Cumbre Amazónica: extractivismo y violencia bajo el nombre de “bioeconomía” y “sostenibilidad”

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La Cumbre Amazónica, 2023. Foto: Ricardo Stuckert

Durante los días 8 y 9 de agosto de 2023, se celebró en la ciudad brasileña de Belém la Cumbre Amazónica, un inusual encuentro en el que se reunieron los presidentes de Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guyana y Surinam para debatir los problemas de la región. En la agenda figuraba, entre otros temas, uno de los principales motivos que impulsaron la reunión: el reto urgente de combatir la deforestación.

Al final de la Cumbre, se publicó la Declaración de Belém, en la que los presidentes proponen dos líneas de acción. La primera es promover el “desarrollo sostenible”; la segunda es proteger la “integralidad” o la “conservación” de la Amazonía, con el objetivo de lograr la "deforestación cero" hasta 2030. En uno de los párrafos del documento, los presidentes afirman pretender “combatir la deforestación” y, a la vez, “erradicar y detener el avance de las actividades de extracción ilegal de recursos naturales” [el subrayado es nuestro].

Según este razonamiento, la Declaración parece sugerir que no hay problema si las empresas y otros actores que están detrás de la minería extractiva, la explotación petrolera, maderera y el agronegocio, así como de la construcción de las grandes represas hidroeléctricas, carreteras, ferrocarriles y puertos que son necesarios en un modelo, sigan operando legalmente, con sus licencias en vigor.

Ahora bien, la realidad de la Amazonía demuestra todo lo contrario. Los sectores mencionados, vinculados al modelo extractivista industrial, son notoriamente responsables de la deforestación. Cuando sus actividades se practican ilegalmente, lo que sucede es una agudización de sus impactos destructivos y violentos. Por otro lado, la Declaración de Belém ni siquiera menciona la responsabilidad que tienen esos sectores, y mucho menos se analizan sus graves impactos en los territorios de Pueblos Indígenas, comunidades ribereñas, tradicionales y campesinas.

La cruda realidad es que los gobiernos de la región amazónica, en nombre del “desarrollo sostenible”, siguen fomentando el extractivismo y, en consecuencia, no se comprometen a adoptar medidas estructurales para romper con este modelo como, por ejemplo, detener la extracción de crudo en la Amazonía –como lo propone uno de los presidentes que participaron en la reunión. En consecuencia, el propio uso del concepto de “desarrollo sostenible” se ha convertido en una causa subyacente e indirecta de la deforestación. Esto significa que cuando los mandatarios reclaman más “desarrollo sostenible” en la Declaración de Belém, en la práctica también están reclamando más deforestación.

Actualmente, es difícil que un sector culpable de la destrucción en la Amazonía no se autodenomine “sostenible”: manejo “sostenible”, soja “sostenible”, palma aceitera “sostenible”, minería “sostenible”, todo se ha convertido en “sostenible”. Esos sectores también se valen de otros artificios, como los “sellos de calidad” de las certificaciones voluntarias de “sostenibilidad”.

Diálogos Amazónicos y la bioeconomía

En los días que antecedieron a la Cumbre, miles de personas, entre ellas miembros de comunidades indígenas, se reunieron en Belém para participar en un evento que se llamó "Diálogos Amazónicos", una iniciativa del propio gobierno brasileño para fomentar la participación de la sociedad civil en la Cumbre, según este. Sin embargo, los contenidos recogidos en las propuestas y planteamientos que las y los participantes entregaron por escrito no se incluyeron en la declaración final de la reunión.

Al mismo tiempo, lo que llamó la atención en estos “Diálogos” fue la fuerte presencia de grandes ONG conservacionistas que suelen presentarse en esos espacios para reforzar sus propios conceptos y nuevas narrativas. En Belém, se habló mucho de la “bioeconomía” y de la promoción del “bosque vivo”, en referencia a la propia Amazonía.

“Bosque vivo” es una expresión que suena bien, pero también rara. Después de todo, ¿cómo podría ser un bosque si no estuviera vivo? La expresión remite a otra, que esas mismas ONG han propagado: “bosque en pie”. “¿Bosque en pie?”, se preguntó un un líder comunitario al oírla. “Jamás se me ocurrió que pudiera existir un bosque tumbado.”

