“Siempre son las primeras en levantarse”: mujeres de Mozambique y Brasil se unen contra los monocultivos de eucalipto

Imagina pasar un tiempo fuera de tu comunidad y, al regresar, ver que todo está rodeado de eucaliptos. Eso fue lo que le pasó a María*, una joven de una comunidad de la provincia de Zambézia, en Mozambique. "Le pregunté a mi abuela dónde podría cultivar y me dijo que las tierras que teníamos estaban ocupadas por Portucel. Más tarde, cuando la empresa empezó a talar algunos eucaliptos, pensé que era una oportunidad para recuperar parte de nuestra tierra. Mi abuela me mostró los límites y me puse a trabajar", cuenta a las cerca de 40 personas que la escuchan.

María participó en el encuentro que reunió a mujeres de varias comunidades que luchan por recuperar sus tierras, usurpadas por la empresa portuguesa Portucel Moçambique. Organizado por Missão Tabita, una asociación comunitaria de Mozambique que trabaja en la provincia de Zambézia, este encuentro permitió a las participantes compartir experiencias y visitar algunas de las áreas recuperadas por las comunidades.

Desde 2024, se han llevado a cabo decenas de acciones de recuperación de tierras en esa provincia. Mediante estas acciones, las comunidades dicen basta a los impactos causados por los monocultivos de Portucel desde que obtuvo las concesiones de tierras en el país, en 2009. Y también advierten que ya no aceptarán más las promesas falsas que hace la empresa para tener acceso a sus tierras. (1)

“El reto es reconstruir los lazos colectivos que se debilitaron durante el período de ocupación de las tierras. Muchas personas se vieron obligadas a cambiar su forma de vida. Perdieron espacios de convivencia, áreas de cultivo e incluso lugares que consideraban importantes para su cultura e identidad. Recuperar la tierra también significa recuperar la unión, la solidaridad y la confianza en el futuro”, explica Fausta Rafael, presidenta de Missão Tabita.

Como lo demuestra la historia de María y su abuela, muchas mujeres están en la primera línea de estas acciones. Sus iniciativas forman parte de un largo proceso de movilización, articulación y capacitación de las comunidades de la región, organizado por las organizaciones Justiça Ambiental y Missão Tabita. Son iniciativas que cuestionan el proyecto de Portucel de convertir en un desierto verde las 356.000 hectáreas de tierras públicas para las que obtuvo una concesión de uso. (2)

Durante más de 15 años, ese proyecto ha violado el derecho a la tierra; el derecho a la consulta; los modos de vida tradicionales y diversos derechos civiles de muchas comunidades en las provincias de Zambézia y Manica, según las numerosas pruebas reunidas por Justiça Ambiental. (3)

El encuentro se llevó a cabo en este contexto de acciones por recuperar el derecho de las comunidades a su propia tierra y frenar el avance del eucalipto en esa región. Contó con la participación de mujeres de comunidades de Zambézia, de las organizaciones Missão Tabita y Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por sus siglas en inglés), además de dos lideresas de movimientos sociales que llevan décadas luchando contra los impactos del monocultivo de eucalipto en Brasil: Eliandra Fernandes, de la Dirección Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), y Genilda Cassiano, de la Comisión Quilombola del Territorio Quilombola Sapê do Norte, de Espírito Santo. Ambas proceden de la región norte del estado de Espírito Santo, que se ha transformado parcialmente en un desierto verde debido al monocultivo de eucalipto de Suzano Celulose. (4)

En Brasil, las mujeres organizadas constituyen una voz importante de resistencia contra esta multinacional que amenaza el territorio de varias comunidades. Suzano posee 1,4 millones de hectáreas de eucalipto en el país, gran parte de ellas en tierras ocupadas ilegalmente. Según el MST, en un área como esa se podría asentar a más de 100.000 familias. (5)

Eliandra y Genilda remarcaron que la defensa de la tierra es una lucha colectiva. Y que la lucha de las mujeres no es solo contra la opresión que viene de arriba, sino también contra el patriarcado que está dentro de los propios territorios. 
Hablamos con Fausta, Eliandra y Genilda sobre las impresiones que les dejó este encuentro. A continuación, compartimos algunos fragmentos de ese diálogo.

WRM: A partir de este encuentro, ¿cuál consideras que es el principal vínculo entre la lucha de las comunidades en proceso de recuperación de tierras que visitamos en Mozambique y la lucha del MST y de la Comisión Quilombola en Brasil?

Eliandra (MST/Brasil): ¿Cuál es el punto que une por completo esta lucha aquí en Mozambique con nuestra lucha en Brasil? Es la defensa de la tierra. La tierra está en el centro de este debate. Y al mismo tiempo, es la defensa de la naturaleza y de los recursos naturales lo que ocupa un lugar central. 

Y en las organizaciones, en las luchas, nos damos cuenta de que las mujeres siempre son las primeras en levantarse contra el modelo de dominación. En este caso [de Mozambique], las mujeres se levantaron contra el modelo de monocultivo de eucalipto y en defensa de sus territorios.

WRM: De hecho, la mayoría de las áreas recuperadas que visitamos fueron iniciativas de mujeres. ¿Por qué crees que ellas están en la primera línea de esta lucha?

Fausta (Missão Tabita/Mozambique): Cuando perdieron la tierra, fueron las mujeres las que tuvieron que caminar distancias más largas en su búsqueda de agua, leña y lugares para cultivar. Son las mujeres las que se ocupan directamente de la tierra. Cuando vieron que la empresa les había quitado sus tierras, se dieron cuenta de lo mucho que las necesitaban, por eso tuvieron el valor de recuperarlas para cuidar a los niños y a su familia en general. 

Ahora, en el proceso de recuperación, siguen enfrentando la carga del trabajo doméstico y agrícola al mismo tiempo. Muchas veces también tienen que luchar para que se escuche su voz en las decisiones sobre el uso y la gestión de las tierras recuperadas. En las consultas comunitarias, las mujeres no tenían voz.

WRM: En estos casos, las mujeres sufren una doble opresión: la que viene de arriba, de las empresas que les roban sus tierras, y la que viene de su mismo lado, de sus compañeros de lucha y de vida. ¿Cómo ven ustedes esta realidad?

