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Africa: Bosques en peligro

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CONGO, RD
El incierto futuro de los bosques

El bosque tropical húmedo en las regiones central y norte de la República Democrática del Congo (ex-Zaire) ocupa más de la mitad de la superficie total del país, que alcanza los 2.345.409 kilómetros cuadrados, y representa el 82,5% de su cobertura forestal original. Alrededor del 47% de toda la selva tropical densa de Africa y del 6% de los bosques del planeta se encuentran en este país. Debido a la gran distancia existente entre los bosques y los puertos comerciales, así como la crisis política y el conflicto armado interno y con sus vecinos Rwanda y Burundi durante la década de 1990, la mayor parte de las selvas del país han permanecido intocadas, lo que constituye una diferencia con otros países de la región. Sin embargo, concesiones forestales están actualmente amenazando a estos bosques.
A la empresa SIFORZAL -subsidiaria del grupo alemán Danzer- se le ha otorgado una concesión de 2.600.000 hectáreas de bosque. A partir de 1996 varias empresas madereras malasias también están explotando extensas áreas: Idris Hydraulic Bhd. posee concesiones por un total de 1.250.000 hectáreas en dicho país y en Gabón, mientras que en 1997 Innovest Bhd anunció la compra de dos concesiones forestales por 707.000 hectáreas. Asimismo China está promoviendo el madereo en la RD del Congo para satisfacer la demanda de su enorme mercado interno, que ha incrementado la demanda internacional de madera en virtud de la prohibición de corta en vigor en ese país. El lema parecer ser conservar en casa y cortar afuera.
A pesar de ser un país muy rico en minerales y bosques, la República Democrática del Congo está entre los países más pobres del mundo según señalan sus indicadores sociales. Aparentemente el gobierno ha reaccionado para defender las vastas superficies de bosque remanentes y en abril de 1999 fue prohibida la exportación de rollizos. Las compañías extranjeras reaccionaron de inmediato, dramatizando con que esto sería "el fin del sector forestal en el país" y pronto los troncos sin procesar reiniciaron el camino de la exportación.
La cuestión radica en si el gobierno habrá de someterse a los intereses extranjeros -y dar luz verde al madereo indiscriminado- o si procurará que los bosques sean utilizados de manera sustentable y equitativa para beneficio de la presente y las futuras generaciones. Dada la crítica situación económica que padece el país, ello dependerá grandemente del apoyo de todos los gobiernos que en los foros internacionales se rasgan las vestiduras por el futuro de los bosques . . . entre ellos Alemania, Malasia y China, cuyas compañías están ansiosas por comenzar la destrucción de los bosques de la RD del Congo. Mayo de 2000.

El caso de los Twa en el Parque Nacional Kahuzi-Biega
El reciente trabajo de Albert Kwokwo Barume "Heading Towards Extinction? Indigenous Rights in Africa: The Case of the Twa of the Kahuzi-Biega National Park, Democratic Republic of Congo" ("¿Hacia la extinción? Derechos indígenas en el Africa: el caso de los Twa en el Parque Nacional Kahuzi-Biega"), publicado por Forest Peoples Programme e IWGIA, examina la situación y perspectivas del pueblo indígena Twa en dicho país.
Su autor, un abogado congolés especializado en derechos humanos, utiliza un marco de derechos indígenas para examinar el caso de los Twa, un pueblo Pigmeo que habita en la región oriental del país, que fueron expulsados de sus territorios tradicionales a fin de crear el Parque Nacional Kahuzi-Biega. Los Twa, un grupo cazador y recolector de los bosques tropicales, se ven enfrentados a un sombrío futuro. Sin acceso a las tierras de las que han dependido durante milenios, actualmente se ven obligados a vivir en miserables asentamientos ubicados en los márgenes de otras aldeas alrededor del Parque. Privados de sus derechos, de compensación y de justicia, y expuestos a la discriminación de otros sectores de la sociedad, los Twa también sufren altos niveles de desnutrición y enfermedades.
La obra analiza el contexto más amplio de las políticas respecto de la identidad étnica y los derechos de los indígenas en Africa. En la misma se ubica la cuestión de los Twa a nivel de dos importantes áreas de pensamiento: el creciente movimiento de autoidentidad de los así llamados pueblos indígenas del continente -que están recurriendo a conceptos del derecho internacional para rever sus relaciones con los Estados de modo que se adapten a los mismos- y los nuevos modelos de la conservación, donde se reconocen los derechos de los pueblos indígenas, se valoran sus conocimientos y procuran que asuman un papel central en el manejo de las zonas a conservar.
Los Twa de Kahuzi-Biega aún no se han beneficiado de estos cambios en la manera de enfocar los temas, y en el referido enfoque se discute acerca de los derechos territoriales y las posibles opciones que los Twa tienen para cuestionar su expulsión del Parque Nacional Kahuzi-Biega y llegar a nuevos acuerdos basados en el reconocimiento de sus derechos. El informe finaliza formulando recomendaciones concretas para introducir reformas en la manera en que las autoridades del país, los conservacionistas y las agencias de ayuda que les brindan apoyo están tratando el caso de los Twa.
La contradicción entre conservación de la naturaleza y derechos de los pueblos indígenas es falsa. De modo que lo que el informe busca no es minar los esfuerzos de los conservacionistas que trabajan en el Congo y los expatriados, quienes tanto han luchado por la protección de la vida silvestre en ese país diezmado por la guerra. Sin embargo, se desprende claramente la necesidad de que se respete el derecho de los pueblos indígenas que allí habitan y que han sufrido y siguen sufriendo abusos. El autor señala que la conservación se verá fortalecida y no debilitada siempre que las comunidades locales la experimenten como un proyecto positivo que redundará en su propio beneficio. Febrero de 2001.

¿El saqueo será certificado en Uganda?
Una misión de la ONU presentó recientemente un informe sobre la explotación generalizada de los recursos mineros y forestales en el Congo (ex-Zaire) por fuerzas de Ruanda y Uganda, en colaboración con grupos de oposición congoleses en la región oriental del país.
Entre los diversos temas que se analizan en detalle en el informe, hay un estudio de caso especial sobre la compañía forestal ugandesa-tailandesa DARA Forest, que inició sus operaciones en el área de Ituri en 1998. La compañía solicitó de inmediato una concesión forestal a las autoridades congolesas, que fue rechazada por el gobierno de Kinshasa. A pesar de eso, la compañía comenzó sus actividades comprando madera a los madereros locales, y ese mismo año instaló un aserradero en Mangina. Antes del año 2000 ya había recibido una concesión forestal de parte del grupo armado de la oposición Rassemblement Congolais pour la Démocratie-Mouvement de Libération (RCD-ML).
Entre 1998 y 2000, la deforestación aumentó (especialmente en Djugu, Mambassa, Beni, Komanda, Luna, Mont Moyo y Aboro) como resultado del madereo insustentable a gran escala relacionado con las actividades de DARA Forest.
La madera extraída de esa región (ocupada por el ejercito ugandés y el RCD-ML) se transporta a Uganda para uso local y para exportación. Como la madera extraída en el Congo no paga ningún tipo de impuesto, la madera de acajou de ese país es mucho más barata en Uganda que la misma madera cortada localmente. Los troncos del Congo se exportan más tarde a Kenia, y posteriormente se reexportan en grandes volúmenes a Asia, Europa y América del Norte. Las compañías que compran la madera indocumentada de DARA tienen sus sedes principalmente en Bélgica, China, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Kenia y Suiza.
Para intentar "legalizar" sus operaciones, DARA Forest firmó un contrato en mayo de 2000 con SmartWood y el Rogue Institute for Ecology and Economy de Oregon, EE.UU., dirigido a obtener la certificación para su madera. El plan consistía en certificar el bosque de Budongo en Uganda (en el que DARA ni siquiera tenía una concesión en ese momento), y utilizar dicha certificación para comercializar la madera extraída en forma ilegal y no sustentable en el Congo.
Según la documentación interna de la empresa, de esa forma DARA Forest importaría troncos desde el Congo, que serían procesados en Namanve, Uganda, junto con la madera extraída del bosque certificado de Uganda. De esa forma, la totalidad de su producción sería comercializada como madera certificada por el Consejo de Manejo Forestal (FSC por su sigla en inglés). Los socios de DARA en esta operación serían DARA Europe GmbH de Alemania, Shanton President Wood Supply Co. Ltd. de China, President Wood Supply Co. Ltd. de Tailandia y DARA Tropical Hardwood, Portland (Oregon) de EE.UU. Una operación ingeniosa que, después de la aparición del informe de la misión de la ONU, es de esperar que fracase. Mayo de 2001.

¿Se convertirá Zimbabwe en miembro del club de madereros?
La República Democrática del Congo (RDC) posee casi la mitad de los bosques tropicales de Africa y el 6% de los bosques tropicales del mundo, y la zona fue designada recientemente por las Naciones Unidas como uno de los bosques más importantes del planeta.
Hasta hace poco tiempo, debido a carencias en materia de vías de comunicación terrestres y al conflicto interno permanente, las empresas dedicadas a la explotación de madera tropical no habían centrado su atención en este país. Pero ahora una compañía de Zimbabwe ha obtenido el derecho a explotar 33 millones de hectáreas de bosques de la RDC, el 15% del total de su superficie y diez veces el tamaño de Suiza. Supuestamente, esto es resultado de un acuerdo entre el gobierno de la RDC y representantes del presidente de Zimbabwe Robert Mugabe, a cambio de ayuda militar contra fuerzas rebeldes en el este del país, y es a la vez un desesperado intento de recuperar algunas de las pérdidas en las que incurrieron los líderes de Zimbabwe a raíz de su intervención en la RDC.
La concesión de madereo fue otorgada a Socebo, una subsidiaria de Cosleg (Pvt) Ltd. Cosleg es una joint venture entre la irónicamente denominada Operación Legitimidad Soberana (Operation Sovereign Legitimacy, Osleg), una compañía controlada en gran parte por el ejército de Zimbabwe, y Comiex-Congo, una empresa cuya propiedad mayoritaria pertenece a la familia del Presidente de la RDC Joseph Kabila. Se espera que la operación rinda ganancias de hasta U$S 300 millones durante los dos o tres años que llevará extraer la madera más valiosa de las concesiones.
La intención es explotar cuatro concesiones, ubicadas en las provincias de Katanga, Kasai, Bandundu y Bas-Congo, y de cada una de ellas Socebo espera producir más de 150.000 metros cúbicos de madera por año a capacidad plena. El inicio de la explotación de todas las concesiones estaba programado para el 30 de abril de 2001 pero, según nuestro conocimiento, las fechas de inicio no se cumplieron. Al parecer la causa de este retraso es que la compañía no logró recolectar los fondos necesarios, estimados aproximadamente entre U$S 30 y 40 millones por concesión, de los cuales más de la mitad serían solicitados a mercados financieros.
La madera sería exportada (dado que Zimbabwe se autoabastece), aunque una parte podría ser utilizada para consumo nacional en la RDC. En esta etapa no está claro a dónde exactamente serán exportados los troncos, pero es probable que la madera extraída de la concesión de Katanga sea exportada por ferrocarril a Zambia y finalmente a Durban (Sudáfrica), de donde saldría a países fuera de la región. Las demás concesiones están situadas más al norte y debido a las malas condiciones de las carreteras, es probable que la madera sea trasladada por el río. Actualmente el 80% de los rolos exportados desde la RDC pasa por Congo-Brazzaville y su destino final es el mercado europeo. A juzgar por las tendencias regionales, Francia sería casi seguramente uno de los importadores principales (como lo es en los casos de Camerún, Gabón y Liberia).
La explotación maderera en la RDC ha sido realizada durante más de 60 años por lo que se ha convertido efectivamente en un cártel, compuesto por intereses franceses, belgas y algunos alemanes. Si una compañía no es miembro de este cártel, se considera extremadamente difícil o imposible que pueda operar en concesiones para la explotación maderera. ¿Se convertirá Zimbabwe en un nuevo miembro de este "club" exclusivo y destructivo? Setiembre de 2001.

Millones de hectáreas de bosque sometidos a madereo no sustentable
Si bien la República Democrática del Congo es un país rico en recursos naturales, la falta de acceso a la tierra y la competencia por la misma, unidas a una larga historia de conflictos, han sumido a una gran parte de su población en la pobreza, el hambre, la desnutrición crónica y el endeudamiento.
Las compañías madereras operan sin un marco institucional o legislativo que asegure el uso sustentable y equitativo de los recursos. La mayor parte de las exportaciones de madera consiste en troncos, si bien en abril de 1999 hubo una breve prohibición que se levantó tres meses después debido a la presión del sector forestal. El Banco Mundial también contribuyó a aumentar las exportaciones de madera con un préstamo de U$S 12 millones otorgados para ese propósito con el objetivo de contribuir al pago de la deuda externa del país.
El rendimiento sumamente bajo de las operaciones madereras, resultado de una tala altamente selectiva en que sólo se cortan los mejores árboles, sólo contribuye a acelerar el ritmo en que se abren los bosques tropicales.
Aunque existen varias áreas protegidas, la guerra ha impedido el manejo y control dentro de las zonas en conflicto. Pero además, las áreas protegidas fuera de las zonas de guerra tampoco están siendo controladas adecuadamente.
En términos sociales, por un lado las compañías madereras suministran un cierto nivel de salud, educación y servicios de transporte a los pobladores locales, en general abandonados por el Estado, pero por otro lado, les pagan salarios muy bajos y no asumen ninguna responsabilidad por los trabajadores congoleños una vez que finaliza el madereo y la empresa se traslada a otra parte. Esto significa que aquellos que se mudaron dentro del bosque para trabajar para la compañía a menudo tienen que pasar a talar el bosque para seguir alimentando a sus familias. Es a ellos (y no a las compañías ni al gobierno) a quienes se culpa de destruir el bosque, mientras que los verdaderos responsables por la destrucción social, económica y ambiental producida por el madereo no sustentable cobran en efectivo sus ganancias y se van. De esta forma las víctimas son doblemente víctimas, mientras los bosques siguen desapareciendo. Noviembre de 2001.

