El delta del Níger, en Nigeria, es rico en hidrocarburos, y la primera perforación de un pozo de petróleo comercialmente viable se realizó allí en 1956. Esa región alberga las segundas reservas de petróleo más grandes de África, y la economía de Nigeria depende en gran medida de esta industria. Y es allí precisamente donde está situada una de las regiones ecológicamente más diversas del planeta. Además, está habitada por más de 30 millones de personas de más de 40 etnias. La agricultura y la pesca son la fuente principal de sustento y seguridad alimentaria de la mayor parte de esa población, y también de su identidad cultural y su bienestar. La deforestación que provocan las actividades de las empresas petroleras supone una grave amenaza tanto para el medioambiente como para los pueblos de la región.
A los pueblos del delta del Níger dependientes de los bosques, el petróleo no sólo les ha arrebatado sus bosques sino también sus alimentos, sus vidas, sus medios de sustento, su dignidad y su cultura. Esta región cuenta con los bosques de mangle más extensos de África, que son los cuartos más vastos del mundo. Los manglares desempeñan un papel fundamental en la protección de las costas, la purificación del agua, la regulación del clima y como sostén de los medios de vida de las comunidades. Proveen recursos para la construcción y la alimentación, y son importantes reservorios de biodiversidad. Más del 60 por ciento de los peces del golfo de Guinea con valor comercial se reproducen en los manglares del delta del Níger. Lamentablemente, ya se han perdido cerca del 40 por ciento de los bosques de mangle del delta del Níger, debido principalmente a la explotación petrolera y de gas. Además, el 27 por ciento de los manglares potencialmente amenazados por derrames de petróleo a nivel mundial se encuentran en el delta del Níger. (1)
Una vista aérea del delta del Níger da cuenta de una región surcada por líneas y ductos a lo largo y ancho que fragmentan severamente a los bosques y dan lugar a tasas adicionales de deforestación a manos de cazadores furtivos y explotadores madereros, de minería y otros recursos forestales. Los bosques tropicales de Nigeria se extienden por lo general desde la costa atlántica hasta entre 150 y 200 kilómetros tierra adentro. El delta del Níger es un área enorme con forma de abanico, alimentada por los sedimentos y caudales de dos grandes ríos (el Níger y el Benué) que confluyen y luego desembocan en el océano Atlántico. La vegetación natural de esta zona es bosque tropical lluvioso con dosel denso y frondoso.
Todas las fases de los procesos de extracción de petróleo y gas generan impactos directos en los bosques del delta del Níger. En la fase de exploración se desmonta para trazar líneas sísmicas que atraviesan los bosques, y cuando se tienden los oleoductos se produce aún más deforestación. Aunque las líneas sísmicas son temporales y el medioambiente podría recuperarse tras la finalización de los sondeos, los bosques de mangle pueden seguir afectados durante décadas, ya que las líneas permanecen abiertas tras el desmonte inicial. Las empresas petroleras son plenamente conscientes de la deforestación que provocan sus actividades. Una ficha técnica de Shell destaca la “visibilidad de los cortes que se abren en el manglar para trazar líneas sísmicas... Las raíces aéreas son las que sufren la mayor parte de los cortes. La recuperación de las raíces cortadas lleva entre 2 y 3 años, pero el rebrote de los árboles de mangle al punto que la línea sísmica resulte indistinguible de las zonas no desmontadas puede tardar 30 años o más”. (2)
Se estima que hay entre 5.000 y 7.000 km de oleoductos tendidos en la región. Si se tiene en cuenta que estos oleoductos ocupan una servidumbre de paso de al menos 100 metros de ancho cada uno, la magnitud de la deforestación asociada a ellos es inmensa. A estos grandes oleoductos se suman líneas de bombeo más pequeñas que conectan los pozos de petróleo entre sí y que también generan impactos negativos en el territorio.
