wrmcast.gif (3121 bytes)


AMERICA

 

Amazonía:

Selva y Bosques diez años después de Río

Publicación de Censat-Agua Viva
en ocasión de la Cumbre Mundial
de Johannesburgo.

Colombia - Julio de 2002

volver al índice

La Amazonía, otra quimera
por Hidebrando Vélez

"Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares"
Octavio Paz, El laberinto de la soledad

LA SELVA AMAZÓNICA: DIVERSIDAD CULTURAL Y BIOLÓGICA

Cuando se habla de una selva o de un bosque, se enfrentan muchas inconsistencias teóricas. Selva y bosque parecieran ser lo mismo, una selva ecuatorial lo mismo que un bosque tropical, una plantación lo mismo que una reforestación, etc. Se habla por ejemplo de la calidad de los suelos de las selvas tropicales y ecuatoriales, definiéndola, generalmente, por la disposición del suelo para los sistemas agrícolas de explotación. No se pregunta usualmente sobre el contenido de estos conceptos, no se cuestiona por ejemplo si un suelo es pobre o rico de manera relativa a la tecnología, a los usos, a las referencias conceptuales, a la cultura o a un conjunto de determinantes. Nosotros afirmamos que es absurdo que se diga que en la Amazonía hay suelos pobres; lo que hay son tecnologías (logos de la técnica) con mucha pobreza de argumentos para entender su biodinámica! La medida de la calidad de los suelos de una selva como la amazónica debería considerarse asunto relativo a las tecnologías, a los usos y a las maneras como las sociedades ocupan los espacios y crean una conciencia de ellos.

Así mismo sucede por ejemplo cuando se habla del valor de un bosque. Claro que no se puede negar que para una determinada sociedad hay valores económicos en un bosque, pero cómo puede ese valor ser diferente en una economía sustentable que en una economía depredadora, debería motivar un cuestionamiento. Quizá, en una economía capitalista dar valor a un bosque o a una selva sea atravesarle el pecho con la daga de la acumulación. Una economía no acumulativa tendría que dirigirse a lo fundamental, permitiendo generar subjetividades empeñadas en preservar el bien común y no movidas por la apropiación egoísta. Entonces al hablar del valor económico de especies como el guarana, el mogno, etc., se lo haría en relación con su conservación como patrimonio común. Sin embargo, también habría que advertir que el valor económico varía según el momento histórico, quizá el caso del caucho y de la quina ilustren eso, pues después de ser sustituido el caucho por los productos sintéticos hoy vuelve al circuito de las apetencias de la acumulación de las fabricas de neumáticos y vehículos.

También, hablar de bosques y selvas no es sólo hablar de los ciclos biodinámicos sino de las actividades sociales y productivas de quienes habitan allí. El bosque es un enmarañado cuerpo de seres vivos que cumplen funciones colectivas e individuales para su auto producción y para la preservación de sus especies y de sus relaciones ecosistémicas. Una selva son árboles, pero también es agua que cae y agua que se detiene y desciende lentamente por el dosel arbóreo. Es agua que se arrastra y agua que se hunde entre las raíces. Una selva son monos que saltan e insectos que revolotean y danzan. Una selva son seres diminutos que se camuflan en la tierra y pájaros que cantan.

La selva amazónica permaneció substancialmente inmodificada a pesar de la presencia humana milenaria, claramente demostrada, como afirma Danilo Antón, refiriéndose a la Amazonia:

Los sistemas de producción desarrollados por las poblaciones nativas no dieron lugar a una degradación generalizada como está ocurriendo ahora en las nuevas áreas colonizadas.

Lo dicho nos alienta para no caer en el determinismo medioambiental que considera que "los rasgos de la sociedad humana y de la cultura pueden explicarse en función del entorno en que se han desarrollado" o considera al medio ambiente como el límite que define la frontera del desarrollo cultural de una sociedad. Por ello, para nosotros una selva es construcción de la cultura, son tambores Macuaré que suenan a la distancia y chagras y conucos hechos de la misma manera por miles de años, a través de prácticas adaptativas. Una selva es canto de grillos y ritos de chamanes. En el mismo sentido, debemos reconocer que no todas la prácticas culturales tiene valor adaptativo, sino que incluso pueden amenazar la propia sobrevivencia de la sociedad; por ello, para nosotros, la selva amazónica son también los campesinos llenos de esperanza que se adentran en la manigua, machete en mano, y salen al atardecer con las mulas arrastrando maderos y la ropa ceñida a su cuerpo sudoroso y tostado después de haber dejado una pequeña cicatriz a la selva, o aquellos miserables que se internan en la selva para cultivar coca que luego gracias a los precursores químicos y a la gran capacidad de maniobra del narcotráfico llegará en cantidades industriales a satisfacer la demanda, principalmente en muchos de los países llamados ricos -que los son en sus economías pero no en sostenibilidad ni en esperanzas.

