‘Tierras raras’ y la nueva geografía del sacrificio en la región del Mekong

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Deforestación en los puntos críticos de minería de tierras raras en Myanmar (Foto: Mongabay)

A mediados de febrero de 2026, durante un intercambio en la Universidad de Chiang Mai en el norte de Tailandia sobre los crecientes impactos transfronterizos de la minería de ‘tierras raras’, un anciano de la cuenca del río Kok que había estado en silencio durante gran parte del debate alzó la mano lentamente tras escuchar la explicaciones relativas a las actividades mineras que se están expandiendo al otro lado de la frontera, en Myanmar. El hombre preguntó: “¿Qué son exactamente las “tierras raras”? ¿Y cuál es realmente el problema con ellas?”

Era una pregunta común. Pero reflejaba algo mucho más grande que se está desarrollando en la región del Mekong, la cuenca del Salween y el sudeste asiático. Aunque los impactos ya habían comenzado a afectar la vida cotidiana de las personas, muchas comunidades ubicadas lejos de las minas seguían sin entender del todo por qué estaban conectadas.

Las ‘tierras raras’ no son ‘raras’ en el sentido que su nombre sugiere. Muchos de estos elementos se encuentran en toda la corteza terrestre. Lo que hace que sean valiosos no es sólo su existencia, sino la dificultad para encontrarlos en formas y concentraciones que permitan su extracción de manera redituable, especialmente en el caso de las ‘tierras raras’ pesadas. El término describe a un grupo de 17 minerales que se han vuelto fundamentales para la llamada transición energética verde, que cada vez es más promovida por gobiernos y grandes empresas en todo el mundo. Estos minerales sumamente valiosos son componentes esenciales de los vehículos eléctricos, las turbinas eólicas, los teléfonos inteligentes y las tecnologías militares.

Pero para las personas que viven en las costas de los ríos de Myanmar, Tailandia, Laos y otras zonas de las cuencas del Mekong y el Salween, las ‘tierras raras’ están comenzando a significar exactamente lo opuesto a lo que prometen los términos ‘limpias’ y ‘verdes’.
 
En su lugar, cada vez hacen más referencia a ríos contaminados con desechos de la minería, bosques y paisajes montañosos destruidos por las actividades extractivas, aumento de los costos de vida, cadenas alimentarias repletas de sustancias tóxicas y a la creciente posibilidad de desplazamientos de personas y pérdidas que quizás nunca se puedan recuperar.

Estas transformaciones podrían ser de las más delicadas que ha experimentado la región a nivel político desde que los bosques, ríos y territorios de la región del Mekong-Salween comenzaron a ser incorporados a los mercados en expansión y las economías extractivas durante la ola de liberación del mercado a finales de la década de 1980.

Quizás esto también era lo que se escondía detrás de la pregunta del anciano esa mañana. Aunque las comunidades de la cuenca del río Kok ya están experimentando las consecuencias de la extracción de ‘tierras raras’, especialmente a través de la contaminación de ríos y la creciente incertidumbre en torno a los bosques, el agua y los medios de sustento, no siempre es fácil establecer la conexión entre un mineral que se promueve como esencial para la ‘energía limpia’ y los impactos que se desencadenan lejos de las propias minas. Las minas de ‘tierras raras’ pueden estar ubicadas al otro lado de las fronteras y lejos de las comunidades que afectan, pero sus impactos se desplazan río abajo, conectando de forma silenciosa ríos, territorios y personas en la misma cadena de extracción.

Minería de “tierras raras”: Extracción que no puede separarse del poder y del dinero

“Estas montañas solían ser verdes antes de que se comenzara con la minería. Ahora son feas. Los ríos se volvieron rojos. Algunas de las sustancias químicas que se usan en las excavaciones mineras simplemente se vierten al agua”.
-Seng Li, activista de derechos humanos e investigador de las actividades mineras en el norte de Myanmar (1).

Los hallazgos de las investigaciones y las imágenes satelitales muestran que existen más de 2400 minas en todo el sudeste asiático (2), lo que revela paisajes devastados donde solía haber bosques y ríos cada vez más afectados por la contaminación. Sólo en las cuencas del Mekong y el Salween se han identificado más de 540 minas, lo que genera graves riesgos para las cuencas cercanas, especialmente en Myanmar, donde las actividades mineras están estrechamente conectadas con los sistemas fluviales del Mekong, Salween e Irrawaddy.

En las últimas dos décadas, la región del norte de Myanmar se ha vuelto una de las principales fuentes de minerales de ‘tierras raras’ pesadas del mundo (3). Aunque la exploración minera comenzó bastante antes, la minería de ‘tierras raras’ a escala industrial surgió en la frontera entre China y Myanmar, en el estado de Kachin, a comienzos de la década de 2010 y se expandió rápidamente después de 2015, cuando China reforzó las reglamentaciones ambientales nacionales y comenzó a buscar nuevas fuentes a lo largo de su frontera sur. 

Luego del golpe militar de Myanmar en 2021, tanto el estado de Kachin como el de Shan se convirtieron en unas de las fuentes más importantes, y menos reglamentadas, de minerales de ‘tierras raras’ pesadas del mundo.

En el caso de Kachin, la minería de ‘tierras raras’ no llegó a un territorio vacío. Se introdujo en paisajes ya afectados por décadas de comercio transfronterizo de jade, oro, ámbar y otros minerales. Ya se habían construido carreteras a través de las montañas. Los grupos armados ya habían desarrollado sistemas de recaudación de impuestos. Los comerciantes, intermediarios, puntos de control y economías de extracción ya se habían vuelto parte de la vida cotidiana.

Las ‘tierras raras’ no crearon esta frontera. Simplemente encontraron un territorio ya preparado para un nuevo ciclo de extracción.

La minería de ‘tierras raras’ también se está convirtiendo cada vez más en un agente de deforestación, particularmente en el norte de Myanmar. Esto es especialmente alarmante en lugares como el estado de Kachin, conocido desde hace mucho tiempo no sólo por su riqueza de jade y minerales, sino también por sus bosques y sistemas fluviales que dan lugar al río Irrawaddy. Las fronteras extractivas continúan expandiéndose en montañas boscosas y áreas de cuencas. Observadores ambientales han advertido que se están talando árboles y se está destruyendo la vegetación para dar lugar a las actividades mineras y obtener combustible, mientras que las débiles salvaguardas ambientales hacen que el daño ecológico y los derrames de sustancias químicas sean difíciles de controlar.

“Se están muriendo todos los árboles. Los arrozales son cada vez menos fértiles y las cosechas están disminuyendo. Algunas personas dicen que sus animales han muerto cerca de las minas”, dijo un hombre de Kachin que trabajó en una mina de ‘tierras raras’ en la zona de Nhkawng Pa. El hombre describió cómo se perforaban las laderas de las montañas y se inyectaban sustancias químicas bajo tierra a través del método de lixiviación in situ, uno de los más utilizados para la extracción de ‘tierras raras’ en Myanmar.

En medio del silencio que rodea la extracción de ‘tierras raras’, la resistencia de las comunidades comenzó a manifestarse finalmente de forma abierta en el estado de Kachin en el año 2023 (4). Habitantes de las aldeas, líderes locales, redes religiosas y organizaciones de la sociedad civil comenzaron a alzar sus voces. La contaminación del agua, la pérdida de tierras y los crecientes costos sociales de la minería intensiva se habían vuelto demasiado severos como para no prestarles atención.

Aunque estas protestas no produjeron cambios repentinos, sirvieron como prueba innegable de que las amenazas que representaba la minería de ‘tierras raras’ eran reales. Al mismo tiempo, a medida que las instituciones estatales comenzaron a debilitarse, los conflictos, a  intensificarse y las economías locales, a colapsar, la extracción se convirtió en una de las formas más rápidas para que los grupos armados (5), los intermediarios y las redes comerciales transfronterizas generaran ingresos.

La rápida expansión de la minería de ‘tierras raras’, impulsada por los conflictos y la incertidumbre política, comenzó a avanzar desde el estado de Kachin al estado de Shan, desde el río Kok hacia el Mekong y desde los pequeños arroyos de las montañas hacia el río Salween. Después de que el Ejército Independentista de Kachin (KIA) expandiera su control sobre importantes áreas mineras a fines de 2024, como Pangwa y Chipwi, las actividades mineras comenzaron a avanzar hacia el estado de Shan y se vincularon más estrechamente con las cuencas del río Kok y la cuenca más amplia del Mekong.