Además de los oleoductos, las empresas petroleras construyen canales para el traslado de su equipamiento tierra adentro. También construyen otros canales para transportar las aguas utilizadas en el proceso de extracción (aguas de proceso) y otros desechos desde las estaciones de bombeo de petróleo hasta los ríos y el océano. La caminería construida para acceder a los pozos de petróleo, las estaciones de bombeo y otros sitios suman cuotas adicionales a la destrucción de bosques del delta del Níger. Estas obras de infraestructura implican a menudo el dragado de pantanos y otros humedales y, algunas veces, su relleno con arena. Los materiales vertidos del dragado alteran la topografía y la hidrología de las zonas afectadas e impiden la recuperación de las áreas deforestadas.
Las empresas petroleras también utilizan vertederos de desechos deficientemente construidos en los bosques que agravan aún más las pérdidas de cubierta forestal.
Bosques en llamas (e historias de contaminación)
Se estima que la contaminación derivada de la extracción y el procesamiento del petróleo en el delta equivale a más de 13 millones de barriles de crudo (más de 2.000 millones de litros), provocando enormes daños ambientales y graves amenazas a la salud de las y los habitantes de la región. No debe sorprender entonces que la región ostente el récord infame de ser uno de los diez lugares más contaminados del mundo.
Sumado a los derrames de petróleo, la quema rutinaria de gas afecta igualmente a los bosques del delta del Níger, al frenar el crecimiento de los árboles y envenenar los ecosistemas en su conjunto. Esas quemas provocan lluvia ácida y la acidificación de los suelos y los cuerpos de agua. Alteran las condiciones ecológicas locales, incluyendo daños a la vegetación y los bosques, y contribuyen al cambio climático, lo que supone una presión adicional para los ecosistemas costeros.
La contaminación petrolera es una de las causas principales de la destrucción de los bosques de mangle en el delta del Níger. La tala no regulada y destructiva, y la desecación de manglares para convertirlos en tierras agrícolas o zonas urbanizadas —por ejemplo, para la construcción de viviendas o distritos industriales— son factores que también contribuyen a ello.
La problemática de los derrames de petróleo en el delta del Níger se ha descrito en varios informes (3). Uno de ellos, el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre la Evaluación Ambiental de Ogoniland, fechado en 2011, constató la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas; la contaminación de la vegetación, incluidos los bosques de mangle; la contaminación de los cuerpos de agua que dio lugar, entre otras cosas, a una disminución de las poblaciones de peces; y la exposición de las comunidades a hidrocarburos de petróleo en el agua potable y al aire libre, a veces en concentraciones elevadas, y también a través de la piel por contacto con el suelo y sedimentos. En la comunidad de Ejama-Ebubu, el estudio evidenció la presencia de niveles altos de contaminación 40 años después de que se produjera un derrame de petróleo, a pesar de reiterados intentos de limpieza del lugar, de dudosa calidad.
Los derrames ocurren por diversos motivos, tales como la corrosión de los oleoductos y fallas en el funcionamiento y de los equipos. Por ejemplo, en la zona del arroyo Bodo, más de 1.000 hectáreas de bosque de mangles se degradaron debido a dos derrames importantes de petróleo en 2008 y 2009 por mal funcionamiento, a los que se sumaron posteriormente varios derrames ocasionados por roturas de los oleoductos.
En enero de 1998, la empresa petrolera Mobil vertió 40.000 barriles de petróleo crudo (más de 6 millones de litros) desde su plataforma Idoho de extracción en alta mar. Parte de ese petróleo se evaporó, pero el impacto del derrame se extendió más allá de las fronteras de Nigeria, llegando hasta la República de Benín y causándoles daños a las comunidades costeras que habitan esa zona.
En diciembre de 2011 se produjo un derrame de petróleo en la plataforma Bonga de alta mar de la Shell. Shell y el gobierno de Nigeria anunciaron que se habían vertido 40.000 barriles de petróleo crudo en el océano Atlántico. En el incidente de la plataforma Idoho también se dijo que el volumen de petróleo vertido fue de 40.000 barriles. Ese guarismo parecería reflejar un grado de abuso ecológico que resulta cómodo para las empresas petroleras implicadas. El derrame de Bonga afectó a 20 comunidades costeras de tres jurisdicciones estaduales distintas del delta del Níger. (4)
Uno de los mayores derrames de petróleo en Nigeria fue la explosión del pozo de alta mar Funima Well 5 en enero de 1980, que provocó el vertido de al menos 200.000 barriles de petróleo (casi 32 millones de litros) en el océano Atlántico y dañó 340 hectáreas de bosque de mangles.
