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Carta a "El Colombiano" - Agosto 2007
Delegación internacional se solidariza con las comunidades afrodescendientes e indígenas del Curvaradó y Jiguamiandó afectadas por las plantaciones de monocultivos de palma aceitera

Att: "El Colombiano"
Carta al Director

Ref.: “Palmicultores rechazan corte de los cultivos” (http://www.elcolombiano.com.co/BancoConocimiento/P/palmicultores_rechazan_corte_de_los_cultivos/
palmicultores_rechazan_corte_de_los_cultivos.asp?CodSeccion=53
)

Estimada señora o estimado señor:

Adjunto enviamos carta al director con la petición de publicarla en su periódico. Creemos que dada la gravedad de las afirmaciones hechas en el articulo “Palmicultores rechazan corte de los cultivos” del pasado 8 de agosto de 2007, en búsqueda de la verdad y por el rigor informativo que siempre debe guiar a los medios de comunicación, es nuestro deber y derecho dar nuestra versión de los acontecimientos.

Para cualquier consulta y/o entrevista estamos a su disposición. Como prueba documental anexamos algunas fotos.

Muchas gracias de antemano por su consideración.

Cordiales saludos,

- Deepak Rughani, Biofuelwatch, Reino Unido
- Elisha Kartini Tenalema Samon, FSPI-La Vía Campesina, Indonesia
- Facunda Alcántara, CONAMUCA, Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) - La Vía Campesina, República Dominicana
- Javiera Manuela Rulli, BASE.Investigaciones Sociales, Paraguay
- Muhammad Yunus Nasution, FSPI-La Vía Campesina, Indonesia
- Octavio Rosas Landa, Centro de Análisis Social, Información y Formación Popular, México
- Ricardo Carrere, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, Uruguay
- Tom Kucharz, Ecologistas en Acción, España
- Zachary Hurwitz, Amazon Watch – Rainforest Action Network, EEUU

Delegación internacional se solidariza con las comunidades afrodescendientes e indígenas del Curvaradó y Jiguamiandó afectadas por las plantaciones de monocultivos de palma aceitera

Hemos leído su articulo “Palmicultores rechazan corte de los cultivos” en el cual se afirma que la empresa “Urapalma insistió en que los extranjeros que coordinan las acciones de hecho estarían convocando más personas para continuar los cortes de palma”. Nos indigna que no se le reconozca a las comunidades su capacidad de pensar, decidir y actuar por si mismos. Ellos talan la palma, esparcida ilegalmente en sus territorios, para sembrar la comida que tanta falta les hace desde hace muchos años, y para rehabilitar la biodiversidad del medio ambiente destruido. Sembrar en la tierra heredada fue el sustento legítimo ante la ilegalidad, el crimen y la corrupción. Este derecho a disponer de su propiedad privada lo reconoció el propio Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, aunque también es cierto, que todavía no se ha restituido la propiedad colectiva e individual como así lo había prometido el Ministro públicamente.

Queremos aclarar que los abajo firmantes hemos sido invitados por los Consejos Comunitarios del Jiguamiandó y las familias del Curvaradó para visitar las Zonas Humanitarias de “Caño Claro” y “Cetino” y las plantaciones de monocultivo de palma aceitera durante los días 9 y 10 de agosto de 2007. Hemos realizado dos asambleas en la Zona Humanitaria de “Caño Claro” y dos visitas de campo (al antiguo pueblo de Andalucía y las plantaciones de palma situadas en las propiedades de las familias Petro y Renteria). En ningún momento hemos participado -ni mucho menos “coordinado”- en el corte de la palma. En cambio, sí hemos participado en la siembra de maíz en los predios de la familia Petro como acto de solidaridad y apoyo a las Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad y en defensa de la vida y la soberanía alimentaria.

