El sector forestal argentino en la vitrina del Congreso Forestal Mundial

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El Congreso Forestal Mundial que se desarrolló desarrollando en Buenos Aires ha sido percibido como una excelente oportunidad de negocios por parte del sector forestal argentino.

La expectativa empresarial se manifestó desde hace varios meses a través de una creciente presencia en los medios de prensa locales y nacionales. Un ejemplo de ello es un artículo reciente difundido por una publicación correntina (www.momarandu.com). Allí se informaba que “Luego de la feria forestal en Misiones, los madereros correntinos ponen la mirada en el XIII Congreso Forestal Mundial para concretar acuerdos en rondas de negocios en las que participarán casi doscientos empresarios de 26 países diferentes.” Los forestadores “ven en el Congreso ‘una puerta al mundo’ para exponer el potencial en materia prima en la provincia y atraer capitales que despeguen la industria.”

El Congreso, organizado por el gobierno argentino en colaboración con la FAO, previó una serie de “tours” para l@s participantes. Como no podía ser de otra manera, uno de ellos abarcó las provincias de Corrientes y Misiones, considerada como el ejemplo en materia de desarrollo forestal.

En ese contexto, resulta importante difundir el siguiente artículo, resultado de una reciente gira realizada a esa provincia, donde a través de sus testimonios, la gente local muestra la dura realidad y denuncia “la gran mentira” del desarrollo forestal.

- Argentina: Misiones - pinos, pasteras y mentiras

La provincia de Misiones nació bella con su selva misionera, pero también creció con vocación sufrida. La historia del despojo comenzó con los conquistadores españoles sometiendo a los pueblos guaraníes originarios de la zona, quitándoles su libertad y desarticulando su forma de vida.

En tiempos más recientes, Misiones sangró por su selva, talada indiscriminadamente y en condiciones inhumanas para la industria maderera. Por el río Paraná se fueron yendo en jangadas los preciosos lapachos, timbós, ybira-pitás, peteribís y tantos más, rumbo al mercado nacional y mundial. En poco más de un siglo la selva misionera se redujo a un tercio de la superficie original.

Paralelamente creció la actividad agropecuaria. La yerba mate, cuya cosecha originalmente era de yerbatales naturales, fue sustituida por la extensión de la producción bajo cultivo, compartiendo el espacio territorial con el té, citrus y tabaco. Hubo concentración de la tierra, con grandes plantadores, pero también se impulsó un programa estatal de colonización agrícola a partir de una estructura básicamente familiar, a pequeña y mediana escala – propiedades que en general oscilaban entre 25 y 50 hectáreas –, con cultivos anuales y un cultivo central de yerba.

En torno a esta estructura se desarrolló una población rural que trabajaba en su gran mayoría en tareas agrícolas de preparación del suelo, siembra, cosecha. También habilitaba a que los peones tuvieran un pedazo de tierra para vivir allí con su familia, lo que les permitía tener cierta soberanía alimentaria.

Esa situación comenzó a tener un vuelco a partir de la década del 40, cuando se instala en Puerto Piray, municipio del departamento de Montecarlo, la empresa nacional Celulosa Argentina para la producción de pulpa de papel, dando inicio a la plantación de monocultivos de pinos. Esa fábrica de celulosa, inserta en el modelo de sustitución de las importaciones, debió enfrentar una gran resistencia obrera, en el año 1968, por denuncias de condiciones insalubres de trabajo.

En los años de la dictadura, y sobre la represión del movimiento social, se produce una reconversión de la economía. Se  pone en marcha un proyecto para la construcción de mega fábricas de celulosa con la mayoría accionaria de Celulosa Argentina: la fallida Celulosa Puerto Piray S.A.(actualmente una fábrica obsoleta), y Alto Paraná S.A.

La expansión forestal adquiere gran impulso en 1998 con la ley de promoción forestal 25080,  que otorga una serie de beneficios: subsidios para plantar, subsidios a través de la devolución del IVA, exención de impuestos (de ingresos e inmobiliarios), eliminación del cobro de guía y una enorme estabilidad fiscal por 30 años, que el gobierno provincial puede ampliar a 50.

Esto, sumado a la desregulación de la yerba del mercado consignatario (que aseguraba al productor un precio de venta superior a sus costos y negociaba su venta con los grandes molinos), fue el tiro de gracia al sistema de producción familiar.

Los colonos y los cultivos de citrus, té, yerba, tabaco, se vieron desplazados por el avance de las plantaciones, fundamentalmente de pino Elliotti – cuya resina quema la hoja de la yerba y no permite que crezca abajo –, pero también pino Taeda y eucaliptos. Las chacras fueron compradas para forestación o utilizadas en algunos casos por el propio colono para la plantación de pinos creyendo que era un gran negocio, lo que luego demostró no ser tal para ellos.

