Detener
la expansión de los monocultivos de árboles en América
Latina
América Latina sigue con las venas abiertas. Le siguen vaciando
su sangre mineral, su sangre petróleo, su sangre gas y carbón,
rumbo al norte.
A los pueblos les llega el tintineo metálico de las bolsas
llenas en otros lados. Después de 500 años, los puertos
continúan recibiendo cargueros que luego parten llevándose
ahora, además, la sangre agua y la sangre tierra de la Pachamama
de los pueblos latinoamericanos, proveedora de alimentos y salud,
cuna de sus memorias y sus dioses.
La sangre se embarca ahora en toneladas de celulosa y madera obtenida
de millones de hectáreas de plantaciones de pinos y eucaliptos
y en el de la palma aceitera aceite crudo para la producción
de agrocombustibles. Las empresas forestales y palmicultoras ocupan
con voracidad los territorios de las comunidades, dejándolas
huérfanas de madre, de historia, de su “buen vivir”.
Sacan sangre y riegan sangre: de las comunidades indígenas
y afrocolombianas del Chocó en Colombia, de las comunidades
Mapuche en Chile, de los afrodescendientes quilombolas, los Sin
Tierra y las mujeres de Vía Campesina en Brasil, por citar
algunos casos.
El mito del “desarrollo”, la moderna mentira de “El
dorado”, repite la historia de invasión y despojo,
profundizando la exclusión. Los lobos se disfrazan de corderos,
las enormes plantaciones de “desiertos verdes” se disfrazan
de “bosques”. Se alimenta el consumo excesivo, inmoral,
para que el negocio continúe insensatamente en una economía
despiadada y generadora de injusticias.
Parecería que nadie está dispuesto a parar antes de
que el planeta sucumba en la destrucción.
Nadie no. Siempre hubo y habrá luces de esperanza, que brillan
más cuando los tiempos se hacen sombríos. Son las
comunidades, los movimientos y organizaciones sociales que resisten,
denuncian y avanzan en propuestas.
Este 21 de septiembre, Día Internacional contra los Monocultivos
de Árboles, la Red Latinoamericana contra los Monocultivos
de Árboles (RECOMA) se suma a esas luchas y hace un llamado
a detener la expansión de los monocultivos de árboles
y a disminuir el consumo excesivo exhortando a adherir a la Declaración
Internacional que figura a continuación:
Declaración Internacional:
¡Detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
Día Internacional contra los Monocultivos de Árboles
- 21 de septiembre de 2009
En todas partes del mundo, millones de hectáreas de tierra
productiva están siendo rápidamente convertidas en
desiertos verdes presentados bajo el disfraz de “bosques”.
Las comunidades locales son desplazadas para dar lugar a interminables
filas de árboles idénticos – eucalipto, pino,
palma aceitera, caucho, jatrofa y otras especies – que desplazan
de la zona a casi toda otra forma de vida. La tierra cultivable,
crucial para la soberanía alimentaria de las comunidades
locales, es convertida en monocultivos de árboles que producen
materias primas para exportación. Los recursos hídricos
son contaminados y agotados por las plantaciones, al tiempo que
los suelos se degradan. Las violaciones a los derechos humanos son
moneda corriente, y van desde la pérdida de los medios de
vida y el desplazamiento hasta la represión e incluso casos
de tortura y muerte. Si bien las comunidades sufren en su conjunto,
las plantaciones tienen impactos diferenciados de género,
siendo las mujeres las más afectadas.
A pesar de toda la evidencia disponible acerca de los impactos sociales
y ambientales de estos monocultivos en países como Brasil,
Sudáfrica, Estados Unidos, Indonesia, Malasia, Camboya, Colombia
y España, siguen siendo promovidas por una coalición
de actores que van desde la FAO hasta las agencias bilaterales,
desde el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques hasta los gobiernos
nacionales, desde empresas consultoras hasta bancos privados y de
desarrollo.
El motivo real detrás de las acciones de estos actores es
simple: apropiarse de la tierra de la gente para que empresas de
celulosa y papel, madera, caucho, palma aceitera y, recientemente,
también biochar (*), puedan acceder a mayor cantidad de materias
primas más baratas para aumentar aun más sus ganancias.
El sobre-consumo despilfarrador de los productos de estas plantaciones
por parte las naciones del próspero Norte tiene mucho que
ver con su expansión creciente.
En respuesta a la publicidad adversa sobre los impactos de las plantaciones
de árboles, las empresas han recurrido al uso de mecanismos
de certificación, como el FSC, el PEFC, la SFI y la RSPO
(**), los cuales les proporcionan credenciales “ecológicas”
falsas que les permiten seguir con sus negocios de siempre.
El problema se ha agravado aún más con la llegada
de nuevos actores del sector empresarial que apuntan a obtener beneficios
del cambio climático, promoviendo falsas soluciones a través
del establecimiento de las llamadas plantaciones para “sumideros
de carbono”, la promoción de los agrocombustibles –
agrodiésel y etanol de madera – y la introducción
de árboles genéticamente modificados.
Sin embargo, los planes de las empresas se enfrentan a una oposición
creciente. En país tras país, la gente se levanta
para oponerse a la expansión de las plantaciones de árboles
y un movimiento mundial ha crecido a lo largo de los años,
unificando las numerosas luchas locales y ayudando a hacerse oír
a quienes sufren por causa de las plantaciones.
En este Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles
2009, el mensaje es fuerte y claro: Las plantaciones no son bosques:
¡detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
(*) Biochar: carbón que sería enterrado en el suelo,
donde se supone serviría como fertilizante y como depósito
de carbono.
(**) FSC (Consejo de Administración Forestal), PEFC (Programa
para Avalar Esquemas de Certificación Forestal), SFI (Iniciativa
Forestal Sostenible), RSPO (Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible)