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El manejo comunitario
de la selva y el engaño de la economía
por: Hildebrando Vélez
G.
CENSAT AGUA VIVA
AdT-Colombia
febrero 2002
Tenemos Brasil a flor de piel. En el país
de Chico Méndez, en las calles de Porto Alegre, lanzábamos
su nombre como serpentines en la marcha colorida del Foro Social Mundial,
que era un carnaval de esperanza. Sin duda, hablar del tema del manejo
sustentable y comunitario del bosque y de la selva -MCSBS- debe hacerse
en nombre de ese gran ser humano a quien debemos rendir un gran homenaje:
Chico Méndez.
Decimos manejo sustentable y no sostenible, decimos comunitario, decimos
del bosque y de la selva. Cada una de estas palabras trae consigo una
carga de significado. Queremos diferenciarnos del contenido oficial
del discurso de la sostenibilidad pues representa una adecuación
de los mecanismos de explotación y dominación de la naturaleza
y los seres humanos a un contenido eco-capitalista. Sustentabilidad
en cambio representa convivencia entre culturas y ecosistemas.
Queremos señalar que hay bosque y hay selva y que son diferentes.
El bosque es un ecosistema con un número limitado especies vivas,
propio de la región tropical y boreal, en tanto la selva es una
trama de alta biodiversidad propia de la región intertropical,
más estrictamente ecuatorial.
Y hablamos de manejo comunitario porque queremos destacar que se trata
no sólo de tecnologías apropiadas sino de construcción
de relaciones sociales nuevas, de relaciones sociales que se fundamenten
en la justicia ambiental y social.
Al pensar en el MSCBS algunas ideas vienen a la mano a partir de nuestras
experiencias relacionadas con la sustentabilidad en el manejo del bosque
y la selva. A pesar de todo lo que se cacarea sobre la crisis ambiental
y las medidas que hay que tomar para evitar la catástrofe, en
nuestros países se crean nuevos marcos regulatorios permisivos
a las empresas forestales; el Estado reduce sus funciones sociales y
pierde su capacidad de control sobre la idoneidad y la seguridad y cobertura
de riesgos ambientales y a la salud que conlleva la explotación
del patrimonio natural, particularmente de la biodiversidad y de las
selvas; la ciudadanía y el Estado carecen de mecanismos de control
y de veeduría sobre el ciclo del producto forestal, perdiéndose
la soberanía sobre los bienes genéticos, sobre las culturas
y los saberes ancestrales; perdiéndose la soberanía sobre
el territorio. Ahora bien, a esta situación de incertidumbre
contribuyen las determinaciones que se viene tomando por parte de organismos
como el BM, la OMC, el Consejo de DS de la ONU o las que se toman en
el marco de las convenciones de Cambio Climático, Desertificación
o de Biodiversidad.
Ahora bien, aunque fuese de Perogrullo, hay que afirmar que muchos de
estos problemas surgen desde la esfera de la economía, que domina
las esferas política y social y que impone las reglas. El MCSBS
es una propuesta de construcción de nuevas relaciones económicas,
que también son, en sentido estricto, economía de naturaleza
y economía de esfuerzo humano. Este reto surge de reconocer que
la economía perdió su sentido cayendo bajo el dominio
de la mirada reduccionista de las ciencias y dejó su conducción
a las ETN, al llamado Sector financiero, a las pocas familias que se
apropiaron de las riquezas y a los organismos multilaterales que les
son funcionales. Por eso es que un bosque o una selva que son agua,
peces, lluvia, sol, viento, árboles, cultura, vida, la economía
los ve como recurso, como cosa, como madera, como materia muerta, como
mercancía, como dinero para meterse en el bolsillo. La economía
en manos de la codicia trastocó el fin que debía ser la
búsqueda del bienestar de la sociedad y la preservación
del entorno por otro que es la acumulación privada que trae malestar
para las mayorías de las sociedades. La economía volvió
más importante los fines que los medios. Nosotros reclamamos
que los medios sean fines en sí mismos.
