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Explotación petrolera y de gas
| PRESENTACION
A LA SOCIEDAD DEL LIBRO “Señores: ( Si ustedes salen despacio, respetando que primero salgan los ancianos, mujeres y niños que están en esta sala, si no se alteran por los ruidos que ocasionará la caída del segundo piso sobre este local, si alguien llama desde ahora, con inteligente precaución, a los socorristas de la cruz roja, para que lleven de urgencia a todos los primeros aplastados que van a sufrir exactamente allí, en la tercera fila; si, en fin, me hacen caso de que ha comenzado un horroroso incendio en el cuarto de al lado y que en menos de un minuto estaremos envueltos en llamas.....¿ que tal ? ¿ no quieren hacer caso? ¿no les importa morir ya mismo, todos, bajo las enormes vigas de eucalipto que sostienen la pesada estructura de esta construcción viejísima ? Les aconsejo salgan ya. Hay tiempo para salvarse....). “( ¡Bah!. Ni siquiera se mueven. Entonces....¡muéranse aplastados, asfixiados, reventados y entre un pavoroso polvo de maderas viejas, tejas carcomidas, ladrillos pesados, aguas inmundas de las cañerías rotas y llamas infinitas! Y no es ficción. Se los advierto, “PORQUE SE HA RECIBIDO EN SECRETARÍA EL AVISO ANTICIPADO DE LO QUE ESTA SUCEDIENDO AHORA MISMO EN ESTA EDIFICACIÓN: UN INCENDIO ASESINO” ) “Señores: “La ficción de la invasión de los marcianos a Quito reventó la furia de nuestros paisanos, en un lejano 1949. “Yo en esta oportunidad, aunque he pretendido inventar un tracatraz incendio, en cambio, a nadie he conmovido. ¿ Que está pasando con los quiteños ? ¿ Qué está maniatando a los ecuatorianos ? ¿ Tantas ficciones nos sublevaron antes, y por nada, que ahora no queremos movernos ni siquiera para salvarnos ?. No nos arde, por ejemplo, el bicentralismo, No nos quema el nepotismo. No nos carcome la base de Manta. No nos infesta el bono de la miseria. No nos raja la fuga de mano de obra. No nos abate el mal del chinche. Los lanza cohetes desechables. La dolarización lamentable. La mentira diariamente ingienierible. Los contratos Petrohartables. ¡Nada!. Ni la miserable situación del Crudo Oriente, el cocinado gas occidente, la tala de cedros norte, la pulga de precios meridión, el triste juicio sideral a Texaco.!Nada!. Las feas iras ecuatorianas yacen bajo un celemín de sangre chica. “Y cuando hablo de ecuatorianos, hablo de nosotros también, los bien leídos, harto vividos, juiciositos, que subrayamos pensamientos nobles en los artículos soberanos de Pedro Paje, Juan Araña o Jesusín Alambre. “Vengo hoy día, (perdonarán ustedes la demora para entrar en el caso), a entreabrir un libro referido a una alarma. Un libro incendio. El “Pobres pero honrados petroleros o tontos útiles”, de Eduardo Rojas Hidalgo, economista de oficio, pero antes, ser humano de postín, Libro referido a la perversidad del petróleo para con nosotros, los ecuatorianos dueños, honrados para respetar contratos-aunque fuera el desgraciado contrato con Texaco, por veinte años abandonado a la libre interpretación transnacional y perversamente entregado a la rabiosa dentadura del que muerde sin devolver nada al que es mordido. “Libro referido también a la lucha por parecer menos tontos útiles en el asunto petrolero. Libro referido, en fin, a proponer acciones positivas ante el incendio de la destrucción ambiental, ya desatado. No libro alarma, solamente, sino libro proposición, mentalización, remediación urgente. Y nos si hablar de los temas que están aquí, en 172 páginas comprimidas( son temas altamente incendiarios), o de la valentía de haber cocinado cifras intocadas, desnudados datos escondidos y sacudir archivos privatizados. O, lo que sería más sabroso para todos, si hablar de Eduardo, el reseco y trashumante, turisdado a merodear lagunas recónditas de la selva y enterado hasta de lo que cocina mama Dolores Cacuango, la entrevistada preferida, de este opúsculo. “Es que el libro que van a llevar ustedes ( porque lo van a llevar, ¿ verdad compañeros de miércoles cultural ? ), el libro petroalarma, digo, muestra varias virtudes que voy a subrayar, en mitad de algunos defectillos que también voy a comentar. (Más virtudes que lunares, por supuesto; y defectillos no de estructura, sino de no querer ir más allá, con el fuego del volcán, a fin de reventar en bronca definitiva; Rojas entreabre la puerta como un asustado dueño del secreto y apenas deja que todos entremos en el gran tema sin reclamarnos insistentemente para que nos interese la vida). “He aquí las virtudes: • “Compacidad: esto es, estar escrito en pastillas. En párrafos cortos. Sobrio, por lo mismo, como pide la ciencia, que para serlo solo se adorna de cifras, asertos limitados, afirmaciones objetivas.