En 2004, un gasoducto de la empresa transnacional Nigeria Liquefied Natural Gas (NLNG Limited) que atraviesa la comunidad de Kala-Akama en las riberas del bosque de mangles de Okrika, sufrió una fuga y se incendió, devastando una superficie estimada de 27 km² del manglar. La contaminación reiterada, derivada de gasoductos en desuso y pozos abandonados pero no desmantelados, contamina una y otra vez los bosques de mangle cuando se están recuperando.
Las explosiones en pozos de petróleo sin mantenimiento adecuado, abandonados o en ruinas han provocado deforestación masiva y grandes daños ecológicos en los últimos años. En noviembre de 2021, por ejemplo, se produjo una explosión en la boca del Pozo 1 de la concesión petrolera y minera 29, en el río Santa Bárbara (5). Durante seis semanas se vertió petróleo crudo en el río y los manglares colindantes. La estimación oficial del volumen de petróleo crudo vertido al medioambiente fue de 3.000 barriles, pero los expertos estiman que el vertido fue de al menos 500.000 barriles de petróleo crudo (más de 79 millones de litros). El incidente dejó un rastro de mangles asfixiados y muertos, además de un ecosistema devastado en su conjunto. La enorme disparidad entre las cifras oficiales y las de expertos independientes en torno al volumen de petróleo crudo vertido al medioambiente plantea dudas sobre las responsabilidades y la rendición de cuentas, frente al manejo y la gestión de riesgos y otros asuntos graves que afectan a las comunidades vecinas de los campos petrolíferos.
El modo de gestión de los derrames también ha exacerbado los impactos ecológicos de la explotación petrolífera. Se han producido incendios forestales provocados por contratistas de las empresas petroleras que careciendo de la competencia necesaria para la limpieza de derrames de petróleo le prenden fuego al crudo vertido. Eso fue lo que ocurrió en marzo de 1998 en el bosque de Aleibiri, en el área del gobierno local de Ekeremor, en la jurisdicción estadual de Bayelsa, y asimismo en la comunidad de Foutorogbene, en agosto del mismo año, cuando unos contratistas de Shell prendieron fuego al bosque para ocultar así las pruebas de un gran derrame de petróleo. (6)
Otro factor que contribuye a la deforestación extensiva en el delta del Níger es el hurto de petróleo. Hay acuerdo general en que eso es algo que ocurre a gran escala industrial e incluye tanto crudo robado para exportación, así como algo de petróleo robado para refinación local artesanal. La refinación artesanal requiere la tala de grandes superficies de bosque y entraña el vertido incontrolado de petróleo al medioambiente. El hurto implica a veces romper clandestinamente un oleoducto y dejarlo que siga vertiendo crudo al medioambiente debido a un manejo indebido del equipamiento, hasta que alguien competente venga y lo repare.
Un estudio de teledetección titulado “Cartografía de los impactos del hurto de petróleo crudo y las refinerías ilegales sobre los manglares del delta del Níger en Nigeria mediante tecnología de teledetección”, reveló que la vegetación de manglares afectada por actividades asociadas al refinado ilegal o no autorizado de petróleo abarcaba una superficie aproximada de 37,6 km².
Ataque a los deltas
Desde las hace casi siete décadas que se descubrió petróleo en la región, cientos de miles de habitantes del delta del Níger han sufrido las consecuencias de su explotación. Dos incidentes de derrames de crudo e incendios y deforestación asociados merecen destacarse aquí: los de Goi y Bodo. Las comunidades afectadas demandaron exitosamente a Shell ante tribunales de Países Bajos y el Reino Unido por esos incidentes, y ganaron en ambos casos.
