Camboya. Plantaciones de caucho, áreas protegidas, REDD+ y otras amenazas: una pérdida dramática para los habitantes de los bosques

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Empresa china en el bosque comunitario de Andong Bor, Camboya. Foto: Focus on the Global South

Hace veinticinco años, más del 80 por ciento de los camboyanos dependían de sus tierras y bosques para su sustento. Se dedicaban a la agricultura, la pesca y la cría de animales o dependían de productos del bosque no madereros para su supervivencia. Los bosques dieron vida y proporcionaron diversas fuentes de ingresos a la mayoría de las comunidades, que sabían muy bien cómo preservarlos. Un forastero quizás hubiera considerado que la vida común en los bosques de Camboya era ‘pobre’, pero las comunidades del bosque lo sentían de manera diferente. Para ellas, la vida podía transcurrir sin tantos problemas. La gente no caía en deudas terribles, tenía suficiente comida y no necesitaba migrar para trabajar en otros países.

Pero en los últimos 12 años, numerosas zonas de bosque de Camboya fueron taladas y convertidas en concesiones económicas de tierras, entre las que figuran plantaciones de caucho y yuca, así como otros usos de interés privado, con el argumento de ‘impulsar’ la economía. Junto a esto está la degradación masiva de los bosques por la tala ilegal impulsada por la insaciable demanda de madera de lujo. Las áreas protegidas y los programas de compensación de carbono, especialmente los proyectos REDD+, también han afectado gravemente a los bosques y las comunidades que dependen de los bosques. Una pregunta que formulan las comunidades es, después de todos estos años, ¿quién se ha beneficiado de este llamado ‘impulso’ de la economía camboyana?

La dramática pérdida de bosques es una pesada carga para los pueblos que dependen de los bosques, lo que afecta gravemente sus medios de vida, economías locales, el tejido social y las culturas, además de afectar negativamente a los sistemas alimentarios locales. Un habitante del bosque de la comunidad de Bamnak en el distrito de Krakor, provincia de Pursat, durante una conversación mantenida a fines de 2021 expresó lo siguiente: “Cuando todavía estaba el bosque, nuestras familias vivían en paz, cultivábamos y había muchas verduras para comer. Las mujeres podían cuidar a los niños, alimentar a las gallinas, patos y cerdos, mientras que los hombres salían a los bosques a recolectar productos para vender y obtener algo de dinero para mantener a las familias. Ahora que el bosque se fue, no sabemos qué hacer”. (1)

Desde 2002, la legislación del país permite la demarcación de bosques comunitarios para uso colectivo. La Ley establece que las comunidades pueden solicitar a las autoridades forestales el reconocimiento de un bosque comunitario y, según un subdecreto de 2003, el área puede ser manejada por un Comité de Bosque Comunitario, el cual debe ser establecido voluntariamente por la comunidad.

Sin embargo, la mayoría de estos Comités, y por lo tanto los bosques comunitarios, siguen siendo susceptibles a la amenaza de las concesiones económicas de tierras, la criminalización y otras influencias externas. Se han denegado o ignorado numerosas solicitudes de reconocimiento de bosques comunitarios. Actualmente existen incluso restricciones legales a las demandas que pueden hacer los Comités de Bosques Comunitarios establecidos, incluida la prohibición de movilizar personas para protestar y otras acciones públicas mientras se presentan pruebas de destrucción de bosques al Ministerio Forestal. La policía y los tribunales provinciales intimidan a los miembros de la comunidad cuando protestan o intentan detener posibles actividades de acaparamiento de tierras.

Lorang Yun, líder de la Alianza de Pueblos Indígenas de Camboya (CIPA, por su sigla en inglés), declaró en una entrevista del portal de noticias Mongabay en 2022: “Desde 2005, menos de 40 comunidades adquirieron algún título de propiedad comunal, a pesar de que cientos lo solicitaron”. Explicó que los Pueblos Indígenas enfrentan problemas en los tribunales en parte debido a los desenfrenados niveles de corrupción en torno a la propiedad de la tierra y a las concesiones económicas en el país. También explicó cómo las ONGs conservacionistas intensifican los conflictos, ya que establecen Áreas Protegidas aún cuando hay procesos de titulación de tierras comunales en curso. (2)

Un miembro del Comité del Bosque Comunitario de Andong Bor en la provincia de Oddar Meanchey, explicó: “No tenemos derecho a protestar ni a presentar un reclamo. Solo ellos [las autoridades de la administración forestal] tienen el poder de hacer algo. No tratamos de proteger el bosque solo para nuestro propio beneficio, es para todos”.

