Cómo diferentes formas de extractivismo ‘verde’ provocan la destrucción de la selva amazónica

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Deforestación en la Amazonia brasileña. Foto: V. Mendonça/Ibama

Aún para quienes están lejos, la Amazonia atrae la imaginación. Después de todo, la región alberga la selva tropical y el río más grandes del mundo. El río Amazonas se extiende por ocho países, así como por el territorio de la Guyana Francesa, ocupado por Francia. Los afluentes del río Amazonas atraviesan varios países amazónicos. Algunos de ellos son los ríos Madeira y Tapajós, en Brasil; el río Madre de Dios, en Perú; el río Guainía, en Colombia; y el río Beni, en Bolivia. Alrededor de 385 grupos de Pueblos Indígenas habitan la región, así como la mayoría de los Pueblos Indígenas del planeta que permanecen aislados y rechazan el contacto con el mundo exterior.

Numerosos libros e ilustraciones han documentado la grandeza y diversidad de especies de la Amazonia. Y en los últimos años también han aparecido hermosas imágenes de la Amazonia en la propaganda de las empresas transnacionales –especialmente del Norte global– en un intento por demostrar preocupación por la selva amazónica. Sin embargo, detrás de estos llamativos materiales de colores brillantes se esconden diferentes formas de extractivismo ‘verde’ que provocan la actual destrucción de la selva amazónica.

Deforestación y degradación de los bosques en la Amazonia

Más de la mitad de la deforestación a gran escala en la Amazonia es causada por tres actividades específicas, que a menudo ocurren en conjunto: la tala, el pastoreo de ganado y el agronegocio. Esto explica por qué Brasil y Bolivia, donde se concentra la mayor parte de estas actividades, tienen las tasas de deforestación más altas, no sólo a escala regional sino también a escala mundial. Mientras tanto, la degradación de los bosques –un fenómeno causado, entre otras cosas, por la tala y períodos severos de sequía– recibe mucha menos atención que la deforestación. Esto a pesar del hecho de que la degradación de los bosques afecta negativamente a una zona mucho mayor que la deforestación a gran escala. Según un estudio publicado en 2023, alrededor del 38 por ciento del bosque que aún queda en la Amazonia está degradado (1).

La deforestación avanza más durante la estación seca, con la ayuda de miles de incendios de bosques. Estos incendios no son sólo desafortunados accidentes ambientales. En Brasil, por ejemplo, donde se encuentra el 60 por ciento de la selva amazónica, los incendios de los bosques son, ante todo, herramientas políticas que facilitan la apropiación de tierras públicas por parte de grandes agricultores, ganaderos y empresas del agronegocio. Después de talar el bosque se construyen caminos para extraer la valiosa madera y llevarla a los mercados nacionales e internacionales. Esto permite a los ganaderos acceder a la zona y prender fuego a la tierra para plantar pasto. Después de que el pastoreo del ganado agota el suelo, las plantaciones de monocultivos de soja a gran escala a menudo se convierten en el siguiente uso de la tierra. El mismo patrón ocurre en Bolivia.

A lo largo de este proceso de deforestación y uso de tierras para pastoreo de ganado y/o producción de soja, los títulos de propiedad (con frecuencia falsificados) dan una apariencia legal a lo que es un proceso evidentemente ilegal. Las personas que habitan estas tierras, entre ellas las comunidades indígenas, tradicionales y/o ribereñas, a menudo son desalojadas de manera violenta, mientras son testigos de cómo la deforestación destruye sus medios de vida. Según Global Witness, en 2022, “uno de cada cinco asesinatos de defensores en todo el mundo tuvo lugar en la selva amazónica”, donde “la violencia, la tortura y las amenazas son una realidad compartida por las comunidades de toda la región” (2). Y son las empresas transnacionales del agronegocio y la industria de la carne quienes más se benefician de este proceso (3).

