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Underlying Causes of
Deforestation and Forest Degradation
Latin America Deforestación y degradación de
los bosques en el territorio-región Introducción Sólo en las últimas cuatro décadas, más de cinco millones de hectáreas de bosque natural del Pacífico colombiano ha sido objeto de deforestación o degradación. Una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta, territorio ancestral de comunidades negras, ha experimentado en este corto lapso la desaparición y degradación de más de la mitad de su cobertura boscosa. Pero, ¿por qué se ha deforestado y degradado estos bosques?, ¿cuáles han sido los agentes directos que lo han hecho? y, más importante aún, ¿cuáles han sido las causas y actores subyacentes que los han apuntalado? Responder estos interrogantes es una tarea urgente. Sólo si se identifica y analiza la densa red de causalidades y agentes subyacentes de la deforestación y degradación forestal se puede contribuir al diseño e implementación de soluciones efectivas y de estrategias viables de conservación y uso sostenible de estos bosques. Sólo con un conocimiento en profundidad de los anclajes y dispositivos locales, regionales y globales de la deforestación y degradación de los bosques del Pacífico colombiano se pueden trazar alternativas acordes con sus específicidades ambientales y culturales. Y, a partir de allí, las comunidades organizadas pueden asumir una defensa activa de los bosques de su territorio-región. 1. El Pacífico colombiano La región del Pacífico colombiano comprende la franja más occidental del país, con cerca de 1.300 km. de largo (extendida desde la frontera con Panamá en el norte hasta la del Ecuador en el sur) y un área aproximada de 75.000 km² entre el océano Pacífico y la Cordillera Occidental (Plan Pacífico, 1992:5). Se encuentra compuesta por un sistema llanuras aluviales irrumpidas por la presencia de algunas pequeñas colinas y, más abruptamente, por la serranía del Baudó. La cuenca del Atrato drena hacia el Océano Atlántico, mientras que hacia el sur las restantes desembocan al océano Pacífico. Predomina, entonces, una orientación oriente-occidente en el discurrir de la mayoría de los ríos. Un sistema de ciénagas se encuentra asociado a la cuenca del Atrato en la zona baja y más cercana al mar. La serranía del Baudó hace que en el norte la línea costera sea angosta y ancantilada, mientras que en el sur las ensenadas, esteros y manglares dominan el paisaje. La región del Pacífico colombiano es uno de los lugares más húmedos del mundo, llegando a presentarse precipitaciones durante la mayoría de los días del año. La precipitación promedio anual varía, de sur a norte y de oriente a occidente, entre 2.000 y casi 13.000 mm (Eslava, 1993:139). La variedad de la vegetación y fauna la han perfilado como una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta con un significativo número de especies endémicas (Gentry, 1993: 201). En este sentido, se ha afirmado que la región ha sido identificada como "la de más alta concentración de biodiversidad por unidad de área reportada en el mundo. Se han econtrado hasta 400 especies de árboles y 800 vertebrados por hectáreas, cifra récord, muy por encima de la Amazonia [...] Han sido descubiertas entre 7.000 y 8.000 especies de plantas de las 45.000 que hay en Colombia, y se cree que un poco más de 2.000 especies de plantas y 100 especies de aves de la región no se encuentran en otro lugar del mundo" (Biopacífico, 1993:5) No obstante, esta biodiversidad y endemismo se encuentran amenazados por la deforestación en la región que ha alcanzado más de cinco millones de hectáreas. Más aún, según cálculos oficiales, del Pacífico colombiano proviene más del 58% de la madera aserrada que consume el país (Plan Pacífico, 1992:5). Así, esta región se ha visto afectada por la degradación y pérdida de sus bosques, lo que ha implicado la reducción de la biodiversidad y la probable extinción de muchas especies que encuentran en estos bosques su hábitat natural. Es alarmante la intensidad de los procesos de deforestación. De la cobertura forestal estimada de la región en 1959 (9806.050 hectáreas), para mediados de los noventa sólo se mantenía el 43% (4248.550 hectáreas) como consecuencia de una deforestación anual estimada en cerca de 154.000 hectáreas (Sánchez, 1996:190-191). Después de la estimación inicial de la reserva forestal del Pacífico realizada en 1959, se cuenta con dos estudios, uno en los setenta y otro en los ochenta, que ofrecen informaciones más precisas. Hacia 1976, de acuerdo con los estimativos de Reid Collins (1976:14) basados en la fotointerpretación de imágenes de radar a escala 1:250.000, la cobertura vegetal del Pacífico comprendía unas 5608.700 hectáreas de bosques primarios y secundarios. De esta cobertura boscosa, unas 783.900 hectáreas comprendía el área ya explotada para aquella época, unas 161.600 hectáreas que se encontraban en proceso de explotación y unas 4663.200 hectáreas de bosques no intervenidos. Si a la cobertura de los bosques primarios y secundarios del Pacífico se le agregaba la de la zona de Urabá, representaban el 13,8 % del área forestal nacional, es decir, unas 6,3 millones de hectáreas (Reid Collins, 1976:13). Hacia mediados de los ochenta, en el último estimativo general con el que contamos para la región, se ponderaba para el andén Pacífico una cobertura de bosques clasificados como comerciales y no intervenidos de unas 2548.675 hectáreas, lo que equivalía al 35,1% del área total (Igac-Inderena-Conif, 1984:39). Aunque ocupaba el cuarto lugar en extensión boscosa en el país, después de la Amazonia, la región Andina y la Orinoquia, era la zona más importante en cuanto al abastecimiento de madera para el interior del país (Igac-Inderena-Conif, 1984:39). Igualmente, se calculaba para aquella época, que cerca de un 20,8% (esto es, 1513.525 hectáreas) del andén del Pacífico se encontraba deforestada o intervenida por procesos agrícolas, de siembra de pastos para la ganadería o por explotación forestal y fenómenos de colonización (Igac-Inderena-Conif, 1984:39). En cuanto a su población, la región del Pacífico colombiano se ha caracterizado porque ha sido predominantemente habitada, desde hace cientos de años, por comunidades negras e indígenas. En términos demográficos, las poblaciones negras representan más del 90% de la población del Pacífico (alrededor de 1300.000 personas), mientras que los diversos grupos indígenas, mestizos y blancos componen el 10% restante (Leal, 1998:1). Cerca del 40% habita en los seis mayores centros urbanos, mientras que el resto habita en pequeños poblados o a lo largo de los ríos y líneas costeras (Leal, 1998:1). Antes de abordar las causas y actores directos y subyacentes de la deforestación y degradación de los bosques que, a su vez, ponen en peligro la biodiversidad de la región, nos detendremos a describir con más detalle los tipos de bosques y las relaciones que las comunidades negras han establecido con su entorno. Esto permitirá comprender las dimensiones ambientales y humanas del impacto de los procesos dedeterioro y pérdida de los bosques, así como algunos de los criterios en los que nos hemos basado para proponer una serie de alternativas ante esta preocupante situación. 1. 1. Bosques En la región del Pacífico colombiano hay diferentes asociaciones boscosas en correspondencia con la variación de los suelos, la altitud, influencia de aguas salinas, la humedad relativa, el nivel de precipitación y el grado de intervención, entre otros factores. En este sentido, diversas ha sido las categorías establecidas para clasificar y determinar las asociaciones boscosas existentes en el Pacífico: algunas de ellas parten de criterios y categorías muy generales, mientras que otras han trabajado con tal nivel de detalle que han posibilitado la desagregación de múltiples tipos de bosques donde otras no han visto más que uno. Así, por ejemplo, si se parte del sistema de formaciones vegetales o zonas de vida natural del mundo de Holdidge, que combina el grado de pluviosidad y la temperatura, en el Pacífico colombiano se pueden encontrar: bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque pluvial tropical, bosque pluvial premontano, bosque pluvial montano bajo y bosque muy húmedo montano bajo (Reid Collins, 1976:17). De otro lado, de acuerdo con el tipo de asociaciones, se han caracterizado los bosques del Pacífico en dos grandes clases: bosques homogéneos y heterogéneos. En los primeros, dadas las condiciones fisiográficas, de precipitación y de salinidad, entre otras, predomina una o unas pocas especies sobre la asociación boscosa; de ahí que generalmente reciba su nombre de la especie dominante como en el caso de catival, manglar o naidizal ya que en estos bosques se encuentran en abundancia el cativo (Prioria copaifera), el mangle(Rhizophora spp) o el naidí (Euterpe oleoracea), respectivamente. En el bosque de manglar predominan las diferentes especies