De Asia a África: los tentáculos de las plantaciones de palma aceitera asfixian y secan a las comunidades

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Indigenous elders from Pantai Cermin village together with people from KRuHA and Litoral joining the online discussion. Photo: YMI

No hay otro cultivo básico que en la última década haya crecido más rápido a escala mundial que el aceite de palma. La producción de aceite vegetal aumentó un 118 por ciento solo en los últimos diez años, en su mayor parte bajo el impulso del fuerte aumento de la producción del aceite de palma. (1) En el epicentro de la producción, en Indonesia, la superficie de las plantaciones de palma aceitera se duplica cada década y ya supera los 15 millones de hectáreas. Esta expansión casi incontrolable deja una larga secuela de destrucción y conflictos, ocupando enormes extensiones de tierra cultivable, bosques tropicales vírgenes, bosques de comunidades indígenas, biodiversidad y un recurso esencial limitado que cada vez escasea más ante la crisis climática: el agua.

La industria del aceite de palma en Indonesia es un legado de la época colonial. Desde el colonialismo, Indonesia ha sido la base mundial de extracción y parte de la geografía de la división capitalista mundial del trabajo. (2) El archipiélago se ha convertido en proveedor de las principales materias primas del mercado mundial, desde minerales hasta productos de plantaciones (forzadas). Indonesia ha seguido y desarrollado el modelo capitalista de concesiones, que se basa en contratos otorgados por los gobiernos a inversores, tanto para proyectos de infraestructura como para las necesidades de las industrias extractivas. Este modelo se ha perpetuado en la era poscolonial para mantener y favorecer a las industrias extractivas así como a la expansión de las plantaciones de palma aceitera.

Sin embargo, a medida que la tierra para las plantaciones se va haciendo más escasa, la industria del aceite de palma necesita expandir su negocio a otras regiones. Esta industria continúa expandiendo sus gigantescas superficies de plantaciones para anexar y controlar más tierras de las comunidades, desde el sudeste asiático hasta África occidental y central.

A medida que las empresas se apoderan de los territorios de las comunidades, también les arrebatan sus fuentes de agua. Las personas que viven dentro y alrededor de las plantaciones deben luchar para acceder a la cantidad y calidad de agua necesaria para satisfacer las necesidades diarias: beber, cocinar, bañarse y cultivar alimentos. Además, están perdiendo importantes fuentes de alimento: los peces de los ríos y lagos, que también son contaminados por los agrotóxicos utilizados en las plantaciones.

En este contexto, comunidades y organizaciones de la sociedad civil de Indonesia, Gabón y Camerún se reunieron en el Día Mundial del Agua (22 de marzo) para compartir sus experiencias con respecto a las plantaciones industriales de palma aceitera y para hacer valer sus derechos al agua.

La pérdida del acceso al agua: el caso de Riau y Kalimantan Occidental, Indonesia

Numerosas comunidades indígenas de Indonesia dependen de los ríos. Los ríos son su sangre vital. Son una fuente de sustento, su recurso de agua limpia y un lugar importante donde llevan a cabo sus rituales o ceremonias tradicionales. Pero ahora, las comunidades y los Pueblos Indígenas se enfrentan a la pérdida de los ríos y afluentes que son su fuente de vida.

La expansión de las plantaciones de palma aceitera afecta la sustentabilidad de los ríos de diferentes maneras. Las plantaciones afectan el cauce de los ríos y sus afluentes, les cambian su curso y los mueven y entierran con el objetivo de agilizar los flujos de agua para su beneficio. Estas acciones aumentan la sedimentación, disminuyen la calidad del agua y aceleran las inundaciones.

Por supuesto, estos impactos afectan a las comunidades. La sedimentación destruye hábitats específicos de peces de alto valor, como el Tapah (pez gato de agua dulce), y reduce otras poblaciones y especies de peces. El número de áreas de pesca se está reduciendo y esto ha obligado a los pescadores a trasladarse largas distancias, lo que aumenta sus gastos de combustible, entre otros. En la provincia de Riau, que tiene la concesión de plantaciones de aceite de palma más grande de Indonesia, los últimos pescadores de Pantai Cermin dijeron que actualmente solo llegan a pescar menos de 1 kg de pescado cada dos o tres días. Numerosos pobladores ya no pueden vivir de los ingresos de la pesca y la consideran un trabajo secundario o simplemente un pasatiempo.