Desde que las potencias colonialistas invadieron la región, la tala destructiva de valiosas maderas tropicales ha sido un factor clave de la deforestación y degradación de los bosques en la zona. Mientras que en el pasado esta madera decoraba los palacios, iglesias y mansiones de las élites coloniales en Europa, hoy adorna los coches y barcos de lujo de las élites empresariales de Europa y otros lugares. La tala ‘verde’ se introdujo en la década de 1990 con el nombre de ‘Gestión Forestal Sostenible’ (SFM, por su sigla en inglés). Pero la experiencia de las comunidades que dependen de los bosques ha demostrado que la tala industrial, independientemente de cómo se practique, es inherentemente destructiva para sus medios de vida y sustento, así como para el bosque. A pesar de toda la propaganda en torno a la madera ‘verde’, la mayor parte de la tala sigue siendo ilegal. La Gestión Forestal Sostenible es funcional al proceso porque permite dar a la madera talada ilegalmente una apariencia legal mediante la práctica de mezclar madera talada legal e ilegalmente (4). En los últimos años, la extracción de madera de balsa se ha convertido en una nueva tendencia. Debido a su fuerte resistencia, esta madera se utiliza en la producción de molinos de viento en China. Esta tala en apoyo de la llamada ‘transición verde’ de la economía capitalista ha provocado otra ola de destrucción en la Amazonia ecuatoriana (5).

Después de que un bosque es talado para obtener su valiosa madera, el pastoreo de ganado suele ser la primera actividad introducida en la región amazónica. Mientras que otros países con enormes zonas de bosques tropicales, como la República Democrática del Congo o Indonesia, tienen casi todos los mismos factores de deforestación que la Amazonia (como la tala y la minería), el pastoreo de ganado no es un factor clave en esos lugares. Sin embargo, en la Amazonia es, sin duda, una de las mayores causas directas de deforestación, en particular en Brasil, Bolivia, Perú y Colombia. El pastoreo de ganado no sólo es una actividad lucrativa para los grandes terratenientes sino que también suele ser la única oportunidad que ven los pequeños agricultores; por lo tanto, también lo practican, ya sea como participantes en planes de colonización estatal o como inmigrantes que simplemente intentan sobrevivir. Son estos pequeños agricultores en particular a quienes se culpa de la deforestación en los numerosos informes oficiales elaborados por gobiernos, empresas consultoras, bancos y ONG conservacionistas sobre el ‘problema de la deforestación’ en la Amazonia. Mientras tanto, los grandes ganaderos y sus inversores, responsables de la mayor parte de la deforestación a gran escala, suelen ser elogiados por sus iniciativas ‘verdes’ que supuestamente están deteniendo la deforestación. Pero por detrás de la propaganda continúa esta actividad destructiva aunque muy rentable.

Junto con el pastoreo de ganado, el agronegocio de los monocultivos como soja, maíz, arroz, palma aceitera y caña de azúcar es la otra principal causa directa de destrucción de la selva amazónica. La soja es el cultivo más importante, con millones de hectáreas de plantaciones en Brasil y Bolivia. Mientras tanto, las plantaciones de palma aceitera se expanden en la región amazónica de Ecuador, Colombia, Perú y Brasil. También hay planes para expandir la palma aceitera en la Amazonia boliviana. Un artículo de este boletín denuncia la violencia y opresión que enfrentan los pueblos indígenas, las comunidades quilombolas y las comunidades campesinas por parte de dos grandes empresas de palma aceitera en el estado de Pará. El artículo describe los impactos de esta actividad así como la organización y la lucha de las comunidades por recuperar sus tierras.

En una región cada vez más seca debido al cambio climático, el agua se ve especialmente afectada por los monocultivos a gran escala de soja, maíz y palma aceitera. Una zona mucho mayor que la de las plantaciones se ve afectada no sólo por el consumo masivo de agua que exigen estas actividades sino también por la contaminación del agua con agrotóxicos. La investigadora brasileña Larrissa Bombardi califica de ‘colonialismo químico’ cuando los países europeos que controlan un tercio de las ventas mundiales de agroquímicos venden a Brasil agrotóxicos que están prohibidos en sus propios países. Brasil actualmente es el principal importador mundial de agroquímicos. Según Bombardi: “Si pensamos que lo clásico del colonialismo es la violencia física, la expulsión de los pueblos, vemos que esto sucede ahora con los pueblos indígenas cuando, por ejemplo en los conflictos por la tierra, son bombardeados con agrotóxicos” (6).

