Artículos del boletín

El Boletín 274 del WRM incluye un artículo sobre el trabajo de la Fundación Earthworm, titulado "ONGs al servicio del saqueo de los territorios: el caso de la Fundación Earthworm". En él se describe cómo las grandes empresas que provocan conflictos en los territorios donde operan se benefician de la cooperación con organizaciones como la Fundación Earthworm, mientras la violencia contra activistas comunitarios, los acaparamientos de tierras y las agresiones sexuales contra mujeres continúan. 
¿Cómo reconstruir los lazos comunitarios y la “energía-alegría” de comunidades cuyos territorios han sido devastados por proyectos depredadores? El siguiente texto presenta la propuesta de la Clínica Ambiental, un proyecto que se creó para ayudar a sanar a comunidades campesinas e indígenas de la frontera entre Ecuador y Colombia, cuyos tejidos sociales fueron destruidos principalmente todo por proyectos de extracción petrolera. 
En todo el Sur Global, las comunidades que oponen resistencia a que las grandes empresas controlen sus territorios no sólo se enfrentan a la violencia empresarial, sino a gases lacrimógenos, golpes y represión estatal. Poniendo en cuestión la interpretación errónea y codiciosa de que “toda la tierra le pertenece al Estado”, esgrimida por los gobiernos para proteger los intereses de las grandes empresas, las comunidades se mantienen firmes en la lucha por recuperar sus tierras ancestrales “porque es un lugar sagrado, es un lugar que le da sentido a nuestra existencia”.
Con el pretexto de la “mediación de conflictos” y del empoderamiento de comunidades, las acciones de ciertas ONGs corporativas hacen que las comunidades sigan sin tener acceso a sus tierras ni control sobre ellas, además de reforzar modelos de producción destructivos. Un ejemplo es la asociación de la Fundación Earthworm con el agronegocio de la palma aceitera en diversos países. Vea el artículo y la entrevista a continuación.
Las comunidades rurales de la provincia del Cabo Occidental de Sudáfrica, afectadas por el despojo histórico de tierras en muchos lugares, también sufren los múltiples impactos de vivir rodeadas de plantaciones industriales de árboles. En un intento por fortalecer su acceso a la tierra, estas comunidades se han movilizado en un foro apoyado por organizaciones de la sociedad civil, exigiendo participar en la toma de decisiones y en otros derechos comunitarios.
Varias empresas vienen ampliando las plantaciones de árboles en la Orinoquia colombiana, incrementando conflictos y violencia de larga data. “Esas empresas no son reforestadoras sino deforestadoras, porque han traído especies introducidas como el acacio, el eucalipto y el pino que no son del territorio, entonces están eliminando lo que es de aquí” - Líder indígena Sikuani
Una nueva ola de expansión de represas hidroeléctricas avanza por el Sur Global bajo el argumento de producir ‘energía limpia’, acelerar la ‘transición energética’ y promover una ‘economía baja en carbono’. El 14 de marzo, comunidades difundieron una declaración conjunta en la que denuncian las consecuencias de la destrucción que las grandes represas ya producen en el mundo entero, y rechazan la construcción de más represas, mientras afirman enérgicamente: ¡las grandes centrales hidroeléctricas no son energía limpia!
La “Deklarasi Solidaritas Merauke” (Declaración de Solidaritas Merauke, ver más adelante) fue redactada colectivamente por participantes de la “Konsolidasi Solidaritas Merauke” (Reunión de consolidación de Solidaritas Merauke), un encuentro popular que se llevó a cabo en la ciudad de Merauke, provincia de Papúa Meridional, en marzo de 2025. La declaración exige la suspensión inmediata del Proyecto Estratégico Nacional (PSN) de Merauke.
En los primeros meses de 2025, incendios forestales volvieron a afectar a cientos de familias y quemar decenas de miles de hectáreas en la Patagonia argentina. En este contexto, compartimos un artículo de Aguayala publicado en el boletín 259 del WRM, que explica cómo las plantaciones industriales de pinos vienen siendo una de las principales causas no sólo de incendios forestales mortales, sino también de acaparamiento de tierras, deforestación, agotamiento del agua y violentos conflictos con las comunidades mapuches.
El pasado 22 de noviembre finalizó en Bakú, Azerbaiyán, la COP29 de la ONU sobre el cambio climático. En una de sus sesiones, delante de una foto de la selva amazónica intacta, las autoridades brasileñas hablaron de la COP30, que se celebrará en la región. Sin embargo, lejos de los reflectores en Bakú, la realidad de muchos pueblos amazónicos es de desesperación, ya que los incendios forestales están consumiendo la selva.
Son cada vez más frecuentes las iniciativas de empresas y ONG enfocadas en la “temática de género” que distorsionan y despolitizan la lucha feminista. Los diversos ejemplos de “lavado violeta” no inciden en las causas estructurales de la opresión contra las mujeres y perpetúan las desigualdades sistémicas propias del capitalismo.
En la provincia de Kalimantan Oriental, el Banco Mundial apoya el primer programa REDD jurisdiccional del gobierno indonesio. Las ONG conservacionistas internacionales TNC y WWF han desempeñado un papel clave en la preparación y ejecución del programa. Si bien proclaman que es una "historia exitosa" (1), este programa está lleno de contradicciones.