Ante las violaciones múltiples de sus derechos humanos, estas comunidades han desarrollado procesos legítimos e innovadores de resistencia civil dentro de sus lugares titulados colectiva o individualmente, en medio del desarrollo del conflicto armado interno, de obras de infraestructura y agronegocios. Estos procesos se denominan Zonas Humanitarias y Zonas de Biodiversidad que son lugares específicos de protección de la vida en el territorio. Las Zonas Humanitarias son lugares perfectamente visibilizados y habitados por un grupo humano que afirma sus derechos como población civil y cuyos miembros comparten libremente un Proyecto de Vida para defenderse de la militarización y de la confrontación armada. Las Zonas de Biodiversidad son áreas de protección y de recuperación de ecosistemas de Territorios Colectivos o privados y de afirmación del derecho a la alimentación de grupos familiares cuyos predios han sido arrasados o están en riesgo de ser destruidos por agronegocios, obras de infraestructura, o explotación insostenible de recursos naturales. Es necesario que estas experiencias sean valoradas y apoyadas por la sociedad colombiana en su conjunto y por la comunidad internacional en cuanto constituyen el camino más firme hacia una paz basada en el respeto de los derechos humanos.

También queremos dejar constancia de que (1) no hemos “bloqueado, bajo la amenaza de quemar los tractores y camiones transportadores, la salida de la fruta hacia la planta extractora situada en Mutatá”, como se atestigua en su periódico, (2) no se nos ha acercado ningún medio de comunicación para pedir información, (3) ni tampoco hemos observado “el uso de menores” en la siega de la palma. Lo que sí hemos escuchado fueron los trabajadores de las plantaciones gritar a los soldados del Batallón Contraguerrilla –señalándonos-: “sáquenlos de aquí”.

Hemos comprobado una actividad incesante de la extracción de frutos de palma aceitera en las plantaciones, los cultivos de palma africana han continuado su expansión en los territorios colectivos de Jiguamiandó y Curvaradó, la realización de obras de infraestructura, cambios de uso del suelo, tala de árboles y aprovechamiento forestal ilegal, secado y desviación de fuentes de agua, que impactan negativamente en el medio ambiente y evitan que se realice la función ecológica, y contaminación de suelo y agua por la aplicación de agro-tóxicos. Se ha detectado la disminución de la biodiversidad, de los recursos hídricos y de bosques principalmente. Así mismo, la erosión y sedimentación de los ríos han aumentado como consecuencia de la tala masiva de bosques, daños de los cultivos en áreas de la reserva forestal y movilización ilegal de maderas entre Antioquia y Chocó.

En nuestra visita hemos observado que no se están adoptando las medidas en cumplimiento de la resolución 039/2005 de la Defensoría del Pueblo y a la Directiva 008/2005 de la Procuraduría General de la Nación. Asimismo se está violando el Convenio 169 de la OIT, Convenio sobre Pueblo Indígenas y Tribales, ratificado por el Estado colombiano en 1991 e incorporado en la legislación interna por medio de la ley 21 de 1991, por violaciones a los derechos a la vida libre de violencia, a la seguridad, a la paz, al territorio colectivo, al goce y uso de los recursos naturales y a la integridad étnica y cultural.

Los campesinos afrodescendientes, indígenas y mestizos del Curvaradó y Jiguamiandó han sufrido una violencia descomunal a partir de octubre de 1996, fecha en la que tuvo lugar la masacre de Brisas (Chocó). Con este evento se inició una ola de violencia que dura hasta el presente, en el que los campesinos organizados han logrado regresar al territorio que se vieron obligados a abandonar hace unos años, cuando todavía era selva tropical y que, hoy, encuentran convertido en un “desierto verde” de palma de aceite.

Desde 1996, las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó han sido agredidas con acciones que han causado 114 víctimas por asesinatos o desapariciones y 15 desplazamientos forzados. La casi totalidad de estas violaciones han sido perpetradas por la Fuerza Pública en acciones directas o en apoyo a los grupos paramilitares. Seis asesinatos y un desplazamiento han sido perpetrados por el grupo guerrillero FARC.

Las víctimas nos contaron, entre otros testimonios, que entre el 5 y 31 de diciembre de 1997 un grupo paramilitar con abierta complicidad de la Fuerza Pública irrumpió en las veredas Remacho, Urada, Santafé, Llano Rico, Apartadocito, Arrastradero, Zapayal, Nueva Esperanza, Andalucía, y Puerto Lleras asesinando a 16 campesinos, y haciendo desaparecer a 11. El 10 y 11 de julio de 2001 en la comunidad de Buena Vista se presentó el ingreso de militares de la Brigada XVII, los militares estaban acompañados de hombres encapuchados, algunos llevaban brazaletes con las insignias de las AUC. El 1 de agosto del mismo año 250 paramilitares entraron al Curvaradó y descuartizaron y degollaron al señor Olfides Florez de aproximadamente 63 años de edad. El día 15 de octubre de 2005, fue desaparecido forzadamente uno de los líderes del Consejo Comunitario del Curvaradó, Orlando Valencia, por presuntos grupos paramilitares, en el casco urbano de Belén de Bajirá, a poca distancia de la estación de policía.

