resoluciones VII.21 y VII.8 de la COP. Sin embargo, lograr la introducción de lenguaje útil en las convenciones internacionales sólo se puede considerar un logro si se convierten en herramientas útiles para ser utilizadas por las organizaciones locales en sus esfuerzos por proteger el medio ambiente y sus fuentes de sustento. Las ONG y OBC (organizaciones de bases comunitarias) en Ecuador y Honduras hasta ahora han intentado utilizar el párrafo sobre acuicultura de la Resolución VII.21 de la Convención de Ramsar para detener la expansión de la producción de camarón en ecosistemas costeros ecológicamente sensibles. Hasta ahora parece que el lenguaje de Ramsar podría haber resultado útil para apoyar el esfuerzo de las ONGs ecuatorianas de intentar detener la introducción de nuevas políticas que habrían incluido la privatización de partes de la línea costera en beneficio de los productores de camarón. Por otro lado, no parece haber sido particularmente útil en el Golfo de Fonseca, Honduras, a pesar del hecho de que parte del Golfo es un sitio Ramsar. Es necesario organizar un seguimiento efectivo para garantizar que el lenguaje creado en Ramsar no quede en palabras vacías. Mientras tanto, un programa auspiciado por la CDB, a saber el Mandato de Jakarta sobre Biodiversidad Costera y Marina, ha creado un plan de trabajo de 3 años para la conservación y uso sustentable de la diversidad biológica costera y marina. Esto incluye una sección (elemento de programa 4) sobre maricultura, cuyo objetivo principal es evaluar las consecuencias de la maricultura para la diversidad biológica marina y costera y promover técnicas que reduzcan al mínimo los impactos negativos. Todavía está por verse qué tan efectivo será el plan de trabajo. (Por: Maurizio Farhan Ferrari, Boletín del WRM Nº 51, octubre de 2001). Langostino tropical versus manglares La Convención sobre Humedales Ramsar se firmó en la ciudad de Ramsar, Irán, en 1971, y entró en vigor en 1975. Ramsar es el único convenio medioambiental que se ocupa de un ecosistema específico: los humedales. Los humedales, como reconoce la Convención Ramsar, cumplen funciones ecológicas fundamentales, como reguladores de los regímenes hidrológicos y como hábitat de una muy rica biodiversidad, y constituyen un recurso de gran importancia económica, cultural, científica y recreativa que debe ser preservado. Los manglares, situados en las áreas tropicales y ecuatoriales del mundo, son parte de estos humedales. Y actualmente están gravemente amenazados. Según la FAO, más del 50% de los manglares ha desaparecido ya. Hoy, la principal causa de desaparición de los manglares es la expansión de la industria camaronera, que cultiva camarón o langostino tropical en las áreas costeras de los países pobres para exportarlo a países ricos como España, EE.UU. o Japón. De hecho, gran parte de los langostinos que encontramos hoy en los mercados proceden de la destrucción de los ecosistemas costeros en países del Sur y del desplazamiento obligado de las poblaciones locales. La Resolución VII.21, tomada en la Séptima Conferencia de las Partes de la Convención Ramsar sobre Humedales (Costa Rica, 1999), reconoce el valor económico, social y ambiental de humedales como los manglares para la pesca, la biodiversidad, la protección de las costas, las actividades recreativas, la educación, y la calidad del agua. Reconocía que el sustento de un número considerable de poblaciones depende de la productividad y el valor de los humedales situados en zonas de intermareales, y también mostraba la preocupación por el avanzado proceso de degradación en que se encontraban una gran proporción de humedales costeros, principalmente a causa de la acuicultura no sostenible y la contaminación. Por todo lo anterior, la Convención instaba a las Partes Contratantes --es decir, a los estados-- a suspender la promoción y creación de nuevas infraestructuras para actividades de acuicultura insostenibles y dañinas para los humedales costeros, incluyendo la expansión de las ya existentes, hasta tanto no se identifiquen, mediante evaluaciones del impacto ambiental y social de tales actividades, junto con los estudios apropiados, las medidas tendientes a establecer un sistema sostenible de acuicultura que esté en armonía con el medio ambiente y con las comunidades locales. Esta resolución, por desgracia, no se está cumpliendo. Por ello, Greenpeace y Red Manglar (una red que reúne ONGs de Ecuador, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Brasil y Colombia que trabajan en la defensa de los manglares) llevarán a la Octava Conferencia de las Partes de la Convención de Ramsar, que se celebra en Noviembre de 2002 en Valencia, una demanda muy concreta con respecto a los manglares: una moratoria en la expansión de la industria camaronera. Sin esta paralización, no podremos salvaguardar estos ecosistemas, e impediremos que las poblaciones locales que dependen de ellos tengan una oportunidad distinta a la pobreza o la emigración. La Octava Conferencia de las Partes de la Convención de Ramsar es quizá una de las últimas oportunidades de frenar la destrucción de los únicos bosques que pueden vivir con sus raíces sumergidas en la mar. (Por: Eva Hernández, Boletín del WRM Nº 64, noviembre de 2002).
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