¡Adhiera a esta carta en solidaridad con el Pueblo Mbya Guaraní en Misiones, Argentina!

Llamamos a organizaciones, grupos y movimientos a adherir a esta carta en solidaridad con la comunidad Mbya Guaraní Puente Quemado II, en Misiones, Argentina.

Desde hace meses, las familias enfrentan desmontes, desalojos, criminalización y amenazas por parte de las fuerzas de seguridad, jueces e individuos al servicio del negocio maderero. Esto se suma a la lucha que la Comunidad lleva adelante hace años contra la multinacional Arauco, que invade y destruye territorios indígenas para establecer monocultivos de pinos y eucaliptos. 

La carta será enviada a las autoridades de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Provincia para exigirles que garanticen la seguridad y el derecho de las familias Mbya a permanecer en sus tierras.
 

El plazo para firmar ha terminado. Descargue aquí la carta con las adhesiones. 


Al Gobernador de la
Provincia de Misiones
Sr. HUGO PASSALACQUA

Al Presidente de la
Cámara de Representantes de Misiones
Sr. SEBASTIÁN MACÍAS

A la Presidenta del
Superior Tribunal de Justicia de Misiones
Dra. ROSANA PIA VENCHIARUTTI SARTORI


Las organizaciones abajo firmantes nos dirigimos a Usted a fin de solicitar que con urgencia tenga a bien disponer las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la comunidad Mbya Guaraní Puente Quemado II así como su derecho a permanecer en su territorio relevado de acuerdo con la Ley Nacional N° 26.160, en Colonia Garuhape, Municipio Garuhape, Departamento Lib. Gral. San Martín de la provincia de Misiones.

Solicitamos también que se garantice la seguridad y el libre cumplimiento de sus tareas del Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMIPA), que acompaña a la comunidad Puente Quemado II en el justo reclamo por sus derechos.

Esta Comunidad viene sufriendo una alarmante sucesión de atropellos. En especial, desde diciembre de 2025, cuando el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de la Provincia de Misiones autorizó al empresario maderero Alfredo Ruff a desmontar los Lotes 73, 74 y 75 sin el consentimiento de la Comunidad a pesar de tratarse parcelas que forman parte del territorio relevado. En ese momento, más de cien organizaciones de 20 países solicitamos al Ministerio que detenga de manera urgente la destrucción del bosque, espacio de vida y sustento de la comunidad. 

Al desmonte le siguió, el 5 de mayo pasado, el desalojo de las familias que se encontraban en el Lote 178, Parcela 141, del Paraje Cañafístola, en favor del mismo empresario. Esta área también forma parte del territorio relevado, por lo que la comunidad fue desalojada de sus propias tierras. Durante ese atropello, se detuvo de manera totalmente injusta a ocho miembros de la Comunidad, entre ellos, al mburuvicha (cacique) Santiago Ramos. Nuevamente, numerosas organizaciones solicitamos la inmediata libertad de las personas detenidas y que se garanticen los derechos territoriales de la Comunidad.

Como si esto fuera poco, el pasado martes 28 de julio se produjo un nuevo desalojo irregular de las familias que habían retornado a su territorio, quienes, persistentes en el ejercicio de sus derechos, volvieron al lugar el domingo 2 de agosto. Desde ese momento, sufren graves amenazas, hostigamiento y violencia racista.

Ante estos hechos, consideramos urgente arbitrar los medios necesarios para garantizar los derechos del Pueblo Indígena Mbya Guaraní consagrados en la Constitución Nacional argentina, en leyes nacionales y en Tratados Internacionales.

Agradeciendo su atención y a la espera de una respuesta positiva a nuestra solicitud, lo saludan cordialmente,

(Organizaciones firmantes)

¡Nueva cartilla! - REDD y los proyectos de carbono: Comunidades en Alerta

El WRM lanza esta cartilla destinada a comunidades y activistas. Su objetivo es alertar sobre las amenazas que los proyectos de carbono suponen para los territorios y modos de vida de los Pueblos Indígenas y comunidades que dependen de los bosques. La cartilla presenta once Alertas que muestran porqué estos proyectos crean conflictos y ponen en riesgo la soberanía alimentaria y la autonomía de los pueblos. También, incluye acciones adoptadas por comunidades para frenar este tipo de proyectos.

El petróleo nos está arrebatando nuestros bosques: la deforestación en el delta del Níger

El delta del Níger, en Nigeria, es rico en hidrocarburos, y la primera perforación de un pozo de petróleo comercialmente viable se realizó allí en 1956. Esa región alberga las segundas reservas de petróleo más grandes de África, y la economía de Nigeria depende en gran medida de esta industria. Y es allí precisamente donde está situada una de las regiones ecológicamente más diversas del planeta. Además, está habitada por más de 30 millones de personas de más de 40 etnias. La agricultura y la pesca son la fuente principal de sustento y seguridad alimentaria de la mayor parte de esa población, y también de su identidad cultural y su bienestar. La deforestación que provocan las actividades de las empresas petroleras supone una grave amenaza tanto para el medioambiente como para los pueblos de la región.

A los pueblos del delta del Níger dependientes de los bosques, el petróleo no sólo les ha arrebatado sus bosques sino también sus alimentos, sus vidas, sus medios de sustento, su dignidad y su cultura. Esta región cuenta con los bosques de mangle más extensos de África, que son los cuartos más vastos del mundo. Los manglares desempeñan un papel fundamental en la protección de las costas, la purificación del agua, la regulación del clima y como sostén de los medios de vida de las comunidades. Proveen recursos para la construcción y la alimentación, y son importantes reservorios de biodiversidad. Más del 60 por ciento de los peces del golfo de Guinea con valor comercial se reproducen en los manglares del delta del Níger. Lamentablemente, ya se han perdido cerca del 40 por ciento de los bosques de mangle del delta del Níger, debido principalmente a la explotación petrolera y de gas. Además, el 27 por ciento de los manglares potencialmente amenazados por derrames de petróleo a nivel mundial se encuentran en el delta del Níger. (1)

Una vista aérea del delta del Níger da cuenta de una región surcada por líneas y ductos a lo largo y ancho que fragmentan severamente a los bosques y dan lugar a tasas adicionales de deforestación a manos de cazadores furtivos y explotadores madereros, de minería y otros recursos forestales. Los bosques tropicales de Nigeria se extienden por lo general desde la costa atlántica hasta entre 150 y 200 kilómetros tierra adentro. El delta del Níger es un área enorme con forma de abanico, alimentada por los sedimentos y caudales de dos grandes ríos (el Níger y el Benué) que confluyen y luego desembocan en el océano Atlántico. La vegetación natural de esta zona es bosque tropical lluvioso con dosel denso y frondoso.

Todas las fases de los procesos de extracción de petróleo y gas generan impactos directos en los bosques del delta del Níger. En la fase de exploración se desmonta para trazar líneas sísmicas que atraviesan los bosques, y cuando se tienden los oleoductos se produce aún más deforestación. Aunque las líneas sísmicas son temporales y el medioambiente podría recuperarse tras la finalización de los sondeos, los bosques de mangle pueden seguir afectados durante décadas, ya que las líneas permanecen abiertas tras el desmonte inicial. Las empresas petroleras son plenamente conscientes de la deforestación que provocan sus actividades. Una ficha técnica de Shell destaca la “visibilidad de los cortes que se abren en el manglar para trazar líneas sísmicas... Las raíces aéreas son las que sufren la mayor parte de los cortes. La recuperación de las raíces cortadas lleva entre 2 y 3 años, pero el rebrote de los árboles de mangle al punto que la línea sísmica resulte indistinguible de las zonas no desmontadas puede tardar 30 años o más”. (2)

Se estima que hay entre 5.000 y 7.000 km de oleoductos tendidos en la región. Si se tiene en cuenta que estos oleoductos ocupan una servidumbre de paso de al menos 100 metros de ancho cada uno, la magnitud de la deforestación asociada a ellos es inmensa. A estos grandes oleoductos se suman líneas de bombeo más pequeñas que conectan los pozos de petróleo entre sí y que también generan impactos negativos en el territorio. 

Además de los oleoductos, las empresas petroleras construyen canales para el traslado de su equipamiento tierra adentro. También construyen otros canales para transportar las aguas utilizadas en el proceso de extracción (aguas de proceso) y otros desechos desde las estaciones de bombeo de petróleo hasta los ríos y el océano. La caminería construida para acceder a los pozos de petróleo, las estaciones de bombeo y otros sitios suman cuotas adicionales a la destrucción de bosques del delta del Níger. Estas obras de infraestructura implican a menudo el dragado de pantanos y otros humedales y, algunas veces, su relleno con arena. Los materiales vertidos del dragado alteran la topografía y la hidrología de las zonas afectadas e impiden la recuperación de las áreas deforestadas. 