La minería es otra gran causa directa de la deforestación, en particular en países como Brasil, Venezuela, Colombia, Bolivia, Surinam, Guyana y Perú. Las concesiones para minería industrial abarcan el 18 por ciento de la región amazónica. Las actividades mineras para extraer cobre, estaño, níquel, mineral de hierro, bauxita, manganeso y oro avanzan hacia el interior de la Amazonia. Actualmente, las compañías mineras y los gobiernos de los países industrializados están presionando a los gobiernos de los países de la región amazónica para que garanticen el acceso a minerales que son fundamentales en la ‘transición verde’ hacia una ‘economía baja en carbono’. Pero esto esconde la destrucción que está teniendo lugar en bosques y comunidades como consecuencia de las actividades de las empresas mineras (7).

La minería a pequeña escala ha sido una práctica centenaria en Sudamérica. Actualmente se estima que el número de pequeños mineros en la Amazonia es de 500 mil, y los impactos de la minería de oro, en particular, son enormes. Dado su aumento exponencial, esta actividad está cada vez más controlada en el territorio por extensas redes del crimen organizado, que también cuentan entre sus filas con figuras influyentes, como políticos. Y una vez más, son las empresas con sede en los países industrializados las que más se benefician. Las empresas suizas, por ejemplo, importaron al menos 4,9 toneladas de oro de la Amazonia brasileña en 2021. La mayor parte de este oro fue extraído ilegalmente en territorio indígena y dejó tras de sí un rastro de violencia, asesinatos y violaciones, además de ríos muy contaminados con mercurio, un producto muy tóxico. (8).

La minería también es responsable del extractivismo hídrico. El agua es tan esencial para la minería que numerosas operaciones mineras extraen más agua que mineral. La ‘transición verde’ y su presión a favor de más minería tiende a profundizar este impacto particular, a pesar de que la minería provoca más deforestación, cambio climático y contaminación (9). Un artículo de Colombia en este boletín revela cómo el discurso sobre la ‘transición verde’ incentiva la extracción de cobre en la zona de transición Andes-Amazonia de Colombia y cuenta cómo la gente se resiste a ella.

Las zonas de concesión para la extracción de petróleo y gas, ubicadas principalmente en Perú y Ecuador, en la Amazonia occidental, tienen profundos impactos en los bosques, el agua y, en particular, en los Pueblos Indígenas. Pero esta extracción también ha provocado numerosas luchas de resistencia (10). Este boletín incluye un artículo que describe la reciente victoria histórica del pueblo ecuatoriano, el cual mediante un referéndum y por votación mayoritaria decidió desmantelar la infraestructura de extracción de petróleo en el bloque ITT dentro del parque nacional Yasuní y dejar el petróleo restante bajo el suelo.

El ‘extractivismo verde’ provoca mayor extracción de petróleo y, por lo tanto, mayor destrucción, incluso en la Amazonia, donde hay en puerta varios nuevos proyectos extractivos. Las compañías de petróleo y gas y los gobiernos nacionales de la región afirman que para financiar la ‘transición’ a una ‘economía baja en carbono’ es necesario extraer más petróleo. La empresa estatal brasileña Petrobrás utiliza este argumento para justificar sus planes de extracción de petróleo en el llamado Margen Ecuatorial, ubicado en el océano, al norte de la región amazónica (11).

Desde la década de 1980, el enorme sistema fluvial que baña la región amazónica ha atraído el interés de los constructores de represas hidroeléctricas a gran escala. Empresas de este sector afirman que esta energía es ‘verde’ y ‘renovable’, con cero emisiones de carbono. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que esto es mentira: las represas hidroeléctricas generan emisiones de CO2 y CH4, lo que empeora el caos climático (12). Las represas hidroeléctricas también son una causa importante de deforestación. Por ejemplo, los proyectos hidroeléctricos de Chepete y Bala, en Bolivia, con toda su infraestructura asociada –embalse, caminos, líneas de transmisión, etc.–, implicarían la deforestación de 100 mil hectáreas, además de afectar a seis grupos de Pueblos Indígenas (13).

