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ECUADOR
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Certificación de camarón orgánico. Sello Verde
a la impunidad. Contenido: · Antecedentes
En el Ecuador, junto con el auge de la actividad camaronera, se produjeron graves consecuencias para el país reflejadas en impactos negativos ambientales y sociales para los ecosistemas en los cuales se instalaron las piscinas y para las poblaciones que tradicionalmente vivían de ellos. Luego de la crisis de esta actividad productiva, debido a una serie de enfermedades derivadas del irracional manejo de su espacio ambiental y de su práctica intensiva aparece, desde hace algunos años, un proceso de certificación de esta actividad. La certificación implementada a nivel mundial, que aparece como una posibilidad para promover un manejo ambiental en actividades productivas, es un instrumento de mercado para garantizar la calidad ambiental de los productos y abrir nuevos nichos de mercado en el mundo. Desastre ambiental vs. “crisis camaronera” La instalación de piscinas camaroneras provocó la pérdida de más del 70% del manglar en la costa ecuatoriana, y con ello la disminución del espacio donde las comunidades realizaban actividades extractivas de productos del manglar; el desplazamiento de gran parte de la población, y la desaparición y disminución de especies que conviven con el ecosistema manglar, afectando también a los pescadores artesanales. En el caso del estuario del río Chone, en donde existen las primeras piscinas certificadas, el 95% del manglar existente originalmente fue destruido, a pesar de que la legislación ecuatoriana estableció desde 1981 la prohibición de talar manglar en reiteradas ocasiones, además se realizaron modificaciones a los cursos de agua del estuario mediante la construcción de muros y diques para las piscinas camaroneras, se pescaron indiscriminadamente larvas de camarón eliminando a otras especies. Según cifras oficiales, más del 70% de camaroneras fueron en algún momento ilegales. En la industria camaronera llegaron a utilizar para enfrentar la mancha blanca y otras enfermedades sustancias como formol, cloranfenicol, sello rojo, timse, amonio cuaternario (pesticidas, insecticidas y antibióticos). Estos químicos se usaban en zonas como Cojimíes y el estuario del río Chone en la provincia de Manabí, además de otras regiones como en el Estuario Soledad en la provincia de Guayas; Balao y Muisne en la provincia de Esmeraldas, entre otras. Tanto en la Provincia de Esmeraldas, los recolectores de Olmedo-Muisne; en la provincia de Manabí, en Cojimíes, en el Estuario del río Chone, la voz de las mujeres concheras es la misma, “ya no recolectan como lo hacían en el pasado” porque “en el manglar, cientos de estas especies mueren a diario, y, todavía no se conoce la causa”. Según una entrevista a dirigentes de la Asociación de Comuneros del Río Chone, “antes en dos o tres horas se cogían 50 a 60 libras de camarones, y ahora en 10 horas se cogen 2 libras”. 500 familias de los cantones de Tosagua, Sucre, San Vicente y Chone viven de los recursos del Estuario del río Chone. Allí pescan corvina, róbalo y atrapan cangrejos y conchas. En las zonas ribereñas se cultivan productos de ciclo corto. El teniente político de Chone afirma que 600 familias que recolectan conchas están ahora en la desocupación. El acceso de las comunidades costeras a alimentos fuertes en proteínas ha bajado precisamente por la disminución de la pesca artesanal. Los pescadores aseguran que la diversidad es mucho menor y que han desaparecido algunas especies de las cuales se alimentaban. Muchos migraron por la falta de trabajo, además, el gran número de camaroneras que se ubicaron en los esteros les impiden el paso, acorralándolos, sin posibilidad de ir a pescar. La producción de camarones está asociada a otras externalidades negativas, como la disminución de funciones y actividades asociadas a los manglares como la regulación de la variedad ecosistémica y de mantenimiento de la biodiversidad, regulación de los ciclos de agua, absorción de carbono, pérdida de actividades con valor económico – pesca, recolección, etc.