Venezuela: un gigante aislado

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Smurfit Cartón de Venezuela, subsidiaria del Jefferson Smurfit, es un buen (mal) ejemplo de cuán depredatoria puede llegar a ser la actividad de una empresa y de cómo la comunidad local puede oponérsele en forma exitosa.

En 1994 Smurfit sustituyó el bagazo de caña de azúcar como materia prima para la producción de pulpa por madera. Entonces empezó a plantar eucalipto, pino y melina en el Estado de Portuguesa, al tiempo que cortaba superficies de selva tropical, para proveer de materia prima a su fábrica de pulpa. Hacia 1997 las relaciones entre Smurfit y las comunidades locales llegaron a un punto crítico, dado que las aplicaciones de herbicidas practicadas por la empresa en la zona habían destruido 190 hectáreas ocupadas por cultivos pertenecientes a los campesinos e intoxicado a niños de escuela. La situación todavía empeoró cuando la compañía adquirió la finca La Productora, que los habitantes de las vecinas comunidades de Morador y Tierra Buena esperaban recibir en el marco del programa de reforma agraria que estaba llevando adelante el gobierno. Como reacción, éstos ocuparon la finca pero fueron brutalmente reprimidos por la Guardia Nacional y forzados a abandonarla. Las plantaciones realizadas por Smurfit no sólo están usurpando la tierra a los campesinos, sino también impactando sobre otros recursos vitales, como el agua, la flora y la fauna.

La empresa buscó por todos los medios cambiar su imagen y lanzó una campaña de relaciones públicas a nivel de prensa en los diarios locales, con artículos que destacaban pequeñas donaciones hechas a las comunidades. Pero por más que hizo no pudo comprarse a los campesinos locales y a los ambientalistas, que siguieron adelante con sus reivindicaciones.

La población local ha llevado adelante numerosas acciones, entre las cuales el bloqueo de la carretera por la cual los camiones de Smurfit transportan madera del bosque tropical a su planta industrial, una campaña de cartas al nuevo presidente de Venezuela, la organización de foros para publicitar la situación de conflicto existente, conexión con redes y búsqueda de apoyo por parte de organizaciones a nivel nacional e internacional, entre otras. Como resultado hoy en día, a pesar de su enorme poder, la compañía se ve cada vez más aislada, al tiempo que ha aumentado la capacidad de movilización de los campesinos locales sin tierra. Su lucha no ha culminado, pero la situación ha cambiado, haciéndose más favorable a los intereses de las comunidades locales.