Aceite de Palma

La palma aceitera es originaria de África occidental. Su cultivo es importante para las comunidades que dependen de los bosques, para sus culturas y economías. Sin embargo, los monocultivos de palma aceitera a gran escala destinados a la producción industrial (aceite y agrocombustibles) han sido un agente de deforestación y acaparamiento de tierras en el sudeste asiático. Más recientemente, los monocultivos de palma aceitera también impulsan la destrucción en África y América Latina.

Las plantaciones de palma aceitera son causa central de la deforestación en el sureste mexicano. Una red de mujeres en Chiapas se han organizado para denunciar las tácticas de coerción y engaños por parte del Estado y de las empresas para que los campesinos acepten el monocultivo en sus tierras. Su lucha es por la tierra, por sus conocimientos, y porque sus voces sean escuchadas.
La empresa de plantaciones de palma aceitera Socfin ha traído violencia y opresión a varios países africanos. Sierra Leona no es una excepción. En colaboración con Aminata Finda Massaquoi, periodista y coordinadora nacional de la red de defensa de las mujeres WORNAPI, el WRM está lanzando un podcast para enfatizar las voces de las mujeres que viven con los impactos de las plantaciones industriales.
El portal de noticias Metrópoles recorrió 5.700 km para denunciar cómo la cadena de producción del aceite de palma afecta a las comunidades quilombolas y a los Pueblos Indígenas del estado de Pará, Brasil. Existe una historia de trabajo análoga a la esclavitud, expropiación de comunidades tradicionales e impactos medioambientales.
En septiembre de 2022, dos grandes contingentes de la policía nacional y militar fueron enviados a las zonas de concesión de plantaciones de palma aceitera de Plantations et Huileries du Congo (PHC) en Lokutu y Boteka.
Este boletín destaca materiales y análisis relacionados con las luchas de las comunidades contra las plantaciones industriales de árboles. También rinde homenaje a las comunidades de la República Democrática del Congo, que desde la época colonial luchan por recuperar sus tierras de manos de una empresa de palma aceitera. Su valiente resistencia muestra las múltiples capas de opresión y violaciones que resultan del modelo de plantación.
Las plantaciones de palma aceitera de BIDCO, una empresa de propiedad parcial de Wilmar, en la isla de Kalangala, Uganda, provocaron impactos devastadores. La compañía planea expandirse a la isla Buvuma, sin embargo ¡sigue enfrentando una fuerte oposición organizada! Compartimos un breve video con testimonios de la resistencia de la isla Buvuma.
Compartimos el pronunciamiento final donde expresan sus exigencias y reivindicaciones.
La Alianza Informal contra la Expansión de las Plantaciones Industriales de Palma Aceitera en África Occidental y Central emitió una declaración que da continuidad a la denuncia de los numerosos abusos en torno a las plantaciones industriales así como a su fuerte compromiso de resistir su expansión, en defensa de sus territorios y sus vidas.
La producción industrial de aceite de palma en África Occidental y Central está controlada principalmente por cinco multinacionales y podría dar lugar a una expansión continua. Las plantaciones están acaparando grandes extensiones de tierra. La tierra y el agua son interdependientes, pero la crisis del agua no existiría si las empresas no hubieran arrebatado la tierra a las comunidades.
No hay otro cultivo que en la última década haya crecido más rápido a escala mundial que el aceite de palma. Esta expansión deja una larga secuela de destrucción y conflictos en torno a sus gigantescas áreas de plantaciones, desde el sudeste asiático hasta África occidental y central. Estas tierras acaparadas también se llevan sus fuentes de agua.
Una publicación reciente de la organización The Oakland Institute revisa 15 proyectos del agronegocio industrial en 11 países africanos, evidenciando cómo la gran pérdida de tierra ha tenido un impacto dramático en el acceso al agua de las comunidades.
Un artículo del portal Mongabay expone cómo seis años después de que se presentaran denuncias contra una planta procesadora de aceite de palma por contaminar los ríos, los humedales y el aire, aún no han detenido las acciones de la empresa Oro Rojo.