- y otras asociadas a la cultura. La actividad camaronera experimentó su época dorada en las década del 80 y 90, según el semanario Líderes “lo atractivo del negocio volcó a cientos de empresarios a invertir en la compra de tierras cerca del perfil costero. Se arrasaron, en algunos casos, vetustos manglares para montar las gigantescas piscinas del cultivo del crustáceo.” Según la Subsecretaría de recursos pesqueros, en 1984 existían 84. 000 hectáreas de camaroneras, en 1999 172. 000 hectáreas. En 1997 el sector camaronero era el tercer rubro de todas las exportaciones ecuatorianas, incluido el petróleo. Llegó a representar ingresos que bordeaban los 900 millones de dólares. En 1998 se exportaron 115.000 toneladas. Tras la crisis de la “mancha blanca” en el año 2000, el Ecuador exportó 37.000 toneladas de camarón. Estados Unidos importó cerca de 43 millones de libras (52,2%) constituyéndose así en el primer mercado de exportación. En segundo lugar se encontraba la Unión Europea con el 29,3%, dirigido principalmente a Italia (9,1%) y a España (7,7%), mientras el resto de países de la Unión Europea importaron 13%. El tercer mercado de exportación lo constituye Asia (15,8%), destacándose Taiwán (9%) y Japón (5,8%), así como también el resto de países del continente asiático (1,1%). Y el restante 2,6% del total de exportaciones es destinado a Chile (1,1%) y Canadá (1%). En septiembre del 2000 la industria fue declarada en emergencia por decreto presidencial. Hasta febrero del 2002 miles de fincas se paralizaron o funcionaron temporalmente, las mismas que operaban en alrededor de 175.000 hectáreas. La exportación de camarón se está recuperando, llegó en los primeros dos meses del 2004 a 25 millones de libras. En febrero de este año alcanzaron 15.3 millones de libras; en el 2000, 2001, 2002 y 2003, las ventas no sobrepasaron los 9 millones de libras. En el 2002, según la Cámara Nacional de Acuacultura, de la producción nacional, el 3 % fue exportado a América (sin EEUU), el 9% al Asia, el 29% a Europa, y el 59% a EEUU. El modelo camaronero, según sus representantes entró en crisis por enfermedades como el virus de la mancha blanca, que apareció en 1998. En el 2001 se detuvo la importación de nauplios y larvas desde Centroamérica. En 1998 existían 300 laboratorios de larvas, en el 2002 quedaban unos 100 a nivel nacional. Ahora en el Oro existen 15 laboratorios, el doble de los que habían antes de la crisis camaronera. En el 2002 existían 25 procesadoras, en el 1999 existían unas 50. Entre 1994 y 1998 se registraron ingresos de hasta 875 millones de dólares. En el 2001 se pagaba $2,82 dólares por libra, en 1994 se pagaba $3, 29, y en 1998 $3,46. Entre las diversas estrategias del sector camaronero para enfrentar su situación, una de ellas ha sido diversificar su producción, industrializar pescado fresco o congelado y tilapia; pero la principal estrategia aplicada ha sido asociarse a empresas más grandes. Entre otras estrategias se establecieron (o construyeron camaroneras en tierras altas, tierras con potencial agrícola , lo cual está prohibido por resolución del Tribunal Constitucional; otra de las estrategias ha sido cultivar camarón orgánico. En 1998, según la Cámara nacional de Acuacultura, de la industria camaronera dependían 248.000 empleos directos en el país; en el 2001 existían 126.000. Disminuyó en alrededor del 50% el número de empleos directos del sector. Luego de la crisis, se dieron cientos de despidos en Muisne, Guayaquil, etc Certificaciones "lights" La certificación en el país ingresa desde hace algunos años, impulsado por diferentes agencias de cooperación para lograr la acreditación de un sello verde que permita a productos ecuatorianos ingresar a mercados con mejores precios y estándares de calidad. Es visto por algunos sectores ambientalistas como un espacio para promover la participación multisectorial (ONG, sector privado y sector gubernamental) aunque la participación de las comunidades involucradas en el proceso aparezca como algo secundario. Organizaciones ambientalistas ven como potenciales beneficios de la certificación ambiental