Otra experiencia compartida por la comunidad de Kalimantan Occidental es que, en el pasado, podían predecir cosas como, por ejemplo, los ciclos de inundación una vez al año, o las grandes inundaciones cada cinco o diez años. Pero ahora las inundaciones repentinas ya no se pueden predecir y la intensidad y frecuencia de las inundaciones también han ido en aumento. Las familias de pescadores, como las de los distritos de Semanga o Sambas, en Kalimantan Occidental, solían beneficiarse de las temporadas de inundaciones porque entonces podían pescar más, hasta 20 kg de langostinos gigantes de agua dulce por día. Pero hoy en día, que sus aldeas estén rodeadas de plantaciones de palma aceitera, las inundaciones ya no los benefician porque la población de peces ha disminuido enormemente debido a la pérdida de hábitats así como a la disminución de la calidad del agua como consecuencia de la sedimentación y la contaminación de las plantaciones. El aumento de las inundaciones también ha afectado a la mayoría de los hogares de caucheros artesanales, quienes por esa causa pierden sus ingresos. El campo de arroz de secano que se extiende a lo largo de la orilla del río también se viene inundando con más frecuencia, lo que ha provocado la pérdida de cosechas.

La investigación realizada por las organizaciones de la sociedad civil de Indonesia Coalición Popular por el Derecho al Agua (KRuHA) y Litoral, confirma este impacto. Dos aldeas de la provincia de Riau, aguas arriba de la cuenca hidrográfica de Siak, situadas alrededor de la plantación de PT Egasuti Nasakti, una de las subsidiarias de la empresa Wilmar, descubrieron en 2022 que la empresa planta palmas aceiteras en la zona de amortiguamiento ribereña o junto a los cuerpos de agua. Esta práctica aumenta la escorrentía contaminante de fertilizantes y plaguicidas hacia el río, lo que reduce la calidad del agua. En la medida que el río se contamina, las personas dependen cada vez más de las aguas subterráneas para satisfacer sus necesidades de agua limpia. Pero la calidad del agua subterránea tampoco es aceptable como agua potable por su alta concentración de fosfato provocada por los fertilizantes. Además, más del 87 por ciento de las muestras de aguas subterráneas supera los niveles aceptados de cromo hexavalente (Cr(VI)). Metales pesados ​​como el plomo, el cromo y el mercurio, que generalmente están presentes en fertilizantes y plaguicidas, son bien conocidos por su toxicidad para la salud humana y porque contaminan el ambiente.

 “En el pasado vivíamos de la pesca; la mayoría de nuestra gente trabajaba como pescadores. Pero unos años después de que llegara el aceite de palma, nuestro río quedó contaminado. Ya no podemos pescar. También tomábamos agua del río, pero ahora es difícil hasta bañarse porque está contaminado por las plantaciones. Una vez al año vierten en los ríos grandes cantidades de desechos de las plantaciones y de las fábricas de procesamiento. En el pasado había muchos afluentes que desembocaban en el río Tapung, pero ahora muchos se han secado, han quedado enterrados o les han enderezado su curso (lo que implica dragar y nivelarles los márgenes para que la empresa pueda plantar más). Ahora solo recordamos el nombre del afluente, pero su caudal ya no está. Actualmente el agua que necesitamos la sacamos de los pozos, pero tenemos que cavar varias decenas de metros más a lo hondo. El agua que solíamos sacar estaba a cinco o seis metros de profundidad pero ahora tenemos que perforar un mínimo de veinticinco metros para poder obtener agua”, contó Datuk Bathin Sigale, uno de los ancianos indígenas de la aldea Pantai Cermin en Riau.

Una réplica de la destrucción: historias de Gabón y Camerún

En los últimos años, las empresas que durante décadas sembraron la destrucción en países del sudeste asiático como Indonesia y Malasia, han expandido activamente sus plantaciones en África occidental y central, de donde proviene originalmente la palma aceitera. Una de esas empresas es OLAM, una empresa del agronegocio y del rubro alimenticio, con sede en Singapur. OLAM Palm Gabon es una empresa conjunta con el gobierno de Gabón y ha plantado más de 60.000 hectáreas de palma aceitera en ese país.

Ladislas Desire Ndembet, del grupo ecologista Muyissi Environnement, con sede en Gabón, quien ha lidiado con el impacto de las plantaciones de palma aceitera en el país, expresó que compartían una situación similar a la de las comunidades de Indonesia. En Gabón, empresas como OLAM se apropiaron de tierras y contaminaron el agua del río Iroungou en Moutassou Lote 3. El objetivo de OLAM de construir en Gabón la plantación de palma aceitera más grande de África tiene un alto precio para las comunidades.