de mangle dada su resistencia a la influencia directa del agua salada. Se encuentran en las líneas costeras sobre todo en el Pacífico sur porque la costa del norte es bastante acantilada donde la confluencia de los ríos con el mar, al igual que por las altas mareas de hasta 4,5 m., forman una zona estuarina que favorece el poblamiento de manglares. Existen varias especies de mangle, pero el más común es el mangle rojo con sus características raíces aéreas que le dan un toque bastante original. Los mangles son unas de las pocas especies de árboles que soportan el contacto permanente con el agua salada del océano. Dado el ritmo de las mareas, que el Pacífico implica un cambio de nivel en las aguas de varios metros, los manglares permanecen inundados durante la marea alta. El suelo donde crecen los mangles, generalmente fangoso, es el resultado de la deposición de pequeños sólidos por los ríos, o sea, los mangles permiten la constitución del suelo en que crecen (Von Prahl et al, 1990:33). Como natales son conocidas aquellas asociaciones donde predomina la especie denominada nato (Mora megistorperma). El nato es un inmenso árbol que posee grandes raíces tablares. Aunque se ha clasificado al nato como una especie de mangle, éste requiere de suelos más consistentes y consolidados que el mangle rojo. Por eso, el natal se encuentra generalmente detrás del manglar, como una franja sucesional cuando los suelos adquieren las condiciones requeridas por el nato. Aunque tolera la influencia del agua salada, su adaptación a ella no iguala al mangle rojo. El naidizal, por su parte, se encuentra localizado detrás de los natales, más alejado de la influencia directa de las mareas, puesto que aunque soporta eventuales influencias de aguas salobres, se desarrolla mejor en suelos inundables con aguas dulces. El naidí es la especie dominante en este tipo de bosques. A diferencia del mangle o del nato, el naidí no es un árbol sino una palma que se caracteriza por crecer varios estipes por mata. Los naidizales más extensos se encuentran en el Pacífico sur, más específicamente en el departamento de Nariño. Como guandal o mangual son conocidos los humedales forestales donde predominan el sajo y el cuángare, especies que han sido explotadas con particular intensidad. No existe una especie que le dé el nombre a los guandales. Su nombre proviene quizás de las condiciones de sus suelos que, además de turbosos y poco consistentes, son particularmente inundables debido a su bajo nivel freático (Del Valle, 1993). Los suelos del guandal son, en términos generales, no aptos para cultivos o para la ganadería. A diferencia del mangle, del nato y naidí, las especies que habitan en el bosque de guandal no resisten la presencia de aguas salobres, ello significa incluso su muerte. Los guandales o manguales se encuentran ubicados en las tierras bajas del Pacífico sur y centro, alejados de la influencia marina. El catival es otra importante asociación boscosa homogénea, siendo el cativo es la especie predominante en este tipo de humedales. El tipo de suelos en los cuales se desarrollan los cativales son aluviales más consistentes que los guandales y, al igual que éstos, con periodos de inundación de aguas dulces y alejados de la directa influencia marina (Igac-Inderena-Conif, 1984:44-45). Sin embargo, los suelos sobre los que crece el catival son fértiles y pueden ser usados para el cultivo o la actividad ganadera. Los cativales se encuentran ubicados en el área del Atrato, sobre todo en su parte media y baja, y algunos de sus afluentes como el río Truandó y el León (Codechocó, 1996: 5). Los bosques heterogéneos, por su parte, se caracterizan por asociaciones boscosas donde la diversidad en su composición no permite definirlos por la dominancia de una o unas pocas especies. En este caso, se habla de bosques de colinas bajas o altas ya que de acuerdo con la altitud, al igual que con el cambio en la humedad y precipitación, se evidencian diferencias significativas en la composición de las asociaciones boscosas. Para el Pacífico medio, entre las especies que componen el bosque de colinas bajas están el sande, guasco, carbonero y guamos (Igac-Inderena-Conif, 1984:48). En el Chocó se han indentificado al guino, roble, cedro, abarco y carrá como especies propias de los bosques de colinas bajas (Codechocó, 1996:6). Los bosques de colinas altas, sin que exista la predominancia de determinadas especies, se encuentran con facilidad el ceiba tolua, caiba bongo, cauchillo, barbasquillo, caimito, guasco y sande (Gobernación-Minagricultura, 1984:47). Aunque en este tipo de bosques de colinas bajas o altas es posible hallar algunos individuos de el sajo, cuángare, cativo, o naidí ya no son las especies dominantes y sus fenotipos difieren de aquellos desarrollados en sus condiciones optimas. 1. 2. Comunidades negras Las actuales comunidades negras del Pacífico son descendientes de los esclavizados africanos que fueron introducidos por los europeos desde el siglo XVII en la región con la intensión de extraer el mineral dorado. Desde entonces, las comunidades negras del Pacífico colombiano han desarrollado un complejo sistema de prácticas y representaciones del entorno que les ha posibilitado su apropiación. Ríos, esteros y bosques son algunos de los espacios más relevantes desde los cuales dichas comunidades han establecido un manejo y representación de su entorno. La apropiación de estos diferentes espacios implica, indudablemente, un sistema de saberes culturalmente elaborados y se inscriben en un denso universo de representaciones colectivas: prácticas e imaginarios profundamente imbricados en un sistema simbólico históricamente constituido por estas comunidades. Diversa ha sido la relación de apropiación de la selvas del Pacífico por parte de las comunidades negras. Esta relación, tejida desde los albores mismos de la configuración de los actuales sistemas culturales, incluye prácticas como la cacería, la recolección y la siembra. Desde la introducción de los primeros esclavizados de origen o ascendencia africana, las selvas tropicales del Pacífico han sido recorridas en su majestuosa vastedad en busca de la diversidad de su fauna como una alternativa en la obtención de proteínas y pieles: sahinos, tatabros, conejos, pavas, paletones, en fin, un sinnúmero de animales, han sido objeto de las distintas prácticas de cacería. Las comunidades negras también han desarrollado prácticas de recolección de los diversos productos animales y vegetales existentes en el bosque con propósitos mágico-medicinales, rituales y alimentarios, así como para obtener diversos insumos destinados a la fabricación de múltiples utencilios domésticos, de herramientas de trabajo y de sus viviendas. De la misma manera, las poblaciones negras han practicado técnicas de siembra en el bosque húmedo tropical como la de tumba y pudre, que consiste en cortar una pequeña porción de la cobertura vegetal y dejarla descomponer como abono para establecer cultivos multiestrata de maíz, frijol o plátanos combinados con frutales y árboles maderables. Una vez se cosecha se dejan los terrenos en descanso, permitiendo que la regeneración del bosque. Además de estas prácticas destinadas al consumo familiar, las comunidades negras se han adentrado en los bosques en busca del mineral dorado o con el propósito de extraer madera para vender estos productos en los mercados locales y, así, adquirir una serie de mercancías que requieren para la satisfacción de sus necesidades. Las cuadrillas de mineros utilizan técnicas aprendidas desde la colonia, mientras que los corteros han inventado diversos procedimientos locales de extracción de maderera. Para estas comunidades, las diferentes prácticas económicas cacería, recolección, siembra, pesca, minería y extracción forestal no se presentan aisladas sino que configuran sistemas poliactivos, es decir, siempre se conjugan de las más variadas maneras posibilitando una apropiación diversa del entorno (Leesberg y Valencia, 1987:160). Esta poliactividad o polivalencia implica que ninguna práctica económica se instaura en términos absolutos, es decir, siempre se complementa en mayor o menor medida con otras (Sánchez y Leal, 1995:75). Ello no significa, sin embargo, que no se presenten jerarquías en el sentido de dedicación preferencial en términos absolutos o relativos de una o unas prácticas sobre las demás. En estos sistemas poliactivos las actividades de pesca, por ejemplo, se combinan con las de siembra, recolección, extracción forestal y cacería en aquellos lugares cercanos a las bocanas, esteros y playas. En la zona de los ríos la agricultura del maíz o del arroz puede conjugarse con los colinos de plátano, la minería, la extracción de maderas, la recolección en los montes y con la cacería. Esta tendencia a la combinación de varias prácticas económicas les ha permitido a las comunidades negras del Pacífico colombiano la apropiación múltiple de diferentes espacios: el mar, la playa, el río, el