en el Ecuador, tanto para proteger el medio ambiente como para aumentar la competitividad de los productos ecuatorianos, lo siguiente: Acceso a los mercados, costos reducidos, beneficios sociales y aumento de empleo. Acceso a los mercados, “esperan atraer consumidores verdes que pagarían precios más altos por productos que garantizan impactos ambientales mas bajos en sus procesos de producción”; aunque en el caso de la mayoría los consumidores alemanes de la empresa Deutsche See, que vende camarón “ecológico” desde el 2003 de las granjas camaroneras certificadas por Naturland, y que es el proveedor de pescado más grande de Alemania, ni siquiera saben que el 40% proviene de acuaculturas, creen que están comprando pescado silvestre, y suponen que además existe un respeto al ambiente, a las comunidades y a las leyes del país de origen del producto, lo que en la práctica no sucede. Costos reducidos por ahorros en la compra de agroquímicos y beneficios para las firmas entre los que están “relaciones menos conflictivas con los trabajadores, comunidades locales y grupos ambientalistas, reducción de la erosión y otros beneficios ambientales y económicos.”. Las ventajas comparativas de producir en el sur también reducen los costos: menores regulaciones ambientales, mano de obra barata, y no se internalizan los costos ambientales por la destrucción del manglar por lo que resulta mucho más alta la deuda ecológica generada por esta actividad exportadora. Beneficios sociales, “la reducción de químicos tóxicos, provisión de equipo de trabajo básico para los trabajadores, construcción de infraestructura sanitaria básica y provisión de áreas de recreación y servicios sociales ha mejorado el bienestar y productividad de los trabajadores. Estos beneficios son experimentados por las comunidades locales.” En el caso de las piscinas camaroneras no se evidencia esta mejora para las comunidades locales que enfrentan cada vez mayores dificultades para vivir. Aumento de empleo. “El crecimiento de las exportaciones ha generado mayor empleo”, es una afirmación que para el caso de la actividad camaronera no coincide con la realidad, producto de la crisis del sector el número de personas ha disminuido y el nivel de empleo de las piscinas camaroneras es bastante bajo, el empleo es temporal, por lo general no se contrata trabajadores de la misma zona y las condiciones de trabajo no son las mejores. Si confrontamos esta afirmación con el número de empleos perdidos por la destrucción del manglar y por la afectación a la pesca tradicional, actividades que eran realizadas familiarmente el saldo es negativo para la actividad camaronera. Vale recalcar que una hectárea de manglar en pie alimenta a 10 familias enteras, mientras 100 hectáreas de piscinas camaroneras emplean el equivalente de 1 sola familia. Esta visión sobre los potenciales beneficios de la certificación no considera que al fomentar estas actividades para la exportación, apostándole como modelo, se lo hace en desmedro de la soberanía alimentaría nacional, que en el caso del país han demostrado sus efectos negativos, como las actividades camaroneras, palmicultoras, bananeras, floricolas, etc. Es importante apoyar la producción orgánica a nivel nacional, producción que existía antes de que se generalice el modelo de la revolución verde con su lógica de semillas mejoradas, junto con el paquete tecnológico de insumos (plaguicidas, herbicidas, etc.) y la dependencia que esto trae consigo; pero esta debe tener sus prioridades, como lo ven ahora los productores organizados de Intag que han decidido reorientar su producción de café orgánico al consumo en el mercado nacional y han suspendido las exportaciones al Japón. Actualmente los principales productos que se están certificando en el país destinados a la exportación son hortalizas, banano, camarón, caña de azúcar, café, orito, panela, quinua, cacao, y los principales mercados son Estados Unidos, Europa y Asia. Se señala que en el Ecuador existen alrededor de 24.000 hectáreas certificadas de cultivos alternativos y alrededor de 21.000 hectáreas de plantaciones forestales certificadas. En ese marco