Indonesia: el WWF comete un error al apoyar el cultivo de camarón en Aceh para acelerar la recuperación tras el tsunami

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Durante la reciente “Cumbre de los mariscos”, conferencia organizada por Seafood Choice Alliance (Seattle, 29 y 30 de enero de 2006), el “especialista en acuicultura” del WWF, Aaron A. McNevin, PhD, anunció que el WWF ha formado la Alianza para la Acuicultura Sustentable, que está trabajando en pos de algún tipo de certificación del camarón de cultivo basada en las prácticas de mejor manejo. Declaró además que el WWF está trabajando con el gobierno de Indonesia, la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura), el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), NACA (Red de Centros de Acuicultura en Asia-Pacífico) y el Banco Mundial para restablecer los criaderos de camarón destruidos por el tsunami a lo largo de la costa de Aceh en Sumatra, Indonesia.

El WWF alega que está haciendo esto para ayudar a las comunidades locales de pescadores de Aceh a recuperarse de sus pérdidas económicas provocadas por el tsunami. Según McNevin, antes los criaderos de camarón estaban a cargo de productores de pequeña escala y este plan para restablecer las piscinas destruidas fue la forma que encontró el WWF de ayudar a esas mismas comunidades locales a reconstruir su economía.

El llamado “plan de recuperación” para Aceh es una revelación chocante para muchos de quienes han trabajado durante muchos años para detener la expansión del cultivo insustentable del camarón. Después de todo fue la industria del cultivo del camarón, junto con otros emprendimientos insustentables, que en primer lugar eliminó los manglares y otros elementos importantes del cinturón verde costero natural. En el pasado, tales cinturones verdes o zonas de amortiguación sirvieron alguna vez de protección contra huracanes o tsunamis, pero estas zonas costeras fueron taladas y niveladas para dejar lugar a piscinas de camarones, hoteles turísticos, puertos deportivos y otros emprendimientos, con lo que las zonas costeras se volvieron mucho más vulnerables a los desastres naturales como el tsunami de 2004.

Incluso ha habido rumores de que el ejército de Indonesia, que desde hace más de 30 años combate una persistente insurgencia guerrillera en la provincia de Aceh, podría haber alentado intencionalmente el establecimiento de criaderos de camarón en sustitución de los manglares, para destruir los lugares que podrían servir de refugio a los insurgentes.

Aunque el tsunami fue una catástrofe natural provocada por el inmenso terremoto ocurrido el 26 de diciembre de 2004 cerca de la costa norte de Sumatra alrededor de la provincia de Aceh, la gran cantidad de muertes puede atribuirse parcialmente, si no en gran medida, a un desastre artificial, provocado por humanos. Dicho desastre artificial precedió a los tsunamis que asestaron tan fatal golpe a las costas de Asia y África. Este desastre anterior, que prepara el escenario para los tsunamis subsiguientes, fue provocado por la avaricia y la miopía humanas y resultó en la eliminación de las zonas de amortiguación naturales que una vez estuvieron presentes a lo largo de las mismas costas tan duramente azotadas por los tsunamis. Extensos manglares, arrecifes de coral, bancos de algas, dunas de arena, turberas y otros accidentes naturales servían de barrera ante olas y viento. Una vez que se eliminaron estos cinturones protectores, toda la fuerza de los tsunamis azotó las vulnerables costas, lo que resultó en la gran cantidad de muertes ocurridas tanto en Asia como en África Oriental.

Hoy muchos especialistas que han estudiado la catástrofe creen que en aquellos lugares donde todavía existían manglares, arrecifes de coral y otras barreras naturales la fuerza destructiva de los tsunamis resultante fue mucho menor, y en esas mismas zonas se salvaron muchas vidas.

Como se ha afirmado, hacía ya mucho tiempo que había sonado la señal de alarma. Se trata de los gritos de alarma de los ecologistas defensores de los manglares, las comunidades locales y las organizaciones no gubernamentales que protestaron contra la expansión ilegal del cultivo del camarón, el turismo y otras industrias insustentables a lo largo de esas mismas costas.

Las comunidades locales, que una vez estuvieron a resguardo de las tormentas gracias a estas barreras naturales, se expusieron a este tipo de catástrofe por culpa del violento ataque de otro desastre anterior: el desarrollo industrial, en gran medida no reglamentado y mal planificado, a lo largo de la zona costera. Este emprendimiento controvertido y a menudo ilícito fue en gran medida apoyado y promovido por agencias de crédito internacionales tales como el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y USAID, así como la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU. Estas instituciones, a menudo controvertidas, deberían ser señaladas por sus graves errores anteriores al apoyar este tipo de emprendimientos destructivos e insustentables que dejaron las costas de las regiones afectadas abiertas y vulnerables al golpe fatal de los tsunamis de diciembre.

A pesar de las tempranas advertencias de que iba a ocurrir un desastre así, en el gobierno y en la industria pocos prestaron atención. En su lugar ignoraron tantas advertencias en favor de políticas de manejo insustentable comprobadas que degradaron todavía más estas zonas costeras protectoras. A lo largo de las décadas de 1980 y 1990, el propio cultivo del camarón contó con el fuerte apoyo de millones de dólares de préstamos del Banco Mundial, así como de NACA y la FAO a través de programas de investigación y desarrollo en las mismas costas que los tsunamis azotaron.

“El Banco Mundial participó activamente en el lanzamiento de la industria del camarón en Asia. De una inversión de US$ 1.685 millones otorgados en 1992 a la agricultura y la pesca en India, el Banco Mundial destinó US$ 425 millones al desarrollo de la acuicultura (Mukherjee, 1994). Una parte sustancial de esta suma parece haber sido destinada a la intensificación y expansión de las piscinas de camarones. La participación del Banco Mundial en la acuicultura del camarón y el desarrollo de criaderos relacionados y otras instalaciones para el camarón ilustra la tendencia hacia la integración vertical organizada internacionalmente de esta industria (O’Neil, 1994, 10-11)…” (Solon Barraclough et al, Some Ecological and Social Implications of Commercial Shrimp Farming In Asia, 1995).

Este apoyo masivo de parte de las mencionadas agencias gubernamentales e intergubernamentales llevó a la expansión rápida y descontrolada de la acuicultura del camarón en el mundo en desarrollo, que afectó especialmente las zonas de manglares. El cultivo del camarón es la primera causa de pérdida de manglares según muchos investigadores que han documentado el ritmo de pérdida de manglares, que hoy se sitúa entre el 1% y el 2% anual.

En lugar de volver a establecer una industria insustentable de cultivo del camarón en las zonas de humedales relacionadas con los manglares de la provincia de Aceh, debe ofrecerse un camino más efectivo hacia la restauración del cinturón verde protector y una compensación a largo plazo a la comunidad local, con la esperanza de impedir una catástrofe artificial de esta índole en el futuro. Es necesario que el WWF revise sus planes para la recuperación tras el tsunami, pues su promoción del cultivo del camarón como forma de que las comunidades costeras pobres obtengan beneficios económicos es un error gravísimo, tanto de juicio como de política.

Por Alfredo Quarto, Mangrove Action Project, correo-e: mangroveap@olympus.net, http://www.earthisland.org/map