Plantaciones de caucho

Las plantaciones de monocultivos a gran escala, en particular de caucho, han estado en la primera línea de la deforestación en Camboya, especialmente en las últimas dos décadas. Global Forest Watch reveló cómo casi el cinco por ciento de la superficie terrestre de Camboya se destina a plantaciones de caucho. (3) Además, en el marco de las concesiones económicas de tierras también se ha expandido la producción industrial de monocultivos de palma aceitera, yuca, caña de azúcar, maíz y jatrofa.

En mayo de 2012, en medio de crecientes críticas, el gobierno suspendió el otorgamiento de concesiones económicas de tierras y se formó un comité interministerial para revisar las concesiones existentes. Como consecuencia se han revocado más de 100 concesiones a quienes no cumplieron con la ley o el contrato de arrendamiento de la concesión.

No obstante, con el impulso de la demanda de consumo internacional, la expansión de las plantaciones de caucho experimentó recientemente un aumento repentino. Un estudio mostró cómo las tasas anuales de conversión de bosques a caucho están estrechamente correlacionadas con los precios mundiales del caucho. (4) A diciembre de 2021 se habían destinado 946.926 hectáreas para plantaciones de caucho, distribuidas en 157 concesiones económicas de tierra. (5)

Áreas protegidas

Después que Camboya salió de los años de conflicto, en 1993 se crearon varias áreas protegidas mediante un decreto real. En la Ley de Áreas Protegidas de 2008 se incluyeron directrices más detalladas. Alrededor del 26 por ciento de la tierra en Camboya está designada como área protegida.

Sin embargo, la mayoría de estas Áreas Protegidas ha sufrido deforestación a gran escala. El Santuario de Vida Silvestre Snuol, por ejemplo, experimentó una tala masiva para dar lugar a plantaciones de caucho y de castaña de cajú, así como por la tala ilegal, tanto que su condición de Área Protegida se eliminó en 2018, sobre la base de que no quedaba casi nada que proteger.

Además de todo esto, importa destacar que el establecimiento de las Áreas Protegidas en el país ha provocado que miles de poblaciones que dependen de los bosques pierdan sus hogares a medida que el gobierno y las ONGs conservacionistas asumieron el control de la tierra que por generaciones albergó a numerosas comunidades.

Dichos programas de conservación continúan siendo una amenaza para las comunidades de los bosques, ya que el gobierno de Camboya se unió a la ‘Coalición de Ambición Alta’, un grupo intergubernamental que tiene el objetivo principal de ‘proteger’ para 2030 al menos el 30 por ciento de las tierras y océanos del mundo.

Además, en octubre de 2022, el gobierno del país señaló su compromiso de alcanzar la ‘neutralidad en materia de carbono’ para 2050 a través de la conservación de los bosques, principalmente mediante la implementación y ampliación de proyectos REDD+. (6)

El desastre de REDD+

El anciano de la comunidad Srey Khongphoen, de la comunidad de Andong Bor, provincia de Oddar Meanchey, recordó durante una conversación en 2020: “Cuando el bosque todavía existía, hace 10 o 15 años, era fácil encontrar comida, como las hojas de Prich. Había mucho Prich dentro de este bosque. En marzo, abril y mayo las hojas viejas caían y salían hojas nuevas, y la gente podía ir al bosque a recogerlas, cocinarlas y venderlas. En la temporada, una familia podía recolectar diariamente entre 5 y 6 kilos. Y el precio rondaba los 12.000 a 20.000 riel (de 3 a 5 dólares) por kilo. Las hojas de Prich proporcionaron una fuente de ingresos digna a los pueblos de los bosques”. Srey tiene 7 hijos y solía ganar alrededor de 40.000 a 60.000 riel (de 10 a 15 dólares) por día recogiendo hojas de Prich.

Esta situación cambió drásticamente en la zona de bosque comunitario de Andong Bor, con la introducción de un proyecto REDD+. REDD+ significa ‘Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación de los bosques’. En mayo de 2008, el gobierno de Camboya lanzó un proyecto piloto REDD+ en los bosques comunitarios de Oddar Meanchey, abarcando casi 64.000 hectáreas de lo que solían ser bosques.

Los Comités de Bosques Comunitarios en la provincia de Oddar Meanchey fueron creados en 2005 al unir a 678 familias de 5 aldeas: Kantul Choun, Samrong Tahea, Voryiev, Damkor Tapok y Kralor Senchay, ubicadas en la comuna de Beng, distrito de Banteay Ampil.

