Cuanto
más lo pienso, más estoy en contra de los Biocombustibles
Martin Varsavsky
Enero 2007
http://spanish.martinvarsavsky.net/general/cuanto-mas-lo-pienso-mas-estoy-en-contra-de-los-biocombustibles.html
En El País de ayer
se publicó una nota sobre el impacto en el mercado alimentario
de la apuesta de EE UU por los biocarburantes. A raíz de
esta noticia y retomando un comentario que publiqué anteriormente
en este blog, me gustaría comentarles algunas de las consideraciones
que tan bien resume la organización ecologista Acción
Ecológica en su informe "Entendiendo el debate sobre
biocombustibles", realizado con el apoyo de la organización
humanitaria holandesa HIVOS.
Básicamente, mi objetivo
es explicar en manera más detallada por qué luego
de leer más y más sobre el tema he llegado a la
conclusión de que estoy en contra de los biocombustibles.
El resumen del argumento es que la ventaja del ocasional uso planetario
del biocombustible es mínima mientras que el daño
que le hará a la lucha contra el hambre es muy grande.
Muchos conocemos la historia de que una vaca en Europa "gana"
más dinero que una persona en África. Como veremos
la historia del biocombustible es algo parecida. Ahora eso si,
los terratenientes argentinos y de países exportadores
de comida pueden empezar a celebrar el boom de los biocombustibles
porque con ellos tienen garantizado un buen precio para sus cultivos.
El argumento:
Los automóviles son
los principales causantes del efecto invernadero o cambio climático,
pero dado que es muy difícil reducir su uso, los biocombustibles
están teniendo un auge sin precedentes como alternativas
viables de combustibles más sustentables que los derivados
del petróleo. Entre estas nuevas opciones se encuentra
el etanol (también conocido como alcohol etílico
o de grano); o bio- etanol, para distinguirlo del alcohol sintético
se obtiene de petróleo crudo, gas o carbón.
El bioetanol se produce principalmente
a partir productos ricos en sacarosa como la caña de azúcar,
la melaza y el sorgo dulce, siguiendo un procedimiento similar
al de la cerveza: los almidones son convertidos en azúcares,
los azúcares se convierten por fermentación en etanol,
el que luego es destilado en su forma final. También puede
producirse a partir de fuentes ricas en almidón como cereales
(maíz, trigo, cebada, etc.) y tubérculos (yuca,
camote, papa), aunque con un proceso más caro y complejo.
La producción de bioetanol podría incluso realizarse
a partir de materias primas ricas en celulosa, como los desechos
agrícolas y forestales. Sin embargo, la conversión
de la celulosa en azúcares fermentables es un proceso aún
más complejo y costoso que hace que la obtención
de etanol a partir de desechos no sea rentable por ahora.
Actualmente, la producción
de bioetanol a partir de cultivos ricos en sacarosa y almidón
registra un desarrollo sin precedentes. Y es que el producto presenta
claras ventajas: es limpio y renovable; ayuda a reducir las emisiones
de carbono y permite conservar (y no depender de) las reservas
de combustibles fósiles; es barato cuando es producido
de forma eficiente; es versátil y puede sustituir la gasolina
en automóviles con motores adaptados para más de
un tipo de combustible o se mezcla con gasolina en motores convencionales
(Brasil, por ejemplo, lo emplea como "hidro-alcohol"
- 95% etanol - o como aditivo de la gasolina - 24% de etanol ).
Sin embargo, el bioetanol
tiene un importante y silencioso costo social: la propagación
de los monocultivos en desmedro de la producción para la
alimentación humana. Como bien explica Acción Ecológica:
"Aunque se puedan obtener biocombustibles a partir de
algunos productos nativos para resolver los problemas energéticos
a nivel local, el problema es la escala. Para suplir las necesidades
energéticas globales e impactar de manera efectiva en reducir
el calentamiento global, se necesitarían millones de hectáreas
de tierras agrícolas y la incorporación de otras
tantas a costa de ecosistemas naturales, lo que repercutiría
en la soberanía alimentaria de los pueblos".
Pero quizás resulta
más claro citar el análisis de Lester Brown, Director
del Instituto de Políticas de la Tierra de la Universidad
de Columbia, y fundador del WorldWatch Institute: "para
llenar el tanque de un automóvil de 25 galones con (bio)
etanol, se necesita una cantidad de granos suficientes para alimentar
a una persona por un año. Para llenar ese tanque por dos
semanas, se podrían alimentar a 26 personas durante un
año".
Lo complicado que los países
europeos, en su afán por cumplir con sus obligaciones dentro
del Protocolo de Kyoto, están empeñados en cambiar
sus sistemas energéticos a base de combustibles fósiles,
por biocombustibles; pero su producción no les da abasto
y han visto en los biocombustibles una posibilidad de seguir manteniendo
su estilo de vida, sin incrementar sus emisiones de gases invernaderos.
Sin embargo, en Europa no existen tierras suficientes para la
producción de la cantidad de biocombustibles que se necesita,
por lo que se han planteado la importación de los mismos.
Y aunque Estados Unidos tiene
suficientes tierras agrícolas, los consumos de energía
son tan altos, que también van a necesitar importar. ¿De
dónde van a venir estos biocombustibles? Pues de regiones
como América Latina, Asia y África - justamente
aquellas que tienen más necesidad de alimentos.
La expansión del uso
del bioetanol implica que en los países más pobres
las tierras de vocación agrícola que al momento
son usadas para la producción de alimentos sean utilizadas
para la producción de cultivos para la producción
de combustibles. Como describe Lester
Brown, "nos enfrentamos a una competencia entre los 800
millones de conductores que quieren proteger su movilidad y las
2.000 millones de personas más pobres del mundo que quieren
sobrevivir".