WRM - Agosto 2005
disponible
en portugués, inglés
y francés
En el
Día Internacional de los Pueblos Indígenas
El 9 de agosto se conmemora el
Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Con tal
motivo, el WRM desea expresar su total apoyo a los numerosos pueblos
indígenas que en todo el mundo luchan denodadamente por el
reconocimiento de sus derechos.
En particular, queremos enfocarnos
en el derecho de aquellos pueblos indígenas que han optado
por vivir en aislamiento voluntario. En un mundo caracterizado por
la información, hay temas que han sido invisibilizados de tal
manera, que la gran mayoría de la gente ni siquiera sabe que
existen. Tal es el caso de estos pueblos, que habitan en los bosques
de América del Sur, de África y de Asia. Son pocos quienes
están al tanto de que algunos de esos pueblos aún no
han sido contactados por la sociedad predominante y que en otros casos
se resisten a integrarse a pesar –o a resultas- de haber sido
contactados en algún momento de su historia.
La propia existencia de esos pueblos
se encuentra seriamente amenazada por el avance destructivo del "desarrollo".
Las carreteras que penetran en el bosque para extraer madera, petróleo,
minerales o para promover la colonización agrícola y
ganadera, pueden ser catalogadas como las carreteras de la muerte
para estos pueblos. Ellas les traen enfermedades desconocidas para
las que sus organismos no están preparados, la destrucción
del bosque que les provee del sustento, la contaminación de
las aguas de las que beben, en las que se bañan y pescan, los
enfrentamientos con quienes pretenden apropiarse de su territorio,
la muerte de sus culturas milenarias.
Es importante enfatizar que a
esos pueblos nunca se les preguntó si querían ser brasileños,
o ecuatorianos, o peruanos, o congoleños o cameruneses o indonesios
o malayos. Simplemente cada gobierno (colonial o nacional) dibujó
un mapa y determinó que todos los territorios incluidos dentro
de sus fronteras "pertenecían" al país o colonia
correspondiente. No importó que esos pueblos hubieran estado
viviendo en esos territorios antes de la propia creación de
los estados nacionales o de la colonización extranjera. Se
los "nacionalizó" de hecho.
Estos pueblos se encuentran en
total inferioridad de condiciones para resistir el avance arrollador
de la sociedad predominante. Es por ello que todos quienes creemos
en la justicia tenemos la obligación de brindarles, de múltiples
formas, el apoyo que necesitan –aunque no lo pidan- para la
defensa de sus derechos y para detener el genocidio silencioso e invisible
al que están expuestos.
En ese sentido, lo primero que
podemos hacer es informar al mundo acerca de su existencia, como paso
inicial hacia el objetivo de sumar voluntades para la defensa de su
derecho a vivir en sus territorios de la forma que ellos determinen,
incluido el derecho a no integrarse a una sociedad a la que no desean
pertenecer.
Unido a lo anterior, debemos hacer
todo lo posible para proteger sus territorios de invasiones externas
vinculadas a actividades tales como el madereo, la minería,
la explotación petrolera y la colonización. Ello implica
en primer lugar el reconocimiento legal de sus derechos por parte
del Estado y el estricto cumplimiento de las disposiciones legales
frente a posibles invasiones no autorizadas. Y además implica
que el Estado excluya explícitamente a esos territorios de
sus programas de desarrollo.
En realidad, no debería
llamarnos la atención que haya pueblos que no quieran integrarse
a una sociedad como la actual, que empuja a millones a la pobreza
y al hambre y que destruye todo lo que toca (clima, bosques, praderas,
humedales, suelos, aire). Estos pueblos no son ni pobres ni ignorantes.
Son distintos y están mostrando una enorme sabiduría
al querer mantener su aislamiento. Ayudémosles a vivir a su
manera hasta el día en que decidan por su propia voluntad,
–si lo hacen- integrarse a la sociedad predominante.