Las empresas petroleras también utilizan vertederos de desechos deficientemente construidos en los bosques que agravan aún más las pérdidas de cubierta forestal. 

Bosques en llamas (e historias de contaminación)

Se estima que la contaminación derivada de la extracción y el procesamiento del petróleo en el delta equivale a más de 13 millones de barriles de crudo (más de 2.000 millones de litros), provocando enormes daños ambientales y graves amenazas a la salud de las y los habitantes de la región. No debe sorprender entonces que la región ostente el récord infame de ser uno de los diez lugares más contaminados del mundo. 

Sumado a los derrames de petróleo, la quema rutinaria de gas afecta igualmente a los bosques del delta del Níger, al frenar el crecimiento de los árboles y envenenar los ecosistemas en su conjunto. Esas quemas provocan lluvia ácida y la acidificación de los suelos y los cuerpos de agua. Alteran las condiciones ecológicas locales, incluyendo daños a la vegetación y los bosques, y contribuyen al cambio climático, lo que supone una presión adicional para los ecosistemas costeros.

La contaminación petrolera es una de las causas principales de la destrucción de los bosques de mangle en el delta del Níger. La tala no regulada y destructiva, y la desecación de manglares para convertirlos en tierras agrícolas o zonas urbanizadas —por ejemplo, para la construcción de viviendas o distritos industriales— son factores que también contribuyen a ello.

La problemática de los derrames de petróleo en el delta del Níger se ha descrito en varios informes (3). Uno de ellos, el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre la Evaluación Ambiental de Ogoniland, fechado en 2011, constató la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas; la contaminación de la vegetación, incluidos los bosques de mangle; la contaminación de los cuerpos de agua que dio lugar, entre otras cosas, a una disminución de las poblaciones de peces; y la exposición de las comunidades a hidrocarburos de petróleo en el agua potable y al aire libre, a veces en concentraciones elevadas, y también a través de la piel por contacto con el suelo y sedimentos. En la comunidad de Ejama-Ebubu, el estudio evidenció la presencia de niveles altos de contaminación 40 años después de que se produjera un derrame de petróleo, a pesar de reiterados intentos de limpieza del lugar, de dudosa calidad.

Los derrames ocurren por diversos motivos, tales como la corrosión de los oleoductos y fallas en el funcionamiento y de los equipos. Por ejemplo, en la zona del arroyo Bodo, más de 1.000 hectáreas de bosque de mangles se degradaron debido a dos derrames importantes de petróleo en 2008 y 2009 por mal funcionamiento, a los que se sumaron posteriormente varios derrames ocasionados por roturas de los oleoductos. 

En enero de 1998, la empresa petrolera Mobil vertió 40.000 barriles de petróleo crudo (más de 6 millones de litros) desde su plataforma Idoho de extracción en alta mar. Parte de ese petróleo se evaporó, pero el impacto del derrame se extendió más allá de las fronteras de Nigeria, llegando hasta la República de Benín y causándoles daños a las comunidades costeras que habitan esa zona. 

En diciembre de 2011 se produjo un derrame de petróleo en la plataforma Bonga de alta mar de la Shell. Shell y el gobierno de Nigeria anunciaron que se habían vertido 40.000 barriles de petróleo crudo en el océano Atlántico. En el incidente de la plataforma Idoho también se dijo que el volumen de petróleo vertido fue de 40.000 barriles. Ese guarismo parecería reflejar un grado de abuso ecológico que resulta cómodo para las empresas petroleras implicadas. El derrame de Bonga afectó a 20 comunidades costeras de tres jurisdicciones estaduales distintas del delta del Níger. (4)

Uno de los mayores derrames de petróleo en Nigeria fue la explosión del pozo de alta mar Funima Well 5 en enero de 1980, que provocó el vertido de al menos 200.000 barriles de petróleo (casi 32 millones de litros) en el océano Atlántico y dañó 340 hectáreas de bosque de mangles.

En 2004, un gasoducto de la empresa transnacional Nigeria Liquefied Natural Gas (NLNG Limited) que atraviesa la comunidad de Kala-Akama en las riberas del bosque de mangles de Okrika, sufrió una fuga y se incendió, devastando una superficie estimada de 27 km² del manglar. La contaminación reiterada, derivada de gasoductos en desuso y pozos abandonados pero no desmantelados, contamina una y otra vez los bosques de mangle cuando se están recuperando.

Las explosiones en pozos de petróleo sin mantenimiento adecuado, abandonados o en ruinas han provocado deforestación masiva y grandes daños ecológicos en los últimos años. En noviembre de 2021, por ejemplo, se produjo una explosión en la boca del Pozo 1 de la concesión petrolera y minera 29, en el río Santa Bárbara (5). Durante seis semanas se vertió petróleo crudo en el río y los manglares colindantes. La estimación oficial del volumen de petróleo crudo vertido al medioambiente fue de 3.000 barriles, pero los expertos estiman que el vertido fue de al menos 500.000 barriles de petróleo crudo (más de 79 millones de litros). El incidente dejó un rastro de mangles asfixiados y muertos, además de un ecosistema devastado en su conjunto. La enorme disparidad entre las cifras oficiales y las de expertos independientes en torno al volumen de petróleo crudo vertido al medioambiente plantea dudas sobre las responsabilidades y la rendición de cuentas, frente al manejo y la gestión de riesgos y otros asuntos graves que afectan a las comunidades vecinas de los campos petrolíferos.

El modo de gestión de los derrames también ha exacerbado los impactos ecológicos de la explotación petrolífera. Se han producido incendios forestales provocados por contratistas de las empresas petroleras que careciendo de la competencia necesaria para la limpieza de derrames de petróleo le prenden fuego al crudo vertido. Eso fue lo que ocurrió en marzo de 1998 en el bosque de Aleibiri, en el área del gobierno local de Ekeremor, en la jurisdicción estadual de Bayelsa, y asimismo en la comunidad de Foutorogbene, en agosto del mismo año, cuando unos contratistas de Shell prendieron fuego al bosque para ocultar así las pruebas de un gran derrame de petróleo. (6)

Otro factor que contribuye a la deforestación extensiva en el delta del Níger es el hurto de petróleo. Hay acuerdo general en que eso es algo que ocurre a gran escala industrial e incluye tanto crudo robado para exportación, así como algo de petróleo robado para refinación local artesanal. La refinación artesanal requiere la tala de grandes superficies de bosque y entraña el vertido incontrolado de petróleo al medioambiente. El hurto implica a veces romper clandestinamente un oleoducto y dejarlo que siga vertiendo crudo al medioambiente debido a un manejo indebido del equipamiento, hasta que alguien competente venga y lo repare.

Un estudio de teledetección titulado “Cartografía de los impactos del hurto de petróleo crudo y las refinerías ilegales sobre los manglares del delta del Níger en Nigeria mediante tecnología de teledetección”, reveló que la vegetación de manglares afectada por actividades asociadas al refinado ilegal o no autorizado de petróleo abarcaba una superficie aproximada de 37,6 km².

Ataque a los deltas

Desde las hace casi siete décadas que se descubrió petróleo en la región, cientos de miles de habitantes del delta del Níger han sufrido las consecuencias de su explotación. Dos incidentes de derrames de crudo e incendios y deforestación asociados merecen destacarse aquí: los de Goi y Bodo. Las comunidades afectadas demandaron exitosamente a Shell ante tribunales de Países Bajos y el Reino Unido por esos incidentes, y ganaron en ambos casos. 

En 2004, un derrame de petróleo en una instalación de Shell afectó a la comunidad de Goi, en Ogoniland, Nigeria. La comunidad y el bosque de mangles colindante se incendiaron, destruyendo todo el lugar. El impacto fue tan extremo que los residentes de Goi abandonaron sus hogares y evacuaron la comunidad. “Comíamos, bebíamos y respirábamos petróleo”, declaró entonces Eric Dooh a The Guardian. Casi 20 años después regresó para visitar la comunidad, que seguía desierta y la biodiversidad diezmada tras el derrame. (7)

La segunda comunidad es la de Bodo, también en Ogoniland. Un gran derrame de petróleo ocurrido allí en 2008 destruyó extensas áreas de bosques de mangle. Los derrames de petróleo destruyen las vidas de las comunidades afectadas. La contaminación del agua imposibilita la pesca, que es el principal medio de sustento de muchas de estas comunidades, les impide acceder a agua potable y, además, sus tierras quedan contaminadas, tornándolas a menudo inviables para la agricultura. (8)

Tanto en Goi como en Bodo, un cartel oficial advierte: “Aviso público, ¡PROHIBIDO PASAR! Zona contaminada, aléjese por favor” (ver foto).