En 2004, un derrame de petróleo en una instalación de Shell afectó a la comunidad de Goi, en Ogoniland, Nigeria. La comunidad y el bosque de mangles colindante se incendiaron, destruyendo todo el lugar. El impacto fue tan extremo que los residentes de Goi abandonaron sus hogares y evacuaron la comunidad. “Comíamos, bebíamos y respirábamos petróleo”, declaró entonces Eric Dooh a The Guardian. Casi 20 años después regresó para visitar la comunidad, que seguía desierta y la biodiversidad diezmada tras el derrame. (7)
La segunda comunidad es la de Bodo, también en Ogoniland. Un gran derrame de petróleo ocurrido allí en 2008 destruyó extensas áreas de bosques de mangle. Los derrames de petróleo destruyen las vidas de las comunidades afectadas. La contaminación del agua imposibilita la pesca, que es el principal medio de sustento de muchas de estas comunidades, les impide acceder a agua potable y, además, sus tierras quedan contaminadas, tornándolas a menudo inviables para la agricultura. (8)
Tanto en Goi como en Bodo, un cartel oficial advierte: “Aviso público, ¡PROHIBIDO PASAR! Zona contaminada, aléjese por favor” (ver foto).
La deforestación del delta del Níger ha ganado notoriedad más que nada por la contaminación petrolera y la quema de gas que la acompañan. Lo que ocurre en esta zona debería servir de advertencia para otras regiones donde el afán por petrodólares sigue dejando de lado el cuidado de las personas, los pueblos y el planeta. Esto resulta especialmente preocupante en África, donde parece haber un ataque coordinado contra sitios de patrimonio mundial y otras áreas protegidas. Algunos de los sitios en riesgo son el Parque Nacional de Virunga en la República Democrática del Congo, el delta del Okavango en Namibia y Botsuana, el delta del Saloum en Senegal —todos ellos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO— y el Parque Nacional de las Cataratas de Murchison en Uganda.
Pero la resistencia contra esta destrucción viene forjándose hace mucho tiempo. En un artículo publicado años atrás en el Boletín del WRM, Ken Saro-Wiwa, líder del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni (MOSOP), advirtió sobre el impacto duradero de la destrucción de Ogoniland a manos de empresas petroleras. Describió el medioambiente de su comunidad Ogoni, como “completamente devastado por tres décadas de explotación petrolera irresponsable, o de guerra ecológica desatada por Shell... Una guerra ecológica es sumamente letal, sobre todo porque no es convencional. Su efecto es omnicida. La vida humana, la flora, la fauna y el aire desfallecen a sus pies y, finalmente, la propia tierra muere”. Ken Saro-Wiwa fue asesinado ‘legalmente’ en la horca en noviembre de 1995. Su mensaje sigue siendo tan claro y contundente como siempre. (9)
La lucha por la reforestación y la recuperación de los bosques continúa, siendo las mujeres de la comunidad quienes la lideran creando y cuidando viveros de mangles y replantándolos en las zonas degradadas. A pesar de los enormes daños ocasionados a los bosques del delta del Níger, la gente no ha perdido la esperanza.
Nnimmo Bassey, Health of Mother Earth Foundation, Nigeria
Referencias:
(1) ScienceDirect, 2020. A Review of the Threat of Oil Exploitation to Mangrove Ecosystems: Insights from the Niger Delta, Nigeria.
(2) Environmental Rights Action (ERA) -The Human Ecosystem of the Niger Delta, 1998. Benin City.
(3) UNEP, 2011. Environmental Assessment of Ogoniland; BSOEC, 2023. An Environmental Genocide: Counting the human and environmental cost of oil in Bayelsa, Nigeria.
(4) WRM, 2008. Petróleo, medioambiente y aspectos económicos del desastre.
(5) Wellhead Woes, 2021. Health of Mother Earth Foundation.
(6) ERA, FoEn, 2009. Knee Deep in Crude. Benin.
(7) The Guardian, 2022. The village that stood up to big oil – and won
(8) BBC, Shell agrees $84m deal over Niger Delta oil spill
(9) WRM, 2002. Nigeria: dejada de la mano de Dios por el petróleo.