Todas las causas directas de la deforestación requieren infraestructura, como oleoductos, carreteras, ferrocarriles, puertos y líneas de transmisión, lo que aumenta aún más la deforestación. Muchos de los proyectos a gran escala en marcha son parte de la iniciativa IIRSA, que es una propuesta para integrar América del Sur (y, en particular, las numerosas regiones calificadas de ‘vacías’ y ‘aisladas’ de la Amazonia) a través de la energía, el transporte y proyectos de comunicación que sirvan a los intereses del capital. Uno de esos proyectos, que ha provocado un aumento de la deforestación en Perú, es la Carretera Transoceánica, que conecta el corazón de la Amazonia con los puertos marítimos del Perú y, desde allí, con los mercados asiáticos (14).

Extractivismo verde

Para los intereses económicos que están detrás de las causas de deforestación que acabamos de describir, el mecanismo REDD (Reducción de Emisiones causadas por la Deforestación y la Degradación de los bosques) nunca ha sido una alternativa seria. Estos actores pueden ganar mucho más dinero con la tala, el agronegocio, el pastoreo de ganado, la minería, la extracción de petróleo, la energía hidroeléctrica y las actividades de infraestructura, que manteniendo el bosque en pie mediante la venta de ‘créditos de carbono’. Ésta es una de las razones por las que la deforestación en la Amazonia ha continuado, y por la que esta región tiene las tasas de deforestación más altas del mundo. En 2022 se perdieron 4,1 millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo. De los seis países que más contribuyeron a esta pérdida, cuatro estaban en la región amazónica: Brasil, Bolivia, Perú y Colombia. Esto significa que estos países por sí solos representan el 60 por ciento de la destrucción de bosques tropicales en todo el mundo (15).

Las grandes empresas que contribuyen directa o indirectamente a la deforestación, como las compañías aéreas, afirman que son ‘carbono neutrales’ por proteger alguna zona de bosque de la Amazonia. Astutamente, estas compañías incluso invitan a sus clientes a asumir estos costos pagando una tarifa adicional además de su boleto de avión, para garantizar un viaje ‘carbono neutro’.

Los programas y proyectos de tipo REDD también justifican la creación de nuevos sitios de extracción de petróleo en la región amazónica y sus alrededores. Un ejemplo de esto es el de Guyana. En diciembre de 2022, el gobierno vendió créditos de carbono por un total de 750 millones de dólares para que la extracción de petróleo en aguas profundas (el tipo de extracción de petróleo más riesgoso) planificada por la empresa estadounidense Hess fuera ‘carbono neutral’.  El proyecto supuestamente compensará las emisiones que se crearán por la combustión del petróleo extraído, al proteger toda su zona de bosque, que abarca las tierras de las comunidades que dependen del bosque,(16)

Hoy en día, en varias partes de la Amazonia es difícil encontrar comunidades indígenas a las que todavía no se les haya acercado una empresa u ONG conservacionista promoviendo el ‘extractivismo verde’ de REDD y solicitándoles que firmen un contrato. Un artículo de este boletín describe el modus operandi de la empresa estadounidense de carbono Wildlife Works en el territorio Ka’apor en Maranhão, y por qué los Ka’apor consideran que tal contrato es un riesgo para su autonomía.

Caos climático en la Amazonia

En la medida que REDD no hace nada para detener la deforestación y el cambio climático, en 2023 la Amazonia experimentó una sequía sin precedentes y una disminución radical del nivel del agua de sus ríos, lo que afectó gravemente a las poblaciones de peces y los medios de vida y sustento de las poblaciones ribereñas. El calentamiento global está llevando a la Amazonia a lo que los científicos han llamado un ‘punto de inflexión’. Superar este punto, advierten, transformaría a la Amazonia en cuestión de décadas en una región diferente, mucho más seca, comparable al bioma de la sabana (17).