Toxicidad sin fronteras

“Los análisis del agua y de los sedimentos llevados a cabo en Tha Ton encontraron contaminación tanto en el agua como el suelo.  Sin embargo, hasta el día de hoy no se ha proporcionado ninguna fuente segura de agua. Ha pasado un año, y la población sigue teniendo que comprar el cien por ciento del agua potable y de uso doméstico que consume… Queremos soluciones sistémicas, tanto a nivel económico, agrícola y de salud pública. Si determinadas áreas ya no son seguras para el cultivo, debería haber medidas compensatorias para reducir los riesgos, tanto para las comunidades como para las/os consumidoras/es.”
— Saengrawee Suwikan, representante de las comunidades del río Kok

Tras las graves inundaciones de septiembre de 2024, los ríos Kok, Sai y Ruak (afluentes de la cuenca del Mekong), así como el propio Mekong en el norte de Tailandia, comenzaron a presentar una turbidez inusual. Luego se detectaron metales pesados en los ríos y arroyos conectados con las minas de oro y las zonas de minería de ‘tierras raras’.

El Departamento de Control de la Contaminación de Tailandia confirmó que la contaminación se originó a partir de las actividades mineras, aunque no se especificó de qué tipo de minas. Sin embargo, investigaciones llevadas a cabo por el departamento de Innovación e Investigación Científica de Tailandia (TSRI) concluyeron que los niveles de arsénico presentes en el río Kok estaban probablemente más relacionados con la minería de “tierras raras” que con otras formas de minería.

Se estimó que, al año 2025, había al menos 20 minas en funcionamiento en la cuenca superior del río Kok dentro de Myanmar y al menos una mina a cielo abierto ubicada a sólo 1 kilómetro del río Kok. 

En sólo un año, la contaminación se había convertido en una gran carga económica para la vida cotidiana. En muchas comunidades ribereñas del río Kok, las familias que solían depender directamente del agua del río ahora deben gastar entre 1.500 y 3.000 baht (entre 46 y 93 dólares estadounidenses) por mes para comprar agua limpia para beber, cocinar y bañarse. Las/os niñas/os, ancianas/os y las personas con enfermedades crónicas son las más vulnerables.

Sin embargo, el gobierno de Tailandia sigue sin adoptar medidas urgentes que sean capaces de hacerle frente a esta crisis transfronteriza. Las respuestas siguen estando limitadas a advertencias, estudios adicionales y propuestas para construir nuevos sistemas de suministro de agua, lo que plantea una pregunta más profunda: Cuando la contaminación se expanda a las cuencas vecinas, ¿qué río seguirá estando lo suficientemente limpio como para poder recurrir a él?

Sólo en 2025, las pérdidas económicas que afectaron la agricultura, la pesca y el turismo en la cuenca de los ríos Kok, Ruak, Sai y Mekong se estimaron en 1,3 mil millones de baht (40 millones de dólares). Estas cifras dejan en claro que la contaminación transfronteriza ya no sólo destruye ecosistemas, sino que ahora está erosionando visiblemente las economías de las comunidades ribereñas y del propio país.

En abril de 2026, el Departamento de Control de la Contaminación de Tailandia confirmó una contaminación por arsénico en los sedimentos del río Mekong en Chiang Rai de 296 miligramos por kilo, cifra casi 10 veces superior a los niveles de seguridad aceptados. Ese mismo mes, pruebas independientes llevadas a cabo en el río Salween, el último río importante de Asia que fluye libremente sin grandes represas, encontraron niveles de contaminación por arsénico superiores a los niveles de seguridad en cada uno de los puntos analizados.

Sólo en 2025, Tailandia importó de Myanmar más de 102,5 mil millones de baht (3,14 mil millones de dólares) en concepto de minerales, gran parte de los cuales tenían como destino China y Vietnam.

