Celulosa y papel

Los monocultivos de árboles a gran escala para la producción de celulosa y papel, junto con la infraestructura y las fábricas de celulosa que conllevan, se han expandido sobre las tierras fértiles de las comunidades. Han destruido bosques y praderas, especialmente en América Latina, Asia y el sur de África. Las especies utilizadas no son nativas de estos países y son de rápido crecimiento, lo que implica un manejo intensivo con un consumo muy grande de agua y agrotóxicos. Incluyen variedades de eucalipto, acacia y pino.

Esta publicación denuncia las afirmaciones más engañosas que usan actualmente las empresas de plantaciones. El material está basado en el informe “Diez respuestas a diez mentiras”, escrito por Ricardo Carrere en 1999.
Más allá del discurso que acompaña a las plantaciones industriales de árboles, las empresas siempre han buscado el control sobre las tierras fértiles de las comunidades. El modelo del monocultivo pone en peligro la supervivencia, la soberanía alimentaria y la autonomía de las comunidades, profundiza la violencia del patriarcado e impone la misma forma destructiva y opresiva de organizar la tierra que se impuso durante la época colonial.
La red que articula a movimientos, organizaciones y comunidades en lucha contra los monocultivos de árboles se reunió en el Extremo Sur del Estado de Bahía. Este 21 de Septiembre, denunció una vez más los impactos de un modelo violento e injusto, basado en plantaciones a gran escala en su mayoría para la exportación de celulosa.
Con motivo del 21 de septiembre de 2022, Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, el WRM lanzó el informe “12 Respuestas a 12 Mentiras sobre las Plantaciones Industriales de Árboles”.
Las comunidades quilombolas de Sapê do Norte, Brasil, viven un proceso violento ante la expansión de los monocultivos de eucalipto a gran escala. Después de muchas dificultades, iniciaron un proceso para recuperar sus tierras y el agua en sus territorios. Y la lucha por recuperar lo que les pertenece continúa. WRM dialogó con dos activistas quilombolas para reflexionar sobre este difícil pero fértil proceso de resistencia.
Los combustibles fósiles son la causa principal del caos climático – pero las condiciones para esta crisis han sido creadas por las interconexiones y dependencias entre el colonialismo, el racismo, el patriarcado y la explotación de clases. Por tanto, abordar el caos climático es abordar las desiguales relaciones de poder en las que se basa el capitalismo con su dependencia de combustibles fósiles.
Productores Independientes de Piray (PIP) en Misiones, Argentina, se conformó en 2005 para frenar el avance del monocultivo de pinos de la multinacional Arauco, y recuperar la tierra. El WRM conversó con Miriam Samudio, una referente de la familia de PIP, para reflexionar sobre el proceso de lucha y los aprendizajes adquiridos.
En Indonesia, más de 10 millones de hectáreas están controladas por la industria de la celulosa y el papel, principalmente por dos gigantes empresariales: APP y APRIL. A pesar de que sus compromisos para proteger bosques y turberas, ambas siguen vinculadas a la deforestación, los incendios forestales y a un modelo de negocios que conlleva violencia, así como la criminalización y el desalojo de las comunidades del bosque. (Disponible en indonesio).
Una conversación con el presidente de la Asociación Quilombola de Volta Miúda y de la Cooperativa Quilombola del Extremo Sur de Bahía reveló cómo Suzano, la mayor empresa de papel y celulosa del mundo, sigue operando con graves violaciones e ilegalidades. Las comunidades siguen luchando por recuperar sus tierras.
Un documental producido por el colectivo audiovisual Ojo de Treile muestra cómo las plantaciones industriales de monocultivos en el sur de Chile vienen generando mega sequías y voraces incendios forestales.

Suzano estuvo presente en las negociaciones climáticas de la ONU de 2021 por una razón principal: promover las plantaciones de árboles como una ‘solución’ al cambio climático, bajo el nombre de ‘soluciones basadas en la naturaleza’. Aspira a beneficiarse cada vez más de las llamadas políticas climáticas.