Bosques abiertos para las empresas
Solamente Brasil e Indonesia tienen mayor superficie de bosques tropicales que la República Democrática de Congo. Si bien la explotación de recursos no cesó durante la guerra, muchas empresas madereras extranjeras detuvieron sus actividades. La compañía malaya Innovest, por ejemplo, ha vendido activos en la RDC debido a las pérdidas financieras. El 18 de enero de 2002 Innovest anunció la celebración de un contrato con la compañía Man Fai Tai Congo Ltd S.A.R.L para vender máquinas y equipos que comprara en 1997 para las concesiones madereras en la RDC y la República del Congo.
Las especies principales exportadas desde la RDC en 1998 eran Sipo, Sapelli, Tola, Iroko, Afrormosia, Tima y Wenge. Los principales países importadores eran Portugal, Alemania y Francia. Actualmente es mucho más difícil calcular y realizar el seguimiento de la exportación de madera, en parte porque la mayoría de la madera sale del país a través de Congo-Brazzaville, Camerún, u otros países vecinos.
La reanudación de actividades de madereo más organizadas estará ligada al retorno a una situación de estabilidad política y económica. Se han realizado esfuerzos para facilitar un proceso de paz en la región, y en este momento existe una creciente tranquilidad en el país. Sin embargo, todavía se producen estallidos esporádicos de violencia. El desafío sigue siendo encontrar soluciones políticas duraderas. En abril de 2002, el diálogo intercongolés fue suspendido inconcluso después de 52 días de negociaciones de paz en Sun City, Sudáfrica. En las conversaciones de Sun City, se llegó a un acuerdo entre el gobierno de Kinshasa de Joseph Kabila, el MLC respaldado por Uganda y la mayoría de los grupos de la sociedad civil y los grupos de oposición política no armados sobre un acuerdo de paz que establecía la permanencia del gobierno de Joseph Kabila durante un período de transición, la creación de varias instituciones nuevas, y la inclusión del RCD y el MLC en el gobierno y en instituciones como el ejército. El RCD-Goma apoyado por Ruanda rechazó totalmente el acuerdo. Las partes firmantes del acuerdo anunciaron la instalación de un gobierno de transición en Kinshasa a mediados de junio.
Ante los esfuerzos recientes de buscar una solución política duradera, los inversores extranjeros están recuperando su confianza y están invirtiendo nuevamente en la industria maderera de la RDC. Joseph Kabila se ha comprometido en forma activa con instituciones financieras internacionales, y un gerente del FMI declaró que existían buenas perspectivas de intensificar la cooperación entre el FMI y la RDC. Kabila y el Banco Mundial están apoyando una estrategia económica que se basa en gran medida en la extracción de los abundantes recursos naturales que existen en este enorme país. Kabila ha estado haciendo las rondas: en octubre del año pasado viajó con su ministro de economía, entre otros lugares, a Nueva York, París y Bruselas. En noviembre del mismo año, realizó el discurso de apertura de la Cumbre Empresarial EE.UU.-Africa.
En su discurso describió una estrategia económica ambiciosa que reinsertaría a la RDC en la economía mundial. Se comprometió a fortalecer el sector privado congoleño y a realizar reformas institucionales que aumenten la estabilidad económica. También describió los preparativos para un nuevo código de inversión y minería.
A pesar de la guerra civil, y en algunos casos debido a ella, la extracción de recursos naturales se sigue realizando sin control. Global Witness y otras organizaciones han reunido documentación sobre los vínculos que existen entre el régimen de Zimbabwe y la extracción de recursos naturales en la RDC. La concesión de Socebo -empresa subsidiaria de Cosleg, controlada mayoritariamente por el ejército de Zimbabwe -abarca 33 millones de hectáreas de tierras, más del 15% del total de la superficie de la RDC. Ya comenzaron las actividades de madereo en la provincia de Katanga, a cargo del ejército de Zimbabwe en cooperación con una compañía llamada SAB Congo.
Durante todo el conflicto, una de las preocupaciones ha sido la recolección ilegal de recursos naturales, en especial la madera. En diciembre de 2001, el Consejo de Seguridad recibió un informe de un Panel de Expertos de la ONU que describía formas de combatir la explotación de recursos naturales en la República Democrática de Congo. En diciembre, el Consejo de Seguridad acordó que un panel de expertos reconstituido se reuniera en enero de 2002 durante un período adicional de seis meses para analizar con más detalle la extracción y comercialización de los recursos naturales. El informe provisorio emitido en mayo de 2002, destacó que la explotación ilegal de recursos naturales en la RDC se está consolidando, y que sus efectos sobre las poblaciones locales son desastrosos. El panel descubrió que se están empleando varias estrategias para desviar dinero de la explotación para beneficios personales o para financiar operaciones militares. Sin embargo hasta la fecha, el Consejo de Seguridad no ha logrado ejecutar ninguna medida concreta para intentar rectificar esta situación.
Existen pocas dudas de que la inversión privada y la extracción de recursos de madera en la RDC van a aumentar. En este clima de incertidumbre, con estallidos esporádicos de violencia e inestabilidad política y económica, es necesario controlar cuidadosamente las operaciones de madereo. Los inversores y los madereros están ansiosos por lograr el acceso a los ricos bosques de la RDC. Los próximos dos años serán esenciales para los bosques y los pueblos que dependen de los recursos de los bosques para su supervivencia. Junio de 2002.

