Cómo explica el Banco Mundial a los periodistas el comercio de emisiones

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“El comercio de las emisiones de carbono, un vehículo para el desarrollo. ¿Valdrá la pena contar esta historia? Creo que sí,” dijo Sergio Jellinek, un “asesor en comunicaciones” del Banco Mundial, a una sala llena de periodistas en la Expo Carbono realizada en Colonia, Alemania, la semana pasada.

Organizada por el Banco Mundial, la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones y Koelnmesse (Feria del Comercio de Colonia), la Expo Carbono pretendía marcar que el “Mercado Mundial del Carbono había alcanzado su madurez”. De hecho, solamente unos pocos cientos de personas pusieron los 980 Euros de la entrada al evento. La mayoría parecía conocerse por el nombre de pila. Una de cada siete de las personas presentes era periodista.

En el primer día de la Expo Carbono hubo un “taller interactivo para periodistas”. Charles Cormier, experto en capacitación en materia de finanzas del carbono, del Banco Mundial, abrió el taller con una introducción al tema.

La presentación en powerpoint de Cormier explicaba que el cambio climático era real, y que los detalles se describen en el tercer informe del IPPC. “Es el Panel Internacional de ..er…bien, en fin es el IPPC”, explicó, aunque su explicación no resultó muy útil.

Después, me encontré con Cormier en el puesto del Fondo Prototipo de Carbono (PCF) del Banco Mundial. Le solicité una entrevista sobre Plantar, un proyecto de plantación industrial de árboles en Brasil financiado por el PCF. Plantar es por lejos el mayor proyecto del PCF en términos de la cantidad de emisiones de carbono que se supone ahorrará el proyecto. “No sé nada sobre Plantar” replicó.

En el taller para periodistas, Sergio Jellinek explicó que el Banco Mundial ofrecía ayuda a los periodistas “para tener la versión correcta”.

“Pónganle ustedes el tono al debate. Es un debate en el que queremos participar”, dijo Jellinek. “Ustedes son los maestros del procesos de decodificación”, agregó.

En su presentación, Sanjay Suri, un periodista de Inter Press Service, describió al comercio de carbono como “el comercio de lo que podría haber sido” y señaló que éste es el primer mercado en toda la historia que se crea con el fin de eliminarse a sí mismo. Preguntó si esta nueva “mercancía” era simplemente una forma de abrir otro mercado a las compañías del norte para abastecer al sur de tecnología supuestamente limpia.

Charles Cormier, del Banco Mundial, hizo entonces una corta presentación. Cormier aceptó que el comercio de carbono “es un concepto extraño. Es un comercio de emisiones que no serán emitidas en el futuro”. Agregó que “en sí mismo es algo así como un experimento a escala mundial”.

La industria aeronáutica, que de las actividades que contribuyen a la emisión de gases de efectos invernadero es la que está creciendo más rápidamente, “fue un poco olvidada en Kioto” según Cormier.

Cormier explicó que la Expo Carbono sería neutra respecto del carbono. Los organizadores calcularon cuánto gas de efecto invernadero se emitiría a raíz de la feria y del traslado de los visitantes hasta allí. Para “compensar” esas emisiones la Expo Carbono compraría créditos de carbono de un proyecto de plantación de árboles en Tanzania.

El argumento de Cormier se puede resumir de la siguiente forma: el calentamiento global es un hecho, así que tenemos que hacer algo. Por tanto, se crea el comercio de carbono.

La siguiente presentación fue la de Richard Kinley, de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Kinley explicó que en el marco del Protocolo de Kioto, la “mayoría” de las reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero de un país deben ser reducciones a escala nacional. Los mecanismos flexibles de Kioto (el comercio de emisiones, el mecanismo de desarrollo limpio y la implementación conjunta) pueden llegar a representar la mitad de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de un país.

Según Kinley, la crítica que se hace al Protocolo de Kioto de que no es una solución al cambio climático no es justa. “Kioto nunca pretendió resolver el problema”, explicó. Kioto tiene la intención de ser un primer paso. “Kioto es importante porque envía señales” dijo Kinley.

Kinley comentó que le gustaba mucho la descripción de Sanjay Suri del comercio de emisiones como “comercio de lo que podría haber sido”. Dijo: “esta es probablemente la primera vez en la historia en que se crea una nueva mercancía. No es como el dinero, pero es bastante singular”.

El siguiente fue Franck Lecocq, un economista del Banco Mundial. Se entusiasmó con el nuevo mercado de emisiones y dijo que el comercio de emisiones de este año probablemente sea el doble que el del año pasado.

Le pregunté a Lecocq cómo respondería la pregunta de Sanjay Suri sobre si el comercio de carbono era algo más que una forma de abrir mercados para que las compañías del norte vendieran tecnología al sur, mientras se permitía a las compañías seguir contaminando en el norte. Le pregunté porqué el Banco Mundial participa en esto, en especial teniendo en cuenta que supuestamente su misión es mitigar la pobreza, no crear nuevas mercancías.

Sin pestañar, Lecocq expuso otro cuadro de su presentación en powerpoint. Allí se explicaba que la meta del Banco Mundial es aliviar la pobreza y que el cambio climático afecta a los pobres. Por eso el Banco Mundial promueve el comercio de emisiones de carbono. “Había olvidado mostrarles esto”, dijo.

Ninguna de las presentaciones en el taller del Banco Mundial explicó cómo el comercio de carbono ayudaría a resolver el problema del cambio climático. Ninguna explicó porqué el Banco Mundial utiliza los dineros de los contribuyentes para auspiciar la creación de una nueva mercancía que básicamente beneficia a la industria del norte.

Esto quedó para Ken Newcombe, alto directivo del Fondo Prototipo de Carbono del Banco Mundial. En una conferencia de prensa inmediatamente posterior al taller de periodistas, Newcombe dijo “el Banco Mundial está reduciendo el riesgo de los inversores privados”.

Fuera de la Expo Carbono, los activistas levantaban una pancarta con la leyenda “Parar a Plantar”. Uno llevaba una pileta de cocina (que en inglés se le llama sumidero) con la leyenda “no es un árbol” y otro sostenía una planta en una maceta donde se leía “no es un sumidero”.

La manifestación fue organizada por las organizaciones no gubernamentales CDMWatch y Sinks Watch. Entre los manifestantes estaban dos brasileños de Minas Gerais, donde se encuentran las plantaciones de Plantar. Juarez Teixera Santana, del Sindicato de Trabajadores Rurales de Minas Gerais, declaró: “hemos estado luchando contra la destrucción causada por las plantaciones industriales de árboles en nuestro país durante años. Y ahora nos vienen a decir que estos proyectos destructivos son proyectos de ‘desarrollo limpio’ que protegen al clima. No son ninguna de las dos cosas”.

Por: Chris Lang, correo electrónico: http://chrislang.org , http://chrislang.blogspot.com