estero, los diques, terrazas, ciénagas y selvas son, entre otros, objetos de las más variadas prácticas. De acuerdo con Valencia y Villa (1992:239), en estas comunidades se pueden identificar diferentes "modelos de producción" de acuerdo con la predominancia de una o unas actividades económicas sobre las otras, ordenando diversas estrategias productivas en relación con variadas condiciones ambientales y de mercado. En términos análiticos, entonces, los modelos de producción de estas comunidades son: el minero, el agrícola, el pesquero y el silvicultural. Estos modelos de producción desarrollados por las comunidades negras se artículan a unos sistemas de representaciones sobre el entorno que difieren de la construcción occidental de la naturaleza. En efecto, la alteridad en la construcción y manejo del entorno por parte de las comunidades negras del Pacífico se puede apreciar, entre otros aspectos, en la ausencia de una categoría análoga a la de "naturaleza", crucial en las diferentes expresiones discursivas y dispositivos del capital en dicha región. Antes que una noción englobadora que se opone y subordina a lo humano; la lógica de representación del entorno en dichos grupos supone un sistema de categorías y niveles donde múltiples seres, topologías y cualidades se mezclan y transforman. Categorías locales como las de monte o renacientes, al igual que prácticas culturales como la ombligada o la brujeria, permiten ilustrar cómo en el caso de las comunidades negras del Pacífico el entorno es una construcción social diferente de la occidental o, si se prefiere, se evidencia un particular regímen de producción de la naturaleza que se puede denominar orgánico (Escobar, 1997). 2. Causas y actores directos En la región del Pacífico colombiano múltiples han sido las causas y actores directos de los procesos de deforestación y degradación de los bosques naturales. Por causas directas de la deforestación entendemos: "[...] aquellas razones visibles por las cuales un área de bosque es despejada, los árboles son tumbados o entrasacados" (Ortiz, 1998:1). La explotación forestal, la minería, la agroindustria y la agricultura y ganaderia de subsistencia por parte de colonos, constituyen las causas directas más relevantes de la deforestación y degradación de los bosques del Pacífico. Dentro de los actores directos o manifiestos encontramos a los diferentes tipos empresarios, los funcionarios de las instituciones estatales, los colonos y los pobladores locales. La conjugación de estas causas y actores ha permitido que la deforestación y degradación de más de cinco millones de hectáreas de bosques en las últimas cuatro décadas (Reid Collins, 1976:13-14; Sánchez, 1996:190-191; Igac-Inderena-Conif, 1984:39). No obstante, es necesario tener en cuenta que estas causas y actores no han sido homogéneos en cuanto al grado de intrervención e impacto de los diferentes áreas y tipos de bosques del Pacífico. Mientras que en algunas áreas la deforestación y degradación forestal es resultado de la extracción de madera con fines comerciales, en otras ha sido consecuencia de la suplantación de bosques primarios o secundarios para la implementación de monocultivos o de la intensa explotación minera mediante retroescavadoras que elimina toda la superficie vegetal. Sin embargo, sí es claro que la causa directa predominante de la degradación forestal y de la pérdida de la biodiversidad en la región en su conjunto ha dependido de la extracción forestal. 2. 1. Causas directas 2. 1. 1. Extracción forestal Dentro de las causas directas de la deforestación y degradación forestal tenemos las actividades industriales extractivas de recursos forestales. Estas actividades han implicado un amplio deterioro de la cobertura vegetal y de la biodiversidad de los diferentes tipos de bosque dado que la intensidad y técnicas de explotación han superado la oferta ambiental y la capacidad de regeneración de los ecosistemas. Entre las actividades industriales de extracción forestal que han afectado los bosques naturales del Pacífico caben destacar la explotación comercial de madera, de corteza de mangle y el cogollo del naidí. La industria maderera La industria maderera es la principal causa directa de la deforestación y degradación forestal de diversidad de tipos de bosques en el Pacífico. La región ha sido la principal fuente de abastecimiento de madera aserrada, estimándose para principios de los noventa que cerca del 60% de este tipo de madera consumida en el país provenía de los bosques naturales del Pacífico (Uribe, 1993:720). Aunque no se cuentan con datos recientes, todo parece indicar que en la actualidad este porcentaje se mantiene. De la misma manera, para principios de los noventa, se consideraba que un 70% de la materia prima destinada a la industria de pulpa de papel provenía de esta región (Díaz, 1993:25). Hasta mediados de la década del setenta, cuando se prohibió la exportación de madera en bruto y simplemente aserrada, la región era la fuente de gran parte de estos tipos de madera destinada a los mercados internacionales. Esta industria, al igual que las otras actividades de extracción forestal, ha operado bajo la modalidad de concesiones o permisos otorgados por el Estado para la extracción maderera. De acuerdo con Delgado y Vallejo (1977:11) Pacífico se otorgaron, desde principios de siglo hasta finales de los años sesenta, 1697.295 hectáreas entre 140 permisos y concesiones. Los bosques más afectados por esta industria han sido los cativales y los guandales. Los cativales, ubicados en la parte media y baja del Atrato, han sido objeto de extracción por las grandes empresas madereras dedicadas a la producción de chapas y triplex. Se ha estimado que originalmente habían cerca de 363.000 has de cativales en en bajo Atrato. Pero hacia finales de los ochenta sólo existían apenas unas 90.000 has, debido a una destrucción anual de aproximadamente unas 8.200 has (Andrade, 1993a:832). En la actualidad, la cifra es aún mucho más reducida hasta el punto que algunos autores temen por su desaparición. Maderas del Atrato, Pizano S. A., Aserrío Covadonga, Tríplex Pizano, Maderas Riosucio y Maduraba, son las grandes empresas madereras que han operado en el bajo Atrato. Dichas empresas pertenecen a dos grandes emporios económicos con capitales nacionales y extranjeros: el grupo del Dago y Pizano S. A. Estas empresas madereras han explotado desde los cincuentas los cativales mediante tecnologías mecanizadas e, indirectamente, a través del los corteros locales que recurren a procedimientos más artesanales para la extracción. Las empresas han trabajado a partir de frentes de explotación, con tractores y whinches para el desembosque al igual que a remolcadoras para transportar las trozas halándolas por canales artificiales que desmbocan a los ríos naturales hasta sus plantas de procesamiento que en su gran mayoría se ubican fuera del Pacífico, en la ciudad de Barranquilla. Los guandales, por su parte, localizados predominantemente en el centro y sur del Pacífico colombiano también han sido objeto de extracción intensiva con fines comerciales. De las 240.000 has existentes inicialmente, se cálcula que sólo se han mantenido ajenas a la intervención unas 18.000 has (Andrade, 1993b:6). Especies como el cuángare y el sajo, encontradas en este tipo de bosque, han sido utilizadas por las empresas de chapas y triplex localizadas en las ciudades de Tumaco, Buenaventura y Cali. La empresa más grande que operó en todo el Pacífico sur fue Industria Forestal Colombiana Ltda. (Infoco), creada en 1954 por un grupo de empresarios colombianos con la inversión de capitales extranjeros, y ubicada en Tumaco para explotar y exportar maderas a los Estados Unidos y Canadá, vendió en 1963 sus activos a la sociedad Portco Colombiana (subsidiaria de Portco Corporation de Norteamérica) la cual emprendió operaciones bajo el nombre inicial de Maderas de Nariño Ltda. que fue cambiado por el de Maderas y Chapas de Nariño Ltda. Hacia 1967, la empresa es declarada en quiebra y pasó a ser propiedad del monopolio norteamericano Potlatch Forests Inc. (Lara, 1981:2). En ese entonces le fue adjudicada una concesión de 143 mil hectáreas en los ríos Mira y El Jagua. Dos años después, para 1969, la empresa logra acaparar la inmensa mayoría de las acciones de Aserríos Iberia Ltda, que poseía una concesión de 72.000 hectáreas en las riberas del bajo Patía (Escobar, 1980:20). En 1971, después de haber recibido ingresos netos cercanos a los $1.200000.000, la Potlatch Forests Inc. fue vendida a dos accionistas mayoritarios: uno colombiano, Oliverio Phillips Michelsen, y el otro un norteamericano, Jack Simplot. Estos nuevos propietarios adquirieron equipos para el montaje de una planta de molduras y otra de tríplex. (Lara, 1981:2). La empresa continuó y obtuvo significativas ganancias: "En un sólo año, 1973, produjeron una cifra aproximada a los 17.000 metros cúbicos de tríplex y exportaron decenas de miles de toneladas de