OLAM está instalando un sistema de riego por goteo para sus plantaciones, para lo cual
acapara una gran cantidad de agua de los ríos, lo que ciertamente afecta las fuentes de agua de quienes viven en las cercanías de las plantaciones. Esto agrega un problema grave en un contexto en el que ya existen numerosas y grandes dificultades para acceder al agua potable en todo el país. La gente tiene que cavar pozos muy profundos para obtener agua. En la zona del poblado Sanga, Muyissi constató que el agua ya estaba contaminada con glifosato, que ha sido prohibido en varios países por su alta toxicidad. Sin embargo, todavía se sigue aplicando en numerosas plantaciones de palma aceitera, incluidas las de OLAM en Gabón, para el control de malezas, afectando severamente la salud de los hombres y mujeres que viven en torno a la plantación.

Mientras tanto, Emmanuel Elong, presidente de SYNAPARCAM, una organización camerunesa que defiende los derechos de las comunidades, compartió cómo las comunidades que viven alrededor de las plantaciones de Socfin/Bollore tienen que utilizar agua contaminada con plaguicidas y otros productos químicos para el consumo diario. “Mucha gente se está enfermando por esto”, afirmó Elong. Sin embargo, el gobierno no hace nada al respecto. A través de una amplia red de empresas holding y operativas, Socfin controla más de 400.000 hectáreas de concesiones de tierra en diez países, incluidas más de 73.000 hectáreas en Camerún. La mitad de esa superficie está actualmente cubierta por plantaciones industriales.

La mayoría de las comunidades de Camerún no tienen acceso a agua potable segura. Cuando las comunidades afectadas por Socfin intentaron perforar pozos, el agua seguía siendo difícil de conseguir. La comunidad finalmente tuvo que esperar una semana para recibir asistencia con el agua. Pero estos problemas han estado ocurriendo durante años. Las comunidades ahora también protestan contra la certificación RSPO otorgada a la subsidiaria de Socfin en Camerún: Socapalm en los distritos de Mbongo y Mbambou, y Safacam en el distrito de Dizangue. Las personas reciben el agua traída por los camiones cisterna de Socapalm en frecuencias que no controlan. La empresa no cumple con varios criterios sociales y ambientales establecidos por la propia certificadora, a pesar de lo cual le otorgó el sello, lo que ayuda a la empresa a acceder a más mercados y maquillar de verde sus actividades.

Conectando las luchas…

Tanto las comunidades como los activistas de Indonesia, Gabón y Camerún reconocieron que es necesario construir una solidaridad más fuerte y activa entre las comunidades contra las plantaciones industriales, que es necesario aprender unos de otros e intercambiar experiencias y conocimientos a nivel de base para luchar contra las plantaciones de palma aceitera en constante expansión.

Ante los mismos problemas y la ocupación de territorios por parte de empresas multinacionales como Wilmar, OLAM, Socfin y otras, que ponen en riesgo sus medios de vida y sustento así como sus comunidades, comprenden que lo único que importa a estas empresas es saciar su inagotable afán de lucro con el aceite de palma.

El intercambio de experiencias de las comunidades también muestra la importancia de conectar la lucha por la tierra y el agua con el movimiento contra la expansión de la palma aceitera. El problema radica en el modelo de plantaciones industriales de monocultivos, que arrasa con los suelos, la diversidad, los medios de vida y sustento locales y las fuentes de agua.

Con el acaparamiento de tierras también hay acaparamiento de agua. Este último no se refiere solo al acaparamiento directo del agua sino también al acaparamiento de los derechos básicos de las comunidades y los trabajadores de las plantaciones de acceder al agua limpia. La contaminación por las altas dosis de fertilizantes químicos y agrotóxicos utilizados en las plantaciones industriales está envenenando numerosas fuentes de agua y, por ende, toda la vida que existe en estos territorios.

GRAIN y KRuHA, Indonesia

(1) FAO, ‘Statistical yearbook 2021: production, trade and prices of commodities’.
(2) Batubara, Bosman dan Noer Fauzi Rachman. 2022. “Extended Agrarian Question in Concessionary Capitalism: The Jakarta’s Kaum Miskin Kota.” Agrarian South: Journal of Political Economy 1–24. Centre for Agrarian Research and Education for South (CARES).