Con la Amazonia en el centro de la mira internacional, las actividades destructoras de bosques, como la agricultura industrial, se han expandido y su impactos se ha intensificado en otras regiones estrechamente conectadas con la Amazonia, como las zonas de sabana aledañas. Debido a que estas regiones están mucho menos protegidas y se les presta menos atención, eso permite que sean destruidas mucho más y más rápido. Uno de los varios problemas de la ley antideforestación de la Unión Europea, que entró en vigor en 2023, es que solo se centra en la Amazonia; no se centra en la expansión a gran escala del agronegocio, las plantaciones industriales de árboles ni la minería en las zonas de sabana de Brasil. En 2023, la deforestación en la región del cerrado brasileño aumentó un 43 por ciento (18). Debido a su conectividad con la región amazónica, esto también impacta fuertemente en la Amazonia. Y a pesar de los discursos en los foros internacionales –como la asamblea de la ONU y las conferencias de la ONU sobre clima y biodiversidad– sobre la necesidad de salvar el bosque amazónico, en otras salas de conferencias los ministros de economía y comercio de los gobiernos del Mercosur (Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay) y la Unión Europea están en el proceso de finalizar un acuerdo de libre comercio. Este acuerdo tiene como objetivo aumentar las exportaciones de Brasil, el país amazónico más grande del Mercosur, aumentando así la presión sobre la región y provocando más destrucción (19).

Resistencia

Cuando los miembros de las comunidades amazónicas han tenido la oportunidad de defender sus intereses en foros nacionales o internacionales, donde se discuten políticas que influyen en el futuro de la Amazonia, su experiencia ha sido generalmente frustrante. En los foros internacionales el resultado de tales discusiones está fuertemente influenciado por los intereses de las empresas transnacionales y las grandes ONG conservacionistas, que están ansiosas por acceder y controlar la región debido a los numerosos productos comerciales–incluidos los créditos de carbono– que pueden obtener allí y de los que pueden beneficiarse.

Los pueblos de la Amazonia han tenido una experiencia igualmente frustrante con los gobiernos nacionales de la región que reclaman ‘soberanía’ sobre la Amazonia y a menudo se refieren a ella como ‘nuestra’. El enfoque ‘colonial’ de estos gobiernos sobre la región no puede ignorarse dado que apoyan activamente los intereses del capital que conllevan la invasión y la destrucción de la región. A menudo lo hacen en nombre del ‘desarrollo’. Sin embargo, la vasta experiencia con numerosos proyectos a gran escala implementados hasta ahora en la región revela que el ‘desarrollo’ no coincide con las necesidades y demandas de los Pueblos Indígenas, las comunidades amazónicas tradicionales y ribereñas o el grupo cada vez más significativo de miembros de las comunidades que ahora habitan las zonas urbanas de la región.

Debido a que se siguen implementando políticas y proyectos extractivos, y por lo tanto continúa la violencia de todo tipo que conlleva el modelo extractivista, las comunidades han comenzado a crear y fortalecer mecanismos de defensa tradicionales, como guardias indígenas para defender sus territorios. Pero hoy se enfrentan a múltiples fuerzas armadas, entre ellas la policía, los militares, los guardias de seguridad y ‘ejércitos’ de las empresas, y grupos criminales a menudo asociados con el narcotráfico. Mientras tanto, ha aumentado la criminalización, e incluso el asesinato, de líderes indígenas de la región. Los datos también muestran un aumento de diferentes formas de violencia contra las mujeres, en particular la violencia sexual. La violación es una forma de humillar a las mujeres, controlar su resistencia y crear miedo (20).

Con el foco puesto en la Amazonia, la intención de este boletín es escuchar lo que la gente en la Amazonia tiene para decir sobre los proyectos de ‘desarrollo’ en sus zonas, sobre la violencia y humillación que enfrentan por parte de las empresas y el Estado, y sobre cómo se están organizando y luchando contra estos proyectos para defender y/o reclamar sus territorios.