madera." (Escobar, 1980:20). Sin embargo, sólo tres años más tarde, en 1976, la empresa dejó de cancelar los salarios. Los malos manejos administrativos y la depredación de las existencias forestales en el área cercana a sus plantas de tríplex y molduras, fueron los factores que llevaron a la quiebra a la empresa (Escobar, 1980: 21). Los trabajadores recibieron como parte de su pago las instalaciones y continuaron operando con una mínima producción orientada hacia el mercado nacional. A mediados de los ochenta, la empresa fue vendida a Homero Eraso, un inversionista del interior de Nariño, cambiando el nombre por Derivados Forestales. En la actualidad la planta no alcanza el cinco por ciento del nivel de producción de la década de los setenta, cuando era propiedad de los norteamericanos. Hasta mediados de la década de los setenta Tumaco era, en el Pacífico sur, el eje de la producción maderera. Con una producción cercana al 65% de la totalidad de madera elaborada en la costa Pacífica nariñense, en Tumaco se concentraban gran parte de los aserríos, las plantas de molduras y la única de chapas (Garrido, 1970:38). En la actualidad, Tumaco ocupa un lugar marginal no alcanzando el 20% de la producción maderera de la costa Pacífica nariñense debido al agotamiento de las existencias madereras y al orientamiento de dicha actividad hacia la ciudad de Buenaventura a través de Bocas de Satinga en el extemo norte de esta costa (Corponariño, 1997). Para el caso de los guandales del centro y la parte más norte del sur del Pacífico exitió otra planta de chapas que sumunistraba la materia prima para la fabricación de triplex en el interior del país. La Compañía Colombiana de Maderas Compensadas S. A. (Codemaco), fundada en 1950, fue una de las empresas que se dedicó hasta hace una década a la explotación de los bosques de guandal. Codemaco, empresa cuyo producto básico era la madera contrachapada o tríplex, poseía en el sur del Pacífico medianos permisos de explotación forestal en el área de Satinga y El Charco, el aserrío Fátima en Bocas de Satinga, una flota marítima para el transporte de las trozas y bloques de madera hasta Buenaventura, una planta en esta ciudad denominada Chapas del Pacífico S. A. para la producción de chapas y una planta cerca a Cali donde se elaboraban los contrachapados, el tríplex (Arias,1975:37). La producción de Codemaco se orientó hacia el mercado nacional. De los guandales también se han extraído trozas de madera para alimentar las decenas de aserríos localizados en las desembocaduras o cursos medios de la gran mayoría de ríos del Pacífico sur. En estos aserríos se cortan las trozas de madera blanda en tablas de diferentes dimensiones para enviarlas a los mercados del interior del país a través de los puertos de Buenaventura y Tumaco. La mayoría de los aserríos no alcanzan grandes proporciones y son administrados o de propiedad de personas de la misma región. La tecnología de los aserraderos es obsoleta y simple generando un gran desperdicio. Por lo general, estos administradores y propietarios obtienen su capital de funcionamiento mediante relaciones de endeude con un puñado de grandes intermediarios que controlan de esta forma el mercado. Para 1980 en el Pacífico nariñense se registraban un total de 87 aserríos (Lara, 1981). Cabe anotar que de los aserríos referenciados para mediados de los sesenta (Rojas y Díaz, 1966) se mantenían en funcionamiento unos pocos. En un poco más de una década el número de aserríos en el Pacífico nariñense se incrementó en más de un 100%. Si, además de la comparación del número total, se tiene en cuenta que muchos de los aserríos referenciados para 1966 habían desaparecido hacia 1980, se puede observar cómo en los años setenta, para el Pacífico sur, se dinámiza la industria maderera en cuanto a los aserríos se refiere. Igualmente, la comparación permite advertir que la importancia del área de Tumaco (que incluye Salahonda y el río Mira) en cuanto a número de aserríos para 1966, se encuentra relevada por el área de Satinga (que incluye Iscuandé, El Charco y Mosquera) para 1980. El número de aserríos para 1986 era de 73 mientras que en la actualidad son 81 aserríos, una planta de molduras, una de machimbre y una de chapas. Sólo 31 de los aserríos referenciados en 1986 se mantienen en funcionamiento, aunque de ellos quince aserríos figuran con un propietario distinto. Esto permite apreciar la continua movilidad no sólo en la instalación y desmonte de aserríos, sino también, del cambio de los propietarios. Los bosques heterogéneos de colinas bajas también han sido objeto de la industria maderera. En el área del bajo Calima, cerca a Buenaventura, se dio la mayor concesión de este tipo de bosques para la industria papelera, por un área de explotación forestal de 53.804 hectáreas, incorporadas en un área total de 61.500 hectáreas (Cartón de Colombia, 1993:3). Cartón de Colombia, una subsidiaria de la multinacional maderera Smurfit, explotó desde la década de los cincuentas hasta 1993 esta concesión para la producción de pulpa de papel en su planta ubicada en el interior del país, en Yumbo, cerca a la ciudad de Cali (Broderick, 1996). La tecnología utilizada para la explotación se denomina tabla raza, esto es, el corte de todos los pequeños y medianos árboles de diversas especies utilizables en la producción de papel. El desembosque se realizaba mediante cables aéreos hasta las carreteras donde grandes camiones transportaban la madera hasta la planta de procesamiento. La extracción de tanino Una de las actividades industriales que más afectó los bosques de manglar del Pacífico colombiano fue la extracción de la corteza de mangle. Esta corteza se comercializaba por su alta concentración de tanino que era usado en la industria del curtido de cueros. Aunque se pueden registrar exportaciónes de tanino de mangle ya fuera en corteza o reducido a polvo hacia mercados como los del Perú; el grueso de este producto se encontraba dirigido al mercado nacional. La corteza de mangle fue explotada comercialmente durante todo el siglo XX hasta la década de los setenta cuando el Estado prohibió esta actividad ya que los bosques de manglar habian sufrido una amplia destrucción y la industria del curtidos encontró en otros taninos naturales y artificiales un sustituto. Las empresas explotadoras de la corteza de mangle estuvieron localizadas en Buenaventura y Tumaco. En Buenaventura se ubicaron las dos principales empresas: Industria de Mangle S.A., de Bogotá, y Liscano Hermanos e Hijos Ltda., de Cali. La Industria comenzó a comprar concha de mangle desde 1948, mientras que Liscano desde 1957. La primera producía tanino en polvo que vendía en el mercado nacional bajo en nombre de Petrotam. Liscano, por su parte, proveía de cáscara de mangle a una procesadora de cueros de propiedad de la misma sociedad que funcionaba en la ciudad de Cali desde 1927. La Industria contaba con siete siete barcos, con capacidad entre 55 y 150 toneladas, mientras que Liscano Hermanos tuvo sólo tres barcos, con capacidades menores. Ambas empresas funcionaban con conceciones otorgadas por Ministerio de Agricultura y, posteriormente, por el Inderena. En el caso de Liscano Hermanos se conoce que tuvo concesiones en Chocó por 7.523 has y en Cauca por 15.000 has. De acuerdo con Leal (1997a): "calcular la producción de estas empresas para de allí tener una idea de cuántos árboles se talaron es tarea casi imposible. Se tiene alguna información, como que hacia finales de la década del sesenta la producción de La Industria se estabilizó en cerca de tres mil toneladas mensuales." Industrial Palmífera Ltda. fue la empresa que, desde la década del cuarenta hasta finales del sesenta, procesó y vendió corteza de mangle en Tumaco. Sus dueños, de apellido Martínez, fueron unos españoles radicados en esta ciudad. La empresa tenía puestos de compra en algunas poblaciones hacia el sur de Tumaco y también recibía corteza en el muelle de su propiedad en Tumaco. La cáscara se secaba sobre estivas y se exportaba en sacos a Estados Unidos, a través de Buenaventura. En 1957, con la compra de un horno de secado y un molino, la empresa comenzó a producir el tanino en polvo, que vendía en el mercado nacional, pero sin abandonar la exportación de la cáscara (Leal, 1997a). Desde estas ciudades del Pacífico operaban las empresas con un cubrimiento sobre los manglares existentes en todo el litoral. Para extraer la corteza se tumbaba el árbol, el cual se dejaba podrir en los manglares ya que no se utilizaba la madera. Para obtener la corteza las empresas conformaron cuadrillas de corteceros que eran trasportados en sus barcos hasta los manglares, dejándolos allí durante unas semanas mientras ellos sacaban la corteza. Estos corteceros, provenientes en su mayoría de los mismos ríos del Pacífico colombiano, construían unos ranchos temporales mientras duraba la extracción. La empresa periodicamente les suministraba los alimentos y herramientas necesarias, así como recogía la