Bangladesh: impactos de la industria camaronera en las mujeres

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(Photo: SSNC)

Los patrones negativos de acaparamiento de tierra e intimidación registrados por un equipo de investigadores de, la Sociedad Sueca por la Conservación de la Naturaleza (SSNC) en las áreas de cría de camarón en los alrededores de Khulna, afectan claramente a familias enteras cuyas tierras y medios de subsistencia han quedado destruidos.

La organización social Nijera Kori y otros expertos en el campo de los derechos de la mujer argumentan que la expansión de los estanques de acuicultura de camarón tendría además un impacto particularmente negativo sobre las mujeres.

En los alrededores de Khulna, donde abundan las áreas de criaderos de camarón, se constata un aumento de la vulnerabilidad de las mujeres, quienes quedan más tiempo solas, ya que sus esposos frecuentemente trabajan en ciudades lejanas debido a la pérdida de sus tierras de labranza. Además, para la cría y protección de los estanques de camarones, los propietarios de los criaderos suelen emplear a hombres de fuera de las comunidades locales, creando un desequilibrio demográfico que provoca malestar en una sociedad aldeana rural cerrada y tradicional.

La organización social de Bangladesh Nijera Kori cuenta con más de 200.000 integrantes y se ha opuesto activamente a la degradación ambiental y a los abusos a
los derechos humanos por la industria camaronera. Entre sus denuncias figuran violaciones e inclusive secuestros de mujeres son relativamente comunes, pero a menudo difíciles de comprobar. Los testimonios recogidos señalan que en caso de ataque o acoso, si la mujer se queja es más probable que el sistema judicial se alinee con la élite dominada por hombres e industriales del camarón que con la mujer victimizada. Esta situación crea una sensación de desesperanza en las mujeres y de inmunidad en los hombres empleados en las granjas camaroneras, que los envalentona para el acoso y/o crímenes violentos, que ocurren con cierto grado de impunidad.

Si bien en Bangladesh la violencia hacia las mujeres está muy difundida, Nijera Kori, a partir de su trabajo en varias áreas costeras de Bangladesh, alega que los factores antes descritos han creado una situación en la que es más probable que las mujeres sean víctimas de violencia sexual cuando la cría industrial de camarón tiene lugar en su área.

De los casos documentados por la investigación de SSNC, las denuncias de violación son obviamente los abusos más extremos a mujeres. Para Sadika Halim, comisionado Comisionada para el Derecho a lade Información para Bangladesh y experto experta nacional en los derechos de las mujeres en todo el país, tales testimonios no son aislados sino que forman parte de un patrón más amplio de abuso en el sector de la industria camaronera.

Esta industria argumenta que los posibles empleos para las etapas de recolección de crías, preparación de los estanques y líneas de producción de las plantas de procesamiento, darían a las mujeres un cierto grado de empoderamiento por la posibilidad de percibir un salario. Pero esta afirmación es cuestionada por los expertos y entrevistados con los cuales habló el equipo de investigación de SSNC, quienes sostienen que generalmente la industria del camarón en Bangladesh amenaza los derechos y la seguridad de las mujeres en todas las etapas del proceso de producción del camarón.

Sadika Halim afirma: “Diversos estudios acerca de la cría de camarones han descubierto evidencias que sugieren claramente que son las mujeres y los niños de las comunidades criadoras de camarones quienes sufren más, social y económicamente, al igual que por la violación de sus derechos humanos, siendo objeto de diversas formas de violencia física, incluso violación y tortura.”

Las mujeres recolectoras de crías, por ejemplo, frecuentemente trabajan por un ingreso mínimo o por nada, a menudo en una relación de trabajo forzoso con los comerciantes de crías o ‘dhadon’, con los que a menudo quedan endeudadas. Y aunque no estén empleadas, las mujeres del grupo familiar generalmente deben trabajar más a causa que la cría de camarón ha ido acaparando el territorio y por ello se ven obligadas a buscar en sitios lejanos combustible, agua no salinizada y alimento.

Docenas de fábricas de langostinos funcionan en las cercanías de las ciudades de Khulna y Cox’s Bazaar en Bangladesh. Esta multitud de empresas, que con frecuencia comercializa grandes cantidades de marcas de camarones bajo un mismo techo, obtienen la masa de sus ingresos mediante el procesamiento y la exportación de camarones criados en criaderos, a los comerciantes, minoristas y en última instancia a los consumidores de mariscos en los países industrializados. Aproximadamente un 55% de los camarones criados para la exportación en Bangladesh viajan hasta la Unión Europea, y un 35% hacia los Estados Unidos. El resto en gran parte es vendido a Japón.

Conjuntamente con la mayoría de las fábricas de camarones, Sobi Fish Processing Industry y “Jalalabad Frozen Foods”, obtienen sus camarones mediante una compleja red de comercializadores en diferentes niveles alrededor de Khulna y a su vez proveen a numerosos comercializadores en Europa, entre ellos Seamark, una enorme empresa con oficinas en el Reino Unido.

Numerosas plantas de procesamiento de camarón rodean al río en las afueras de Khulna. Al equipo de SSNC le resultó imposible acceder a esas plantas debido a la fuerte custodia y a las sospechas hacia los observadores extranjeros. Según la investigación realizada por Sadika Halim, las mujeres que trabajan en las plantas procesadoras donde se prepara el camarón para exportarlo a la Unión Europea y a los Estados Unidos, enfrentan intimidación, inseguridad financiera y riesgos a su salud. Con frecuencia las plantas de procesamiento emplean a mujeres con contratos de trabajo temporarios, lo que genera inseguridad económica e impide que formen sindicatos u otras plataformas desde las cuales podrían pelear por mejores condiciones en sus lugares de trabajo.

A menudo las mujeres se convierten en víctimas de acoso y prostitución de parte de los supervisores de las fábricas como forma de ayudar a garantizar sus empleos a falta de contratos formales. Según Sadika Halim pareciera que las mujeres ven al empleo relacionado con el camarón, ya sea atrapando crías, limpiando estanques o trabajando en las fábricas, como el único recurso en una “situación sin opciones” en donde escasean las oportunidades de participación productiva.

“La producción de camarón no sólo ha llevado a la privación económica y degradación ecológica de las áreas costeras sino que también ha marginado a los más pobres entre los pobres, quienes en su mayoría son mujeres”, concluye Halim.

Adaptación del capítulo “Cría de camarones a partir de la perspectiva de los
derechos de la mujer”, del informe de la Sociedad Sueca por la Conservación de la Naturaleza (SSNC) “Aguas turbias. Investigando los impactos medioambientales y sociales de la industría camaronera en Bangladesh y en Ecuador”, http://www.naturskyddsforeningen.se/sites/default/files/dokument-media/aguas_turbias.pdf