El estudio de Wennstrom y
su equipo encontró que en álamos modificados genéticamente
para producir mayor cantidad de celulosa (efecto buscado por la
industria maderera y papelera), se produjeron cambios en el sistema
químico de defensa del árbol, haciéndolo
más débil al ataque de hongos y ciertos insectos
y, al mismo tiempo, más resistente a otros. Se trata de
efectos colaterales de la modificación genética,
producto de la alteración del equilibrio natural del organismo.
Los investigadores señalan que todos estos factores tendrían
una cadena de impactos sobre muchas otras especies que viven en
interrelación con los árboles, como insectos, pájaros,
mariposas, hongos, líquenes, otros árboles y plantas.
Es apenas una pequeña
parte de los múltiples efectos negativos que podrían
desplegar los árboles transgénicos. Cualquier impacto
que provenga de éstos, durará muchísimo más
que con los cultivos agrícolas manipulados, porque los
árboles viven como mínimo varias décadas,
emitiendo gran cantidad de polen a lo largo de su vida, a distancias
que pueden llegar hasta miles de kilómetros. En ese sentido,
es la herramienta perfecta para la impunidad de la industria:
la contaminación y otros impactos que produzcan -como los
efectos en cadena sobre la biodiversidad que describe Wennstrom-
serían prácticamente imposibles de rastrear hasta
su origen. Esta es también una de las razones por la cual
los investigadores de este tipo de manipulación no se han
molestado en hacer estudios de impacto ambiental: el terreno a
cubrir para evaluar los impactos es demasiado grande, hasta para
pensar en hacerlo.
Esto mismo es un argumento
contundente que debería inhibir este tipo de desarrollo:
si no se pueden medir las consecuencias, y es lógicamente
previsible que las tendrán, no deben ser producidos. Pero
en un mundo donde la lógica, la ética y el bien
común son frecuentemente aplastados por la dinámica
del dinero y la ganancia, esto no cuenta, salvo que se desarrolle
un fuerte movimiento de resistencia en su contra.
Hasta ahora, solamente China
ha plantado árboles transgénicos a gran escala,
pero son una de las prioridades de las grandes industrias madereras
y papeleras a nivel global. Varias han formado consorcios de investigación
para desarrollar árboles transgénicos, como ArborGen
(Estados Unidos), GenFor (Chile), o lo han incorporado a su investigación,
como Aracruz Celulose (Brasil), Nippon Paper Industries (Japón),
entre otras. Sus líneas de investigación tienen
como objetivo lograr árboles con menor contenido de lignina
(sustancia gomosa que une las células y hace fuerte al
árbol) y mayor cantidad de biomasa (para facilitar a la
industria papelera el procesamiento, o para biocombustible); árboles
insecticidas y resistentes a agrotóxicos (similares a los
transgénicos agrícolas); árboles diseñados
para absorber mayor cantidad de carbono.
Estos últimos supuestamente
para mitigación del cambio climático, falacia que
no se sustenta realmente, ya que como ilustra el Movimiento Mundial
de Bosques en la publicación Arboles transgénicos:
la amenaza definitiva para los bosques (www.wrm.org.uy), "la
idea es que una tonelada de carbono emitida al quemar carbón
o petróleo es igual a una tonelada de carbono contenida
en un árbol, pero para que las plantaciones forestales
puedan permanecer como almacén de carbono, hay que impedir
que se incendien, que las plagas o enfermedades las destruyan
o que se les tale, hay que evitar que los árboles mueran
y se pudran porque si no emiten más carbono, hay que persuadir
o combatir a las comunidades locales que fueron desplazadas para
que no intenten reclamar las tierras que las plantaciones les
hicieron perder cortando los árboles."
Todo esto se suma a los impactos
sociales y ambientales tremendos que ya tienen los monocultivos
forestales en muchos países, por lo que les llaman desiertos
verdes (Brasil), cáncer verde (Sudáfrica) o árboles
egoístas (Tailandia), porque absorben toda el agua y los
nutrientes de los alrededores. Las
otras modificaciones también tendrán fuertes impactos;
por ejemplo, los árboles con menor contenido de lignina
serán más débiles, lo que sería fatal
si trasmiten esta propiedad -u otras como mayor susceptibilidad
a enfermedades- a los bosques nativos. Para "manejar"
esta contaminación inevitable, la industria propone entonces
usar la tecnología Terminator, que los haga estériles,
lo cual de paso les sirve para justificar la legalización
de esta aberrante tecnología. Según varios científicos,
como Ricarda Steinbrecher, Terminator de todos modos sólo
tendría efectos parciales de esterilización (igual
existiría contaminación), pero además, al
ser una construcción genética altamente complicada
e inestable, provocaría aún más efectos secundarios
inesperados, del tipo que ya encontraron Wennstrom y su equipo.
Frente a todo esto, varias
organizaciones han redactado una carta al Convenio de Diversidad
Biológica, demandando que este organismo prohíba
los árboles transgénicos por los impactos que tendrían
sobre la biodiversidad. La carta se puede leer y firmar en www.wrm.org.uy/temas/AGM/cartaCBD.html.
Es urgente ampliar el debate para impedir que la industria provoque
este nuevo desastre.