corteza producida. Estos corteceros se les pagaba a destajo y no tenían ningún vínculo laboral con la empresa. Además de esta modalidad, las empresas establacieron puntos de compra en muchas lugares para que los pobladores del litoral les suministraran la corteza. Estos puntos de compra eran administrados por un "contratista" que recibía una comisión por producto y que, en muchas ocasiones, contaba con un pequeño almacen de viveres que adelantaba o con los que pagaba la corteza que le traían los pobladores. De esta manera, las relaciones de endeude eran centrales. El naidí El naidí es una palma que conforma asociaciones boscosas naturales relativamente homogeneas conocidas como naidizales. No se sabe cuantas hectáreas comprendían los naidizales ni el grado exacto de su deforestación. Es casi imposible estimar las existencias de naidí con las técnicas que han sido utilizadas para ello. Las imagenes de radar o fotografias aéreas no permiten desagregar fácilmente estos tipos de bosques de otros como el guandal (Del Valle, 1993). En un informe del Inderena, sin embargo, se estimaba que para finales de la décad del setenta el área de naidizal de la región era de 440.000 has (citado por Leal, 1997b). De la palma se utiliza comercialmente el palmo o cogollo, es decir, la parte superior de la estipe donde se forman las hojas. Este palmo es la materia prima para producir enlatados que, en su gran mayoría, han estado destinados a los mercados europeos. Francia ha sido el destino predominate de los palmitos de naidí exportados desde el Pacífico colombiano. En su investigación sobre le tema, Leal (1997b:27) concluye que el 87% del volumen exportado ha tenido como destino el mercado francés. España y los Estados Unidos son dos otros destinos importantes, con un 3 y 5% respectivamente. Desde finales de década de los setenta se establecieron en el Pacífico colombiano algunas empresas elatadoras y exportadoras del palmito de naidí, pero es sólo hasta los años ochenta cuando se consolidan y estabiliza la extracción de naidí (Leal, 1997b). Estas empresas enlatadoras son de capital nacional proveniente del interior del país, específicamente del Valle del Cauca o de Bogotá. Las plantas procesadoras se localizaron en Guapí, Salahonda y Tumaco, entre otros sitios. Afropesca, Lisca, Pacífica Int., Conservas y Alenpac, son los nombres de estas empresas. Las empresas establecieron puntos de compra del palmo en el área que asignada en permiso por el Estado. Allí han comprado los palmos por unidades de acuerdo a la calidad de los mismos (tamaño). En muy pocas ocasiones la extracción de palmo se basó en la contratación de corteros, ya que generalmente las empresas se limitaron a generar un mercado del palmo y a utilizar unos contratistas que servían de intermediarios en la configuración de relaciones de endeude con los habitantes de las áreas otorgadas en permiso. De esta manera, han logrado abastecerse. Cada día o día por medio, las canoas de las empresas pasaban recogiendo los palmos para ser procesados. En los últimos cinco años la gran mayoría de estas empresas se han declarado en quiebra y han dejado de funcionar. Solo Alenpac continúa hasta la fecha con la producción y exportación con base en los palmitos de naidí. Según Leal (1997b:27), entre las causas se encuentran la baja del precio del producto en el mercado de exportación, la revaluación de doce puntos y a que el Cert (Certificado de excención tributaria) disminuyó del 10 al 5% para el año de 1992. A esto se le puede sumar la dificultades para la obtención de la materia prima debido a las reducciones de existencias de naidí y al vencimiento de los permisos de explotación que no se han podido prolongar o solicitar unos nuevos dado el nuevo contexto jurídico. 2. 1. 2. La minería La extracción de recursos naturales no renovables en el Pacífico colombiano ha estado centrada en la minería del oro y del platino. La regón del Pacífico es el primer productor de platino, con el 97%, y el segundo en oro del país, con el 17% (Plan Pacífico, 1992). Las modalidades mecanizadas han generado un impacto directo sobre la cobertura boscosa y han afectado de múltiples maneras los ecosistemas del Pacífico. Así, por ejemplo, "solamente en los municipios de Tado, Istmina y Condoto existen más de 1.700 explotaciones artesanales de oro, 43 minas semi-industriales y 3 minas industriales. Estas explotaciones mineras devastan cerca de 1.000 hectáreas al año y llevaron contenidos de mercurio en los peces a concentraciones más de cien veces superiores a los niveles tolerables de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud" (Uribe, 1993:720) Aunque desde la época colonial se ha extraído oro y platino, sólo hasta finales del siglo pasado aparecieron las grandes empresas mineras extranjeras operando con inmensas dragas que extraían el oro del lecho de los ríos. Estas empresas construyeron campamentos para sus empleados traidos del exterior como el de Andagoya en el Chocó, el de Timbiquí en el Cauca y el Mongón en Nariño. Los capitales de estas empresas provenían en su gran mayoría de los Estados Unidos y, en un caso en particular, en Francia. Las grandes dragas han sido relevadas del escenario minero del Pacífico colombiano por las imponentes retroescavadoras. De la misma manera, los grandes capitales extranjeros de las dragas han dado paso a los medianos capitales de los mineros del interior del país. Dado que las dragas explotan minas abiertas requieren de la eliminar toda la cobertura vegetal y los suelos quedan reducidos a montañas de cascote donde no crecen por muchos años ningún tipo de plantas. La esterilidad de los innumerables monticulos de piedras, resultado de la acción de las retroescavadoras, son la expresión máxima del su capacidad de destrucción ambiental y de supresión casi absoluta de la biodiversidad. En 1994 se consideraba que el número de retroescavadoras en el Pacífico no era inferior de 125 (Biopacífico, 1994). 2. 1. 3. La agroindustria El Pacífico colombiano ha sido objeto de la agroindustria en algunas áreas específicas donde las condiciones ambientales y económicas han posibilitado la consolidación de las modalidades agrarias del capital. El ejemplo más contundente de este tipo de industria y su impacto en la deforestación y degradación forestal se encuentra en el área de Tumaco, hacia el sur del Pacífico, con el cultivo industrial de la palma africana y del camarón. La agroindustria de la palma africana ha significado la desaparición de los bosques secundarios y de los remanentes de bosques primarios que se encontraban en el área del río Mira, cerca a Tumaco. De la misma manera, el cultivo industrial del camarón se ha traducido en la destrucción en el área estuarina, de los bosques de manglar, con el objetivo de hacer los estanques para la siembra y cría del crustaceo. Los capitales invertidos en el cultivo de la palma y del camarón provienen de grupos inversionistas del interior del país, específicamente del Valle del Cauca y Bogotá (Angulo, 1996). En téminos de mercados, sin embargo, existe una diferencia en cuanto a los destinos predominates de uno y otro producto: mientras que los camarones son exportados casi en su totalidad, el aceite de las palmas es destinado a las plantas de refinamiento del interior del país. Aunque la industria de la palmicultura tiene sus orígenes comerciales en la década de los años sesenta, es sólo en la década de los ochenta que adquiere un lugar central como actividad económica en Tumaco. En efecto, hasta 1970 el área sembrada con palma africana únicamente cubría 960 has; mientras que en 1989 esta área, según los conservadores cálculos oficiales, era de 14.000 has y para 1996 era de unas 30.000 has aproximadamente (Angulo, 1996:11,12,14). El grueso del capital invertido en el cultivo de la palma africana es foráneo tanto de los grandes como en los pequeños productores (Angulo, 1996:14); sin embargo, a diferencia de la industria maderera de exportación de los años 40-70, este capital no proviene del exterior sino de otras regiones del país como el Valle del Cauca y Cundinamarca. Pero esta no es una pequeña industria. Algunas de las empresas con las plantaciones más grandes son: Palmas de Tumaco (5.700 has), Palmar Santa Helena (1.280 has), Palmas del Mira y Oleaginosas Araki (1.450 has), Astorga (3.400 has), Palmeiras s.a (2.400 has), Hacienda Salamanca (3.650 has) (Angulo, 1996:14-15). Según Escobar (1996:113), para principios de los noventa Colombia es el quinto productor de palma en el mundo con una producción de 285.000 toneladas y un área sembrada total de 120.000 has. El valor de la producción asendió para 1992 a $ 87.000 millones, lo cual representa el 6.8% de los cultivos permanentes y el 2.9% del sector agropecuario de todo el país. De ahí la importancia y crecimiento de la industria palmicultura en la zona del Pacífico sur. El cultivo comercial del camarón empezó en Tumaco hacia el año de 1984, época en la que se instalaron la mayor parte de las empresas existentes en la actualidad, esto es, unas veinticinco aproximadamente (Angulo, 1996:18). La carretera Tumaco-Pasto, hasta el kilómetro 23, que hay influencia de agua salada y los esteros aledaños Agua Clara, El Tigre, Inguapí, Guandaranjo, Negrete, Purún, Chapilar y Las Varas, entre otros fueron los sitios donde se localizaron dichas empresas. Para 1988 el área de las empresas dedicadas al cultivo del camarón era de aproximadamente 5.683 has (Angulo, 1996:19). Algunos de estas empresas son: Finca Trinidad (120 has), Aquamar S. A. (533 has), Guinuleros S.a. (1.600 has), Produmar S.a. 1.300 has), Balboa S.A. (1.800 has) (Angulo, 1996:19-20). De la misma manera que en la industria de la palma africana, el capital para la camaricultura proviene del Valle del Cauca y Cundinamarca. Solo tres pequeñas empresas de carácter comunitario o artesanales pertenecen a gente de la región (Angulo, 1996:19). 