En relación con la “buena fe” de los palmicultores y la titularidad de los predios, sentimos la obligación de aclarar que en el año 2000, a los pocos meses de recibir la titulación colectiva de su territorio, de conformidad con la ley 70 de 1993, empezó la siembra de los cultivos extensivos de palma aceitera en estas tierras. En noviembre de 2004, el Incoder estableció que 22.022 hectáreas de los territorios colectivos de las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó estaban afectadas esencialmente por los cultivos de palma aceitera (y en menor proporción por ganadería). Según el Incoder, el 93% de las áreas sembradas con cultivos de palma aceitera se encuentran dentro de los territorios colectivos. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “desde el año 2001, la empresa Urapalma S.A. ha promovido la siembra de palma aceitera en aproximadamente 1.500 hectáreas de la zona del territorio colectivo de estas comunidades, con ayuda de la protección armada perimetral y concéntrica de la Brigada XVII del Ejército y de civiles armados”.

Los acompañantes nacionales e internacionales presentes en las Zonas Humanitarias no están bloqueando la salida de la fruta palmera sino que están allí debido a los crímenes de Estado cometidos contra estas comunidades y porque las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no han sido respetadas. Las comunidades solicitaron protección ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que instó al Gobierno colombiano, en noviembre de 2002, a adoptar unas medidas cautelares para preservar el derecho a la vida y la integridad física de los miembros de las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó. Sin embargo, el Estado no respondió de manera efectiva, lo que motivó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos a decretar medidas provisionales de protección a favor de esas comunidades el 6 de marzo de 2003. En marzo de 2005, la Corte requirió al Estado colombiano “garantizar la protección y la seguridad de los beneficiarios sin ningún tipo de coacción o amenaza” y otorgar protección especial a las “zonas humanitarias de refugio” establecidas por los miembros de los Consejos Comunitarios del Jiguamiandó y las familias del Curvaradó. Durante nuestra estancia han estado presentes en el Curvaradó acompañantes de la Red Canaria de Solidaridad con los Pueblos (España), Brigadas de Solidaridad y por la Paz (Toscana, Italia), PASC (Canadá) y la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (Colombia).

El día 10 de agosto hemos presenciado la conversación de uno de los líderes comunitarios con el oficial del Ejercito de apellido Escobar que reconoció “posibles actos de violencia del Ejercito contra las comunidades y convivencia con el paramilitarismo en el pasado”, asimismo mostraba “comprensión” por el miedo de las comunidades ante la presencia de las Fuerzas Armadas pero, según él, “las cosas habían cambiado y él estaba ahora allí para protegerlos”.

La comunidad del Curvaradó se dirigió al campamento militar para hablar con el oficial Escobar porque habían recibido amenazas ante una posible incursión del grupo paramilitar “Aguilas Negras” que se habían movilizado entre las fincas de Nuevo Oriente y de Pavarandocito, dispuestos a dar respuesta criminal a los afrocolombianos y mestizos por la siega de la palma. Coincidencialmente, sus futuras actuaciones han sido anunciadas por los “desmovilizados” o los trabajadores de las empresas palmeras cuando se acercaron a presionar a los legítimos dueños del Territorio Colectivo. Estos manifestaron en tono amenazante: “ese corte de la palma, se le va a cobrar por otro lado y les va a salir muy caro, así como cortan por pedazos les va a pasar”, mientras tomaron registros fotográficos y de video de todos los allí presentes.

A lo largo de los dos días, los empresarios de la palma transitaron por las vías de Cetino y Caño Claro hasta Mutatá por lo menos con una docena de camiones con el fruto de la palma aceitera. En algunos de esos camiones se transportaron también hombres de civil con radios, algunos con armas cortas, y hombres con vestidos de camuflado. Nos informaron que uno de los que pasaban por allí era el conocido paramilitar “El Gago”.