CONGO, R
Plantaciones de eucalipto de Shell ahora brindan muchos menos puestos de trabajo

Además de sus conocidas operaciones petroleras, la compañía Shell también está involucrada en una actividad menos difundida: la plantación de árboles. La compañía ha plantado, por si sola o en asociación con empresas o Estados, casi 150.000 hectáreas principalmente de árboles de eucalipto y pino en Argentina (10.000), Chile (36.000), República del Congo (42.000), Nueva Zelandia (23.000), Paraguay (8.000) y Uruguay (28.000).
En la República del Congo (Brazzaville), la compañía Shell posee el 90% de las acciones de la compañía Eucalyptus du Congo (ECO-SA), mientras que el gobierno posee el 10% restante. Sus plantaciones están establecidas en tierras de propiedad del Estado cerca de la ciudad costera y puerto de Pointe Noire. Las plantaciones se componen de clones de híbridos de eucalipto (Eucalyptus alba x Eucalyptus urophylla y Eucalyptus tereticornis x Eucalyptus grandis). El mercado principal para estas plantaciones clonales es la industria de la celulosa, y cada año se exportan casi medio millón de metros cúbicos de troncos sin procesar a Noruega, Francia, Italia, España, Portugal y Marruecos para la producción de pulpa y papel.
Como es habitual en este tipo de plantaciones, la creación de empleos por la compañía es escasa: apenas 400 puestos de trabajo. Eso significa que, contando sólo el área plantada y no la totalidad del área cubierta por la plantación, se requieren 105 hectáreas para crear un sólo puesto de trabajo. Pero actualmente las cosas han empeorado todavía más. El mes pasado, la administración de la compañía decidió detener el corte y venta de madera de eucalipto debido a una baja del precio internacional, que se debe, según se alega, a la superproducción de este tipo de madera. Como también es habitual, el costo será pagado por los trabajadores. Según el gerente de la compañía, el Sr. Perrin, la cantidad de trabajadores se reducirá "hasta que el precio de la madera vuelva a alcanzar un nivel correcto". En otras palabras, "el mercado" decidirá la suerte de los trabajadores.
Este es uno de los numerosos ejemplos de lo inadecuado del modelo de plantación de monocultivos a gran escala como medio para mejorar las formas de subsistencia de las comunidades locales. En este caso, la compañía, con el apoyo y la participación del gobierno, se apropió de más de 50.000 hectáreas de tierra para una actividad que produce muy pocos puestos de trabajo y que genera ingresos de exportación muy bajos porque exporta troncos sin procesar. Cuando el precio internacional es alto, la compañía genera ganancias que nunca llegan hasta los trabajadores y las comunidades locales. Cuando el precio es bajo, los trabajadores son despedidos.
Esta situación muestra otro ejemplo más de la estrategia de la industria de la celulosa y el papel para asegurar el suministro barato y constante de materia prima: promover la plantación de eucalipto a gran escala en países que pueden producir grandes cantidades de madera barata. Esto implica que los árboles deben crecer rápido, que la mano de obra y la tierra deben ser baratas y que los controles ambientales deben ser poco exigentes. Indudablemente, estos requisitos de la industria de la pulpa y el papel se cumplen en la República de Congo. Pero también se cumplen en muchos otros países, a los que se alienta a través de distintos mecanismos a dedicar grandes zonas de su territorio a la plantación de árboles. El resultado es una competencia mundial por vender el mismo producto, lo que hace que el precio baje, para beneficio de los actores principales de la industria y el comercio mundiales. Mayo de 2001.

Empresas madereras extranjeras destruyen bosques y fuentes de sustento
La República del Congo, a menudo conocida como Congo-Brazzaville, tiene una superficie total de 342.000 km2, 60% de los cuales está cubierto por bosques tropicales (21,5 millones de hectáreas), ubicados principalmente en la escasamente poblada zona norte del país. El bosque y sus recursos son la principal fuente de sustento de la mayoría de la población rural que habita esa zona.
Como parte de las políticas de ajuste estructural, y de acuerdo a las políticas de reforma macroeconómica prescritas por las agencias multilaterales de crédito, se está llevando a cabo la privatización de las instituciones forestales previamente paraestatales, a la vez que crece la penetración de las compañías transnacionales en el sector forestal. Entre las compañías extranjeras que operan en el país se encuentran Danzer (Alemania), Rougier (Francia), Feldmeyer (Alemania), el consorcio Boplac (Holanda-Dinamarca-Alemania) y Wonnemann (Alemania). Las exportaciones de madera, mayoritariamente de madera rolliza sin procesar, representan la segunda fuente de ingresos por exportaciones del país después del petróleo. El sector forestal proporciona el 10% de los puestos de trabajo formales y su contribución al PBI pasó del 1% en 1982 al 5% in 1996.
Aproximadamente la mitad de los bosques del país están clasificados como bosques productivos adecuados para la explotación maderera, realizada principalmente por empresas madereras multinacionales bajo la modalidad de concesión. Los bajos impuestos a la explotación forestal, los controles poco exigentes, la baja capacidad para hacer cumplir la normativa vigente, las irregularidades y la corrupción en la adjudicación y explotación de amplias concesiones, han atraído a las empresas forestales y han hecho prosperar las operaciones de madereo. Las especies principales a las que se apunta son Okoumé, Limba, Sapelli y Sipo.
La explotación de los bosques ha facilitado la caza comercial de animales silvestres, que está diezmando la fauna en varias zonas. La pérdida de biodiversidad producida por el madereo tiene consecuencias a largo plazo, tanto en el plano ecológico como en el social. Aunque el país tiene áreas protegidas, la capacidad para su vigilancia y control es mínima.
Las prácticas de las compañías forestales también han producido impactos sociales, incluyendo la discriminación de los habitantes locales que en general no han tenido acceso a una educación adecuada, por lo que no poseen las habilidades que requieren las compañías madereras. Los Pigmeos en particular, que son habitantes de los bosques y utilizan sus recursos para actividades de subsistencia, se ven doblemente afectados: su fuente de sustento está siendo destruida y encuentran difícil obtener empleos con remuneración razonable, ya que no son considerados confiables por las compañías madereras.
Las compañías no escuchan en forma adecuada a los pobladores locales, cuyas necesidades rara vez se respetan o se toman en cuenta, a menos que se realicen acciones directas, como por ejemplo el bloqueo de las rutas de madereo con barricadas.
Como siempre, la historia se repite, y las actividades con fines de lucro que benefician sólo a una rica élite transnacional y a sus acólitos locales destruyen el medio ambiente y las fuentes de sustento de los antiguos pobladores y guardianes del bosque. Agosto de 2001.
Aumentan actividades de madereo
La cuenca del Congo contiene la segunda área más extensa del mundo de bosques húmedos tropicales, después de la cuenca amazónica. Reconocido por su gran biodiversidad, este bosque también alberga pueblos de diversas culturas que dependen de los recursos del bosque para su sustento. El país acaba de salir de una cruenta guerra civil, en la que la explotación de madera se redujo drásticamente, y en la medida en que aumenta la estabilidad de la región, aumenta también la explotación de los recursos naturales. Las empresas madereras están ansiosas por reasumir o comenzar la explotación de los bosques de Congo-Brazzaville, tan ricos en recursos. Se reiniciaron las operaciones madereras en el sur del país, mientras los remotos bosques primarios del norte (que mayoritariamente no habían sido adjudicados en concesión antes de la guerra civil) comienzan ahora a ser adjudicados para la explotación maderera.
Las operaciones de madereo alterarán aún más las vidas de los pobladores locales, particularmente de los Pigmeos, que dependen del bosque para su sustento. En la medida en que se abre el norte a las operaciones madereras, aumentará la caza comercial de animales para abastecer a las comunidades de trabajadores, lo que contribuirá al empobrecimiento del bosque, ahora abierto por las carreteras y afectará a los grupos de Pigmeos que usan áreas del bosque para actividades de subsistencia. En general es difícil para los Pigmeos obtener una remuneración razonable en los poblados madereros, y deben además enfrentar la discriminación de los Bantúes. A menos que se hagan esfuerzos para hacer participar al pueblo Pigmeo en el manejo de sus bosques y para que puedan compartir las ganancias generadas, las futuras generaciones probablemente sentirán se les ha estafado su patrimonio.
La expansión de la industria de la madera también se ve facilitada por las políticas adoptadas por el gobierno, tendientes a liberalizar la economía. Con el apoyo del FMI, la República del Congo liberalizará el sector de recursos naturales para maximizar las ganancias, y a esos efectos se aprobó una nueva ley forestal en el año 2000. Henri Djombo, Ministro de Bosques, estimó que la producción de troncos en el país se duplicará o triplicará en el próximo trienio.
Como resultado de las políticas del gobierno para liberalizar la economía, se adjudicaron nuevas concesiones para operaciones de madereo a gran escala en las regiones norteñas de Sangha y Likouala. La empresa Industrielle des Bois (CIB) de propiedad alemana es el mayor operador maderero del país (1,15 millones de hectáreas), pero hay otras compañías que también se están moviendo para asegurar su posición en esta floreciente industria, particularmente en las regiones del norte que no habían sido explotadas hasta ahora. A continuación se presenta una lista de las empresas más importantes que operan en el norte del Congo (a marzo 2001), incluyendo las superficies en concesión que tiene cada una (en hectáreas):
Bois et Placages de Lopola (BPL): 199.900 hás
Congolaise Industrielle des Bois (CIB): 1.150.516 hás
Cristal: 213.200 hás
ESBO: 163.466 hás
Industrie de Transformation des Bois de Likoula (ITBL): 422.195 hás
Likouala Timber: 525.500 hás
Mokabi SA: 370.500 hás
Société Congolaise Arabe Libyenne (SOCALIB): 448.000 hás
Société Industrielle Forestière de Ouesso (IFO): 1.131.600 hás
Thanry-Congo: 461.295 hás