se establece Naturland, certificadora alemana que inicia desde 1996 procesos para certificar a empresas camaroneras en el país. Parte del proceso de certificación necesita el cumplimiento de las normas Naturland, de la legislación nacional y que además contemple beneficios sociales por la realización de esta actividad. Deben confiar en nosotros Las normas Naturland sobre acuicultura luego de 6 años durante los cuales se han certificado varias empresas de camarón orgánico en Ecuador, están disponibles solamente en inglés, hasta mayo de este año. Esto limita el acceso a la información de quienes participan en ella y más aún de las comunidades, organizaciones e instituciones y de quienes están encargados de implementarla. Las normas fueron realizadas con apoyo de la GTZ , participaron como interlocutores empresarios camaroneros que luego fueron certificados. Las normas son bastante generales y cada productor puede interpretarlas como guste, están basadas en requisitos para la producción orgánica, no existen normas más específicas usadas por las empresas verificadoras. Las normas de la Legislación Nacional Ecuatoriana con respecto al ambiente, a la comunidad y las organizaciones e instituciones que tienen que intervenir en el asunto han sido pasadas por alto. Para ratificar esto confirmamos
que las normas que se emplean en el país no fueron consultadas
con ninguna organización nacional, ONGs, comunitaria o de control;
y los protocolos de verificación tampoco. En el taller de información
realizado por representantes de Naturland en la camaronera Barquero-Vergel
el 25 de marzo del 2004 solicitaron a los asistentes que den elementos
sobre la legislación que deben considerar para incorporarlos
como protocolos de verificación. Sin embargo esto se debió
realizar antes de dar la certificación y sobre todo contar
con la opinión sobre la pertinencia o no del proceso a las
comunidades locales, organizaciones y autoridades. Es necesario recalcar que el proceso de certificación se basa principalmente en factores técnicos de producción, y consideran marginalmente elementos sociales, ambientales y legales. Tuvimos dificultades para acceder a visitar las camaroneras certificadas; en algunos casos se nos negó el acceso y en otros el trámite fue muy engorroso por lo que tuvimos que emplear diferentes estrategias para conocer lo que sucede. Por ejemplo, una de las normas que aparentemente son más amigables con el entorno ambiental tiene que ver con la recuperación de manglares; las normas Naturland establecen que si una camaronera fue construida en zona de manglares, si para ello fueron talados hasta un 50 % de manglares, puede optar por una certificación, uno de los requisitos es que reforeste ese 50%, aunque la propia legislación ecuatoriana establece mucho más. Otra punto importante es que no se reforesta un área consolidada que se integre al ecosistema manglar, sino que se reforesta los diques y canales, los que permanecen aislados del ecosistema, lo que para Naturland es suficiente. La utilización de grandes volúmenes de agua y sin ningún control y su desviación de otros usos locales, han afectado los ciclos naturales de los ecosistemas – acuíferos, estuarios, ríos locales- en donde se instalaron las piscinas camaroneras. Esta utilización intensiva de aguas, por ejemplo en el caso del estuario del Río Chone, para las piscinas es subvalorada, solo se considera disminuir el consumo de energía así como la pérdida de nutrientes de la piscina. “Mientras más intercambio de agua mejor crecen los camarones” según el administrador de la camaronera Poseidón. Tampoco se verifica si es que el agua que ocupan no tiene elementos químicos eliminados por otras camaroneras convencionales más arriba o utilizados en la agricultura. Los laboratorios también utilizan mucha agua para el proceso de producción. Normalmente en la cría industrial del camarón, se produce un enorme volumen de desechos en las piscinas, y al acumularse florecen bacterias que consumen el oxígeno disponible, esto puede sofocar a los camarones y limitar su crecimiento. Además, estos desechos de los camarones y de los microbios, como