El “bosque en pie” expresa bien la visión que los impulsores de la bioeconomía –las grandes transnacionales responsables de la destrucción de la Amazonía, así como las grandes ONG conservacionistas– tienen del bosque: una oportunidad para nuevos negocios. Por ejemplo, la venta de créditos de carbono que benefician a las empresas contaminantes, ahora “neutrales” en emisiones de carbono, al mismo tiempo que califican a sus “viejos” negocios extractivos como parte de la “economía verde”, con la producción de “biocombustibles” y la expansión de la minería para la “transición verde” de la economía.

Los impulsores de la bioeconomía buscan aliarse con gobiernos y grandes organizaciones de Pueblos Indígenas y comunidades tradicionales. Invitan a gobernantes y a representantes a reuniones a puerta cerrada y con poca participación. Por ejemplo, en enero de 2023, el gobernador del estado de Pará, Helder Barbalho, asistió al Foro Económico Mundial en Davos para presentar ante las élites del capital global el “Plan de Bioeconomía” de su estado –un plan elaborado por la propia ONG conservacionista TNC (1). En junio se celebró en Río de Janeiro la “Conferencia Panamazónica por la Bioeconomía”, en la que participaron, entre otros, representantes del Earth Fund, del multimillonario Jeff Bezos, el Banco Mundial, el WWF y también la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica - COICA (2). En agosto, se celebró la “Conferencia Internacional Amazonía y Nuevas Economías”, que contó con el apoyo, entre otros, del gobierno del estado de Pará y de VALE (3), una de las compañías mineras más grandes del mundo, responsable de uno de los crímenes ambientales más graves de la historia de Brasil, que ocurrió en las ciudades de Brumadinho y Mariana, en el estado de Minas Gerais.

Aunque la Declaración de Belém no utiliza la palabra “bioeconomía”, esta resume perfectamente lo que pretenden imponer sus impulsores: más “desarrollo sostenible” con más “conservación” y siempre en busca de nuevas oportunidades de negocio.

“Basta de hablar de bioeconomía”

En la Declaración de Belem también se habla de "garantizar los derechos de los Pueblos Indígenas y de las comunidades locales y tradicionales, incluido el derecho a los territorios y tierras que habitan dichos pueblos, la posesión plena y efectiva". Pero los propios hechos que se produjeron en torno a la Cumbre no tardaron en poner en entredicho tal promesa.

En vísperas de la Cumbre, en el municipio de Tomé-Açu, a 200 kilómetros de Belém, dispararon contra cuatro indígenas Tembé durante dos enfrentamientos con guardias de seguridad de la empresa Brasil Biofuels (BBF). Los Tembé luchan para que el gobierno brasileño demarque su territorio, ocupado por BBF, una empresa que, con el total apoyo del Estado, cultiva y expande sus monocultivos con el objetivo de producir aceite de palma y biocombustible para la bioeconomía (ver artículo en este boletín).

Una de las participantes en los “Diálogos Amazónicos”, la lideresa Alessandra Munduruku, que forma parte de un pueblo que lleva años luchando por la demarcación de su territorio, sostuvo: “Hay que detener urgentemente esta violencia. Hay que demarcar los territorios indígenas. Basta de hablar de bioeconomía, de sostenibilidad, cuando en la actualidad lo que hay es violencia” (4).

La Declaración de Belém de 2023 es muy similar al Plan de Acción para los Bosques Tropicales (TFAP por sus siglas en inglés) presentado por el Banco Mundial y la FAO en 1986, que proponía acciones para promover el “desarrollo” y la “conservación” de los bosques a la vez. Vale la pena recordar que el TFAP fracasó y resultó en más destrucción forestal y más problemas para las comunidades que dependen de los bosques, a las que se culpó injustamente de la deforestación. Casi cuarenta años después del fracasado plan del Banco Mundial y sus aliados, la historia se repite, lo que señala que a los Pueblos Indígenas y a las poblaciones tradicionales de la Amazonía no les queda más remedio que seguir fortaleciendo sus luchas de articulación, integración y resistencia.

 

(1) Boletín WRM. REDD y la Economía Verde agravan las opresiones y la deforestación en Pará, Brasil, julio 2023
(2) Conferência Pan-Amazônica pela Bioeconomia reúne líderes e especialistas para debater formas de impulsar a bioeconomia na Amazônia, June 2019.
(3) Conferência Internacional Amazônia e Novas Economias; Pará e mineração valorizam bioeconomia para promover desenvolvimento sustentável da Amazônia
(4) Na véspera da Cúpula da Amazônia, duas mulheres e um homem do povo Tembé são baleados no Pará.