Bioeconomía

La promesa es que el cambio de una economía de combustibles fósiles a una economía “bio” resolverá la crisis ecológica y climática. Pero se avecinan nuevos conflictos: ¿De quién será la tierra para impulsar una economía “bio” basada en el mismo modelo económico? ¿De quién serán los territorios que se destruirán para desenterrar los minerales necesarios? Para los pueblos del bosque, la energía 'bio', la minería 'verde' y las plantaciones 'verdes' significan más despojo y violencia.

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Los combustibles fósiles son la causa principal del caos climático – pero las condiciones para esta crisis han sido creadas por las interconexiones y dependencias entre el colonialismo, el racismo, el patriarcado y la explotación de clases. Por tanto, abordar el caos climático es abordar las desiguales relaciones de poder en las que se basa el capitalismo con su dependencia de combustibles fósiles.
El río Mekong, que en sus casi 5.000 km. atraviesa seis países y sostiene la vida y las formas de sustento de millones de personas, está gravemente amenazado debido a la constante construcción de mega represas. Las comunidades resisten lo que podría ser la lucha final para salvar lo que resta del río... y de sus vidas.
La palma aceitera en Brasil se viene extendiendo sobre todo en el estado amazónico de Pará. BBF (Brasil BioFuels), la mayor empresa en Brasil, tiene acusaciones por crímenes ambientales y violencia contra comunidades, como la comunidad de Virgílio Serrão Sacramento, vinculada al Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA).

Los esquemas de certificación buscan legitimar actividades dañinas con términos como ‘sostenibles.’ Son una táctica de supervivencia del capitalismo. Con la transición energética, hasta la minería busca legitimar su imparable crecimiento.