Pero a la vez esa economía que dice ser una ciencia no puede
hacer bien las cuentas, por ejemplo no cuenta los costos de formación
y restauración que tiene una selva para curarse los efectos de
los procesos productivos degradantes; no contabiliza el trabajo de las
culturas que han cuidado por siglos de la selva; no da cuenta de la
alegría de los niños cuando suben a un árbol o
se lanzan con una liana; no da cuenta del trabajo femenino de cuidar
las semillas del bosque; ni del trabajo de los pájaros llevando
semillas de un lado para otro. Esta economía reduce sus cuentas
al dinero, es una ciencia metalizada: rígida y fría.
Esta economía reduccionista transforma el significado de muchos
asuntos y da nombre a muchos fenómenos confundiendo su sentido
y esencia. Por ejemplo, llama libertad de empleo a la esclavitud de
tener que trabajar en una empresa que tala el bosque; dice que las grandes
inversiones de las compañías forestales generan empleo
cuando en realidad lo necesitan o lo destruyen. La economía de
que hablamos invita a explotar los manglares donde las comunidades han
aprovechamiento de los vaivenes del mar y de los bienes naturales; la
economía hace creer que los bosques son recursos renovables que
por eso pueden destruirse, y no puede entender la profunda relación
que existe entre el mundo de la geología y de la biología,
entre lo permanente y lo cambiante (que es distinto de lo renovable
y lo no renovable); la economía llama clientes o consumidores
a las personas; la economía reduce las relaciones entre los habitantes
del bosque y la selva a relaciones de mercado o a relaciones monetarizadas
y les invita a creer en los Sumideros de Carbono y en otras ficciones
del mercado; en fin, la economía se rige por las leyes del mercado
desconociendo las leyes de la vida. En el orden económico actual
somos deudores los que no tenemos nada y que hemos sido proveedores
de biomasa, de selvas, y de materiales geológicos y son acreedores
los banqueros y quienes se han ido apropiando de todo. Esto es una desfachatez.
La economía confunde las necesidades de la sociedad con los deseos
de acumulación y con el estilo de vida ostentoso y de hartazgo
de las sociedades del norte. Las selvas se talan para que se fabriquen
empaques y envolturas para productos ya de por si innecesarios. El problema
no es solo de la producción sino del consumismo, del desbordamiento
de los deseos de consumo mientras las necesidades esenciales de las
mayorías quedan insatisfechas. Hay quienes creen que esto se
resuelve consumiendo productos certificados, pero a nuestro modo de
ver se trata de consumir menos y que los que nada consumen puedan hacerlo.
Consumir lo verdadera y esencialmente necesario.
Ahora bien, muchos negociantes disfrazados de ecologistas quiere volver
empresas de producción de capital las relaciones comunitarias,
de asociación y producción, de muchos pueblos y comunidades
que han mantenido sus lazos por siglos, que han preservado sus culturas
que han desarrollado su sabiduría, que combinan la pesca, la
recolección, la agricultura, la artesanía, en contextos
culturales apropiados. Les están proponiendo articularse a las
redes del mercado con lo que para ellos simplemente habían sido
los medios de vida. Quieren meterles en la prisión del mercado
capitalista. Claro una cosa es ir al mercado del pueblo donde todos
están en igualdad de condiciones pero otra cosa es meterse al
mercado de los capitalistas para que a uno se lo traguen. Las relaciones
sociales tradicionales quieren reducirlas a relaciones empresariales
corroyendo las relaciones de solidaridad, e incluso las relaciones políticas,
que los pueblos construyen para mantener una visión y una actitud
integral frente al mundo.
La economía propone y habla de desarrollo donde la gente quiere
hablar de estrategias de vida, de sociedades y comunidades sustentables.
