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El alto costo del petróleo barato
Acerca de este libro El presente libro recoge una selección de artículos publicados en el boletín del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) sobre el tema de los impactos de la actividad petrolera sobre los bosques y los pueblos que allí habitan. Incluye además una declaración del WRM sobre su oposición a la promoción de plantaciones forestales como sumideros del carbono generado por las emisiones de combustibles fósiles como el petróleo y el gas. El nivel de detalle y de análisis de los artículos varía grandemente como consecuencia del carácter del boletín, que se plantea servir de herramienta, tanto a personas y organizaciones que actúan a nivel local como a quienes se desenvuelven en el plano internacional. Sin embargo, no hemos querido omitir ninguno de ellos, dado que pensamos que de alguna manera todos pueden servir para la generación de conciencia sobre un tema como éste, de vital importancia tanto para la sobrevivencia de los pueblos que habitan en las áreas petroleras como para el futuro de la humanidad en su conjunto. La autoría del libro es compartida por Ricardo Carrere y Alvaro González (del secretariado internacional del WRM) y por las numerosas personas e instituciones que aportaron artículos o información relevante para la elaboración de artículos, cuyo listado incluimos por separado. La responsabilidad por los errores que puedan haberse cometido es exclusivamente del WRM. Pero más allá de la autoría -que en definitiva poco importa- el verdadero protagonista del libro está constituido por los miles y miles de personas que sufren y enfrentan los impactos de la actividad petrolera, cuyas luchas los artículos intentan reflejar. A todos ellos y ellas nuestro más sincero homenaje. Fuentes Acción Ecológica; Amazon Coalition; Amigos en Defensa de la Gran Sabana AMIGRANSA; Associated Press; Bangkok Post; Camaemka; CENSAT Agua Viva; Chowdhury M.F., Friends of the Earth / Bangladesh; D. Jackson; Down to Earth; Drillbits & Tailings; Environmental Defense Fund; Environmental Rights Action / FoE Nigeria; Federico Parapar, Ecología y Negocios; Festo Chausque, Centro Indigena Kolla de Salta; Friends of the Earth International (FoEI); Glenn Switkes, International Rivers Network; Global Response; Guía del Mundo; http://www.ananova.com/news/story/sm_6101.html; http://www.shell.com/royal-en/; Ijaw National Congress; InterPress Service; Jane Ayers, San Francisco Chronicle; KEREBOK; Korinna Horta; Late Friday News; MOSOP Ogoni; Oilnews, Oilwatch Mesoamérica; Patrick Reinsborough, Rainforest Action Network (RAN); Secretariado Internacional de Oilwatch; Sergio Oceransky; Spirit in Education Movement; Steve Kretzmann; The Gallon Environment Letter; Trópico Verde; Vigilancia Petrolera; Watershed Presentación Cada vez es más evidente el hecho de que la actividad petrolera es una de las causas directas de la destrucción de los bosques del mundo. Cada vez que se identifican reservas petroleras en algún lugar boscoso del mundo, se inicia una tragedia que empieza por la generación de conflictos entre las comunidades locales y que termina con la destrucción de los ecosistemas. Es así como desde la primera fase (la prospección sísmica), miles de hectáreas de bosques son tumbadas, tanto en la apertura de trochas como en la construcción de helipuertos. Luego viene el desarrollo de la infraestructura petrolera, que a más de destruir extensas áreas boscosas, utiliza como materia prima, madera de la zona. Y finalmente comienza la propia extracción del petróleo, que resulta en graves impactos sociales y ambientales. Es importante remarcar que la actividad petrolera violenta los derechos de los pueblos que habitan los bosques (tanto indígenas como otras poblaciones tradicionales), pues los estados otorgan concesiones petroleras en sus territorios, que resultan en la apropiación de sus tierras y en la destrucción del ambiente del que depender para su sobrevivencia física y cultural. Como respuesta a las campañas desarrolladas desde la sociedad civil, las