Los colonos que perdieron sus chacras se urbanizaron; se debilitó la figura predominante del empleador rural y con ello también las fuentes de trabajo que generaban. Fue el desmantelamiento de la población rural. En el departamento de Montecarlo, por ejemplo, había parajes en los que en promedio vivían más de 150 familias, y que desaparecieron o sufrieron notables pérdidas. A la vez que se perdió población rural, surgieron numerosos asentamientos urbanos y suburbanos en la zona.

Ese viejo sistema de apropiación que, si bien daba trabajo, se apoyaba en la explotación de los trabajadores, no cambió por otro más equitativo. La propiedad de la tierra se concentró y luego se extranjerizó. Alto Paraná fue comprada en 1996 por la empresa chilena Celulosa Arauco y Constitución (Celarauco), del grupo Angelini, que luego compró también Celulosa Puerto Piray. Esta última transacción ha sido denunciada como un proceso de fraude violento al Estado municipal, ya que para poder venderla hubo que condonar deudas que la fábrica tenía con la municipalidad. De los 10 millones de dólares que debía al municipio terminó pagando 200.000 pesos argentinos (aproximadamente 50.000 dólares), más 300 hectáreas de tierra, dos camiones, una pala caterpillar. La llegada de estos capitales extranjeros no fue gratuita para el erario público.

La entrada de Alto Paraná en escena provocó una concentración de la tierra en la provincia de Misiones. A modo de ejemplo, solo en el municipio de Piray la empresa posee el 62,5% de la tierra, y junto con otras tres reúne el 83%. A nivel de la provincia, las 233 mil hectáreas de Alto Paraná representan el diez por ciento del suelo provincial (1).

Y la concentración no es solamente de la tierra sino también de la materia prima: los pequeños aserraderos se fueron quedando sin acceso a la madera, rezagados en materia tecnológica, y cerraron, aumentando el desempleo. Por otro lado, los trabajadores no fueron necesariamente absorbidos por la nueva fábrica ya que con la creciente tecnificación, las tareas en las plantaciones de árboles, como la plantación y la cosecha, que al principio generaban empleo, fueron sustituyéndose por máquinas y agrotóxicos.

Hoy, con este modelo, el escenario es que el 53% de la población de la zona no tiene trabajo, y del 47% que tiene ingreso, el 86% gana menos de un salario mínimo.

A eso se suma la pérdida de agua en la provincia. Originalmente la deforestación por la tala excesiva fue el principal factor de pérdida de agua, en la medida que la desaparición del bosque alteró el ciclo hídrico. Luego, las plantaciones a gran escala de árboles exóticos y de rápido crecimiento, con su enorme “eficiencia” para aprovechar el agua a través de sus raíces que llegan a las profundidades del suelo, agudizaron el problema.

Las plantaciones de árboles destruyeron selva misionera, concentraron y extranjerizaron la tierra con la consiguiente inequidad social y pérdida de soberanía, desplazaron sistemas agrícolas familiares, causaron un sinnúmero de impactos sobre el ambiente y la salud (2). También trajeron consigo, al decir de uno de los hijos de la tierra misionera, “la gran mentira” – “La gran mentira de habernos transformado en el polo foresto-industrial más importante del país, para lo que hubo que pagar millones de dólares, más la destrucción de la selva y de las organizaciones sindicales y sociales”.

Detrás de la gran mentira es necesario desnudar la realidad de la Misiones forestal, en momentos en que la industria de monocultivos de árboles intenta presentarse en el Congreso Forestal Mundial como una actividad “ecológica”. Para Misiones, el “desarrollo forestal” de las plantaciones está lejos de traerle un “equilibrio vital”, como anuncia el eslogan del Congreso.

Por Raquel Núñez – raquelnu@wrm.org.uy, en base a la recorrida realizada con Elizabeth Díaz por el norte de la provincia de Misiones, con el generoso acompañamiento y valiosa información y testimonios de Ruben Ortiz, Juan Yahdjian y varios vecinos de la comunidad Piray 18 y del resto de la zona.

(1) “La invasión forestal”, Darío Aranda, publicado el 26 de Julio de 2009 en Página 12, accesible en http://www.wrm.org.uy/paises/Argentina/invasion_forestal.html
(2) “Misiones: la selva de Quiroga convertida en pinos para celulosa”, Ricardo Carrere, julio de 2005, http://www.guayubira.org.uy/celulosa/informeMisiones.html