Este Proyecto REDD+ -cuyo objetivo era vender créditos de carbono de una supuesta reducción de emisiones de 8,2 millones de toneladas por 30 años- afirmó trabajar “con las comunidades locales para crear grupos de Bosques Comunitarios que implementen actividades del proyecto para reducir la deforestación, mejorar los medios de vida y proteger la biodiversidad.” (7)

Los Comités de Bosques Comunitarios involucrados en el proyecto REDD+ de Oddar Meanchey recibieron un curso de capacitación relacionado con el proyecto de carbono, dirigido por la organización Children Development Association (CDA), la administración forestal y otras ONG locales e internacionales, incluida TerraGlobal, que tenía una asociación con WCS y Care. Los capacitadores les dijeron que si cuidaban bien el bosque podrían beneficiarse y los Comités obtendrían algo de dinero de la venta de créditos de carbono en 2020. Pero si no podían proteger el bosque, entonces no percibirían ningún dinero. Después de la capacitación, los Comités eran responsables de divulgar la información sobre el proyecto REDD+ a las personas de los diferentes pueblos.

Durante los primeros años del proyecto, los Comités pudieron patrullar los bosques para protegerlos de la tala ilegal. Pero desde el principio el proyecto estuvo lleno de conflictos y problemas. Como reveló una investigación de 2016, algunos comuneros se vieron obligados a pagar sobornos a los Comités de Bosques Comunitarios o a los soldados, sólo para poder entrar a recolectar productos forestales no madereros o pequeñas cantidades de madera. (8) En 2012, los regimientos militares ingresaron para establecer una base militar dentro del bosque comunitario de Andong Bor y comenzaron a cultivar plantaciones de yuca. Cada año, las plantaciones se expandían y los militares vendían yuca a las élites de la provincia de Banteay Meanchey.

En respuesta, los Comités de Bosques Comunitarios realizaron numerosas acciones para llevar el problema de la destrucción de los bosques ante las autoridades: presentaron denuncias legales, presentaron peticiones respaldadas por fotografías y otras pruebas recolectadas en las zonas locales, realizaron informes de investigación para las autoridades pertinentes, y también protestas movilizadas por las comunidades. Pero ninguna de estas medidas logró resultados positivos, porque los propios gobernadores distritales y provinciales apoyaron a los militares en lugar de a los Comités de Bosques Comunitarios. Los militares también vendieron dos zonas en las montañas de estos bosques a una empresa china de trituración de rocas. Durante una reunión celebrada en 2020, un miembro del Comité de Bosque Comunitario de Oddar Meanchey reflexionó lo siguiente: “Tal vez vender tierras los enriquece más rápido que vender carbono. Por eso talaron todo el bosque y se lo vendieron a los ricos; para obtener más dinero rápidamente.”

El proyecto REDD+ no logró detener el proceso de deforestación en Oddar Meanchey.
Según un mapa político elaborado por los propios Comités de Bosques Comunitarios, la mayoría de las zonas de bosque fueron vendidas a gente rica para cultivar principalmente plantaciones de yuca. También hay dos gasolineras, un depósito de yuca y otro terreno residencial para actividades económicas. Además, los militares repartieron parte del terreno para viviendas. Hay alrededor de 100 casas militares construidas a lo largo de la carretera con una parcela de tierra cada una para el cultivo de yuca y plátanos. Solo queda una pequeña zona que aún tiene algo de bosque. Pero, como dijo un miembro del Comité de Bosque Comunitario: “Nadie puede detenerlos. Incluso si recuperáramos nuestros bosques comunitarios, solo recuperaríamos tierra devastada. Necesitaríamos mucho tiempo para que los bosques regresen mientras protegemos lo que queda”.

Otro miembro del Comité de Bosque Comunitario expresó durante una conversación realizada en 2020: “La gente quiere recuperar sus bosques. Los bosques son muy importantes, atraen las lluvias, dan leña para que la gente cocine… pero hoy en día, después de tantos años sin ellos, algunas personas compran dos sacos de carbón al mes para cocinar. Sin embargo, la mayoría todavía cree que no éramos conscientes de lo ricos que éramos con los bosques que teníamos, con animales salvajes para cocinar y con hojas de Prich para obtener ingresos adicionales. La gente no tenía que preocuparse por lo que iba a comer; algunos simplemente iban a recoger frutas, cangrejos, caracoles, a pescar peces, ranas o a cazar animales salvajes por la noche. Hoy, sin embargo, alrededor del 80 a 90 por ciento de los niños o jóvenes ya no van a la escuela. Tienen que acompañar a sus padres a trabajar en Tailandia para aliviar la carga familiar. Muchos, si no todos, tienen que dejar el pueblo para ganar dinero”.

