Costa Rica: Golfo de Nicoya y agua potable de la región en peligro por minería de oro

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La minería ha sido una de las actividades que el reparto internacional del trabajo le ha impuesto a los países del Sur ricos en recursos naturales. Pero en ninguno de los casos eso ha redundado en el bienestar general del país, y ha sido más bien una maldición (ver Boletín del WRM Nº 71).

En Costa Rica, el Comité de Oposición a la Minería de Oro es activo en la denuncia de los numerosos y devastadores impactos de la minería, que tienen que ver con la mina en sí, con la eliminación de los residuos de la mina, con el transporte del mineral y con el procesamiento del mismo, que a menudo involucra o produce materiales peligrosos.

El 30 de enero del 2001, pese a la fuerte oposición de las comunidades y la municipalidad, el gobierno de Costa Rica autorizó a la compañía canadiense Glencairn la realización de un proyecto de minería de oro a cielo abierto con lixiviación (es decir, la aplicación de productos químicos, en este caso cianuro, para filtrar y separar el metal del resto de los minerales). El proyecto prevé la extracción de 560 mil onzas de oro en un período de poco más de 7 años, con la producción secundaria de 15 millones de toneladas de desechos.

La mina de Glencairn ha sido abierta a 14 kilómetros del Golfo de Nicoya, un estuario marino de gran belleza, con islas rocosas y acantilados, un extenso hábitat de manglares y una biodiversidad excepcionalmente alta. El golfo tiene cuatro islas designadas como Refugios de Vida Silvestre, así como el Parque Nacional Palo Verde, el más importante humedal de Costa Rica que alberga a una gran variedad de animales en peligro de extinción. Además, más de 5 mil pescadores artesanales dependen de ese Golfo.

Las minas a cielo abierto (o de tajo abierto) implican generalmente eliminar la vegetación de la zona, dinamitar extensamente y remover la roca y los materiales que se encuentran por encima de la mena hasta llegar al yacimiento, donde vuelve a dinamitarse para obtener trozos más pequeños. Estas actividades pueden haber sido las causantes de los recientes deslizamientos de tierra en el río Ciruelas, en la zona próxima a la mina, ya de por sí propensa a deslizamientos de tierra, sobre todo en la época de las inundaciones. El peligro agregado de esto es que esa tierra contaminada con cianuro, al llegar al río puede comprometer, además, el suministro de agua potable de la ciudad de Miramar y los ricos estuarios del Golfo de Nicoya.

A partir de las denuncias del Comité de Oposición a la Minería de Oro, la Asociación Comunidades Ecologistas Usuarias del Golfo de Nicoya (CEUS del Golfo) ha solicitado a la Secretaría Técnica Nacional del Ambiente (SETENA) que investigue dichos deslizamientos, que pueden tanto ser resultado del impacto de las construcciones en el frágil terreno de la región como el retiro de tierra para hacer las edificaciones. También exhorta a escribir a la compañía y al gobierno de Costa Rica (presidente@casapres.go.cr; vicem@minae.go.cr; dhr@dhr.go.cr; pgonzalez@poder-judicial.go.cr; rojasc@casapres.go.cr) reclamándoles que “paren la minería de oro en Miramar porque no se hacen negocios destruyendo el agua y el Golfo de Nicoya.”

Artículo basado en información obtenida de: “Mentiras ambientales ponen en peligro el agua de Miramar y la vida marina del Golfo de Nicoya,” CEUS, Correo electrónico: soniatorres@racsa.co.cr ; “Costa Rica: minería de oro destruye alta biodiversidad del Golfo de Nicoya,” http://www.biodiversidadla.org/article/articlestatic/4178/1/7/ ; “Minas de oro amenazan contaminar con cianuro ecosistemas de Costa Rica,” ADITAL, http://www.adital.org.br/asp2/noticia.asp?idioma=ES&noticia=10513