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Africa:
Bosques en peligro
índice
CAMERÚN
¿Quién conserva y quién
destruye los bosques?
El uso de los bosques de Camerún está
guiado por la lógica de la acumulación capitalista y la
inversión económica, indiferente a los intereses de la
población Pigmea que depende de esos bosques para su sobrevivencia.
Los bosques se destruyen con una velocidad alarmante, debido al alto
precio que se paga en el mercado internacional por algunos tipos de
madera, por el peso de la deuda externa del país y por la connivencia
entre los funcionarios del gobierno y la compañías madereras
internacionales.
El gobierno y las corporaciones visualizan los bosques como madera para
ser vendida por grandes sumas de dinero. Los Pigmeos ven los bosques
de una manera totalmente distinta. Como dice una mujer Bakola:
"... estamos en medio de una gran desolación,
ya no reconocemos el bosque, ya no comprendemos lo que está sucediendo.
Nuestros bosques cambian día a día. ¿Qué
futuro espera a nuestros niños? Los asentamientos destruyen los
bosques y la caída de árboles nos impide recolectar la
miel para alimentar a nuestros niños. El ruido de sus grandes
máquinas está provocando que los animales huyan lejos.
La caída de los árboles en el río, enloda el lecho
de los ríos. Algunos frutos están escaseando y debemos
caminar mucho para conseguirlos. Los hongos que habitualmente juntábamos
en todas partes se han ido. ...nuestros niños no tienen futuro.
¿Dónde encontrarán animales para cazar? ¿La
corteza, las hojas y los frutos para curar y para comer?"
Miel, carne, peces, agua, frutas, hongos,
medicinas, leña, madera: todo esto y mucho más es parte
de la visión del bosque que tienen estos pueblos indígenas.
Madera para la industria es el único producto que el gobierno
y las corporaciones ven en el bosque. El primer punto de vista asegura
la conservación del bosque, mientras que el último está
llevando a la destrucción del mismo. Setiembre de 1997.
La Unión Europea promueve la destrucción
de los bosques
La "ayuda internacional para el desarrollo" es en muchos países
una de las principales causas de la destrucción de los bosques.
Un ejemplo de ello es el caso de Camerún y la Unión Europea.
La UE planea conceder al gobierno camerunés un subsidio por 55
millones de ECU para proyectos viales en la región meridional
del país. Camerún no ha dado explicaciones acerca de qué
carreteras planea construir o rehabilitar, ni se han realizado estudios
de impacto ambiental para evaluar esos proyectos.
Esto no es nuevo, puesto que en el pasado la UE ya ha financiado proyectos
viales de este tipo. Por ejemplo, concedió 600.000 ECU para la
rehabilitación de la carretera Abong Mbang a Lomé, en
plena selva. Como consecuencia de ello, la explotación ilegal
de madera y la caza furtiva se expandieron rápidamente, utilizando
las nuevas carreteras como vías de acceso a la selva. La población
pigmea está perdiendo sus recursos vitales, que se encuentran
en la selva, en tanto su organización social se está desarraigando.
Al mismo tiempo, la caza furtiva ha provocado enormes daños en
las poblaciones de gorilas y chimpancés, animales típicos
de esta zona del globo.
Un grupo de ONGs ambientalistas europeas está haciendo lobby
contra la concesión de este dinero, considerando que las carreteras
proyectadas habrán de allanar el camino para que las compañías
madereras lleguen a áreas de bosque todavía no explotadas.
La concesión será discutida a nivel del Comité
Europeo de Financiamiento del Desarrollo a mediados de junio. Estas
ONGs invitan a los individuos y las organizaciones del continente europeo
a protestar frente a sus respectivos gobiernos y a exigirles que los
detalles de los mencionados proyectos viales sean discutidos públicamente,
que se realicen exhaustivas evaluaciones de impacto ambiental previamente
a la aprobación del subsidio y que las autoridades de Camerún
controlen efectivamente la caza furtiva y la tala ilegal de madera.
Mayo de 1999.
Remueven restricciones a exportación
de madera
Los bosques de Camerún están siendo destruidos a una velocidad
alarmante debido a los altos precios que se pagan en el mercado internacional
por algunas especies de maderas nobles, al peso de la deuda externa
que el país mantiene y a la connivencia de intereses entre algunos
funcionarios públicos y las compañías forestales,
en especial las francesas.
Hace dos meses el gobierno camerunés estableció una prohibición
de exportación de madera, lo cual fue considerado un medio para
proteger los bosques de la explotación abusiva. Sin embargo,
las presiones ejercidas por algunos influyentes agentes madereros franceses
parecen haber sido de tal magnitud, que ahora las autoridades dieron
un paso atrás y emitieron un nuevo decreto que permite la exportación
de un 30% de la madera extraída del bosque nativo, en tanto el
70% restante habrá de ser destinado al procesamiento a nivel
local. Cabe mencionar que para Camerún las exportaciones de madera
representan la mayor parte de los ingresos por comercio exterior. Agosto
de 1999.
Ajuste estructural promueve la deforestación
La tala comercial es una de las causas directas más importantes
de la acelerada pérdida de los bosques tropicales. Sin embargo
las estrategias macroeconómicas implementadas por gobiernos del
Sur, bajo presión de poderosos actores como el Banco Mundial,
el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial
de Comercio (OMC) son un incentivo aún más fuerte para
el incremento de las prácticas insustentables de corta. Camerún
es uno de los tantos ejemplos que muestran los impactos de tales políticas
en relación con la desaparición de las selvas tropicales.
Camerún es conocido como uno de los países con mayor diversidad
ecológica en el continente africano. Entre los humedales costeros
y el Monte Camerún -la montaña más alta de Africa
Occidental- se extiende la región sureña cálida
y húmeda ocupada por densas selvas tropicales donde hay caoba,
ébano y obeche. Hay en el país más de 9.000 especies
de plantas, 150 de las cuales no se encuentran en ninguna otra parte
del mundo. Se estima que los recursos forestales de Camerún alcanzan
los 22 millones de hectáreas, de los cuales 14 millones corresponden
a selva tropical. El madereo intensivo, promovido por las reformas políticas
del FMI, está ahora amenazando las selvas tropicales del país
y el hábitat de más de 40 especies de su flora y fauna,
incluyendo rinocerontes negros, gorilas y elefantes.
A fines de la década de 1980 el FMI impuso al gobierno un programa
de ajuste estructural, que se suponía habría de resolver
la crítica situación económica del país.
Parte de este programa estaba basado en promover la exportación
de productos no tradicionales -comprendida la madera- a través
de la devaluación de la moneda. La rebaja en las tasas a la exportación
que recomendó el FMI jugaron un importante papel en el incremento
de las exportaciones de madera. Entre 1994 y 1995 el número de
empresas madereras aumentó de 194 a 351, en tanto las exportaciones
de madera crecieron en un 49,6% en el período 1995/96 a 1996/97.
Se estima que anualmente desaparecen en Camerún unas 200.000
hectáreas de bosques.
La destrucción de los recursos naturales a la que conduce esta
política va acompañada de pobreza. Ya en 1991 un informe
del Banco Mundial establecía que hacia 1985, mucho antes de que
las medidas de ajuste impactaran sobre muchos ingresos -varios de los
cuales relacionados con el acceso directo a productos y servicios prestados
por los bosques- el 40% de la población rural se encontraba en
estado de extrema pobreza. Una década de ajuste estructural no
ha hecho sino agravar la situación de los bosques y de las comunidades
que de ellos dependen. En un reciente informe el propio FMI reconoció
la precaria naturaleza de la estrategia exportadora de Camerún.