Y si bien la reciente Cumbre de Belém 2023 de presidentes de la región amazónica (donde también estuvieron presentes autoridades de Indonesia y la República Democrática del Congo) dejó en claro, nuevamente, que los gobiernos quieren más del mismo ‘desarrollo’, quizás lo que resulta más urgente ahora es la necesidad de promover el diálogo entre los pueblos amazónicos– que tienen una gran experiencia en resistir el ‘extractivismo verde’– y activistas de países de África Central y el Sudeste Asiático. A pesar de numerosas diferencias, todos enfrentan amenazas similares y el desafío de cómo organizarse y resistirlas.

A lo largo de los años, los pueblos de la Amazonia se han unido en busca de fuerza e inspiración en las historias de los demás y para construir alianzas, cruzando las fronteras impuestas por los países que intentan separarlos. Un ejemplo de esto es el Foro Social Panamazónico. En la declaración de la última edición de 2022, dicen:

“Reiteramos que, aunque los peligros se han acentuado, las luchas y resistencias han adquirido una fuerza sin precedentes, desde la vivencia de las espiritualidades de nuestros pueblos, que deben seguir creciendo como hijos de la Madre Amazonia. En este sentido, los pueblos de la PanAmazonia se organizan, se juntan, luchan por sus territorios y culturas, para hacer posible un futuro. Así avanzan las luchas anti-racistas, anti-patriarcales y anti-coloniales”. (21)

 

(1) Embrapa, Estudo aponta que a degradação atinge mais de um terço da Floresta Amazônica, enero de 2023.
(2) Global Witness, Almost 2,000 land and environmental defenders killed between 2012 and 2022 for protecting the planet, September 2023.
(3) Boletín del WRM, El agronegocio es fuego: acaparamiento de tierras, deforestación e incendios en la Amazonia, el Cerrado y el Pantanal, diciembre de 2021    
(4) Boletín del WRM, Una lista (incompleta) de conceptos que matan los bosques, enero de 2020, y Boletín del WRM, El FSC y la RSPO, ¿cómplices del delito? La cuestión de tierras de Jari Florestal y Agropalma en la Amazonia brasileña, noviembre de 2018.
(5) Boletín del WRM, Paradojas verdes de un país amazónico, julio de 2021.
(6) Brasil de Fato, Colonialismo químico: por que o Brasil está morrendo pela boca e como o agro tem culpa nisso, October 2023.
(7) World Resources Institute, Undermining Rights, 2020.
(8) Mongabay, Swiss pledge to stop illegal gold imports from Brazil Indigenous reserves, June 2022
(9) Boletín del WRM, Agua, extractivismo y minerales críticos en Brasil: algunas reflexiones, septiembre de 2022.
(10) Observatorio petrolero, Lote 8: cifras de la contaminación petrolera, 2022.
(11) Brasil 247, Aos 70 anos, Petrobras mira transição energética e Margem Equatorial, October 2023
(12) Instituto Humanitas Unisinos, Como salvar a floresta amazônica? Entrevista com Philip M. Fearnside, August 2023.
(13) Boletín del WRM, “Sin agua no hay vida”: los ríos en la Amazonia de Bolivia, septiembre de 2022.
(14) Mongabay, World Rainforests, “Amazon Destruction”, November 2021
(15) Statista, Countries with the largest area of primary tropical forest loss in 2022, June 2023 and Global Forest Watch, Tropical Primary Forest Loss Worsened in 2022, Despite International Commitments to End Deforestation, June 2023.  
(16) REDD Monitor, “The sale by the Government of Guyana of forest-based carbon credits was fraudulent”, July 2023.
(17) Instituto Humanitas Unisinos, A Amazônia se aproxima do ponto de ruptura, diz Carlos Nobre, January 2019- 
(18) Brasil de Fato, Alertas de desmatamento em 2023 caem pela metade na Amazônia, mas sobem no Cerrado, Janeiro 2024.
(19) Greenpeace, EU-Mercosur: A nightmare for nature, March 2023
(20) Mongabay, Triple riesgo: ser mujer, indígena y defensora ambiental en América Latina, November 2021.
(21) Declaración final Panamazónica de Belém en el X Foro Social Panamazónico-FOSPA.