Una selva o un bosque es el fruto de las relaciones de las culturas con la dinámica de los seres vivos y no vivos, que mantienen intercambios y flujos permanentes y multidireccionales, condicionados por los limites naturales y determinados por los propósitos humanos.

LA MIRADA SOBRE LA SELVA AMAZÓNICA

Distintas a las cosmovisiones indígenas, que dan valor a sus estrategias de vida, hoy existen otras posibilidades de acercase a la Amazonía desde los paradigmas del conocimiento y desde las artes: hay las miradas de los biólogos y ecólogos, de los abogados, de los geógrafos, de los fotógrafos, de los pintores, de los economistas, de los historiadores y otros grupos de sujetos que miran desde sus propios nichos. Así mismo, las ideas de futuro de la Amazonia son múltiples; por ejemplo, las corporaciones transnacionales ven oportunidades en la aplicación de nuevas tecnologías para la valorización económica de sus intereses e inversiones; los eco-capitalistas ven la posibilidad de dar precio a todos los valores de la Amazonia y aspiran ponerlos en nuevos mercados de servicios ambientales; y el gobierno norteamericano y sus consejeros sitúan en la región una parte importante de las reservas estratégicas que hacen y harán posible su seguridad nacional, su traspatio; por ello, no es extraño que uno de los cuatro principales elementos geoestratégicos de uno de sus más importantes grupos de incidencia sea:

"4. Seguridad de que los países del hemisferio no son hostiles a nuestras preocupaciones de seguridad nacional. Además, que los recursos naturales del hemisferio estén disponibles para responder a nuestras prioridades nacionales."

Sin duda muchas de estas aproximaciones conducen a la devaluación del sentido de la vida y la libertad, alertándonos sobre futuras amenazas. Particularmente, por lo ya visto y sentido, la perspectiva de los capitalistas en la era de los eco-business y del bioimperialismo no ofrece futuro halagüeño, pues sus acciones no cuestionan el orden económico internacional y resultan destructivas y desdeñosas de la vida y de la existencia humana. Sin duda, está abierta la posibilidad de ver el territorio amazónico a través del análisis crítico de los intereses y las formas de valoración que comprometen su historia y su futuro, de manera que por ejemplo se ponga en evidencia los motivos del empresario capitalista y del gran propietario, ligados a la oportunidad de renta y ganancia.

Para contener la debacle de la Amazonia y de la vida en general, el ambientalismo debe proponerse una ética que una la defensa de la vida a la lucha por la libertad. Quizá, al apartarse del análisis estrictamente ecológico, pueda entenderse que la lucha por la vida es sólo una condición de la conquista de la libertad. Una ética de la libertad ha de llevarnos a comprender los criterios sociales y valorativos que subyacen en los cambios que vive el Planeta y, desde luego, la Amazonia; cambios que no son simplemente relativos a la biodinámica de las especies y los ecosistemas, sino que comprenden dimensiones socioeconómicas y éticas. Desde esta perspectiva cobra importancia para el ambientalismo la Amazonia en la sustentabilidad del Planeta, siendo un reto construir una opción que enriquezca las relaciones humanas en el Mundo, que permita reconocer la existencia de las formas de vida no humana que habitan la selva, reconocer las culturas, pero también reconocer el territorio que como constructo humano está en relación con todas las demás formas de vida y las condiciones que las hacen posible. Vamos pues adelante.

ENFRENTAR EL LEGUAJE AMBIGUO DE LA SOSTENIBILIDAD

Para ampliar y sostener el modelo de desarrollo se ha venido conciliando el discurso conservacionista con los intereses económicos de las grandes corporaciones. Sin duda las industrias se han comenzado a apropiar de términos como desarrollo sostenible, manejo sustentable comunitario del bosque y otras expresiones que arrastran a las comunidades y a la opinión mass-mediática detrás de sus intereses codiciosos.