Noviembre de 1999.
Desarrollo del sector forestal en una difícil
economía política
El informe del Departamento de Evaluación de Operaciones (OED,
por su sigla eninglés) considera que si bien el Banco ha tenido
influencia sobre el actual proceso de reforma de la política
forestal en Camerún, no "hizo previsiones para su implementación
o para la puesta en práctica de tales previsiones" El documento
afirma que el Banco no intentó realizar todo lo positivo y relevante
prescrito por su política de 1991, y que cometió varios
errores desde el punto de vista estratégico. Como consecuencia,
hay un vacío entre las políticas que se formularon y su
implementación.
Respecto de la implementación de la Política Forestal
en el terreno, el informe de la OED concluye que el error principal
en el caso de Camerún no radica en la política en si misma,
ni en la coherencia entre la intervención del Banco dentro y
fuera del sector forestal y sus objetivos de política forestal,
sino en la forma inefectiva e ineficiente en que se hicieron las cosas.
Se subraya el hecho que no se promovió la participación
de las comunidades locales en el proceso, a pesar de haber sido ello
un objetivo declarado. Se señala que el confiar exclusivamente
en la asistencia técnica, unido a la falta de incentivos para
el desarrollo institucional a nivel local, han sido errores cometido
por el Banco. Según el informe, el Banco tenía buenas
intenciones de promover los intereses de las comunidades locales, pero
poco hizo para recoger sus puntos de vista y para diseñar los
mecanismos que habrían de asegurar que los mismos se tomaran
en consideración. Ello resultó claro en el proceso que
culminó con la aprobación de la Ley Forestal de 1994.
Tal como reza el informe, "las personas comunes, cuyos medios de
vida dependen directamente de los recursos del bosque, fueron dejadas
de lado de los niveles de decisión". Además, el programa
no incluyó actividades destinadas a incrementar la capacidad
de la sociedad civil para promover el desarrollo rural, al tiempo que
la estrategia careció de una adecuada política de información.
El informe admite que las compañías madereras extranjeras
que dominan el sector siguen teniendo plena libertad para explotar y
utilizar los recursos forestales en Camerún, siendo actores muy
influyentes que se oponen a cualquier reforma del sector forestal que
vaya en contra de sus privilegios. De acuerdo con el informe, la corta
comercial es uno de los cuatro mecanismos más importantes que
llevan a la degradación del recurso y a la deforestación
descritas en la Política Forestal de 1991. El madereo es incluso
responsable de un porcentaje de la deforestación mayor que el
que generalmente se admite. El Informe de la OED identifica claramente
la existencia de un conflicto ambiental entre los intereses públicos
representados por el gobierno y la sociedad civil, y los intereses privados
defendidos por las empresas.
En relación con el efecto sobre los bosques de otras políticas
implementadas por el Banco, el informe considera que, si bien el organismo
realizó pocas inversiones directas en el sector forestal en la
década pasada, cuestiones relativas al mismo han sido parte del
Programa de Ajuste Estructural financiado por el Banco desde 1989. Según
la OED, "el Banco ha procurado adoptar un enfoque multisectorial
en Camerún" e involucrar a las poblaciones locales en el
manejo forestal. Sin embargo, los resultados en este sentido pueden
considerarse pobres. Lo que es más, son las poderosas compañías
madereras que operan en el país las que se han beneficiado de
la apertura de la economía que el Banco promueve en todo el mundo.
En resumen, en tanto el informe de la OED carga las tintas en gran medida
sobre el gobierno por su incapacidad de sacar al país de la crisis
económica, también admite con toda claridad que diez años
de esfuerzos en el marco del ajuste estructural del Banco no lograron
mejorar las cosas, y que los programas de ajuste estructural no colocaron
a la pobreza como tema central de su agenda.
El Informe también menciona el apoyo del Banco a la construcción
de carreteras y al gasoducto Chad-Camerún. El préstamo
para el proyecto de la Carretera Nro. 5 determinó la apertura
y la explotación de los bosques primarios de la Provincia del
Este, lo que constituye una amenaza para la supervivencia del pueblo
indígena Baka, que allí habita, y ha provocado un fuerte
impacto sobre la fauna de la región. El Informe admite que el
gasoducto Chad-Camerún constituye un asunto polémico y
que los argumentos de las ONGs en su contra por temas de corrupción
y de derechos humanos son difíciles de rebatir. Considera asimismo
que el Banco es muy sensible a este tipo de preocupaciones. Aún
así, no se da ninguna explicación sobre qué medidas
han sido tomadas al respecto.
Además el informe considera que los resultados de la Política
Forestal de 1991 en relación con el mandato del Banco de reducir
la pobreza no fueron satisfactorios. La concentración de poder
en manos de la industria maderera es otro de los problemas que la política
del Banco no ha abordado, si bien constituye un factor de generación
de pobreza en Camerún. Por el contrario, la agricultura de los
pequeños campesinos contribuye directamente al sustento de más
de dos millones de personas. La OED insiste en señalar que, dada
la importancia de este objetivo y el hecho que un factor determinante
clave de la pobreza es la desigualdad en la distribución de poder
a nivel social en lo que respecta a la toma de decisiones, el Banco
debería haber insistido en este tema.
En el resumen de su evaluación, el informe de la OED concluye
que la cubierta forestal en Camerún no mejoró con la Política
Forestal de 1991. La mejora en la forma en que el país aborda
temas relativos al sector forestal resultó insignificante, así
como el impacto de la estrategia del Banco para superar la pobreza.
Desde nuestro punto de vista, los puntos más interesantes del
informe de la OED sobre Camerún son:
- El problema no es la política, sino su implementación;
- A pesar de las intenciones proclamadas por el Banco, se ha descuidado
la participación de las comunidades locales y de los pueblos
de los bosques;
- Las compañías madereras constituyen un poderoso lobby
que se opone a la reforma del sector forestal y que se beneficia de
la política económica que el Banco promueve a nivel nacional;
- Otras políticas en las que el Banco ejerce influencia -como
las de ajuste estructural, construcción de carreteras, megaproyectos
de energía fósil- han tenido efectos negativos sobre la
sustentabilidad de los bosques;
- El Banco no ha cumplido con su mandato de disminuir la pobreza, y
por el contrario la situación tiende a empeorar;
- El Banco no influyó en el sentido de mejorar la situación
de los bosques en Camerún. Febrero de 2000.
Plantaciones forestales: falsa alternativa
a la deforestación
Durante la década de 1950, cuando el país se encontraba
todavía bajo el dominio francés, en Camerún se
llevaron a cabo una serie de programas de plantaciones forestales, aduciendo
la finalidad de contrarrestar el proceso de destrucción que afectaba
a sus ricas selvas. Como consecuencia se instalaron unas 40.000 hectáreas
de plantaciones en un lapso de 50 años, 25.000 de las cuales
en zonas que habían estado ocupadas por una densa selva y las
restantes 15.000 hectáreas en zona de sabana. Para la reforestación
de las zonas selváticas se utilizaron especies indígenas,
como dibetou, okumé, ilomba e iroko, mientras que en la sabana
se usaron nativas y exóticas, entre las cuales eucalipto y acacia.