2. 1. 4. Agricultura y ganadería de subsistencia A diferencia de otras áreas boscosas de Colombia, la agricultura o ganadería de subsistencia asociadas a la colonización no han sido las razones principales de la deforestación y de la degradación forestal en la bioregión del Pacífico colombiano. Ello se debe a dos factores principales. Por un lado, las comunidades negras e indígenas del Pacífico no pueden ser consideradas correctamente como colonos ya que no sólo estos son sus territorios tradicionales, sino que también su relación con los bosques no ha sido la de su arrasamiento para abrir pequeñas o grandes extensiones de potreros para el ganado o para el monocultivo. Esta caracteristica, que los diferencia de otras poblaciones del país como los paisas o chilapos, han sido señaladas por Del Valle (1993) como una específicidad cultural que permite pensar a las comunidades negras e indígenas del Pacífico colombiano como "silvicultores". De otro lado, los procesos de agricultura o ganaderia de subsistencia asociada a la colonización de gentes provenientes de fuera del Pacífico quienes, por lo general, destruyen a su paso el bosque como condición cultural de configuración de asentamientos se han circunscrito a ciertas áreas sin adquirir mayores dimensiones regionalmente. En muchos casos, la agricultura y ganaderia de subsistencia de estos colonos se presenta paralelamente o después de la intervención de las empresas madereras o de los auges extractivos de las retroescavadoras. Uno de los casos más drámaticos en términos de la pérdida de la cobertura vegetal ha sido recientemente relatado por dos investigadores: "En la década de los años cincuenta, el Urabá [en el extremo más norte del Pacífico colombiano] estaba cubierto de una selva densa y poblado por indígenas cunas, y por quienes se quedaron después de trabaja en la Compañía Agrícola de Acandí o de buscar y vender tagua o raicilla. En 1959, familias provenientes de Códoba y Sucre fundaron a Santa María La Nueva. Poco después se fundó Gilgal y también Balboa con población oriunda de Antioquia, el Viejo Caldas y el Valle. Los cultivos de los fundos campesinos fueron dando paso a los pastos para la ganadería, alentados por los créditos y la asistencia técnica del Incora. Los potreros abiertos fueron formando grandes latifundios en un proceso que se consolidó en los años ochenta. Hoy, esta parte de Urabá es una zona que ha perdido casi todos sus bosques, que tiene una población campesina cada día más reducida, que presencia el auge del turismo en las costas y la triste lucha entre guerrilla y paramilitares por el control territorial" (Sánchez y Leal, 1996:8-9). Tabla 1. Causas y actores directos de la deforestación y degradación de los bosques en el territorio-región de las comunidades negras del Pacífico
3. Causas y actores subyacentes La identificación de las causas y actores directos es sólo un paso inicial para comprender las razones más profundas del fenómeno de la deforestación y degradación de los bosques y de la biodiversidad en la región del Pacífico. Las causas y actores directos son observables y constituyen lo que podríamos denominar los agentes manifiestos o "proximales"; pero "detrás" de ellos existen una serie de causas subyacentes y actores "ocultos" que soportan el accionar de los primeros y que conforman lo que podriamos llamar los factores latentes. Este nivel de análisis es mucho más sútil y requiere examinar las múltiples conexiones entre los factores evidentes y aquellos subyacentes (Ortíz, 1998:2). Estas conexiones forman un entramado, una red de causalidades, que ha tenido por efectos los procesos de deforestación y degradación de los bosques de la región y el consecuente impacto sobre la erosión de su biodiversidad. La causas subyacentes son múltiples y estan interrelacionadas. En aras de la exposición, presentaremos una a una las causas y actores subyecentes más relevantes, para luego entrar a examinar sus interrelaciones con los agentes directos y manifiestos y, de esta manera, presentar la red de causalidades de la deforestación en la región. 3. 1. Causas subyacentes 3. 1. 1. Predominancia del modelo de economía extractiva y de los patrones no sostenibles de producción y de consumo La predominancia en la región del Pacífico del modelo de economía extractiva es la causa subyacente más importante de la deforestación y degradación de los bosques del Pacífico. Este modelo extractivo se ha caracterizado por la explotación intensiva y no sostenible de recursos naturales y el traslado de las ganancias a los polos del poder económico nacionales o internacionales (Ramos, 1997). Desde este modelo se asume la naturaleza como un recurso a explotar a partir de la lógica inmediata de la ganancia sin importar los efectos ambientales generados a mediano y largo plazo en la región. Una racionalidad económica inmediatista de la optimización de la ganancia individual ha sido la constante de dicho modelo. Los patrones no sostenibles de producción y consumo de los productos forestales configuran los dos principales soportes de este modelo de economía extractiva. Los procesos no sostenibles de producción forestal se basan en una racionalidad extractiva que supera la oferta ambiental y la capacidad de regeneración de los bosques naturales; mientras que un creciente mercado demandante de dichos productos lo más baratos posibles sin ninguna contemplación por sus costos ambientales constituye el núcleo de los patrones no sostenibles de consumo. Ambos patrones han dependido de la inscripción de los productos forestales en la lógica del valor de cambio dentro de unas redes de mercados nacionales y mundiales. Los patrones de consumo no sostenibles, que requieren de estos productos o de sus derivados, son el resorte último en la conformación de estos mercados. Mientras el aprovechamiento de recursos forestales del Pacífico se mantuvo por fuera de estas redes, no se dieron procesos significativos de degradación o de erradicación de bosques. El modelo de economía extractiva es una causa subyacente que se inscribe en lo globlal y nacional. Los mercados y capitales extranjeros posibilitaron el ascenso de este modelo en la industria maderera entre las décadas del cuarenta al setenta. En las últimas dos décadas este modelo de economía extractiva ha sido implementado en la región para satisfacer básicamente las demandas de mercados nacionales con capitales de las élites del interior del país. Quizás la única excepción lo constituye el naidí y el camarón que, aunque producidos con capitales nacionales, se orientan a satisfacer los mercados franceses y norteamericanos, respectivamente. Los grupos económicos de producción de aceite o los grandes intermediarios de madera para el sector de la construcción son los dos mercados nacionales que condicionan esta causa subyacente. 3.1. 