La deforestación del delta del Níger ha ganado notoriedad más que nada por la contaminación petrolera y la quema de gas que la acompañan. Lo que ocurre en esta zona debería servir de advertencia para otras regiones donde el afán por petrodólares sigue dejando de lado el cuidado de las personas, los pueblos y el planeta. Esto resulta especialmente preocupante en África, donde parece haber un ataque coordinado contra sitios de patrimonio mundial y otras áreas protegidas. Algunos de los sitios en riesgo son el Parque Nacional de Virunga en la República Democrática del Congo, el delta del Okavango en Namibia y Botsuana, el delta del Saloum en Senegal —todos ellos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— y el Parque Nacional de las Cataratas de Murchison en Uganda. 

Pero la resistencia contra esta destrucción viene forjándose hace mucho tiempo. En un artículo publicado años atrás en el Boletín del WRM, Ken Saro-Wiwa, líder del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni (MOSOP), advirtió sobre el impacto duradero de la destrucción de Ogoniland a manos de empresas petroleras. Describió el medioambiente de su comunidad Ogoni, como “completamente devastado por tres décadas de explotación petrolera irresponsable, o de guerra ecológica desatada por Shell... Una guerra ecológica es sumamente letal, sobre todo porque no es convencional. Su efecto es omnicida. La vida humana, la flora, la fauna y el aire desfallecen a sus pies y, finalmente, la propia tierra muere”. Ken Saro-Wiwa fue asesinado ‘legalmente’ en la horca en noviembre de 1995. Su mensaje sigue siendo tan claro y contundente como siempre. (9)

La lucha por la reforestación y la recuperación de los bosques continúa, siendo las mujeres de la comunidad quienes la lideran creando y cuidando viveros de mangles y replantándolos en las zonas degradadas. A pesar de los enormes daños ocasionados a los bosques del delta del Níger, la gente no ha perdido la esperanza.


Nnimmo Bassey, Health of Mother Earth Foundation, Nigeria


Referencias:

(1) ScienceDirect, 2020. A Review of the Threat of Oil Exploitation to Mangrove Ecosystems: Insights from the Niger Delta, Nigeria.

(2) Environmental Rights Action (ERA) -The Human Ecosystem of the Niger Delta, 1998. Benin City.

(3) UNEP, 2011. Environmental Assessment of Ogoniland; BSOEC, 2023. An Environmental Genocide: Counting the human and environmental cost of oil in Bayelsa, Nigeria. 

(4) WRM, 2008. Petróleo, medioambiente y aspectos económicos del desastre.

(5) Wellhead Woes, 2021. Health of Mother Earth Foundation.

(6) ERA, FoEn, 2009. Knee Deep in Crude. Benin.

(7) The Guardian, 2022. The village that stood up to big oil – and won

(8)  BBC, Shell agrees $84m deal over Niger Delta oil spill

(9) WRM, 2002. Nigeria: dejada de la mano de Dios por el petróleo.

 
 

La ‘transición energética’ y la destrucción de los bosques en el sudeste asiático

Hoy se habla mucho de ‘energía’, pero tanto la palabra como el concepto son inventos relativamente nuevos. El concepto de ‘energía’ tal como lo conocemos hoy se creó hace apenas unos cientos de años. Los empresarios se dieron cuenta de que podían usar combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas para aumentar la productividad de sus máquinas, y así controlar mejor a su mano de obra y acumular capital. La riqueza de las personas más ricas del planeta está construida sobre el uso masivo de combustibles fósiles. Esta riqueza se ha generado a expensas de la destrucción social y ecológica. (1) 

La ‘transición energética’ no cuestiona esta concepción de la ‘energía’. Tampoco cuestiona la explotación estructural de los territorios y las personas, que es inseparable de este concepto de ‘energía’. La destrucción social y ecológica que enfrentan las comunidades que dependen de los bosques como resultado de proyectos energéticos continúa prácticamente de la misma forma en tiempos de ‘transición energética’, la cual ante todo ha generado más oportunidades de acumulación de capital a quienes se benefician del capitalismo a base de combustibles fósiles. De todas maneras, sus promotores la presentan como la forma de acceder a un futuro más limpio. Los inversionistas que se enriquecieron con los combustibles fósiles ahora también están invirtiendo su dinero en las oportunidades de negocio redituables que representa la nueva ola de proyectos energéticos. Esto también les ayuda a ‘limpiar’ su imagen (ver recuadro sobre Adaro a continuación). 

Asia se ha convertido en la región más intensiva del mundo en términos industriales y de energía.  Una nueva ola de proyectos energéticos vinculados a la ‘transición energética’ está provocando una deforestación masiva, en particular en el sudeste asiático. Sin pretender presentar un panorama completo, este artículo ofrece una idea general sobre cómo los proyectos de energía afectan y amenazan a los bosques y a los pueblos que dependen de ellos en el sudeste asiático.

Extracción de carbón

Indonesia es el país con los mayores niveles de extracción de carbón del sudeste asiático y el carbón es la principal fuente de generación de electricidad en la región. Desde 2020, la producción de carbón en Indonesia ha aumentado año tras año y en 2024 llegó a un nuevo récord de producción de 831 millones de toneladas métricas. (2) Esto por sí solo deja ver que la supuesta ‘transición energética’ es una mentira.
 
Los principales destinos de exportación son China e India. De allí, el carbón se integra a productos fabricados que se suministran al mundo industrializado, al igual que otros proyectos de energía orientados a la exportación que se mencionan más adelante. 

La minería de carbón también es un agente clave de la deforestación. La red indonesia contra la minería JATAM denunció en 2025 que en la provincia de Kalimantan Oriental la minería, particularmente la minería de carbón, era la principal causa de deforestación, responsable de la destrucción de 4,2 millones de hectáreas de bosques. (3) Las normativas provinciales obligan a las empresas mineras a restaurar las excavaciones mineras; sin embargo, la mayoría de ellas no cumplen con la obligación jurídica de reforestar. Según informes publicados en los medios, alrededor de 1700 minas fueron abandonadas antes de que se llevaran a cabo las tareas de restauración requeridas. (4)

Mientras que Indonesia es el mayor productor de carbón en el sudeste asiático, China e India son los principales productores de carbón en el mundo. De acuerdo con cifras oficiales, en los estados indios de Chhattisgarh, Jharkhand y Madhya Pradesh, los distritos ricos en bosques en los que existe la minería de carbón han perdido 51.900 hectáreas más que los distritos que no tienen minas de carbón. (5) 

Represas hidroeléctricas

A lo largo de los 5.000 kilómetros del río Mekong y sus afluentes, tres décadas de construcción de represas hidroeléctricas han tenido como resultado la destrucción de vastas áreas boscosas. Los intereses estatales y privados, en particular de China y Tailandia, aprovechan la ‘transición energética’ para impulsar y justificar la construcción de más represas. Las/os activistas advierten que se está dando una ‘batalla final’ para salvar el río Mekong y los recientes anuncios sobre la construcción de incluso más megarrepresas amenazan con devastar el río Mekong (6). 

En Indonesia, el gobierno tiene previsto usar la energía hidroeléctrica para aumentar la proporción de “energías renovables” en su matriz energética. Dos proyectos hidroeléctricos prioritarios ubicados en la provincia de Kalimantan del Norte amenazan una región boscosa que ONG conservacionistas como WWF denominan “el corazón de Borneo”: la central hidroeléctrica de Mentarang Induk de 1,3 gigavatios ya se está construyendo, mientras que la central hidroeléctrica de Kayan, de 9 gigavatios, aún se encuentra en etapa de planificación. (7) 


El caso de Adaro: ‘transición verde’, ‘maquillaje verde’ y deforestación

El grupo Adaro es una de las principales mineras de carbón de Indonesia. Sin embargo, en épocas de ‘transición energética’, Adaro se presenta como una empresa ‘verde’, incluso aunque en realidad está aumentando su propio historial de deforestación. El director ejecutivo y copropietario de Adaro, Garibaldi “Boy” Thohir, lidera un consorcio que está construyendo el Parque Industrial Verde KIHI en Kalimantan del Norte. El expresidente de Indonesia Jokowi lo denominó “la zona industrial verde más grande del mundo”, haciendo referencia a los paneles solares y las baterías de vehículos eléctricos que se producirán allí. Esto deja de lado la destrucción de las 30.000 hectáreas de tierras, incluidos bosques, que se necesitará para instalar el parque industrial. (8) Adaro también tiene participación en una de las industrias de KIHI: PT Kalimantan Aluminium Industry. La empresa tiene previsto procesar bauxita de Kalimantan Occidental, donde la minería de bauxita es un agente de deforestación. (9) Para garantizar la enorme demanda de electricidad que requiere la fundición de aluminio, Adaro se convirtió en copropietario del 50 por ciento del proyecto de represa hidroeléctrica de Mentarang, y a la misma vez construyó una central a carbón para satisfacer las necesidades energéticas de la fundición. (10) 


