Aceite de Palma

La palma aceitera es originaria de África occidental. Su cultivo es importante para las comunidades que dependen de los bosques, para sus culturas y economías. Sin embargo, los monocultivos de palma aceitera a gran escala destinados a la producción industrial (aceite y agrocombustibles) han sido un agente de deforestación y acaparamiento de tierras en el sudeste asiático. Más recientemente, los monocultivos de palma aceitera también impulsan la destrucción en África y América Latina.

El control de la tierra fue vital para los colonizadores. Era riqueza, control territorial, acceso a ‘recursos’ y mano de obra barata (y a menudo esclava). Separar a los habitantes indígenas de sus territorios fue un componente crucial que persiste hasta hoy. El efecto de esta historia sigue influyendo en el manejo de la tierra así como en los conflictos en torno a ella.
Las empresas británicas no solo controlaban el 80 por ciento de las ‘tierras madereras’ establecidas en Tailandia, sino que también influyeron en la creación del Departamento Forestal Real, que llegó a tener poder absoluto sobre los bosques de la nación. Los acaparamiento masivos de tierra y varias leyes coloniales convirtieron la mitad del territorio del país en una colonia del estado central.
Lo que la historiografía llama de expansión civilizatoria o del capital es, en realidad, la invasión y desterritorialización de pueblos y comunidades con una gran violencia epistémica y territorial. Las concesiones se están haciendo sobre áreas que no son vacíos demográficos; un concepto colonial que ignora que estas zonas están ocupadas desde hace milenios.
Muchas concesiones para plantaciones de palma aceitera en África Occidental y Central se crearon sobre tierras robadas a las comunidades durante las ocupaciones coloniales. Tal es el caso en la RDC, donde la empresa Unilever inició su imperio de aceite de palma. Hoy estas plantaciones siguen siendo lugares de pobreza y violencia constantes. Es hora de poner fin al modelo colonial de concesiones y devolver la tierra a sus auténticos dueños.
Los movimientos coloniales y anticoloniales han moldeado los modelos e impactos de las concesiones en el sudeste asiático. En algunos casos las comunidades han sufrido despojos disfrazados de concesiones. En otros, las concesiones son parte de una reconcentración de la tenencia de la tierra. De una u otra manera, el modelo de concesión encaja en las ideologías de modernización.

(Sólo disponible en francés) Polices et militaires tirent à balles réelles sur des ouvriers de la Société FERONIA/PHC en grève à la plantation de Boteka

En Mesoamérica, la expansión de monocultivos de palma aceitera es una de las principales causas de deforestación. Un intercambio de experiencias reunió a representantes de comunidades indígenas y campesinas para enlazar sus resistencias.

Pronunciamiento del Encuentro Mesoamericano contra la Palma Aceitera, 6 de octubre de 2021.

La empresa Palmas del Ixcán se ha impuesto con lo que las comunidades llaman de un “despojo sistemático.” A pesar de la criminalización, la resistencia cada vez se asienta más.

La palmícola Socfin ha traído consigo violencia sobre las comunidades. Pero además, las mujeres tienen que hacer frente a otra opresión: los Jefes Supremos, según el derecho consuetudinario, tiene el poder de decisión y la propiedad sobre la tierra.

Las plantaciones de palma aceitera son uno de los espacios más inseguros para las mujeres, no solo por su vulnerable situación laboral sino también por el potencial de violencia y acoso sexual que las acecha. (Disponible en indonesio).

La región Sangha está bajo el control absoluto de tres concesiones con orígenes en la época colonial, que hacen uso de guardias armados para impedir que las poblaciones del bosque utilicen sus tierras.