Las "Soluciones basadas en la naturaleza" y el control territorial corporativo: un consenso inventado

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El sector de la minería busca legitimarse y expandir sus fronteras de acumulación y control territorial con un discurso de sostenibilidad, invirtiendo en supuestas "Soluciones basadas en la naturaleza" para aludir que su perenne extracción es "compensada". Este artículo expone el caso de las mineras Vale y BHP Billiton.

No es ninguna novedad que el uso indebido del tema ambiental por parte de los Estados y el sector empresarial ha resultado en la creación de conceptos aparentemente buenos, que reivindican las mejores intenciones, pero cuya función es servir a los intereses corporativos y justificar las intervenciones y el control del territorio en los países del Sur. El conocimiento dominante desarrollado por "expertos" de países del Norte, que se plantea como neutro y universal en torno al tema ambiental, articulado con los intereses corporativos y políticos del Norte y del Sur, promueve una determinada forma de percibir la naturaleza. Ese conocimiento dominante establece cuál es el problema, qué se debe hacer para resolverlo, y quiénes son los responsables. Los discursos sobre una naturaleza ajena, indomable o fuera de control, que exige el conocimiento de especialistas para dominarla, ha resultado en el desarrollo de políticas basadas en la lógica de mercado y en la idea de que es posible "compensar" las emisiones y la destrucción.

En este contexto, caracterizado también por la ausencia de compromisos sobre la necesidad de frenar la expansión de la industria extractiva, conocida históricamente no solo por generar emisiones de CO2 sino también por provocar crímenes ambientales y violaciones de los derechos humanos, surge la noción de las "Soluciones basadas en la naturaleza" (SBN). Las más interesadas en esta noción, que además cuentan con el andamiaje legislativo, financiero e ideológico de los Estados, son las grandes petroleras, como Shell, Chevron, BP y Petrobras, y las grandes mineras, como BHP Billiton, Rio Tinto, Glencore y Vale.

La noción de SBN fue introducida en el "vocabulario ambiental" en 2016, por la organización conservacionista UICN (Unión para la Conservación de la Naturaleza). Este concepto es frecuentemente utilizado por diferentes actores, con distintos significados, incluyendo propuestas que van desde los mecanismos de Reducción de las Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal (REDD+) hasta la tecnología de captura y almacenamiento de carbono y otras técnicas de geoingeniería. (1) La idea avanzó hasta ser incorporada en el lenguaje de diversas organizaciones y convenciones de las Naciones Unidas. El Acuerdo de París de 2015, por ejemplo, que no define una meta de reducción de las emisiones en particular para los sectores de energía y transporte, establece la posibilidad de lograr “un equilibrio entre las emisiones antropogénicas por las fuentes y las absorciones por sumideros” en la segunda mitad del siglo. (2) Este lenguaje dio origen al concepto de "cero emisiones netas" al afirmar que el secuestro de carbono será capaz de compensar las emisiones generadas por la quema de combustibles fósiles.

En 2012, la Corporación Financiera Internacional (IFC), brazo privado del Banco Mundial, introdujo el uso de la compensación para argumentar que no habría pérdida neta (no net loss) de biodiversidad en los proyectos que financia. Desde entonces, la institución promueve la compensación por pérdida de biodiversidad, que “no solo puede, sino que debe, resultar en un impacto neto positivo”. Para tal fin, se argumenta que la compensación de la biodiversidad – es decir, resultados cuantificables de conservación que derivan de acciones diseñadas para compensar impactos adversos significativos sobre la biodiversidad que son consecuencia de los proyectos – debe seguir el principio de “igual por igual o mejor”. Las compensaciones deben conservar los mismos valores de biodiversidad que están siendo impactados por el proyecto. (3) Como si eso fuese posible…

Apropiación corporativa: el caso de la minería

Un sector que merece ser destacado en esta discusión, además de las empresas petroleras, es el de la minería, que busca legitimar su actividad y expandir sus fronteras de acumulación y control territorial a partir un discurso de sostenibilidad. Hemos visto a la industria aumentar sus inversiones en las llamadas SBN para compensar la extracción continua de "recursos naturales". Por ejemplo, la empresa Vale, segunda minera más grande del mundo (después de BHP Billiton) y líder en la producción de mineral de hierro, se comprometió a invertir al menos USD 2.000 millones para reducir las emisiones de carbono de la empresa en un 33% para el 2030, como parte de su compromiso de volverse "neutra en carbono" para el 2050, y de buscar que no haya una pérdida neta (no net loss) de biodiversidad a largo plazo. (4) Ser "neutra en carbono" significa calcular el total de las emisiones y equilibrar las que no pudieron ser reducidas a través de proyectos de compensación.