La pregunta, por lo tanto, ya no es simplemente cómo Tailandia puede proteger a su propia ciudadanía de la contaminación transfronteriza. La pregunta más profunda es: como parte de la cadena de suministro mundial de minerales, ¿Tailandia está preparada para afrontar esta realidad con transparencia y justicia?

La contaminación ahora cruza las fronteras de forma mucho más rápida que la responsabilidad

“Hay un dicho que dice que si un día los ríos sufren una crisis, la humanidad también sufrirá una crisis. Cuando los recursos escasean, los seres humanos pueden comenzar a pelearse entre sí. No puedo evitar preguntarme si no estamos ya cada vez más cerca de ese momento.”
— Lahoo Mue Thu Dangdanwiman
Joven representante Karen de la cuenca del Salween, Tailandia.

Desde las narrativas verdes en todo el mundo a la influencia geopolítica y los flujos financieros, la minería de ‘tierras raras’ en las regiones del Mekong y el Salween está teniendo como resultado impactos nunca antes vistos.

A las defensoras y defensores ambientales les preocupa cada vez más la creciente cantidad de minas de “tierras raras” que no sólo están modificando los suelos, contaminando las aguas subterráneas y liberando lentamente sustancias tóxicas a los arroyos que alimentan los principales ríos, que a su vez abastecen a decenas de millones de personas de toda la región, sino que también están transformando los territorios boscosos del norte de Myanmar. En el estado de Kachin, donde la extracción de “tierras raras” se ha expandido rápidamente en los últimos años, los datos satelitales han revelado una importante pérdida forestal alrededor de las zonas mineras. Sólo entre 2018 y 2024, las áreas donde estaban concentradas las actividades mineras perdieron más de 32.000 hectáreas de cobertura forestal en bosques húmedos y subtropicales. (6) Lo que solían ser montañas boscosas y paisajes de cuencas, se están transformando cada vez más en zonas de extracción, dejando como resultado ecosistemas afectados cuyos impactos siguen desplazándose río abajo y cruzando las fronteras.

Las minas se mueven. Las ganancias se trasladan a otros lugares. Pero la contaminación y el sufrimiento quedan. Esto está definiendo un nuevo mapa común de vulnerabilidad en toda una región que ya se enfrenta a crisis energéticas impulsadas tanto por los gobiernos como por el capital.

A medida que los impactos se extienden a través de las cuencas del Mekong y el Salween, las comunidades están cada vez más preocupadas. Grupos de la sociedad civil de Myanmar, Tailandia y Malasia, defensoras/es de los ríos, investigadoras/es independientes, comunidades Indígenas, redes de mujeres y jóvenes están comenzando a vincular lo que parecían ser fenómenos aislados en una experiencia regional compartida.

Porque al final, la pregunta no es si el mundo necesita energía. La pregunta es: ¿De quién es esta transición verde? ¿Y a quién se pide que la pague, con sus tierras, sus ríos y su futuro?

 

Proyecto SEVANA del sudeste asiático - Una iniciativa regional con sede en Tailandia que trabaja en todo el Mekong y el sudeste asiático a favor de la justicia ambiental y para fortalecer los vínculos entre las comunidades, investigadoras/es, jóvenes y movimientos sociales. Su trabajo se centra en los impactos sociales y ecológicos de los proyectos de desarrollo a gran escala, como las represas, las industrias extractivas y las transiciones energéticas, mientras que genera espacios para el aprendizaje colectivo y la solidaridad transfronteriza.

 

Referencias:
(1) The Matter, 2026.
(2) Mongabay, 2025. Toxic runoff from politically linked gold mine poisons Cambodian rivers, communities
(3) Yale Environment 360, 2025. In Myanmar, Illicit Rare Earth Mining Is Taking a Heavy Toll  
(4) Rainforest Journalism Fund, 2023. How the Kachin Public Overturned a Rare Earth Mining Project in KIO Territory  
(5) Bloomberg Podcasts, 2026. The Rebel Army Behind One of the World’s Major Rare-Earth Supplies | Big Take Asia  
Asialink, 2026. Myanmar: the soft underbelly of China's rare earth dominance  
(6) Mongabay, 2025. Satellite data show burst of deforestation in Myanmar rare earth mining hotspots