Según un reciente informe de la Organización de Estados Americanos, OEA, en el marco de las labores de verificación del desmantelamiento de la estructura militar de las AUC y el seguimiento del orden público, “identifica un complejo escenario en algunas regiones de Colombia como el Chocó”. En estos territorios, la población “no parece percibir un cambio sustancial en las condiciones de seguridad, debido al surgimiento y permanencia de estructuras armadas ilegales, ligadas a economías ilícitas, con capacidad armada de intimidación y control”.

Nuestra delegación ha estado en Colombia para participar en el Seminario Internacional “Crisis Planetaria, Derechos Humanos y Agrocombustibles” que se celebró entre el 6 y 8 de agosto en Bogotá. Allí compartimos, entre otras preocupaciones, la pérdida de bosques en el mundo entre 2000 y 2005 que fue de 7,3 millones de hectáreas cada año o lo que es lo mismo 20.000 hectáreas por día. El Panel Intergubernamental sobre Bosques de las Naciones Unidas identificó como causas de la deforestación y la degradación de los bosques, la falta de reconocimiento por parte del Estado de los derechos territoriales, el derecho de uso de los bosques y de otros recursos a los pueblos indígenas y otros pueblos que dependen de los bosques, como las comunidades afrocolombianas. Otra de las causas son las políticas gubernamentales de sustitución de bosques naturales por plantaciones industriales de árboles –como la palma aceitera-, así como el avance de la frontera agrícola por las plantaciones de monocultivos para la exportación.

La expansión de la producción de aceite de palma es la mayor causa de deforestación en Malasia e Indonesia. Millones de hectáreas de turberas del Sueste Asiático están siendo drenados o quemados por las plantaciones industriales de palma. Un estudio reciente de Wetlands International, Delft Hydraulics y Alterra alerta que la destrucción de las turberas supone al menos el 8% las emisiones mundiales de CO2 responsables del Cambio Climático. Estos datos no incluyen las emisiones de gases de efecto invernadero a causa de la deforestación para plantar palmas aceiteras. Estas son considerablemente más grandes que el ahorro de emisiones por la utilización de “biocombustibles” en vez de combustibles fósiles. Los bosques se componen de hasta el 70% de todas las especies terrestres conocidas, y son además estabilizadores eficaces del clima; ¿acaso no merecen toda nuestra atención y conservación como lo hicieron las comunidades indígenas y afrocolombianas durante las últimas décadas? Según Victoria Tauli-Corpuz, que preside el Forum Permanente de Asuntos Indígenas de las NNUU, 60 millones de indígenas en el mundo están en riesgo de perder sus tierras y medios de subsistencia por la expansión de los cultivos energéticos para producir los mal llamados “biocombustibles”. La expansión de la agricultura se realiza a expensas de los hábitat naturales. Existe el riesgo que la deforestación parcial en las zonas tropicales pueda afectar regiones enteras con sequías e impactar la totalidad de los bosques tropicales. Ello originaría la emisión de 120 mil millones de toneladas de CO2 causando así la extinción masiva de especies de flora y fauna, alterando las precipitaciones en gran parte del hemisferio norte y poniendo en riesgo la disponibilidad global de alimentos.

En ese contexto, lo que están haciendo las comunidades del Curvaradó y Jiguamiandó para conservar bosques, agua, clima y biodiversidad constituyen un ejemplo para el mundo y merecen el apoyo de todos. En nuestra visita hemos podido constatarlo y por eso nos vemos en la necesidad de hacer estas aclaraciones, a fin de que la población colombiana esté bien informada acerca de este proceso.

Firman:

- Deepak Rughani, Biofuelwatch, Reino Unido
- Elisha Kartini Tenalema Samon, FSPI-La Vía Campesina, Indonesia
- Facunda Alcántara, CONAMUCA, Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) - La Vía Campesina, República Dominicana
- Javiera Manuela Rulli, BASE.Investigaciones Sociales, Paraguay
- Muhammad Yunus Nasution, FSPI-La Vía Campesina, Indonesia
- Octavio Rosas Landa, Centro de Análisis Social, Información y Formación Popular, México
- Ricardo Carrere, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, Uruguay
- Tom Kucharz, Ecologistas en Acción, España
- Zachary Hurwitz, Amazon Watch – Rainforest Action Network, EEUU

 

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