Eliandra: Esto solo demuestra que el patriarcado está presente en todo el mundo. Tanto en Brasil como en Mozambique, en este proceso patriarcal hay algo que se presenta como cultura, y esa cultura se ve como algo intocable, tradicional, y ahí entra la religión, así como las cuestiones culturales de cada país. Pero sabemos que, en cualquier parte del mundo, todo lo que se considera cultural está pensado para mantener a la mujer en un papel de dominación y desigualdad.

En Brasil, las mujeres llevan décadas luchando para romper con esto. Hablando de las mujeres del MST, hace 40 años que luchamos por defender nuestro territorio, por construir los asentamientos; hacemos frente al agronegocio, a los grandes terratenientes, a la policía; conquistamos la tierra, pero no logramos combatir la violencia contra las mujeres dentro de los territorios. ¿Y por qué pasa esto? Precisamente por tratarse de algo estructural. Así que creo que es muy importante que analicemos esto.

Fausta: En el contexto de los retos que enfrentan las mujeres y su relación con las actividades de Portucel, hay una frase que dice: “La tierra es nuestra. Cuando alguien intenta quitárnosla, está intentando quitarnos la vida” y eso resume muy bien lo que escuchamos durante el encuentro. 

Pero las mujeres compartimos muchos desafíos que ya existían antes de que llegaran las plantaciones de monocultivo: la discriminación, la [falta de] inclusión en las decisiones comunitarias, la violencia doméstica, las dificultades para acceder a la educación y la escasa participación en los espacios de poder. Estos problemas nos hacen más vulnerables.

Por eso creo que empresas como Portucel se encontraron con un contexto en el que ya existían las desigualdades. ¿Por qué digo esto? Porque, de cierta manera, se beneficiaron de ellas y, en muchos casos, los acuerdos se discutieron principalmente con los hombres, mientras que a las mujeres, que seríamos las más afectadas, no se nos consultó de manera adecuada. 

Cuando se ignora la voz de las mujeres, es más fácil hacer avanzar proyectos que les quitan las tierras y los medios de subsistencia, sobre todo a las comunidades. Por eso, defender el territorio para las mujeres también significa fortalecer nuestra participación en la toma de decisiones.

WRM: ¿Podrían contarnos un poco sobre las estrategias que las mujeres del MST y de la Comisión Quilombola han creado para fortalecer la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones?

Genilda (Comisión Quilombola/Brasil): En Brasil, las mujeres que formamos parte de los movimientos sociales tenemos estrategias para tratar de superar estas barreras. Nos reunimos en colectivos, platicamos entre nosotras, hablamos y nos damos cuenta de que “esto o aquello no está funcionando”. Por ejemplo, en la Comisión Quilombola está el colectivo de todas las mujeres del [territorio quilombola] Sapê do Norte. Desde ahí, tratan de vender sus productos en ferias, salen del estado, forman colectivos. Así que armamos estrategias. Incluso cuando hacemos nuestro movimiento, nuestras reuniones. El MST también hace lo mismo: organiza la Ciranda, ese grupo para cuidar a los niños, para que las mujeres puedan participar en las actividades.

Y vemos que en Brasil, estos movimientos y colectivos que organizamos hacen que las mujeres ganen visibilidad. Antes era difícil escuchar el nombre de una mujer en un movimiento, por ejemplo; se escuchaban más nombres de hombres, pero hoy en día ya se mencionan los nombres de varias mujeres. Así que esto es un avance.

WRM: Pensando en la opresión que viene desde arriba: ¿contra quién luchan las comunidades en Brasil y en Mozambique?

Eliandra: La lucha es contra un mismo enemigo. Y aquí estamos hablando de un enemigo que es el capital internacional y cómo se manifiesta en los países más pobres. Entonces, en Brasil se manifiesta a través del agronegocio, el agronegocio en forma de monocultivo de eucalipto y de otras formas también, en la producción de commodities, que es la producción para la exportación. En cuanto a la opresión, lo que el capital necesita, tanto en Brasil como en Mozambique, son tierras, agua, los recursos naturales de los que se apropia, y mano de obra barata. Así que es lo mismo, no hay ninguna diferencia.

WRM: Eliandra y Genilda, ustedes vienen de movimientos sociales con mucha experiencia en la lucha por la tierra. ¿Qué les llamó la atención de las estrategias de resistencia que conocieron en Mozambique?

Eliandra: En cuanto a las estrategias y la resistencia, creo que en Mozambique las comunidades llevan ya unos 15 años con ese proyecto [de monocultivo de eucalipto], y nosotros [en Brasil] ya vamos a cumplir 60 años con estos proyectos. Creo que están mucho más adelantadas de lo que estábamos cuando, hace 15 años, Aracruz Celulose [hoy, Suzano] estaba, por ejemplo, allí en Espírito Santo. Así que ya tienen un proceso de insatisfacción, de alguna forma de movilización, de organización.

Genilda: Al pasar por las comunidades, me impresionó la determinación de los jóvenes en la recuperación de las machambas [pequeñas parcelas para el cultivo de alimentos]. Aquí están logrando recuperar las tierras por su cuenta [sin un movimiento colectivo organizado como las experiencias del MST y de la Comisión Quilombola en Sapê do Norte]. Así que creo que es una experiencia genial, que fortalece a todos los movimientos, este tema de la recuperación de la tierra.

WRM: Después de recuperar sus tierras, ¿cuáles son los principales desafíos que  las familias enfrentan?

Fausta: Para las familias, uno de los mayores desafíos en las zonas recuperadas es recuperar la fertilidad de la tierra. Muchas de estas zonas estuvieron durante años sometidas al monocultivo de eucalipto, lo que provocó alteraciones en el suelo y la falta de agua. Volver a producir alimentos exige mucho trabajo, paciencia y esperanza.

Además, existe el temor constante de que las tierras puedan volver a ser objeto de disputas o ser ocupadas, lo que genera inseguridad en las comunidades. En varias comunidades, la gente cuenta que, después de talar los eucaliptos que habían vuelto a crecer y empezar a cultivar en las machambas, empiezan a enfrentar diferentes formas de presión, y estas intimidaciones no siempre son directas. A veces se manifiestan a través de mensajes que infunden miedo, visitas inesperadas, amenazas verbales, rumores de que las familias podrían perderlo todo de nuevo o de que podrían tener problemas con las autoridades y, en algunos casos, la simple presencia de representantes vinculados a la empresa u otras personas interesadas en esas áreas es suficiente para crear un ambiente de inseguridad.

