Bosques y plantaciones: un asunto esencialmente social

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En un mundo cada vez más fragmentado y especializado, muchas veces las respuestas sociales y de resistencia se han dado forzadamente también de manera fragmentada y especializada. Son numerosas las organizaciones sociales que se dedican a un tema, alejándose muchas veces del todo.

En ese todo, cual círculos convergentes, las distintas problemáticas tienen zonas de coincidencia que se traducen en temas de las agendas de los movimientos sociales. El Movimiento Mundial por los Bosques (WRM), en su defensa de los bosques ha incorporado a su estrategia de acción el tema de género, por ejemplo, y procura que las organizaciones de mujeres, a su vez, tomen el tema bosques y plantaciones en los aspectos que se relacionan con su área.

En una tentativa de plasmar esa geometría de la resistencia en una integración de las luchas por otro mundo posible, el WRM y Amigos de la Tierra Internacional, en el marco del Foro Social Mundial, organizaron el taller denominado "Bosques y plantaciones: un tema esencialmente social".

Seguidamente de una breve exposición de panelistas provenientes de diversos ámbitos, un amplio espectro de representantes de numerosos países tuvo la oportunidad de aportar sus experiencias a través de una metodología por demás participativa de trabajo en grupos. Integrantes de ONGs que trabajan en torno a temas muy diversos (desde el comercio a los transgénicos), de organizaciones campesinas, de pueblos indígenas, de organizaciones sindicales, del mundo académico, de organizaciones de derechos humanos, pudieron intercambiar ideas en torno a temas comunes. Los resultados de las discusiones en grupo se presentaron luego en el plenario, donde se identificaron relaciones con los bosques y las plantaciones.

Consideramos simbólico que el tema bosques y plantaciones integre el Foro Social Mundial. Se trata de romper esquemas, de desfragmentarnos y ubicar la defensa de los bosques en su verdadera dimensión social.

La desaparición de los bosques atañe directamente a las poblaciones indígenas y campesinas que se valen de ellos, las cuales generalmente resultan desplazadas de los territorios que han ocupado ancestralmente y a los cuales tienen derecho por tradición. Sus formas de vida y sustento quedan totalmente desmanteladas, lo cual además erosiona lentamente su cultura. La deforestación también altera el ciclo del agua, lo cual sin duda afecta con mayor gravedad a los sectores sociales más desposeídos, contribuyendo así al aumento de la pobreza.

El carácter esencialmente social de los bosques convierte a la lucha por su defensa en una lucha también esencialmente social, que se entronca con otras luchas sociales: por los derechos humanos, la tierra y la tenencia de la tierra, la soberanía alimentaria, las economías locales y el control local, la salud, la defensa del trabajo, por citar tan sólo algunas.

La forma de percibir el bosque es también una construcción cultural en la medida que la diversidad biológica no es accidental sino que tiene que ver con el tipo de relación que establece el ser humano con el entorno, con una forma determinada de conocimiento y utilización del mismo. Las comunidades que han sabido cuidar del bosque no han establecido una relación de carácter puramente comercial e individual con la tierra, el agua y los productos del bosque, sino que han concebido el derecho a la utilización de un territorio como un derecho colectivo.

Así, ese repensar los caminos lleva a los que luchan por la reforma agraria a preguntarse ahora: ¿reforma agraria para plantar qué, para qué y por quién?

Las nuevas visiones entretejen nuevos marcos ideológicos en los que brotan conceptos como agroecología vs. contaminación de la vida con agrotóxicos, diversidad vs. monocultivo, pequeña escala vs. gran escala, comercio local vs. globalización económica (“otro comercio es posible”).

En un marco de avance de los grandes intereses comerciales sobre todos los ámbitos de la vida, que, al decir de Amigos de la Tierra Internacional, coloca a “la naturaleza en venta”, las plantaciones de monocultivos de árboles se abalanzan sobre bosques y sabanas. Traen consigo contaminación con agrotóxicos, condiciones de trabajo esclavas, destrucción de ecosistemas, erosión del suelo, expulsión rural, aumento de la pobreza. Es decir, otro asunto esencialmente social.

Defensores de los bosques, campesinos, gremialistas, integrantes de pueblos indígenas, de movimientos de los sin tierra, activistas de derechos humanos, trabajadores comunitarios de la salud, ecologistas, organizaciones de mujeres, seguramente irán construyendo plataformas articuladoras que expresen esos temas en los cuales se encuentran, y desde las cuales pueden acumular fuerzas.

El taller realizado fue una gota que se junta con las muchas que confiamos formarán el aguacero que tarde o temprano terminará despejando el horizonte del mañana.

Por Raquel Núñez, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM), correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy