Producción de energía a gran escala

La quema de petróleo, carbón y gas natural está causando un caos climático. La extracción de estos combustibles fósiles y, cada vez más, el uso de energía geotérmica y de biomasa, entre otras, también destruyen medios de subsistencia y bosques. Las empresas del sector energético exigen sistemáticamente a los Estados que repriman con violencia la resistencia de las comunidades. Los combustibles fósiles, en particular, han dejado un rastro de destrucción y opresión violenta, mientras que un pequeño número de empresas han embolsado ganancias astronómicas.

Las comunidades indígenas afectadas por la contaminación de la actividad petrolera, se ven además impedidas de acceder a agua limpia para su consumo y uso. En la Amazonía norte peruana, cien comunidades y sus federaciones indígenas llevan una lucha unitaria, constante y articulada desde hace once años, en defensa de sus territorios y ríos.
Los combustibles fósiles son la causa principal del caos climático – pero las condiciones para esta crisis han sido creadas por las interconexiones y dependencias entre el colonialismo, el racismo, el patriarcado y la explotación de clases. Por tanto, abordar el caos climático es abordar las desiguales relaciones de poder en las que se basa el capitalismo con su dependencia de combustibles fósiles.
El río Mekong, que en sus casi 5.000 km. atraviesa seis países y sostiene la vida y las formas de sustento de millones de personas, está gravemente amenazado debido a la constante construcción de mega represas. Las comunidades resisten lo que podría ser la lucha final para salvar lo que resta del río... y de sus vidas.

La declaración exhorta a los movimientos climáticos, ambientales y de justicia social a rechazar las “Soluciones Basadas en la Naturaleza” y todos los mecanismos de compensación porque no están concebidos para resolver la crisis climática. Permanece abierta para firmar hasta fines de 2021.

Este artículo resalta voces de Justiça Ambental! (JA!), Mozambique, y la alianza ecofeminista africana WoMIN.

Estas empresas extractivas han destruido y contaminado vastos territorios y su devastación continúa. Sin embargo, ahora presentan estrategias climáticas centradas en la protección de bosques y la plantación de árboles.

La crisis en Venezuela de 2013 al 2021 ha generado el colapso de una nación que había sido construida en torno al petróleo en los últimos 100 años. Esto ha configurado un escenario donde emerge un extractivismo predatorio.

Invitamos a organizaciones de Brasil, y también de otros países, a firmar esta carta -hasta el 21 de septiembre- para fortalecer nuestra lucha y resistencia contra los impactos de las corporaciones en nuestros territorios.