En el ámbito de la economía de mercado y desde las instituciones ambientales, muchos de los antiguos ecologistas, hablando ambiguamente, con el aval de los grandes poderes económicos y operando desde intereses burocráticos autónomos, o desde los organismos multilaterales, copan los escenarios de decisión ambiental nacionales e internacionales; como lobos vestidos de oveja facilitan el nuevo camino de la acumulación económica representando los intereses de las corporaciones transnacionales y avalando la penetración de nuevas formas de eco-capital. Sin duda, es esta una de las mayores amenazas para el ambientalismo pues podría seguir el mismo camino de muchos de los movimientos sociales y de subjetivación que al decir de Felix Guattari "no toman necesariamente el rumbo emancipador" .

Desde posturas oficiales y desde las mismas organizaciones conservacionistas, estos detractores de los procesos de emancipación han auspiciado que las fuerzas del mercado se apropien de las aspiraciones democráticas que esgrimen los movimientos sociales y que han estado contenidas en conceptos como participación, descentralización, sostenibilidad ambiental, etc. y que hoy, perdiendo su vitalidad, se convierten en estatuas de sal, se hacen ideas inertes al ser inmoladas en manos de los intereses de las transnacionales.

La terminología de manejo sostenible abre la vía para que las empresas forestales que antes eran rehusadas por sus actividades destructivas actúen ahora enmascarándose en nuevos conceptos sin cambiar substancialmente su práctica extractivista. Tras conceptos otrora liberadores como manejo sustentable se oculta la mercantilización de la naturaleza. Los movimientos ambientalistas consientes de la situación la denuncian aún sin fuerza para revertirla; así por ejemplo, la World Rainforest Movement y Global Forest Coalition, en un documento publicado en la Haya, en la Conferencia de Partes de la Convención Diversidad Biológica, afirman que "En Sudáfrica las plantaciones de monocultivos de eucaliptos, pinos y acacias son llamadas plantaciones de bosques y se hacen a costa del deterioro de los recursos hídricos".

El ambientalismo obra bien al rechazar que a nombre de lo ambiental y de la ecología se promueva un cambio formal en las relaciones con el capital para mantener esencialmente el mismo modo de vivir de hoy, es decir el modo de vivir esclavos del sin sentido. Es claro que el reto de enfrentar la degradación ambiental no consiste sólo en responder ante la deforestación amazónica, la intoxicación de la atmósfera o la desertificación de los suelos sino, sobre todo, en la estructuración y reestructuración de tejidos sociales y de imaginarios colectivos, es decir, en la instauración de un nuevo arte de vivir. El reto del verdadero ambientalismo es instaurar una manera democrática de vivir, una manera sustentable de vivir. De esta manera, ideología y política se unen en lo que nosotros hemos llamado las relaciones entre las soberanías ecológica y política: Actuar políticamente para garantizar la vida presente y futura en condiciones de equidad y justicia ambiental.

LA DOMINACIÓN DEL IMAGINARIO

Se preguntaran por qué en un artículo que encabeza un libro sobre la Amazonía sea este tema el abrebocas. Sin duda la manera de sometimiento de la naturaleza y de los pueblos que se yergue desde las fuerzas del mercado tiene el reto de imponerse también como fenómeno ideológico colectivo para lograr su dominio. Este nivel ideológico opera como cohesionador de las acciones de las corporaciones y de los organismos multilaterales. No se trata de una relación instrumental sino de una imbricación que es propia de un modelo de vida y de civilización. Y el ejército ideológico con el que se impone esta estrategia proviene a veces del seno mismo de nuestras organizaciones. El sujeto que se construye por la economía y por la publicidad, o que se impone por la guerra, ha de adaptarse al estilo y condiciones de las fuerzas dominantes. De ahí que el control de la Amazonía y en general de las fuentes presentes y futuras de acumulación se da como consecuencia de la acción combinada de todos los poderes movidos por los "ejércitos" ideológicos, económicos, militares y burocráticos de las elites. No suenan extrañas las afirmaciones del documento Santa Fe IV que representa, a decir de sus divulgadores, "una línea de pensamiento de la derecha norteamericana coherente con sus intereses... en la búsqueda de dominios cada vez más hegemónicos y militaristas..." , cuando señala que deberíamos ser una sola, norte y sur de América:

...el mercado potencial de la frontera sur es tan grande como el propio. Desde una perspectiva histórica, esta división no debió suceder jamás.

El anuncio advierte que el Sur de América se percibe como parte integrante del Norte de América, en síntesis una sola América para los norteamericanos. Extrapolando la novísima doctrina Monroe pudiera decirse que aspira a un sólo Planeta para los Estados Unidos.