2. Políticas promotoras del modelo extractivo, desconocimiento de derechos territoriales de las comunidades locales e inoperancia de los mecanismos de control ambiental La predominancia de este modelo de economía extractiva ha sido posible en el marco de unas políticas del Estado con relación al Pacífico colombiano y a sus recursos forestales y mineros. En efecto, gran parte del Pacífico ha sido considerado por el Estado como "tierras baldías" lo que ha significado, de un lado, el desconocimiento de la ocupación anscestral por parte de las comunidades negras e indígenas y, del otro, ha sido el soporte legal para entregarle en concesión o en permiso extensiones considerables de dichos bosques o de explotación minera a los diversos empresarios de fuera del Pacífico. Las concesiones o permisos ha hecho parte de la política forestal y minera diseñada por el Estado con la intención de regular y de evitar la degradación de los bosques o la explotación irracional de las minas. Sin embargo, los resultados de esta política han sido a todas luces contrarios y han apuntalado el modelo extractivo (Berry, 1995). De esta manera el desconocimiento de los derechos territoriales de las comunidades negras e indígenas asociado a la entrega de concesiones y permisos han constituido una política promotora del modelo extractivo y, en consecuencia, causas subyacentes de la deforestación y degradación de los bosques del Pacífico. Esta causa subyacente es de orden nacional y regional. A pesar de la solicitud de planes de ordenamiento en aras de un "aprovechamiento racional" de los recursos, el desfase de dichos planes con la real dinámica de la explotación, la inoperacia de los mecanismos de control locales y regionales así como la predominancia del modelo extractivo antes descrito, ha significado el fracaso de cualquier manejo sostenible del recurso forestal o minero. En este sentido, se puede acertadamente considerar estas políticas del Estado, al igual que sus falencias con respecto a la dinámica real de la explotación y en los mecanismos de control local y regional, como causas subyacentes de la deforestación y la degradación de los bosques del Pacífico. La inoperancia de las medidas de control locales y regionales son consecuencia de la abierta corrupción de los funcionarios, así como de los escasos recursos económicos y humanos destinados por el gobierno nacional y departamental para las instituciones encargadas del manejo ambiental de la región. El escaso presupuesto para estas instituciones ambientales se debe a que, desde las prioridades establecidas por los gobiernos, la conservación y manejo sostenible de los bosques del Pacífico ha sido marginal, no se percibe voluntad política. Los recursos del Estado se dirigen básicamente al pago del servicio de la deuda, a los altos gastos del conflicto armado interno y a la implementación de políticas de ajuste estructural, cuando no terminan "desviados" por particulares para sus campañas políticas o enriquecimiento ilícito. Todos estos factores constituyen causas profundas de la deforestación y degradación de los bosques de la región. 3. 1. 3. Modelo de "desarrollo" e integración de la región: neoliberalismo y proyecto de ajuste estructural El modelo de desarrollo e integración de la región del Pacífico a la dinámica económica del país constituye otra causa subyacente de la deforestación y degradación de los bosques. En el plano del Estado, esta integración se ha dado mediante planes y programas que han supuesto al Pacífico como una región "atrasada" y "miserable" a la que es necesario desarrollar e integrar a la vida económica de interior del país (Pedrosa, 1996). Desde esta perspectiva, los estilos de vida y modelos de producción tradicionales de las comunidades negras e indígenas son definidos como "primitivos", carentes de "espíritu empresarial" e incapaces de promover el "progreso" de la región que debe competir con productos locales en el mercado nacional e internacional y que debe dejar de ser una traba para que el país en su conjunto pueda conectarse con la dinámica mundial de la cuenca del Pacífico. Este modelo de desarrollo e integración a la dinámica económica del país se presenta con fuerza en la última década, precisamente en un contexto de ajuste estructural y de ascenso del proyecto neoliberal. En el papel se encuentran los bocetos de grandes proyectos de infraestructura, en la práctica esto ha promovido la intervención del capital así como se ha definido políticas de insentivos en prestamos y asistencia técnica a la producción por parte de las poblaciones locales a los cultivos comerciales y las actividades extractivas orientadas hacia las demandas de mercados externos a la región. El efecto general, ha sido la consolidación de una dependencia cada vez mayor de los pobladores locales al especializar su producción a unos cuantos productos para los mercados externos y, a la vez, requerir de mercancías traídas de otras regiones del país o del mundo para satisfacer las necesidades que hasta hace unas décadas se suplían con productos locales. En términos ambientales, esto ha significado la intensificación de la explotación y la valoración de la destrucción de bosques. 3. 1. 4. Límites de los modelos tradicionales de producción y transformación de los patrones locales de consumo Los antropólogos han descrito como las comunidades negras habían desarrollado hasta la década del setenta unas estrategias socioeconómicas que les permitía aprovechar los períodos de auge extractivo sin perder la capacidad de regresar a los modelos tradicionales de producción una vez se daba la caída de la demanda de los productos en los mercados externos (Whitten, 1992). Estas estategias funcionaron desde el siglo XIX con productos como el caucho, la tagua y la raicilla. Sin embargo, desde la mitad del siglo XX se ha ido perdiendo exponencialmente esta capacidad de recuperación de los modelos tradicionales de producción. Ello se debe, de un lado, a la degradación de la oferta natural sobre la que se basan estos modelos tradicionales de producción (como consecuencia, entre otras, de la deforestación y empobrecimiento de los bosques) y, del otro, al aumento de la demanda de las poblaciones locales debido a un crecimiento de la densidad poblacional y de sus patrones de consumo. El imaginario de recursos inagotables y de baja densidad poblacional es casi un lugar común para la región. Aunque esto puede ser cierto para algunas partes del Pacífico, estudios más detallados evidencian los límites de las prácticas tradicionales de producción ante una decreciente oferta ambiental, un aumento en la densidad poblacional y una transformación en los patrones de consumo de muchas de las comunidades locales actuales. Así, por ejemplo, para el municipio de Olaya Herrera, en el Pacífico sur: "De las 114.200 has, que tiene el municipio, sólo 20.139 has se pueden dedicar al uso agropecuario; hay 51.413 has de bosque aprovechables, pero la totalidad de ellos han soportado ya varias intervenciones en los últimos cincuenta años, existen además 42.587 has en manglares del Parque Natural Sanquianga, así como en bosques inaccesibles, pantanos y cuerpos de agua. De los 22.582 habitantes del municipio, 17.614, de acuerdo con el censo de 1993, son rurales. Esto significa que sólo se dispone de 17.6 y 6.9 has de bosque y tierra agricola por familia promedio (6.04 personas por familia), verdaderos minifundios dada tanto la cosecha posible de estos ecosistemas, su sistema agrotecnológico como la baja retribución monetaria que reciben por su madera." (Del Valle, 1996:39). Estas limitaciones ambientales y demográficas de los modelos productivos tradicionales, asociadas a las transformaciones de los patrones de consumo de las comunidades, pueden ser consideradas como otra de las causas subyacentes locales de la deforestación y degradación forestal. 3. 1. 5. Construcción de vías de acceso y consolidación de medianos centros urbanos La construcción de vías de acceso y la consolidación de los centros urbanos constituyen otras dos causas subyacentes de la deforestación y degradación de los bosques. Estas dos causas están estrechamente relacionadas entre sí: las dinámicas de consolidación de los centros urbanos más importantes del Pacífico han estado articuladas con la edificación y mejoramiento de las vías de acceso a la región. Aunque no contamos con estadísticas del grado de destrucción y degradación de los bosques atribuible a estas causas, es evidente que las dinámicas urbanas de estos centros y los medios de comunicación terrestres que los conectan con el interior del país han significado procesos de deforestación y empobrecimiento de la cobertura vegetal y de la biodiversidad, cuando menos, en sus áreas aledañas. Esto es concecuencia de la afluencia de colonos, de la demanda local de productos madereros y la facilidad de comercializarlos, así como por la constitución de un mercado de tierras asociada a las necesidades de productos agrícolas y pecuarios en estos centros urbanos. 3.1.6. Patrones inequitativos de tenencia de la tierra La concentración de la propiedad de la tierra en las regiones aledañas al Pacífico colombiano ha sido otra de las causas subyacentes que ha generado el desplazamiento hacia ciertas áreas del Pacífico de colonos con prácticas culturales de destrucción del bosque. Estos colonos provenientes de la costa Atlántica (conocidos como chilapos) o de los departamentos de Antioquia, Caldas y Risaralda (denominados paisas) ha reducido las áreas de bosque de su influencia a potreros o fincas para la cría de ganado o de cultivos comerciales. Chilapos y paisas poseen otra concepción y relación con los bosques diferente a la que tradicionalmente han desarrollado las comunidades negras e indígenas en la bioregión del Pacífico. 