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BRASIL
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La insustentable productividad de la celulosa El verdadero salvajismo -utilizar extensiones de tierra para un monocultivo que agrede al país ambientalmente, genera lucros para una minoría y en nada contribuye a combatir la desigualdad social- hoy en día no ha sido percibido por la "elite pensante". "Los inconformistas casi nunca tienen razón en los precisos términos en que se manifiestan. Pero, casi siempre tienen razón en la identificación del problema que los inconforma y en el sentido general de la solución que eventualmente le será dada. A los inconformistas solo la historia, nunca los contemporáneos, puede dar razón". (Boaventura de Souza Santos) En el calor de abril, ninguna otra acción patrocinada por las organizaciones del movimiento sin tierra provocó tanta indignación en la "elite pensante" brasilera como las invasiones de las plantaciones de celulosa de mega-empresas como Klabin y Veracel (léase Aracruz Celulosa) en Santa Catarina y en BahÍa. "Los sin Tierra ahora invaden tierras productivas", se apresuran a alardear, casi agradecidos por la munición que les era ofrecida, los titulares y artículos de los principales diarios y telenoticieros brasileros. A final de cuentas, ¿no sería también indefendible la ocupación de tierras de empresas rentables, que emplean mano de obra nacional y pagan (casi siempre) al día sus impuestos?. El sentido común -y de eso se aprovecharon algunos respetables columnistas de economía- parece decir que si. En tanto, un análisis más serio impone el siguiente cuestionamiento: "Sí, la tierra es productiva. Pero, productiva para quién, cara pálida?". En este artículo, vamos a utilizar el ejemplo de Aracruz (Klabin queda para una segunda oportunidad). Aracruz Celulosa es una empresa transnacional controlada por los grupos Lorentzen, de la familia real noruega Safra y Volorantin, cada una con el 28% del capital votante. La empresa se instaló en Espiritu Santo hace 35 años y hoy es líder mundial de la producción de pulpa blanqueada de celulosa de eucalipto, respondiendo por 31% de la oferta del producto en todo el planeta. De las primeras tierras adquiridas en Brasil, en el municipio de Aracruz, ella dio un salto y posee hoy 247.000 hectáreas plantadas con eucalipto en los estados de Espiritu Santo, Bahía, Minas Gerais y Rio Grande do Sul. Su capacidad nominal de producción en Brasil es de 2,4 millones de toneladas de pulpa de celulosa por año. Sólo la unidad de Barra de Riacho (Espiritu Santo), donde existen 3 fábricas de celulosa es responsable por la producción de 2 millones de toneladas por año. El detalle es que cerca del 95% de la pulpa
de celulosa producida en Brasil es Actualmente la favorita de Aracruz es Veracel Celulosa, empresa creada en sociedad con otro gigante del sector, Stora Enso (50% del capital cada una). Veracel ya tiene 70.000 hectáreas de eucalipto plantado en el sur de Bahía y su complejo industrial fabril, con entrada en operación prevista para 2005, será capaz de producir 900.000 toneladas de celulosa por año. Como se ve, es mucha riqueza, y es eso lo que parece entusiasmar a los defensores de las "tierras productivas" de Veracel/Aracruz en la gran prensa. El problema es que esa riqueza es distribuida, si, entre las pocas familias accionistas de la empresa y no para la "sociedad brasilera" como se quiere hacer creer. Incluso la publicitada generación de empleos es un mito, como ya comprobaron estudios realizados por la Universidad Federal de Espiritu Santo y por la Federación de Organos para Asistencia Social y Educacional (FASE por su sigla en portugués), que demostraron que el monocultivo de eucalipto es altamente mecanizado en todas sus fases y demanda poca mano de obra en los regiones donde está instalada. Veracel, con toda su facturación y gigantismo, promete generar cerca de 5000 empleos directos e indirectos en Brasil, sin especificar por cuanto tiempo, a la vez que el desarrollo de un programa de agricultura familiar variada puede generar hasta 30 puestos de trabajo permanentes por hectárea. Al contrario, el monocultivo de eucaliptos expulsa al trabajador del campo, como nos muestra el ejemplo de Vitória. Antes de Aracruz, la capital albergaba 15% de la población del estado, actualmente alberga 50%. Aun existen hasta ahora los mismos histórico y ambiental. Sobre el primero es difícil negar incluso para los felices accionistas de la empresa, que se divierten en las fiestas de San Pablo -que la consolidación de Aracruz Celulose del Brasil, se confunde con desplazamiento forzado, la represión o el asesinato de indígenas, afro-brasileños y otras poblaciones tradicionales en Minas, Bahía y sobretodo en Espiritu Santo. Para luchar contra los daños que el monocultivo de eucalipto causa al medio ambiente, mas de 100 organizaciones ambientalistas brasileras crearon la Rede Deserto Verde, para evitar que Aracruz continúe comprando tierras en Brasil. Además de la evidente pérdida de biodiversidad provocada por el monocultivo, el eucalipto es acusado de agotar las corrientes de agua subterráneas en un corto espacio de tiempo. La última novedad surgida sobre el impacto ambiental de las actividades de la Aracruz fue revelada en un estudio de FASE, publicado en marzo de este año, después de 6 meses de análisis de los ríos Sahy, Guaxindiba y Doce, localizados en reservas indígenas Tupiniquim y Guarani al norte de Espiritu Santo. De acuerdo con el análisis, la empresa se estaría apropiando de la mayoría de los recursos hídricos de la región y dejando las aldeas sin agua. Después de adquirir el 90% de las tierras entorno de las fuentes de recursos hídricos, Aracruz consume por día sin pagar nada por eso, el equivalente al consumo de 2,5 millones de personas, lo que representa casi la población de todo el estado. Teniendo en cuenta esas informaciones, solamente por mala voluntad alguien puede querer criminalizar a los "sin tierra" por invadir las "tierras productivas" de celulosa, pertenezcan ellas a Veracel//Aracruz o a Klabin. El hecho es que mientras millones de brasileros todavía pasan hambre en el campo, ese sector por mas que se quiera disfrazar de moderno y generador de divisas, nos revela la cara (tal vez la cara dura, si me permiten el juego de palabras) de un capitalismo excluyente para el pueblo e inserto en una lógica mundial donde Brasil todavía es un productor de materias primas o secundarias para atender las metrópolis. En un acto visto como salvaje por los defensores
de esas "tierras productivas", las 3.500 familias que invadieron
la hacienda de Veracel en Porto Seguro derribaron 25 hectáreas
de eucalipto y en su lugar plantaron maíz y porotos. El verdadero
salvajismo -utilizar grandes extensiones de buenas tierras para un monocultivo
que agrede social y ambientalmente al país genera lucros indecentes
para una minoría y en nada contribuye para que sea combatida
nuestra terrible desigualdad social- todavía no fue percibida
por la "elite pensante". Tal vez no hayan entendido lo que
dijo, en su sabiduría el trabajador rural, ante las cámaras
de televisión en tierras de Veracel: "ESTAMOS CON HAMBRE,
EL EUCALIPTO NO SE COME". |
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