Minería de níquel

El níquel es crucial para la ‘transición energética’. Es un componente clave de las baterías de iones de litio que se usan para alimentar los vehículos eléctricos y las llamadas unidades de almacenamiento de energía renovable. En 2023, miles de habitantes de la isla de Halmahera en la provincia de Maluca del Norte, Indonesia, se enfrentaron a las fuerzas de seguridad cuando ocuparon las instalaciones de la empresa PT IWIP (Parque Industrial de Weda Bay), el epicentro de la industria del níquel en Indonesia. La población protestó contra la destrucción del área cárstica de Boki Marure, una zona boscosa que la comunidad ha estado protegiendo durante generaciones. (11)  

Indonesia alberga alrededor de la mitad de las reservas de níquel del mundo. Entre las varias comunidades afectadas se encuentra O’Hongana Manyawa, uno de los últimos pueblos nómades de Indonesia. O’Hongana Manyawa significa “pueblo del bosque”. Un integrante de la comunidad comentó que: “si la situación continúa, los bosques de Halmahera quedarán destruidos. Los árboles serán talados; los animales serán desplazados y morirán porque sus hogares han sido destruidos por completo. ¿Dónde viviremos entonces?” (12) Según un estudio, al año 2024 la industria del níquel en Indonesia había destruido al menos 75.000 hectáreas de bosques. (13)

Filipinas es el otro gran productor de níquel en el sudeste asiático. La Alianza para Frenar la Minería (Alyansa Tigil Mina) denuncia cómo la isla de Palawan, con sus extensas áreas boscosas que incluyen manglares se ha convertido en una de las principales zonas mineras de níquel, haciendo caso omiso de las leyes que protegen a los bosques y a las comunidades indígenas que le dicen que “NO” a la minería. (14) Según una persona de la comunidad: “Han afectado nuestra cultura, porque están destruyendo el medioambiente. Creemos que hay espíritus en las montañas y los espíritus están enojados por la destrucción de sus hogares, los árboles, el bosque”. (15)

En Santa Cruz, en la provincia de Zambales, están activas cuatro grandes empresas de níquel. Una persona de la comunidad dijo: “Antes de la minería de níquel, las montañas estaban repletas de árboles. Ganábamos nuestro sustento simplemente cultivando vegetales y tubérculos. La vida era buena en ese entonces”. Otra persona añadió: “Las empresas realmente están excavando la montaña y talando los árboles que nos protegen de las inundaciones. Ahora cuando llueve, se inunda”. (16)

La región de Caraga es el epicentro de la minería de níquel en Filipinas. Una pescadora dijo: “Antes, si había una tormenta, el agua del océano no penetraba en el sistema fluvial y los árboles frenaban el viento. La cubierta forestal era muy espesa y nos protegía de las tormentas. Ahora llegan grandes olas y las inundaciones son más severas. El agua baja de las minas y trae lodo, mientras que los vientos fuertes azotan la aldea”. Un pescador agregó: “El lodo envenena los manglares y algunos manglares han muerto. Intentan plantarlos nuevamente, pero no crecen”. (17) 

Minería de ‘tierras raras’

La minería de ‘tierras raras’ consiste en la extracción de 17 metales. Contrario a lo que el nombre sugiere, estos yacimientos no son raros, sino que se encuentran dispersos, lo que a su vez hace que su extracción sea costosa.  Como componentes de las turbinas eólicas y los vehículos eléctricos, estos elementos son cruciales para la ‘transición energética’. Myanmar es el principal país del sudeste asiático en términos de la minería de ‘tierras raras’, seguido por Tailandia, Vietnam y Malasia. Vietnam a su vez tiene las mayores reservas conocidas de la región. (18)

En el estado de Kachin, en el norte de Myanmar, el auge de la minería de ‘tierras raras’ ya está provocando graves impactos (ver artículo publicado en este boletín), como por ejemplo la deforestación de más de 30 mil hectáreas en el período entre 2018 y 2024. De acuerdo con un portavoz: “(También) hubo un aumento notorio de la deforestación desde aproximadamente el año 2018, con marcados aumentos particularmente alrededor de las zonas mineras debido a la construcción de carreteras, el desmonte de tierras para las actividades de extracción y la tala generalizada de árboles para obtener leña o para secar el lodo de las tierras raras”. (19) 

Bioenergía 

En Indonesia, distintas organizaciones advirtieron en 2021 que 10 millones de hectáreas de bosques estaban en peligro debido a la demanda de energía de biomasa leñosa por parte de Japón y Corea del Sur, así como Indonesia. Estos tres países tenían previsto aumentar el uso de pellets de madera para alimentar las centrales de energía a carbón. (20) Un informe de 2024 relativo a la deforestación para producir biomasa leñosa y establecer plantaciones de árboles para obtener ‘energía’ en Kalimantan, Sulawesi y Papúa deja ver un aumento alarmante de los volúmenes de exportación de la biomasa leñosa. (21) 

Las plantaciones industriales de palma aceitera producen la mercancía principal de Indonesia: el aceite de palma, que ha sido responsable de la deforestación de millones de hectáreas. El uso doméstico de biodiésel se ha vuelto el pretexto más reciente para su expansión.  Un aumento del 66 por ciento de la deforestación en 2025, en comparación con los datos de 2024, podría estar relacionado con la política del gobierno de ampliar el uso de biodiésel, mezclándolo en un 50 por ciento con el diésel convencional. Papúa Occidental es la nueva frontera de la expansión de la palma aceitera en Indonesia. (22) 


Papúa: la nueva frontera de la deforestación

Como resultado de la colonización, la isla de Papúa está dividida en una parte occidental controlada por Indonesia y el país de Papúa Nueva Guinea, en el lado oriental de la isla. Papúa alberga el área boscosa más grande y diversa que aún queda en el sudeste asiático y es el hogar de varios Pueblos Indígenas. Pero también se encuentra gravemente amenazada por los proyectos de energía. 

En Papúa Occidental, una táctica que usa el gobierno indonesio para destruir vastas áreas boscosas sin que la destrucción aparezca como “deforestación” en las estadísticas de monitoreo es reclasificar las áreas como “no boscosas”. Esta es una práctica común en particular cuando beneficia a las empresas de palma aceitera industrial. (23) Otra táctica consiste en intentar clasificar a las plantaciones de monocultivos de palma aceitera como bosques. Por ejemplo, el presidente argumentó que las plantaciones de palma aceitera son bosques porque “las palmas aceiteras son árboles (…) tienen hojas (…) No debemos tenerle miedo a poner en peligro… ¿cómo se llama? la deforestación, ¿no?” (24) 

El proyecto de deforestación más grande de Papúa Occidental y probablemente del mundo es el Proyecto Estratégico Nacional de Merauke. (25) 560.000 hectáreas de las más de 2 millones que el gobierno de Indonesia ha asignado al proyecto de Merauke se convertirían en plantaciones de caña de azúcar, entre otras cosas, para producir bioetanol. El gobierno tiene previsto imponer una mezcla obligatoria del 10 por ciento de etanol en la gasolina. (26) Otra amenaza peligrosa para los bosques de Papúa es lo que viene planificando desde hace varias décadas el gobierno de Indonesia para construir el complejo de represas hidroeléctricas del río Mamberano. Si se construye, se podría convertir en el complejo hidroeléctrico más grande del mundo, con el potencial de suministrar electricidad a varias megaindustrias en zonas económicas especiales. Esto sería una “sentencia de muerte” para el futuro de los bosques y los Pueblos Indígenas de Papúa. 