3.1.7. Regímen capitalista de construcción de la naturaleza Una causa mucho más profunda compartida por todas causas y actores directos y subyacentes: un "regimen de construcción de la naturaleza" que se opone al que elaboraron durante cientos de años las comunidades negras e indígenas del Pacífico. En efecto, ya sea el capital, el Estado, los colonos o las élites externas y locales consideran la naturaleza como un impase para el "progreso" o como un "recurso" para explotar desde la lógica de una racionalidad económica de la acumulación. De acuerdo con Escobar (1997), este regimen de construcción de la naturaleza que puede ser denominado de capitalista se diferencia del regimen orgánico que ha caracterizado los modelos de producción tradicionales de las comunidades negras. Esta "naturaleza orgánica" de dichas comunidades: "[...] está representada por aquellos modos que no son estrictamente modernos. Desde la pespectiva del conocimiento local, podría caracterizarse en términos de la relativa indisociabilidad de los mundos biofísico, humano y espiritual, las relaciones sociales vernáculas, circuitos no modernos del conocimiento, y formas de uso y significado de la naturaleza que no implican su destrucción sistemática" (Escobar 1997:199-200). Con la transformación de los modelos de producción y consumo locales, esta representación y manejo de una "naturaleza orgánica" también se encuentra sujeta a cambios. Así, entonces, las dinámicas de la deforestación no sólo significan la desaparición de bosques, sino también la pérdida de la diversidad biológica y cultural de la región. En el Pacífico colombiano la consolidación de los regimenes representación y manejo que llevan a la destrucción de la naturaleza, suponen la erradicación de las condiciones que permitieron unos sistemas culturales de las comunidades negras compatibles con la biodiversidad y la reproducción de los bosques.
4. Bosques y biodiversidad para el proximo milenio Como se expuso, la red de causas subyacentes de la deforestación de la región del Pacífico se refiere a múltiples factores de orden económico, político y cultural, tanto en el plano global y nacional-regional como en el local. Desde nuestra perspectiva, el diseño e implementación una estrategia que posiblite romper esta red es la única alternativa para detener la destrucción de los bosques y de la biodiversidad del Pacífico colombiano. Para diseñar dicha estrategia se debe tener en cuenta dos criterios: su integralidad y posibilidad. Para su implementación, por su parte, se requiere concertación entre los múltiples actores directos e indirectos a partir del empoderamiento de las comunidades organizadas. El criterio de la integralidad en el diseño de esta estrategia significa que deben ser consideradas las causas subyacentes en su conjunto, es decir, no es suficiente con acciones que impliquen un sólo orden (ya sea este el económico, político o cultural) o se circunscriban a un nivel (lo global, lo nacional-regional o lo local). Cualquier serie de acciones que desconozca esta perspectiva integral está condenada a no lograr romper esta red o, en el peor de los casos, a generar un efecto bomerang que agrave la situación. Por su parte, la posibilidad como criterio para el diseño de esta estrategia es una apelación a lo que podríamos denominar el "principio de realidad". Posibilidad significa partir de considerar que ya existen unos efectos y unas dinámicas que no se pueden revertir simplemente porque se así se desee, que se requiere asir las acciones a las situaciones concretas y a las capacidades de subversión reales de los procesos de deforestación de la región. Desde estos criterios se pueden esbozar algunas acciones que lejos se encuentran de configurar una estrategia. Son más unas puntadas iniciales, que una estrategia consolidada. Sin lugar a dudas, un conjunto de acciones tienen que tender a transformar el mercado externo actual que demanda los productos forestales de los bosques naturales del Pacífico. A este mercado no se lo puede suprimir porque satisface unas necesidades en los centros de consumo y porque gran parte de la economía local gira en torno a las actividades extractivas de estos productos. La transformación consiste en ofrecer alternativas para satistacer dicha demanda y modificar la estructura de la producción local. Las alternativas a dicha demanda comprenden la consolidación de un manejo sostenible de los bosques naturales del Pacífico. Estas alternativas serían efectivas en tanto se genere un cambio en la mismas necesidades de estos centros de consumo. La modificación de la estructura de la economía local es un punto nodal ya que de ésta depende no sólo los empresarios, sino también de las comunidades locales que de una u otra forma se encuentran articuladas a las actividades extractivas de estos productos forestales. Para modificar esta estructura de la economía local, las comunidades locales requieren de alternativas productivas que les garanticen la reproducción y el mejoramiento de sus condiciones de vida de acuerdo con sus expectativas y sistemas culturales. Estas alternativas pueden implicar el bosque, pero ya desde mecanismos sostenibles. De otro lado, para modificar esta estructura hay que tener en cuenta los empresarios locales y externos deconstruyendo los resortes actuales de la explotación a los recursos naturales y a las gentes del Pacífico. Las acciones tendientes a la modificación de las economías locales deben dar cuenta de la específicidad de cada lugar de la región, no puede se pueden generalizar porque la correlación de fuerzas y las dinámicas económicas locales son bien diversas de un lugar a otro del Pacífico. Otra serie de acciones deben apuntar a romper con el modelo extractivo predominante. Mientras se mantenga la lógica de este modelo, se explotarán irracionalmente los bosques y avanzara la deforestación en el Pacífico. En primer lugar, el Estado debe reconocer los derechos territoriales de las comunidades negras mediante la efectiva titulación colectiva contemplada en la actual legislación. Ello evitará las concesiones o permisos sobre sus territorios ancestrales. Por otro lado, esto se debe complementar mediante una nueva política y legislación forestal para la región superando las fallas de control de las instituciones estatales en la explotación forestal y deforestación. El actual modelo extractivo implementado por la industria forestal se apuntala, entre otras cosas, en una legislación forestal que no se aplica en la realidad del Pacífico por corrupción en los funcionarios locales, carencia de mecanismos viables de control y desfase de esta legislación con las dinámicas extractivas de la región. De la misma manera, se deben elaborar dispositivos que dificulten la transferencia de los capitales del Pacífico, orientándolos hacia procesos productivos acordes a las caracteristicas ambientales y culturales de la región, teniendo en cuenta que el Pacífico colombiano no es desarrollable en los términos del modelo andino de las élites del interior del país. Un proyecto desarrollista clásico implicaría el aceleramiento de la deforestación y la degradación de la biodiversidad de la región. En este sentido, las políticas de Estado que pretenden la integración del Pacífico desde esta perspectiva deben ser objeto de redefinición si se pretende romper con el modelo extractivo predominante del capital. Además de las anotadas, se requieren de otra serie de acciones para revertir las transformaciones los modelos locales de producción y consumo hacia una compatibilidad con el manejo sostenible de los bosques. La idea no es tan elemental, y útopica a la vez, como regresar hacia las prácticas y de consumo tradicionales de producción de las comunidades negras de principios de siglo. Los soportes demograficos y ambientales sobre los que aquellas prácticas eran viables han sido modificados. De otro lado, las expectativas y estilo de vida de las comunidades han cambiado, su articulación con el mundo hace cada vez más parte de su cotidianidad y ha sido sujeta a múltiples reinterpretaciones y recreaciones culturales. No obstante, las comunidades negras mantienen una racionalidad económica y organizativa ofrece un sustrato significativamente favorable para desarrollar modelos locales de producción y consumo compatibles con el manejo sostenible del bosque. Esto solo será posible en la medida en que se fortalezca el movimiento social de las comunidades negras y sus organizaciones de base que apelan a la identidad étnica de dichas comunidades para consolidar un proyecto político regional. La concepción del Pacífico como un gran territorio-región de las comunidades negras e indígenas es una parte crucial en la materialización de dicho proyecto. Por tanto, el futuro de los bosques y de la biodiversidad del Pacífico se encuentra estrechamente asociado a este proyecto de indentidad étnica y autonomía territorial de dichas comunidades. Esto proyecto político de las comunidades organizadas implica el diseño y ejecución de un ordenamiento territorial para la región donde sea posible la conservación y manejo sostenible de los bosques del Pacífico colombiano. En síntesis, la sostenibilidad y conservación de los bosques del Pacífico colombiano, antes que un problema técnico, es un problema político y socioeconómico. Tabla 2. Bosques y biodiversidad para el para el próximo milenio
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