Si bien la intención de las autoridades era restaurar "el
bosque natural" de hecho tales plantaciones no constituyeron una
solución, sino que provocaron impactos negativos.
La principal razón de este fracaso es que una plantación
de una o dos especies -aunque sean nativas- no es un bosque, ya que
carece de la biodiversidad y complejidad que éste tiene. El bosque
es producto de un largo proceso de coevolución entre sus distintos
componentes -incluidos los seres humanos- y de las condiciones ecológicas
del sitio. La recuperación de la selva húmeda en la zona
tropical resulta ser una tarea muy difícil y con resultados inciertos,
dado que las condiciones originales no pueden ser recreadas artificialmente
en forma súbita.
La forestación con eucalipto no ha hecho sino empeorar las cosas.
Los eucaliptos plantados por la Oficina Nacional para la Regeneración
Forestal -¡cómo si se pudiera "regenerar" los
bosques plantando eucalipto!- en los últimos dos años,
provocaron acidificación del suelo junto a una drástica
caída de la población de peces en los ríos próximos
a las plantaciones. Asimismo han aumentado el riesgo de incendios en
la sabana y son considerados responsables de la creciente ocurrencia
de graves inundaciones.
Dado que en Camerún el Estado se declara propietario de todos
los árboles, las plantaciones han generado conflictos por la
tenencia de la tierra entre el gobierno y las comunidades locales. Además
han causado otros problemas, como en el caso de la región norteña
del Sahel, donde los campesinos se quejan de que los pájaros
y otros animales que se refugian en las plantaciones han devastado sus
cosechas, provocándoles hambre y miseria. Se teme que si la Convención
sobre Cambio Climático acepta a las plantaciones como sumideros
de carbono estos proyectos se verán estimulados y se implementarán
otros por el estilo, aumentando de esta manera el nivel de impactos
negativos sobre la gente y el ambiente.
Para frenar el proceso de deforestación y degradación
de los bosques en Camerún deberían abordarse y superarse
las verdaderas causas del problema, entre las cuales las actividades
depredatorias de las empresas madereras y las políticas impuestas
por el Fondo Monetario Internacional, que promueven la explotación
de la madera para aumentar los ingresos del país por concepto
de exportaciones. Las plantaciones no son la solución -ya que
no son bosques- y no harán sino agravar el problema. Octubre
de 2000.
Investigación cuestiona mitos acerca
de consumo de leña y deforestación
Un estudio publicado por IITA y CIFOR en 1997 sobre la producción
y el consumo de leña y la relación entre ese uso de la
madera y la deforestación en el sur de Camerún arroja
interesantes resultados, que cuestionan algunos de los mitos en relación
con la responsabilidad de los pobres rurales en la destrucción
de los bosques, así como con los supuestos beneficios de las
plantaciones para contrarrestarla.
Estudios previos llevados a cabo en Africa habían demostrado
que la agricultura contribuye tanto o incluso más que el uso
de leña a la destrucción de los bosques. En Costa de Marfil,
por ejemplo, cinco millones de hectáreas de selva fueron convertidas
en tierras de cultivo entre 1966 y 1980, período en el que se
destruyeron unos tres millones de metros cúbicos de madera -ni
siquiera utilizada como combustible- cifra superior al volumen total
exportado en ese lapso. Recientes investigaciones centradas en el tema
energético llegaron a la conclusión de que la agricultura
constituye la principal causa de deforestación en Africa. Un
estudio del Banco Mundial del año 1987 señala incluso
que si bien la deforestación está vinculada generalmente
a la corta de árboles para obtener leña, en realidad lo
que generalmente sucede es lo contrario: la leña es un subproducto
de la corta practicada para la agricultura. Dicha conclusión
es válida para la zona de selva tropical de Camerún, donde
amplias superficies de bosque han sido cortadas, roturadas y convertidas
en tierras de cultivo. La leña es recogida de los restos de los
árboles tumbados. Por el contrario, en la región del Sahel
de dicho país, donde el paisaje está dominado por arbustos,
la leña se obtiene de cortar las ramas de los pocos árboles
existentes, asegurando su conservación.
La referida investigación prueba también que la urbanización,
el aumento de las áreas de cultivos y la deforestación
para la obtención de leña están correlacionadas.
En las zonas densamente pobladas de Yaoundé -la capital del país-
y sus alrededores, donde el consumo de leña es mayor y donde
ha habido una fuerte presión sobre los bosques por la agricultura,
éstos han casi desaparecido. En cambio, en el área más
rural de Ebolowa, las reservas de bosques son más abundantes,
dado que la oferta de leña supera con creces su demanda. Por
otra parte, el trabajo confirma que el consumo de leña en los
hogares rurales para cocinar y calefaccionarse no implica un riesgo
para los bosques, dado que los volúmenes de madera usados con
estos fines son pequeños y además el recurso se regenera
rápidamente.
El estudio muestra claramente que no pueden hacerse generalizaciones
acerca de la relación entre uso de leña y deforestación,
puesto que deben tenerse en cuenta muchas variables, tales como densidad
de población -tanto rural como urbana- naturaleza de las actividades
realizadas por los pequeños campesinos, proximidad a los centros
urbanos, demanda urbana de leña, calidad de los caminos, etc.
Por ejemplo, las aldeas próximas a las principales ciudades venden
grandes cantidades de leña, tanto obtenida a partir de los árboles
cortados para destinar áreas de bosque a la agricultura como
de la corta de madera en las reservas forestales. Por el contrario en
las área rurales alejadas no hay venta de leña en absoluto
debido a que en esas zonas la oferta de leña es mucho mayor que
su demanda y los árboles tumbados para liberar tierra para la
agricultura -principal causa de deforestación en este caso-son
dejados descomponiéndose en el lugar.
Confirmando las conclusiones de estudios anteriores, señala también
que las plantaciones no constituyen una medida adecuada para proveer
de leña a las poblaciones locales y disminuir así la presión
sobre los bosques. Este tipo de soluciones fue promovido por gobiernos
y agencias de desarrollo pensando que podría traer consigo efectos
colaterales positivos, como la generación de empleo e ingresos.
Pero en la realidad esto no se dio. Los pequeños campesinos de
Camerún, así como los de la India por ejemplo, prefieren
establecer plantaciones de uso múltiple -cuyos productos pueden
ser vendidos a buen precio en el mercado- que hacer crecer árboles
con el mero fin de producir leña.
En resumen, los procesos de deforestación en Africa no pueden
ser explicados a partir de análisis simplistas, utilizados con
demasiada frecuencia para culpar a los pobres. Lo mismo es aplicable
a las soluciones. Existe una enorme variedad de situaciones al interior
de los países del continente, que deben ser tenidas en cuenta
antes de hacer generalizaciones e implementar medidas. Febrero de 2001.
Palma aceitera, poblaciones locales y medio ambiente
Las plantaciones de palma aceitera en Camerún cubren más
de 80.000 hectáreas, que se dividen en tres sectores diferentes:
1) Plantaciones a gran escala, con aproximadamente 58.000 hectáreas;
2) Plantaciones de aldeas, que abarcan 12.000 hectáreas;
3) Plantaciones "informales", con cerca de 10.000 hectáreas.