En lo que a América Latina concierne, afirma James P. Lucier en su introducción al mencionado documento que:

...aún persiste el hecho que aquella seguridad y libertad, tanto de los Estados Unidos como el de las repúblicas sudamericanas están inextricablemente unidas... la soberanía e integridad de un cierto número de países del sur se hallan en riesgo, no por otra nación sino por organizaciones criminales internacionales tan poderosas que le están denegando a los pueblos de Sudamérica su herencia de libertad...

Hay que destacar que en la etapa actual de globalización del Capital, bajo el ejido de la economía neoliberal las formas de dominación se desterritorializan completamente aboliendo fronteras y unificando mercados. Para el modelo guiado por las grandes corporaciones transnacionales no se trata de colonizar países sino de colonizar el Globo. ¿De qué otra manera explicar el aumento desmesurado del presupuesto militar de EEUU?

Históricamente, un argumento central de la intervención colonial ha sido la existencia de un enemigo sobre el cual hacer recaer las culpas y mediante el cual justificar las intervenciones. Hay que reconocer que desde las estructuras que buscan la construcción de una hegemonía en el imaginario de las sociedades favoreciendo su dominación, el enemigo es presentado como un ente carente de territorio: si el enemigo no existe se hace creer su existencia y de esta manera, Hezbola o Al Qaeda aparecen fantasmalmente en la frontera amazonense entre Colombia y Ecuador o el IRA en la Amazonía Colombiana, o en cualquier lugar que apetezca ser parte de la nueva colonización global. El enemigo se hace virtual, es informático, se desterritorializa, es apátrida, está movido por intereses ahistóricos, o surge desde la malevolencia del terror que lo condena de facto a la proscripción. Después de la desaparición de URSS comunista se han instituido como enemigos internacionales, sin diferenciación alguna, independiente del motivo y la causa que los produzca, todos los actores relacionados con las actividades económicas o de subsistencia ligados al circuito de suministro, producción y tráfico de narcóticos, así también las organizaciones subversivas y otras llamadas terroristas. Para combatirlos sin frontera hay que decir que ellos deambulan sin territorio y su origen carece de causalidad social. Estos son enemigos-argumento hechos a la medida del guante. El enemigo del cual se crea una imagen mediática es más enemigo que el propio enemigo porque resulta más real que el verdadero.

La lucha contra el terror aterroriza. El terror se enfrenta al terror y la humanidad queda carente de horizonte y de territorio. Es ahí donde quienes desde la perspectiva de los intereses ambientalistas y populares nos oponemos al modelo de concentración de la riqueza y de control de la naturaleza, estamos llevados a construir oportunidades planetarias de resistencia y confluencia democrática. Estas tienen origen en luchas que desde lo local se niegan a perder el sentido del territorio. La resistencia mundial no puede desprenderse de la acción local con riego de envanecerse; debe mantener arraigo territorial, no puede ser exclusivamente mediática, ni exclusivamente virtual. Este es nuestro reto, pero también una exigencia desde el Sur.

EL PAISAJE, LA POBREZA...LOS ALIVIOS

En la Amazonia hay disputa de intereses, hay en juego diferentes procesos históricos determinados por aspiraciones humanas e inhumanas en lucha. Muchos de sus habitantes ya no son raizales, provienen de los Andes y de regiones periféricas de la Amazonia, atraídos por la posibilidad de resolver necesidades históricamente irresueltas. Otros llegan y salen expulsados a la fuerza de sus antiguas tierras o de sus trabajos, y en ese éxodo interminable cargan mochilas de sueños y desesperanza juntos. La Amazonia ha sido ocupada y desocupada, gracias fundamentalmente a los factores de violencia impuestos por el modelo de acumulación económica que ha sido el motor de estas movilizaciones.

Desde esta perspectiva, el reconocimiento de la degradación de los bosques que ha tenido lugar durante la última década debe traer consigo el reconocimiento de la desarticulación de las sociedades que habitan y han construido este paisaje. La cultura de la ganancia ha ido desestructurando las culturas amazónicas y así mismo redefiniendo el paisaje. El empobrecimiento de los ecosistemas está ligado sin duda al empobrecimiento de las sociedades locales, la pobreza es hija del enriquecimiento de unos pocos.