En la provincia del Golfo en Papúa Nueva Guinea, la petrolera francesa TotalEnergies tiene previsto construir un megaproyecto de gas fósil licuado que incluye pozos de producción, un gasoducto y plantas de procesamiento. (27) El gobierno también planea ampliar las plantaciones industriales de palma aceitera hasta en 1,5 millones de hectáreas para el año 2030, junto con la construcción de fábricas para la producción de biodiésel. (28)


Minería geotérmica

En Indonesia, bosques sin fragmentar y jurídicamente protegidos se han puesto a disposición para la minería geotérmica. Una ley aprobada en 2014 considera que la minería geotérmica no es una “actividad minera”. Varias comunidades que dependen de los bosques en el archipiélago están ahora luchando contra las empresas mineras que realizan perforaciones en busca de posibles minas dentro de áreas de bosques primarios, por ejemplo en la isla de Flores. (29)

La conservación de bosques que provoca más deforestación

Los planes de conservación de bosques de los gobiernos del sudeste asiático se basan cada vez más en el comercio y la compensación de carbono, lo que convierte a la protección de bosques en una oportunidad más de negocio. Cuando dichos planes se ponen en práctica, quienes están detrás de ellos tienden a culpar a las comunidades que dependen de los bosques por la deforestación. En contraposición, los agentes de la deforestación a gran escala, como aquellos que se describen en este artículo, son muy pocas veces mencionados, y cuando sí se los menciona, se describen como un acontecimiento desafortunado. Las restricciones no se centran en esta destrucción a gran escala que tiene como fin obtener energía, sino en las actividades agrícolas y de sustento tradicionales de las comunidades campesinas y que dependen de los bosques. 

Entre los años 2019 y 2024 se implementó en Indonesia uno de los primeros programas de REDD jurisdiccional, en la provincia de Kalimantan Oriental. Por un lado, el programa, que contó con el apoyo del Banco Mundial, no restringió las actividades de las plantaciones industriales de palma aceitera, ni de los sectores de tala y minería. (30) Por otro lado, las comunidades indígenas que han cuidado el bosque del que dependen, han enfrentado fuertes restricciones. La comunidad indígena Dayak Bahau de Long Sun, por ejemplo, ha estado luchando por el reconocimiento de sus derechos ancestrales sobre las tierras y bosques de los que dependen. Han denunciado las restricciones impuestas en su contra como parte del programa de REDD jurisdiccional, debido al cual han perdido acceso al bosque del que particularmente dependen las mujeres. También se les prohibió usar el fuego para preparar los campos para la siembra en el bosque y talar árboles para obtener material de construcción. Una de las mujeres de la aldea explica que su comunidad ha desarrollado procesos y prácticas a lo largo de cientos de años y que no destruyen el bosque. Cuando se quema la tierra, se llevan a cabo rituales especiales para que el fuego no se propague. Ella dice: “Creo que quienes mejor cuidan el bosque son las comunidades indígenas”. (31)

Comentarios finales

Este artículo describe la conexión que existe entre los proyectos de energía y la deforestación en el sudeste asiático. Si bien no es exhaustivo, muestra la magnitud de la destrucción provocada por la deforestación masiva que generan dichos proyectos de energía, ya sean relacionados con la energía fósil o la tal llamada ‘limpia’. Demuestra además cómo la ‘transición energética’ está muy lejos de construir un futuro ‘más limpio’.
 
Cada vez más entrelazada con esta tendencia de la ‘transición energética’ encontramos a la creciente conservación militarizada que se da en el sudeste asiático a través de políticas y planes gubernamentales; las metas del Convenio de la ONU sobre Diversidad Biológica (CDB) como la meta de conservación 30x30 que consiste en proteger el 30 por ciento de la tierra para antes del año 2030 en las áreas protegidas; y las iniciativas de las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” del sector privado. Por lo tanto, debatir acerca de qué se trata realmente la energía y la transición energética es fundamental y urgente. 

Ante la creciente presión impuesta sobre los territorios de los pueblos, fortalecer el apoyo para las comunidades que enfrentan todos estos proyectos y amenazas es igualmente urgente. No sólo para fortalecer las luchas en defensa de sus territorios y bosques, sino también para construir alianzas y movimientos más fuertes en la región con el fin de oponer resistencia. 

Secretariado Internacional de WRM

 

Referencias:
    (1) WRM, 2025. La raíz del problema: hay que hablar de energía
    (2) Wikipedia. Países por producción de carbón
    (3) KOMPAS.TV, 2025. Deforestasi Tambang di Kaltim Capai 4 Juta Hektare, JATAM Soroti Dampak Lingkungan
    (4) Mongabay, 2025. Indonesian civil society urges probe after payout for mine recovery that never happened
    (5) WRM, 2019. India: dinero de la minería, la deforestación y la conservación
    (6) WRM, 2022. “Comercio de energía o nuestra vida”: la lucha contra las represas en la corriente principal del río Mekong
    (7) Nugal Ecologica Indonesia y WRM, 2026. La represa hidroeléctrica de Mentarang-Kalimantan en Indonesia: ¿Electricidad para quién?
    (8) WRM, 2023. El Parque Industrial KIPI revela el lado destructivo de la transición “verde” de Indonesia.
    (9) Mighty Earth, 2024. The impact of the Bauxite boom on people and planet
    (10) Tanto las represas hidroeléctricas de Mentarang y Kayak proporcionarán energía para la nueva capital de Indonesia IKN en Kalimantan Oriental, una supuesta ciudad “inteligente, verde y forestal”. Ver: WRM, 2023. Nuevas ciudades capitales, deforestación y apartheid social: Paralelos entre Brasil e Indonesia.
    (11) WRM, 2023. Indonesia: Protests against mining for electric vehicles
    (12) IWGIA, 2025. Nickel for Electric Vehicles threatens key forests and the last nomadic tribes in Indonesia
    (13) Mighty Earth, 2024. From forests to electric vehicles
    (14) Alyansa Tigil Mina, 2026. UnderMiningRights: mining-induced human rights violations and environmental destruction
    (15) Aministía Internacional, 2025 Philippines: What do we get in return? How the Philippines nickel boom harms human rights
    (16) Ibid
    (17) CRI, 2025. “Broken Promises” Philippines Nickel Mining Causes Rights Abuses and Increases Climate Vulnerability
    (18) Eco-business, 2025. Southeast Asia’s potential role in rare earth elements diversification
    (19) Mongabay, 2025. Satellite data show burst of deforestation in Myanmar rare earth mining hotspots https://news.mongabay.com/2025/09/satellite-data-show-burst-of-deforestation-in-myanmar-rare-earth-mining-hotspots/ 
    (20) FWI, 2024. Report: Wood Energy Boom Threatens Southeast Asian Forests and Communities
    (21) Mongabay, 2024. Indonesian forests put at risk by South Korean and Japanese biomass subsidies
    (22) Mongabay, 2026. Indonesia’s deforestation surges 66% in 2025, reversing years of decline
    (23) WRM, 2020. Indonesia: REDD+, el financiamiento europeo para el desarrollo y la ‘economía baja en carbono’
    (24) Mongabay, 2026. Indigenous communities oppose Papua forest rezoning for palm oil
    (25) WRM. Indonesia: ¡Paren el Proyecto Estratégico Nacional Merauke!
    (26) Greenpeace, 2025. Sweet Promises, Bitter Reality: Inside the Merauke Sugarcane Project
    (27) Total Energies. The Papua LNG project
    (28) Global Witness, 2021. The true price of palm oil  
    (29) Mongabay, 2026. Indonesia’s deforestation surges 66% in 2025, reversing years of decline
    (30) WRM, 2024. Cómo REDD jurisdiccional en Indonesia amenaza los bosques y beneficia a las ONG: el caso de Kalimantan Oriental
    (31) Mongabay, 2025. Tolak Proyek Karbon, Masyarakat Long Isun Surati Bank Dunia


 

Brasil: el impulso a los combustibles fósiles y la amenaza de un nuevo gasoducto en la Amazonía

Una de las acciones del gobierno de Brasil para avanzar hacia la supuesta ‘transición energética’ puede parecer una ironía, pero no lo es: aumentar el uso de un combustible fósil, el gas ‘natural’. Como pilar estratégico de esa ‘transición’, la Empresa de Investigación Energética (EPE), vinculada al gobierno federal, propone duplicar la producción de gas en el país para 2034 e invertir hasta 140.000 millones de reales (27.600 millones de dólares estadunidenses) en proyectos de infraestructura para el sector. (1) Entre esos proyectos se encuentran 27 gasoductos de transporte que conectan algunos estados del país. Uno de ellos llama la atención por su extensión y ubicación; la mayor parte de su recorrido atravesaría la Amazonía. El gasoducto, que podría conectar el municipio de Santo Antônio dos Lopes, en el estado de Maranhão, con el de Barcarena, en el estado de Pará, tendría una extensión de 677 kilómetros y convertiría cientos de kilómetros de bosque amazónico primario en una obra de gran envergadura, con graves impactos para muchas comunidades que viven en los alrededores por donde se instalarían estas infraestructuras.