La economía crea mecanismos de acumulación de capital
y concentración de la propiedad donde la gente quiere distribución
de los ecosistemas y los excedentes económicos y equidad entre
personas, países, regiones, género y generaciones. En
este sentido también pienso, y esto puede sonar herejía,
que el tema de la biodiversidad se ha vuelto un asunto más cercano
a la economía que a la biología. Las selvas ecuatoriales
entran ahora en los procesos de valorización económica
a la par que la mirada de la ciencia penetra la estructura de los genes.
La ciencia le sirve a la economía y ambas, ciencia y economía,
le sirven al capital. Hoy expulsan a los habitantes de la selva para
apropiarse de sus territorios y a la vez se apropian de sus saberes
para darles valor en el mercado. Ese es el núcleo de los nuevos
conflictos ambientales, eso explica la guerra que EEUU y sus aliados
están armando en la región andina.
El manejo comunitario de la selva no puede considerarse una verdadera
alternativa si no sirve para cuestionar de manera esencial el modelo
de desarrollo prevalente. Hay quienes guiados por el dicho que dice"cambiemos
todo para que no cambien nada" tratan de acomodar el discurso pero
siguen persiguiendo el lucro. No podemos reducir las iniciativas al
maquillaje verde. Proyectos productivos en el marco de la construcción
de una economía para el bienestar de la sociedad deben articularse
en estrategias de vida que garanticen no sólo ingresos monetarios
sino equidad y soberanía alimentaria; equidad y soberanía
en la distribución y conservación ecológica; soberanía
cultural (en la conservación de las culturas y en la construcción
de identidad).
Las sociedades sustentables no pueden construirse exclusivamente sobre
la base de las relaciones de sostenibilidad económica como arguyen
las instituciones multilaterales sino que las sociedades deben poder
dominar las esferas políticas y sociales para asegurar que las
definiciones que se tomen sean congruentes con esas transformaciones
profundas que se requieren y no queden subordinadas a la lógica
de la economía que criticamos. En esto también consiste
el manejo comunitario de la selva. El proceso de construcción
de sociedades sustentables no se reduce por lo tanto a cuestiones tecnológicas.
No se trata simplemente de la incorporación de tecnologías
limpias, de aprovechamiento de los subproductos no maderables del bosque
o de tecnologías con mayor eficiencia energética como
la tracción animal, sino de una transformación simultánea
de las diferentes esferas donde se construye lo humano. Por ello la
sustentabilidad de la selva está en directa relación con
la construcción de valores morales y éticos que no se
limitan a que exista una normatividad o una racionalidad jurídica,
pues en países como el nuestro sobran las leyes pero faltan los
valores éticos.
Ahora bien, la participación comunitaria en el manejo de la selva
no puede servir para que el verbo participar se siga conjugando tendenciosamente
así: "yo participo, tu participas, nosotros participamos
y ellos deciden". No se trata de participar para que los procesos
productivos comunitarios queden localizados, en forma utilitarista,
en el lugar de menor valorización en ciclo de reproducción
del capital, como pasa con procesos de producción forestal o
agroforestales que quedan subordinados a la comercialización
o agregación y aprovechamiento de plusvalía que hacen
las grandes empresas nacionales y ETN. En estos casos la comunidad queda
con la ilusión de la participación y las ganancias siguen
yendo a las cajas fuertes de los mismos.
De ahí que el proceso de transformación de las relaciones
de la economía con las demás esferas social, política,
cultural puede pasar por la construcción de nuevas tecnologías
productivas y administrativas, puede pasar por el establecimiento de
códigos de conducta y principios de responsabilidad social de
las empresas pero no quedarse allí. Las comunidades de las selvas,
así como los pueblos que hemos sido empobrecidos, debemos tomar
en nuestras manos las riendas de nuestro propio futuro; pero no para
incluirnos en el mercado sino para construir alternativas civilizatorias
frente a la crisis de la civilización occidental.
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