el amoniaco y el nitrito, son tóxicos para los camarones, peces y otros animales. Por eso y para evitar enfermedades, se desecha periódicamente el agua de los tanques y se llena con agua limpia. Los camaroneros orgánicos dicen que las bacterias que utilizan alimentan al camarón, lo protegen contra enfermedades, mejoran la calidad del agua y resuelven el problema de los sedimentos alimentándose de ellos y transformándolos en materia útil para el camarón. Si es así, entonces ¿cuántos recambios de agua serían necesarios en una piscina de camarón orgánico? Todos los camaroneros señalan que no hace falta examinar el agua antes de dejarla salir porque como ya no utilizan químicos, las aguas que vierten no están contaminadas. Tampoco controlan la salida de nutrientes ni los desechos de la alimentación porque dicen que “son echados al mar y se los comen otros peces, pues se compone de calamar, poliqueto y artemia (crustáceo)”, aunque los camarones son susceptibles de enfermedades las cuales pueden trasmitirse a otras especies. Las empresas certificadas en el estuario del río Chone pertenecen a medianos productores, alrededor de 200 hectáreas por empresa en producción. Mientras que, entre las camaroneras certificadas, hay que resaltar a Expalsa, una empresa enorme, la tercera más grande del Ecuador, que tiene varias camaroneras, una empacadora, un laboratorio, una fábrica de alimentos balanceados y una exportadora que cuenta con el abastecimiento de más de 50.000 ha de piscinas de otras camaroneras y que es la séptima exportadora más importante del Ecuador. Expalsa está entre las 3 empresas camaroneras ecuatorianas que ha sido demandadas por la Asociación de Recolectores de Camarón de Louisiana (E.E.U.U) por dumping. En el caso de las camaroneras algunas empresas certificadas manejan la producción orgánica y la convencional, como es el caso de la camaronera GreenAqua y de Expalsa, a pesar de que en las normas Naturland para agricultura orgánica se establece que el responsable de una empresa agrícola no puede administrar una producción orgánica y una convencional, norma que se convierte en excepción para la producción de camarones. ¿Cómo son las leyes en el Ecuador? Naturland establece que se basa en las normas y legislación existente, sin embargo en las reuniones mantenidas con los representantes de Naturland, señalaron que no aceptan certificar camaroneras construidas en manglar a partir de 1994, pero las normas ecuatorianas que prohibían expresamente talar manglar son de años anteriores. Específicamente en1978 se prohibió la construcción de piscinas camaroneras en zonas de manglar. Posteriormente esta prohibición fue ratificada en 1985, 1987, y en fechas posteriores a la fecha escogida como base por Naturland para la certificación, no sabemos bajo que criterio se escogió como base esa fecha y se excluyeron las normas existentes. Los certificadores no utilizan ningún procedimiento para establecer la existencia de manglar o las fechas de tala del mismo en las camaroneras certificadas, los testimonios de los moradores cercanos a las camaroneras certificadas señalan que estas se hicieron sobre manglar, esto en el caso del Estuario del Río Chone, en donde están ubicadas tres empresas camaroneras que fueron certificadas, estas se asentaron en áreas de manglar. No se realiza un estudio multitemporal del sitio de ubicación de la camaronera, exclusivamente se basan en el testimonio de los empresarios camaroneros, sin consultar tampoco a la población. Pero los testimonios y mapas del Instituto Geográfico Militar y del Programa de Manejo de Recursos Costeros evidencian que las camaroneras se asentaron sobre manglares y salitrales. Tampoco en los casos visitados en el proceso de Certificación se cumplen con las normas de verificación de la obtención de una licencia ambiental, requisito exigido por la legislación ecuatoriana después de realizar la presentación de estudios de impacto ambiental por parte de las empresas y los procesos de consulta previa a las comunidades, establecidos por las leyes nacionales, tampoco existen formas de determinar o no la legalidad de las piscinas y su relación