empresas han desarrollado políticas de relaciones comunitarias, con las que intentan maquillar su actitud hacia los pueblos que habitan los bosques. Sin embargo, los impactos son iguales a los que se dieron en el pasado: una degradación total de la zona y la afectación cultural de los pueblos indígenas y comunidades locales, que en algunos casos, se vuelve irreversible. Estos impactos son mas evidentes en zonas tropicales, donde los ecosistemas son de extrema fragilidad y donde las poblaciones locales mantienen una interrelación tan estrecha con su medio, que de él depende su supervivencia. Es importante señalar que en las distintas regiones tropicales, los impactos ambientales y culturales generados por la actividad petrolera tienen una misma raíz (las empresas petroleras) y resultan de un comportamiento similar (la extracción de petróleo a toda costa). Frente a tales impactos, en todas las regiones surgen movimientos de resistencia. Es por eso que nace la red Oilwatch; como una necesidad de apoyar todos los procesos de resistencia a las actividades petroleras en zonas tropicales, basándose en la solidaridad Sur-Sur. Para nosotr@s, no hay un caso más importante que otro. Cada lugar donde exista un proceso de resistencia a la actividad petrolera es importante y hay que apoyarlo. Siguiendo ese mismo espíritu, el Movimiento Mundial de Bosques Tropicales presenta hoy esta recopilación de artículos que han sido difundidos en su Boletín a lo largo de los últimos años. Estos artículos revelan la relación que existe entre la destrucción de los bosques, la violación de los derechos colectivos y la problemática petrolera. Aquí se abordan temas de la resistencia de varios pueblos que en el mundo han impedido la presencia de petroleras en su territorio, como de la Shell en tierra Ogoni, de Occidental Petroleum en territorio U'wa, entre otros. En otros casos, denuncia las actividades de empresas que ya tienen una operación de larga data, tales como Texaco en el Ecuador, o de empresas que pretenden iniciar operaciones a gran escala, como la Total en Birmania (incluyendo un gasoducto a Tailandia) y Exxon en Chad (incluyendo un oleoducto a Camerún). En otros artículos se hace referencia a la labor que organizaciones ecologistas están llevando a cabo por defender sus áreas protegidas, como es el caso de la Laguna del Tigre en Guatemala, el Parque Nacional Yasuní en Ecuador y el Parque Nacional Kirthar en Pakistán. Este libro muestra, en definitiva, tanto la actividad destructiva de la industria petrolera, como la resistencia a nivel local y los esfuerzos de solidaridad para apoyarla a nivel global. Refleja a su vez la colaboración y solidaridad que el WRM y la Red de resistencia petrolera en los trópicos -OILWATCH- mantienen desde siempre, y constituye un ejemplo de solidaridad Sur - Sur. Secretariado Internacional de Oilwatch. Nuestra Opinión El alto costo del petróleo barato El modelo de desarrollo predominante está en gran medida basado en el petróleo, el cual ha sido impuesto como una de las principales fuentes de energía para la mayoría de las actividades humanas (industria, transporte, calefacción, cocción de alimentos, etc.). Sin importar cuan destructiva sea su extracción y uso, la razón principal de su éxito es su baratura. En razón de ser barato, su uso continúa aumentando y dado que su uso se incrementa, así también lo hace su extracción. En teoría, las compañías petroleras deberían estar extrayendo menos combustible para así obtener un precio más alto y por ende mayores ganancias. Sin embargo, tal como sucedió en las pasadas crisis petroleras, un petróleo más caro abre posibilidades para otras fuentes energéticas (por ejemplo, la solar, eólica, biomasa), que pasan a ser económicamente competitivas. Y esto es algo que atemoriza grandemente a las compañías petroleras. Esto explicaría por qué, por ejemplo, Occidental Petroleum insiste en tratar de extraer petróleo del territorio del pueblo indígena U'wa en Colombia, a pesar de su oposición y de la consiguiente publicidad negativa que esto está implicando para la compañía. Esto también