Las plantaciones de aldeas fueron promovidas por el Estado para abastecer
a las grandes compañías plantadoras y procesadoras propiedad
del Estado. Se trata de plantaciones que están obligadas por
contrato a entregar, a precios de mercado, la totalidad de su producción
a las plantas procesadoras de las agroindustrias, actualmente en manos
privadas: SOCAPALM, CAMDEV o PAMOL. El "precio de mercado"
es obviamente fijado por estas empresas, que a nivel local constituyen
monopolios absolutos.
Esta situación ha llevado recientemente a una creciente brecha
entre los pequeños productores y las grandes plantaciones. Han
aumentado las plantaciones "informales" y la entrega de frutos
de palma a las grandes plantas procesadoras ha disminuido progresivamente.
Los pobladores locales prefieren procesar ellos mismos sus cosechas
o venderlas a pequeñas unidades de procesamiento, de las que
habitualmente obtienen un precio mayor y pagos en efectivo. Hasta principios
de los noventa, el precio establecido por las compañías
se consideraba demasiado bajo, lo que llevó a desviar la producción
en pequeña escala hacia otros compradores. Cuando resultó
evidente que la producción propia de las agroindustrias era insuficiente
para cubrir sus necesidades de procesamiento, éstas se vieron
forzadas a aumentar el precio ofrecido a los plantadores externos (de
26-31 francos CFA a 40-50 francos CFA), para asegurar el suministro
de materia prima de las plantas procesadoras.
Resulta obvio que la complementariedad entre las plantaciones de las
aldeas y las agroindustrias no ha tenido éxito y que la relación
entre ambas se basa más en la competencia que en la complementariedad.
El simple hecho de que los plantadores locales se rehusen incluso a
comunicar la superficie exacta de sus plantaciones a las compañías,
explica por sí mismo el tipo de relación que mantienen.
Además es importante destacar que el establecimiento de plantaciones
a gran escala a menudo ha estado precedido de la expropiación
de tierras de los poblados vecinos, sin compensación adecuada.
Según las leyes de Camerún, los campesinos no poseen la
tierra por derecho tradicional, y de esa manera la expropiación
no exige compensación por parte del Estado. Esta fórmula
de propiedad de la tierra ya fue utilizada en tiempos de la colonización
para expropiar la tierra de los campesinos y después transferirla,
sin costo, a los nuevos colonos, que de esa forma podían plantar
sus cultivos. Después de la independencia nacional, esa práctica
se mantuvo vigente, pero ahora en beneficio de las elites locales.
El establecimiento de grandes plantaciones privadas de palma (generalmente
ubicadas en las cercanías de los poblados) exige grandes extensiones
de tierras, y se han informado varios casos de conflictos con comunidades
locales habitantes del área debido a las modalidades y condiciones
de adquisición de tierras por parte de forasteros, quienes, con
el apoyo del gobierno, obtienen tierras sobre las cuales no tenían
ningún derecho tradicional previo. Sin embargo, el simple hecho
de cultivar una planta perenne, como la palma aceitera, les otorga derechos
tradicionales permanentes, garantizando sus derechos en perjuicio de
la población local.
Por otra parte, las plantaciones de palma aceitera han producido importantes
impactos ambientales, entre los que se destacan la deforestación,
la pérdida de biodiversidad y la contaminación por el
uso de productos agroquímicos. Todos estos impactos tienen como
consecuencia la pérdida de las formas de sustento de las poblaciones
locales y el deterioro del medio ambiente en que viven.
Es importante destacar que no está permitido cultivar alimentos
dentro de las plantaciones, incluso durante el período inicial
de las mismas, cuando la población local podría hacer
cultivos intercalados entre las filas de palmas. Es necesario investigar
los impactos socioeconómicos y ambientales de estas plantaciones
sobre los pueblos y aldeas circundantes en torno a los siguientes temas:
- Disponibilidad de alimentos básicos (la comida es más
cara en Limbe), alimentos disponibles en el bosque (los productos no
madereros del bosque non caros y deben ser importados de otras partes
del país), disponibilidad de materiales para artesanías
y oportunidades de ingreso alternativas (los ingresos de los trabajadores
de las plantaciones son muy bajos).
- Impactos asociados a la deforestación, tales como las inundaciones
que ahora son comunes en la zona (los casos de Limbe y Ekondo-Titi,
ocurridos respectivamente en 2001 y 1998).
- Impactos de la contaminación con agroquímicos, dado
que existen denuncias de que las empresas están empleando productos
químicos prohibidos en los países industrializados en
aras de bajar los costos y como resultado de la falta de control por
parte del Estado.
- Impactos sobre la salud humana, dado que las plantaciones están
localizadas cerca de áreas pobladas y las aspersiones aéreas
que se realizan en plantaciones asociadas de banana caen sobre los poblados.
- Impactos asociados al ataque de plagas y a enfermedades infecciosas
vinculadas a las plantaciones.
- El encerramiento de los poblados y la inexistencia de oportunidades
para su expansión, lo que da lugar al fenómeno del poblamiento
de las áreas montañosas, con los consiguientes conflictos
en la cuenca.
- Impactos sobre las propiedades químicas, físicas y biológicas
del suelo como consecuencia de la descarga de efluentes de la producción
de aceite de palma, lo que inutiliza la tierra para toda actividad agrícola.
Pese a la existencia de posibilidades para convertir los efluentes en
productos útiles, los mismos continúan siendo vertidos
al ambiente sin tratamiento previo.
Una vez que se haya llevado a cabo una evaluación de impacto
de todo lo anterior será posible proponer alternativas a estos
monocultivos de palma bajo un enfoque ambientalmente benigno en torno
al uso del suelo en la subregión. Junio de 2001.
Igualdad desigual entre bosques comunitarios
y compañías madereras
De acuerdo con las leyes camerunesas, tanto las comunidades locales
como las compañías madereras industriales tienen derecho
a obtener y manejar una parte de un bosque. Pero esta aparente "igualdad"
es extremadamente desigual en relación a la extensión
de los bosques en cuestión y las obligaciones legales asociadas
con los derechos de tenencia.
Por ejemplo, en relación a las obligaciones de manejo, en el
caso de bosques comunitarios se debe presentar el plan de manejo antes
de iniciar cualquier actividad. Esto constituye un obstáculo
importante, porque las comunidades enfrentan grandes dificultades para
recolectar los fondos para elaborar sus planes de manejo, y en consecuencia
deberían ser autorizadas a cortar al menos un número limitado
de árboles para financiar la preparación del plan.
La situación de las compañías madereras industriales
es totalmente diferente, como se puede apreciar en los dos modelos de
concesión existentes: "ventas de corta" y UFA (unidad
forestal de manejo). La primera, definida como un área de madereo
con un tamaño máximo de 2.500 hectáreas a ser taladas
en un plazo máximo de tres años, no exige la presentación
de plan de manejo alguno. La segunda opción consiste en concesiones
renovables cada 15 años que abarcan una superficie de hasta 200.000
hectáreas, y en este caso se debe presentar un plan de manejo
dentro de los primeros tres años. Sin embargo, durante ese período
la compañía tiene derecho de comenzar a talar (sin ningún
tipo de plan de manejo), ¡para asegurar la financiación
de la elaboración del plan de manejo! Para empeorar la situación,
hasta al momento, la administración no ha aprobado ningún
plan de manejo, aunque las primeras concesiones en virtud de la ley
forestal de 1994 se efectuaron en 1996.