Las empresas también están invirtiendo en aumentar las actividades madereras en el sur. Por ejemplo, la empresa portuguesa FORALAC informó recientemente una inversión de ocho mil millones de francos CFA (U$S 11,4 millones) y la creación de 500 puestos de trabajo en sus concesiones.
Como consecuencia de la expansión de las actividades forestales, Congo-Brazzaville emerge como un importante proveedor de madera tropical para Europa; Alemania, por ejemplo, aumentó sus importaciones de madera desde este país. Entre las especies que se exportan desde Congo-Brazzaville se incluyen Sapelli y Sipo. El comienzo del madereo en el norte también impulsó la construcción de nuevas carreteras que comunican con Camerún y la República Centroafricana, y toda la madera de las regiones del norte se exporta vía Bouala en Camerún, lo que hace difícil determinar con exactitud la cantidad de madera que se exporta desde Congo-Brazzaville.
En una reunión realizada en París en marzo de 2002, Henri Djombo, Ministro de Bosques del Congo, reconoció la existencia de madereo ilegal en Africa tropical. Además declaró que para luchar contra el madereo ilegal y promover prácticas sustentables en los bosques, se debe alentar la democratización, y se debe disponer de financiación para abordar el problema. Citó a su país como un ejemplo de cómo la falta de acceso a recursos es determinante en un control gubernamental débil sobre el sector forestal. Djombo explicó que el gobierno de Congo Brazzaville cuenta con solamente 300 funcionarios y guardabosques, cuando el trabajo requeriría no menos de 2000.
En conclusión, la situación está cambiando rápidamente en Congo Brazzaville, y la exportación de madera está aumentando después de la caída ocasionada por la guerra civil. El gobierno trabaja activamente en pos de una estrategia económica orientada a la exportación, y pretende duplicar o incluso triplicar la producción de madera. Al mismo tiempo que se adjudican concesiones y las empresas comienzan sus operaciones, el Ministro responsable de los bosques reconoce la existencia de madereo ilegal, y que el gobierno no cuenta con los recursos humanos necesarios para supervisar en forma efectiva a la industria. Abril de 2002.

COSTA DE MARFIL
Banco Mundial promueve plantaciones de palma aceitera y caucho en Liberia y Costa de Marfil