WRM: ¿Cómo han reaccionado las comunidades ante estas amenazas?

Fausta: Lo que vemos es una gran muestra de valentía y resistencia; las comunidades entienden que la tierra es esencial para su supervivencia, su cultura y su dignidad. Por eso, incluso ante las intimidaciones, muchas familias siguen unidas, apoyándose unas a otras y defendiendo el derecho a producir alimentos y a vivir en sus territorios con seguridad y respeto.

WRM: Para terminar, ¿qué es lo que cada una de ustedes destacaría de este intercambio?

Eliandra: Bueno, fue como una pequeña chispa que ya estaba ahí, y solo la avivamos un poco para decirles que lo que buscan aquí ya está pasando al otro lado del océano. Entonces, la estrategia de lucha y resistencia es, de alguna manera, la misma. Todavía están empezando, aún están dando sus primeros pasos, pero se convertirán en grandes luchas aquí en el campo. Y creo que me llevo esa fuerza, ya sabes, de las mujeres en la lucha por defender la vida. Que luchar por la tierra es luchar por la vida. 

Genilda: Creo que logramos compartir un poco de nuestra experiencia y también pudimos aprender mucho para llevar de vuelta a Brasil. Así que voy a hablar con mis compañeros porque creo que podemos hacer mucho más de lo que estamos haciendo. Y bueno, la forma de resistencia estratégica es organizarnos y unirnos de verdad, porque todos estamos en la misma causa, todos los movimientos, todos están luchando por el territorio.

Fausta: Lo que demostró este encuentro es que, cuando las comunidades se unen y encuentran aliados comprometidos, lo que parecía imposible puede hacerse realidad. El intercambio también reveló algo muy importante: el valor de la solidaridad entre las mujeres. Ellas demostraron que la lucha no tiene por qué librarse de forma aislada. 

En el caso de las compañeras Eliandra y Genilda, esto fue particularmente impactante e inspirador, porque sus testimonios mostraron que muchas de las dificultades, injusticias y desafíos que viven hoy las mujeres de las comunidades en Mozambique también los enfrentaron ellas a lo largo de su trayectoria de lucha en Brasil. Esa identificación creó un fuerte sentimiento de solidaridad y de pertenencia a una lucha más grande que trasciende fronteras. 

En cuanto al futuro, este encuentro deja perspectivas muy alentadoras. La primera es fortalecer el liderazgo femenino en las comunidades, permitiendo que más mujeres asuman un papel activo en los procesos de toma de decisiones y movilización social. La segunda es crear y consolidar una red de mujeres capaces de apoyarse unas a otras, intercambiar experiencias y desarrollar acciones conjuntas en defensa de la tierra, la soberanía alimentaria y la justicia social.
 
*Nombre ficticio para proteger la identidad de la joven debido a las amenazas recurrentes que recibe por parte de representantes de los intereses de Portucel.
 

Referencias: 
    (1) JA, 2026. La Tierra era nuestra. La promesa También. WRM, 2024. Portucel/Navigator y el eucalipto en Mozambique: “Lo que esta empresa deja a la población es cero por ciento”  
    (2) WRM, 2025. Resistencia en pie: las comunidades se unen contra los impactos del monocultivo de eucalipto en Mozambique   
    (3) JA, 2025. Comunidades de Hamela e Mugulama exigem divórcio à portucel
JA, 2025. COMUNICADO DE PRENSA: Se presenta ante las principales instituciones del Estado el Cuaderno de reivindicaciones de las comunidades afectadas por megaproyectos en Mozambique [en portugués]
    (4) WRM, 2025. Contra el capital y el patriarcado, las mujeres del MST realizan una jornada de lucha y ocupan las plantaciones de eucalipto de Suzano en Brasil  
    (5) WRM, 2023. Lo que necesitas saber sobre Suzano Papel y Celulosa

 

Paren el financiamiento de ASC Impact en la República del Congo: llamado de las comunidades afectadas por esa empresa agrícola y de monocultivo de árboles

“Estoy amordazado, sin voz, en la tierra que mis antepasados me han transmitido de generación en generación”, lamenta un campesino que podría perder sus tierras debido al proyecto de monocultivo del grupo ASC Impact”. En 2025, este grupo firmó un contrato de arrendamiento de 102.560 hectáreas en los distritos de Gamboma, en República del Congo. “Este proyecto es la voluntad del Estado y nadie puede oponerse”, explica este hombre cuyas tierras se encuentran en la zona arrendada. 

Él forma parte de las personas afectadas por el proyecto de ASC Impact Group, de monocultivo de árboles y agrícola, con quienes la Organización para la Protección del Medioambiente y de los derechos Humanos (OPEDH) habló. Entre junio y julio del 2026, la OPEDH visitó a comunidades en los distritos afectados por el arrendamiento con el fin de dialogar con los campesinos. Del mismo modo, la OPEDH también habló directamente con los habitantes del pueblo de Bènè.  

Las situaciones  con las que se encontró la organización están cuidadosamente escondidas a los medios de comunicación: comunidades silenciadas por las exigencias de las autoridades locales, despojadas de sus tierras ancestrales y víctimas de las violaciones de sus derechos fundamentales. 

Ante este escenario de violaciones de los derechos humanos, la OPEDH hace público el llamamiento de las comunidades afectadas por el proyecto del ASC Impact Group. Se dirigen a la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), del Banco Mundial, y a la iniciativa financiera privada Canopy Trust, para que no financien este proyecto y para que las tierras sean devueltas a los agricultores. (1)

Este artículo da a conocer más detalles acerca del proyecto y de sus consecuencias para las comunidades cuyas tierras tradicionales se ven convertidas en monocultivos. 

La fachada: breve recorrido histórico del Grupo ASC Impact en República del Congo

Fundado por la familia austriaca Kirchmayer, el grupo ASC Impact opera en varios países africanos, principalmente en Angola, Etiopía y República del Congo. Su principal rumbo de actividad es el monocultivo de árboles (acacia y eucalipto) y la agricultura (soya, maíz, trigo y sorgo). 

Según la prensa, la llegada del Grupo en República del Congo ocurrió en 2023 con la creación de tres empresas: Agricaf Congo, Transfor Congo y Aforest Congo, dotadas de un millón de francos CFA (aproximadamente 2.000 dólares norteamericanos). (2)

El mismo año, el Grupo ASC Impact anunció una inversión de 23 mil millones de francos CFA (aproximadamente 41 millones de dólares estadounidenses) en los sectores de la agricultura, silvicultura, transformación de la madera y plantaciones de árboles con fin industrial. (3) Una inversión que generará también créditos de carbono, como declaró Karl Ernst Kirchmayer, unos de los fundadores del grupo ASC Impact, en una entrevista con la prensa local. (4) 

A lo largo de este proceso, durante visitas oficiales del gobierno a Hungría y visitas de tierras rurales con Karl Ernst Kirchmayer, varios contratos se firmaron con el gobierno congolés. (5) 

En agosto 2025, Aforest Congo, una sucursal del grupo ASC Impact, y el gobierno de la República del Congo, firmaron un contrato de arrendamiento de tierras a largo plazo. 

Según los medios de comunicación, este tipo de contrato tiene una vigencia de 30 años y abarca a 102.560 hectáreas. El acuerdo menciona también un contrato de arrendamiento anual de 102,56 millones de francos CFA (aproximadamente 182.000 dólares estadounidenses) y un pago de regalías de 500.000 francos CFA (aproximadamente 900 dólares estadounidenses) al Estado. 


En fin, según la prensa y el grupo ASC Impact, un nuevo acuerdo, firmado en diciembre 2025, otorgó al grupo 4.000 hectáreas más, las cuales se encuentran la zona económica especial d’Oyo-Ollombo. En esta superficie, Aforest Congo usará 300 hectáreas para implementar su fábrica de transformación de la madera, su fábrica de celulosa y sus proyectos para el mercado de carbono. (6)

Imagen
Congo figura
Área arrendada por Aforest Congo (subsidiaria del Grupo ASC Impact) para implementar monocultivo de árboles y generación de créditos de carbono en la región de Gamboma y Mbon

Matthias Schulz, socio de ASC Impact y responsable dentro de la sucursal local Aforest Congo, declaró en una entrevista que “el proyecto generará créditos de carbono (…), incluyendo una regalía de carbono del 14 porciento para el Estado y del 6 porciento para las comunidades”. (7)

Por su lado, las autoridades congolesas afirmaron a la prensa: “con una inversión de aproximadamente 20 mil millones de francos CFA (más o menos 35,4 millones de dólares) en el sector agroforestal y 100 mil millones de francos CFA (más o menos 177 millones de dólares) en la parte industrial, la iniciativa creará a largo plazo 1.800 empleos directos y más o menos 4.500 empleos indirectos.”

Además, se entrevistó a algunas autoridades de las comunidades y ellas expresaron su emoción en lingala, lo cual se puede traducir de la siguiente forma: “nos alegramos de la llegada de este proyecto, el cual contribuirá al desarrollo de nuestra región.” (8)

La realidad: amenazas e intimidaciones, las comunidades silenciadas por temor a represalias

La firma del contrato de arrendamiento en 2025, primera etapa de este proyecto, ha sido presentada en los medios de comunicación como una situación en la que todos iban a ganar. Los medios relataron una ceremonia solemne para la entrega de fondos simbólicos a las comunidades campesinas propietarias de las tierras afectadas (9) y la misión de la Agencia Multilateral de Garantía de las Inversiones. (10) Pero la realidad es otra. 

En realidad, esta firma es fruto de un proceso de negociación hecho bajo un silencio impuesto, mediante amenazas y coerción hacia las comunidades campesinas y los Pueblos Indígenas que viven en la zona de las tierras mencionadas en el contrato de arrendamiento. (11)

“Las autoridades locales nos intimidaron incluso antes de entrar a la sala de reunión”, relata Mbakouo*, uno de los campesinos. Sigue: “Nos dijeron que teníamos que aceptar el proyecto para el desarrollo de la región; que nuestros hijos iban a tener trabajo”. Pero no tarda en revelar la verdad que se ven obligados a esconder: “El que revele el monto de dinero que nos han dado tiene que tener mucho cuidado. Este dinero no puede sustituir la herencia cultural que hemos recibido de nuestros antepasados”. 

Y concluye, con resignación: “En el fondo, no siento ninguna alegría. ¿Pero qué podemos hacer frente al Estado?”

Falta de informaciones acerca del proyecto y sus impactos

“Estamos preocupados por nuestros medios de sobrevivencia: cultivamos el ñame y la yuca desde hace varias generaciones. Y no sabemos qué impacto tendrán estas nuevas culturas en nuestras cosechas”, explica Honorine*, habitante de una comunidad de Gamboma. 

Las personas entrevistadas en las comunidades explicaron no tener ninguna información acerca del proyecto y mucho menos acerca de sus impactos. Sin embargo, el proyecto está actualmente en fase de una evaluación medioambiental. 

Según las informaciones publicadas por la empresa Aforest Congo, una evaluación medioambiental se llevó a cabo por parte de HCV África, bajo la supervisión del gabinete de consejo acreditado CM2E, con el fin de garantizar la conformidad a las exigencias del Banco mundial en cuanto al cuidado del medioambiente. (12)

“No conocemos a esta empresa, no tenemos ninguna información sobre sus actividades, no sabemos nada tampoco sobre el impacto del proyecto en nuestras tierras. No tenemos ni contrato, ni resumen, ni nota de información acerca del proyecto”, lamenta Honorine. 

Asimismo, el seguimiento jurídico realizado por la OPEDH demuestra que el mencionado contrato de arrendamiento firmado en 2025, aún no se ha publicado en el Diario Oficial, hasta la fecha de publicación de este artículo. Esto es una violación de las disposiciones del Código Civil congolés, remitentes a la publicación de los textos jurídicos. (13)

Falta de consulta en las comunidades, tal como la ley lo exige

Pláticas con las comunidades, con las poblaciones indígenas y la administración revelaron un incumplimiento de las disposiciones legales relativas a la consulta de las comunidades. 

“Consultar significa tener todos los documentos a la mano, conocer las ventajas y desventajas del proyecto, tener tiempo de pensar y de dar su aval. No fue lo que pasó”, explica Jérémie*, un nativo del pueblo de Bènè.

Algunas informaciones dadas a conocer por la prensa local en agosto 2025 mencionaban dos reuniones oficiales cuyo objetivo no era la consulta. La primera buscaba distribuir fondos simbólicos a las comunidades campesinas propietarias de las tierras y la segunda,  firmar el contrato de arrendamiento  a largo plazo. (14)
    
La legislación y la reglamentación congolesas tienen claridad respecto a las condiciones requeridas para una consulta. Esta tiene que: “realizarse antes de la formulación de un proyecto de plantación, durante un periodo que no supere los tres meses, por una comisión de consulta”. (15)

Jérémie indica claramente que no ocurrió de esta forma: “No recibimos ningún encargo por parte de esta empresa para escuchar nuestras quejas o para negociar sobre nuestras tierras”. También explica lo que intentaron presentar como una consulta legítima: “Nos enteramos de que algunas autoridades que fueron elegidas en violación de nuestros usos y costumbres  participaron en dos reuniones en Gamboma y Brazzaville. Han sido convocadas en un tiempo muy reducido”, concluye. 

Lejos de ser una excepción, lo que ocurrió en la comunidad de Jérémie parece ser más bien una forma común de funcionar. “No nos involucraron en la elaboración de este proyecto. Participé en la reunión simbólica de la recaudación de fondos en Gamboma; no hemos ni siquiera podido tomar la palabra”, insiste Gloire* en lingala, miembro de otra comunidad. 

Asimismo, conversaciones con las autoridades del Ministerio de la Justicia muestran que ninguna comisión de consulta ha sido implementada todavía. Lo cual confirma la falta de consulta de las comunidades, en contradicción con la legislación nacional. 

El grupo ASC Impact sigue y las comunidades viven en la incertidumbre

En 2025, los periódicos anunciaron planes para una fase piloto del proyecto ASC Impact en República del Congo. Para esta fase, habían previsto implementar un semillero semi industrial con capacidad para 12 millones de mudas, además de plantar 10 mil hectáreas al año. La mayoría de estas siembras son especies de crecimiento rápido, comunes en plantaciones industriales, como la acacia y el eucalipto. (16)

Para 2026, el Banco mundial está a punto de otorgar un financiamiento al grupo ASC Impact. El mes de febrero estuvo marcado por una misión de auditoría llevada a cabo por la Agencia Multilateral de Garantía de las Inversiones (MIGA) en el Congo. (17). El objetivo, según la prensa, era asumir la adecuación con las políticas públicas nacionales. (18) En junio, una misión de la consultora surafricana HCV África contribuyó a evaluar la conformidad de la concesión de Gamboma con las exigencias del Bando Mundial. (19)

Y como si no fuera suficiente, el grupo ASC Impact obtuvo recientemente otro apoyo importante: un financiamiento del Canopy Trust para estudios de impacto medioambiental y social, según el comunicado del grupo ASC Impact. (20)

Ante estos avances, las comunidades ya sienten las amenazas que el proyecto supone para sus tierras y medios de vida: “Nos sentimos rodeados por todas partes. Varios proyectos de plantaciones invadieron nuestras tierras”, cuenta un campesino de Gamboma. “Somos campesinos de ñame y yuca; nuestros medios de subsitencia serán destruidos por estas plantaciones de árboles que vienen de afuera”, advierte ante la posible evolución del proyecto ASC Impact. 

Llamado urgente de las comunidades para detener el proyecto

Por ello, ante estas violaciones de los derechos de las comunidades y ante las amenazas que existen sobre sus tierras, sus recursos y sus medios de vida, y con base a las normas y estándares internacionales, las comunidades locales y las poblaciones indígenas de Gamboma, Bènè, Okouampi, Afou y Eleli, mediante la Organización por la Protección del Medioambiente y los Derechos Humanos (OPEDH), lanzan un llamado a los posibles accionistas del Grupo ASC, en particular Canopy Trust y MIGA: DEJEN DE FINANCIAR ESTOS PROYECTOS Y DEVUELVAN NUESTRAS TIERRAS, NUESTAR IDENTIDAD Y NUESTRA CULTURA ANCESTRAL. 

Organización para la Protección del Medioambiente y de los Derechos Humanos (OPEDH)

* Nombres falsos para proteger la seguridad de las personas entrevistadas.


Referencias:

(1) Miga y Canopy Trust
(2) ASC Impact
(3) ADIAC, 2023.Congo-Affaires: le groupe ASC Impact va investir 23 milliards FCFA dans le bois et l’agriculture
(4) ADIAC, 2025. Trois questions à Karl Ernst Kirchmayer à propos du partenariat en République du Congo
Acerca de Karl Ernst Kirchmayer: “Este hombre austriaco, que ha pasado años en comprar 147 000 hectáreas en Europa del Este, tiene ahora una empresa de acaparamiento de tierras en África, ASC Impact. 25 000 hectáreas en Angola y 270 000 en República del Congo”, según Grain.
(5) DIAC, 2025. Coopération : mission gouvernementale en Autriche
(6) DIARIO OFICIAL DE LA REPUBLICA DEL CONGO, 2025.
DIARIO OFICIAL DE LA REPUBLICA DEL CONGO, 2019; La Cloche News, 2025. Zone Économique Spéciale Oyo-Ollombo. Un accord pour développer une emprise; ASC IMPACT
(7) ALPHONSE NDONGO TV, 2026. CONGO| ASC Impact investit dans l’afforestation et le reboisement
(8) Ministère des Zones Économiques Spéciales Public, Facebook.
(9) Vox Congo, 2026. ENVIRONNEMENT / ÉCONOMIE VERTE –
(10) Focus Media, 2025. La société Aforest Congo en phase de développer des activités industrielles et d’agroforesterie sur 102 560 hectares à Gamboma
(11) Banque Mondiale – Cadre environnemental et social, NES 5.12: Banque mondiale – Cadre environnemental et social, NES 5.12: Les communautés affectées doivent être indemnisées avant le début des travaux, sur la base du coût intégral de remplacement. 
(12) Agricaf et Aforest Congo, Linkedin. June 2026: trois avancées majeures pour Aforest Congo et Agricaf Congo
(13) República del Congo, Secretaría General del Gobierno
(14) Vox TV, 2025. Firma del contrato enfiteótico entre el gobierno y Aforest Congo
(15) Ley 05-2011, del 25 febrero 2011, que menciona la promoción y la protección de los derechos de los pueblos autóctonos, art. 3.
Decreto n° 2019-201, del 12 julio 2019, que establece las modalidades de consulta y participación de los pueblos autóctonos a los proyectos y programas de desarrollo social y económico, art. 3 y siguientes. 
Decreto n°2023-117, del 04 abril 2023, sobre las atribuciones, composición y funcionamiento de la Comisión de los bosques, art. 2 y siguientes. 
(16) Farmlandgrab, 2025. Firma de un contrato enfitéutico de más de 102 000 hectáreas con Aforest Congo  
(17) Miga
(18) Ministère des Zones Economiques Spéciales 
(19) Ministère des Zones Economiques Spéciales 
(20) Canopytrust, IInvesting to protect forests and support communities in Central Africa.
ASC Impact, Linkedin. ASC Impact received catalyst funding from Canopy Trust for our sustainable land use project in Gamboma, in the Republic of the Congo