con la destrucción del manglar. Tampoco cumple con lo establecido en la Legislación Ambiental en cuanto a la elaboración de los términos de referencia y de elaboración de los Estudios de Impacto Ambiental. Arts. 13, 14, 15, 16,17. Capítulo III, Libro VI de la Calidad Ambiental, Texto Unificado de Legislación Ambiental. No se realizan procesos adecuados de consulta a las comunidades y población afectada. Art. 20 Capítulo III, Libro VI de la Calidad Ambiental; Art. 23 Capítulo IV del Proceso de Evaluación de Impactos Ambientales, Texto Unificado de Legislación Ambiental. En entrevista con el representante de Naturland Dr. Stefan Bergleiter, manifestó que “realmente no sabemos de un proceso o como funcionaría un proceso legal o estipulado por las leyes ecuatorianas, esta incorporación de las comunidades. Esto sería interesante, es una pregunta que tenemos para ustedes, cómo son las leyes en el Ecuador?” Sobre el aspecto laboral, los representantes de Naturland y los dueños de las empresas camaroneras certificadas nos aseguraron que cumplen con las leyes laborales en el país, sin embargo no existe un mecanismos de verificación de esto por parte de Naturland y trabajadores de las piscinas camaroneras afirmaron que no estaban afiliados al seguro social. Informantes comunitarios señalan que no conocen sobre la certificación, que tienen problemas de acceso a las áreas de manglar a través de las camaroneras, que no conocen a los empresarios. Camisetas amarillas y colmenas de abejas La comunidad en general no tiene conocimiento de los procesos de certificación; la gran mayoría de pescadores y gente de comunidades vecinas a las camaroneras no conoce de los procesos de certificación y no se realizaron procesos de consulta a las comunidades. Tampoco las autoridades de la zona u otras instituciones han participado en los procesos de certificación, según Xavier Alvarado, representante del Programa Manejo de Recursos Costeros PMRC en Bahía – Manabí nadie ha consultado ni a los organismos encargados ni a las comunidades sobre la certificación. Los recolectores y pescadores de comunidades vecinas a las camaroneras certificadas señalan que no se les permite el paso. Según el administrador de la camaronera Poseidón, la dueña de la camaronera le prohibía permitir el paso a gente de la comunidad, sin embargo, él ocasionalmente permitía el paso para no crearse enemigos. Los empresarios señalan que utilizan diferentes estrategias que garantizan a las comunidades el acceso, una es la de entregarles camisetas de colores vistosos para que puedan ingresar y ser identificados fácilmente, sin embargo vecinos de las piscinas manifestaron que esto no era cierto; otra estrategia es la de colocar colmenas de abejas en los manglares de las orillas para evitar que los usuarios del manglar- pescadores y recolectores, entre los que trabajan algunos niños-, no se acerquen al lugar por temor, imposibilitando así que puedan aprovechar los recursos que han sido base de su alimentación y de sus ingresos; mencionan también las familias vecinas que cuando algún animal ingresa al área de las piscinas, son hostigados y amenazados con que los animales serán muertos si se los vuelve a encontrar en la propiedad camaronera. En otros casos se señala que les impiden tomar agua de canales para uso de las familias vecinas y que canales construidos por el estado en donde antes pescaban y realizaban actividades han sido cerrados por los camaroneros. La gente local no se beneficia de modo alguno; y los empleos en las camaroneras son pocos y muchas veces ocasionales, para una camaronera con 120 Ha de producción, se emplean a 7 personas. En el estuario del río Chone contactamos con pescadores de comunidades dedicadas a la pesca artesanal y a actividades extractivas del manglar. Con el “boom” camaronero se dedicaron a la pesca de larva y a trabajar para las camaroneras, actividades que declinaron cuando empezó la crisis a causa del virus de la mancha blanca. Por otro lado la destrucción ambiental del estuario del Río Chone trajo como consecuencia la perdida de cerca del 95 % de manglares y con ello la disminución de especies que