Las sanciones por actividades ilegales muestran un modelo de desigualdad
similar. Por ejemplo, las actividades ilegales de las compañías
madereras pueden conducir a distintos tipos de sanciones, como multas,
exclusión de futuras licitaciones, o suspensión de operaciones.
Pero hasta ahora nunca ha sucedido que se haya retirado un permiso de
madereo válido a una compañía como resultado de
actividades ilegales. Las sanciones para las comunidades tienen alcances
mucho mayores, y cualquier error o infracción que se cometa puede
dar lugar a la cancelación del bosque comunitario.
De esta forma, la ley parece beneficiar al madereo industrial, a pesar
de que los bosques comunitarios tienen un potencial de sustentabilidad
mucho mayor que el madereo comercial. La promoción de bosques
comunitarios, por lo tanto, debería ser apoyada como medio de
asegurar la sustentabilidad social y ecológica. El llamado "derecho
preferente de compra" podría haber ayudado a lograr este
objetivo, porque hubiera dado prioridad a las comunidades en el acceso
a los bosques en vez de al madereo comercial. No obstante, el proyecto
de reglamentación que debiera haber establecido ese derecho en
beneficio de las comunidades todavía no ha sido firmado.
En su estudio sobre el sector forestal de Camerún (octubre de
1999), el Departamento de Evaluación de Operaciones del Banco
Mundial apunta en la misma dirección al afirmar que "las
compañías madereras internacionales que dominan el sector
siguen teniendo carta blanca para desarrollar y usar los recursos forestales
de Camerún. Las comunidades locales han sido excluidas del proceso
de reforma, a pesar del objetivo declarado de incluirlas en el manejo
de los recursos forestales". Julio de 2001.
Los árboles más allá
del bosque
Camerún, con una población de unos 15 millones de habitantes
y un territorio de 475,440 km2, tiene alrededor de 22 millones de hectáreas
de bosques, 64% de las cuales son bosques tropicales ubicados en el
sur del país, en tanto que el 36% restante se encuentra en zonas
de sabanas en el centro y norte del país. Los bosques de la costa
atlántica crecen en áreas con suelos relativamente fértiles
y están entre los de mayor biodiversidad de todo el territorio
africano.
Después de que pasó la etapa del boom del petróleo,
el gobierno aumentó las exportaciones de madera y se estima que
las pérdidas de bosques por deforestación rondan las 130.000
hectáreas por año. La deforestación se ha visto
agravada por el desarrollo de megaproyectos, como la construcción
de carreteras y represas. Las actividades madereras, desarrolladas tanto
por compañías nacionales como extranjeras, se centran
en unas pocas especies: Sapelli, Obeche, Iroko, Azobe, Tali, Moabi,
Movingui y Ngollon, que se exportan a Europa, Asia y al resto del mundo.
Benoit Ndameu, de Amigos de la Tierra de Camerún, advierte que
si no se introducen cambios drásticos, en un plazo de diez años
no quedarán bosques primarios en Camerún. Ndameu identifica
al madereo como el gran problema y denuncia que el gobierno no hace
cumplir sus propias normas: "De las 100.000 hectáreas taladas
cada año, al menos el 40% corresponden a deforestación
ilegal. Las empresas madereras exceden en forma permanente sus concesiones
y exportan tanto como pueden, sin que las autoridades las controlen."
Benoit Ndameu desmitifica el papel que juega en la deforestación
la llamada agricultura de "roza, tumba y quema", que es acusada
a menudo de ser una causa fundamental de la pérdida de bosques
por parte de intereses creados. Según Ndameu, en el este del
país, donde tiene lugar la peor deforestación, hay solamente
entre uno y tres habitantes por kilómetro cuadrado; son campesinos
que permanecen en el mismo lugar durante muchos años. Las compañías
madereras, por otra parte, tienen permisos de cinco años para
explotar áreas enormes, después de los cuáles no
queda nada, y cuentan en muchos casos con la financiación del
Banco Mundial.
Bollore, Thanry, Pallisco y Rougier, de Francia, Wijma de Holanda, Alpicam/Grumcam
de Italia y Sfil y Sotref de Bélgica son las empresas de madereo
extranjeras más importantes que operan en Camerún.
Un nuevo actor está ahora entrando en escena. La industria farmacéutica
está crecientemente interesada en el valor medicinal de los árboles
de Camerún. Según Benoit Ndameu, el laboratorio francés
Plantecam ha identificado la utilidad del árbol Prunus Africana
para el tratamiento de cáncer de próstata, y está
en curso una investigación para detectar las potencialidades
del Ancystrocladus korupensis en el tratamiento del SIDA.
Junto a otras ONGs locales, Amigos de la Tierra de Camerún está
tratando de dejar al descubierto las operaciones de las empresas madereras
y el incumplimiento del gobierno con sus propias normas. La estrategia
conjunta de Amigos de la Tierra de Camerún y Amigos de la Tierra
de Francia ha tenido éxito en poner al descubierto las actividades
ilegales desarrolladas por las compañías francesas en
Camerún, financiadas por la agencia de desarrollo del gobierno
francés.
A diferencia de las compañías con fines de lucro, los
pueblos del bosque establecen un vínculo de múltiples
objetivos con los árboles: éstos les proporcionan fruta,
alimentos, cazas, aceite para cocinar, y miel y también medicinas.
Los pigmeos utilizan incluso la corteza del Moabi (Baïllonela toxisperma)
para elaborar una poción para camuflarse para la caza. Los árboles
también representan valores sagrados para los pueblos del bosque:
los Bantú creen que los árboles locales Bubinga contienen
los espíritus de sus ancestros. La conexión espiritual
de estos pueblos con este árbol, que durante siglos ha permitido
la conservación de una especie de crecimiento extremadamente
lento como ésta, no es tomada en cuenta por los explotadores
de los bosques que ven en ella solamente su madera dura de color cobrizo
para hacer muebles en Europa y Asia. Agosto de 2001.
Consecuencias sociales y ambientales de la
explotación forestal industrial
En Camerún, como en muchos otros países del sur, se está
viviendo un proceso de deforestación causado directa e indirectamente
por el madereo industrial intensivo. Este proceso es fomentado por lo
general por reformas políticas o préstamos de la Unión
Europea, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional o la Organización
Mundial de Comercio para la construcción de megaproyectos, como
carreteras o represas.
Como consecuencia de estas "ayudas internacionales para el desarrollo",
la explotación ilegal de madera y la caza comercial se han sumado
rápidamente al madereo "legal", utilizando las nuevas
carreteras como vías de acceso a la selva. Los expertos prevén
que ciertos grandes mamíferos de Camerún van a desaparecer
a corto plazo si no se acaba con esta caza. Casi todos los tipos de
mamíferos y de reptiles se exponen en los mercados urbanos. La
carne de gorila y de elefante se vende a altos precios en los mejores
restaurantes. Teóricamente está prohibido cazar estas
especies y vender la carne u otras partes de gorilas y chimpancés,
pero esta prohibición es ampliamente transgredida.
La explotación industrial de los bosques ha sido la verdadera
prioridad de los programas de ajuste estructural promovidos por el Banco
Mundial. Basados en la promoción de productos destinados a la
exportación (entre los que la madera ocupa un lugar muy destacado)
y en la rebaja de las tasas de exportación, estos programas han
jugado un importante papel en el incremento de las exportaciones de
madera. Los resultados han sido la expansión de la pobreza, el
aumento del poder de la industria extranjera y la falta de control del
Estado sobre la explotación de los recursos. La corrupción
e ilegalidad en la explotación forestal en Camerún está
muy extendida y los escasos controles favorecen las actividades ilegales
en el sector forestal: tala ilegal (fuera de los límites, sin
autorización, con subcontratación, de árboles de
diámetro inferior al permitido, incumplimiento de las restricciones
locales); falsas declaraciones (de la cantidad de producción
de madera, del volumen de madera en inventarios); recuperación
ilegal de la madera embargada.
