Ecuador: los conflictos contra la cría de camarones contribuyen a la emancipación de las mujeres

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En Muisne, sobre la costa noroeste de Ecuador, las poblaciones han desarrollado un estilo de vida adaptado al ecosistema del manglar, basado en la pesca y la recolección de moluscos y cangrejos. Sin embargo, sus medios de subsistencia se han visto amenazados desde los años 80, cuando la cría de camarones comenzó a expandirse en la región (Boletín nº 51 del WRM, octubre de 2001).

Hasta la década del 60, los manglares eran considerados como pantanos inútiles y sin valor por el gobierno, que dejaba a las poblaciones locales realizar allí sus actividades tradicionales, como la caza, la pesca y la recolección de plantas silvestres destinadas a la alimentación, la farmacopea y la construcción. Los manglares eran entonces, y son aún, tierras públicas pertenecientes al Estado, manejadas en forma comunitaria a nivel local. En ese contexto, la destrucción de los manglares por parte de la industria camaronera y la privatización de dichos espacios fueron realizadas en forma ilegal. Los camaroneros acapararon las tierras para su propio provecho y el gobierno otorgó a veces concesiones en base a informes falsos (Boletín nº 14 del WRM, agosto de 1998; nº 21, marzo-junio de 1991; nº 36, julio de 2000).

Como consecuencia, a partir de 1989 las poblaciones se organizaron contra la destrucción y la privatización de los manglares y reclamaron el reconocimiento de sus derechos históricos de uso de dicho ecosistema. En Muisne se constituyó un primer grupo que, en 1991, se convirtió en la Fundación de Defensa Ecológica (FUNDECOL). Más adelante, el conflicto se extendió a todo el cantón y se transformó en un movimiento social mantenido por las comunidades de los manglares y, en particular, por las concheras, mujeres que recolectan la concha y demás moluscos del manglar.

El movimiento se amplió gracias a la creación de “grupos de usuarios” en las diversas aldeas del cantón. Esos grupos comenzaron a denunciar la tala ilegal de los manglares ante FUNDECOL, que transmitía luego las denuncias a la administración. Así se constituyó una red de vigilancia eficaz, que en 20 años llegó a presentar un millar de denuncias y logró en 2003 un éxito importante: la creación de una reserva de manglares de 5.000 ha administrada por FUNDECOL y los grupos de usuarios. Lamentablemente, ya se había perdido entre el 60% y el 90% de la cubierta del manglar. Sin embargo, FUNDECOL y los grupos de usuarios ya habían emprendido la reforestación, así como otras actividades destinadas a promover el renacimiento de la cultura local: concursos de cocina a base de productos del manglar, pinturas murales que explicaban la lucha, creación de grupos de música y poesía, cursos de alfabetización, etc.

Varios integrantes compusieron canciones, como Tania Bone Cagua, habitante de la aldea de Bolívar donde se formó un grupo de concheras decididas a luchar para proteger sus medios de vida y su entorno. Esas mujeres alimentan a sus familias y ganan algo de dinero recogiendo moluscos, principalmente concha. Tania aprendió a leer y escribir gracias a los cursos de alfabetización de FUNDECOL; la capacidad de expresarse por escrito y de animarse a tomar la palabra en público figura entre las principales aptitudes que adquirió gracias a la lucha, por lo cual se siente muy agradecida. Escribió varias canciones militantes, de las que adjuntamos tres - “Tristeza del manglar”, “Conchera soy”, y “Benditos camaroneros”.

Las mujeres de Bolívar explican que debieron enfrentarse simultáneamente a dos problemas: la cría de camarones y la dominación masculina. En efecto, durante la movilización que surgió para proteger los manglares, las mujeres de la aldea estuvieron más activas que los hombres. Comenzaron a emprender acciones en la esfera pública, generalmente reservadas para los hombres, como dejar su casa y sus tareas habituales para asistir a las manifestaciones, reuniones, actividades de reforestación, o recorrer muchos kilómetros para denunciar ante las autoridades los desmontes ilegales de manglares que realizaban los productores de camarones. Este fenómeno hizo que surgieran numerosos casos de violencia doméstica, pues los maridos solían oponerse a dichas actividades. Sin embargo, el grupo y los objetivos de la lucha dieron a las mujeres el apoyo necesario para cuestionar y renegociar a su favor las relaciones de poder. Ahora son ellas las que “saben”, las que conocen el ecosistema del manglar, las que lucharon con éxito para protegerlo. Esto les confiere una considerable autonomía material y simbólica.

Citamos a continuación algunos extractos de las tres canciones de Tania Bone Cagua que están disponibles en Internet enhttp://www.wrm.org.uy/paises/Ecuador/Canciones.html.

 

Tristeza del manglar

Qué triste ha sido vivir sin los manglar

que los camaroneros los quisieron talar

Y ahora nos queda a todas las concheras

luchar, luchar y volver a reforestar

 

Conchera soy habla del estatus desvalorizado de las concheras, pues la recolección de mariscos es un trabajo de mujeres pobres.

¿Y entonces qué quieren, qué quieren que haga?

¿Que me ponga alegre como en día de fiesta

mientras los manglares se están terminando?

¿Quieren que me ría?

¿que la risa me ensanche la cara como tonta?

Si hasta los gobiernos negociaron los manglares.

Conchera soy y no me compadezcan.

Benditos camaroneros 

En el mundo lo más bello que me ha podío suceder

mirar grupo’ de mujeres luchando por los manglar

y dicen que son machistas pero miren que no es cierto

defendemo’ el ecosistema porque en él hayamo’ especies

en él hayamos la concha sustento para vivir

también hayamos cangrejos, tasquero y churo piacuil

A pesar de que los pobladores del manglar han luchado durante todos estos años, en el otoño de 2008 el gobierno de Correa legalizó la privatización ilegal de los manglares practicada por los productores de camarones ratificando sus derechos por medio de un acto jurídico. Dos gobiernos anteriores habían ya intentado legalizar la industria camaronera en Ecuador, pero el movimiento social organizado por las asociaciones de defensa de los manglares había frenado el proceso. Este otoño, FUNDECOL y los grupos de usuarios también organizaron grandes manifestaciones en varias ciudades, incluso en Quito, para protestar contra esa ley que socava para siempre sus posibilidades de reivindicar los manglares. Sin embargo, el gobierno no tiene intención alguna de cambiar su decisión ni de permitir a los pobladores locales administrar colectivamente las zonas de manglares. Así, la política del gobierno de Correa se inscribe en la línea convencional de la economía de exportación, basada en el saqueo de los recursos naturales, sin ocuparse de la utilización sostenible de dichos recursos ni en la promoción de la seguridad y la soberanía alimentarias, puesto que el 95% de la producción de camarones se destina a la exportación. Son los países occidentales quienes se benefician con este alimento de lujo, mientras que los impactos ecológicos y sociales quedan localizados en el país productor y son asumidos principalmente por la población pobre. En el mismo sentido, el gobierno actual promueve también las plantaciones industriales de árboles y los grandes proyectos mineros a tajo abierto, contra la voluntad popular representada sobre todo por la Asamblea Nacional Ambiental(ANA). 

Sandra Veuthey, correo electrónico: Sandra.Veuthey@campus.uab.es. Artículo basado en observaciones de campo realizadas por la autora.