A través de diversas vías, el Banco Mundial es uno de los mayores y más poderosos impulsores del modelo de monocultivos forestales que prevalece actualmente. La Corporación Financiera Internacional (CFI), que forma parte del Grupo Banco Mundial y tiene como cometido específico la promoción de inversiones del sector privado en países "pobres", ha estado invirtiendo directamente en proyectos vinculados a plantaciones forestales, como ser en Kenia y Brasil.
Recientemente la CFI ha suscrito dos acuerdos para financiar sendas iniciativas en Africa Occidental. Una de ellas consiste en la reapertura de una compañía productora de caucho en Liberia, que había cerrado sus puertas durante la guerra civil, mientras que la otra se trata del establecimiento de una plantación de palma aceitera en Costa de Marfil.
La empresa Liberian Agricultural Company (LAC) recibirá un préstamo por U$S 3,5 millones para desarrollar una plantación de caucho en su establecimiento de 120.000 hectáreas. Entre 1961 y 1984 la compañía ya había plantado caucho en ese lugar, en una extensión de 10.500 hectáreas, que fueron abandonadas debido a la guerra civil. De acuerdo con sus promotores, el proyecto habrá de generar empleo, suministrar servicios de salud y educación y mejorar la infraestructura del medio rural, beneficiando así a 800 pequeños campesinos.
La mayor empresa productora de caucho de Costa de Marfil -Societé des Caoutchoucs de Grand Bereby (SOGB)- recibirá U$S 6 millones como préstamo de la CFI para establecer una plantación de palma aceitera en ese país. La misma habrá de ocupar una superficie de 5.000 hectáreas y en una segunda fase del proyecto, la empresa construirá una planta de fabricación de aceite para procesar la materia prima. Se ha subrayado que las nuevas plantaciones habrán de respetar las zonas ocupadas por bosques tropicales secundarios, cuya protección SOGB ha garantizado. Esta empresa ya maneja 15.000 hectáreas de plantaciones de caucho y procesa la materia prima, principalmente con destino a la exportación.
La globalización del modelo de plantaciones es una realidad, también en lo que respecta al caucho y la palma oleaginosa. La Compagnie Internationale de Cultures (Intercultures) -una filial de la Societé Financière des Caoutchoucs (SOCFINAL S.A.)- es dueña del 75% de las acciones de Liberian Agricultural Company. SOCFINAL es un holding con sede en Luxemburgo, que hace negocios en agricultura, haciendas, banca y finanzas, y posee diferentes empresas productoras de palma aceitera y caucho no sólo en Liberia y Costa de Marfil, sino también en Indonesia, Malasia, Camerún y Nigeria. En el proyecto de producción de caucho en Liberia también participa PROPARCO, que es la oficina encargada de los préstamos al sector privado de la agencia francesa de desarrollo Agencia Française de Développement. A su vez tanto Intercultures como PROPARCO son accionistas en SOGB.
El Sr. Tei Mante, Director del Departamento de Agricultura de la CFI, ha manifestado que estos acuerdos habrán de llevar a la creación de más empleos y a mayores niveles de vida, y que habrán de promover las exportaciones para obtener divisas, practicando a la vez una agricultura con máxima sensibilidad hacia el ambiente. Todo esto suena increíblemente hermoso ... salvo que la realidad muestra un panorama completamente diferente. Las promesas de una mayor calidad de vida para las comunidades locales, de mejoramiento de las economías de los países pobres, de respeto al ambiente, etc. han estado en flagrante contradicción con las consecuencias negativas para la gente y para el ambiente que traen consigo este tipo de proyectos basados en vastos monocultivos forestales. Los puestos de trabajo escasos y de mala calidad que tales proyectos generan, rara vez mejoran la calidad de vida de la población local. Los impactos ambientales provocados por los monocultivos forestales en gran escala llevan a una profundización del empobrecimiento de ésta. Si el Banco Mundial realmente desea cumplir con su mandato de aliviar la pobreza, debería empezar por reorientar sus préstamos hacia inversiones que ofrezcan oportunidades de empleo mejores que las generadas por este tipo de plantaciones. Diciembre de 1999.

Creciente conflicto entre pequeños propietarios y plantaciones industriales de palma aceitera
En marzo de este año, los plantadores de la unidad de plantación de palma aceitera agroindustrial de Ehania, en Costa de Marfil comenzaron una "acción de huelga por tiempo indeterminado" como presión para obtener un aumento en el precio del aceite de palma. La huelga paralizó las actividades de tres fábricas dedicadas a la recolección y procesamiento del aceite de palma. Los plantadores de Ehania, agrupados en una cooperativa agrícola llamada Palm-Ehania, se manifestaban contra la caída del precio de compra de su producción, que desde enero de 2001 cayó de 23 a 19,07 francos CFA (1 dólar equivale a 700 francos CFA). El vicepresidente de la cooperativa, Ahissi Brou, dijo que "la caída del precio puede forzar a los productores a abandonar las plantaciones". Afirmó que estaban determinados a proseguir su huelga hasta que se cumplieran sus demandas, argumentando que resulta "inconcebible" que el precio de la producción de palma baje mientras el precio de los productos terminados como jabón o aceite de mesa aumenta constantemente.
Esta no es la primera huelga de este tipo y ha habido acciones similares realizadas por cultivadores externos desde la privatización de 1997 de la compañía Palmindustrie, antiguamente de propiedad del Estado. Los activos de esa compañía fueron adquiridos por tres grandes compañías privadas:
1) PALMCI (Blohorn-Unilever y SIFCA-Cosmivoire), que adquirió dos tercios de la capacidad de producción de Palmindustrie, incluyendo 9 plantas procesadoras y 35.000 hectáreas de plantaciones industriales;
2) SIPEF-CI, que compró dos plantas procesadoras y 12.700 hectáreas de plantaciones industriales y
3) PALMAFRIQUE, con tres plantas procesadoras y 7.500 hectáreas de plantaciones.
Las plantaciones de esas tres compañías constituyen sin embargo sólo un tercio del área de plantación de Costa de Marfil, donde los pequeños propietarios tienen un total de 135.000 hectáreas de plantaciones de palma aceitera. Esta situación es el resultado del Plan Palmier lanzado en 1963, que trazó un programa para el establecimiento de plantaciones núcleo propiedad del Estado (plantations agroindustrielles) y plantaciones en tierras pertenecientes a pequeños propietarios (plantations villageoises). Los fondos proporcionados por el Banco Mundial y el Fondo de Desarrollo Europeo jugaron un papel importante para permitir la instrumentación de este plan. El Estado liberó reservas forestales para las nuevas plantaciones y creó un sistema de tenencia de la tierra según el cual cualquier persona que trabajara la tierra podría tener derecho a la propiedad de la misma. Antes de 1984 las plantaciones operadas por la compañía paraestatal Palmindustrie, constituían el 60,3% del área dedicada a la producción de palma aceitera y 39,7% estaba integrado por pequeños propietarios contratados. La situación actual ha cambiado drásticamente, con las compañías teniendo el 30% y los pequeños propietarios el 70% del área de plantaciones.
Aunque ya existen algunos ejemplos de pequeñas fábricas de procesamiento que son operadas por cooperativas, las grandes compañías son los principales compradores de la producción de los cultivadores externos, lo cual, unido a la caída internacional de los precios del aceite de palma, está dando lugar a conflictos como el de la huelga en Ehania. En este caso, la compañía involucrada es PALMCI, cuyos activos en la zona incluyen 11.600 hectáreas de plantaciones y tres plantas procesadoras de aceite, que también procesan la cosecha de alrededor de 22.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios. Esta cuenta con otros activos en el país, entre los que se incluyen:
- en Toumanguié: una plantación de 2.900 hectáreas y una planta procesadora, con un total de plantaciones de pequeños propietarios de 15.000 hectáreas;
- en Irobo: una plantación de 5.300 hectáreas y una planta procesadora, con un total de 12.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios;
- en Boubo: una plantación de 4.400 hectáreas y una planta procesadora, con un total de10.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios;
- en Blidouba: una plantación de 3.000 hectáreas y una planta procesadora, con un total de 10.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios;
- en Iboke: una plantación de 5.700 hectáreas y una planta procesadora, con un total de 10.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios;
- en Néka: una plantación de 2.700 hectáreas y una planta procesadora, con un total de 12.000 hectáreas de plantaciones de pequeños propietarios.
En este contexto, la huelga de Ehania se puede considerar un síntoma de las aspiraciones de aquellos que ahora constituyen la parte mayoritaria de las plantaciones con relación a las tres compañías que poseen la infraestructura de procesamiento y que establecen el precio para la materia prima. La privatización generó las condiciones para esta confrontación y el gobierno no es siquiera un observador neutral, ya que en este caso es accionista de PALMCI. Es difícil predecir el futuro, pero la hipótesis más plausible parece ser que, a menos que los precios del aceite de palma aumenten en el mercado internacional, la conflictividad seguirá aumentando. Y dada la difundida promoción de las plantaciones de palma aceitera en las regiones tropicales, es poco probable que los precios del aceite de palma aumenten. Junio de 2001.

