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AMERICA

 

Amazonía:

Selva y Bosques diez años después de Río

Publicación de Censat-Agua Viva
en ocasión de la Cumbre Mundial
de Johannesburgo.

Colombia - Julio de 2002

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Perú amazónico
por Elizabeth Díaz (WRM)

Perú, uno de los países con mayor diversidad geográfica, biológica y cultural en el mundo, está dividido en tres regiones (la costa, la sierra y las llanuras amazónicas), que totalizan una superficie de 1.285.220 km2 con una población de 25.230.000 habitantes (Guía del Mundo 2001). La región amazónica es la mayor, con una superficie de 956.751 km2 equivalente al 74% del territorio nacional y al 12,6% del territorio amazónico (TCA 1992). Esta región que contiene los departamentos de Loreto, Ucayali, San Martín y Madre de Dios, y parte de los de Amazonas, Cajamarca, Huánuco, Pasco, Junín, Ayacucho, Cusco y Puno, es además la que alberga la naciente del río Amazonas, en la confluencia de los ríos Ucayali y Huallaga.

Esta biodiversidad está siendo destruida a un ritmo cada vez más acelerado. Se calcula en 286.600 hectáreas la deforestación anual, a una tasa del 0,4% anual. La mayor parte de las intervenciones de la sociedad no-indígena y de las empresas nacionales y extranjeras han contado con un marco muy flexible para la apropiación y extracción intensiva de los recursos naturales. Esto se refleja en la agricultura migratoria, la explotación petrolera, la minería aurífera "de quebradas", la extracción de madera y el cultivo de coca. Se estima que el área deforestada en la Amazonía peruana es de más de 8 millones de hectáreas.

Entre las principales causas de deforestación se cuentan las siguientes:

Colonización

Al igual que en otros países de la cuenca, la Amazonía ha sido históricamente percibida por el Estado peruano como un espacio vacío e improductivo a ocupar y a la vez como solución a los problemas sociales en otras regiones a través de la migración y colonización. Las políticas de colonización establecieron la obligación de los colonos de desbrozar la selva como condición para adquirir títulos de propiedad, puesto que sólo así se podría demostrar que los predios estaban dedicados a la producción.

La colonización de la Amazonía, que se inicia a partir de 1945, fue denominada como la "conquista de la Amazonía por los peruanos". Esa colonización fue estimulada desde el Estado a través de la construcción de carreteras y la promoción de actividades agropecuarias, convirtiendo a la Amazonía en "válvula de escape" para las presiones generadas por la pobreza de los Andes.

La industria maderera

A lo anterior debe sumarse la actividad depredatoria de empresarios madereros nacionales y extranjeros (empresas malasias por ejemplo), legales e ilegales. Los indígenas Mashco Piro, Yora, Amahuaca y Yaminahua de la región amazónica Alta Piedras de Madre de Dios, denominados "no contactados", ven actualmente amenazada su sobrevivencia por concesiones forestales. Estos pueblos ven como los bosques de sus tierras ancestrales son cortados y sus territorios comunitarios indígenas invadidos.

Ya a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la explotación descontrolada del caucho sometió a las comunidades indígenas a situaciones de extrema opresión, en lo que se denominó la "fiebre del caucho", lo cual ocasionó también el deterioro de los recursos naturales de la región amazónica. La sobreexplotación de determinadas especies medicinales como curare, quinina y otras como castaña, palo rosa, para su exportación también ha ocasionado prácticamente su extinción.

Un reducido grupo de grandes madereros que opera en la zona de Alto Yavarí, Galvez y Yaquerana está saqueando las existencias de maderas nobles, especialmente cedro y caoba. En la confluencia de los ríos Mishagua y Serjali, los madereros que trabajan ilegalmente han extraído más de 600.000 pies de caoba y cedro, han amenazado a pobladores locales y han eliminado la fauna de la que depende el sustento de éstos. Hay madereros que están extrayendo a tasas de hasta 20 veces por encima de las permitidas.

Esta destrucción de especies del bosque amazónico causa, además de la destrucción de las fuentes de vida y hábitat de los pueblos indígenas, la inundación, erosión de la tierra y la reducción o extinción de especies de flora y fauna entre otros.

La industria petrolera y de gas

La extracción petrolera constituye una causa fundamental del deterioro creciente de la Amazonía peruana. Durante la década del 70 comenzó la explotación de yacimientos petroleros en territorios indígenas. Los campamentos petroleros se instalaban en tierras indígenas, desplazándolos e ignorando sus derechos sobre esas tierras. Ello generó además graves impactos sobre sus medios de subsistencia, ya que implicó el desmonte de amplias áreas de selva y la contaminación química de los numerosos cursos de agua que la atraviesan, lo cual ha generado, a su vez, una importante dependencia respecto al mercado.

En la década del 90 se impulsa desde el gobierno una política de incentivos a las inversiones extranjeras para la explotación de hidrocarburos. Es entonces que se lotea y se da en concesión a largo plazo la mayor parte del territorio amazónico a empresas como Petroperú, Shell y Occidental, entre otras. Como consecuencia, surgen proyectos como el de Camisea, uno de las mas grandes explotaciones de gas de América.

Cultivo de coca

La crisis de la Reforma Agraria y el fracaso de las políticas de colonización llevan al campesino a la búsqueda de medios de subsistencia a partir de las plantaciones de coca. Se calcula que un 20% de la población de la selva está de alguna manera ligada al comercio y la producción de la coca. La coca es justamente un producto de alta rentabilidad y los campesinos la cultivan porque les trae mejores ganancias en tierras degradadas que el café o el cacao y además no está sujeta a cambios de precios, como los productos exportables legales.

Sin embargo, el cultivo de coca a gran escala conlleva graves impactos ambientales. El valle del Huallaga fue, durante mucho tiempo, considerado como una especie de paraíso para los pobres. Los programas de colonización consideraban esos valles como la última frontera de la esperanza. Hoy en día poco queda de ese paraíso. Sólo en los valles del Huallaga y del Amazonas se han talado más de un millón de hectáreas de bosque para dar lugar al cultivo de coca, con impacto en cadena sobre los suelos y la biodiversidad.

Los cultivos de coca contribuyen claramente a la deforestación. Perú es uno de los mayores productores mundiales de esta planta y existen numerosas áreas de plantaciones de coca en zonas donde se cortó la selva. Trescientas mil hectáreas (José Santamarta, 1999) de selva han sido deforestadas (entre Perú y Colombia) para dar paso al cultivo más rentable y con un mercado asegurado.

Por otra parte, la zona del alto Yaquerana y alto Tapiche está controlada por narcotraficantes colombianos, que utilizan la actividad maderera para encubrir el transporte por vía fluvial de combustible destinado a la producción de clorhidrato de cocaína en laboratorios clandestinos escondidos en el corazón de la selva. En la actualidad, la región del Alto Huallaga, en la que la presencia del Estado ha sido siempre mínima, es escenario de la guerra de la coca, donde pequeños cultivadores de coca, narcotraficantes, guerrilleros, policías y ejército, son los protagonistas.

 

 

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