A nivel mundial, Brasil es un actor secundario en el sector del gas: en 2024 ocupaba el puesto 29.º en el ranking de países productores de esta fuente fósil. (2) Pero entonces, ¿por qué un país que se jacta de que el 50 por ciento de su matriz energética proviene de renovables quiere invertir aún más en un combustible fósil como parte de su transición energética? (3)

Como era de esperar, el lobby de este sector es poderoso y son muchas las empresas que pueden beneficiarse de este boom. En Brasil, parte de la exploración, el procesamiento y el transporte del gas fueron privatizados en los últimos años y las empresas privadas ya dominan una parte significativa de toda la cadena del gas, entre las que destaca Eneva, la mayor operadora privada de gas del país. (4) Si bien esta situación está marcada por disputas entre diferentes grupos económicos, hay algo que une a todos ellos y al propio gobierno: el discurso sobre el papel clave del gas 'natural' como 'combustible de transición'.

Que lleve la palabra 'natural' en su nombre resulta útil, ya que sirve como un disfraz para ocultar que este gas también es un combustible fósil y, seamos justos, tan natural como el propio petróleo. De hecho, en la mayoría de los casos, ambos se encuentran en los mismos yacimientos y se extraen juntos. (5) Pero, como combustible fósil que es, su combustión está entre las principales causas del calentamiento global. La idea de 'transición energética', aunque esté presente en el discurso de los representantes del sector de los combustibles fósiles, es algo que no existe –y ellos lo saben. (6) El propio director ejecutivo de Eneva lo afirmó en una entrevista: “El mundo nunca ha tenido una verdadera transición energética, sino adiciones energéticas”. (7) Sin embargo, acto seguido, refuerza la importancia del gas para esa supuesta transición que, como él mismo reconoce, no ocurrirá.

Como siempre, quienes pagarían el precio de la expansión de esta fuente de energía fósil serían las comunidades que resulten afectadas por la construcción de los gasoductos, por el aumento de las áreas de extracción de gas y por el impulso que este combustible dé a la industrialización. Una mirada general al proyecto del gasoducto que podría construirse en la Amazonia ofrece pistas sobre algunos de los principales actores privados interesados en el boom del mercado del gas en Brasil y sobre los impactos que este proyecto podría desencadenar.

El gasoducto Santo Antônio dos Lopes-Barcarena: un bosque y muchos pueblos en el camino

Se han presentado distintas propuestas de trazado para el gasoducto proyectado para conectar el municipio de Santo Antônio dos Lopes, en el estado de Maranhão, con el de Barcarena, en el estado de Pará. La más reciente forma parte del Plan Indicativo de Gasoductos de Transporte (PIG), publicado por la Empresa de Investigación Energética. (8) Este documento es una pieza clave para atraer y orientar las inversiones multimillonarias previstas en infraestructura para dicho sector.

Según el documento, el gasoducto tendrá una extensión de 677 km y su instalación requerirá una franja de 20 metros de ancho. En Maranhão, la ruta atraviesa una región de transición entre tres biomas, la Amazonía, el Cerrado y la Caatinga. A medida que avanza hacia Pará, la vegetación va adquiriendo características propias del bosque amazónico, bioma predominante en el trazado propuesto. El gasoducto está proyectado en una región con unidades de conservación, vegetación nativa, zonas inundables y tierras indígenas, entre ellas, los territorios indígenas Alto Río Guamá, Alto Turiaçu, Awá y Caru.

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2 – FIGURA A: Most recent proposed route for the gas pipeline, submitted by EPE in 2020  
Última propuesta de trazado para el gasoducto, presentada por EPE en 2020 

En el 98 por ciento de ese tramo sería necesario construir una nueva ruta, es decir, abrir terreno para instalar las tuberías. Aproximadamente 264 km de esa nueva ruta estarían en una zona de selva amazónica intacta. El único gasoducto de proporciones similares que ya se ha construido en la Amazonía conecta los municipios de Urucu y Coari con la capital del estado de Amazonas, Manaus. La construcción de ese gasoducto puso de manifiesto algunos de los impactos que podrían repetirse ahora. Decenas de representantes de las comunidades afectadas denunciaron la falta de transparencia en el proceso previo a la obra, así como el rastro de destrucción que dejó. (9) Se crearon al menos 32 claros y se construyeron carreteras paralelas para facilitar la obra en los bosques cerrados; el movimiento de maquinaria pesada bloqueó fuentes de agua potable que utilizaban las comunidades; se obstruyeron afluentes, lo que provocó una reducción drástica de la cantidad de peces, entre otros daños. Además, se produjo un aumento considerable de la población en las ciudades de la región impulsado por la obra y se produjeron fugas en ese gasoducto. La población local no se benefició del proyecto, sino que solo sufrió sus impactos. Para muchas comunidades, esos impactos socioambientales supusieron la pérdida de sus modos de vida tradicionales, con traumas colectivos e individuales difíciles de superar. 

En cuanto al 2 por ciento restante del trazado del nuevo gasoducto, equivalente a 13 km, este discurriría por el mismo lugar por donde actualmente discurre el mineroducto de la empresa  noruega Norsk Hydro, en el estado de Pará. En un manifiesto publicado en 2024 contra la expansión de esa infraestructura, las comunidades indígenas, ribereñas y quilombolas del Valle del Acará denunciaron los daños generados: cientos de árboles arrancados; al menos 20 arroyos aterrados por las “gigantescas retroexcavadoras de Hydro”; la presencia ostensible de fuerzas policiales para proteger y garantizar el proyecto; la instalación de líneas de transmisión de energía para abastecer las estructuras del mineroducto; la contaminación y la escasez de agua; además de la criminalización de los líderes que se oponen al proyecto. En el manifiesto, las comunidades de la región se preguntaban: “¿Por qué tenemos que pagar con nuestras vidas, con nuestra cultura y con nuestra biodiversidad por algo que solo sirve para enriquecer a extranjeros y a los socios de una empresa que está al otro lado del mundo?”. (10)

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3- FIGURA B: Construction of Hydro's slurry pipeline for transporting bauxite in the Brazilian Amazon (Photo: IRQ Movement)
Obras del mineroducto de Hydro para transportar bauxita en la Amazonía brasileña (Foto: Movimiento IRQ)

En el municipio de Moju (Pará), el trazado más reciente previsto para el gasoducto pasa a menos de 3 km de cuatro territorios quilombolas. (11) Sin embargo, desde que se presentó el proyecto, se han reconocido otras comunidades quilombolas, por lo que esa cifra podría ser aún mayor y no puede descartarse que el trazado termine atravesando el interior de algunos de esos territorios.

Además, en la región donde se ubicaría el proyecto hay al menos 11 proyectos de asentamientos rurales que serían atravesados por el gasoducto. (12) Las repercusiones no son menores. Los agricultores cuyas tierras fueron utilizadas por el gasoducto Urucu-Coari-Manaus, por ejemplo, tuvieron que ceder una franja de 50 metros de ancho en sus terrenos. A cambio, recibieron una indemnización irrisoria (algunas no llegaron a 10 000 reales [unos 2 mil dólares] en 2006) y se les prohibió, entre otras cosas, llevar a cabo sus prácticas agrícolas tradicionales que utilizan el fuego, debido al riesgo de explosión. (13) “Hoy en día, para nosotros, es un riesgo muy grande porque estamos rodeados [por los ductos]. Si pasa algo, nadie se salvará. Ya nadie puede prender fuego a nada allí. Esto nos ha perjudicado mucho. Antes plantábamos maíz, plantábamos malva, hoy ya nadie puede hacerlo porque lo hacíamos con roza y quema”, se lamenta uno de esos agricultores para quienes el miedo se ha convertido en parte de la vida cotidiana. (14) 

¿Pero en qué fase se encuentra el proyecto?

El gasoducto Santo Antônio dos Lopes-Barcarena figura en el Plan Indicativo de Gasoductos de Transporte (PIG) como “en proceso de obtención de permisos”. (15) Según este documento, se le asigna ese estatus por tener un trazado similar al del Gasoducto de Pará, un antiguo proyecto que ya había iniciado anteriormente el proceso de regularización. El Gasoducto de Pará, propuesto por una empresa del holding Termogás, llegó a obtener la autorización de construcción por parte del organismo federal responsable. En 2007, se encontraba en proceso de obtención de la licencia ambiental, pero dicho proceso no avanzó. (16) En ese momento, el lobby a favor del proyecto del no fue suficiente para que saliera del papel.

El holding Termogás pertenece a Carlos Suárez, conocido como el “Rey del Gas”, quien es uno de los principales lobistas detrás de la construcción de gasoductos en el país. (17) También forman parte de su holding Gasmar y Gás do Pará, empresas de distribución de gas de los estados de Maranhão y Pará, respectivamente, que quedarían conectadas por el gasoducto. En los últimos dos años, debido al aumento de proyectos relacionados con la expansión del gas, ambos estados han promulgado leyes controvertidas que otorgan el monopolio de la distribución de gas a las empresas del “Rey del Gas”, de las que los gobiernos estatales también son accionistas.