sirven para la pesca en la zona. La construcción de muros, la modificación de cursos de agua dentro del Estuario del Río Chone y el vertido permanente de desechos (orgánicos, junto con los insumos químicos) que provocó una severa eutroficación, y agravó la degradación del ecosistema. La construcción de piscinas camaroneras implicó la apropiación y destrucción de áreas que eran manejadas colectivamente por la población asentada en el estuario. Hasta la fecha continúa el impedimento de tránsito a las áreas remanentes de manglar. La ocupación camaronera del estuario, por la construcción de piscinas, ha implicado la ocupación de los canales de navegación, esenciales para las actividades de pesca y recolección de moluscos. Los esfuerzos más serios de reforestación de manglar son realizadas por grupos de pescadores organizados. Existen además cuestionamientos a la certificación de camaroneras, realizados por la Coordinadora Nacional de Defensa del Manglar C-CONDEM, por organizaciones como Fundación de Defensa Ecológica FUNDECOL, Oficina de Investigaciones Sociales OFIS y por la Redmanglar Internacional , que han ratificado su desacuerdo a la certificación de industrias camaroneras porque se legitima la impunidad de una “industria ilegal, desordenada y contaminante, que usufructúa de los recurso públicos en beneficio privado, que no revierte en el desarrollo del país y que no garantiza la seguridad alimentaria de las comunidades, sino que las excluye”. Además demandan una moratoria a la certificación de la actividad camaronera ya que no garantizan el ejercicio de una actividad ecológica y socialmente responsable. Empresas verdes en Ecuador En enero del 2004 en una búsqueda en internet encontramos la siguiente lista de empresas camaroneras certificadas:
Según Ute Wiedenlübbert, representante de Naturland, deben haber en total unas 1000 Ha. de camarón certificado. Para la realización de la inspección y los informes, que son confidenciales, se contrata a empresas como IMO, BSC y BIOLATINA. La siguiente es la lista de empresas certificadas entregada por la representante de Naturland en el país en mayo del 2004.
* Empresas visitadas. En la provincia de Manabí Camaronera Barquero/Vergel
(Bahía de Caráquez-Manabí) Camaronera Greenaqua (cerca
de Bahía de Caráquez-Manabí) Laboratorio Costapac (cerca
de Manta-Manabí) Camaronera Poseidón
(cerca de Bahía de Caráquez-Manabí) En las provincias de Guayas y El Oro Camaroneras Expalsa (en
Guayas y El Oro) Empacadora Expalsa (en
Guayaquil) Laboratorio Expalsa –
Macrobio (en Ayangue) Camaronera Biocentinela
** ** Información obtenida de la prensa nacional Conclusiones 1.- La certificación de piscinas camaroneras no trae consigo beneficios sociales ni ambientales, no se han revertido áreas de manglar reforestadas al ecosistema y aun subsisten problemas con las comunidades aledañas que no tienen libre acceso a las áreas de manglar aun existentes. 2.- Las normas y procedimientos empleados en los procesos de certificación no son transparentes, no han sido consultados ni cumplen con la legislación nacional. 3. - En la práctica los empresarios grandes se benefician con un discurso verde pero que no corresponde a lo que sucede en el sector, ni siquiera al cumplimiento de las normas que están obligados a seguir para obtener la certificación. Están más preocupados por limpiar su imagen. 4. - La certificación responde exclusivamente a la necesidad de los consumidores del norte de asegurar un alimento “más limpio” antes que a mejorar las condiciones de los ecosistemas de manglar y de las comunidades locales. 5.- Existe además un problema derivado del apoyo estatal a un modelo de desarrollo que privilegia las exportaciones de productos para satisfacer el consumo de países más industrializados antes que para mejorar la producción para el mercado nacional, aún a costa de la destrucción de ecosistemas, del desplazamiento de población y de poner en riesgo la superviviencia de la población local. Bibliografía 1.- Semanario Líderes,
25/02/2002. Informe: Camarones, 3 años críticos y el
sector no levanta la cabeza.
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