FSC y RSPO

El WRM lleva más de dos décadas denunciando los sistemas de certificación. Esto incluye el Consejo de Manejo Forestal (FSC, por su sigla en inglés) y la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO, por su sigla en inglés), pero también mecanismos de certificación de la compensación de emisiones de carbono, como Verra (con sello VCS -por su sigla en inglés). Estos mecanismos ayudan a maquillar de verde la destrucción que realizan las empresas y facilitan que las industrias continúen expandiéndose. Mientras tanto, se engaña a los consumidores, se destruyen bosques y se violan los derechos de las comunidades.

Esta publicación denuncia las afirmaciones más engañosas que usan actualmente las empresas de plantaciones. El material está basado en el informe “Diez respuestas a diez mentiras”, escrito por Ricardo Carrere en 1999.
Actualmente existen en Ecuador 270 000 hectáreas de tierras con plantaciones de palma aceitera, siendo Esmeraldas la región con mayor expansión. Los contantes procesos de resistencia de las comunidades La Chiquita, Guadualito y Barranquilla de San Javier siguen generando indignación y solidaridad entre pueblos e internacional.

La empresa Palmas del Ixcán se ha impuesto con lo que las comunidades llaman de un “despojo sistemático.” A pesar de la criminalización, la resistencia cada vez se asienta más.

Los esquemas de certificación buscan legitimar actividades dañinas con términos como ‘sostenibles.’ Son una táctica de supervivencia del capitalismo. Con la transición energética, hasta la minería busca legitimar su imparable crecimiento.

¿Acaso la introducción de políticas específicas de género en las actividades de empresas palmícolas y del sistema de certificación RSPO puede hacer algo más que encubrir la violencia así como el patriarcado y el racismo estructural inherentes al modelo de plantación?

A pesar de la vasta tala de manglares para darle paso a granjas camaroneras y la opresión de comunidades recolectoras y pescadoras, la industria accede a certificaciones.

El Grupo Korindo taló el bosque del pueblo Kinggo para establecer plantaciones de palma aceitera. Con promesas falsas y engañosas, persuadieron a Petrus Kinggo y a otros líderes a renunciar a sus bosques. Ahora, luchan contra Korindo, que tiene la certificación del FSC. (Disponible en indonesio).

El sistema de certificación de la RSPO utilizó la crisis de legitimidad de la industria del aceite de palma para beneficiar a la propia industria, emitiendo certificados que supuestamente garantizan estándares de sustentabilidad.

La violencia, masacres y desplazamientos forzados bajo el contexto del conflicto armado en Colombia han sido funcionales al avance del cultivo industrial de la palma aceitera. El rol de Poligrow en el acaparamiento de tierras y la intimidación en el municipio de Mapiripán es ineludible.

Organizaciones, redes y movimientos celebran la resistencia y alzan sus voces para exigir que se detenga la expansión de las plantaciones industriales de árboles.