FMI, cacao, café, madereo y minería
Durante más de una década, Costa de Marfil ha estado bajo la influencia de los programas de ajuste estructural del FMI, uno de cuyos factores más importantes ha sido la intensificación de las exportaciones. Durante la década de los 90 se intensificó la búsqueda de reformas fiscales y estructurales en Costa de Marfil. El país devaluó su moneda en 1994 y eliminó impuestos a las exportaciones en cumplimiento del programa de ajuste del FMI y en 1995 liberalizó sus mercados nacionales.
Como resultado, la producción de cacao se disparó un 44 por ciento entre 1994 y 1996. Costa de Marfil se convirtió en el primer productor mundial de cacao, con el 40 por ciento del mercado mundial. El país también está ubicado en el tercer lugar en la producción de café, superado sólo por Brasil y Colombia. Pero el florecimiento del sector agrícola, con el cultivo de cacao a la cabeza, produjo cambios sustanciales en el uso de la tierra. Esta conversión de la tierra ha sido un factor esencial en la disminución de 67% de la cobertura de bosques de Costa de Marfil desde su independencia de Francia en 1960. Los bosques totalizan ahora aproximadamente 2,4 millones de hectáreas, cuando antes eran 28 millones de hectáreas, o más de la mitad sur del país.
El lucrativo mercado del cacao incentivó a los productores a expandir sus parcelas en forma ilegal invadiendo los bosques protegidos de Costa de Marfil, amenazando aproximadamente un tercio de estas áreas. Las áreas de bosques a ser protegidas a través de su designación oficial como "sagradas" y "clasificadas" están siendo taladas, quemadas y sembradas con cultivos de exportación. En estos bosques, casi un millón de productores y sus familias producen hasta 100.000 toneladas de cacao, cerca del diez por ciento de la cosecha de 1996/1997.
En 1994, los productos de madera destinados a Europa constituían el 11 por ciento de las exportaciones. Las actividades madereras continúan exponiendo las áreas más remotas de Costa de Marfil a la actividad de cazadores furtivos. Mientras que los pobladores locales han cazado animales para su sustento durante miles de años, la caza de animales con fines comerciales se ha convertido en una industria donde las herramientas tradicionales han sido suplantadas por rifles automáticos. La caza de chimpancés, aves, tortugas y otras especies ha crecido hasta convertirse en una industria con un valor estimado de U$S 121 millones.
Los bosques de Costa de Marfil siguen constituyendo parte de las zonas de bosques más importantes de Africa. Su pérdida plantea riesgos graves para los modelos climáticos regionales, que están estrechamente vinculados a la presencia de la cobertura de bosques. Irónicamente, la producción de cacao depende de las condiciones climáticas y la sobreproducción de cacao podría en última instancia amenazar el éxito del cultivo.
El FMI recientemente ha presionado a Costa de Marfil para que amplíe sus sectores minero y petrolero. Por: Jason Tockman. Enero de 2002.

El bosque sagrado, el área protegida de la comunidad
La aldea de Zaïpobly está situada en el sudoeste de Costa de Marfil, en la periferia oeste del Parque Nacional de Taï. Este parque abarca una superficie de 454.000 hectáreas y es el mayor vestigio del bosque tropical húmedo original de Africa del Oeste. Ha sido clasificado Reserva de Biosfera en 1978 por UNESCO y sitio de patrimonio natural mundial en 1982 a causa de su riqueza específica extraordinaria y de las numerosas especies endémicas que lo habitan. A principios del siglo pasado era una zona uniformemente boscosa, pero los sistemas de cultivo agrícola introducidos con posterioridad y la sobreexplotación del bosque lo redujeron actualmente a islotes de bosques.
En su gran mayoría, esos relictos de bosques han sobrevivido por su carácter de sagrados. Un bosque sagrado es un sitio venerado y reservado a la expresión cultural de una comunidad. El acceso al mismo y su gestión están reglamentados por los poderes tradicionales.
El bosque sagrado de Zaïpobly se ubica en la periferia oeste del Parque Nacional de Taï, tiene una superficie de 12,30 hectáreas, y es accesible a todos sin restricción, pero los vegetales y animales gozan de una protección muy estricta. Este bosque está muy ligado a la vida de la aldea de Zaïpobly, en el límite sur del bosque. Para los habitantes de la aldea, el bosque cumple numerosas funciones: les sirve de protección, los provee de plantas medicinales y alimentarias, es lugar de conservación de la fauna y de la flora, crea un microclima húmedo favorable a la realización de actividades rurales en los barbechos circundantes, constituye un lugar de reuniones de gran importancia sociocultural y sirve de último testimonio viviente de lo que es un verdadero bosque para las generaciones futuras.
Los principales actores de la sociedad de la aldea con relación a la conservación del bosque sagrado son:
* la sociedad de los Kwi, en su origen una institución jurisdiccional y policial, pero últimamente más esto último, como consecuencia de la desintegración de las estructuras tradicionales, la introducción de nuevas religiones y el cambio de mentalidad,
* las autoridades tradicionales, depositarias del saber,
* la población de base, de la cual depende el éxito del sistema.
En la sociedad de los Kwi le compete la administración cotidiana del bosque; y ejerce además una disuasión sicológica sobre la población. Las autoridades tradicionales son la prolongación de los ancestros fundadores y a ellas les corresponde la decisión de sacralizar un sitio. Son las responsables últimas y garantía moral del sitio sagrado.
El empobrecimiento de la sociedad, la progresiva erosión del suelo, la introducción de otros modelos de pensamiento y de producción, así como de religiones monoteístas (islámica y cristiana) que se oponen a las prácticas de ritos tradicionales, juzgados satánicos y demoníacos, han contribuido a debilitar a los bosques sagrados y son por tanto factores que amenazan su existencia, ya que el establecimiento y la protección de los bosques sagrados se basan principalmente en las creencias culturales y religiosas locales.
Se ha demostrado que los sistemas de la cultura africana tradicional, lejos de constituir un obstáculo a la protección del ambiente, son la mejor garantía de protección de los ecosistemas y de la conservación de la biodiversidad. Y esta experiencia es la muestra de que los espacios sagrados pueden constituir las verdaderas reservas de la diversidad biológica del continente africano. Es por eso que numerosos africanos son conscientes de la importancia de salvaguardar y revalorizar el saber cultural de las comunidades, que muestra que Africa sabe organizarse para cuidar lo que le es preciado.
En tiempos en que la globalización todo lo engulle y convierte en mercancía, es propicio mirar estos ejemplos en los que la biodiversidad, el bosque, es visto en una dimensión más amplia que sus meros componentes. Esto permite establecer una vinculación que sería saludable que cada sociedad reeditara, desde su historia y su cultura. Julio de 2002.