(En efecto, los datos que consigna Rojas remiten siempre a la fuente y nunca se quiebran en opiniones personales). Pueden servir para consultas universitarias o colegiales, con la firme seguridad de ser fidedignas. • “Seriedad: no tiene medallitas de caramelo. Lo que escribe aquí, el economista viajero lo ha dicho y repetirá en las universidades más exigentes. • “Conocimiento: Rojas habla de lo que conoce. Si menciona un tugurio, es que lo ha visitado. Y si habla de prospección sísmica, fluidos de perforación, aguas de formación, grados API..... es que maneja el diccionario petrolero y, más, habla de su experiencia en los campos petroleros de la RAE. • “Valentía: se mete con las leyes, los círculos cerrados de poder, la Texaco autoliberada de toda obligación, los contratos apurados de Noboa, la demente mezcla de crudos decretada por Durán Ballén, la endeble legislación petrolera, cada vez más vendida a poderosos y extraños ladronzuelos, etc. • “Claridad de objetivo: Rojas ha escrito no para olvidarse él, de lo que supo cuando funcionario de la CEPE, sino para proponer una reflexión nacional-mundial urgente. No acusa sino muestra. No lanza llamas sino enciende ideas. No cuenta historias sino propone ejemplos. Y tal vez, por eso, termina el libro sin remachar el título, sin explotar las innúmeras posibilidades que le daba comentar que somos honrados, que somos petroleros, que somos tontos útiles. Sólo pretende hablarnos con urgencia de la ambiciosa perversidad que flota sobre el planeta( la destrucción del medio ambiente). ¡y tan libremente! • “Universalidad: puedo decir con convicción , que es un libro para todos los seres humanos, cercanos o no al aceite inhumano que ahora ensucia todo. Irá el texto por el mundo y le abrirán puertas las universidades, los periódicos serios, las academias científicas atentas. Es posible que se le tome aquí, en el propio país, sin reacción, como un paquetito más de papel para las estanterías. Sé, empero, que por allá, en el planeta, le darán atención emergente, porque es científico, porque es humano, porque es exacto, porque es sibilítico. • “Positividad: no llega “Pobres pero honrados petroleros o tontos útiles” al rincón de los llantos o al socavón de los lamentos. No muere en proponer la sacudida. No se cierra en maldecir. Es, más bien, un ejemplo de libro positivo, pues concluye tan humildemente como empezó: señalando posibles soluciones. Inmediatas soluciones. Sobre todo aquella del ecoturismo, manija de salvación para nuestro oriente ecuatoriano, verdor de amazonía, reserva universal de agua, palacito de musgo irrigado por mil ríos. El Gran Sumaco viene a ser, verbigracia, desde ahora, por la magia elemental de esta propuesta, ya no solo una ensoñación posible, un lugar maravilloso, sino una obligación nacional inmediata. “Y bien: solo quiero añadir que en la sangre le va, al buen economista, la aventura, el asombro y la ética. Hubo un señor Rojas, carpintero, nuestro querido padre (que soy hermano del escritor, valga la infidencia), que se perdía con frecuencia dolorosa para los del hogar pero seguramente entrañable para su gusanito aventurero, o que tomaba el camino selvático para esconderse durante meses. ¿ Que hacía en la selva profunda y rugiente? Eduardo Rojas nos revela en esta tarde, que Juan Rojas, su padre, sin ninguna duda iba de paraísos. Esto es, de enormes cedros erguidos en la selva de Cuyabeno, de Guayacanes gigantes, de lomo –de- lagartos infinitamente verdes. Y en un cubil de capibaras quizás, quizás en un salto del río Tigre, el viejo anochecía mirando las estrellas, porque acá abajo había encontrado un horizonte que reparte luz, y cariño, y ¡riqueza inmediata! . De este corazón endrino del planeta azul, de Juan a Eduardo, se ha establecido pues, una vena de afecto, una veneración evidente, que incita a indagar, a escribir, a gritar y a manotear pidiendo salvemos lo que es pan, lo que es refugio, lo que es parte importante de la vida, nuestra vida.” Felicitaciones, Eduardo. Gracias. NOTA: Es una fiel copia del texto original escrito y leído por Raúl Rojas Hidalgo, en la sala Jorge Icaza de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Cómo obtener
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Rojas Hidalgo a la siguiente direccion:
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