Aunque la producción de la madera ha conocido un gran crecimiento,
los ingresos fiscales resultantes de la actividad de este sector han
caído. Para los controles sobre el terreno, los funcionarios
dependen a menudo de los camiones de las empresas forestales que les
llevan ellas mismas a sus concesiones, lo que obviamente no favorece
la independencia de los controles.
En algunos pueblos, los habitantes bloquean los transportes de la madera
porque las empresas no cumplen sus promesas de construcción y/o
de mejora de las infraestructuras locales. La ley prevé que el
empresario forestal debe organizar una reunión con la población
local antes de que comience la explotación. Durante estas reuniones,
los empresarios forestales hacen promesas a la población (construcción
de un centro de salud, reparación de un puente, acondicionamiento
de un campo de fútbol). Pero la materialización de estas
promesas se hace a menudo esperar, se realiza solo parcialmente o, directamente,
está mal hecha.
El empleo directo generado por las empresas forestales es muy limitado
para los llamados "Pigmeos" Bakas, que son a menudo empleados
durante algunos días por las empresas como prospectores para
indicar las especies de árboles con interés comercial.
De esta manera participan inconscientemente en la destrucción
de su propio medio. Los trabajadores que operan en los parques de acopio
de madera y en los aserraderos son provistos de muy poca o ninguna ropa
de protección (guantes, casco, máscaras para el polvo).
La madera de los aserraderos es a menudo tratada con productos tóxicos
contra los parásitos y los hongos. Se trata en general de pesticidas
a base de lindano y de pentaclorofenol, prohibidos en Europa o cuyo
uso está sometido a medidas de seguridad muy estrictas. Los obreros
que deben trabajar con estos productos no suelen estar equipados con
ropa de protección o están insuficientemente informados
sobre los riesgos de estas sustancias tóxicas. Los restos de
estos insecticidas y fungicidas tóxicos son simplemente tirados
después de su uso. Aunque evidente, la importancia de la contaminación
de las aguas y del suelo por la presencia de pesticidas no ha sido nunca
investigada.
Debido a su estricta dependencia de los bosques primarios, los "Pigmeos"
son las principales víctimas de la explotación forestal
en Camerún. Según las estimaciones, a fines de los 90,
aproximadamente 3.400 Bakolas viven en el sudoeste y 40.000 Bakas en
los bosques ecuatoriales del sur y del sudeste de Camerún. En
la región de Yokadouma-Moloundou, los Bakas son incluso más
numerosos que los Bantúes. Como sus derechos territoriales no
están reconocidos por las autoridades, no pueden defenderse contra
la expansión actual de la tala industrial en el este de Camerún.
Las actividades madereras, desarrolladas tanto por compañías
nacionales como extranjeras, se centran en unas pocas especies de madera
de alta calidad (ayous, sapelli, azobé, tali) que monopolizan
el 60% de las exportaciones de madera. Algunas especies de árboles,
como el moabi y el bubinga, constituyen a menudo un importante punto
de referencia en el bosque (por su gran tamaño), además
de los usos culturales tradicionales que los lugareños o los
"pigmeos" dan a éstas y otras especies de árboles.
La ley prohíbe la tala de los moabis en un radio de 5 km. alrededor
de los pueblos, pero es abiertamente violada por los madereros. Los
bubingas más antiguos tienen un papel social importante en la
vida del pueblo: reuniones populares y asambleas locales se organizan
debajo de estos árboles, donde los problemas de los lugareños
se discuten. Los moabis producen un aceite de gran calidad, el único
aceite alimenticio producido en esta región forestal. La producción
de este aceite proporciona mucho más provecho que la tala de
la madera. Su corteza sirve para la fabricación de numerosos
medicamentos para curar hernias, dolores de espalda y otras enfermedades.
En definitiva, la tala comercial en Camerún (legal e ilegal),
está afectando gravemente al ecosistema y por ende a los pueblos
que habitan los bosques. Quienes se benefician son obviamente las empresas
madereras y los intermediarios entre la corta y el consumidor europeo.
Y a esto le llaman desarrollo. Diciembre de 2001.
Prácticas ilegales de empresas francesas
en los bosques
Cuando funcionarios europeos describen el mundo, éste parecería
estar dividido en dos grupos distintos de gobiernos. "Su"
mundo parece haber incorporado las preocupaciones ambientales (e incluso
sociales), mientras que los gobiernos "corruptos" del sur
siguen destruyendo el medio ambiente. Esa lectura simplista no toma
en cuenta que las causas de la destrucción ambiental en el sur
con mucha frecuencia se originan en el norte. El ejemplo siguiente ayuda
a comprender mejor el problema.
Según un informe de Amigos de la Tierra-Francia, el Ministerio
de Bosques y Medio Ambiente de Camerún publicó recientemente
una lista de empresas forestales culpables de haber infringido las normas
forestales camerunesas en el 2001. Entre ellas se encuentran conglomerados
forestales franceses que han sido condenados reiteradamente por sus
actividades ilegales.
Tres casos tienen que ver con Doumé Affiliated Forestry Company
(SFID) perteneciente al grupo francés Rougier. SFID fue condenada
por exportar madera de assamela, protegida por las reglamentaciones
camerunesas, dado que no solicitó ni obtuvo un permiso para hacerlo,
y también por la falsificación de documentos de la Convención
sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora
Silvestre (CITES). Como resultado, se le aplicó una multa de
dos millones de francos CFA (que equivale a apenas 3.049 Euros). Evidentemente,
esta primera condena tuvo muy poco resultado, por lo que se presentó
una nueva demanda contra la compañía, por la misma infracción
con la misma sanción financiera, o sea 2.000.000 francos CFA.
SFID fue condenada en un tercer caso en 2001 por haber excedido 33%
sus cupos de exportación (exceso equivalente a un volumen de
17.653 m3 de madera).
El grupo francés Bolloré también fue hallado culpable
de estar involucrado en actividades ilegales. La filial SIBAF del conglomerado
Bolloré fue multada por cuatro millones de francos CFA (6.098
Euros) y también se suspendieron sus derechos de exportar madera
de assamela por haber falsificado declaraciones de CITES. SIBAF ya recibió
una multa en el año 2000 en el entorno de los 9.147 Euros por
materialización defectuosa de los límites de tala. Otra
filial de Bolloré, Campo Forestry Company (HFC) fue condenada
por exceder los límites de tala permitidos y por talar directamente
en áreas protegidas. El monto de la multa en este caso todavía
no fue decidido.
Increíblemente, al mismo tiempo que SIBAF y los conglomerados
HFC son multados en forma periódica por sus infracciones contra
la legislación de bosques de Camerún, estos grupos reciben
desde 2001 el apoyo financiero de la Agencia Francesa para el Desarrollo
para llevar a cabo "planes de manejo forestal sustentable".