Según la lógica de los organismos multilaterales, para aliviar la pobreza hay que tener el capital necesario y éste o viene del ahorro interno o de los créditos o de la venta de activos públicos. La pobreza es el argumento que justifica las inversiones en infraestructura industrialización y modernización, perspectiva en la que se inscriben la explotación y uso de las selvas y bosques y, en general, del patrimonio natural de nuestras naciones. Mediante este procedimiento que parece lógico, el endeudamiento de nuestros países se hace creciente, los activos públicos van a parar en manos de grandes monopolios privados y el patrimonio natural pasa, poco a poco, a manos del parvo número de dueños.

Los organismos multilaterales de crédito, encaminan aparentes esfuerzos en la dirección del alivio a la pobreza. El alivio de la pobreza, es solo alivio, a veces nos recuerda al servicio de extremaunción. Aliviar no es resolver las causas que radican en la inequidad y en la forma de apropiación de bienes, rentas y ganancias que dejan a las gentes del común en la orilla del ilusorio camino del desarrollo.

Desde nuestra perspectiva la pobreza de las personas no puede concebirse como una condición del ser sino del estar. No somos pobres, estamos siendo empobrecidos. Reiteramos la pobreza es diferente de la escasez y esta la hay absoluta y relativa. Absoluta cuando no existe el bien y relativa al referirla a las formas de aprovechamiento a las tecnologías y a los niveles de consumo. Nuestros países tienen abundancia de bienes ambientales y tendrían la posibilidad de optar por alternativas a los modelos de desarrollo que les son propuestos. Muchos de nuestros bienes, incluidas las selvas amazónicas quieren ser explotados bajo el pretexto de aliviar nuestra pobreza sirviendo realmente para satisfacer los niveles de consumo de los países llamados ricos. Nuestra pobreza es hija de esa riqueza. Queda claro que no son los pobres la amenaza a las selvas y la diversidad biológica y cultural sino el apetito incontenible de acumulación el intercambio desigual y el consumo insostenible de los países mal llamados ricos; y, en consecuencia, los problemas de pobreza no se pueden resolver sino se resuelven los de concentración de riqueza.

Si el empobrecimiento (o la pobreza) se reduce a su dimensión económica las acciones para resolverla se limitarán a esta dimensión y entonces se quedarán en temas como: empleo, plantaciones y aprovechamiento. Debemos ampliar el espectro teórico de interpretación y dar lugar a acciones en el ámbito del entorno físico de las relaciones sociales, de la cultura y de los individuos.

MANEJO COMUNITARIO Y SOSTENIBLE DEL BOSQUE Y LA SELVA

En los bosques habitan y de ellos hacen uso y se benefician pueblos indígenas, comunidades tradicionales, campesinas y negras. Este reconocimiento de la diversidad cultural debe conducir a que haya mecanismos efectivos para hacer respetar los derechos inherentes.

En relación con los derechos de las comunidades amazónicas es necesario que se establezca la diferencia entre tierra y territorio, pues al hablarse de los derechos a la propiedad de la tierra no necesariamente quedan inscritos los derechos al reconocimiento del territorio como espacio cultural y social. La vida de las comunidades ha transcurrido ligada a su terruño, por ello hay que referirse al aseguramiento de la tenencia, a los derechos de titulación y distribución de la tierra además de los derechos territoriales. Reconocer entonces los territorios colectivos es una demanda. No puede haber sustentabilidad si la gente sigue negándosele el derecho a la tierra y a los beneficios que trae su aprovechamiento. Pero hay que advertir que esto que acá se propone no equivales al proceso de legalización en el que se quiere encasillar a las comunidades indígenas y pueblos afrodescendientes, con el propósito de generar las condiciones legales para la creación de mercados de tierras allí donde lo que debe reconocerse es la posesión consuetudinaria y el poder de las comunidades locales sobre sus tierras. En este escenario otorgar propiedad en el sentido de la propiedad privada para la generación de mercados de tierra no resolverá la exclusión para aquellos que han habitado durante generaciones el territorio y se verán presionados por conflictos jurídicos donde antes había convivencia.

Sin duda el problema de la propiedad y de la reforma agraria, es un asunto clave. Es un tema que se ha tratado desde mucho tiempo atrás sin que haya habido posibilidades de distribución democrática de ese patrimonio natural. Nuestros países tienen una revolución rural trunca. De ahí que sigan siendo válidas preguntas acerca de ¿cómo puede un campesino desposeído de la tierra emprender una experiencia de manejo comunitario? o ¿cómo pueden indígenas o afro-colombianos despojados de su tierra generar experiencias de manejo comunitario de la selva?