 “La pérdida de este bosque tiene un gran impacto. Si pudiéramos tener nuestro bosque como antes, la gente podría construir sus casas sin problemas. Ahora, cuando nuestros hijos se casan y se separan de la casa de los padres, no hay dinero para comprar madera para construir una casa nueva. Si pudiéramos tener nuestro bosque como antes, podríamos encontrar productos no madereros... algunas personas podrían ganar entre 100.000 y 150.000 riels (alrededor de 25 a 37,5 dólares) por familia. Y nuestro bosque comunitario no solo fue útil para nuestros pueblos aquí, sino para otros 20 pueblos, algunos del otro lado del bosque. Si pudiéramos tener nuestro bosque como antes, no necesitaríamos usar fertilizantes químicos para cultivar nuestro arroz. Ahora, el arroz es lo peor. La verdad es que la gente no tiene muchas esperanzas de recuperar los bosques que nos arrebataron”.

Los bosques son fuente de vida

A pesar de graves intimidaciones, acoso e incluso encarcelamiento, algunos habitantes de los bosques siguen luchando para preservar sus bosques y su vida. En la provincia de Pursat, cerca de la montaña Aoral, un miembro de la comunidad declaró durante una conversación en 2020, refiriéndose a la pérdida de sus bosques debido a las plantaciones de yuca a gran escala: “En el pasado, las personas podían vivir juntas, tenían tiempo para comer juntas, y cuando había una ceremonia o una celebración de inauguración de la casa, la gente se ayudaba entre sí cortando bambú, cortando leña, aserrando madera y, lo más importante, la gente no estaba molesta como hoy. Hoy en día, todo tiene que contar como dinero… Necesitamos estar unidos como Comités de Bosques Comunitarios para proteger y hacer valer nuestros derechos. Necesitamos recuperar nuestros sistemas alimentarios y economías locales. También debemos trabajar juntos para proteger los bosques restantes y regenerar el resto”.

Por su parte, varios miembros de comunidades de las provincias de Oddar Meanchey y Pursat explicaron la importancia de que la gente de las comunidades regrese para cultivar sus propios cultivos. Aclararon que para que esto suceda, las comunidades deben crear y proteger grandes estanques de agua para uso colectivo y estanques pequeños para uso familiar, para que los cultivos puedan ser regados diariamente. “El agua es tan importante como los bosques y la tierra”, explicó un anciano de una comunidad en Oddar Meanchey. Su sabiduría sigue siendo enorme y tienen muy clara la importancia de un bosque sano, donde el sustento no solo proviene de los cultivos, sino también de la captura de cangrejos, peces, ranas, caracoles, ratones u otros pequeños animales salvajes, así como de la recolección de productos no madereros, como hojas y hongos.

Las comunidades del bosque resaltan la importancia de la conexión que existe entre proteger y vivir con sus bosques y tener soberanía alimentaria, es decir, su poder y autonomía para tener alimentos suficientes, diversos y nutritivos. “Habrá muchas cosas para comer si volvemos a tener nuestros bosques, y las condiciones de vida de los pueblos de los bosques pueden no ser tan difíciles como hoy”, explicó un miembro de una comunidad de la provincia de Oddar Meanchey.

Sun Ridan
Focus on the Global South, Camboya


(1) Todos los testimonios en este artículo, a menos que se indique lo contrario, son de visitas de campo de Focus on the Global South, realizadas durante los años 2020, 2021 y 2022. Los nombres que se dejan en el anonimato son por razones de seguridad..
(2) Mongabay, No justice for Indigenous community taking on a Cambodian rubber baron, December 2022,
(3) Global Forest Watch, What’s Happening in Cambodia’s Forests?, 2019.
(4) Unravelling the link between global rubber price and tropical deforestation in Cambodia, 2019.
(5) Cambodia’s concessions.
(6) Everland, Cambodian Government to Scale Forest Conservation While Ensuring Economic Growth and Prosperity Through REDD+, 2022.
(7) Terra Global Capital, Oddar Meanchey Community REDD+ Project, Cambodia.
(8) REDD-Monitor, Oddar Meanchey, Cambodia: “No one seems to be learning any lessons”, 2016.