explicaría por qué Shell y otras multinacionales continúan activas en el territorio Ogoni en Nigeria, a pesar del clamor internacional generado por el asesinato legal de Ken Saro Wiwa y de las flagrantes violaciones a los derechos humanos vinculadas al petróleo en ese país. Para que el petróleo sea barato, el ritmo de extracción jamás debe disminuir y nuevos pozos deben ser identificados y explorados. Pero el petróleo no es para nada barato. Implica enormes costos, sólo que no están incluidos en el precio al consumidor final. El mayor costo es por supuesto humano. En los trópicos, la extracción es llevada a cabo en áreas habitadas por gente. Los derechos de estas personas son ignoradas y sus territorios son apropiados y dados en concesión por el gobierno a las compañías petroleras. En muchos casos, esto origina luchas contra las compañías, a las que se responde con la represión oficial y extraoficial, con las consiguientes violaciones a los derechos humanos. Todos los recursos que desde tiempos inmemoriales sirvieron para satisfacer las necesidades de los pueblos indígenas son degradados. El agua potable resulta envenenada. El aire se contamina. La fauna se vuelve escasa. Los bosques desaparecen. Todo ello impacta sobre la salud y el sustento de la gente local. Al mismo tiempo, la explotación petrolera afecta la salud del ecosistema bosque. Primeramente, la exploración y extracción petrolera son las causas directas de la deforestación de grandes áreas de bosques tropicales y de la degradación del bosque en su conjunto a través de sus impactos sobre el agua, el aire, la fauna y la flora. En segundo lugar, la actividad petrolera constituye una causa subyacente de deforestación y de degradación del bosque, ya que abre caminos de penetración al bosque y así crea las condiciones necesarias para la tala comercial y para la conversión del bosque a la agricultura y a la ganadería. En resumen, la gente y los ecosistemas locales son las principales -pero de ninguna manera las únicas- víctimas de la actividad petrolera. Las poblaciones locales ni siquiera acceden al "beneficio" de usar petróleo barato para trasladarse en sus automóviles, ya que no están en condiciones -y probablemente nunca lo estarán- de comprarse un automóvil. A nivel global, es bien sabido que el petróleo es uno de las principales causas del efecto invernadero y que por lo tanto está amenazando a la humanidad en su conjunto. Sin embargo, el modelo actual, en el que predomina lo estrictamente económico, sólo parece aceptar soluciones "económicamente viables" aún cuando las mismas sean social y ambientalmente desastrosas. Esto explica por qué los sectores dirigentes y empresariales están tan interesados en apoyar la idea de un "mercado del carbono", que fomenta un mayor uso de combustibles fósiles y la implementación de plantaciones de árboles para "compensar" las resultantes emisiones de CO2. No importan los impactos que esas plantaciones tendrán sobre la gente y el ambiente y no importa que esa "solución" en realidad no resuelva nada: tiene sentido -para ellos- desde el punto de vista económico. En el marco de ese escenario, hay un amplio
número de posibles acciones a ser encaradas por quienes están realmente
preocupados acerca del futuro de la humanidad y por los derechos de la gente
local. Pero quizá uno de los temas de mayor importancia es el de lograr que
se imponga una moratoria sobre nuevas actividades de exploración y
extracción de petróleo, en particular en los trópicos. Un petróleo más
escaso llevará al incremento de precios y otras fuentes energéticas
-limpias, de bajo impacto y renovables- podrán entonces tener "sentido
económicamente ". La lucha para este fin ya ha comenzado y los U'wa y
los Ogoni son probablemente los casos más conocidos -pero de ninguna manera
los únicos- que intentan imponer la moratoria de una manera muy concreta
dentro de sus territorios. El apoyo a dichos casos de resistencia local es
por ende esencial, tanto desde una perspectiva local como global. El costo