Indonesia: el monocultivo para la bioenergía sacrifica los bosques y los derechos de las comunidades

La ‘transición energética’ debería liberar al mundo de la dependencia de los combustibles fósiles y, a la vez, mejorar la relación entre los seres humanos y la naturaleza. Sin embargo, en muchos lugares de Indonesia, desde Gorontalo, en la isla de Sulawesi, hasta Merauke, en la isla de Papúa, los proyectos impulsados en nombre de esa ‘transición’ van en la dirección opuesta. Así ocurre con la producción de bioenergía, que cobra fuerza en el país a través de proyectos de monocultivos que prometen ‘energía limpia’, pero que en realidad generan deforestación y destrucción.

El informe “Legalizar la crisis climática” (1), elaborado por la organización WALHI, reveló que más de una cuarta parte de toda la superficie de bosque de Indonesia, cerca de 26,5 millones de hectáreas, corre el riesgo de ser talada legalmente en nombre de la crisis climática. Esta es la extensión del área para la cual el gobierno ha otorgado diversas licencias a industrias extractivas, como las madereras, las mineras y las dedicadas a los monocultivos. (2) Al contar con estas licencias, las empresas tienen permiso para destruir los bosques en estas áreas.

Según el informe, esas áreas boscosas están en la mira de empresas que desean llevar a cabo proyectos relacionados con la 'transición energética' —como las industrias de bioenergía (biomasa y bioetanol) y de minería—. Para impulsar sus proyectos, estas empresas se amparan en una medida implementada por el gobierno en 2021 que permite que la licencia destinada a actividades de ‘aprovechamiento forestal’ —la más común de ellas— pueda utilizarse para llevar a cabo más de una actividad o negocio dentro de la misma área de concesión. (3)

Aprovechando esta situación, varias empresas han comenzado a invertir en proyectos de Plantaciones de Árboles para obtener Energía (HTE, por sus siglas en indonesio). Este es el caso de los proyectos de plantaciones de árboles para generar biomasa, que producen los llamados pellets de madera utilizados en centrales termoeléctricas como fuente adicional de energía.

Entre esos proyectos también se incluyen las plantaciones de caña de azúcar para producir bioetanol, además de las plantaciones de palma aceitera para producir biodiésel.

A pesar de que se promociona que estos proyectos contribuyen a la descarbonización de la matriz energética, lo cierto es que han provocado una gran deforestación y, por lo tanto, han aumentado las emisiones de dióxido de carbono, el llamado CO2. Además, estos proyectos han destruido la biodiversidad y se han apropiado de los territorios de pueblos y comunidades tradicionales. Sin embargo, el propio Ministerio de Bosques legitima todo esto al calificar dicha destrucción como una 'deforestación legal'.

Si se talaran los 26,5 millones de hectáreas de bosques previstos en las licencias, sería como si Indonesia emitiera la misma cantidad de dióxido de carbono que todo el sector de generación de energía de ese país ha emitido en los últimos 25 años. Sin mencionar los daños inconmensurables que podrían sufrir los pueblos que dependen de los bosques ubicados dentro de las áreas de concesión. Irónicamente, la deforestación se lleva a cabo precisamente en nombre de proyectos que afirman ser, según ellos mismos, soluciones al caos climático.

Desde Gorontalo hasta Merauke, todos los proyectos de 'transición energética' siguen el mismo patrón. En primer lugar, se basan en el sacrificio de territorios y en los conflictos con los Pueblos de la selva. En segundo lugar, el proceso de concesión de licencias casi siempre se lleva a cabo sin una evaluación ambiental y social adecuada y sin una consulta real a la población que se verá afectada. En tercer lugar, la etiqueta de 'energía verde' o 'energía limpia' que reciben estos proyectos oculta el hecho de que siguen dependiendo de la extracción de recursos naturales a gran escala. En cuarto lugar, algunos grandes grupos corporativos concentran los beneficios económicos de estos proyectos.
A continuación, se presentan algunos casos concretos que ilustran cómo se ha manifestado este patrón en la práctica.

Biomasa: el caso de Gorontalo — cuando el bosque nativo se convierte en una plantación de madera para generar energía

En Indonesia, las plantaciones de monocultivos de árboles para biomasa se encuentran en total expansión. Hasta noviembre de 2025, las tierras destinadas a la implementación de proyectos de plantaciones de árboles para energía ya sumaban 1,3 millones de hectáreas, distribuidas en diferentes provincias del país. (4)

Por un lado, esta expansión ha sido impulsada por la demanda interna. A finales de 2022, 35 centrales térmicas de Indonesia ya mezclaban biomasa de madera con carbón mineral, el principal combustible de estas plantas. El objetivo del gobierno ha sido aumentar drásticamente esa cifra, que llegó a 52 en 2026. (5) Sin embargo, esta práctica no pondrá fin a la dependencia de Indonesia del carbón mineral ni contribuirá a combatir el cambio climático: la mezcla en las centrales es de un 5 por ciento de madera frente a un 95 por ciento de carbón mineral. (6)

Por otro lado, la exportación de pellets de madera también creció de manera exponencial: de unas 100 toneladas en 2021 a unas 120.000 toneladas en 2023. Los principales destinos de este material son Corea del Sur y Japón, que también lo utilizan en las centrales térmicas como fuente de energía complementaria al carbón mineral. Para satisfacer esta creciente demanda, un estudio señala que se necesitarían 2,3 millones de hectáreas de plantaciones de árboles.
Es lo que podemos llamar colonialismo energético. La materia prima se extrae en Indonesia para que los países industrializados puedan, en teoría, 'descarbonizarse', sin tomar en cuenta los daños sociales y ecológicos que se provocan en el lugar donde se extrae la materia prima.

Uno de los centros actuales de expansión del monocultivo de árboles para la producción de biomasa destinada a la exportación es la provincia de Gorontalo, en Sulawesi. Según datos de Forest Watch Indonesia, entre los años 2021 y 2023, se talaron como mínimo 1.100 hectáreas de bosque en esa provincia para implementar el proyecto Plantaciones de Árboles para obtener Energía. Y esa cifra podría aumentar drásticamente en los próximos años.

Seis empresas se encuentran en proceso de obtención de licencias, lo que podría dar lugar a que se destinen más de 180.600 hectáreas a la expansión de monocultivos de árboles para la producción de biomasa. (7)

Otras cuatro empresas ya están implementando proyectos de Plantaciones de Árboles para obtener Energía en un área de concesión de aproximadamente 101.500 hectáreas. (8) Dos de ellas, PT Banyan Tumbuh Lestari y PT Inti Global Laksana, tienen sus áreas de operación cerca de las comunidades de Lomuli y Butungale, en el distrito de Pohuwato.

Con el fin de identificar los daños que estos proyectos ya están causando en estas dos comunidades, WALHI Gorontalo llevó a cabo un estudio de campo. (9)

Impactos de la producción de biomasa en las comunidades de Lomuli y Butungale

Según el estudio, son muchos los daños ecológicos y sociales que han sufrido las comunidades Lomuli y Butungale como consecuencia de los proyectos de biomasa de las empresas PT Banyan Tumbuh Lestari y PT Inti Global Laksana.

La deforestación que han provocado ya ha afectado el ciclo natural del agua en estas comunidades. Una de las consecuencias es que la vegetación ya no absorbe las lluvias, lo que provoca un exceso de flujo superficial, la disminución de las reservas de agua subterráneas y un aumento del riesgo (que ya es considerable) de inundaciones y sequías. Además, la población denunció que una de las empresas estaba aterrando el lecho de un afluente de un río para construir una carretera destinada al transporte de madera. Esta acción también altera el ciclo natural del agua y aumenta aún más el riesgo de inundaciones en las zonas por donde fluye el río. 

Otro impacto es que los monocultivos aumentan la susceptibilidad de la zona a las plagas, las enfermedades y la degradación del suelo. Sin mencionar que las especies que suelen habitar los bosques no pueden sobrevivir en zonas de monocultivos.

En cuanto a los daños sociales, las comunidades perdieron el acceso al bosque, que es su fuente de agua, alimento, leña, miel, ratán, resina, marañón e incluso savia de la palmera arenga. Como consecuencia, las prácticas culturales que dependen del bosque terminan desapareciendo.

Se produce cierta tensión entre las personas de las comunidades que esperan conseguir trabajo en las empresas y aquellas que sufren la pérdida de sus tierras. Sin embargo, las personas que han logrado conseguir trabajo actualmente reciben salarios bajos y no cuentan con garantías laborales adecuadas. Lejos de representar una mejora en el bienestar de las comunidades, la llegada de esas empresas ha dado lugar a una nueva vulnerabilidad estructural.

Además, las empresas ignoraron por completo el Principio del Consentimiento Previo y Libre de Coacción, una adaptación que se ha utilizado en Indonesia del principio denominado «Consentimiento Libre, Previo e Informado», tal como se conoce en muchos otros países. Todas las personas entrevistadas en las comunidades de Lomuli y Butungale afirmaron que no se llevó a cabo ninguna reunión para informarles de manera clara sobre el proyecto de las dos empresas. La última reunión de esta índole de la que tienen memoria se celebró en 2015, cuando las empresas aún afirmaban operar con plantaciones de monocultivo de palma de aceite para la producción de aceite, y no en el sector maderero para la generación de energía.

Además, el estudio de WALHI Gorontalo señala que más del 90 por ciento de las personas entrevistadas en las dos aldeas afirmaron categóricamente que rechazaban la presencia de las dos empresas. Todo esto indica que los proyectos de las empresas se están llevando a cabo sin el consentimiento libre de las comunidades, lo cual es un derecho fundamental y debería ser una condición básica antes de excavar siquiera un palmo de tierra en áreas que afectan a estas comunidades.

Por último, una investigación sobre las empresas que operan en la región de las comunidades de Lomuli y Butungale señala que quienes se benefician de estos proyectos siguen siendo, como siempre, las élites locales. Los documentos ponen de manifiesto la relación entre uno de los principales exportadores de pellets de madera, en el distrito de Pohuwato, y varias figuras del mundo de los negocios y de la política nacional, incluida la red familiar de un conglomerado gigante y muy conocido del sector automotriz en Indonesia, Astra Internasional.

Esta estructura de propiedad concentrada reproduce el modelo colonialista a nivel local: se extrae madera de Indonesia para exportarla, mientras que los beneficios económicos se concentran en las élites político-económicas y la carga ecológica y social recae sobre la población de las comunidades que viven en la región de extracción.

El bioetanol en Merauke: pérdida de espacio vital para las comunidades indígenas

En el distrito de Merauke, en Papúa del Sur, las comunidades indígenas sufren los daños causados por proyectos de bioenergía que forman parte del Plan Estratégico Nacional (PSN) de Merauke, el cual probablemente representa hoy el mayor plan de deforestación en curso en el mundo; se prevé la tala de aproximadamente 2 millones de hectáreas de bosque.

Los proyectos de bioenergía consisten en plantaciones de monocultivo de palma de aceite para biodiésel, así como en plantaciones de monocultivo de caña de azúcar para etanol. La plantación de caña de azúcar para bioetanol es uno de los pilares de este Plan Estratégico Nacional. Ya se otorgaron licencias a diez empresas de este sector, que suman un total de 541.094 hectáreas repartidas por todo el distrito de Merauke.