Sólo el apoyo financiero francés brindado a estas corporaciones
parece motivar a estas corporaciones a desarrollar planes de manejo
del bosque. Dado que la ley camerunesa establece que las compañías
deben elaborar un plan de manejo, Amigos de la Tierra-Francia sostiene
que los costos de estos planes deben ser asumidos enteramente por las
corporaciones. La asistencia francesa al sector forestal en la cuenca
del Congo debe ser reorientada para dejar de servir a los intereses
comerciales franceses, y comenzar a brindar beneficio económico
real a los pobladores locales, protegiendo al mismo tiempo los ecosistemas
de los bosques tropicales húmedos densos y la extraordinaria
riqueza de su diversidad biológica. Marzo de 2002.
Grupo maderero Rougier acusado en tribunal
francés
El 22 de marzo de 2002, William Bourdon, secretario general de la FIDH
(Federación Internacional de la Liga de Derechos del Hombre)
presentó ante los Magistrados Investigadores de París
una demanda civil en representación de siete aldeanos cameruneses,
alegando cargos por destrucción criminal de propiedad, falsificación,
fraude, posesión de mercancía robada y corrupción
de funcionarios contra los directores del grupo Doumé Affiliated
Forestry Company (SFID) y la Cameroonian Legal Society, así como
su empresa matriz Rougier S.A.
Los cargos presentados son el resultado de una investigación
minuciosa realizada en el lugar por Amigos de la Tierra-Francia y SHERPA.
Los cargos condenan lo que básicamente se resume como saqueo
ilícito de recursos forestales en detrimento de los pobladores
de Camerún, delitos que motivaron a Amigos de la Tierra-Francia
a participar como parte privada en el juicio.
Esta demanda proporciona a los pobladores la posibilidad de identificar
y llevar ante la justicia a los responsables de esos delitos, y de recibir
compensación por los mismos. Esperan que la justicia francesa
garantice un juicio independiente e imparcial para este caso. La corrupción
domina la situación local, como resultado del poder que ejercen
las compañías forestales para privar a los pobladores
de esos derechos fundamentales.
En los cargos, los demandantes afirman que el Grupo Rougier S.A. debe
ser considerado cómplice de los actos delictivos cometidos por
su filial SFID, al igual que los directores franceses asociados, teniendo
en cuenta la clara superposición e interdependencia entre las
dos entidades.
Los cargos presentados ante los tribunales franceses contra el grupo
Rougier S.A. y sus directores, constituye el primer caso para Amigos
de la Tierra-Francia y SHERPA, y demuestra que una acción extraterritorial
realizada por parte de entidades privadas no garantiza sistemáticamente
su impunidad. Amigos de la Tierra-Francia y SHERPA, en cooperación
con asociaciones extranjeras continuarán su asociación
a través de una red de defensores legales, y mediante la realización
de un estudio de viabilidad, planificarán nuevas iniciativas
tanto en Francia como en otros lugares. Por: Frédéric
Castell. Abril de 2002.
CHAD - CAMERUN
Amenanzante explotación petrolera
Un consorcio internacional integrado por
Exxon, Shell y ELF, está planeando una multimillonaria explotación
petrolera en los territorios de Chad y Camerún. Se teme que el
proyecto traiga consigo muy serios riesgos ambientales y sociales, que
podrían crear un nuevo Ogoniland, la región de Nigeria
signada por la devastación ambiental y brutales violaciones a
los derechos humanos. El proyecto planea el desarrollo de los campos
petroleros de Doba, al sur de Chad, y un oleoducto de 600 millas a través
de Camerún, para el transporte de petróleo hacia un puerto
del océano Atlántico para su exportación. Para
llevar adelante este proyecto se necesitan fondos públicos procedentes
de agencias internacionales para el desarrollo-principalmente el Banco
Mundial-. El BM pretende financiarlo con créditos de la Asociación
Internacional para el Desarrollo (IDA, por su sigla en inglés)
que supuestamente son para ayudar a los países pobres, y de la
Corporación Financiera Internacional (IFC, por su sigla en inglés),
que apoya a compañías del sector privado directamente.
El BM proclama que el proyecto aliviará la pobreza pues las divisas
que entren por el petróleo al gobierno de Chad y por regalías
al de Camerún por el uso del oleoducto, serán invertidas
en programas sociales para erradicar la pobreza. Sin embargo, esta estrategia
tiene escasa credibilidad, pues ambos gobiernos han evidenciado una
completa falta de compromiso ante el problema de la pobreza y porque
es notoria su falta de transparencia en las transacciones financieras.
Por lo tanto, la adjudicación de fondos para este tipo de proyectos,
distrae escasos recursos de las inversiones para bienestar social.
Desde un punto de vista ambiental, las perspectives son igualmente negativas.
El oleoducto proyectado atravesará zonas de bosques tropicales
ecológicamente frágiles, donde también está
el territorio de los Pigmeos, pueblo de cazadores tradicionales y recolectores.
Deforestación, caza furtiva y pérdida de tierras de labrantío
de campesinos locales, junto con el peligro de contaminación
del agua subterránea y del sistema hídrico, debido a las
pérdidas de petróleo en el oleoducto mismo, son puntos
de gran preocupación. Julio de 1997.
El oleoducto: respuesta del Banco Mundial
En junio de 1998, el secretariado del WRM envió una carta al
presidente del Banco Mundial, expresando su preocupación por
el arresto de Ngarlegy Yorongar y de dos periodistas a raíz de
una declaración de Yorongar en la cual expresaba su oposición
a la construcción del oleoducto Chad-Camerún, financiado
por el Banco Mundial.
El Sr. Serge Michailof, director del Banco Mundial en Chad, respondió
el 22 de junio, expresando que creía que los tres habían
sido liberados. Acerca del oleoducto agregó:
"Como seguramente sabrán, apoyamos el proyecto de oleoducto
Chad-Camerún debido a su potencial para aumentar en forma sustancial
la inversión en Chad -uno de los países más pobres
delmundo- en actividades que alivien la pobreza. Permítanme asegurarles
que más allá de su potencial para reducir la pobreza,
sólo llevaremos adelante este proyecto si se respetan nuestras
salvaguardias ambientales y sociales. Esto incluye realizar una consulta
amplia a las poblaciones locales de Chad sobre los impactos del proyecto".
Agosto de 1998.
Una vez más el Banco Mundial muestra
a quiénes sirve
Enfrentado a una fuerte oposición de representantes de la sociedad
civil, el Banco Mundial acaba de aprobar un controvertido proyecto para
la explotación petrolera y construcción de un oleoducto,
liderado por Exxon-Mobil, el cual habrá de conectar campos petroleros
de Chad con la costa atlántica de Camerún. Entre los patrocinantes
del proyecto se encuentran también Chevron y Petronas, la compañía
petrolera estatal de Malasia. El costo total del megaproyecto, que es
uno de los mayores de este tipo en la región subsahariana, será
de U$S 3.700 millones.
Si bien el Banco argumenta que el proyecto incluye un programa para
canalizar nuevos ingresos a apoyar el desarrollo socioeconómico
de Chad y que los impactos ambientales y sociales provocados por el
mismo recibirán especial consideración y serán
periódicamente monitoreados, grupos ambientalistas y de derechos
humanos enfatizan en que este megaproyecto habrá de desplazar
en forma forzada a los campesinos que habitan a lo largo del trayecto
de más de 1000 kilómetros del oleoducto, así como
a los aldeanos de Chad que viven cerca del lugar de localización
de los 300 pozos petroleros, que tendrá impactos sobre la fauna
de los bosques en las áreas afectadas e incentivará todavía
más la corrupción a nivel gubernamental en ambos países.