Estas acciones se vuelven fundamentales en la estrategia de legitimación de Vale, al ser utilizadas para afirmar que compensan los impactos negativos de las actividades de extracción, explotación y transporte de la industria minera. “Protegemos y ayudamos a proteger un área aproximadamente 6 veces mayor que la superficie ocupada por nuestras operaciones”, afirma el gigante minero que además argumenta que “hace décadas que Vale protege el bosque amazónico, mientras opera la mayor mina de mineral de hierro del mundo”. La empresa sostiene que mientras prácticamente toda el área alrededor de sus operaciones en la mina de Carajás, en Pará, Brasil, fue deforestada en los últimos 30 años, solo el área que Vale “ayuda a proteger” permaneció intacta. Esta misma empresa ha sido denunciada por generar conflictos en diversos países como Malasia, Mozambique, Papúa-Nueva Guinea, Argentina, Colombia, Perú y Canadá. (5) En Brasil, además de proyectos conflictivos como el Programa Grande Carajás, en los estados de Pará y Maranhão (el bosque amazónico que Vale afirma proteger), la empresa es responsable del colapso de la represa Mina do Feijão en Brumadinho, tres años después del derrumbe de la represa Fundão, que destruyó en Brasil una superficie equivalente a todo Portugal.

La represa Fundão pertenece a la minera Samarco, propiedad de Vale en sociedad con BHP Billiton. Estamos a cinco años del desastre y ninguna de las acciones de reparación previstas para el grupo de afectados compuesto por agricultores, lavanderas, artesanos, pescadores y pescadoras, y pequeños comerciantes, ha sido concluida, así como tampoco fue restaurado el medio ambiente. El desastre mató a 19 personas y destruyó la fuente de producción y reproducción de casi dos millones de personas que viven a lo largo de la cuenca del río Doce, quienes fueron alcanzadas por los 43,8 millones de metros cúbicos de residuos de mineral de hierro, en los 39 municipios afectados de Minas Gerais y Espírito Santo. El crimen también fue caracterizado por un grave racismo ambiental, ya que afectó de manera desigual a la población negra de la región: en el distrito de Bento Rodrigues, por ejemplo, que fue la zona más afectada por los residuos, el 84,3% de la población es negra. Los responsables siguen en libertad y sin ser acusados de homicidio. Para empeorar la situación, BHP fue declarada inocente en su país de origen, Inglaterra, ante la denuncia colectiva que incluyó a cerca de 200.000 individuos, además de prefecturas, pequeñas empresas y la comunidad indígena Krenak. El juez entendió que la denuncia era “abusiva” y que Inglaterra no tiene jurisdicción para actuar en el caso. (6)

Abusivo, no obstante, es el hecho de que BHP también lucra con la creación del mercado de las SBN. Desde 2016, esta empresa viene generando productos a partir de la incorporación de las denominadas justificaciones ambientales, cuando, en alianza con Conservación Internacional (7), desarrolló bonos forestales para financiar proyectos REDD, emitidos por primera vez por IFC por un valor de USD 152 millones. Asimismo, en 2008, apoyó un proyecto REDD administrado por Conservación Internacional (CI), en Perú. El proyecto Alto Mayo, que involucra comunidades de más de 5.000 personas, fue acusado de "colonialismo de carbono", al deslegitimar y violar los modos de vida tradicionales de las comunidades que dependen del territorio donde se encuentra el "bosque en pie", el cual, "intacto", genera carbono y posibilidades lucrativas de compensación. (8) Más recientemente, CI y BHP crearon la iniciativa “Finance for Forests” (F4f – Finanzas para Bosques) para ampliar estos tipos de inversiones, que incluye a las industrias más depredadoras y contaminadoras: las del petróleo, el gas, la minería y la aviación.

BHP también participa de la iniciativa “Markets for Natural Climate Solutions” (NCS – Mercados para las Soluciones Naturales sobre Clima), liderada por la “International Emissions Trade Association” (IETA – Asociación Internacional de Comercio de Emisiones), que incluye a Chevron, BP y Shell, entre otras. Para estas corporaciones, las SBN son “una de las formas más económicas para la gestión del CO2” y para alcanzar las metas del Acuerdo de París. Sin embargo, estas son también una forma más para ampliar el poder y el alcance de los ya problemáticos mercados de carbono.

SBN: para que realmente nada tenga que cambiar

Con estas iniciativas, las empresas transmiten la idea de que sus actividades protegen y crean biodiversidad, y no que la destruyen. Estas garantizan que el capitalismo extractivo no sea visto como una causa del problema ambiental, sino como la solución. Además de ocultar la raíz de los problemas, los conflictos, los crímenes y las violaciones de los derechos humanos sufridas por las comunidades cuyos territorios han resultado en la injerencia de las empresas, afirmando la posibilidad de compensar estos daños históricos con tecnologías y prácticas peligrosas y costosas, aumentan su ya fuerte presencia económica, política y cultural, y se legitiman ante la sociedad. Esto significa ampliar y profundizar la usurpación y la apropiación privada de tierras y territorios, así como la violación de la seguridad y la soberanía alimentaria de las comunidades y los pueblos que viven y sobreviven gracias a su relación sus territorios.

Las SBN suponen la construcción de la idea de consenso: somos todos responsables por la crisis ambiental y, al ser "todos", en los hechos, nadie lo es. El “eco-consenso tecno-gerencial sostiene que, necesitamos cambiar radicalmente, pero dentro del marco del estado de situación actual […] para que realmente nada tenga que cambiar” en el sistema capitalista. (9) Los problemas no se resuelven, sino que se trasladan a otro lugar. Así se retoma el discurso de la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales, promoviendo una imagen de un sector corporativo preocupado y comprometido con el enfrentamiento al cambio climático y el combate a la pobreza. El foco exclusivo de la política ambiental en conceptos como "neutro en carbono" o "cero emisiones o impacto neto", basados en la lógica de la compensación, que ahora es rediseñada a partir de la idea de que “nuestra solución está en la naturaleza”, representa una percepción reduccionista y despolitizada de la problemática ambiental. ¿Solución a qué y para quién? ¿Y de qué naturaleza estamos hablando?

Centrados en la medición y en la cuantificación, así como en los ajustes tecnológicos como fin, estos procesos brindan al capitalismo una ocasión más para apropiarse de los discursos críticos del sistema, en este caso sobre la destrucción ambiental, generando nuevas fuentes de acumulación y de legitimación. Son procesos elaborados e implementados mediante un diagrama de fuerzas que involucra a grupos científicos, al sector corporativo, a gobiernos, a grandes organizaciones conservacionistas, a instituciones financieras multilaterales, así como a agencias de la ONU, como la Convención sobre Cambio Climático y sobre la Diversidad Biológica. La estrategia ahora no es negar el carácter perjudicial del extractivismo industrial, sino reconocerlo, afirmando la posibilidad de compensarlo para salir adelante en la carrera por los "recursos ambientales".

No obstante, está claro que no es posible compensar los efectos negativos del capitalismo extractivista. Y aunque lo fuese, no hay tierra suficiente en el planeta para la cantidad de proyectos que están siendo propuestos. Esa tierra, ese territorio, ya está ocupado. No es posible expandir la producción de combustibles fósiles y la minería, ni aumentar la productividad del agronegocio, utilizando estos sectores para combatir el cambio climático o garantizar la protección ambiental. Lo que hemos visto en la práctica es que al priorizar continuamente al modelo extractivista, a la lógica de extracción-exportación de mercancías, al colonialismo y neocolonialismo, al racismo y patriarcado, se terminan expropiando cuerpos-territorios y pueblos tradicionales, indígenas y campesinos, en especial en los países del Sur global. Un proceso que genera nuevas configuraciones territoriales para permitir la intervención, la apropiación y el uso de los territorios.

Por lo tanto, es preciso reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿cuáles son los efectos concretos de estos procesos sobre los territorios, los modos de vida y la forma en que percibimos y nos relacionamos con el medio ambiente? ¿Qué problemas estamos de hecho intentando resolver cuando hablamos de "soluciones basadas en la naturaleza"? ¿Del medio ambiente de la colectividad, de las poblaciones y pueblos que de hecho lo protegen y que nos muestran que otra forma de vida, no capitalista, es posible? ¿O del medio ambiente de los negocios, de la muerte y la destrucción? La actual pandemia del coronavirus es un elemento más que nos puede ayudar a responder esto…

Fabrina Furtado
Profesora del Departamento de Desarrollo, Agricultura y Sociedad (DDAS) y del Programa de Postgrado en Ciencias Sociales y Desarrollo, Agricultura y Sociedad (CPDA) de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro (UFRRJ).

(1) Para más información, ver aquí.
(2) UNFCCC. Acuerdo de París. 2015. Disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/spanish_paris_agreement.pdf, p. 4. Acceso en diciembre de 2020.
(3) IFC, Corporación Financiera Internacional, Nota de orientación 6: Conservación de la biodiversidad y gestión sostenible de los recursos naturales vivos. 2019. Disponible aquí.
(4) VALE. Sostenibilidad. Carbono Neutro. 2020. Acceso en noviembre de 2020.
(5) Articulación internacional de los afectados por Vale. Informe de Insostenibilidad. 2015. Acceso en marzo de 2021.
(6) Para más información, ver o Movimento dos Atingidos por Barragens.
(7) CI. Conservation International – BP Alliance. 2021. Acceso en marzo de 2021.
(8) Para más información, ver REDD-Monitor, Carbon colonialism in the Alto Mayo REDD project in Peru. An interview with Lauren Gifford on Earth Watch.
(9) SWYNGEDOUW, Erik. Apocalypse Forever? Post-political Populism and the Spectre of Climate Change. Theory, Culture & Society. SAGE, Los Angeles, London, New Delhi and Singapore. Vol. 27, n. 2-3, 2010. p. 213-232, p. 3.