Se está planificando un monocultivo de caña de azúcar dentro del territorio tradicional de los pueblos Yei y Marind, donde se encuentran 40 aldeas y más de 40.000 habitantes. La implementación de este proyecto se llevó a cabo 'desde arriba hacia abajo'; no se realizó ningún proceso de consulta a la población y, además, la participación del ejército hizo que las comunidades se sintieran coaccionadas. Aunque la población ha organizado múltiples protestas, el gobierno no ha dado ninguna respuesta.

Mientras tanto, la población ha sido testigo de la llegada de cientos de máquinas pesadas —entre ellas, más de doscientas excavadoras— que destruyen aldeas, huertos, pantanos y lugares considerados sagrados por la comunidad Marind Maklew. Todo ello bajo la supervisión directa de los militares.

El hecho de que la mitad de las áreas concesionadas para el cultivo de caña de azúcar son áreas protegidas también viola el plan de ordenamiento territorial local vigente, ya que dichas áreas nunca podrían destinarse a la agricultura. (10)
Al igual que en Gorontalo, las empresas de caña de azúcar en Merauke concentran la riqueza y las propiedades en un grupo reducido de grandes empresas. Las mismas, por cierto, que desde hace mucho tiempo controlan la industria de las plantaciones de palma aceitera y el comercio de aceite vegetal a nivel mundial. (11)


¿Por qué hay que respetar el derecho a decir “no”?

El proceso de concesión de licencias casi siempre se celebra sin la debida evaluación ambiental y social y sin una verdadera consulta a la población que podría verse afectada. El principio del consentimiento libre, previo e informado —un derecho que han conquistado las poblaciones tradicionales para aceptar o rechazar proyectos que causan daños a sus territorios— suele ser tratado como una formalidad que puede ignorarse, y no como algo que realmente podría impedir que se lleve a cabo un proyecto. 

Cuando una población manifiesta su rechazo a proyectos que causan graves daños a sus territorios y a sus vidas —como ocurrió en las comunidades de Lomuli y Butungale, en Gorontalo, y con parte de los pueblos de Yei y Marind, en Merauke—, sus voces son ignoradas y, con frecuencia, reprimidas a través de la implementación de medidas de seguridad.

Si se respetara el derecho de veto de los pueblos indígenas y las comunidades locales, ello tendría muchas consecuencias ecológicas positivas y concretas. Al fin y al cabo, las áreas de bosque que se conservan actualmente, tanto en Indonesia como en el resto del mundo, son aquellas donde suelen vivir los pueblos tradicionales y las comunidades locales.

En otras palabras, fortalecer el derecho de los pueblos de los bosques a sus espacios de vida es una cuestión de justicia social. Al mismo tiempo, también es una contribución a la conservación de los bosques y, por lo tanto, para hacer frente a la crisis climática. 

Sin embargo, la supuesta 'transición energética' tal y como se está llevando a cabo hoy sirve precisamente para lograr el efecto contrario: acelerar la deforestación, que también es una de las principales causas del caos climático.

Una nuevo embalaje para el viejo colonialismo

Desde Gorontalo hasta Merauke, el modelo utilizado por los proyectos de 'transición energética' perpetúa un viejo patrón. En lugar de proporcionar una 'energía limpia' que sea justa, sigue sacrificando territorios que son espacios de vida de poblaciones tradicionales y comunidades locales para enriquecer a unas pocas empresas y élites locales.

Mientras los proyectos de bioenergía, como las plantaciones para la producción de bioetanol, biodiésel o biomasa, sigan implementándose sin una revisión exhaustiva de la forma de concesión de las licencias; sin respetar el derecho de las comunidades afectadas a rechazar dichos proyectos; y sin una evaluación de los daños ambientales y sociales comprometida con la justicia social y ambiental, la afirmación de generar 'energía limpia' no será más que un nuevo embalaje para el viejo colonialismo.

Una 'transición energética' verdaderamente justa debe partir de una pregunta fundamental: ¿energía para quién y a costa de quién?

Uli Arta Siagian, Coordinadora de Campañas de WALHI Nacional
 

Referencias:
    (1) WALHI, 2025. MELEGALKAN KRISIS IKLIM: Deforestasi Sistematis Atas Nama Transisi Energi di Indonesia. En bahasa indonesia. En inglés aquí.
    (2) Las licencias para la industria maderera se denominan PBPH (según la sigla utilizada en Indonesia), las de minería WIUP y las de plantaciones de monocultivos HGU. Más del 65 por ciento de la superficie correspondiente a estas licencias se encuentra en las islas de Sumatra y Kalimantan, mientras que Papúa se ha convertido en la nueva frontera de expansión de las inversiones.
    (3) En Indonesia, estas licencias se denominan PBPH.
    (4) WALHI, 2025. Hanwa Co., Ltd. Hentikan Impor Bahan Bakar Biomassa yang Merusak Hutan, Hutan Indonesia bukan bahan bakar!
    (5) Investortrust, 2026. PLN EPI Targetkan Pasokan Biomassa 3,65 Juta Ton pada 2026, Percepat Co-firing di 52 PLTU
    (6) WALHI, 2025. MELEGALKAN KRISIS IKLIM: Deforestasi Sistematis Atas Nama Transisi Energi di Indonesia. En bahasa indonesia. En inglés aquí.
    (7) Son: PT Hutani Cipta,  PT Keia Lestari Indonesia 1, PT Keia Lestaria Indonesia 2, PT Lumintu Ageng Yoyo, PT Nawa Waskita Utama y PT Sorbu Agro Energi.
    (8) Son: PT Inti Global Laksana, PT Banyan Tumbuh Lestari, PT Gema Nusantara Jaya y PT Gorontalo Citra Lestari.
    (9) WALHI, 2025. MELEGALKAN KRISIS IKLIM: Deforestasi Sistematis Atas Nama Transisi Energi di Indonesia. En bahasa indonesia. En inglés aquí.
    (10) Para obtener más información sobre el movimiento de resistencia contra el PSN de Merauke, consulte: WRM, Indonesia: ¡Paren el Proyecto Estratégico Nacional Merauke!
    (11) Además, algunas de estas empresas utilizan compañías subsidiarias de fachada que sirven para proteger la identidad del propietario que se beneficia efectivamente, una práctica muy común.