Balas
de papel
Por Silvia Ribeiro*
La Jornada, México, 15 de marzo de 2008
El 4 de marzo de 2008, más
de 800 mujeres de Vía Campesina Brasil invadieron la Fazenda
Tarumã, en Río Grande do Sul, Brasil, una hacienda de
2 mil 100 hectáreas dedicada al monocultivo de árboles
para la empresa papelera sueco-finlandesa Stora Enso, la segunda más
grande del rubro a escala mundial. Desde la mañana comenzaron
a arrancar eucaliptos y a plantar árboles nativos, en protesta
por el avance vertiginoso de estos "desiertos verdes" en
el país. La gobernadora del estado, Yeda Crusius, rápida
en defender los intereses de la empresa, envió a la Brigada
Militar, que con lujo de violencia y disparando balas de goma contra
las ocupantes hirió a más de 50 personas y detuvo a
la mayoría, que fueron encerradas en un estadio deportivo.
La gobernadora tiene intereses
propios en esta salvaje acción, ya que las principales papeleras
que están haciendo estragos plantando miles de hectáreas
de monocultivos en el estado (Aracruz Celulosa, Stora Enso y Votorantin
Papel y Celulosa) han realizado "contribuciones" a su gobierno
por más de 300 millones de dólares, según denunció
el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, basado en documentos
públicos del Tribunal Superior Electoral de ese país.
Anteriormente, Vía Campesina
Brasil había denunciado que esta propiedad era ilegal, al encontrarse
dentro de los 150 kilómetros de la frontera con Uruguay. Según
la ley brasilera, los extranjeros no pueden poseer tierras en esta
franja fronteriza. Stora Enso intentó hacer la compra por conducto
de su subsidiaria Derflin, pero le fue denegado, justamente por ser
extranjera. Ante esto creó una empresa fachada, la agropecuaria
Azenglever, de propiedad de los brasileños João Fernando
Borges y
Otávio Pontes (director forestal y vicepresidente de Stora
Enso para América Latina), actualmente dos de los mayores latifundistas
del estado. Azenglever ya posee cerca de 50 haciendas y más
de 45 mil hectáreas, pero pretende extender sus plantaciones
a 100 mil hectáreas.
Como declaran las mujeres de Vía
Campesina, "nuestra acción es legítima, Stora Enso
es la ilegal. Plantar este desierto verde en la faja fronteriza es
un crimen contra la ley de nuestro país, contra el ecosistema
y contra la soberanía alimentaria de nuestro estado que cada
vez tiene menos tierras para producir alimentos". Explican también
que aunque han denunciado repetidamente esta situación de evidente
abuso legal, las autoridades no actúan en consecuencia. Esta
acción forma parte de una multiplicidad de protestas realizadas
por mujeres de Vía Campesina de todo Brasil en el contexto
del 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer, contra monocultivos
de árboles y caña de azúcar, contra la liberación
de maíz transgénico y otras políticas de las
multinacionales de los agronegocios.
En 2006 cientos de mujeres invadieron
una plantación de Aracruz para denunciar la situación
de atropellos que practican estas empresas, que en varias partes del
país han desplazado a miles de integrantes de comunidades indígenas,
campesinas y quilombolas, directamente o mediante la contaminación
de aguas y suelos que provocan debido al alto uso de agrotóxicos
y a la eliminación de muchos recursos forestales, de fauna
y flora, que son depredados dentro y alrededor de las plantaciones.
El argumento que arguyen empresas
y gobiernos que las apoyan, para justificar este modelo de enormes
monocultivos de árboles que avanza como un cáncer en
muchos países del tercer mundo, arrasando comunidades y ecosistemas,
es la "necesidad" de producir celulosa para la demanda creciente
de papel. Ahora se suma también el empuje de esos monocultivos
como materia prima de
agrocombustibles. En ambos casos subyace la amenaza de las empresas
de que para producir más es necesario usar árboles transgénicos.
Es importante en este contexto
notar quiénes y para qué se consume papel en el mundo,
justificación de las tropelías de las grandes papeleras
y fábricas de celulosa, incluyendo ataques armados de parte
de los gobiernos "de papel" que las secundan.
Según Chris Lang e informes
difundidos por el Movimiento Mundial de Bosques (www.wrm.org.uy),
el consumo global de papel por cabeza en 1961 era de 25 kilogramos,
mientras en 2005 había saltado a 54 kilos. Estas cifras ocultan
que mientras los países industrializados del norte consumen
125 kilos por persona en promedio, en los países del sur apenas
llega a 20 kilos. También el promedio en los
países del norte oculta desigualdades: Finlandia (el mayor
consumidor de papel per cápita en el mundo) consume 334 kilos
por persona, Estados Unidos, 312, y Japón, 250. En China, el
consumo en 1960 era de cuatro kilos y en 2005 alcazaba 44 kilos. Pero
la mayor parte del papel utilizado en China se usa en embalajes de
productos que se exportan al resto del mundo, principalmente Europa,
Japón y América del Norte.
La mayor parte del consumo global
de papel se va en propaganda y en embalajes, cuyo uso se proyectó
exponencialmente tanto por la dislocación de las producciones
que antes eran locales, como por el avance avasallador de las ventas
directas al consumidor en grandes supermercados, desplazando formas
más directas de relación productor-consumidor a nivel
local.
Por todo esto, la protesta de
las mujeres de Vía Campesina de ninguna manera es un acto local,
sino muestra al mundo lo que está oculto detrás de estos
proyectos absurdamente llamados "forestación", diseñados
para aumentar las ganancias de grandes multinacionales a costa de
los recursos y la vida de las comunidades rurales.
* Investigadora del Grupo ETC