ERITREA
Uso sustentable de bosques amenazado por políticas gubernamentales

Las tierras bajas del oeste de Eritrea son la extensión más oriental del Sahel, ubicadas entre la frontera de Eritrea con Sudán y las tierras altas eritreas y etíopes. Sus elevaciones y planicies están cubiertas principalmente por vegetación baja semiárida y bosques de sabana, y están interrumpidos por tres valles de ríos cubiertos por bosques muy densos, algunos de ellos mixtos de palma "dom" y acacia, siendo el resto bosques puros de palma dom (Hyphaene thebaica).
Seis grupos étnicos viven allí, constituyendo varios cientos de miles de personas con sistemas de supervivencia diferentes, caracterizados por la flexibilidad para enfrentar los numerosos desastres naturales y causados por el ser humano, que han producido estragos durante los últimos cuarenta años. Importantes sequías y la guerra han llevado al colapso del sistema agrícola, provocando numerosas muertes y éxodos en masa de la población como refugiados. Entre 1998 y 2000, las tierras bajas fueron invadidas por ejércitos etíopes.
En todas las épocas, los productos del bosque juegan un papel fundamental para el sustento de los pobladores. Todas las tribus dependen en gran medida del bosque para cubrir sus necesidades de subsistencia (vivienda, herramientas y algunos alimentos), en tanto que la fibra de la palma dom es la fuente principal de ingresos monetarios para la mayoría de la población de las tierras bajas (pertenecientes a las tribus Tigre, Beni Amer e Hidareb).
También en tiempos de paz y cuando los niveles de lluvia permiten al menos algunos cultivos y pastoreo, los miembros más pobres de la comunidad o los que no pueden cultivar tierras (como muchas viudas de guerra), se ganan la vida cortando, tejiendo y vendiendo palma. También las nueces de la palma dom son un alimento de último recurso en la estación de hambre antes de las cosechas, y en los años de sequía se transforman en un alimento básico para muchos.
Otro grupo étnico, los Kunama, tiene un enfoque diferente sobre el bosque. Cortan muy poca palma para obtener ingresos, pero recolectan alimentos de veinte o más especies de árboles. Entre ellas se incluyen la palma dom y otras especies a las que valoran como alimento de reserva para los años de sequía cuando fracasan los cultivos: para ellos los bosques ribereños son su seguro, más que una fuente regular de ingresos.
La capacidad de resistencia del sistema agrícola reside en la cosecha del bosque, que permite sobrevivir a los campesinos pobres y a comunidades enteras durante los años malos. Pero los servicios de extensión agrícola del gobierno de Eritrea se han enfrentado al sistema tradicional, en parte debido a la creencia infundada de que el corte de la hoja de palma se realiza de forma que daña al árbol, pero principalmente porque el gobierno tiene otras prioridades: los bosques ocupan tierra fértil con napas de agua subterránea altas, ideales para realizar agricultura irrigada de cultivos comerciales como cebollas y bananas. Aumentar la producción de esos cultivos es una prioridad central para el gobierno, como forma de generar divisas a través de exportaciones y de atraer las inversiones.
En cambio, la población local valora mucho el bosque, lo que ha sido un factor esencial para su conservación. Los pobladores han establecido patrones de cosecha regidos por reglas informales y tienen una comprensión profunda de la naturaleza de la regeneración y el crecimiento de la palma dom. Estos sistemas evitan el corte excesivo restringiendo la posibilidad de acceso y el corte excesivamente frecuente, y han demostrado ser sustentables durante muchas generaciones. Setiembre de 2001.

ETIOPÍA
Deforestación y monocultivos detrás de los incendios

Etiopía es un país tropical montañoso con alturas que superan los 4.000 metros, y tiene muchas regiones que antes fueron ricas en vegetación y ahora son desierto y rocas. La desertificación y la erosión se han incrementado en la última década.
Según un estudio de las Naciones Unidas, casi todos los bosques de Etiopía fueron destruidos en los últimos 40 años. Actualmente menos del 3% de la superficie total del país está cubierta por árboles, en comparación con el 40% de hace un siglo, y el 16% de principios de los años 50, lo que hace temer que sobrevenga un desastre ambiental inminente en este país, sitio de origen del café y una de las regiones claves de la biodiversidad mundial, hoy con extensas superficies expuestas a altos niveles de erosión del suelo.
La causa primaria de deforestación - con una tasa estimada en 200.000 hectáreas por año - ha sido la tala extensiva de bosques para actividades agrícolas orientadas a la exportación y para sobrepastoreo, y también la explotación comercial de los bosques para obtener leña y materiales de construcción. Los proyectos de desarrollo (que incluyen cultivos comerciales de café y té, reasentamientos humanos, actividades de madereo y pastoreo) asumidos por los organismos gubernamentales, con la asistencia de agencias bilaterales e internacionales, han ejercido grandes presiones sobre las regiones de bosques de montaña. Tierras desecadas, grandes superficies con pendientes de más de 16 por ciento y gran intensidad pluvial provocan la acelerada erosión del suelo una vez que se produce la deforestación.
Las zonas de vegetación más amenazadas del país, los bosques perennes húmedos y los bosques perennes secos - los recursos forestales más extensa y ampliamente utilizados - no se encuentran entre las áreas silvestres protegidas. Excepto por el Parque Nacional Bale, que contiene sólo pequeños parches de ambos tipos de bosque, y el pequeño bosque del estado de Menagesha cerca de Addis Abeba, no existen áreas de bosque protegidas en el país.
Un estudio de cuatro meses realizado para la Unidad de Emergencia en Etiopía, de la ONU, informó que ha habido un cambio climático obvio en los últimos 30 o 40 años. El geógrafo Eve Guinandi explicó que ha habido un cambio ambiental por el cual los bosques se han convertido en arbustos, luego en sabana y por último en paisaje semiárido. "Al hablar con los campesinos viejos, ellos dicen que sus zonas estaban cubiertas de bosques. También dicen que la temperatura ha aumentado y que llueve poco, cuando llueve", afirmó.
El aumento de la temperatura debido a la falta de árboles, la aguda erosión del suelo y las plantaciones de monocultivos comerciales, con cultivos destinados a la venta. Árboles como el eucalipto, han distorsionado totalmente el medio ambiente. De esta forma, la práctica tradicional de las comunidades de preparar la tierra mediante quemas (que se ha usado por siglos) se ha descontrolado, ocultando las reales causas subyacentes del desastre ambiental de Etiopía. Febrero de 2002.

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