Dado que los impactos de una obra de semejante magnitud no se limitan a la construcción de los ductos, conviene tener también en cuenta las consecuencias que podría desencadenar en los extremos del trazado.

Extremo de Santo Antônio dos Lopes, en el estado de Maranhão

El municipio de Santo Antônio dos Lopes se encuentra en la cuenca del Parnaíba, la segunda cuenca terrestre de gas 'natural' más grande de Brasil, lo que ha representado una carga para muchas comunidades de los alrededores. Desde 2013, con las primeras instalaciones de las centrales térmicas de Eneva, por ejemplo, la comunidad tradicional de Demanda fue desalojada de su territorio; se talaron 6 mil palmeras de babaçu; se impidió a las recolectoras de coco de esas comunidades tradicionales mantener su modo de vida y acceder a los bosques de babaçu y a los arroyos de zonas que fueron privatizadas, y se impidió a varios agricultores trabajar en sus tierras por el riesgo de provocar explosiones. (18)

Impactos como estos podrían agravarse con la construcción del gasoducto previsto, ya que ello implicaría una mayor extracción de gas. Además del gasoducto hasta Barcarena, el Plan Indicativo de Gasoductos de Transporte prevé otros tres gasoductos, uno de los cuales tiene su extremo en Santo Antônio dos Lopes. (19) La empresa que domina la exploración y la producción de gas en la cuenca del Parnaíba es Eneva, cuyo principal accionista es el banco BTG. Eneva posee los derechos de concesión de 15 bloques en la cuenca que, en conjunto, suman una superficie superior a 3 millones de hectáreas.

Actualmente, la mayor parte del gas extraído en la cuenca del Parnaíba se utiliza para abastecer al Complejo Termeléctrico Parnaíba, propiedad de la propia Eneva. El excedente se transporta en camiones principalmente a la fábrica de celulosa de Suzano, en el municipio de Imperatriz (20), y a la Unidad de Peletización de Vale, en São Luís, capital del estado de Maranhão. Eneva también está invirtiendo en la creación de lo que denomina un ‘corredor verde’ para abastecer de gas a los camiones del sector agroindustrial de la región de Matopiba (que abarca los estados de Maranhão, Tocantins, Piauí y Bahía).

También hay que tener en cuenta, como uno de sus impactos, el estímulo que el gas proporciona a empresas como las mencionadas. Además de proveerles energía, el gas les permite incluir en sus informes la tan valorada “responsabilidad ambiental” ante el mercado consumidor, simplemente porque es menos contaminante que otros combustibles fósiles. 

Suzano, una de las mayores empresas de celulosa del mundo y sobre la que pesan numerosas denuncias de deforestación y violación de los derechos de las comunidades a las que usurpa territorios para plantar eucalipto, cuenta con el gas como un aliado más para presentarse como una empresa “positiva para el clima”. (21) El gigante minero Vale, cuyas minas abren gigantescos claros en medio de zonas boscosas y cuya ruptura de las presas de relaves en los municipios de Mariana y Brumadinho sigue generando un rastro de muertes y daños socioambientales sin precedentes, utiliza este gas para anunciar que está más cerca de su meta de ‘carbono cero’. A su vez, el sector agroindustrial de Matopiba, que ha fomentado la concentración de la propiedad de la tierra, la deforestación del Cerrado y los conflictos por la tierra, podrá vender sus commodities en el extranjero argumentando una “reducción de la huella de carbono”, simplemente porque los camiones que transportan sus granos funcionan con gas. 

También vale la pena añadir a estos ejemplos de greenwashing uno de los mayores proyectos del mundo de compensación de carbono mediante la ‘reforestación’, impulsado por el mayor accionista de Eneva, el banco BTG. A través de áreas de ‘reforestación’ –a menudo de eucaliptos –venden créditos de carbono para que las grandes multinacionales puedan seguir contaminando y presentarse como ‘neutras en carbono’. (22)

Dado que el gas extraído de la cuenca del Parnaíba ya se consume casi en su totalidad para las actividades mencionadas, la construcción del gasoducto que conectaría Santo Antônio dos Lopes con Barcarena dependería, en parte, de que se demostrara que la ‘probable’ reserva de gas se encuentra realmente allí. Para ello, hasta 2028, Eneva pretendía explorar los yacimientos de gas en 11 bloques, 5 de ellos aún este año 2026. (23) Y este es otro proceso que ya acumula una serie de infracciones. Algunos de esos bloques para los que Eneva obtuvo autorización para perforar se superponen a al menos cinco territorios quilombolas y, uno de ellos, a más del 75 por ciento del Territorio Indígena Krenyê. (24) Recientemente, tras una acción del Ministerio Público Federal, Eneva renunció a parte de esos bloques. (25)

Sin que se haya comprobado la existencia de la reserva y sin un excedente significativo de gas, la idea inicial del gasoducto para transportar gas desde la cuenca del Parnaíba hasta Barcarena estuvo a punto de ser archivada por el gobierno. Sin embargo, la inauguración de una terminal de importación de gas ‘natural’ licuado (GNL) en Barcarena cambió esa perspectiva. El gasoducto pasó a diseñarse como bidireccional y el gas –que también podría enviarse desde Barcarena a la región de las centrales térmicas de Eneva– podría servir como medida de seguridad para garantizar su funcionamiento. Esto mantuvo vigente la propuesta del gasoducto, que sigue incluida en el Plan Indicativo de Gasoductos de Transporte más reciente, publicado en 2025.

Extremo de Barcarena, en el estado de Pará

El municipio de Barcarena, ubicado en pleno bosque amazónico, se ha convertido en un polo industrial clave para la expansión del gas en la región norte del país. La inauguración, en 2024, de la primera terminal de regasificación de GNL de la región fue recibida con gran entusiasmo por los gobiernos locales y federales, que anunciaron una “nueva era energética”, “más limpia y sostenible”. (26)

La terminal pertenece a la empresa estadounidense New Fortress Energy (NFE) y recibe buques con gas licuado importado para regasificarlo. Actualmente, este gas tiene dos destinos principales: la central térmica Novo Tempo y Alunorte. La central Novo Tempo es propiedad de la propia NFE, pero será operada por su filial Celba. Instalada en Barcarena, su inauguración está prevista para 2026.

En cuanto a Alunorte –la mayor refinería de alúmina del mundo fuera de China– es una filial de la multinacional noruega Hydro y utiliza el mismo mineroducto denunciado por los pueblos del Valle del Acará. La refinación de la alúmina, materia prima del aluminio, es una actividad industrial que consume mucha energía. Al sustituir parte del combustible líquido que utiliza Alunorte por gas, (27) Hydro puede cobrar más caro en el mercado internacional por su ‘alúmina y aluminio de bajo carbono’ y promocionar su supuesto ‘aluminio verde’. (28) Todo ello a pesar del papel de Alunorte en diversos conflictos con comunidades tradicionales debido a los graves impactos socioambientales que provocan sus actividades. Un ejemplo de ello son los frecuentes vertidos de “lodo rojo” –un residuo extremadamente tóxico– de la empresa, sin mencionar los impactos causados por otras filiales de Hydro en la región. (29)

Además del gasoducto previsto para conectar Barcarena con Santo Antônio dos Lopes, existe otro gasoducto planeado para conectar este municipio de Pará con la capital del estado, Belém. Promover aún más estos proyectos de gas ‘natural’ no es más que dar un nuevo impulso a un sector industrial depredador para que siga avanzando y pueda seguir lavando su imagen mediante el greenwashing.

Hay que estar vigilantes

El gasoducto Santo Antônio dos Lopes-Barcarena sigue siendo una propuesta preliminar, pero los intereses que mueven al sector del gas 'natural' en Brasil pueden reactivarlo en cualquier momento bajo la bandera de la ‘transición energética’. Es importante tener en cuenta que muchos de los grandes proyectos de ‘desarrollo’ previstos para la Amazonía permanecieron en suspenso durante décadas hasta su ejecución. Fue así, por ejemplo, con la central hidroeléctrica de Belo Monte (30), con la carretera BR-319 y el propio gasoducto Urucu-Coari-Manaus (31).