Un problema adicional del proyecto está en que podría
promover la reedición del conflicto armado en esta región
productora de petróleo y llevar a severas violaciones de los
derechos humanos. El pedido de dos años de moratoria para el
proyecto, de manera que Chad pudiera desarrollar un marco legal adecuado
para manejar los ingresos generados por el mismo y que Camerún
pudiera establecer las correspondientes salvaguardas ambientales, fue
ignorado.
Teniendo en cuenta los antecedentes negativos en materia social y ambiental
de los actores involucrados en el proyecto, así como los comprobados
efectos de este tipo de megaemprendimientos que se realizan en el sur
en nombre del "progreso", la idea entusiastamente expresada
por el Banco en el sentido de que el proyecto constituye "un marco
sin precedentes para transformar los ingresos generados por el petróleo
en beneficios directos para los pobres, los sectores vulnerables y el
ambiente" resulta realmente difícil de creer. A menos que
el Banco considere que las petroleras son pobres y vulnerables y que
la explotación y transporte de petróleo pueda de alguna
manera ser beneficioso para el ambiente. En suma, desgraciadamente una
vez más el Banco ha demostrado a quiénes sirve. Junio
de 2000.
Ingresos petroleros versus derechos humanos
y medio ambiente
"Este es el proyecto más rigurosamente examinado y controlado
del mundo" replicó un alto funcionario francés en
Chad a los representantes de las organizaciones de Derechos Humanos
de ese país que se entrevistaron con él en marzo de 2001.
"No hay absolutamente nada de qué preocuparse" agregó.
Sin embargo, hay muchas personas preocupadas y que han venido luchando
contra este proyecto desde hace mucho tiempo.
En verdad, la campaña internacional contra el proyecto de explotación
petrolera y oleoducto Chad-Camerún, liderada por ONGs Africanas
y apoyada por ONGs de todo el mundo, ha sido muy exitosa en términos
de lograr que el proyecto incluyera numerosas medidas precautorias con
el propósito de hacerlo más responsable desde el punto
de vista ambiental y social. Por ejemplo, la trayectoria de la obra
fue rediseñada para evitar que pasara por algunas zonas ricas
en biodiversidad; en Chad se estableció un Comité de Supervisión
-incluyendo a representantes de la sociedad civil- para asegurarse de
que los ingresos provenientes de la venta de petróleo sean utilizadas
en el alivio de la pobreza y, sobre todo, en los documentos oficiales
se destacó el papel de la sociedad civil, las comunidades locales
y los pueblos indígenas. Más aún, se estableció
un Grupo Asesor Internacional, con el cometido de monitorear los impactos
ambientales y sociales del proyecto, así como cuestiones de "buen
gobierno", incluyendo el tema de los Derechos Humanos. Por lo menos
en el papel, todas estas medidas indican un importante alejamiento del
enfoque liberal de partida, según el cual el Banco Mundial y
las empresas privadas que cuentan con su apoyo dejarían todo
librado a los respectivos gobiernos receptores de los fondos -sin importar
cuan corruptos fueran- para que manejaran los proyectos de acuerdo con
sus propios intereses.
A pesar de lo impresionante que puedan parecer estos cambios en el papel,
existen serias dudas acerca de lo que todas estas medidas puedan significar
en la práctica, dado que no pueden ser consideradas aisladamente
de la situación política general de ambos países.
El último Informe sobre Derechos Humanos realizado por el Departamento
de Estado de los EE.UU. confirma que tanto el gobierno de Chad como
el de Camerún siguen cometiendo impunemente graves violaciones
a los Derechos Humanos y que los ciudadanos de ambos países no
tienen acceso a un sistema judicial independiente.
ONGs chadianas y camerunesas exigieron una moratoria sobre la decisión
de financiar el proyecto hasta tanto existan las garantías que
aseguren que el proyecto no implicará más violaciones
de los Derechos Humanos y destrucción ambiental. Pese a ello,
los gobiernos, las empresas petroleras y sus financiadores internacionales
estaban apresurados y el proyecto fue aprobado en junio de 2000.
Poco después los temores de las ONGs resultaron confirmados,
cuando el gobierno de Chad utilizó parte de los fondos del primer
pago por parte de las empresas petroleras para adquirir armas. A pesar
de las manifestaciones del Banco Mundial en el sentido de que está
en funciones un Comité de Supervisión, el marco regulatorio
para su accionar todavía no se ha publicado. Además, en
el borrador del decreto de implementación del comité,
dado a conocer por el gobierno, se propone un proceso de toma de decisiones
por mayoría simple, lo que aseguraría siempre la mayoría
al gobierno. Lo que es más, reduce sensiblemente el área
de intervención del Comité de Supervisión y sólo
le requiere que informe al gobierno.
En Camerún la construcción del oleoducto habrá
de destruir la biodiversidad, especialmente en la selva litoral, habitada
por el pueblo indígena Bakola. Tal como lo exigen las políticas
ambientales del Banco, el organismo requirió del gobierno que
creara un área protegida a efectos de compensar dicha pérdida
de biodiversidad. No obstante, dicha zona de compensación -denominada
Reserva de Campo- está siendo amenazada por una compañía
maderera francesa que forma parte del muy conocido Grupo Bollore, que
mantiene estrechos vínculos con el gobierno camerunés.
El Grupo Asesor Internacional, presidido por un ex Primer Ministro de
Senegal, está a punto de realizar su primera visita de campo
a Chad y Camerún. La efectividad del trabajo de este grupo dependerá
de su capacidad para trascender el ejercicio de relaciones públicas
en que puede convertirse su visita y, en cambio, establecer relaciones
con las comunidades afectadas y las ONGs en el terreno.
Independientemente de la actividad de este Grupo, recientemente el Panel
de Inspección del Banco Mundial ha recibido una demanda presentada
por un miembro del Parlamento de Chad, representante de la región
productora de petróleo y por 120 residentes locales. En la demanda
se plantea que la población local y su ambiente se han perjudicado
o son pasibles de perjudicarse como consecuencia de la violación
por parte del Banco de sus propias políticas. La Junta de Directores
Ejecutivos del Banco habrá de decidir si autorizará o
no al Panel de Inspección a investigar la denuncia, sólo
luego que la administración del Banco Mundial haya tenido la
posibilidad de responder a esas acusaciones. Dada la naturaleza controversial
del proyecto y el clima de opresión política reinante
en Chad y Camerún, la credibilidad del Banco se vería
seriamente perjudicada si no va al fondo de las acusaciones planteadas
por los demandantes, quienes corren el riesgo de ser encarcelados, torturados
e incluso asesinados por hacer públicamente esas denuncias.
Posiblemente hasta ahora el resultado más positivo de la campaña
internacional sobre el proyecto haya sido el fortalecimiento de las
organizaciones de la sociedad civil tanto en Chad como en Camerún.
A pesar de las enormes dificultados y los peligros que deben afrontar,
hay planes para coordinar esfuerzos a nivel de las ONGs, con el fin
de monitorear la situación de los campos petroleros y la construcción
del oleoducto, con el objetivo de evitar un desastre desde el punto
de vista humano y ambiental. Tales esfuerzos merecen todo el apoyo de
la comunidad internacional. Por: Korinna Horta. Abril de 2001.
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