El manejo comunitario y sustentable del bosque y la selva es una propuesta política. Es una propuesta encaminada a la construcción de valores éticos y a la recuperación y construcción cultural de estos ecosistemas y de estrategias de aprovechamiento de los bienes ambientales en función de formas de vida adaptativas y no destructivas.

El manejo comunitario del bosque es una propuesta de negociación de poder, de regulación de poder, de participación, de mantenimiento y asunción de poder desde la sociedad para responder ante sus necesidades. Sin embargo, generar capacidad de resistir frente a la fuerza de la ETN y del gran capital al que sirven las instituciones, sólo es posible desde la construcción de fuerzas políticas y sociales de mayor envergadura y más amplia legitimidad. Esta apuesta no es de oposición, es de construcción de una fuerza capaz de articular los esfuerzos locales con la dinámicas políticas, para alcanzar mayor poder de negociación y confrontación democrática. Los grupos locales y tradicionales tienen el reto de llevar su resistencia hasta escenarios internacionales donde encuentren nuevos aliados para construir las fuerzas que les permitan mantener sus aspiraciones históricas y su tradiciones culturales.

El manejo sustentable es desde este punto de vista una estrategia de resistencia ante la avasalladora e impetuosa avalancha de propuestas de beneficio económico en el modelo individualista y privatizante de los bienes y del patrimonio cultural de las comunidades. Frente al individualismo, el manejo sustentable conduce a diferentes maneras de superar la insolidaridad y la indiferencia. Él resiste a la desaparición de los saberes tradicionales y adaptativos que han permitido la conservación y el aprovechamiento de esos ecosistemas y busca fortalecer las iniciativas de construcción de otras economías.

No puede pensarse el manejo sustentable de la selva y el bosque sin reconocer la diversidad de condiciones ecológicas y culturales que le constituyen. El manejo sustentable no es, en este sentido, una técnica, ni una metodología, es también una manera de aproximarse al entendimiento de las formas como se han reproducido las sociedades que han habitado las selvas tropicales y ecuatoriales. Es una manera histórica como los pueblos han aprendido de su vida y la manera como ese saber se ha trasmitido y acumulado. No se trata de un saber en manos de científicos encumbrados y encerrados en sus inmaculados laboratorios, ni del saber de los empresarios que aspiran a desarrollar la economía acumulativa a partir de un saber técnico y administrativo. Se trata de un saber ligado directamente a la preservación de la vida y es esa quizá su característica sustancial. Este conocimiento práctico es a su vez lo que se constituye en fundamento de lo que puede ser una nueva política que reconoce el saber popular y las estrategias adaptativas de las sociedades para el logro de su supervivencia.

El manejo sustentable comunitario del bosque y la selva se sitúa como alternativa frente al consumismo unilateral de maderas y productos y servicio del bosque. Conocimiento, comunicación y construcción de poder son características que se encuentran en el manejo comunitario del bosque y que extrapoladas se constituyen en condiciones para la construcción de una nueva democracia. El fundamento de una nueva sociedad está en la posibilidad de intercambiar de manera democrática el saber, el conocimiento cotidiano, y emplearlo para la supervivencia de la humanidad y la vida toda. Como afirma Hilary Wainwrigth al reconocer la importancia para la democracia del conocimiento práctico y de su carácter social: "…ello es clave para la igualdad política cotidiana y para demostrar la capacidad que tiene la gente de gobernarse a sí misma…"

Otro aspecto que se desprende de esto es que el manejo comunitario de selvas y bosques, como propuesta integradora de la sociedad, propende por procesos agroecológicos, cooperativos y por la soberanía alimentaría, articulándose en redes de intercambio económico solidario y de relaciones sostenibles entre los grupos sociales y con el entorno. Entonces su fortalecimiento redunda en el fortalecimiento del tejido social y en la recomposición de las relaciones solidarias entre los pueblos.

Es preciso reiterar tajantemente que el manejo sostenible y comunitarios de bosques y selvas, no es una técnica que pueda ser puesta en manos de pequeños grupos de productores, articulándolos a otros niveles y circuitos de la economía de acumulación del nuevo capitalismo. Para el fomento del MCS es necesario procurar nuevos intercambios entre las comunidades, promover el desarrollo de experiencias comunitarias de carácter integral, generar relaciones entre proceso en marcha, y construir soberanía sobre el trabajo, las semillas, las técnicas, los saberes, el gobierno y el territorio.

 

 

Ir a inicio

Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
Maldonado 1858 
11200 Montevideo - Uruguay
tel:  598 2 413 2989 / fax: 598 2 410 0985
wrm@wrm.org.uy