del petróleo barato se ha vuelto demasiado caro. Por tres luchadores caídos Tres buenas personas - Terence Freitas, Ingrid Washinawatek y Lahe'ena'e Gay- fueron asesinadas el pasado 4 de marzo en Colombia. Un comandante de la guerrilla de las FARC cometió este crimen atroz y sin sentido, que ha sido condenado a nivel mundial. Nosotros sumamos categóricamente nuestra voz a esa condena. Las informaciones referidas a dichas muertes -que se suman a otros miles de víctimas inocentes en Colombia- fueron divulgadas por todas las principales cadenas noticiosas. Sin embargo éstas omitieron señalar porqué Terence, Ingrid y Lahe'ena'e se encontraban en ese momento en ese lugar. Ellos no se hallaban allí en una gira turística, ni tratando de robarles conocimiento o material vegetal a los pueblos indígenas con destino a la industria biotecnológica. Estaban allí para apoyar la lucha de los U'wa contra una gigantesca multinacional petrolera. Nada de esto fue mencionado por los medios de difusión internacionales. Como una muestra de respeto a la memoria de estas tres personas, que dieron su vida por lo que ellos creían -así como nosotros- que era su deber, nos sentimos en la obligación de centrar nuestra atención en la situación subyacente que los llevó a viajar a una Colombia atormentada por la violencia. La gente a quienes ellos estaban apoyando -los U'wa- se oponen firmemente a la explotación de petróleo en sus territorios ancestrales. Tal como sucede en muchos otros países, el gobierno de Colombia no ha reconocido legalmente los derechos de estos pueblos indígenas a su propio territorio y, en consecuencia, ha abierto el acceso al área para la explotación petrolera. La empresa Occidental Petroleum, con sede central en los EE.UU., solicitó un permiso de prospección que, aún estando pendiente de resolución en el Ministerio de Medio Ambiente, fue la chispa que encendió la resistencia de los U'wa. Tanto la compañía como el gobierno son concientes de esta oposición, que podría incluso desembocar en el suicidio colectivo de los U'wa. Sin embargo, para el primero la posiblidad de obtener beneficios económico y, para el segundo, la de exportar el producto han sido más poderosas que el sentido de justica y la autodeterminación. A efectos de contrarrestar la presión conjunta de un gobierno nacional y una multinacional petrolera los U'wa recibieron el apoyo de una serie de organizaciones colombianas e internacionales. Fue creado el Grupo de Trabajo en Defensa de los U'wa, donde Terence Freitas trabajaba como coordinador. Tanto él como Ingrid y Lahe'ena'e habían estado trabajando con los indígenas poco antes de dejar la zona para después perder sus vidas a manos de un despiadado comandante guerrillero. Nuestra solidaridad para con las víctimas, sus familias y sus amigos y amigas debe por lo tanto expresarse a través de un continuo y creciente apoyo a la lucha de los U'wa contra la prospección petrolera en su territorio y para que puedan vivir en paz. Estamos seguros de que es eso lo que los tres hubieran querido. Hacemos nuestras las palabras de la Declaración de Hawai: "Expresamos nuestra condolencia y nuestros saludos a las familias y los parientes de estos tres luchadores caídos, Lahe'ena'e Gay de Pacific Cultural Conservancy International, Ingrid Washinawatok de Menominee Nation, Indigenous Women's Network y otras organizaciones, y Terence Freitas, activista ambiental. Tomemos las antorchas caídas y continuemos la lucha. Esta lucha que es por nuestras tierras, nuestras valiosas cultura y fuentes de vida. No es más que esto lo que buscamos. El dinero y el poder generan muerte y destrucción . . . no deseamos dinero ni riquezas. Nuestro patrimonio reside en nuestras tierras, nuestras creencias y nuestros valores culturales. Por favor, déjennos vivir en la naturaleza, a nuestro modo, es ésta la única forma de preservar el futuro para nuestros hijos, nietos y las generaciones que todavía no han nacido. Acogemos el llamado de otras naciones indígenas para unirnos en un esfuerzo concertado en pos de proteger nuestra madre tierra y terminar con estas muertes y esta violencia innecesarias". |
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