Ante el panorama de expansión del sector del gas, hay que estar vigilantes ante los próximos pasos que den, porque, por lo general, los principales afectados por proyectos como estos son los últimos en enterarse. Al fin y al cabo, como dijeron acertadamente los pueblos del Valle del Acará en el manifiesto contra el mineroducto de Hydro: “Como en toda invasión, no sabemos con certeza qué vienen a hacer ni los daños que nos van a causar. Nadie nos informó siquiera cuántos árboles serían arrancados para permitir que las tuberías violaran nuestro suelo ancestral".

Secretariado Internacional del WRM


Referencias
    (1) EPE, 2024. EPE, 2024. Plan Decenal de Expansión Energética (en portugués).
    (2) Energy Institute Statistical Review of World Energy 2025.
    (3) MME, 2025. La participación de Brasil en las energías renovables es cuatro veces superior a la media mundial, según un estudio (en portugués)
    (4) La mayor parte del gas 'natural' en Brasil sigue bajo el control de Petrobras, una empresa estatal mixta dirigida por el gobierno federal, que es responsable de las mayores reservas en el mar (offshore) —los pozos del presal— y en tierra (onshore) —el yacimiento de Urucu—. Pero el sector privado cada vez tiene más presencia en la exploración de gas, sobre todo en pozos terrestres, con Eneva como líder destacado del sector: según informes de la empresa, posee el 42 por ciento de las reservas terrestres del país y el 67 por ciento de las concesiones exploratorias onshore, y opera 14 yacimientos en cuencas como las de Parnaíba y Amazonas. En cuanto al sector del transporte de gas, privatizado durante los gobiernos de los presidentes Temer (2016-2018) y Bolsonaro (2019-2022), actualmente es mayoritariamente privado y cuenta con una gran participación de capital extranjero, sobre todo canadiense y francés. La mayoría de las terminales de regasificación de gas natural licuado (GNL) también pertenecen a empresas privadas. Para más información, véase: Eneva, 2025. Balance anual 2024 (en portugués).
    (5) En 2024: “Del total de gas natural producido en Brasil (marítimo y terrestre), el 91,1 por ciento (140 Mm³/día) se obtuvo de los pozos del presal”, es decir, se extrajo de forma asociada al petróleo y la reinyección del gas se utilizó principalmente “en la producción de petróleo, para obtener fracciones económicamente más interesantes del producto, en detrimento del gas natural, que tiene menor valor comercial”.  EPE, 2024. Plan Decenal de Expansión Energética (en portugués.)
    (6) En un documento, la OPEP, la mayor organización del sector petrolero, afirma: (...) “the history of energy is one of additions, not subtractions. Indeed, the reality today is that the world consumes more wood, oil, coal, gas, in fact, all energies, than ever before. Moreover, energies tend to complement each other – the rise of coal saw the world use more wood; the rise of oil saw the world use more coal; and renewables and electric vehicles require a host of oil products for their development and use”. OPEP, 2025. World Oil Outlook  
    (7) Agência Eixos, 2024. Interview with CEO - Lino Cançado, Eneva | Gas Week 2024
    (8)     (8) El gasoducto Santo Antônio dos Lopes-Barcarena se presentó con más detalle en el PIG 2020, pero se mantuvo incluido en el PIG más reciente, publicado en 2025.  EPE, 2020. PIG 2020EPE, 2025. PIG 2024
    (9) Fiocruz, Mapa de Conflitos.  AM – Los gasoductos podrían traer destrucción a una región bien conservada de Amazonas (en portugués) 
    (10) Alma Preta, 2024.  Una movilización indígena impide que la policía permita la construcción de una obra multinacional en un territorio quilombola (en portugués)
    (11) Según el PIG, el gasoducto pasará a 60 metros de los Territorios Quilombolas de São Sebastião; a 250 metros de Centro Ouro, Nossa Senhora das Graças; a 2,8 km de Santa Maria do Traquateua; y a 3 km de Santa Luzia do Tracuateua.
    (12) A continuación, los que se mencionan en el PIG 2020: Alto Boa Vista (Itinga do Maranhão/MA); Passo Livre (Bom Jardim/MA); Rosa Saraiva, Santa Inácia y Faisa (Santa Luzia/MA); Triângulo de Prata (Buriticupu/MA); Mapisa, Raimundo Panelada/Simasa, São Francisco/Boa Viagem (Bom Jesus das Selvas/MA); Floresta Gurupi (Ulianópolis/PA) y Diamantina II (Ipixuna do Pará/PA)
    (13) USP, 2011. Gasoduto Urucu-Coari-Manaus: Impacto Ambiental e Socioeconômico no Município de Manacapuru-AM
    (14) UFAM, 2018. Atingidos pelo Gasoduto Coari-Manaus: o (re) significado com o lugar
    (15) Para dicha clasificación, se tienen en cuenta “los procesos de concesión de permisos ambientales de proyectos similares, que comparten tramos o la totalidad de la franja de servidumbre y ya han expirado”, según el PIG.  
    (16) ANP, 2011. PProceso de Concesión de Gasoductos (en portugués). Proceso de autorización ambiental (n.º 02001.000454/07-64) que se presentó ante el IBAMA el 20 de diciembre de 2007.
    (17) Valor, 2022. Valor, 2022. Carlos Suárez, empresario vinculado a Rodolfo Landim y Adriano Pires, realiza inversiones en energía y gas (en portugués) 
    (18) ABA, 2017. Gás Fumaça e Zoada - laudo antropológico sobre impactos das usinas termoelétricas do Complexo Parnaíba para populações tradicionais.
    (19)  Dos de ellos son el gasoducto Santo Antônio dos Lopes (MA) – Caucaia (CE) y el gasoducto Santo Antônio dos Lopes (MA) – São Luís (MA), ambos derivados del antiguo proyecto del gasoducto Meio-Norte, de TMN Transportadora S.A., otra empresa del holding de Termogás. El proyecto Meio-Norte ya obtuvo la Autorización de Construcción n.º 360 de la ANP en diciembre de 2006 y recibió la Licencia de Instalación (LI n.º 405/2006) del IBAMA ese mismo año. En 2010, TMN solicitó la renovación de esta licencia ambiental. Y el tercero es el gasoducto Santo Antônio dos Lopes/MA – Imperatriz/MA. 
    (20) Eneva, 2022. Eneva y Suzano firman el primer contrato de suministro de GNL en Brasil de un productor directamente a un cliente industrial (en portugués) 
    (21) WRM, 2023.  What you need to know about Suzano Papel e Celulose 
    (22) WRM, 2024. WRM, 2024. Plantaciones de árboles para el mercado de carbono. ¿Por qué, cómo y dónde se expanden?
    (23) Eneva, 2025. Perspectivas para la producción, el transporte y la distribución de gas natural en Amazonas (en portugués) 
    (24) InfoAmazonia, 2026. Eneva cuenta con autorización para perforar el único bloque de gas activo en territorio indígena de la Amazonia Legal (en portugués)
    (25)  InfoAmazonia, 2026. Eneva devuelve tres bloques de gas que afectaban a tierras indígenas y quilombolas en Maranhão (en portugués) 
    (26)  Agência Pública, 2024. "Una bomba a punto de estallar": Barcarena, en Pará, se convierte en un nuevo centro de producción de gas natural (en portugués) (1)    Además de esta terminal de GNL de NFE, hay otra terminal de GNL que Termogás planea construir en Barcarena, pero que actualmente se enfrenta a trabas legales en su proceso de obtención del permiso ambiental.
    (27) En 2021, Hydro firmó un acuerdo de suministro con NFE por 15 años para consumir alrededor de 1 millón de galones de GNL al día, que se destinarían exclusivamente a la refinería de Alunorte. Este contrato fue fundamental para garantizar la construcción de la terminal. Para más información, véase: Businesswire, 2021. NFE and Hydro Finalize Definitive Commercial Terms for Natural Gas Supply to the Alunorte Alumina Refinery in the State of Pará, Brazil.
    (28)  Hydro, 2026. Integrated Annual Report 2025
    (29) Observatório da Mineração, 2025.  Observatório da Mineração, 2025.  La gigante noruega Norsk Hydro refuerza su discurso sobre el "aluminio verde" en sus acciones relacionadas con la COP 30 e ignora los impactos socioambientales en el estado de Pará (en portugués)  y WRM, 2019. Brasil: La represa de residuos de la minera de alúmina Hydro Alunorte. ¿Un desastre anunciado?
    (30) WRM, 2019. Brasil: La lucha de los Pueblos Xinguara en la Amazonía
    (31) WRM, 2019. La reserva de gas y los gasoductos de Urucu amenazan zonas inalteradas de la selva amazónica brasileña (en portugués)
    (32) Amazon Watch, 2001. A Reserva de Gás e Gasodutos de Urucu Ameaça Áreas Intactas da Floresta Amazônica Brasileira